Lo siento, pero eso no puede ser. Vale que te sientas de nuevo como si fueras una adolescente pero eso no es lógico ni soportable, ni para tí ni para tus padres. Ya sabemos que la vida está difícil, que los alquileres están por las nubes y la compra de una casa poco menos que imposible pero hay que espabilar. Con estudios o sin ellos has de trabajar, en lo que sea, y labrarte un porvenir. ¿No te sientes mal con esa situación?, Pues bien, tus madre todavía más. Quizás viuda con una paga minúscula... Y no es que le molestes, sino porque es una situación antinatural. Rellena un impreso y solicita un puesto de trabajo en el INEM. Cuando llegarás a la casilla "estado civil" te quedarás un poco sorprendida pero está claro que estás soltera, porque casada no estás. Si acaso separada o divorciada, pero sola, por eso vives en casa de mamá.
Porque podrías estar soltera pero ser independiente y vivir en tu apartamento con la nevera llena de platos preparados de una sola ración. Pero claro, si vives en casa de tus padres, cuando suena el teléfono nunca será para tí, lo cual es triste y desalentador. Cuando vas a lavarte los dientes descubres que el tubo de pasta está vacío y arrugado porque, claro, estás usando el dentrífico de tu madre y, ya se sabe, una por otra la casa sin barrer, aunque ella tendrá guardado algún tubo lleno en algún lugar. En fin, vivir allí tiene sus ventajas, pero resulta difícil y deprimente... Te falta también libertad para invitar a tus amigas a tomar una copa y más aún a algún ligue que te surja de imprevisto. Otra cosa que también cuesta es escuchar como tu madre te dice que has de comer más, que estás muy delgada y no puedes seguir así...
Total que, económicamente es interesante pero, eso no es vida para una mujer, en la treintena y todavía de buen ver, con sus inquietudes y sus necesidades. Algo habrá que hacer. No vas a llevar a la cama a tu pareja, no sea cosa que en mitad de la faena entre tu madre en albornoz y os pille in fraganti. Ya no sabes qué responder cuando tus conocidos te preguntan por las razones de seguir viviendo en casa de tus padres. Está claro que el motivo es económico ya que quien más quien menos apenas gana para cubrir gastos y se las ve negras para llegar a fin de mes. Eso los que trabajan, claro. Pero son muchos los que han tenido que volver al nido. Y no con poca angustia, puesto que apenas ganan para el alquiler y poco más. Está claro que es más barato comprar que alquilar pero ¿cómo conseguir el dinero para la entrada?
Además resulta que cuando llegas a casa de mamá a altas horas de la madrugada, no sabes qué decir. Tu madre no te dirá nada, pero tu corazón se encoge. Quieras o no, al final todos se convierten en inventores de historias, aunque nadie les pregunte. Y claro, con más de 30 años, lo cierto es que es un apuro del que no sabes qué decir. Ya no eres una adolescente. Otra cosa que cuesta es no correr, por las mañanas, cuando solo hay un cuarto de baño y quizás quede algún hermano menor en la casa. Si ya son todos independientes y tus hermanos te preguntan si aún vives con mamá no sabrás qué contestar, pues tu reputación pierde muchos puntos si, a esa edad, no has conseguido una independencia segura y aficaz. Porque tus padres se desvivieron en darte una educación que, a la vista de ellos, no ha servido para nada.
Peor sería si tus amigos te dijeran, ¿cómo es posible que todavía vivas con mamá?, con una sonrisa de oreja a oreja... Tu autoestima se caería por los suelos, sin saber qué responder. Es duro, no cabe duda, pero así están las cosas. No hay más remedio que adaptarse, tu madre y tú, aceptando lo bueno y lo malo de esta situación. Si tienes un trabajo, vivir con tu madre te permitirá un ahorro importante y quizás después de un año ya tengas ahorrado lo suficiente para la entrada de algún piso. Eso te relajará a tí y a ella, incluso puede ofrecerte alguna ayuda para completarlo. Ahí en casa se está muy bién, pero tu deseo es marchar. Es lo lógico y natural. Han sido muchos años juntas, pero todos queremos independizarnos. Lo que pasa es las condiciones no son las más adecuadas para ello. Adiós mámá, te quiero -quieres decirle.
Rafael Fabregat Condill