Todo el día vivimos pegados al móvil y cuando llegamos a casa ponemos en marcha el televisor lo cual te hace pensar si no nos estaremos volviendo idiotas. Si detrás de esta acción hubiera algún beneficio para nosotros, sería lógico este comportamiento, pero no lo hay y todos lo sabemos. ¿No nos damos cuenta de que, quienes dirigen nuestras vidas, nos han saturado de pantallas para evitar que pensemos?. Y mientras tanto ellos hacen y deshacen a voluntad, ante nuestra dejadez y falta de vigilancia. ¿Nadie se da cuenta de ello?. Pues nadie, ya que estamos pendientes todo el día de las pantallas que ellos han puesto en nuestras manos, a un precio irrisorio, para que nadie se quede sin ellas. Los niños, con 10-12 años, ya les piden a sus padres y abuelos elúltimo modelo de móvil. ¡Mis amigos ya lo tienen! -te dicen.
El teléfono movil es uno de los aparatos más útiles que se han inventado, pero no es ese el uso para el que fueron creados. TIK-TOK, INSTAGRAM, FACEBOOK, y todos los navegadores y juegos habidos y por haber, están allí esperando al ocioso. ¿Y para que sirve todo eso?. Pues para nada. Para comernos el cerebro y no dejarnos pensar, que es lo que a "ellos" les conviene. De esa manera uno se pasa las horas esperando todos y cada uno de los mensajes que a ellos les interesa meter en nuestras cabezas. Y nosotros, los tontos, traga que traga lo que ellos nos echen. No debería ser así, pero lamentablemente así es. Y por si eso fuera poco, ahí estás los anuncios comerciales, ya que los comerciantes se han dado cuenta de que todo artículo que no tenga anuncios en televisión es como si no existiera.
¿Se acuerda alguien del vendedor de mantas en las ferias?. Pues igual. Antaño las cosas buenas costaban de entrar en nuestras casas pero, cuando entraban, eran para toda la vida. En este momento eso ha dejado de existir, no es negocio. Los comerciantes van a lo suyo, se trata de hacernos cambiar las cosas frecuentemente. Machacarnos a todas horas con sus anuncios como si sobre la faz de la Tierra no hubiera cosa mejor. La última novedad. Nadie niega que eso pueda no ser verdad, pero es lo que a ellos les interesa. Lo importante es vender y no solo sus productos, sino también sus ideas. Sin sus ideas no somos nadie, puesto que lo que vemos en las pantallas es lo último, lo más bonito, lo que vale más. Hasta se atreven a llenar los pantalones vaqueros de agujeros, descosidos y con manchas de lejía, metiendonos en la cabeza que eso es moda. Y nosotros a comprar...
En la propia televisión, las presentadoras salen con pantalones anchísimos y cortados a un palmo de los zapatos, como si fueran payasos de circo. Pero ¡ah!, ¡es la moda!. ¡Por favor!. ¡No me hagan reir!. La moda es que, ¡por fin!, las mujeres se hayan dado cuenta que con los pantalones, antes solo para hombres, están monísimas y tapan los defectos de las piernas, además de abrigarles más que las faldas. La moda es inventar cosas que mejoren lo que hasta ahora teníamos como única posibilidad. ¿Saben qué pasa?. Pues que vamos muy deprisa y los inventores empiezan a escasear. Solo en el campo de la electrónica queda un mundo por descubrir, pero en la ropa... Ayer seda, mañana lino, pasado algodón: hoy ancho y corto, mañana largo y estrecho, pasado planchado y al otro arrugado y lleno de agujeros.
¿Puede eso funcionar?. Pues claro que sí, solo es necesario que los listos lo pongan en las pantallas de televisores, móviles, tablets, etc. Y si algún famoso sale con los tirantes colgando al día siguiente todos así y las camisas... Hoy a rayas, mañana a cuadros, pasado lisas... Y todos a buscarlas allá donde estén, sea cual sea el precio que te cobren. Con las marcas pasa lo mismo, bien sea en ropa, en perfumes, en bisutería y hasta en peinados. Al menos para la gente común, apenas importa ya la calidad de las cosas, lo bueno es lo que ha salido en la tele. La marca tal, la cual y la de más allá, O lo que llevaba fulana un día en el programa tal, o lo que salía en la revista cual. A todo esto me pregunto, ¿donde está el criterio personal de la gente?. Cientos de empresas venden basura a precio de oro y lo bueno apenas tiene mercado. ¿Hasta cuando durará eso...? Yo os lo diré, ¡hasta que se nos acabe el dinero!.
Rafael Fabregat Condill























