Esta es una página secreta, puesto que vamos a tratar la infidelidad femenina. Ya que hay quien dice que las razones de la infidelidad, son tantas como personas infieles haya, habrá que incluir también a las mujeres que, a la chita callando, hacen y deshacen tanto como los hombres. Aquellos tiempos donde el hombre campaba a sus anchas, mientras la mujer quedaba en la casa de sus padres, o en la suya propia, con la pata quebrada o atada a un silla, han pasado a la historia. Las mujeres de hoy gozan de una libertad nunca conocida y sin vigilancia alguna, como tiene que ser pero, justamente por eso, esa total libertad permite ser infieles sin problema alguno, tal y como hasta hace bien poco solo los hombres podían llevar a cabo. Tengamos en cuenta que nada fomenta más el delito que la oportunidad.
Según nos cuenta la Biblia, en el Libro del Éxodo hay una frase que se ha mantenido en el tiempo como norma de convivencia obligada: "No cometerás adulterio" pero especialmente aplicada a la mujer, mientras el hombre campaba a sus anchas. Si embargo, a pesar de los numerosos correctivos que se aplicaban a quienes infringían la norma, la infidelidad existía y sigue estando tan presente o más que en tiempos anteriores, por la sencilla razón de que, en la actualidad, la mujer se ha sumado a la fiesta. Hasta poco tiempo atrás, en el caso de pillarse in fraganti, la mujer pasaban a llamarla puta, mientras el hombre salía del lugar abrochándose los pantalones como si nada hubiera sucedido. Naturalmente esta actuación era injusta para la mujer, pero actualmente, aunque se pida perdón, no hay réplica alguna.
El problema es grave. porque los amigos no abundan y siempre suelen ser ellos los que abusan de tu amistad. Ahora que parecía que el hombre actual, más educado y tranquilo que los de antes, aborrecía la infidelidad, resulta que las mujeres cogen con fuerza el testigo. Si te pillan, mala suerte. Tal como hacía antes el hombre, la mujer se viste y marcha del lugar, como si nada hubiera pasado. En uno u otro caso el pillado se reconciliará o no con su pareja y a otra cosa. El problema es que el asunto se ha desmadrado, debido justamente por tanta permisibilidad, ya que un estudio revela que, independentemente de su condición económica y estatus social, una de cada tres mujeres engaña a su pareja. Francamente he quedado horrorizado, puesto que jamás hubiera pensado que este problema estaba tan extendido. Actualmente son ellos los cornudos. Vaya, vaya...!
La palabra "cornudo" no es nueva ya que, según contaba Camilo José Cela, viene de una antigua cultura que en la actualidad ya es una lengua muerta. "Del latín "cornutus" , dícese del marido cuya mujer le ha faltado a la fidelidad conyugal". Y si antes hemos contado que una de cada 3 mujeres es infiel, una de cada 5 lo cuenta abiertamente. ¡Hasta ahí hemos llegado!. La infedelidad de la mujer ha sido siempre el secreto mejor guardado, pero ya no. O sea, que encima pitorreo. El cambio es que, no hace tanto, las adúlteras podían ser denunciadas y, si podía ser probado, había penas al respecto. Ahora ya no, puesto que esta falta ha sido despenalizada. En este momento la infidelidad femenina es tanta o más que la del hombre, por no decir más.
Antonio Machín, uno de los cantantes cubanos más famoso de todos los tiempos, ya se preguntaba en una de sus canciones que "se puede amar a dos mujeres a la vez y no estar loco". Y de eso hace ya 70 años o más. Si esto era así, en época de represión eclesiástica y política, imaginad lo que en este momento ocurre. ¿Cuantas veces hemos visto mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, aparcar un coche y subirse a otro que hay aparcado unos metros más adelante?. ¿Se le había acabado la gasolina, o le hacía falta un meneo con manos ajenas a las de su marido?. Pecado, desde luego, no es. Pero sí una falta de respeto; que marches de casa con coche incluído y cualquier excusa, para saltar a los brazos de otro. Y se quedan tan tranquilas, puesto que muchas de ellas no consideran infidelidad un encuentro puntual. "Yo cumplo con mi marido, pero mi sexo es mío y hago con él lo que quiero". Yo que quieren que les diga... Pero pienso que, quien así quiera actuar, tanto da que sea hombre como mujer, ¡que no se case!.
Rafael Fabregat Condill

