27 de marzo de 2026

3333/071- ENTRETENIMIENTO VIRTUAL.


La gente no se priva de nada y siempre curiosa adquiere cuantos adelantos le ofrecen. Ahora la moda es el entretenimiento digital, o sea, ver lo que no existe y pasartelo igual de bien como si existiera. Se trata de dispositivos digitales y tecnologías inmersivas que crean experiencias de ocio, placer y evasión de la realidad. No está...¡pero tú lo ves y lo sientes! ¿Quién da más?. Es la evolución de los juegos tradicionales que han pasado a ser una "realidad" palpable. Con estos visores no solo mandas sobre los jugadores, sino que puedes ser uno de ellos, ya que la computadora te permite la interacción total con el entorno del juego. Y lo que es mejor: El contenido, a la carta. Cualquier experiencia está a disposición del usuario.


Cualquiera puede ser el mejor boxeador, el mejor corredor de rallys, el mejor tenista y todo aquello que te propongas. Sin salir de casa y sin salir magullado de la experiencia, con la posibilidad de jugar en pareja o grupo. A quien te mire le parecerá que te has vuelto loco, pero no pasa nada... Virtualmente estás practicando algo, de lo que solo tú eres consciente. El tema parece una tontería, pero lo cierto es que está moviendo millones de euros, cada día. Por mucho que nos parezca una solemne tontería, el ocio virtual es una de las áreas de la economía que más sorpresas puede experimentar en un futuro cercano. Eso sin contar en los beneficios que puede generar a quienes la produzcan.  


Como sucedío a principios del siglo XX con el cine, se trata de crear un entretenimiento y sensaciones que nada tienen que ver con la realidad. Mundos de ensueño a los que trasladar a los clientes. Incluso es mejor, ya que se disfruta más directamente, mediante el estímulo y a través de los sentidos. En principio produjo terror entre los empresarios del ocio, pensando en la pérdida de clientes, pero la realidad fue que en nada interfiere. Más bien, al contrario de lo que pensaban, estos usuarios acuden igual o más a todos los negocios del ocio, al considerar que están mejor preparados para ver en directo lo que ya han experimentado virtualmente. 


De momento las consolas son las que han cosechado el mayor éxito, pero los demás juguetes tecnológicos están ahí, a disposición de los más osados. La diferencia con la realidad es prácticamente nula, ya que al poco de empezar el juego, nuestra mente penetra en la pantalla y te hace vivir la experiencia como propia. Es el realismo que últimamente consiguen estos aparatos. La capacidad de cálculo de los nuevos ordenadores y componentes electrónicos ha reducido el tamaño de los interfaces, lo cual no ha conseguido todavía evitar el uso de las gafas de inmersión. El problema es siempre el mismo y es que las opciones que te permiten introducirte en mundos de realismo total, requieren una inversión que no todos pueden pagar.


Cosas como las de la foto, pero en calidad virtual, pueden estar en tu casa si pagas lo que valen, ya que
 la creación de personajes ficticios, en tres dimensiones, que saltan al mundo real, realizando funciones propias de seres de carne y hueso, ya está ahí. Estas ilusiones casi palpables son adecuadas para gente que vive sola y le gusta la fantasía, ya que son estéticamente bellezas deslumbrantes, que pueden darte las noticias del día pero también bailar y hasta ofrecerte actividades subidas de tono. Que nadie lo dude, en tecnología de ficción, esto no ha hecho más que empezar pero, como siempre, todo lo bueno cuesta mucho dinero y solo estará al alcance de los más ricos, aquellos que tener estas sofisticadas tecnologías a su disposición no les resulta de interés, puesto que tienen a su disposición la mejor realidad en carne y hueso.

Rafael Fabregat Condill

ME GUSTA VER TU SONRISA CADA DÍA...

CHISTE DEL 27 DE MARZO DE 2026.
Si lo dejas pasar... ¡te lo pierdes!.



HAY MUCHAS CLASES DE CUERNOS...

Rafael Fabregat Condill

26 de marzo de 2026

3333/070- LA MEDICINA DEL FUTURO YA ESTÁ AQUÍ.


Siempre se ha dicho que la profesión médica nunca acaba su tiempo de aprendizaje pero en este momento eso es más cierto que nunca, y muy especialmente en cirugía. La robótica ha entrado también en los quirófanos, donde ya son pocos los casos en los que el cirujano abre al paciente a fin de acceder al órgano dañado. Ya no es necesario, lo cual redunda en la eficacia de la operación y en su evolución posterior ya que, si no hay herida, la recuperación es rapida. Yo mismo, al que operaron la pasada semana, para extirpar una próstata del tamaño de una naranja, me pusieron sobre la mesa de operaciones y desaparecieron todos de mi vista. Tan aburrido que, al regresar allí médicos una hora después pregunté si habían marchado a merendar. Respondieron que ya estaba eliminada y que la habían sacado por el pene. 


Y yo, que estaba despierto puesto que la anestesia era epidural, sin enterarme ni ver a nadie cerca de mí. ¿Donde estaban?. No lo sé. Pero yo no ví a nadie, ni cerca ni lejos. Me sentía completamente solo en aquella habitación fría y desangelada. Solo mirar la lámpara de cirugía podía distraerme. No fue una operación robótica, sino otra a la que llaman enucleación, pero poco importa el nombre. Se trata de introducir por el pene un láser resectoscopio, una óptica de cámara, una luz, un aspirador de fluídos y un sistema de irrigación que lava los restos y el sangrado con agua salina. ¿Todo eso por el pene?. Pués sí, todo eso, y yo sin enterarme. ¡Benditos adelantos médicos!. La enucleación, elimina completamente las partes dañadas y  preserva el resto de tejidos para mantener la relación sexual y continencia de orina. Acabó lo de mojarte patas abajo los pantalones.


¡Al día siguiente me fuí con la familia al completo a almorzar al restaurante Navarrete...! 
¿Se puede pedir más?. Pero, claro; eso tiene un precio que el estudiante de medicina debe pagar. Ese precio es que cada día estudiar medicina resulte más complejo, y no es de extrañar, ya que los adelantos llegados en corto espacio de tiempo requieren del estudiante un sacrificio que solo desde la auténtica vocación es posible resistir. La cirugía es justamente la parte más adelantada de la medicina ya que en poco más de dos décadas han sido varias las formas de actuación implantadas para este problema en concvreto y, como de costumbre, la cosa sigue y sigue. Los estudiantes trabajan con modelos y tejidos virtuales, pero con los aparatos que en un futuro tendrán que lidiar. Solo así podrán tener resultados favorables desde la primera intervención. ¡GRACIAS!

Rafael Fabregat Condill

25 de marzo de 2026

3333/069- LA ÚLTIMA MODA SE LAS TRAE...!


Como si de perros se tratase, la última moda es implantarse un chip. No es nuevo ya que, de hecho, en Norteamérica se lleva a cabo hace varias décadas, pero ¿es una necesidad?. Está claro que sus portadores serán muy viajeros y tendrán problemas de salud, ya que el citado chip no tiene otro objeto que el de llevar registrados los datos médicos del portador a fin de que, allá donde se encuentre el sujeto pueda cualquier médico conocer al instante su historial clínico. Pero caber, cabe mucha más información si el cliente lo desea. El procedimiento es indoloro ya que, previamente a su implantación, se aplica una anestesia local, tras la cual mediante una aguja se coloca el microchip debajo de la piel.

  
¿Interesante?, ¿conveniente?. Pues no sé qué decirles. Yo no pienso ponérmelo. Lo del acceso instantáneo al historial clínico del paciente me parece interesante, pero actualmente las tarjetas sanitarias también llevan un código según el cual todos tus datos sanitarios se reflejan inmediatamente en todos los ordenadores del sistema de salud, estés donde estés. Esa tecnología me parece más propia de mascotas que muchos tenemos y que, en un momento dado, pueden perderse y hasta incluso robártelas. Naturalmente el citado artilugio será portador, no solo del tema sanitario, sino también todos cuantos datos quieras meterle, lo cual ya no me parece tan bien, puesto que es un atentado contra la privacidad de la persona.


Si no quieres mostrarlo, nadie sabe que lo llevas. Pero no olvides que cualquier detector puede dejarte "en pelotas" en medio de la calle, es un decir claro. Me refiero a que su utilidad es mucha, pero también podría ser utilizado para vigilarte en todo momento. Incluso por satélite. Es que, yo alucino, ¡hay que ver lo adelantada que está la humanidad...! El Sistema de Posicionamiento Global es una red de 24 satélites que pasan constantemente sobre la Tierra barriendo el planeta en órbitas muy precisas. Solo hacer una triangulación de tres de esas naves posibilita obtener la posición de un objeto, en este caso el microchip, lo cual sería de gran utilidad en el caso de pérdida de niños o ancianos con problemas mentales.


Como de costumbre no hay nada, por bueno que sea, que no tenga su parte negativa y en el caso de los microchips lo es, aparte de la privacidad, el uso indebido de los datos y las interferencias médicas. Quiere decirse que puedes tener problemas en las pruebas de imagen, como Resonancias Magnéticas, TACs y también aquellas que sobrevengan por problemas físicos como irritación, infección o cicatriz en el lugar del implante, aunque son menores. Por todo lo demás no hay razón alguna para negarte si tu médico lo aconseja. Es seguro, aséptico y apenas es perceptible. Para bien o para mal, un chip está anunciando una nueva era en la que los humanos tendremos, literalmente, la tecnología a flor de piel.

Rafael Fabregat Condill

24 de marzo de 2026

3333/068- LA PLAYA SIEMPRE ES AVENTURA.


No es de extrañar que tantos millones de personas se sientan atraídos por la playa. La arena siempre está llena de preguntas y respuestas y allí junto al mar, al sonido de las olas, se halla el momento más relajante del día. Solo hay que ver a los niños que incansablemente juegan con la arena o recogen conchas para llevárselas a su casa, como el más preciado tesoro. Aunque no con tantos adeptos, pasear por la playa al atardecer sigue fascinando a todos quienes tienen esa sana costumbre. Los más soñadores miran el romper de las olas al tiempo que se preguntan como sería ese mismo lugar miles de años atrás, cuando la playa no era lugar de ocio ni diversión, sino lugar de desembarco de piratas y corsarios.


Esta niña está guapísima, pero el arquitecto que ha levantado el castillo (su padre) no sale en la foto, puesto que es también el fotógrafo, lo que nos demuestra que pasar la mañana en la playa no es solo cosa de niños, puesto que también los mayores se lo pasan estupendamente. Los niños jugando, los padres mirando como juegan e incluso colaborando en esos juegos y los viejos mirando a las jóvenes quinceañeras que, cual si fuera un desfile de moda, pasan contínúamente en biquinis multicolores frente a sus ojos marchitos y añorantes de una juventud lejana que no ha de volver. ¡Maldita sea! -dicen para sus adentros- Cuando nosotros éramos jóvenes este ambiente no existía, ni siquiera en la imaginación...


¿Irían los dinosaurios a la playa, acompañados de sus hijos, como actualmente hacemos los humanos?. No creo que entre ellos existiera esa costumbre, pero tampoco se descarta. La playa, como la montaña, era un sitio más donde cazar o ser cazados. Ciertamente muy cerca de la playa se han encontrado huellas fósiles de estos animales del Jurásico. Los tiempos han cambiado, pero no tan deprisa como piensan algunos. Baste decir que, apenas dos siglos atrás, nadie iba a la playa, salvo que fuera por precripción facultativa, y cuando lo hacían, iban más o menos vestidos y así entraban en el agua, los que se atrevían a entrar. Son las cosas de un pasado, no demasiado lejano, que hoy afloran a nuestra mente.  


Al atardecer o en épocas menos propicias para el baño no faltan tampoco los buscadores de tesoros, armados con su detector de metales. Es una forma de pasar el tiempo, una distracción para nada rentable ya que lo más que puedas encontrar será alguna moneda, el tapón de un refresco, una llave, o una joya sin valor alguno. 
Nadie va con joyas a la playa. Alli se va, si acaso, con una gran tortilla de patatas y una bolsa nevera, llena de cerveza y refrescos. Pero, en fin, la afición es vaiopinta y a cada cual nos gustan unas cosas. Desde luego no es en absoluto criticable. Es una especie de ilusión que, algunas veces, demasiado pocas, encuentra el premio de una moneda antigua que vale un dineral. Al parecer estas personas incluso tienen un código de honor que les obliga a no usar el detector de metales en yacimientos arqueológicos, a delarar objetos que puedan tener un valor patrimonial y a retirar aquellos objetos que puedan ser dañinos para la salud de quienes vayan a esas playas, tales como agujas, clavos, etc.

Rafael Fabregat Condill


23 de marzo de 2026

3333/067- LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO.


La gente va dándose cuenta de que las ciudades no son pàra vivir y vuelven la mirada hacia lo que sus padres vivieron. En el mundo de hoy es inevitable integrarse en la multitud y el ruído, puesto que la agricultura, que era el medio de vida de nuestros mayores, además de dura, ya no es rentable. Hasta ahí todo perfecto pero, el que puede, cuando tiene unos días de asueto marcha a ese lugar especial donde solo el canto de los pájaros se oye. Porque una cosa es ganarse la vida, cada cual según su profesión, y otra muy distinta vivir la merecida paz, a la que toda trabajador tiene derecho. El caso es que solo quien lo tiene todo en la ciudad necesita primordialmente esa paz que el pueblo o el campo les brinda, por la sencilla razón de que quien ya vive en el campo no sufre el estrés de las ciudades.


Vivir en un pueblo no es hacerlo en una casa de campo, pero casi. Tienes el silencio, la tranquilidad y el anonimato, si así lo deseas, pero cuando necesitas el contacto con la gente solo tienes que salir a la calle. Nada comparable a la polución y el ruido de las ciudades. El único inconveniente es que para disfrutar de la estancia de un pueblo, hay que haber nacido allí, ya que el nacido en una ciudad ya está acostumbrado a esa forma de vida y en el pueblo incluso se aburre. Las casas de campo y los pueblos son pues para quien tenga orígenes pueblerinos. Sucede lo mismo con los padres de pueblo que, si no van a una residencia de ancianos y sus hijos los quieren con ellos, nunca se integran a la vida de ciudad donde no se conoce ni al vecino del mismo rellano.


Porque en los pueblos, ya se sabe, los mercadillos ambulantes, las ferias y fiestas patronales y las tertulias, con o sin partida de cartas es algo cotidiano que da vidilla a sus habitantes. En la ciudad todo es diferente y más completo, pero falta lo más importante: el cotilleo de unos y otros, es decir: la comunuicación. Sin embargo últimamente el retorno de ciudadanos al medio rural es un hecho reflejado en el día a día. La ciudad es para ganarse la vida, mejor que en los pueblos, pero cuando llega el fin de semana, los puentes y los "acueductos", ¿donde va la gente?. En busca de la naturaleza, llámese playa, montaña, pueblo o casita de campo. Con todas las comodidades posibles, eso sí, pero lejos del mundanal ruído. ¡Es que en la ciudad, además del trabajo, tenemos de todo! -dicen.  Sí, sí, pero cuando pueden se marchan.


Porque, vamos a ver... Después de una vida ajetreada, donde muchos necesitan más de una hora para llegar al trabajo y otra o más para volver a casa, ¿qué necesita la persona?. Pues está claro que necesita descansar y relajarse y ya no digamos cuando uno se jubila... ¿Cual es la mejor calidad de vida para un viejo?. Porque la gente de ciudad, de toda la vida, está acostumbrada a hacer 
todos los días las mismas cosas y en los mismos sitios y claro, de vez en cuando le gusta cambiar y relajarse. Mientras uno es joven busca en vacaciones playas y discotecas pero, cuando se hace viejo, la playa es sucia y la discotecha ruidosa. Busca tranquilidad y ¿donde se encuentra eso?. en el tan vilipendiado medio rural. ¿Hay sonido mejor que el canto de los pájaros y el rumor de las hojas de los árboles con la brisa?. 


La ciudad es estimulante, en todos los sentidos y lugar por excelencia para la gente joven. Hasta ahí no hay nada que decir, pero la tranquilidad del campo no tiene precio, cuando llega la tercera edad, esa en la que vienen los achaques y uno necesita esa tranquilidad que nunca ha disfrutado. Está claro que ningún anciano quiere pasar sus últimos días de vida en una residencia de viejos, algo más parecido a un cuartel que el hotel que quieren venderte. La ciudad tiene muchas ventajas pero carece de la paz, del espacio y de la libertad del medio rural. Eso sin contar con que, mientras puedas valerte por ti mismo, ir a la ciudad es un paseo con las comunicaciones actuales. Pueblo y ciudad tienen ambos su encanto, pero todo depende de la persona, de su historia, de la edad y de su independencia.

Rafael Fabregat Condill