9 de agosto de 2026

3333/0201- LOS CAPRICHOS DE ALFONSO X EL SABIO.


Su desgraciado final hizo que algunos historiadores calificaran su reinado de fracaso político pero no fue tal. El poblema es que para conocerlo realmente habría que leer la gran historia de su vida y la mayoría no tenemos paciencia para tanto. Fue tan sabio y tan ensalzado que, hasta ahora, nadie se ha atrevido a simplificar su historia. Al parecer también era un hombre creído, hasta el punto de decir que "Si hubiera estado con Diós en el momento de la Creación, el mundo hubiera sido mucho mejor". Nació en Toledo en 1221 pero se crió en Burgos y Galicia. Era primogénito de Fernando III el Santo y de Beatriz de Suabia y bisnieto de la mitad de los monarcas de media Europa. Ya mayor de edad participó en los acuerdos que desembocaron en la anexión de Murcia a Castilla. 


Participó, junto a su padre, en el asedio de Sevilla que capituló en 1.248, exigiendo que se entregara intacta, con amenaza de pasar a cuchillo a los responsables si destruían sus muchos palacios y mezquitas. Alfonso se casó en 1249 con la infanta Violante de Aragón, hija de Jaime I, que tardó seis años en tener descendencia y a punto estuvo de ser repudiada por ello. Sin embargo a partir de 1255 tuvo diez hijos. Alfonso ya había aportado al matrimonio dos hijas y tres hijos de sus diferentes amantes, la más conocida Mayor Guillén que estuvo con el monarca hasta su muerte y de cuya relación había nacido Beatriz de Castilla que fué reina de Portugal. Tuvo éxito en todas sus empresas, pero no en su máxima aspiración, que era la de sentarse en el trono del Sacro Imperio Romano Germánico.


Le correspondía, pero los electores imperiales se decantaron por el inglés Ricardo de Cornualles aunque, no llegando a un acuerdo, el trono quedó vacante. Creó grandes obras científicas, literarias y poéticas pero, a pesar del esplendor de su época, los últimos años de su vida se vieron plagados de repetidas amarguras. La primera de ellas fue la gran desilusión imperial. En Septiembre de 1273 Rodolfo I de Habsburgo fue elegido emperador y las esperanzas de Alfonso X se desvanecieron para siempre. No fue por conformismo, ya que intentó revertir su suerte pero en Mayo de 1275 nuestro monarca fue obligado a renunciar de manera definitiva ante el papa Gregorio X. Ese mismo año se ensombreció todavía más, ante la muerte de su primogénito el infante Fernando.


Se abría un proceso sucesorio complicado entre descendientes. Los hijos de Fernando, se enfrentaron a su tío Sancho, segundo de los hijos de Alfonso X, pero finalmente fue este el que accedería al trono como Sancho IV, a la muerte de su padre en Abril de 1284. Alfonso X tenía 62 años y fué enterrado en Sevilla, donde había pasado la mayor parte de su vida. 
Su legado cultural y legislativo marcó un antes y un después en la historia de Europa, pero esa circunstancia no lo consoló, ante el hecho de no haber sido ungido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico que le correspondía por vía materna al ser nieto del emperador Federico II. Sin embargo  ese trono no se heredaba de forma automática, lo que dió lugar al conflicto llamado "Fecho del Imperio" del que salió victorioso Rodolfo I, puesto que la Iglesia era un pilar definitivo en aquellos tiempos. El sepulcro con el cuerpo de Alfonso X el Sabio está, junto a sus padres, en la Capilla Real de la catedral de Sevilla pero, debido a los designios del rey y, ante la imposibilidad de llevar parte de ellos a Tierra Santa, su corazón y sus entrañas están en una arqueta instalada en el Altar Mayor de la catedral de Murcia.

Rafael Fabregat Condill

3333/0000- BUSCANDO TU SONRISA CADA DÍA.

PROBLEMA DEL DÍA 9-08-2026.
Si lo dejas pasar... ¡Te lo pierdes!.



¡TODOS SOMOS NECESARIOS...! 

Rafael F. Condill

8 de agosto de 2026

3333/0200- EL GRANO QUE NOS ALIMENTA.


Aunque nos alimentamos de mil cosas distintas, está claro que la humanidad es omnívora y aún hoy, en pleno siglo XXI, sin el CEREAL no podríamos vivir. Principalmente por el enorme aumento de la población mundial, más de 8.000 millones de personas, pero también gracias al aumento de la producción de grano transgénico, que ha hecho posible producciones masivas, sin la presencia de plagas que reduzcan unas cosechas antes diezmadas por el azote de diferentes insectos o ácaros. Claro que en este mundo no hay nada gratis y lo que uno se ahorra en estas grandes plantaciones también tiene sus conseguencias en los campos de los agricultores lindantes... 


Resulta que el agricultor que quiere mantener sus campos con variedades de semillas nativas, no puede hacerlo porque los campos de maiz transgénico que tiene a su alrededor contaminan con su polen los campos vecinos, al llevarse a cabo la polinización cruzada. Pero hay más... Tampoco pueden convertirse en agricultores transgénicos puesto que las grandes empresas controlan las semillas de siembra, con el fin de, como hemos dicho antes, controlar la producción mundial y los precios consiguientes del mercado. De momento solo hay una ventaja al tener un vecino de transgénico y es que, las plagas no se acercan a sus plantaciones puesto que los trangénicos las repelen. Menos mal...
  

Pero esa ventaja de tener sus campos limpios sin tratamiento alguno, es pan para hoy y hambre para mañana ya que, al polinizarse una variedad con otra, lo que se crea es una variedad cruzada que, a largo plazo, tiene menos ventajas y más problemas fitosanitarios, es decir, que en pocos años se habrán perdido las ventajas de la semilla transgénica y habrán aumentado los problemas de unas semillas y otras, dando lugar al fin del grano ecológico.  Con el arroz pasa otro tanto. Las bucólicas terracitas orientales desaparecerán en unas décadas
 ya que, en este momento, ya hay grandes plantaciones de arroz modificado genéticamente, al objeto de mejorar su resistencia a las plagas, tolerar herbicidas, soportar el cambio climático y hasta enriquecer el grano con nutientes esenciales como la vitamina A.


Se vive el momento, sin pensar en las próximas generaciones. Piensan esos asesinos de masas que si se cargan el planeta no pasa nada. Los que vengan detrás que espabilen. De momento no todos los países están de acuerdo y en cada lugar hay una normativa al respecto pero, poco a poco, se van aprobando medidas al objeto de no quedarse atrás. En poco tiempo el mundo habrá cambiado tanto que nadie puede garantizar la estabilidad y comida necesaria para que el mundo siga su camino. Nadie sabe cuando tardará en reventar todo pero, sin duda alguna, será a corto o medio plazo. Antes del tercer milenio, nadie sabe que puede haber en este planeta. La única solución (lamentable) tendrá que ser una serie  de Guerras Mundiales o pandemias incontrolables, que acaben con dos tercios de la población. Un gravísimo desorden mundial solo puede pararse con un trágico remedio. Otra solución mas suave no cabe, porque no puede ser válida.

Rafael Fabregat Condill

7 de agosto de 2026

3333/0199- LOS PELIGROS DE LA ENVIDIA.


La de la foto, es la mirada de la envidia. Cuando la veas apártate. El problema es cuando la envidia la tiene un imbécil y canalla al mismo tiempo. Ambas miradas se unen y no sabes exactamente a qué atenerte ya que son completamente diferentes pero, cuando se mezclan, sale es una cosa terrible. ¡Vaya tela!. Los lectores de este Blog que procuren no caer en las garras de la envidia, pues es muy mala cosa. El escritor y psicólogo Stamateas cuenta que "el rey quiso hacerles un regalo a un envidioso y a un canalla, prometiendo que al canalla le daría el doble de lo que pidiera. Contra todo pronóstico, el envidioso pidió que le sacaran un ojo y como sea que el canalla pidió el doble de lo que tuviera el primero, le sacaron los dos".  No seas pues envidioso, pero tampoco canalla, que todavía es peor.


Los expertos consideran que un poco de envidia de vez en cuando, te ayuda a crecer pero, si te amarga constantemente, combátela con decisión. ¡Es mala cosa!. Cuando un amigo te propone una cosa y no la aceptas, pero después ves que es un éxito, no tengas envidia del éxito de tu amigo y, especialmente, no te rías si más tarde fracasa. Eso es la envidia. Y si eres una buena persona te sentirás avergonzado de aquel episodio de tu vida. Claro que si en realidad eres envidioso y además canalla, no te enterarás de nada y seguirás pensando que recibió lo que se merecía. Cuando se suman las dos cosas no hay nada que hacer, ya que eso ya forma parte de su carácter y el refrán nos dice que "genio y figura, hasta la sepultura". Sin duda sus padres también eran imbéciles y eso es hereditario.


Los envidiosos creen que la vida de los demás es maravillosa, mientras que la propia es totalmente mediocre y lo consideran una injusticia que hay que combatir. A estas personas nada les es suficiente y no solo buscan arrebatar lo que otros tienen, además de luchar para que aquellos lo pierdan, que es mucho peor. No tienen interés en competir, ¡demasiado esfuerzo! y empiezan a pensar cómo derribar al otro de ese hipotético pedestal sobre el que lo ven. Cada cual tiene su vida y sus expectativas y alcanzar unas u otras metas forma parte de la capacidad de cada cual. No hay motivo para la envidia, pero a ellos les parece que sí. Para ellos el éxito de los demás es una especie de insulto mientras que, para la gente de bien, la envidia es algo que usan para motivarse. ¡Tu construyes, yo construyo!.


La envidia es buena cuando te sirve para intentar superar lo que otro hizo. Esa no solo deja de ser criticable, sino que incluso es positiva. No se trata de derribar a nadie, sino de luchar por conseguir ganarle en todos los frentes. Sin embargo no es imposible, es suficiente con esforzarse en hacer las cosas mejor que el otro, más bonitas, más bien hechas. El problema es que eso siempre supone un gran esfuerzo, que no todos están dispuestos a realizar. "Echaremos al otro del pedestal y cogeremos nosotros el relevo". Pero eso solo lo hacen los envidiosos-canallas, un tipo de gente que se cansa pronto de luchar y al grito de "Esto es mucho trabajo y poco rendimiento", lo dejan caer y si te he visto no me acuerdo. Y es que, por muy envidiosos que sean, si no hay ganas de trabajar, nada se consigue...

Rafael Fabregat Condill

6 de agosto de 2026

3333/0198- EL NACIMIENTO MÁS INMEDIATO.


En un momento de tanta tecnología armamentística y tan escasos alumbramientos de las mujeres, nos preguntamos si lo más inmediato será una guapísima niña o un torpedo nuclear... ¡porque todo es posible en este horroroso momento que estamos atravesando y en el que hay tantos políticos quieren lo que tienen los demás. Putin quiere Ucrania, China quiere Taiwan, Trump quiere Groenlandia, Netanyahu quiere Palestina, Irán y los Hutíes quieren dominar el estrecho de Bab el-Mandeb en el mar Rojo. Pero bueno... ¡tan fácil que sería vivir todo el mundo en paz!. ¿Por qué no se queda cada uno en su casa y Diós en la de todos?. ¿Ambición de poder?. En fin, que no tenemos solución. La humanidad siempre ha estado en guerra y así seguirá siendo hasta el final de los tiempos.


En este momento, como cualquier otro, es más fácil saber cuando verá la luz el próximo submarino nuclear y sus torpedos más potentes, portador incluso de misiles de largo alcance, con cabeza nuclear, que una preciosa niña más lista que el hambre. ¿Por qué? -se preguntará alguno. Pues muy fácil. Porque el mundo está atravesando momentos convulsos. No revienta todo porque saben que al menor fallo, todo el planeta podría volar por los aires, porque armas para causar ese desastre las hay pero, gracias a Diós (si lo hay) saben que el primero en apretar el botón sería el primero que desaparecería de la faz de la Tierra. Ni bunkers ni leches. Aquí no se salvaría ni el Tato y eso no lo quiere nadie. Para que haya dueños hace falta que hayan criados y eso nos salva, porque ellos no quieren a nadie.


Cada día estamos más y mejor controlados. Libertades... ¡pocas o ninguna!. Los únicos que tienen libertad son los que se ríen y abusan de ella. Los demás a seguir adelante, como tren en vía muerta. Lo único que salimos ganando con tantas guerras y vigilancia de nuestra teórica libertad es que muchos de esos aparatos, que lo controlan todo, han dado paso a usos domésticos que todos tenemos en nuestras casas. Pongamos como ejemplo que gracias a los radares de guerras pasadas se dió paso a la producción de los microondas con los que cocinamos en cinco minutos lo que en el fuego costaba una hora. De la misma forma conocemos el sexo de nuestro bebé, concebido pocas semanas atrás, gracias a la ecografía, tecnología aplicada a los modernos submarinos. Tecnología militar y civil van parejas.


Como tantas veces he comentado, no soy muy partidario de tanto gasto en el tema espacial pero también muchos adelantos en ese campo han dado solución e inventos para el día a día de todos nosotros, o sea, que son muchos los inventos que retornan a la gente común, que es la que aporta mediante impuestos el dinero que se dedica a estos estudios que, desde mi punto de vista, podrían dedicarse a los problemas terrenales que todos los países sufren en mayor o menor medida. Está claro que mucha tecnología espacial ha servido para instalar seguridad y mejoras en los viajes aéreos, más usados cada día por todos nosotros, pero... Mucha de esa tecnología no está al alcance de todos y es por eso que no todo lo que se invierte, revierte en el beneficio general. 


Algunos políticos también hubieron de luchar, no solo para matar a sus enemigos, sino también para alimentar a su tropa. Más de dos siglos atrás (1810) Napoleón, agobiado por esta problemática, destinó 12.000 francos de la época, como premio a quién encontrará una solución destinada a preservar la alimentación de los soldados que estaban en el frente. Así nació el invento de la conserva alimentaria. El destino primigenio de las conserveras fue pues para seguir guerreando sin problemas de intendencia. Y como esa muchas cosas más. No podemos decir que todas las cosas de la guerra sean negativas. De una guerra salen muchos adelantos para los tiempos de paz. También en la tecnología médica que salva miles de vidas cada día que pasa. Nadie sabe que nacerá primero...

Rafael Fabregat Condill

5 de agosto de 2026

3333/0197- ESPAÑA EN TIEMPOS DE CERVANTES.

 
En el centro de la foto, casa de Alcalá de Henares donde nació en 1.547 el insigne escritor Miguel de Cervantes y Saavedra, autor del famoso libro Don Quijote de la Mancha y otroS títulos que no vienen al caso. Sin embargo la mayor parte de su vida la pasó en Madrid, donde murió en 1.616, fecha en la que finalizaron las obras de la Plaza Mayor. La vida era muy dura en el Siglo de Oro pero, como siempre sucede en estos casos, la gente se las apañaba para disfrutarla a tope, a pesar del hambre. Los viajeros que llegaban a Madrid en aquellos tiempos no veían otra cosa que un pueblucho repleto de religiosos y soldados tullidos o jubilados, junto con gran cantidad de pícaros y desamparados. Pueblo mísero y aterrado por la reciente peste negra que luchaba por disfrutar de la vida lo poco que podía.


Pequeña ciudad de casas destartaladas, junto a la Puerta del Sol. Al oeste de la misma se alzaba la residencia real, un viejo Alcázar donde años después se construiría el Palacio Real que hoy podemos contemplar. Era una población con desagradable olor a orines y basuras malolientes en los callejones más estrechos, un lamentable hedor que se hacía menos penoso con el humo a leña quemada y pan recién horneado en las tahonas. En 1.605 todo estaba desastroso, puesto que la capitalidad española se había trasladado cuatro años antes a Valladolid. Al rey no le desagradó la idea de alejarse de una ciudad llena de criminales y muertos de hambre. Eran 60.000 habitantes amontonados en calles estrechas y tortuosas, además de casas sucias y desordenadas. La mayor y mejor ciudad era entonces Sevilla.


En ese mundo vivía España y concretamente Madrid, donde Cervantes vivía desde 1.566, a fin de que estudiara gramática en la escuela López de Hoyos. Tras muchos avatares Cervantes se trasladó definitivamente a Madrid el año 1.606 cuando la ciudad volvía ser capital de España de la mano de Felipe III. De todas formas, en aquellos tiempos, el 90% de la población vivía en pueblos y zonas rurales. No había interés alguno de vivir en grandes ciudades, puesto que el campo era el principal abastecedor de la ansiada comida de las familias. Los documentos de la época hablan de 1.300 pobres pero de más de 3.000 que pedían limosna por calles y plazas, cifras muy altas para el Madrid de aquel entonces. Los pobres "legales" poseían una licencia expedida por el párroco, pero los demás...


A los "legales" se añadían los falsos mendigos, pícaros, matones y alcahuetas que vivían de los ingresos de las prostitutas que tenían a su cargo. La Puerta del Sol y Herradores eran los lugares principales de encuentro de rufianes, desheredados y campesinos sin tierra, que formaban la base de la pirámide social. Los alrededores del Alcázar, Casa de la Panadería y Plaza Mayor, terminada en 1.916, eran sin embargo las zonas de paseo de la nobleza y gente con posibles, que apenas llegaban al 10% de la población. El reinado de Felipe III no fue brillante, pero dió un respiro a la gente de aquellos tiempos, gracias a la importación de productos del Nuevo Mundo. Incluso estaba permitida la tenencia de esclavos. El español era conocido y hablado en Europa, lo cual no implicaba simpatía alguna hacia nosotros. La envidia es muy mala... 


Como en las acuales guías Michelín, los viajeros de entonces tenían a su disposición unos libritos que marcaban los mejores caminos y posadas donde recuperarse. Y es que nacionales y extranjeros se desplazaban a lo largo de la península por razones económicas y Cervantes también era uno de esos viajeros, pero por otras razones más pintorescas. Para escribir era necesario conocer y para ello había que viajar a lomos de mulos y carretas devencijadas, pero esa es otra historia. En cuanto a los madrileños de la época, aunque apenas cenaran, acudían a los corrales de comedia en masa, al tiempo que sus majestades que, para compensar su fracaso en los Países Bajos, expulsaron a 300.000 moriscos que hubieron de marchar con lo puesto. 
A finales de Octubre de 1.605, Cervantes pùblicó la 2ª parte del Quijote y falleció el 22 de Mayo de 1606 en su casa madrileña de la calle del León, actualmente Barrio de las Letras. Nada es para siempre...

Rafael Fabregat Condill