Son hombres y mujeres que pueden amar a cualquiera de los sexos. De la misma forma que el amor no tiene edad, para algunas personas la atracción y la pasión no tienen género. Les gustan tanto los del sexo contrario como los del suyo propio. ¿Y qué pasa?. Pues nada. Al menos en los países occidentales todo está permitido. ¡Allá cada cual, siempre que no fastidies a los demás!. Sigmund Freud ya observó que la sexualidad es un enigma y, con toda seguridad, el más complejo de los misterios sea el de los bisexuales. Después de muchos años casada, una mujer confiesa que ha tenido aventuras con otros hombres, aunque tambien se siente atraída por las mujeres. Al preguntarle si no se siente confusa, ante lo que parece una contradicción, responde que ella lo ve normal.
Le gusta lo bonito y sensual, independientemente de que se trate de un hombre o una mujer. El amor y el sexo son, para ella, asuntos confusos. Qué más da, lo que uno tenga entre las piernas, ella ve el amor desde un punto de vista más elevado. Le gusta la persona de buen gusto, limpia, brillante, sexi, educada, divertida, desenfadada... Para estar incansablemente con ella, nada tiene que ver el sexo. Y si llega el caso de practicar el sexo, esa persona puede ser tan buena o más que cualquier hombre. Así lo cuenta ella y empiezo a pensar que puede ser verdad. Con esto de las libertades sexuales, son cada vez más las mujeres jóvenes que dicen sentirse atraídas por gente del mismo sexo, ¡y del contrario!. Pues mira que bien. Por mucho que te guste la carne, un plato de pescado o marisco de vez en cuando siempre puede resultar apetecible. A mi si que me pasa, ¡con la comida!.
Cada día hay más mujeres que dicen sentirse atraídas por la persona, independientemente de su sexo. Seguramente pasará lo mismo con los hombres, aunque ellos son mas reacios a expresarlo, temiendo que les tachen de "maricas". La mayoría de las personas bisexuales dicen haber descubierto esa inclinación de pequeños, especialmente las chicas porque, en más de una ocasión, han tenido que acostarse juntas por falta de habitaciones o en campamentos de verano, Es allí cuando se reciben las primeras caricias, que tal vez se den sin que medie ningún sentimiento sexual. Allí se inventan juegos como el de besarse como los mayores y otros, aunque eso no quiera decir que uno se haga bisexual por ello. Podemos elegir cómo actuar cuando alguien nos atrae, pero no podemos elegir quien nos gusta.
¿Quiere esto decir que todos somos bisexuales?. No lo sabemos, pero es posible que con una cultura apropiada y sin ningún condicionamiento podría aumentar consideralmente el número de casos. La naturaleza, por sí misma, no crea otros condicionamientos sexuales más que el de la procreación, pero al tener los humanos la opción de practicar el sexo como simple divertimento, debería ser una opción válida el placer de estar con la persona, sin que fuera obligatorio elegir al sexo contrario. Al menos ese será seguramente el punto de vista de los bisexuales, lo cual parece algo perfectamente justificado. Se estima que el 50% de las universitarias de Estados Unidos han tenido experiencias homosexuales en la pubertad, cifra que descendía al 20% cuando se trataba de chicas sin estudios universitarios.
Se estima que las diferencias citadas anteriormente se dieron por falta de oportunidades y no por el tema cultural. La vida universitaria es cuando comienza a desarrollarse plenamente la sexualidad y el alejamiento del hogar paterno, todo lo cual facilita las experiencias sexuales. La mayoría de los hombres son rudos y de ternura más bien escasa o nula, lo cual choca con el aprecio que las mujeres sienten por esas cosas. De todas formas las mujeres no siempre son la panacea del sentimentalismo y hay de todo, como en el caso de los hombres. Se trata de no conformarse con lo primero que se presenta. Para eso están los años de noviazgo, para conocerse a fondo. Es difícil seducir con falsedades a una mujer con los 3-4 años que suele durar el noviazgo medio. Otra cosa es que tu lo permitas todo, a la espera de ir educándolo con el tiempo. Si haces eso, estás equivocándote. Nadie cambia.
Rafael Fabregat Condill