Ya lo dice el refranero español: "El que esté bién, que no se mueva". Luego, si atendemos a esta enseñanza, ser egoísta es bueno. Para tí, claro pero, ¿y los demás?. Sin embargo todos somos, más o menos, egoístas. Y el que diga lo contrario miente como un bellaco aunque, si preguntas, encontrarás decenas de hipócritas que te dirán lo contrario. En aquellas mesas que todavía mantienen la tradición de poner una cazuela en el centro de la mesa y que cada cual vaya cargando su plato o comiendo desde la cazuela, ¿qué tajadas son las que quedan al final de la comida?. ¿Las mejores?. Naturalmente que no. Quien primero se sirve coge lo que más le apetece y el último coge las sobras. ¿O no es así?. Entonces, ¿por qué voy yo a hacerme el hipócrita y coger lo peor, aún siendo el primero que se sirva?. ¿Para que después se rían de mí?. Porque eso es lo que pasa si pecas de remilgado.
Si coges lo mejor te llamarán descarado, pero si coges lo peor te llamarán tonto. ¡Elije!. Los ganadores bajan los ojos y farfullan de modo ininteligible: No tiene importancia... ¿Creen ustedes que ellos lo piensan así?. En absoluto. Cuando es otro el que gana les halagan porque es lo que toca, pero cuando ganan ellos fingen una modestia que no sienten. Si he ganado yo, ¿por qué tengo que ponerme colorado y decir que no hay para tanto? ¡Claro que lo hay, si he ganado es porque soy el mejor!. ¿Para qué tanta hipocresía?. Sin embargo los indecisos superan en mucho a los que saben lo que son y lo que quieren, por eso no nos gustan los que se quieren a sí mismos... Está claro que es un error puesto que, para ser feliz, hay que amarse a sí mismo. A los demás también, ¿por qué no?, pero primero eres tú.
Hay mucha gente que lo considera disparatado, egoísta, falto de caridad... Pero no es así puesto que, igualmente, puedes dedicarte a los demás de la misma manera. No se trata de que tú te comas todo el pastel, ¡compártelo!, pero primero sírvete que, si eres una persona de bién, no cogerás un trozo más grande del que te corresponda. Cuando, por ejemplo, tu dices que eres "solo" un maestro de escuela, un ama de casa, o cuando quitas importancia a los elogios que puedas recibir, no te lamentes por lo que no eres, sino ponte medallas por lo que sí eres. Cambia tu autocrítica por autoconfianza. Fíjate bien en lo que tu piensas que vas por debajo de tus conocidos y te darás cuenta que muchos de ellos no llegan a tu nivel. No te rindas ante los éxitos de los demás y date cuenta de los éxitos propios. Serás más feliz.
El éxito y el fracaso siempre van juntos. No existe la persona perfecta, todos tenemos fallos, pero hay que superarse. Si caes, levántate y sigue caminando. Es la única forma de llegar a tu destino. Buscando tus flaquezas, encontrarás la fuerza que hay en tu interior. Recuerda la forma en la que triunfaste en determinada situación y analiza como recorriste el camino que te llevó al éxito. Del fracaso siempre sale la enseñanza para evitar que se repita. Acepta los elogios, ¿por qué no? pero, si no te los ofrecen, no te quedes sentado esperándolos. Por el contrario, si el éxito no ha sido rotundo, discúlpate a ti mismo y sigue luchando. Eres humano y acabarás por aprender. La mayoría de la gente tiene una autoestima por debajo de sus verdaderas posibilidades. Lucha, pero concédete el crédito que mereces.
Rafael Fabregat Condill