Acaríciame es el título de una balada romántica de 1984, escrita por Juan carlos Calderón e interpretada, en este caso, por María Conchita Alonso, pero este blog es de Curiuosidades y no específico de música por lo que, de lo que aquí se trata es de dar valor a la palabra y no a la canción. Acaríciame ó tócame, para ser más exactos, es la sensación tan poco frecuente a partir de cierta edad, que algunas personas echamos en falta. No se sabe por qué, pero la mayoría de las personas, ya terminada entre ellos la época de los mimos y besuqueos y más lejos todavía el tema sexual, nos olvidamos incluso de esas caricias que a tantos nos gustaría seguir recibiendo. No se sabe el motivo exacto, pero llegados a esta última parte de nuestra vida, abandonamos algo tan bonito como un cálido abrazo o un beso siempre agradable.
El poder del tacto no tiene límites. Una caricia de vez en cuando activa la felicidad y puede salvar separaciones matrimoniales, ya que es la forma más primitiva de comunicar nuestros sentimientos. Sin embargo en este momento las sociadades occidentales parece que nos hemos olvidado de ello. Cualquier gesto de acercamiento físico se agradece y en este momento, que tanto nos hemos olvidado de ello, todavía más. Y no es porque el tacto no sea uno de los sentidos más primordiales del ser humano, sino por simple dejadez. ¿Qué esfuerzo nos costaría manifestar nuestro afecto a una persona con una caricia o, al menos, un simple apretón de manos?. Ninguno verdad. Y entonces ¿por qué no lo hacemos?. ¿Qué nos costaría?. Muchas veces incluso lo pensamos pero, a la hora de la verdad, no lo hacemos.
Bién es verdad que, como simple contacto social y de cortesía, sigue dándose la mano cuando te encuentras sin esperarlo con un amigo o conocido y también desde el punto de vista comercial, pero no ese el contacto al que aquí queremos referirnos. Desde el punto de vista romántico el contacto con la persona amada es algo espontáneo, al menos en las dos primeras etapas de la vida, pero cuando llegamos a la "tercera edad" ese contacto brilla por su ausencia. ¿Por qué?. Porque en las dos anteriores etapas sí expresamos nuestro amor, cogiendo de la mano o abrazando a la persona querida, pero esto desaparece con la edad. No siempre, pero sí en la mayoría de los casos. Que el sexo ya sea un capítulo pasado no quiere decir que haya acabado el amor, lo que sucede es que a esa etapa debería seguir el cariño y la comprensión.
Según los psicólogos todos necesitamos recibir cariño, una palabra amable y más aún una caricia de vez en cuando. Si esto es así, ¿por qué no lo expresamos con más frecuencia?. Ya no le damos a ello la importancia que tiene y hombres y mujeres vivmos en la rutina, mirando las caricias como algo de una época pasada, casi arcaica. En la mayoría de los casos seguimos queriendo a nuestras parejas, pero no pensamos en la importancia de los gestos. Y eso que, al fin y al cabo, ambos lo necesitamos o al menos sabemos que viviríamos mejor con ellos. Ese tacto que tenemos olvidado, nos permitiría llenar en todas las facetas de la vida diaria. No tenemos conciencia del papel que juega el tacto en las relaciones de pareja. Todos sabemos que en una vida sexual activa es imprecindible pero, tras esa etapa, todos nos olvidamos.
No amigos, no. No debería ser así. Una caricia o una palabra amable se agradece siempre, sea cual sea la edad del indivíduo. El tacto mantiene las puertas abiertas al afecto y éste al amor. Que la etapa sexual finalice no significa que no siga el amor y la necesidad de esas caricias que no tienen el por qué acabar. Dicen los psicólogos, que esas personas que no son aficionadas a tocar pero tampoco les produce aversión, suelen tener problemas con el afecto, con el poder o con ambas cosas a la vez. Incluso es probable que no se gusten a sí mismas, pero que no se sientan interesadas por el contacto físico, no es motivo de alarma. Es otra manera de amar y no vamos a estropear una convivencia por esa falta de caricias. Conviene encauzar esa forma de sentir y dejarlos que, por encima de nuestros impulsos, lo expresen cuando les plazca.
Rafael Fabregat Condill























