El pasado mes de Diciembre de 2025 los dos planetas más grandes del Sistema Solar (Júpiter y Saturno) brillaron de forma espectacular, gracias a las largas y depejadas noches que hay en esas fechas. Los dos gigantes fueron disfrutados por científicos y aficionados que puedieron verlos incluso a simple vista. Como todos sabemos, Júpiter suele verse con un brillo especial que lo hace reconocible para todos los que quieran mirar, ya que es el más brillante de la zona donde aparece. Al ser un planeta su luz no tintinea. Saturno tiene una luz mucho más apagada y además es de color amarillento, más suave. En cuanto al momento especial para verlos más nítidamente es cuando están altos y su imagen se distorsiona menos. Júpiter es el más grande del Sistema Solar, tanto que dentro de él cabrían mil planteas como la Tierra.
Pues sí amigos, el futuro ya está aquí y comienza con una nueva era de la exploración del Universo. Como si se lo hubieran hablado unos con otros, son ya varios los países que se están interesando por la exploración del Espacio y muy principalmente de la Luna. Es lo más cercano que tenemos y ya es camino trillado por varios de esos países con interés en conocer las alturas y sus posibilidades. Las misiones programadas para los próximos años han resucitado el interés de muchos por el universo próximo que, naturalmente, de próximo no tiene nada. Se estima que, solo siendo una cuestión de dinero, algunos millonarios ya están gestionando la posibilidad de formar parte de su tripulación, aunque de forma pasiva. En este momento la seguridad ya está prácticamente garantizada y no faltan turistas que quieren ir.
Otra cosa algo más lejana será visitar otros planetas, pero no nos cabe duda que llegarán más pronto que tarde. Para poder lograrlo se cree necesario construir plataformas de despegue en la Luna y así conseguir no solo reducir la distancia sino, más importante, la gran cantidad de combustible que supone despegar desde la Tierra, dada su mucha mayor gravedad. Los primeros pasos ya se dieron en décadas anteriores y tras algunos fracasos, hoy podemos decir que las técnicas están perfeccionadas y listas para mayores logros. De hecho son cientos los satélites que giran alrededor de la Tierra con diversos fines económicos y políticos. Ya nadie se fía de nadie y todos están vigilantes escudriñando los pasos que dan los demás. Así ha sido siempre y así seguirá siendo, por los siglos de los siglos.
De todas formas, salir de la órbita terrestre ya no es una cuestión simplemente política, sino también comercial. De hecho ya lo está siendo. Esto no ha hecho mas que empezar. La industria de las telecomunicaciones ya está operando desde el Espacio sin dificultad alguna. Al parecer. desde allí todos son ventajas. Salir de nuestra órbita es también contactar facilmente con asteroides que pueden contener metales de gran valor estratégico y comercial. Algún día incluso el oro será sustituído por metales mucho mas valiosos que llegarán del espacio sideral, por lo que instalar minas fuera del planeta ya no será ciencia ficción sino una realidad palpable. Los primeros que consigan estos objetivos serán los que se beneficiarán en mayor medida y hoy sabemos que todo eso será posible en un futuro relativamente próximo.
La Luna y Marte se contemplan como metas posibles y primeras en considerar. De hecho en Marte ya tenemos el Rover Perseverance que está rodando por allí en busca de muestras.La gente de a pié apenas seguimos estos avances, puesto que bastante tenemos con llegar a fin de mes, pero los gobiernos se reunen para dialogar y ver la manera de compartir costes y beneficios. Hasta ahora todo han sido sondas y vehículos de exploración pero en breve serán vehículos tripulados con ingenieros que valoren las posibilidades de habitabilidad, así como minivehículos para el uso de los astronautas y viajeros, una vez allí establecidos. Lo primero es poder ir y volver a voluntad y después la exploración y posibilidades económicas que permitan tan enormes gastos. Buscar nuestros orígenes es el último capítulo de interés, solo presente en las mentes bucólicas de los científicos estelares.
Rafael Fabregat Condill


























