No se asusten. Pocas personas necesitan algo tan aparatoso como el que ven en la foto. El 99% de los usuarios de estos dispositivos apenas necesitan un simple reloj que, además de su uso como tal, contienen dispositivos suficientes para ser localizados y hacer o recibir llamadas, estén donde estén en cualquier parte del mundo. El ordenador corporal ya forma parte del atuendo diario de mucha gente. Sin ir más lejos mi nieto, de 11 años, ya lo lleva aunque, en este caso, no es un ordenador pero sí un reloj inteligente que lleva GPS y desde el que puede hablar y recibir llamadas, como un teléfono móvil. De esta forma sus padres están en contacto permanente y pueden hablar con él en cualquier momento del día, esté donde esté. Una tranquilidad al alcance de cualquiera.
Parece un reloj, y lo es, pero es mucho más que eso. Desde ese aparato, con GPS incorporado, además de hacer y recibir llamadas, se compensan discapacidades y mejoran la vida de los ancianos, puesto que pueden pedir ayuda en caso de necesitarla. El desarrollo de estos aparatos inteligentes ha dado un gran paso al conseguirse la miniaturización de la electrónica, admitiendo su colocación en espacios pequeños donde un solo procesador, una batería y mínimos elementos de interconexión, componen toda la unidad. Naturalmente el precio va al alza cuantos más servicios lleve integrados, pero todo puede caber en un simple reloj de pulsera. Hasta incluso una pantalla con teclado y servicio de internet.
La revolución inalámbrica y la miniturización lo está permitiendo todo, incluso el envío y recepción de imágenes y sonido polifónico. Desde luego los ordenadores corporales no son un avance sin futuro, por lo que los ingenieros siguen empeñados en convencernos de que cada día serán más necesarios. Últimamente estos aparatos están ya integrándose en gafas, anillos, pulseras y hasta en cinturones, ya no solo por auténtica necesidad, sino también por agradar a usuarios jóvenes relacionados con el mundo digital, siempre que se trate de gente con alto poder adquisitivo. Ahora estamos ya inmersos en lo que se está dando en llamar joyería informática que, naturalmente, convivirán con lo tradicional, puesto que llevar un ordenador portatil sobre la piel es caro e innecesario para la mayoría.
La mayoría de estas piezas tienen más de mágico ensueño que de realidad. La tecnología Bluteooth no es útil todavía para la informática corporal, puesto que existen problemas de ancho de banda y de seguridad que resolver, además de un alto consumo de energía. No es lo mismo cargar las baterías para el uso de un móvil, que utilizar sistemas compuestos de todo tipo de sensores de visión y sonido. Habrá que esperar un poco más para poder vestirnos frente al espejo con todo tipo de artilugios, como los personajes del cine y la TV en filmes de ciencia ficción. Pero, en fin, tiempo al tiempo que, a este paso, todo se andará y mucho más rápido de lo que podamos pensar.
Rafael Fabregat Condill