Fue a finales del siglo XIX y especialmente en el XX cuando a los europeos se les despertó la curiosidad de visitar otros lugares y nuevas culturas. Sería sin duda porque llegaba la industrialización y con ella el despertar económico de muchas familias. De hecho, en el XIX pocas personas viajaban más allá de sus paises de origen, pero la experiencia gustó y a partir de entonces se dieron cuenta de que había mucho por descubrir. Había empezado a utilizarse la palabra "turismo". Claro que había otra forma de explorar el mundo, pues hay que tener en cuenta que viajar es otra cosa. A principios del siglo XX todavía no se utilizaba la palabra turismo y viajar era la denominación que se daba al hecho de explorar nuevos mundos.
El Orient-express, un tren de lujo solo al alcance de los más adinerados, fue inaugurado el 4 de Octubre de1883 con una ruta que llevaba a sus viajeros desde París a Budapest, pero seis años después ya llegaba hasta Estambul. Sus princiaples paradas eran Estrasburgo, Munich, Viena, Budapest, Bucarest, Sofía y Belgrado. Pero aquello no hizo más que empezar. Unas décadas más tarde, el principal destino de la élite ya era Egipto y los más osados incluso se internaban hacia algún país africano. Los primeros exploradores no cesaban de informar de sus correrías por Oriente Próximo y el continente africano. despertando la curiosidad y envidia de aquellas gentes que, teniendo posibles, no se atrevían. Los nativos se habituaron pronto a su llegada y siempre cargados los viajeros de baratijas, eran bien recibidos.
Estas gentes jamás habían visto gente de piel blanca y mostraban también curiosidad por su presencia. Algunos incluso se ponían sus mejores galas para salir en la foto. Con tal de llegar a tierras desconocidas, a los viajeros cualquier medio les valía. Ciertos personajes, temerosos por lo que se podían encontrar, ponían incluso anuncios en los periódicos buscando gente preparada para acompañarles. Todo lo exótico y fuera de las rutas pisadas por otros, era visto como la oportunidad de sus vidas. Lamentablemente estos destinos eran peligrosos y lejanos. Se decía que esos lugares remotos existían pero ninguno de sus conocidos los había visto y esa era la cuestión: viajar a lugares donde sus conocidos nunca habían estado, mostrándoles a su regreso fotografías de su hazaña.
Sin embargo los tiempos no siempre estaban tranquilos y a una época propicia les seguían otras de oscurantismo. La fotografía se realizaba con pesados equipos y largos tiempos de exposición, con lo cual cada foto era un verdadero milagro, pero mostrarla a amigos y conocidos era un orgullo y motivo también del viaje. Para que la curiosidad se impusiera había que esperar a mediados del siglo XX, cuando la economía permitió viajar también a la gente humilde. En España esa época de bonanza llegó con el SEAT-600, (1957) un pequeño utilitario de mecánica sencilla y propenso a calentarse. Motor trasero de 767 cc y 25 CV que alcanzaba poco más de 100 Km./hora, impensable con las carreteras que había en aquellos tiempos. Pero de gran orgullo para quienes disfrutaban de sus prestaciones.
Rafael Fabregat Condill
