25 de marzo de 2026

3333/069- LA ÚLTIMA MODA SE LAS TRAE...!


Como si de perros se tratase, la última moda es implantarse un chip. No es nuevo ya que, de hecho, en Norteamérica se lleva a cabo hace varias décadas, pero ¿es una necesidad?. Está claro que sus portadores serán muy viajeros y tendrán problemas de salud, ya que el citado chip no tiene otro objeto que el de llevar registrados los datos médicos del portador a fin de que, allá donde se encuentre el sujeto pueda cualquier médico conocer al instante su historial clínico. Pero caber, cabe mucha más información si el cliente lo desea. El procedimiento es indoloro ya que, previamente a su implantación, se aplica una anestesia local, tras la cual mediante una aguja se coloca el microchip debajo de la piel.

  
¿Interesante?, ¿conveniente?. Pues no sé qué decirles. Yo no pienso ponérmelo. Lo del acceso instantáneo al historial clínico del paciente me parece interesante, pero actualmente las tarjetas sanitarias también llevan un código según el cual todos tus datos sanitarios se reflejan inmediatamente en todos los ordenadores del sistema de salud, estés donde estés. Esa tecnología me parece más propia de mascotas que muchos tenemos y que, en un momento dado, pueden perderse y hasta incluso robártelas. Naturalmente el citado artilugio será portador, no solo del tema sanitario, sino también todos cuantos datos quieras meterle, lo cual ya no me parece tan bien, puesto que es un atentado contra la privacidad de la persona.


Si no quieres mostrarlo, nadie sabe que lo llevas. Pero no olvides que cualquier detector puede dejarte "en pelotas" en medio de la calle, es un decir claro. Me refiero a que su utilidad es mucha, pero también podría ser utilizado para vigilarte en todo momento. Incluso por satélite. Es que, yo alucino, ¡hay que ver lo adelantada que está la humanidad...! El Sistema de Posicionamiento Global es una red de 24 satélites que pasan constantemente sobre la Tierra barriendo el planeta en órbitas muy precisas. Solo hacer una triangulación de tres de esas naves posibilita obtener la posición de un objeto, en este caso el microchip, lo cual sería de gran utilidad en el caso de pérdida de niños o ancianos con problemas mentales.


Como de costumbre no hay nada, por bueno que sea, que no tenga su parte negativa y en el caso de los microchips lo es, aparte de la privacidad, el uso indebido de los datos y las interferencias médicas. Quiere decirse que puedes tener problemas en las pruebas de imagen, como Resonancias Magnéticas, TACs y también aquellas que sobrevengan por problemas físicos como irritación, infección o cicatriz en el lugar del implante, aunque son menores. Por todo lo demás no hay razón alguna para negarte si tu médico lo aconseja. Es seguro, aséptico y apenas es perceptible. Para bien o para mal, un chip está anunciando una nueva era en la que los humanos tendremos, literalmente, la tecnología a flor de piel.

Rafael Fabregat Condill

ME GUSTA VER TU SONRISA CADA DÍA...

CHISTE DEL 25 DE MARZO DE 2026.
Si lo dejas pasar... ¡te lo pierdes!.



SI EL RESTO DEL TIEMPO, TABAJAN DURO Y BIÉN...!

Rafael Fabregat Condill

24 de marzo de 2026

3333/068- LA PLAYA SIEMPRE ES AVENTURA.


No es de extrañar que tantos millones de personas se sientan atraídos por la playa. La arena siempre está llena de preguntas y respuestas y allí junto al mar, al sonido de las olas, se halla el momento más relajante del día. Solo hay que ver a los niños que incansablemente juegan con la arena o recogen conchas para llevárselas a su casa, como el más preciado tesoro. Aunque no con tantos adeptos, pasear por la playa al atardecer sigue fascinando a todos quienes tienen esa sana costumbre. Los más soñadores miran el romper de las olas al tiempo que se preguntan como sería ese mismo lugar miles de años atrás, cuando la playa no era lugar de ocio ni diversión, sino lugar de desembarco de piratas y corsarios.


Esta niña está guapísima, pero el arquitecto que ha levantado el castillo (su padre) no sale en la foto, puesto que es también el fotógrafo, lo que nos demuestra que pasar la mañana en la playa no es solo cosa de niños, puesto que también los mayores se lo pasan estupendamente. Los niños jugando, los padres mirando como juegan e incluso colaborando en esos juegos y los viejos mirando a las jóvenes quinceañeras que, cual si fuera un desfile de moda, pasan contínúamente en biquinis multicolores frente a sus ojos marchitos y añorantes de una juventud lejana que no ha de volver. ¡Maldita sea! -dicen para sus adentros- Cuando nosotros éramos jóvenes este ambiente no existía, ni siquiera en la imaginación...


¿Irían los dinosaurios a la playa, acompañados de sus hijos, como actualmente hacemos los humanos?. No creo que entre ellos existiera esa costumbre, pero tampoco se descarta. La playa, como la montaña, era un sitio más donde cazar o ser cazados. Ciertamente muy cerca de la playa se han encontrado huellas fósiles de estos animales del Jurásico. Los tiempos han cambiado, pero no tan deprisa como piensan algunos. Baste decir que, apenas dos siglos atrás, nadie iba a la playa, salvo que fuera por precripción facultativa, y cuando lo hacían, iban más o menos vestidos y así entraban en el agua, los que se atrevían a entrar. Son las cosas de un pasado, no demasiado lejano, que hoy afloran a nuestra mente.  


Al atardecer o en épocas menos propicias para el baño no faltan tampoco los buscadores de tesoros, armados con su detector de metales. Es una forma de pasar el tiempo, una distracción para nada rentable ya que lo más que puedas encontrar será alguna moneda, el tapón de un refresco, una llave, o una joya sin valor alguno. 
Nadie va con joyas a la playa. Alli se va, si acaso, con una gran tortilla de patatas y una bolsa nevera, llena de cerveza y refrescos. Pero, en fin, la afición es vaiopinta y a cada cual nos gustan unas cosas. Desde luego no es en absoluto criticable. Es una especie de ilusión que, algunas veces, demasiado pocas, encuentra el premio de una moneda antigua que vale un dineral. Al parecer estas personas incluso tienen un código de honor que les obliga a no usar el detector de metales en yacimientos arqueológicos, a delarar objetos que puedan tener un valor patrimonial y a retirar aquellos objetos que puedan ser dañinos para la salud de quienes vayan a esas playas, tales como agujas, clavos, etc.

Rafael Fabregat Condill


23 de marzo de 2026

3333/067- LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO.


La gente va dándose cuenta de que las ciudades no son pàra vivir y vuelven la mirada hacia lo que sus padres vivieron. En el mundo de hoy es inevitable integrarse en la multitud y el ruído, puesto que la agricultura, que era el medio de vida de nuestros mayores, además de dura, ya no es rentable. Hasta ahí todo perfecto pero, el que puede, cuando tiene unos días de asueto marcha a ese lugar especial donde solo el canto de los pájaros se oye. Porque una cosa es ganarse la vida, cada cual según su profesión, y otra muy distinta vivir la merecida paz, a la que toda trabajador tiene derecho. El caso es que solo quien lo tiene todo en la ciudad necesita primordialmente esa paz que el pueblo o el campo les brinda, por la sencilla razón de que quien ya vive en el campo no sufre el estrés de las ciudades.


Vivir en un pueblo no es hacerlo en una casa de campo, pero casi. Tienes el silencio, la tranquilidad y el anonimato, si así lo deseas, pero cuando necesitas el contacto con la gente solo tienes que salir a la calle. Nada comparable a la polución y el ruido de las ciudades. El único inconveniente es que para disfrutar de la estancia de un pueblo, hay que haber nacido allí, ya que el nacido en una ciudad ya está acostumbrado a esa forma de vida y en el pueblo incluso se aburre. Las casas de campo y los pueblos son pues para quien tenga orígenes pueblerinos. Sucede lo mismo con los padres de pueblo que, si no van a una residencia de ancianos y sus hijos los quieren con ellos, nunca se integran a la vida de ciudad donde no se conoce ni al vecino del mismo rellano.


Porque en los pueblos, ya se sabe, los mercadillos ambulantes, las ferias y fiestas patronales y las tertulias, con o sin partida de cartas es algo cotidiano que da vidilla a sus habitantes. En la ciudad todo es diferente y más completo, pero falta lo más importante: el cotilleo de unos y otros, es decir: la comunuicación. Sin embargo últimamente el retorno de ciudadanos al medio rural es un hecho reflejado en el día a día. La ciudad es para ganarse la vida, mejor que en los pueblos, pero cuando llega el fin de semana, los puentes y los "acueductos", ¿donde va la gente?. En busca de la naturaleza, llámese playa, montaña, pueblo o casita de campo. Con todas las comodidades posibles, eso sí, pero lejos del mundanal ruído. ¡Es que en la ciudad, además del trabajo, tenemos de todo! -dicen.  Sí, sí, pero cuando pueden se marchan.


Porque, vamos a ver... Después de una vida ajetreada, donde muchos necesitan más de una hora para llegar al trabajo y otra o más para volver a casa, ¿qué necesita la persona?. Pues está claro que necesita descansar y relajarse y ya no digamos cuando uno se jubila... ¿Cual es la mejor calidad de vida para un viejo?. Porque la gente de ciudad, de toda la vida, está acostumbrada a hacer 
todos los días las mismas cosas y en los mismos sitios y claro, de vez en cuando le gusta cambiar y relajarse. Mientras uno es joven busca en vacaciones playas y discotecas pero, cuando se hace viejo, la playa es sucia y la discotecha ruidosa. Busca tranquilidad y ¿donde se encuentra eso?. en el tan vilipendiado medio rural. ¿Hay sonido mejor que el canto de los pájaros y el rumor de las hojas de los árboles con la brisa?. 


La ciudad es estimulante, en todos los sentidos y lugar por excelencia para la gente joven. Hasta ahí no hay nada que decir, pero la tranquilidad del campo no tiene precio, cuando llega la tercera edad, esa en la que vienen los achaques y uno necesita esa tranquilidad que nunca ha disfrutado. Está claro que ningún anciano quiere pasar sus últimos días de vida en una residencia de viejos, algo más parecido a un cuartel que el hotel que quieren venderte. La ciudad tiene muchas ventajas pero carece de la paz, del espacio y de la libertad del medio rural. Eso sin contar con que, mientras puedas valerte por ti mismo, ir a la ciudad es un paseo con las comunicaciones actuales. Pueblo y ciudad tienen ambos su encanto, pero todo depende de la persona, de su historia, de la edad y de su independencia.

Rafael Fabregat Condill

22 de marzo de 2026

3333/066- LA INTELIGENCIA SEXUAL.


Nadie nace sabiendo. Unos nacen totalmente en blanco y otros con un cierto conocimiento de inteligencia erótica que, lógicamente, puede mejorar hasta convertirse en un superdotado sexual. Porque ser y estar superdotado no es, como algunos piensan, cuestión de tamaño sino de saber qué hacer con lo que se tiene. Quienes lo consiguen "aprender" obtienen una mayor satisfacción para ellos y para sus parejas porque, se diga lo que se diga, el sexo es importante para la estabilidad de la pareja, especialmente en tiempos de alta intensidad. Cuando te haces viejo, ya es otra cosa. Posteriormente, con los años, la actividad sexual da paso a una madurez en la que el sexo es algo secundario, para finalmente desaparecer. Pero queda el cariño adquirido por años de placer compartido, y de complicidad en todos los pormenores de la relación, que no es poca cosa.


En toda relación y especialmente en la sexual, la comunicación y el entendimiento son fundamentales. Los psicólogos sexuales están preocupados por el escaso diálogo que hay entre las parejas de hoy. Está claro que en muchas parejas hay un grado de insatisfacción pero, lejos de buscar su corrección, niegan que tal problema exista y se deja sin resolver. Una pareja bien avenida es aquella capaz de satisfacer a su pareja sexual. Ese es el quid de la cuestión y al que llamamos "inteligencia sexual". Por lo tanto una persona sexualmente inteligente, no solo disfruta mucho más del sexo, sino que consigue que su pareja también lo haga. Tanto en hombres como en mujeres, el órgano sexual no es el más importante a la hora de ejercer el erotismo, sino que es el cerebro el que rige nuestra conducta sexual.


A diferencia de los animales, el ser humano no busca el sexo solo para la procreación, sino que busca también las sensaciones lujuriosas de su disfrute en pareja. De las 4.300 especies de mamíferos que hay en la Tierra, los humanos somos diferentes en lo que respecta al tema sexual ya que para nosotros el sexo nio es solamente un asunto de procreación y perpetuidad de la especie, sino que cumple una definida relación social entre la pareja. Para los humanos el sexo es también un diálogo físico, una relación, una actividad lúdica que, si todo va bien, une a la pareja de por vida. Claro que nuestro éxito o fracaso de pareja, depende de nuestra capacidad de satisfacer a la otra parte. Sin embargo son muchos los factores que determinan el éxito, entre ellos la educación recibida y las creencias morales o religiosas.


Para tener inteligencia sexual, los humanos no dependen de la suerte ni de la belleza física de cada cual, sino de las habilidades que se aprenden con el tiempo. No tiene relación alguna con la inteligencia del indivíduo, ya que muchas personas inteligentes sobreviven con una pasión mediocre e insatisfactoria con su pareja. Es ahí cuando la comunicación juega su papel más importante. Tu pareja debe saber lo que te gusta y lo que te desagrada y en base a ello ir mejorando cada día la relación sexual. Son muchas las personas que tienen la sensación de no conocer a sus parejas y ese listón solo es posible salvarlo por medio de la comunicación. Nadie que vive en pareja debería sentirse así. Como en todas las cosas de la vida nadie nace aprendido y cada uno de nosotros tiene que ir averiguando y puliendo los defectos sexuales.


La educación sexual no es algo baladí y una gran mayoría pasa por la vida sin percatarse de su ignorancia y limitaciones. Para un buen aprendizaje es fundamental conocer nuestro propio sexo. Qué nos atrae, qué nos excita, qué preferimos y qué nos plantea dificultades. Nuestro cuerpo no es perfecto y necesita educación. Lo que se ve en películas o móviles no sirve en absoluto y son muchos los factores que intervinen en el éxito o fracaso de una relación. Fundamentelmente hay que abrirse a los demás. Ponerlo fácil. Para disfrutar hay que saber lo que le gusta a la otra persona y no tener problema alguno en dárselo con afecto y sinceridad. Son muchos los que, por una mala enseñanza sexual, no actúan con sinceridad, sino con una vergüenza mal entendida. Y finalmente decir que dormir desnudo son todo ventajas.

Rafael Fabregat Condill

21 de marzo de 2026

3333/065.- PROBLEMAS DE NUESTRO PLANETA.


La humanidad se olvida de que nuestro mundo, al que con tanto apego nos acogemos, no es otra cosa que una bola incandescente, que con el paso del tiempo ha ido enfriándose hasta crear una corteza, sobre la que todos vivimos; pero a escasa profundidad la bola incadescente sigue existiendo. Así de simple. Esa corteza, de profundidad variable, no es otra cosa que la materia enfriada por su contacto con el aire y en la que la Naturaleza ha creado cuanto en ella existe. Por debajo el planeta Tierra está cargado de lava y gases que, de vez en cuando, expulsa al exterior por medio de fumarolas y erupciones. Una fuerza viva de la que nadie se acuerda hasta que no hace acto de presencia. De hecho son muchos los volcanes que en sus laderas albergan pueblos y ciudades con miles de habitantes.


El asunto no es para tomárselo a la ligera ya que más de 50 volcanes entran en erupción cada año y alguno de ellos incluso repite su aparición. Hacemos bien en no asustarnos por ello, pero no hay que olvidar que bajo nuestros piés la Tierra hierve. El fenómeno es tan antiguo como la propia Tierra. Desde el mismo momento de la creación que esto es así, un fenómeno geológico e incontrolable que nos demuestra nuestras limitaciones. Rocas y metales fundidos se acumulan con sus gases sin dar señales de vida hasta que, de repente, explotan causando el caos entre los propios mortales que un segundo antes se creían los dueños del mundo. Es entonces cuando nos percatamos de nuestra insignificancia, pero nuestra memoria es selectiva y escasa por lo que, al poco tiempo, nos decimos que la vida sigue.


Un buen día y sin que nadie pueda preveerlo, el suelo tiembla ligeramente y el aire se llena de un olor extraño. Es la Tierra que se despierta y de sus profundidades escupe fuego y piedras incandescentes que lo cubren todo. Ha nacido un nuevo volcán o ha entrado en erupción por enésima vez. La gravedad de tales catástrofes ha llevado a muchos científicos a intentar predecir estas erupciones pero, parece ser que esto es harto difícil. En 1985 mas de 30.000 colombianos perdieron la vida abrasados o ahogados por el volcan Nevado del Ruiz. Después de 69 años de inactividad, de repente entró en erupción derritiendo el glaciar que había en su falda y arrastrando todo a su paso hasta la ciudad de Armero. Un desastre anunciado que los habitantes desoyeron creyendo que, por la distancia, estarían a salvo. 


Son muchos los volcanes que tienen ciudades en sus faldas y que algún día pueden despertar llevándoselo todo por delante. En México el Popocateptl tiene más de 2 millones de personas a sus piés; en Indonesia el Perapi, 1,5 millones de gente habita alrededor del mismo y lo mismo sucede en Italia, donde 800.000 napolitanos tienen a tiro de piedra al Vesubio, al que creen dormido y que algún día despertará, como ya lo hiciera el año 79 arrasando Pompeya y Herculano. Resulta increible que, con lo grande que es la Tierra, haya gente habitando lugares tan peligrosos. Es pues deseable que la predicción de estas erupciones sea posible, pues son varios los millones de personas que viven junto a estos colosos de fuego, pero incluso hubiera sido más fácil para las autoridades, impedir la construcción en sus cercanías.


De todas formas los vulcanólogos dicen que, si el volcán está debidamente equipado, la erupción se puede preveer con hasta 8 horas de tiempo o más. El problema añadido es que las autoridades locales y la población no creen las informaciones que reciben y cuando quieren reaccionar, ya han hecho tarde. Los pronósticos a corto y medio plazo están basados en instrumentos situados en el propio volcán y su análisis diario. Incluso hay satélites que vigilan los cambios desde el espacio, pero el más fiable sigue siendo el estudio sísmico a pié de volcán. Con el incremento de las señales in situ se puede calcular con bastante precisión el momento en el que se produzca la explosión. Los conocimientos y el instrumental disponible puede garantizar una antelación mínima de cuatro horas, pero parece poco tiempo para desalojar a tantos habitantes como hay en sus proximidades.

Rafael Fabregat Condill