Es lo que pasa con el médico de familia. Nos mira la tensión, nos ausculta, nos realiza una exploración y pide que digamos "33", para finalmente, si ve neumonía, nos manda al especialista. Es el médico más cercano a nosotros que vela por nuestra salud. Dicen que es el sector de la sanidad pública que mejor funciona, el que menos quejas recibe y que el paciente visita con más confianza. Son en definitiva el primer escalón del sistema de salud en España. De todas maneras en eso de las quejas, siempre son los mismos y no los que más motivos de queja tienen. Ya lo he contado más veces... Quien esto escribe estuvo al borde de la muerte, ya deshauciado por el equipo médico que le trataba y a menos de una semana de vida. ¿Que podía hacer yo, si otros me salvaron, cuando estaba ya en mi casa esperando la muerte?.
Jamás pasó por mi cabeza buscar la ruina de quienes me abandonaron a mi suerte. Más bién al contrario, me felicité por haber escapado de las garras de la muerte y abracé como salvador al médico que me rescató de tan triste destino. ¿No es mejor así?. Pero, en fin, esta entrada al blog no pretende entrar a fondo en tan escabroso mundo de la medicina, en la que quien aprueba con una puntuación exigua, también recibe el título correspondiente. Yo siempre he dicho que la medicina debería ser 100% vocacional y solo al alcance de las mentes más privilegiadas. Un médico no puede saber las dos terceras partes del examen al que se le somete. O lo sabe todo o no sabe nada, porque ¿qué pasa si lo que tiene entre manos es justamente aquello que no conoce?. Si es humilde consultará pero, ¿y si no lo es?.
La conciencia juega un papel importantísimo en esta situación. Yo jamás he sabido cómo se enteró de mi caso, un médico de especialidad diferente y por qué me llamó urgentemente para que ingresara en su departamento el mismo día que llegué deshauciado a mi casa. Nadie me lo ha dicho pero, para mí que la conciencia de quien me mandó a mi casa, para que acabara mi vida en el entorno familiar, recapacitó y le confíó a otro médico, amigo o no, lo que había hecho. Aquel segundo médico me llamó de inmediato y puso en marcha todas las armas a su alcance para intentar lo que solo de un milagro se podía esperar, ¡y aquí estoy!. De momento curado, sin síntoma alguno y pronto habrán pasado cuatro años. Y es que la medicina es lo más grande que la humanidad ha puesto al servicio de nuestra salud.
La medicina, familiar o especializada, es lo más importante que tiene un país y la mayor riqueza de sus habitantes. Ir a la Luna o a Marte, quizás pueda ser interesante y hasta provechoso para todos nosotros, no lo sé, pero a la gente anónima de poco o nada nos sirve, mientras que tener a alguien que esté al servicio de nuestra salud, no tiene precio. Y es que el dinero, sin salud, no sirve para nada. Está claro que las libertades e incluso el amor, son importantes para que el ser humano viva más felizmente los días que tenga que pasar en este mundo pero, ¿que somos si nos falla la salud?. Pues nada amigos, nada de nada. Con un simple dolor de cabeza ya no somos nada. Imaginemos a todos aquellos que tienen enfermedades raras o incurables, por los que la ciencia no puede hacer nada para darles una vida mejor. A todos los sanitarios, ¡Gracias!.
Rafael Fabregat Condill
























