Pues no. Ni aún comiendo las cosas más naturales y poco elaboradas del mercado, no sabemos lo que comemos. Sabemos cómo se llaman las cosas, eso sí, pero no lo que contienen. En este momento de la Historia la alimentación de personas y animales es en un 95% artificial, incluídos muchos de los productos que compramos en la pescadería que, o bién se han criado en granjas o piscifactorías, o de forma salvaje pero en unos mares altamente contaminados. Esta pregunta ya tiene respuesta... En el estómago de especies marinas salvajes se han encontrado cantidades preocupantes de desechos humanos, tales como químicos, microplásticos y sus consecuentes alteraciones biológicas. ¿Hacia donde vamos?. ¿Es que nos hemos vuelto locos, o es consecuencia de la superpoblación?.
Pues de todo un poco. Millones de pollos fueron sacrificados por la gripe aviar; varios miles de personas enfermaron y más de mil murieron por consumir hamburguesas infectadas por una bacteria; decenas de británicos murieron por ingerir carne de vacuno infectada por la encefalopatía llamada popularmente "las vacas locas". Eso y mucho más, sin contar la carne y pescado pasados o sin mantener la cadena de frío obligatoria. Por unas cosas u otras se está comiendo mucho alimento caducado e incluso contaminado por pesticidas. Con mucha frecuencia y total impunidad comemos todos los días frutas y verduras recientemente tratadas para las diversas plagas y sin guardar el plazo de seguridad recomendado por el fabricante. Y a todo esto se suma un largo etcétera que nadie controla debidamente.
Pese a los avances de la tecnología alimentaria y la seguridad e higiene legal en la manipulación y elaboración de los alimentos, los gérmenes siguen causando graves dolencias a los consumidores. Al final no sabremos qué comer. ¿Cuantas veces nos han sacado en un restaurante carne con mal aspecto?. ¡Más de una!. Y lejos de reclamar por ello nos la hemos comido y no ha pasado nada. Mucho tiempo congelada, que no ha mantenido la cadena de frío, o vete tú a saber... Afortunadamente, por lo general, no suele pasar nada pero son muchas las veces que nos exponemos a vómitos, diarreas y dolores abdominales para que no digan que somos unos tiquismiquis. Claro que la mitad de los envenenamientos se producen en nuestros hogares, especialmente por despiste en el consumo.
Cuantas veces, al limpiar el congelador, nos hemos encontrado con una bolsita que no recordamos cuando la pusimos allí. Porque no todos somos cuidadosos en marcar cada uno de los productos allí guardados, con la fecha correspondiente. Si así lo hiciéramos, al ver un artículo allí guardado, sabríamos si podemos consumirlo o si hay que tirarlo. Mucha gente al ver que no tiene fecha, al precio que están las cosas, lo tira directamente a la basura, pero otros cuyo salario apenas les llega para acabar el mes, lo guisa y que sea lo que Diós quiera. Afortunadamente en el 99% de los casos no pasa nada, pero podría pasar. Cada año 15.000 españoles sufren los efectos de intoxicaciones alimentarias por ingerir comidas en mal estado. Afortunadamente estas cifras están bajando, pero no desaparecen.
Nada, ni siquiera la fruta o las verduras, deben guardarse en frío sin embolsar. Las autoridades snitarias nos cuentan que "hoy por hoy, los españoles podemos fiarnos de lo que comemos pero eso no evita que, de vez en cuando, nos sorprenda un brote de salmonella, botulismo u otra intoxicación". ¿En qué quedamos?. Pues en que no tenemos la salud alimentaria garantizada. Y esto no es nada, en comparación con otros países que ven, año sí y otro también, cómo los gérmenes se adueñan de sus platos. Y para ver los estragos no hay que ir a países tercemundistas, no. Estados Unidos es uno de los países con más intoxicaciones y a ellos podemos sumar a cualquiera de los países europeos. Está claro que para enfermar solo hay que estar sano y para morir solo es necesario haber nacido...
Rafael Fabregat Condill
