Quererte mucho. Sin ninguna duda, es la clave de la felicidad. La buena o mala opinión que uno tiene de sí mismo es la clave del éxito o el fracaso de cualquier persona, tanto en hombres como en mujeres. En este momento la moda es estar delgada, sobre todas las cosas y apenas cumplidos los treinta, la que más y la que menos ha sumado unos kilitos de más. Estar perfectamente en tu peso y ser atractiva no es suficiente. Hay que estar constantemente vigilando tu peso o cualquier manchita en la piel, para no socavar tus relaciones sociales y laborales. Una persona tan perfeccionista no puede ser feliz puesto que, por mucho que se cuide, nunca estará satisfecha con lo que ve en el espejo. Y lo peor es que, quien es así, lo será de por vida. Y no solo en lo que a su físico respecta, sino en todo lo que lleve a cabo.
En el trabajo será incapaz de delegar nada a sus compañeros o asalariados, puesto que simpre pensará que no lo harán a su gusto, y cuando no le queda otro remedio estará siempre encima de esa persona, controlándolo en exceso e incapaz de centrarse en lo suyo. Ya no digamos si el otro le hace ver algún fallo en su planificación, ya que se desatará su ira puesto que lo verá como un desafío personal o, lo que es peor, un desafío a su autoridad. La persona con ese carácter solo se sentirá satisfecha cuando el resultado ha salido según lo que ella considera perfecto, dejando casi siempre insatisfecho a ella y a sus compañeros. Nadie le felicita por sus logros y ella se siente más frutrada cada día que pasa. Eso sin contar que, con ese carácter, hacer amigos de verdad se convierte en algo imposible.
Salvo pocas excepciones, todo el mundo sufre en algún momento de su vida una merma de su autoestima, pero hay que enfrentarse al problema para poder salir de él. Por triste que se sienta, tiene que analizar la situación y luchar por hacer valer su razón siempre que tenga oportunidad de hacerlo, sin aislarse y siempre buscando la relación con los demás. Lo de encontrar buenos amigos no es fácil, pero hay que luchar por encontrarlos y mantenerlos. La confianza es la mejor aliada para abrirte a los demás. Nunca seas violento y no respondas a un insulto con otro. No es el comportamiento adecuado para hacer amigos. Contrariamente a la creencia popular, quererse a sí mismo no es ser egoísta, sino un sentimiento legítimo que nos hace estar a gusto con nosotros mismos. Si te amas harás que te quieran los demás.
Hay que tener amor propio así que, si te ves diferente, siéntete contento por ello. Y por mucho que otros se sientan mejores y más sabios, no te burles jamás y ríete por dentro de la incapacidad de ver la viga que tienen frente a sus ojos. En este mundo el bien y el mal no existen, sino que cada cual ve las cosas a su manera. Aléjate de quien se burla del mal ajeno y arrímate a quien siempre busca el lado bueno de las cosas. La autoestima es producto de las experiencias vividas en la niñez y adolescencia y la aceptación de lo sucedido. La imagen que tenemos de nosotros mismos, se construye según la conducta que desarrollamos a lo largo de la vida y si ésta es buena, por mucho que alguien diga lo contrario, te sentirás feliz. Son muchos los que intentan contrarrestar su inferioridad, atacando a los demás.
Rafael Fabregat Condill