Tras la pandemia del Covid19, hoy estrenamos en España la FASE-3, aquella que nos permite a cada uno de nosotros circular por toda la Comunidad Autónoma y reunirnos casi sin restricciones en bares y restaurantes así como tomar el sol en la playa y el baño si nos apetece. Parece una tontería, pero nada de eso estaba autorizado hasta ahora y van ya tres meses desde la llegada de la pandemia. Hoy, por primera vez desde el confinamiento impuesto por el Gobierno, he tenido el gusto de ver y hablar un ratito con uno de mis familiares más apreciados en el Rte. Navarrete, al que vamos cada día a almorzar. Se trata de mi "tío segundo" Federico Bellés, primo hermano de mi madre, (el tío Nelo, padre de Federico y mi abuela materna eran hermanos) al que unos le llaman "el ferré", por su oficio y otros "el Pardo" por apodo familiar. ¡Qué suerte!. Otros como yo, descendientes también de la misma familia, jamás fueron nombrados "Pardos". No pasa nada, pero así son las cosas. Curiosamente ninguno de sus hijos fueron llamados ni "pardos" ni "ferrés", ni tan siquiera su hijo mayor que ha sido el heredero del negocio y sin embargo si le han llamado siempre "la ferrera" a su única hija (Maite), que apenas tuvo contacto con el negocio.
Bueno, ya sé que este tema no interesará lo más mínimo a mis lectores, pero imagino que algún día tendré derecho a escribir para mí y este es uno de esos días. La armonía y cariño entre la familia de Federico Bellés y la mía ha estado ahí, siempre presente, hasta el punto de ser esta persona el único invitado a mi Primera Comunión y eso que él tenía dos hermanos más a los que también he profesado siempre una gran estima. No nos hemos abrazado, ni falta que hace, pero ambos sabemos que el lazo que nos une estará presente hasta el final de nuestros días.
Me comunicaba Federico que me había hecho llegar por Wassap una foto que nos une un poco más, pero yo no la había recibido. Ambos sabemos ya por qué, pues tenía mal anotado mi número de teléfono. Se trataba de que en el Barranc de Ritxer o de Les Santes, han puesto unas indicaciones del camino que va y viene de la Pobla Tornesa al hermitorio de Les Santes, indicando que pasa por "el Racó dels Pardos". Una mención que a nosotros nos llena de orgullo.
Sin ningún pozo de interés que abasteciera las necesidades hídricas de Cabanes, el año 1925 alguien se propuso acabar con esta precariedad y lo hizo buscando un manantial que pusiera fin a esta apurada situación local. Investigado todo el término municipal solo un manantial cumplía las expectativas en cuando a cantidad y calidad del agua.
En el Barranc de Ritxer o de Les Santes vivía una humilde familia que tenía asegurado hasta entonces este recurso. Estaban apodados "Els Pardos" y eran propietarios de una gran finca, mayormente de monte bajo y pinar, situada a la umbría del Monte Bartolo. La tierra de labor no era de gran extensión, pero esta familia tenía dentro de la finca un manantial de agua excelente y todo cuanto sembraban tenía asegurada su producción y nada les faltaba. Tanto era así que, con el excedente de sus cosechas, incluso llegaron a comprar dos casas en el pueblo.
Un día se presentaron en la pequeña masía de la "familia dels Pardos" las autoridades locales para solicitarle la donación de dicha agua para los intereses de los vecinos de la localidad, respondiendo el matrimonio que cederían gustosos el excedente pero no el manantial completo. No valieron los razonamientos de los propietarios, puesto que nadie podía saber cual sería ese excedente. Había que darlo todo, aún a riesgo de morir toda la familia de hambre, puesto que en aquellos tiempos las autoridades mandaban más que nunca. Era darlo o perderlo. Mis abuelos optaron por cederlo, puesto que igualmente lo hubieran cogido, pero jamás hubo mención a dicha donación. Era tanta la sed que Cabanes sufría que, de entonces a esta parte y cada 25 años, se ha celebrado la "Traída de Aguas" (25-9-1925), las "Bodas de Plata" (1950), las "Bodas de Oro" (1975) y las que han seguido (2000) y seguirán después. Las próximas, nada menos que "el Centenario" será el 25 de Septiembre del año 2025.
En todas esas celebraciones, ni una sola palabra de agradecimiento a la "Familia dels Pardos", ni una reseña sobre el origen del agua que tanta sed apagó. A partir de aquella fecha la gente iba incluso con la ropa limpia y si alguien quedaba con olor a sudor y suciedad, era simplemente porque se trataba de elementos a quienes la limpieza era considerada como algo innecesario y poco sano incluso. No debemos culparles por ello, puesto que el no lavarse era algo que había nacido con ellos. No estaba en su cultura el hecho de lavarse ni siquiera la cara por las mañanas. Incluso las legañas de una noche de insomnio eran para ellos algo habitual y justificado. Bueno, pues nada. Para una vez que alguien se ha acordado que allí hay una finca llamada "de la Familia dels Pardos" y llega mi "tío" Federico que orgulloso me manda un wassap con la foto de dicho cartel indicador y no me llega por tener el número equivocado. En fin, mucho después pero por fin me ha llegado y arriba está para información de los viandantes y orgullo para quienes pertenecemos a esta histórica familia. De bien nacidos es ser agradecidos y aunque todos tenemos enemigos, "els Pardos" somos gente de bien, gente que nunca busca el mal de nadie. Gracias pues a quien ha tenido la idea de incluir en dichos indicadores el nombre del paraje por donde pasa tan histórico camino de hermanamiento entre Cabanes y la Pobla Tornesa.
RAFAEL FABREGAT
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15 de junio de 2020
12 de abril de 2020
2961- LA BUENA PLUMA.
¡Qué bonito saber escribir, claro y conciso!. Estoy encantado con algunos artículos al servicio de los principales diarios de nuestro país. Está claro que la buena pluma es primordial pero, a mi modesto entender, los que no tenemos estudios no tenemos el por qué callarnos. Bien o mal nos vamos expresando y la mayoría lo entienden, que ya es algo. Lo que pasa es que el que sabe dice las mentiras y las verdades sin que nadie le pueda juzgar por ello. El que, como yo, tiene el defecto de decir la verdad por muy dura que sea y sin saber disfrazarla, aunque insignificante, puede tener algún problemilla. Por mucho que el Gobierno se queje, estos insignes periodistas ya apenas se meten con ellos y se explayan en este momento sobre el futuro del mundo tras la debacle del Covid-19 que nadie sabe a ciencia cierta cómo, cuando y de donde ha salido.

Naturalmente los periodistas no hacen otra cosa que contarnos lo que todos sabemos, pero "el cómo" es lo que los hace grandes. Sin embargo la gran incógnita actual es, ¿cómo será la vida a partir de ahora?.
Los que "fabricaron el virus" ya caminan libremente por sus ciudades, mientras nosotros seguimos encerrados en nuestras casas. En occidente el tema de los periódicos de hoy, sigue siendo la incertidumbre sobre lo que vamos a encontrarnos tras el obligado confinamiento al que estamos sometidos. Los que salgan, claro, porque algunos morirán en el camino. Caso de poder acceder a esa "libertad condicionada" que nos espera... ¿Qué vamos a encontrar?. Porque somos muchos los que tenemos claro que ya nada volverá a ser como antes. Nosotros no somos chinos. De momento estamos encerrados en nuestra cárcel particular, afrontando con cierto optimismo el acontecer de cada día y contando el tiempo que resta para poder salir en busca de la ansiada libertad.
Pero, ¿cual es el escenario que nos espera?. No quiero dibujar una imagen de caos económico, pero está claro que muchos retomarán el camino de sus vidas con un trabajo perdido, con una empresa sin clientes, con una exportación paralizada... Todos esperamos que la economía vuelva poco a poco a la normalidad, pero sin duda será de forma muy lenta. Con sueldos sociales pocos planes se pueden hacer y con dinero prestado pocas empresas pueden levantarse con rapidez. De momento que nadie se considere valiente por el solo hecho de resistir detrás de la trinchera de nuestras casas. Valientes, eso sí, son todos aquellos que luchan cada día por salvar a quienes han enfermado por el virus, así como todos aquellos que luchan a su lado por mantener, e incluso crear de la nada, las infraestructuras sanitarias necesarias para ello.
Valientes son aquellos que, con riesgo de su salud y de sus vidas, luchan cada día por producir y hacernos llegar a los que estamos encerrados en nuestras casas, todos los productos de primera necesidad, como si nada aconteciera.
En esta lista interminable y tan solo, a modo de ejemplo, destacar a todos aquellos relacionados con la sanidad, pero también a agricultores, gente del mar, granjeros, camioneros, repartidores y oficios intermedios como panaderos y un larguísimo etcétera. Sin ellos ya todo habría acabado muy malamente. Estamos cansados porque estamos acostumbrados a la libertad, pero se puede aguantar muy bien en casa, si estás pertrechado de víveres, con Wifi, Plus, sobrada cantidad de papel higiénico y el frigorífico lleno de vino y cervezas.
Refugiados que, para que no se nos corte la digestión, alguien evita que veamos la ingente cantidad de ancianos que mueren asfixiados, por la infección pulmonar, sin que la Sanidad española pueda disponer de los respiradores necesarios para mantenerlos con vida. Señalando "alguien", en más de una ocasión, a quien se les conecta y a quienes no, según su edad y amistades...
Incluso con parte del personal sanitario cubierto con bolsas de basura por falta de batas ni mascarillas adecuadas, artículos que cuestan céntimos pero de los que no se ha dispuesto suficientemente durante semanas. Esos son los valientes. Claro que, si tenemos la suerte de salir de esto con vida, la película tendrá una segunda parte... No ha sido un drama quedarnos sin fútbol, ni espectáculos. Tampoco lo ha sido tener los bares y restaurantes cerrados a cal y canto.
Por cierto, ¿qué ha sido de aquellos almuerzos con los compañeros de curro, que siempre considerábamos todos la mejor comida del día?.
Se estima que en el mundo hay encerrados en sus casas 2.000 millones de personas, que se dice pronto, la mayoría en países industrializados y mal llamados occidentales o habitantes del "primer mundo". Nuestro mundo, ese que algunos llaman "primero", está totalmente paralizado pero el problema mayor es que nadie sabe cómo volver a ponerlo en marcha.
Porque no pensará nadie que el día que salgamos de casa todo seguirá como antes... ¿Donde estará en dinero necesario para ello?. Incluso puede suceder que, al salir de nuestro encierro, el virus vuelva a atacar con dureza. Nadie, ni siquiera los más experimentados científicos, saben nada de lo que pueda acontecer. Nosotros estamos ciegos por la ignorancia... y ellos también, a pesar de sus importantes carreras universitarias. Nuestros políticos son incapaces de gestionar la forma en que todo esto pueda retomar su camino, pero nadie puede culparles por ello. Otros estarían igual.
No es cuestión de criticar a los que mandan o a los que quieren mandar. No, no es eso. Se trata de cuales son las directrices más adecuadas para arrancar el motor de la economía que es, al fin y al cabo, lo que ha de darnos la fuerza necesaria para devolvernos nuevamente a nuestra situación anterior. No olvidemos que muchos estarán de luto, otros sin trabajo, otros cargados de deudas y algunos en quiebra total. De eso es de lo que se trata. Dentro de un año, ya con vacunas y medicación, olvidaremos (Dios mediante) este oscuro capítulo de nuestras vidas que permita recuperar nuestra ilusión y nuevas esperanzas. Será entonces y no el día que nos digan que ya podemos salir de casa, cuando nuestro corazón volverá a latir con la fuerza necesaria para volver a ser lo que éramos antes de este desastre mundial. Ánimo a todos, salud y paciencia.
RAFAEL FABREGAT

Naturalmente los periodistas no hacen otra cosa que contarnos lo que todos sabemos, pero "el cómo" es lo que los hace grandes. Sin embargo la gran incógnita actual es, ¿cómo será la vida a partir de ahora?.
Los que "fabricaron el virus" ya caminan libremente por sus ciudades, mientras nosotros seguimos encerrados en nuestras casas. En occidente el tema de los periódicos de hoy, sigue siendo la incertidumbre sobre lo que vamos a encontrarnos tras el obligado confinamiento al que estamos sometidos. Los que salgan, claro, porque algunos morirán en el camino. Caso de poder acceder a esa "libertad condicionada" que nos espera... ¿Qué vamos a encontrar?. Porque somos muchos los que tenemos claro que ya nada volverá a ser como antes. Nosotros no somos chinos. De momento estamos encerrados en nuestra cárcel particular, afrontando con cierto optimismo el acontecer de cada día y contando el tiempo que resta para poder salir en busca de la ansiada libertad.
Pero, ¿cual es el escenario que nos espera?. No quiero dibujar una imagen de caos económico, pero está claro que muchos retomarán el camino de sus vidas con un trabajo perdido, con una empresa sin clientes, con una exportación paralizada... Todos esperamos que la economía vuelva poco a poco a la normalidad, pero sin duda será de forma muy lenta. Con sueldos sociales pocos planes se pueden hacer y con dinero prestado pocas empresas pueden levantarse con rapidez. De momento que nadie se considere valiente por el solo hecho de resistir detrás de la trinchera de nuestras casas. Valientes, eso sí, son todos aquellos que luchan cada día por salvar a quienes han enfermado por el virus, así como todos aquellos que luchan a su lado por mantener, e incluso crear de la nada, las infraestructuras sanitarias necesarias para ello.
Valientes son aquellos que, con riesgo de su salud y de sus vidas, luchan cada día por producir y hacernos llegar a los que estamos encerrados en nuestras casas, todos los productos de primera necesidad, como si nada aconteciera. En esta lista interminable y tan solo, a modo de ejemplo, destacar a todos aquellos relacionados con la sanidad, pero también a agricultores, gente del mar, granjeros, camioneros, repartidores y oficios intermedios como panaderos y un larguísimo etcétera. Sin ellos ya todo habría acabado muy malamente. Estamos cansados porque estamos acostumbrados a la libertad, pero se puede aguantar muy bien en casa, si estás pertrechado de víveres, con Wifi, Plus, sobrada cantidad de papel higiénico y el frigorífico lleno de vino y cervezas.
Refugiados que, para que no se nos corte la digestión, alguien evita que veamos la ingente cantidad de ancianos que mueren asfixiados, por la infección pulmonar, sin que la Sanidad española pueda disponer de los respiradores necesarios para mantenerlos con vida. Señalando "alguien", en más de una ocasión, a quien se les conecta y a quienes no, según su edad y amistades...
Incluso con parte del personal sanitario cubierto con bolsas de basura por falta de batas ni mascarillas adecuadas, artículos que cuestan céntimos pero de los que no se ha dispuesto suficientemente durante semanas. Esos son los valientes. Claro que, si tenemos la suerte de salir de esto con vida, la película tendrá una segunda parte... No ha sido un drama quedarnos sin fútbol, ni espectáculos. Tampoco lo ha sido tener los bares y restaurantes cerrados a cal y canto.
Por cierto, ¿qué ha sido de aquellos almuerzos con los compañeros de curro, que siempre considerábamos todos la mejor comida del día?.
Se estima que en el mundo hay encerrados en sus casas 2.000 millones de personas, que se dice pronto, la mayoría en países industrializados y mal llamados occidentales o habitantes del "primer mundo". Nuestro mundo, ese que algunos llaman "primero", está totalmente paralizado pero el problema mayor es que nadie sabe cómo volver a ponerlo en marcha.
Porque no pensará nadie que el día que salgamos de casa todo seguirá como antes... ¿Donde estará en dinero necesario para ello?. Incluso puede suceder que, al salir de nuestro encierro, el virus vuelva a atacar con dureza. Nadie, ni siquiera los más experimentados científicos, saben nada de lo que pueda acontecer. Nosotros estamos ciegos por la ignorancia... y ellos también, a pesar de sus importantes carreras universitarias. Nuestros políticos son incapaces de gestionar la forma en que todo esto pueda retomar su camino, pero nadie puede culparles por ello. Otros estarían igual.
No es cuestión de criticar a los que mandan o a los que quieren mandar. No, no es eso. Se trata de cuales son las directrices más adecuadas para arrancar el motor de la economía que es, al fin y al cabo, lo que ha de darnos la fuerza necesaria para devolvernos nuevamente a nuestra situación anterior. No olvidemos que muchos estarán de luto, otros sin trabajo, otros cargados de deudas y algunos en quiebra total. De eso es de lo que se trata. Dentro de un año, ya con vacunas y medicación, olvidaremos (Dios mediante) este oscuro capítulo de nuestras vidas que permita recuperar nuestra ilusión y nuevas esperanzas. Será entonces y no el día que nos digan que ya podemos salir de casa, cuando nuestro corazón volverá a latir con la fuerza necesaria para volver a ser lo que éramos antes de este desastre mundial. Ánimo a todos, salud y paciencia.
RAFAEL FABREGAT
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13 de noviembre de 2019
2907- LAS PALMERAS. Alberto Cortez.
José Alberto nació en la localidad de Racul (La Pampa Argentina) el 11 de Marzo de 1940. De niño recibió clases de piano y muy pronto acompañó a su padre al "Café la Armonía" para escuchar a los cantantes que los fines de semana llegaban desde diferentes puntos de la región para demostrar sus dotes artísticas y musicales.
Tras sacarse el Bachillerato ingresó en la Facultad de Derecho, pero abandonó los estudios al año de iniciarlos. Las leyes no eran lo suyo.
Tras algunas exitosas giras por América Latina, en 1960 marchó a Bélgica a fin de evitar el Servicio Militar. Posteriormente se instalaría en Madrid, donde vivió hasta su muerte, ocurrida el 4 de Abril de 2019.
Muchos fueron sus éxitos musicales, basados casi siempre en hechos y personajes conocidos a lo largo de su vida. Sin embargo, la grabación que acompaña este recuerdo a su persona solo habla de AMOR, un amor en mayúsculas que también fue destino de sus canciones. D.E.P.
RAFAEL FABREGAT
14 de agosto de 2019
2832- VIAJAR... ¡EN TREN!.
En la década de 1950 y principios de los años 60 nadie que yo conociera marchaba de vacaciones, claro que yo soy de pueblo y entonces eminentemente agrícola. En el campo el trabajo no acababa nunca y menos aún durante los meses de verano, época de recoger las diferentes cosechas. Se empezaba a finales de Mayo recogiendo las patatas y se continuaba segando (a mano) los campos de trigo y cebada, trillando para separar el grano de la paja y acto seguido recogíendo todo lo indispensable para pasar el año. Tomates, judías, garbanzos, melones, sandías, manzanas, ajos, cebollas... Entrados en el mes de Agosto tocaba el turno a la uva moscatel y quince días después la vendimia del resto de variedades de uva. Acto seguido las almendras y después las algarrobas. Era un no parar que nos llevaba hasta mediados de Octubre.
Los trabajos del campo, si quieres hacerlo bien, no acaban nunca. Después preparar los campos para la siembra, podar los árboles, sembrar, podar las viñas y plantar las cosas de verano. Un largo etcétera que, como he dicho antes, no acaba nunca pues, entre unas cosas y otras volvías a meterte dentro del mes de Mayo y vuelta a empezar. ¿Vacaciones?. Esa palabra no existía para las gentes del campo y menos aún cuando eran de recursos más bien limitados. Si sobraba algún día incluso se arreglaban aperos o paredes de los bancales rotas por alguna riada o se buscaba ganar algún jornal. En las ciudades ya es otra cosa, puesto que allí las personas con determinados oficios, en verano podían cerrar unos días el negocio y dedicarlos a la familia y al relax, con viaje o sin él. De todas maneras coches apenas había y, en el caso de viajar, lo más socorrido era el tren.
Los trenes de entonces eran a vapor, incómodos, lentos y con múltiples paradas para atender la demanda de los viajeros o para repostar agua o carbón. Para viajar de Barcelona a Sevilla, uno de los trenes más rápidos (el Expreso o Sevillano) tardaba 19/20 horas, según el día y el estado de la vía. Solo paraba en las ciudades más importantes pero siempre había tramos en reparación y por ellos se circulaba a poco más de 20 Km/h. La verdad es que, con ese servicio, viajar era más suplicio que diversión. Aun así, con la llegada del mes de Agosto, en los andenes se notaba algo más de bullicio familiar y los niños correteaban de aquí para allá pues todo era para ellos fiesta y novedad. Había algún vagón de Primera, casi siempre medio vació pues todos buscaban el billete más económico, especialmente el de Tercera.
En los vagones de Primera los asientos estaban tapizados y, aunque incómodos también, las largas distancias se sobrellevaban mejor. En los de Tercera había bancos corridos de madera, como los bancos de parques y jardines. Cuando te levantabas para ir al retrete, o a estirarte las piernas, el culo lo tenías a rayas por la marca de las maderas. Claro que allí el viaje era más divertido pues la gente se contaba sus "batallitas" y más pronto que tarde sacaban la bota de vino, los quesos y chorizos y las fiambreras con tortilla de patata y fritangas, para compartir unos con otros. La única ventaja de ser pobre es la solidaridad, algo que no existe entre los ricos. Era ya un mundo mecánico e industrial, pero en unas ciudades sin coches y en unos pueblos sin tractores. Trabajo manual, con la única ayuda de mulos y carretas.
Durante la posguerra el tren ayudaba sobremanera a todos aquellos que se dedicaban al "estraperlo", único sistema que les permitía llevar a casa algunos alimentos extra, si tenían algo con qué pagarlos. Unas monedas, un anillo o cualquier otra joya, servía para pagar aquellos paquetes de arroz que se vendía en el mercado negro e incluso en el propio tren. Claro que muchas veces aquellas gentes tenían que tirar la mercancía por la ventanilla y hasta incluso lanzarse ellos mismos para evitar ser apresados por los guardias que también viajaban en el propio tren. Así, de estraperlo, llegó a Mallorca y San Sebastián una ruleta eléctrica que hizo su presentación en los Casinos de estas ciudades siempre repletas de gente adinerada. Claro que pronto se descubrió que estaban trucadas y su uso quedó prohibido.
Nunca olvidaré mi viaje de Burriana al Grao de Castellón en tren. Un tren pequeñito al que llamaban "la Panderola" y que hacía el recorrido de Castellón hasta la costa y también a varios pueblos próximos a la capital. Era un niño entonces y jamás había viajado en tren, aunque aquello era un tren en miniatura y a vapor. Entonces era una verdadero lujo para la capital de la Plana y una interesante herramienta para aquellas gentes que con el pequeño trenecito podían acercarse a la ciudad o a sus pueblos limítrofes a un precio muy bajo. Téngase en cuenta que había varias unidades y el servicio era pues bastante bueno para la época. Por increíble que parezca, por varias de las estrechas calles de Castellón pasaba este trenecito, cruzándose con caballerías y transeúntes. Alguna unidad llevada incluso mercancías del interior hasta el puerto de Castellón.
Con este completo servicio, el pequeño tren no solo trasladaba a las personas, sino también a sus mercancías. Naranjas, frutos secos y algunas manufacturas de mimbre y palma que se hacían en los pueblos próximos y que por vía marítima podían venderse en plazas como Valencia o Barcelona. Castellón tenía su estación de Renfe y sus servicios con el resto de España, pero aquel pequeño tren de cercanías, dio buenos servicios a los castellonenses y a todos aquellos que, sin serlo, disfrutamos con sus viajes a 30 Km/h., una altísima velocidad que hacía temblar calles y edificios aparentando una ruina inminente. Dio pie a una canción que decía que "La Panderola es un tren que vola". El año 1963 fue el último para un sistema ya obsoleto. Mientras los SEAT-600 y otros utilitarios de parecidas características reclamaban el paso a la modernidad, las máquinas de La Panderola adornaron parques y jardines para no rodar jamás.
RAFAEL FABREGAT
Los trabajos del campo, si quieres hacerlo bien, no acaban nunca. Después preparar los campos para la siembra, podar los árboles, sembrar, podar las viñas y plantar las cosas de verano. Un largo etcétera que, como he dicho antes, no acaba nunca pues, entre unas cosas y otras volvías a meterte dentro del mes de Mayo y vuelta a empezar. ¿Vacaciones?. Esa palabra no existía para las gentes del campo y menos aún cuando eran de recursos más bien limitados. Si sobraba algún día incluso se arreglaban aperos o paredes de los bancales rotas por alguna riada o se buscaba ganar algún jornal. En las ciudades ya es otra cosa, puesto que allí las personas con determinados oficios, en verano podían cerrar unos días el negocio y dedicarlos a la familia y al relax, con viaje o sin él. De todas maneras coches apenas había y, en el caso de viajar, lo más socorrido era el tren.
Los trenes de entonces eran a vapor, incómodos, lentos y con múltiples paradas para atender la demanda de los viajeros o para repostar agua o carbón. Para viajar de Barcelona a Sevilla, uno de los trenes más rápidos (el Expreso o Sevillano) tardaba 19/20 horas, según el día y el estado de la vía. Solo paraba en las ciudades más importantes pero siempre había tramos en reparación y por ellos se circulaba a poco más de 20 Km/h. La verdad es que, con ese servicio, viajar era más suplicio que diversión. Aun así, con la llegada del mes de Agosto, en los andenes se notaba algo más de bullicio familiar y los niños correteaban de aquí para allá pues todo era para ellos fiesta y novedad. Había algún vagón de Primera, casi siempre medio vació pues todos buscaban el billete más económico, especialmente el de Tercera.
En los vagones de Primera los asientos estaban tapizados y, aunque incómodos también, las largas distancias se sobrellevaban mejor. En los de Tercera había bancos corridos de madera, como los bancos de parques y jardines. Cuando te levantabas para ir al retrete, o a estirarte las piernas, el culo lo tenías a rayas por la marca de las maderas. Claro que allí el viaje era más divertido pues la gente se contaba sus "batallitas" y más pronto que tarde sacaban la bota de vino, los quesos y chorizos y las fiambreras con tortilla de patata y fritangas, para compartir unos con otros. La única ventaja de ser pobre es la solidaridad, algo que no existe entre los ricos. Era ya un mundo mecánico e industrial, pero en unas ciudades sin coches y en unos pueblos sin tractores. Trabajo manual, con la única ayuda de mulos y carretas.
Durante la posguerra el tren ayudaba sobremanera a todos aquellos que se dedicaban al "estraperlo", único sistema que les permitía llevar a casa algunos alimentos extra, si tenían algo con qué pagarlos. Unas monedas, un anillo o cualquier otra joya, servía para pagar aquellos paquetes de arroz que se vendía en el mercado negro e incluso en el propio tren. Claro que muchas veces aquellas gentes tenían que tirar la mercancía por la ventanilla y hasta incluso lanzarse ellos mismos para evitar ser apresados por los guardias que también viajaban en el propio tren. Así, de estraperlo, llegó a Mallorca y San Sebastián una ruleta eléctrica que hizo su presentación en los Casinos de estas ciudades siempre repletas de gente adinerada. Claro que pronto se descubrió que estaban trucadas y su uso quedó prohibido.
Nunca olvidaré mi viaje de Burriana al Grao de Castellón en tren. Un tren pequeñito al que llamaban "la Panderola" y que hacía el recorrido de Castellón hasta la costa y también a varios pueblos próximos a la capital. Era un niño entonces y jamás había viajado en tren, aunque aquello era un tren en miniatura y a vapor. Entonces era una verdadero lujo para la capital de la Plana y una interesante herramienta para aquellas gentes que con el pequeño trenecito podían acercarse a la ciudad o a sus pueblos limítrofes a un precio muy bajo. Téngase en cuenta que había varias unidades y el servicio era pues bastante bueno para la época. Por increíble que parezca, por varias de las estrechas calles de Castellón pasaba este trenecito, cruzándose con caballerías y transeúntes. Alguna unidad llevada incluso mercancías del interior hasta el puerto de Castellón.
Con este completo servicio, el pequeño tren no solo trasladaba a las personas, sino también a sus mercancías. Naranjas, frutos secos y algunas manufacturas de mimbre y palma que se hacían en los pueblos próximos y que por vía marítima podían venderse en plazas como Valencia o Barcelona. Castellón tenía su estación de Renfe y sus servicios con el resto de España, pero aquel pequeño tren de cercanías, dio buenos servicios a los castellonenses y a todos aquellos que, sin serlo, disfrutamos con sus viajes a 30 Km/h., una altísima velocidad que hacía temblar calles y edificios aparentando una ruina inminente. Dio pie a una canción que decía que "La Panderola es un tren que vola". El año 1963 fue el último para un sistema ya obsoleto. Mientras los SEAT-600 y otros utilitarios de parecidas características reclamaban el paso a la modernidad, las máquinas de La Panderola adornaron parques y jardines para no rodar jamás.
RAFAEL FABREGAT
25 de mayo de 2019
2778- EL PRIMER AMOR.
No. No fuimos novios en la escuela. Nos llevamos cuatro años y, cuando yo abandoné la escuela, la que hoy es mi mujer tan solo tenía 10 años. Era pronto, pero ella se desarrolló muy pronto. Con 14 años ya medía 1,70 y estaba completamente formada, llamando la atención de jóvenes y mayores. Yo medía algo más, pero muy poco. Mi atención ya la había conseguido tiempo atrás... Éramos vecinos y en una época sin agua corriente en los pueblos, coincidíamos en muchas ocasiones en la fuente del pueblo al objeto de abastecer a nuestras madres del preciado líquido. Yo con un carro de cuatro cántaros y ella otro de dos. Ya sabiendo la hora en que se llevaba a cabo aquel acarreo de agua, coincidir era relativamente fácil. Eso sin contar que uno y otro solíamos vigilar para que lo que no era coincidencia lo aparentara. Para entonces yo apenas tenía 16 años y ella 12, pero ella aparentaba 16 y yo 14. Solo a palos conseguir espabilar. De todas formas con 70 años todavía hago cosas de joven inocentón.
Genio y figura... hasta la sepultura. Los viajes que yo hacía después de comer, eran para llevar agua a nuestro lugar de trabajo puesto que el agua era imprescindible para ablandar las materias primas que manufacturábamos. Ya en la fuente y después de charlar un ratito con ella solía preguntarle si haría un segundo viaje y si era así, como las distancias no se correspondían, yo vaciaba los cántaros a medio camino para volver y así coincidir nuevamente en la fuente. Estaba claro que ella también buscaba el contacto, pero lo del amor no lo tenía tan claro como yo. Así transcurrió el tiempo, entre guateques organizados por nuestras respectivas pandillas de amigos. A esa edad igual chicos que chicas no suelen tenerlo claro, pero yo sabía que la quería y que haría todo lo posible por hacerla mi mujer. No fue fácil porque, como he dicho antes, ella no lo tenía del todo claro.
Las cosas eran un día blancas, otras negras y casi siempre grises. Yo, ante la indefinición, hacía también mis pinitos de aquí para allá pues no me faltaban oportunidades. Pero el tiempo pasa y nos plantamos yo con veinte años y ella con dieciséis y decidí que había que poner punto y final a un juego que había durado demasiado. Puse las cartas sobre la mesa porque tenía claro que había más ases a mi favor que en contra y gané la partida. Ella dijo que sí y desde aquel momento no volvimos a separarnos. Este año se han cumplido cincuenta de aquella decisión que dio inicio a un noviazgo de cuatro años. Nos casamos, ella con 20 años y yo con 24 y la vida nos ha dado tres hijas y cuatro nietos. Por supuesto hemos tenido altibajos, pero está claro que estábamos predestinados a caminar juntos por la vida...
RAFAEL FABREGAT
Genio y figura... hasta la sepultura. Los viajes que yo hacía después de comer, eran para llevar agua a nuestro lugar de trabajo puesto que el agua era imprescindible para ablandar las materias primas que manufacturábamos. Ya en la fuente y después de charlar un ratito con ella solía preguntarle si haría un segundo viaje y si era así, como las distancias no se correspondían, yo vaciaba los cántaros a medio camino para volver y así coincidir nuevamente en la fuente. Estaba claro que ella también buscaba el contacto, pero lo del amor no lo tenía tan claro como yo. Así transcurrió el tiempo, entre guateques organizados por nuestras respectivas pandillas de amigos. A esa edad igual chicos que chicas no suelen tenerlo claro, pero yo sabía que la quería y que haría todo lo posible por hacerla mi mujer. No fue fácil porque, como he dicho antes, ella no lo tenía del todo claro. Las cosas eran un día blancas, otras negras y casi siempre grises. Yo, ante la indefinición, hacía también mis pinitos de aquí para allá pues no me faltaban oportunidades. Pero el tiempo pasa y nos plantamos yo con veinte años y ella con dieciséis y decidí que había que poner punto y final a un juego que había durado demasiado. Puse las cartas sobre la mesa porque tenía claro que había más ases a mi favor que en contra y gané la partida. Ella dijo que sí y desde aquel momento no volvimos a separarnos. Este año se han cumplido cincuenta de aquella decisión que dio inicio a un noviazgo de cuatro años. Nos casamos, ella con 20 años y yo con 24 y la vida nos ha dado tres hijas y cuatro nietos. Por supuesto hemos tenido altibajos, pero está claro que estábamos predestinados a caminar juntos por la vida...
RAFAEL FABREGAT
16 de mayo de 2019
2770- SER JOVEN EN LOS AÑOS 60.
Rotundamente y en todos los conceptos... ¡nada que ver con lo de ahora!. Lo cual no quiere decir que los jóvenes de ahora sean mejores o peores. No, no se trata de eso. La juventud es siempre la misma y nace sana e inteligente, pero inocente. Claro que actualmente eso dura poco, por el simple motivo de que las circunstancias han cambiado y mucho. Durante la niñez y adolescencia de los que actualmente peinamos canas, apenas se comentaba cualquier tontería en nuestra presencia, siempre había algún mayor que decía la entonces la tan repetida frase: "silencio, que hay ropa tendida". ¡Vaya imbecilidad!. ¿También eso se lo había impuesto Franco, o es que estaban más tontos que un leño?. Entonces también se hacía lo que se podía pero, ¡qué mala suerte no ser novio ahora!.
En fin, es lo que hay. Ante los jóvenes de hoy, e incluso niños, nadie se guarda de comentar lo que sea de las realidades de la vida y tampoco de sexo. Ya no digamos, todo lo que se enseña en la escuela y lo que se aprende en los teléfonos móviles e internet... ¡Hasta incluso a follar, cosa que en nuestra juventud solo podía aprenderse si ibas a una casa de putas!. Es de risa, está claro, pero muchas chicas de aquella época llegaron vírgenes al matrimonio, ¡y no por falta de novio! porque en aquellos tiempos de Dios y de los hombres muchas parejas besitos, manitas y poco más. Tampoco los chicos sabían mucho más, si no frecuentaban las casas de mala nota. Ahora se los llevan a sus casas donde sus madres ya les han preparado habitación y cama, con edredón si es invierno.
En nuestro pueblo de los años 60, no importa cual sea, al salir de misa de 10 íbamos chicos y chicas de la pandilla (porque pandillas las ha habido siempre) a pasear por la carretera. Entonces, a pesar de no haber arcén, eso podía hacerse puesto que no pasaban ni diez coches al día. Más pronto que tarde nos metíamos debajo de un puente y jugábamos "als cordellets". Quien no sepa de qué se trata, va a flipar... Siempre bien pertrechados, los chicos sacábamos un cordel y hacíamos tantos trozos como parejas había, haciendo un nudo en una de las puntas. Los cordelitos (cordellets) se doblaban por la mitad aguantándolos uno de los chicos con todas las puntas hacia arriba. Todas las chicas cogían uno de los nudos y los chicos una de las puntas con lo cual, al soltarlas todos los presentes quedaban emparejados, pudiendo darse un piquito. ¡Uy que inocente...!
Los jóvenes que lean esto van a morirse de risa, pero entonces el tema del sexo no daba más de sí. Los mayores de hoy, chicos en aquella época, sabemos que dicho juego era una solemne tontería pero era una forma de divertirse, ya que de erótico no tenía absolutamente nada. Así eran las cosas por aquel entonces, principios de la década de 1960. Menos mal que nacieron los "guateques", baile con tocadiscos (pick-up) que hacíamos todas las tardes antes de la hora de cine y también alguna mañana tras el citado paseo por la carretera. Poco rock-and-roll y mucha balada, para poder agarrar a las chicas de la cintura y estrecharlas lo más posible hacia nosotros, al compás de la melodía que fuera. Antonio Machín, Alberto Cortéz, Adamo, Raphael, etc. Claro que en aquella época las chicas te metían su mano izquierda en el hombro haciendo palanca para que no pudieras arrimarte gran cosa.
- Si no hablas antes con mi padre, no hay nada que hacer -te respondían a la más mínima insinuación de acercamiento. Y tu, claro, si la querías tenías que claudicar y atarte de pies y manos jurando y perjurando a su papá (y a ellamisma) que ibas en serio y que la querías de verdad.
- Teniu coneiximent -te soltaba su padre ceremoniosamente, mientras cogía el cigarrillo que le ofrecías a modo de soborno.
- No patisca -le respondías tu, encendiendo el mechero. Claro que la realidad no era esa, puesto que no veías el momento de comértela con huesos y todo. ¡Ay Señor, cuanta hambre padecida y nunca recuperada!. Porque, el día que pasa es día perdido y jamás se recupera. ¡Cuanto se añora, a los 60 años, lo perdido antes de los 20!. A los jóvenes de hoy no les pasan estas cosas, pero nosotros sí las pasamos. Definitivamente, eran otros tiempos...
RAFAEL FABREGAT
En fin, es lo que hay. Ante los jóvenes de hoy, e incluso niños, nadie se guarda de comentar lo que sea de las realidades de la vida y tampoco de sexo. Ya no digamos, todo lo que se enseña en la escuela y lo que se aprende en los teléfonos móviles e internet... ¡Hasta incluso a follar, cosa que en nuestra juventud solo podía aprenderse si ibas a una casa de putas!. Es de risa, está claro, pero muchas chicas de aquella época llegaron vírgenes al matrimonio, ¡y no por falta de novio! porque en aquellos tiempos de Dios y de los hombres muchas parejas besitos, manitas y poco más. Tampoco los chicos sabían mucho más, si no frecuentaban las casas de mala nota. Ahora se los llevan a sus casas donde sus madres ya les han preparado habitación y cama, con edredón si es invierno.
En nuestro pueblo de los años 60, no importa cual sea, al salir de misa de 10 íbamos chicos y chicas de la pandilla (porque pandillas las ha habido siempre) a pasear por la carretera. Entonces, a pesar de no haber arcén, eso podía hacerse puesto que no pasaban ni diez coches al día. Más pronto que tarde nos metíamos debajo de un puente y jugábamos "als cordellets". Quien no sepa de qué se trata, va a flipar... Siempre bien pertrechados, los chicos sacábamos un cordel y hacíamos tantos trozos como parejas había, haciendo un nudo en una de las puntas. Los cordelitos (cordellets) se doblaban por la mitad aguantándolos uno de los chicos con todas las puntas hacia arriba. Todas las chicas cogían uno de los nudos y los chicos una de las puntas con lo cual, al soltarlas todos los presentes quedaban emparejados, pudiendo darse un piquito. ¡Uy que inocente...!
Los jóvenes que lean esto van a morirse de risa, pero entonces el tema del sexo no daba más de sí. Los mayores de hoy, chicos en aquella época, sabemos que dicho juego era una solemne tontería pero era una forma de divertirse, ya que de erótico no tenía absolutamente nada. Así eran las cosas por aquel entonces, principios de la década de 1960. Menos mal que nacieron los "guateques", baile con tocadiscos (pick-up) que hacíamos todas las tardes antes de la hora de cine y también alguna mañana tras el citado paseo por la carretera. Poco rock-and-roll y mucha balada, para poder agarrar a las chicas de la cintura y estrecharlas lo más posible hacia nosotros, al compás de la melodía que fuera. Antonio Machín, Alberto Cortéz, Adamo, Raphael, etc. Claro que en aquella época las chicas te metían su mano izquierda en el hombro haciendo palanca para que no pudieras arrimarte gran cosa.
- Si no hablas antes con mi padre, no hay nada que hacer -te respondían a la más mínima insinuación de acercamiento. Y tu, claro, si la querías tenías que claudicar y atarte de pies y manos jurando y perjurando a su papá (y a ellamisma) que ibas en serio y que la querías de verdad.
- Teniu coneiximent -te soltaba su padre ceremoniosamente, mientras cogía el cigarrillo que le ofrecías a modo de soborno.
- No patisca -le respondías tu, encendiendo el mechero. Claro que la realidad no era esa, puesto que no veías el momento de comértela con huesos y todo. ¡Ay Señor, cuanta hambre padecida y nunca recuperada!. Porque, el día que pasa es día perdido y jamás se recupera. ¡Cuanto se añora, a los 60 años, lo perdido antes de los 20!. A los jóvenes de hoy no les pasan estas cosas, pero nosotros sí las pasamos. Definitivamente, eran otros tiempos...
RAFAEL FABREGAT
5 de julio de 2018
2627- MIGUEL GILA. (1919-2001)
Madrileño y huérfano de padre, tuvo que ponerse a trabajar con 13 años. Estuvo, entre otras cosas, como aprendiz en unos talleres de chapa y pintura pero al estallar la Guerra Civil Española, como militante de las Juventudes Socialistas y con solo 17 años, en Julio de 1936 se enroló voluntario en el 5º Regimiento de Líster.
Miguel Gila fue sin duda un gran humorista y mejor persona. Un mago del humor que supo aprovechar las desgracias vividas en aquella guerra fraticida para convertirlas en chistes. Gracias a sus parodias consiguió que con él se rieran tanto los amigos como los enemigos, tanto los vencedores como los vencidos. En 1995, ya cansado de recorrer todos los escenarios sudamericanos y los españoles, con un éxito rotundo, contó por primera vez que "fue fusilado mal". Una más de sus realidades y de sus parodias.
Patriota como el que más, con tan solo 17 años y mintiendo sobre su edad, en 1936 consiguió alistarse en el regimiento de La Pasionaria. En Diciembre de 1938, ya completamente derrotados, los 14 supervivientes de su Regimiento vagaban por los campos cordobeses, agotados, sin municiones y sin nada que llevarse a la boca. Allí fueron capturados por las tropas franquistas del 13º Batallón del general Yagüe. Gila, como todos los demás, estaba agotado, lleno de piojos y muerto de hambre y sed. Viéndola como una liberación, ya no temían a la muerte. En pleno invierno y lloviendo, les habían quitado abrigos y mantas y les habían ordenado sentarse en medio del barro, mientras un grupo asaltaba la casa del campo que ocupaban vencedores y vencidos.
Buscando el favor de los asaltantes la dueña, una mujer de unos 30 años, salió de la casa exclamando:
- ¡Viva Franco!. Pero no le sirvió de nada pues la violaron sin piedad alguna y robaron animales y todo cuanto encontraron. Son las cosas que suceden en las guerras, tanto en un bando como en otro. Después llevaron a los prisioneros a un descampado y junto a un pequeño terraplén, un grupo de moros borrachos formó un piquete de ejecución para liquidar a los apresados, entre los que se contaba Miguel Gila. Sin embargo el vino encontrado en un tonel del caserío había hecho ya su efecto y no hubo formalidades, ni siquiera formación alguna. Los moros agruparon a los detenidos y con la escasa luz del atardecer dispararon sobre el grupo de prisioneros, volviendo rápidamente al caserío para seguir bebiendo cerca del fuego, donde estaban asando las gallinas robadas.
- Por mi cara corría la sangre de mis compañeros, apilados unos encima de otros, -contaba Gila- mientras yo quedé allí tendido, haciéndome el muerto toda la noche, mientras los captores comían y bebían.
Al amanecer, cuando ya los enemigos se alejaban por el horizonte, Gila se incorporó y buscó posibles supervivientes. Solo el cabo Villegas seguía con vida, aunque con una pierna destrozada por el impacto de una bala. Le hizo un torniquete y cargó con él, iniciando camino al pueblo más próximo que distaba 18 Km. de la finca en la que se encontraban. Al llegar entraron en la primera casa, que resultó estar ocupada por legionarios, pero éstos odiaban a los moros y les dieron comida y agua, rogándoles que marcharan para no verse involucrados. El cabo Villegas perdió la pierna pero sobrevivió mientras Miguel, ya recuperado, decidió unirse a una fila de detenidos, pasando cinco meses en un campo de prisioneros.
Más tarde fue trasladado a la cárcel madrileña de Yeserías, donde permanecería cerca de otro año más. Finalmente en la cárcel de Torrijos, donde coincidiría con el gran poeta Miguel Hernández. Allí encerrado empezó a dibujar sus primeras viñetas, instalando su humor allí donde pasó tanto sufrimiento. Los cuatro años siguientes hizo el Servicio Militar obligatorio, ya escribiendo sus chistes en diferentes publicaciones gráficas. En 1951 subió por primera vez a un escenario, en lo que sería uno de los primeros monólogos de todos los tiempos, siempre teniendo la guerra como tema principal. Ya popular y aunque Franco conocía sus afinidades políticas, a mediados de la década de 1950 fue invitado por el general porque a Carmen Polo, su mujer, le divertían mucho sus "ocurrencias".
Minutos antes de ser capturado aquella noche de 1938, Miguel Gila había roto en mil pedazos su carnet de las Juventudes Socialistas y esa fue una de las claves de su éxito puesto que con ese gesto convirtió en humor lo que hasta entonces solo había sido sufrimiento. Con él las dos Españas aprendieron a reírse juntas. Tras un exilio de 18 años en Argentina, en 1985 Miguel Gila regresó definitivamente a España y se convirtió en el referente del humor nacional. Teatros y cadenas de televisión se disputaban sus actuaciones, siempre con el tema de la guerra como punto central. Un humor entrañable que no hablaba de vencedores ni vencidos, sino que era una comedia campechana de situaciones que buscaban la hilaridad del público deseoso de olvidar tiempos pasados y penurias presentes. Que descanse en paz el humorista más grande de todos los tiempos.
RAFAEL FABREGAT
Miguel Gila fue sin duda un gran humorista y mejor persona. Un mago del humor que supo aprovechar las desgracias vividas en aquella guerra fraticida para convertirlas en chistes. Gracias a sus parodias consiguió que con él se rieran tanto los amigos como los enemigos, tanto los vencedores como los vencidos. En 1995, ya cansado de recorrer todos los escenarios sudamericanos y los españoles, con un éxito rotundo, contó por primera vez que "fue fusilado mal". Una más de sus realidades y de sus parodias.
Patriota como el que más, con tan solo 17 años y mintiendo sobre su edad, en 1936 consiguió alistarse en el regimiento de La Pasionaria. En Diciembre de 1938, ya completamente derrotados, los 14 supervivientes de su Regimiento vagaban por los campos cordobeses, agotados, sin municiones y sin nada que llevarse a la boca. Allí fueron capturados por las tropas franquistas del 13º Batallón del general Yagüe. Gila, como todos los demás, estaba agotado, lleno de piojos y muerto de hambre y sed. Viéndola como una liberación, ya no temían a la muerte. En pleno invierno y lloviendo, les habían quitado abrigos y mantas y les habían ordenado sentarse en medio del barro, mientras un grupo asaltaba la casa del campo que ocupaban vencedores y vencidos.
Buscando el favor de los asaltantes la dueña, una mujer de unos 30 años, salió de la casa exclamando:
- ¡Viva Franco!. Pero no le sirvió de nada pues la violaron sin piedad alguna y robaron animales y todo cuanto encontraron. Son las cosas que suceden en las guerras, tanto en un bando como en otro. Después llevaron a los prisioneros a un descampado y junto a un pequeño terraplén, un grupo de moros borrachos formó un piquete de ejecución para liquidar a los apresados, entre los que se contaba Miguel Gila. Sin embargo el vino encontrado en un tonel del caserío había hecho ya su efecto y no hubo formalidades, ni siquiera formación alguna. Los moros agruparon a los detenidos y con la escasa luz del atardecer dispararon sobre el grupo de prisioneros, volviendo rápidamente al caserío para seguir bebiendo cerca del fuego, donde estaban asando las gallinas robadas.
- Por mi cara corría la sangre de mis compañeros, apilados unos encima de otros, -contaba Gila- mientras yo quedé allí tendido, haciéndome el muerto toda la noche, mientras los captores comían y bebían.
Al amanecer, cuando ya los enemigos se alejaban por el horizonte, Gila se incorporó y buscó posibles supervivientes. Solo el cabo Villegas seguía con vida, aunque con una pierna destrozada por el impacto de una bala. Le hizo un torniquete y cargó con él, iniciando camino al pueblo más próximo que distaba 18 Km. de la finca en la que se encontraban. Al llegar entraron en la primera casa, que resultó estar ocupada por legionarios, pero éstos odiaban a los moros y les dieron comida y agua, rogándoles que marcharan para no verse involucrados. El cabo Villegas perdió la pierna pero sobrevivió mientras Miguel, ya recuperado, decidió unirse a una fila de detenidos, pasando cinco meses en un campo de prisioneros.
Más tarde fue trasladado a la cárcel madrileña de Yeserías, donde permanecería cerca de otro año más. Finalmente en la cárcel de Torrijos, donde coincidiría con el gran poeta Miguel Hernández. Allí encerrado empezó a dibujar sus primeras viñetas, instalando su humor allí donde pasó tanto sufrimiento. Los cuatro años siguientes hizo el Servicio Militar obligatorio, ya escribiendo sus chistes en diferentes publicaciones gráficas. En 1951 subió por primera vez a un escenario, en lo que sería uno de los primeros monólogos de todos los tiempos, siempre teniendo la guerra como tema principal. Ya popular y aunque Franco conocía sus afinidades políticas, a mediados de la década de 1950 fue invitado por el general porque a Carmen Polo, su mujer, le divertían mucho sus "ocurrencias".
Minutos antes de ser capturado aquella noche de 1938, Miguel Gila había roto en mil pedazos su carnet de las Juventudes Socialistas y esa fue una de las claves de su éxito puesto que con ese gesto convirtió en humor lo que hasta entonces solo había sido sufrimiento. Con él las dos Españas aprendieron a reírse juntas. Tras un exilio de 18 años en Argentina, en 1985 Miguel Gila regresó definitivamente a España y se convirtió en el referente del humor nacional. Teatros y cadenas de televisión se disputaban sus actuaciones, siempre con el tema de la guerra como punto central. Un humor entrañable que no hablaba de vencedores ni vencidos, sino que era una comedia campechana de situaciones que buscaban la hilaridad del público deseoso de olvidar tiempos pasados y penurias presentes. Que descanse en paz el humorista más grande de todos los tiempos.
RAFAEL FABREGAT
31 de enero de 2017
2337- "SOLO PARA HOMBRES".
Quizás fuera más correcto llamarlo 'Revista' pero donde yo vivo se llamaba 'Varieté' y no veo razón para no poder llamarlo con ese nombre. La traducción es 'teatro de variedades', una de las formas de engañar al cuerpo y a la mente, en épocas de represión y dictadura, cuando no de hambre pura y dura. (Vaya, rima y todo...) En la España del siglo XIX y mucho más allá de mediados del XX, la Revista primero y el Cine después, fueron un juego al despiste para la gente pobre.
Y es que la gente corriente, la de tanto ganado tanto comido y suerte si puedes comer, lo sacrificaba todo a la única carta de tener un poco de ocio semanal. Con jornadas de diez horas y semanas de seis días laborales, solo cabía apostar a la noche del sábado y a la tarde del domingo. Si no había carne se comía tocino pero todas las semanas se ahorraban unas monedas para poder asistir a las salas de teatro o de cine, donde explayarse y olvidar durante un par de horas las penurias con las que se vivía. El el XIX, todavía no inventado el Cine, era la época dorada del teatro y del varieté, una mezcla de teatro, música, sátira y cabaret, con la que el 'personal' se explayaba con la música y las chicas guapas, o escuchando chistes verdes y alguna que otra burla disimulada a sus gobernantes.
Todo eso, claro, siempre y cuando la censura no cortase buena parte del 'libreto'. Antes de que el encargado de la censura llegara a las puertas del teatro en cuestión, empresario, director y artistas ya estaban sobre aviso y (aún estando sobre el escenario en plena actuación) las faldas bajaban unos centímetros y la letra de la canción se modificaba, evitando alusiones al sexo o al político de turno, a fin de evitar el fin del espectáculo y el cierre de la sala. En ese momento más que nunca, el desparpajo, la picardía y el saber hacer de los artistas, descolocaba al inspector de la censura que sabía, pero no podía demostrar, que se insinuaba lo que realmente se quería decir, pero sin decirlo. Como no podía ser de otra manera eso levantaba doblemente la hilaridad de los espectadores que sabían, sin que nadie se lo dijera, que 'había moros en la costa', o sea: que el inspector de la censura había llegado al local.
Como ya he contado en ocasiones anteriores, al final de la segunda sesión, ya bien entrada la madrugada, para los solteros maduros y de cartera abultada y ligera, había un pase especial llamado "solo para hombres", en el que buena parte de las 'señoritas actuantes' cantaban cuatro canciones más, esta vez ligerísimas de ropa, cuando no desnudas del todo. No era raro que tras esta actuación o con ella, se abrieran algunas botellas de 'champán' y la noche acababa con cuatro risas y poco más. Estos espectáculos solían organizarse la noche de los sábados ya que la de los domingos era poco menos que imposible, habida cuenta que al día siguiente había que trabajar y en aquellos tiempos el trabajo no empezaba a las ocho de la mañana, sino que a esa hora ya había que estar el mulo comido, bebido y labrando en el campo. En fin, historias para no dormir...
RAFAEL FABREGAT
Y es que la gente corriente, la de tanto ganado tanto comido y suerte si puedes comer, lo sacrificaba todo a la única carta de tener un poco de ocio semanal. Con jornadas de diez horas y semanas de seis días laborales, solo cabía apostar a la noche del sábado y a la tarde del domingo. Si no había carne se comía tocino pero todas las semanas se ahorraban unas monedas para poder asistir a las salas de teatro o de cine, donde explayarse y olvidar durante un par de horas las penurias con las que se vivía. El el XIX, todavía no inventado el Cine, era la época dorada del teatro y del varieté, una mezcla de teatro, música, sátira y cabaret, con la que el 'personal' se explayaba con la música y las chicas guapas, o escuchando chistes verdes y alguna que otra burla disimulada a sus gobernantes.
Todo eso, claro, siempre y cuando la censura no cortase buena parte del 'libreto'. Antes de que el encargado de la censura llegara a las puertas del teatro en cuestión, empresario, director y artistas ya estaban sobre aviso y (aún estando sobre el escenario en plena actuación) las faldas bajaban unos centímetros y la letra de la canción se modificaba, evitando alusiones al sexo o al político de turno, a fin de evitar el fin del espectáculo y el cierre de la sala. En ese momento más que nunca, el desparpajo, la picardía y el saber hacer de los artistas, descolocaba al inspector de la censura que sabía, pero no podía demostrar, que se insinuaba lo que realmente se quería decir, pero sin decirlo. Como no podía ser de otra manera eso levantaba doblemente la hilaridad de los espectadores que sabían, sin que nadie se lo dijera, que 'había moros en la costa', o sea: que el inspector de la censura había llegado al local.
Como ya he contado en ocasiones anteriores, al final de la segunda sesión, ya bien entrada la madrugada, para los solteros maduros y de cartera abultada y ligera, había un pase especial llamado "solo para hombres", en el que buena parte de las 'señoritas actuantes' cantaban cuatro canciones más, esta vez ligerísimas de ropa, cuando no desnudas del todo. No era raro que tras esta actuación o con ella, se abrieran algunas botellas de 'champán' y la noche acababa con cuatro risas y poco más. Estos espectáculos solían organizarse la noche de los sábados ya que la de los domingos era poco menos que imposible, habida cuenta que al día siguiente había que trabajar y en aquellos tiempos el trabajo no empezaba a las ocho de la mañana, sino que a esa hora ya había que estar el mulo comido, bebido y labrando en el campo. En fin, historias para no dormir...
RAFAEL FABREGAT
21 de noviembre de 2016
2263- ANTES DE MORIRME QUIERO...
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| Es mi perrito Blas. (2000-2015) |
A pesar de lo dicho en mi entrada anterior, añoro ¿cómo no? a mi perrito Blas y algunas etapas de mi vida, porque realmente fueron preciosas. Puedo decir con plena satisfacción que todas mis metas de juventud fueron alcanzadas, incluída la de casarme con un bombón, que era el amor de mi vida. Las económicas con creces pues, además de no faltarme el trabajo, he tenido mucha suerte. A día de hoy, con alguna pastilla, tanto mi mujer como yo mismo gozamos de buena salud. Las hijas casadas, los nietos creciendo sanos y fuertes y todos los días de la semana nos los traen para que los llevemos nosotros al colegio, lo cual, más que un trabajo es nuestra mayor satisfacción. Especialmente porque tienen su trabajo y tanto ellas como sus maridos se ganan bien la vida.
Hemos viajado (y todavía viajamos) a todos los países de nuestro entorno. Francia, Suiza, Alemania, Suecia, Eslovenia, Finlandia, Rusia, Turquía, Grecia, Croacia, Italia, Mónaco, Portugal, Marruecos... Naturalmente hemos visitado todas las provincias españolas y sus capitales. ¿Cansados?. Hombre pues... ¡NO!. Antes de terminar 2017 tenemos previsto visitar Mallorca y Canarias. En breve, antes de que nos fallen las piernas, tenemos previsto visitar Inglaterra y algunos países de centro europa, pues hay billetes de avión muy baratos desde el aeropuerto, situado a 7 Km. de nuestra localidad. Un chollo que no podemos desperdiciar. Teniendo en cuenta todo esto, antes de morirme quiero... La verdad, no sé si quiero nada más. A pesar de mis desdichas, creo que la vida me ha sonreído bastante.
Conozco gente que en su día escribió en una libreta algunos sueños juveniles, esperando que muchas o todas aquellas metas se cumplieran. Puedo decir, sin ánimo de equivocarme que (la mayoría de ellos) no consiguieron tachar más de dos de aquellas metas; otros tacharon una, tres, o ninguna... La inmensa mayoría no llegó a completar aquella lista de deseos. Yo lo hice... Completé e incluso superé con creces aquellos anhelos de juventud. Mi única desgracia es que, en el camino, encontré dos grandes piedras cuyo tropiezo era de todo punto impensable y también inevitable. La única solución, caso de una segunda vida, sería no andar aquellos caminos... Eran opcionales y por lo tanto hubiera sido posible evitarlos pero, ¡quien iba a pensar, que había gente tan mala en el mundo!. Y la hay, ¡vaya si la hay...!
La gente sencilla y sin suerte, para responder a esta especie de pregunta 'antes de morirme quiero', te puede decir cosas tan variopintas como...
- ¡Un trabajo indefinido!.
- ¡Tener dinero suficiente!.
- ¡Casarme con la más guapa!.
- ¡Tener un buen coche!.
- ¡Una casa cerca de la playa!.
- ¡Ir de crucero!.
- ¡Que la chica de mis sueños también me quiera!.
- ¡Volar por todo el continente...!
Yo amigos, no tengo ningún interés en lanzarme por un puente, ni en paracaídas, ni en subirme a un globo y... ¡Todo lo demás lo tengo hecho y en proceso de constante mejora!. Creo por tanto que 'antes de morirme' lo único que quiero es, no sufrir demasiado y, a ser posible, nada de nada...
RAFAEL FABREGAT
20 de noviembre de 2016
2262- NO TENGO NOSTALGIA.
No sé si es bueno o malo, pero no tengo nostalgia. Tengo (casi) todo lo que necesito y lo que me falta, dejé hace mucho tiempo de añorarlo. Yo entiendo perfectamente a la gente que dice añorar su juventud, es natural que así sea pues dentro de esa etapa has tenido vivencias maravillosas que ya no se repetirán, pero también alguna de mala. Sin embargo, aún en el supuesto de que pudieras hacer marcha atrás y revivir aquellos momentos, ya no serían los mismos. Sola hay una primera vez para todo y las que vienen detrás ya carecen de sorpresa. No puedes volver a dar tu primer beso a aquella chiquilla de la que te enamoraste, ni hacer el amor por primera vez con aquella novia que desde hace un montón de años es tu mujer. Nostalgia... ¿por qué?.
La vida es un camino pedregoso. Cuando te has hecho mayor lo has vivido todo, lo bueno y lo malo, las penas y las alegrías. Ahora toca revivir aquellos buenos momentos de inocencia y de felicidad, olvidando o no prestando atención a las muchas piedras encontradas en el camino. Dicen que nadie quiere morirse y estoy seguro de que sin duda es una realidad, pero lo de aferrarse a la vida es algo natural, algo involuntario que va en nuestros genes, porque... ¿qué sentido podría tener alargar nuestra vida hasta el infinito?. Tal eventualidad solo podría tener sentido cuando uno es joven. Si en ese momento alguien te preguntara si quieres no envejecer, sería posible que se apuntaran muchos, pero si te lo preguntan cuando eres viejo... aceptar no tiene sentido.
Cabria otra posibilidad, que sería la de volver a nacer, la de volver a vivir una nueva vida. Repito que, en tal caso, puede que muchos se apuntaran porque llevamos en nuestros genes lo de aferrarnos a la vida. Resulta chocante que, a pesar de los muchos guantazos recibidos nadie, en su sano juicio, quiera marcharse. Sin embargo digo, sin faltar a la verdad, que me daría pereza volver a empezar. Tengo claro que muchas de las piedras con las que me he tropezado no se repetirían pero, aún así, no me apetece repetir. Hay demasiado cabronazo suelto. No me apetece porque el tropezar no siempre depende de ti. Es como el conducir. Por muy cuidadoso que seas al volante, otros pueden chocar contra ti y destrozarte el cuerpo y el alma.
No. No tengo nostalgia de nada, ni quiero repetir. La vida es tan solo una ilusión y esa ilusión ya la tengo vivida.
Para bien y para mal lo he vivido todo. He conocido los aplausos y las calumnias, los amores y los desencuentros, los amigos y los enemigos, he viajado por tres continentes y he visto de cerca culturas muy diferentes a las que me son propias, pero gente al fin y al cabo, con sus virtudes y carencias.
Creo conocer los senderos de la religión y los caminos de la política, la diferencia entre amigos y compañeros...
¡Demasiadas cosas sé, no quisiera saber tantas! y justamente por eso, no tengo nostalgia ni quiero volver a vivir una nueva vida, aún en el supuesto de poder elegir. Hice las cosas lo mejor que supe, siempre con la sana intención de no perjudicar a nadie, pero ¡ay! hacerlo todo bien, para todos, es imposible. ¡Ya está bien ya!. Con lo que tengo visto, voy bien servido. En temas de nostalgia, solo me gusta Carlos Gardel.
RAFAEL FABREGAT
La vida es un camino pedregoso. Cuando te has hecho mayor lo has vivido todo, lo bueno y lo malo, las penas y las alegrías. Ahora toca revivir aquellos buenos momentos de inocencia y de felicidad, olvidando o no prestando atención a las muchas piedras encontradas en el camino. Dicen que nadie quiere morirse y estoy seguro de que sin duda es una realidad, pero lo de aferrarse a la vida es algo natural, algo involuntario que va en nuestros genes, porque... ¿qué sentido podría tener alargar nuestra vida hasta el infinito?. Tal eventualidad solo podría tener sentido cuando uno es joven. Si en ese momento alguien te preguntara si quieres no envejecer, sería posible que se apuntaran muchos, pero si te lo preguntan cuando eres viejo... aceptar no tiene sentido.
Cabria otra posibilidad, que sería la de volver a nacer, la de volver a vivir una nueva vida. Repito que, en tal caso, puede que muchos se apuntaran porque llevamos en nuestros genes lo de aferrarnos a la vida. Resulta chocante que, a pesar de los muchos guantazos recibidos nadie, en su sano juicio, quiera marcharse. Sin embargo digo, sin faltar a la verdad, que me daría pereza volver a empezar. Tengo claro que muchas de las piedras con las que me he tropezado no se repetirían pero, aún así, no me apetece repetir. Hay demasiado cabronazo suelto. No me apetece porque el tropezar no siempre depende de ti. Es como el conducir. Por muy cuidadoso que seas al volante, otros pueden chocar contra ti y destrozarte el cuerpo y el alma.
No. No tengo nostalgia de nada, ni quiero repetir. La vida es tan solo una ilusión y esa ilusión ya la tengo vivida.
Para bien y para mal lo he vivido todo. He conocido los aplausos y las calumnias, los amores y los desencuentros, los amigos y los enemigos, he viajado por tres continentes y he visto de cerca culturas muy diferentes a las que me son propias, pero gente al fin y al cabo, con sus virtudes y carencias.
Creo conocer los senderos de la religión y los caminos de la política, la diferencia entre amigos y compañeros...
¡Demasiadas cosas sé, no quisiera saber tantas! y justamente por eso, no tengo nostalgia ni quiero volver a vivir una nueva vida, aún en el supuesto de poder elegir. Hice las cosas lo mejor que supe, siempre con la sana intención de no perjudicar a nadie, pero ¡ay! hacerlo todo bien, para todos, es imposible. ¡Ya está bien ya!. Con lo que tengo visto, voy bien servido. En temas de nostalgia, solo me gusta Carlos Gardel.
RAFAEL FABREGAT
22 de mayo de 2016
2091- DURMIENDO EL SUEÑO DE LOS JUSTOS. (1/10)
Mmmmmm.
¡Qué bien...! Sin órdenes externas, ni sobresaltos.
ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ
-
Saludos a todos mis seguidores, pero no digáis a nadie que estoy aquí. Chsssssssss.
¡Qué bien...! Sin órdenes externas, ni sobresaltos.
ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ
-
Saludos a todos mis seguidores, pero no digáis a nadie que estoy aquí. Chsssssssss.
20 de abril de 2016
2072- LAS COSAS DEL QUERER.
Aprendí, ya mucho tiempo atrás, que las cosas pasan porque tienen que pasar. Todos y nadie tienen la culpa de ello. No tiene solución, es imprevisible. Que lo des todo no significa que recibas nada a cambio, que hagas una buena siembra no garantiza una buena cosecha. Las cosas, repito, pasan porque tienen que pasar... Hay amigos que son como hermanos y hermanos que no son nada, pero nadie tiene la culpa de ello, el amor no se puede forzar y que la semilla sea buena no significa que la cosecha esté garantizada. La vida hay que vivirla, con amor y como venga, pero sin derramar lágrimas que no merece quien las hace llorar. De todas formas no cabe perdón donde no hay pecado.
Aunque siempre queda un trasfondo, normalmente la gente evoluciona y cambia con el tiempo. Si hace tiempo que no me has visto, ya no me conoces. Te ruego que te presentes de nuevo, quizás podamos amarnos nuevamente.
Todo es cuestión de voluntad, de querer amar, de aprovechar el poco tiempo que dura la vida en este mundo. El blanco y negro puede llenarse de color cuando hay voluntad de que así sea, pero no dejando que siempre sean los demás quienes den el primer paso.
Amar es aportar y no dar nunca el no por respuesta.
El orgullo, así lo dice la RAE, es un exceso de estimación hacia uno mismo y nada aporta al camino del amor hacia los demás.
Sé generoso, no esperes nada a cambio y el premio te parecerá mayor. Para nada sirve la soberbia y a nada bueno conduce. Si algo bueno hemos de sacar de esta vida es con amor y entrega a los demás. Con nada llegamos y nada cogeremos al marchar, solo los buenos recuerdos, que pueden ser muchos si hay verdadera voluntad de que así sea. Regala abrazos sin recelo alguno, el tiempo pasa rápido y no se detiene. Hazlo aunque solo sea por egoísmo. Se puede dar el caso de que sembrando el bien no recibas la cosecha esperada, pero ¿puedes encontrar mejor cosecha sembrando el mal?. No hay mejor cosecha que un abrazo... ¿Por qué no sembrar abrazos y esperar a ver la posibilidad de recibirlos multiplicados?.
En esta casa que es la tuya nunca se acabó el amor. El hecho de que no estés no ha hecho que nadie te olvide. Pero el globo voló, cortando cuerdas y lanzando lastre, a merced de fuertes vientos que nadie pudo parar. Nos queda el recuerdo, el amor y el respeto a unos deseos que consideramos legítimos, pero de todo punto injustificados. Sin embargo son los tuyos y aunque solo sea por ello los tomamos con sumisión. El amor no se pude forzar. Cada cual es libre de vivir su vida como considere oportuno. Pero es una lástima... solo hay una vida y hay que aprovecharla para exprimir hasta la última gota de felicidad que uno sea capaz de conseguir. Sin hacer daño a nadie, porque esa no es la fórmula para ser feliz.
El amor es la magia que, algunas veces, nos trae la felicidad. No es una fórmula garantizada, pero aporta muchos números en el sorteo de una vida con amor. Haz que tu vida valga la pena, comprando la mayor cantidad posible de boletos para ese bendito sorteo, donde 'el gordo' es el AMOR en letras mayúsculas. Los boletos son baratos, no hace falta dinero, solo amor hay que dar a cambio. No es seguro que te toque, ni que vayas a encontrar quien quiera recibirlo, pero no dejes pasar la oportunidad de optar a ese amor que sin duda mereces. En cada uno de nosotros hay 'una luz', un pequeño rincón donde nada es imposible. Dar el paso puede significar el comienzo de tu plena felicidad y no hay que desaprovecharla. Puedo asegurarte que en esta vida no hay nada más...
RAFAEL FABREGAT
Aunque siempre queda un trasfondo, normalmente la gente evoluciona y cambia con el tiempo. Si hace tiempo que no me has visto, ya no me conoces. Te ruego que te presentes de nuevo, quizás podamos amarnos nuevamente.
Todo es cuestión de voluntad, de querer amar, de aprovechar el poco tiempo que dura la vida en este mundo. El blanco y negro puede llenarse de color cuando hay voluntad de que así sea, pero no dejando que siempre sean los demás quienes den el primer paso.
Amar es aportar y no dar nunca el no por respuesta.
El orgullo, así lo dice la RAE, es un exceso de estimación hacia uno mismo y nada aporta al camino del amor hacia los demás.
Sé generoso, no esperes nada a cambio y el premio te parecerá mayor. Para nada sirve la soberbia y a nada bueno conduce. Si algo bueno hemos de sacar de esta vida es con amor y entrega a los demás. Con nada llegamos y nada cogeremos al marchar, solo los buenos recuerdos, que pueden ser muchos si hay verdadera voluntad de que así sea. Regala abrazos sin recelo alguno, el tiempo pasa rápido y no se detiene. Hazlo aunque solo sea por egoísmo. Se puede dar el caso de que sembrando el bien no recibas la cosecha esperada, pero ¿puedes encontrar mejor cosecha sembrando el mal?. No hay mejor cosecha que un abrazo... ¿Por qué no sembrar abrazos y esperar a ver la posibilidad de recibirlos multiplicados?.
En esta casa que es la tuya nunca se acabó el amor. El hecho de que no estés no ha hecho que nadie te olvide. Pero el globo voló, cortando cuerdas y lanzando lastre, a merced de fuertes vientos que nadie pudo parar. Nos queda el recuerdo, el amor y el respeto a unos deseos que consideramos legítimos, pero de todo punto injustificados. Sin embargo son los tuyos y aunque solo sea por ello los tomamos con sumisión. El amor no se pude forzar. Cada cual es libre de vivir su vida como considere oportuno. Pero es una lástima... solo hay una vida y hay que aprovecharla para exprimir hasta la última gota de felicidad que uno sea capaz de conseguir. Sin hacer daño a nadie, porque esa no es la fórmula para ser feliz.
El amor es la magia que, algunas veces, nos trae la felicidad. No es una fórmula garantizada, pero aporta muchos números en el sorteo de una vida con amor. Haz que tu vida valga la pena, comprando la mayor cantidad posible de boletos para ese bendito sorteo, donde 'el gordo' es el AMOR en letras mayúsculas. Los boletos son baratos, no hace falta dinero, solo amor hay que dar a cambio. No es seguro que te toque, ni que vayas a encontrar quien quiera recibirlo, pero no dejes pasar la oportunidad de optar a ese amor que sin duda mereces. En cada uno de nosotros hay 'una luz', un pequeño rincón donde nada es imposible. Dar el paso puede significar el comienzo de tu plena felicidad y no hay que desaprovecharla. Puedo asegurarte que en esta vida no hay nada más...
RAFAEL FABREGAT
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