Casi demasiado vivas, diría yo. Pero, claro, yo nací en un pueblo con poco más de 3.000 vecinos, yu quí sigo. El censo municipal nos dice que últimamente se han empadronado cerca de 1.000 más pero no veo ventajas por ninguna parte. ¿Saben qué pasa?. Pues que las ciudades se están saturando demasiado y eso no es bueno para la gente de escasos recursos, que ve como los precios de la vivienda se disparan y también los alquileres, mientras los sueldos siguen igual. Eso sin contar el tráfico insufrible y las colas a cualquier sitio que vayas. Todo bulle y se mezcla en un ir y venir de gentes de todo tipo y condición. Es lo que pasa. Poca gente ha conseguido vivir del campo y ante ese problema, la ciudad es el único sitio en el que encontrar trabajo para poder sostener a la familia. El resultado está a la vista: Por las calles, muchos coches y poca gente.
Tal como crece el número de habitantes, lo hacen también las ciudades y los precios de las cosas, mientras los sueldos están congelados. Es la ley de la oferta y la demanda. Sobra mano de obra y faltan viviendas y servicios. El precio del suelo se ha encarecido tanto que la única solución es construir en vertical, un sistema más caro que eleva el precio de la vivienda hasta el punto de que la juventud, incluso teniendo trabajo, no puede independizarse y tiene que seguir viviendo en la casa de sus padres, con más de treinta años a sus espaldas. Cuando no se tenía conciencia del fenómeno urbano, pueblos y ciudades iban creciendo poco a poco y sin problema alguno, todos buscando las mejores condiciones para su actividad, pero los tiempos han cambiado.
Siete mil tiendas de Madrid han cerrado en un solo año. La tienda de barrio ya no le es necesaria a nadie y todos buscan las grandes superficies, aunque estén a varios kilómetros de su casa. No tenemos tiempo para ir a cuatro establecientos a comprar y vamos allí donde todo está concentrado y el tiempo de ir y venir no nos importa. ¡Que cosas!. El resultado es que el centro de las ciudades ha ido quedando desierto de gente, mientras el tráfico ha aumentado hasta cotas insufribles. Exceptuando los bares y restaurantes, el resto de negocios está cerrando a marchas forzadas. No hay hijos que quieran continuarlos, por la sencilla razón de que ya no son rentables. Sin embargo el asunto no esta tan claro a largo plazo. Yo pienso que dentro de unas décadas las aguas volverán a su cauce, porque las ventajas de comprar en las grandes superficies no es tanta como se piensa.
El urbanismo medieval era más fértil y cómodo para todos, porque esas cuatro tiendas que todos necesitamos estaban a la puerta de tu casa y todos ellos eran negocios familiares, con márgenes comerciales bajos que les eran suficientes. Todo era más fresco y barato, además de un trato casi familiar entre vendedores y compradores. Las ciudades siguen muy vivas, es verdad, pero veremos si eso será para siempre. Los propietarios de negocios céntricos venden la tienda y marchan a la periferia, pero no creo que eso sea para siempre. Cuando todas las tiendas sean propiedad de la gente trabajadora, los negocios minoristas de antaño, volverán a abrirrse. Simplemente es lo lógico (pienso yo), lo más cómodo, lo mejor y lo más económico. Y los ricos actuales tendrán que desplazarse al centro para comprar. Como era antes, como siempre fué...
Rafael Fabregat Condill