28 de marzo de 2026

ME GUSTA VER TU SONRISA CADA DÍA...

CHISTE DEL 28 DE MARZO DE 2026.
Si lo dejas pasar... ¡te lo pierdes!.



PROBLEMAS DE HACERTE VIEJO...

Rafael Fabregat Condill

3333/072- LA MÁS SOLITARIA DEL MUNDO.


Se llama Tristán de Cunha y es nombre de una isla y ciudad de 300 habitantes. ¿Qué hacen allí?. Pues no lo sé, pero supongo que viven tranquila y divinamente. La isla no forma parte de archipiélago ni continente alguno. Es una supermontaña sumergida en mitad-sur del océano Atlántico y solo se puede llegar a ella, tras pasar toda una semana en barco. Isla tranquila donde las haya, ya que allí no va turista alguno y no existe el crimen, ni el divorcio, y sin periódicos ni televisión no hay quebraderos de cabeza. Allí están ellos tan ricamente, a más de 3000 Km. de distacia del lugar habitado más próximo. Estos 229 habitantes son todos familia, ya que son descendientes de siete parejas que poblaron el lugar en el siglo XIX.


El pueblo, como pueden ver, es una monada y la paz ¡toda!. Eso sin contar que no es lugar de sufrimiento ni de pasar hambre, ¡que va!. Tienen pequeños invernaderos familiares en el que cultivan todo tipo de frutas y hortalizas. Animales para el consumo de carne y huevos y del mar... ¡todo lo que quieren y más!. La isla, nunca masivamente explotada es un criadero de langostas que finalmente están comercializando, pues no pueden dar abasto y ya están un poco aburridos de comerlas en tanta cantidad. Cuando algún barco llega, muy de tarde en tarde para aprovisonarles de algún producto, ellos les pagan con este marisco tan apreciado en cualquier parte del mundo. Ellos contentos y sus proveedores, más aún.


Porque allí, alrededor de toda la isla, es el marisco más abundante. La isla surgió hace un millón de años, cuando una fuerte erupción surgió del fondo del mar y al enfriarse se convirtió en esta isla marisquera y tranquila, aislada del mundo. Descubierta por los ingleses forma parte del Reino Unido y está bajo los auspicios del rey de Inglaterra Carlos III. No hay aeropuerto y el territorio no es propicio ni siquiera para crear una pequeña explanada que posibilite el aterrizaje de una simple avioneta. Sus habitantes no tienen apellidos y las calles tampoco tienen nombre. ¿Para qué?. ¡No hay correo!. Hay algunos islotes cercanos, pero están deshabitados. En cuanto a sus costas, son practicamente inaccesibles, a excepción del lugar donde está la ciudad, en la que hay un pequeño puerto pesquero, al que acuden quienes les aprovisionan.


Imagino que no viven muy mal, ya que si no marchan es porque no quieren. ¿Donde encontrarían la paz que allí se disfruta?. Sin políticos ni religiosos que limiten sus pasos... Su primer residente fue un tal Jonathan Lambert, que llegó en 1810 y el nombre de la isla es el del personaje que la descubrió en 1506. Sin embargo las condiciones meteorológicas y su perímetro difícil, hizo imposible que descendiera a tierra. Por fin fue Lambert el que consiguió desembarcar y se proclamó dueño y emperador de la isla. A la muerte de este personaje el Imperio Británico se anexionó la isla y mandó a una familia para habitarla. Como tenían poco que hacer, para distraerse tuvieron ocho hijos y ocho hijas en total. Vástagos que se unieron entre ellos y algún náufrago que se sumó, creando la población existente.


No son náufragos desesperados esperando que alguien les rescate. Entre todos los que llegaron a la isla, a lo largo de más de dos siglos, solo siete apellidos se pudieron obtener para la diferenciación de sus habitantes, pero ni siquiera los usan. Pero allí no tienen problema alguno por esas cosas. Se trabaja por la comida y, conseguida ésta, saben divertirse, así que las preocupaciones son pocas o nulas. Su único trabajo es cazar las preciadas langostas que les aportan el dinero para pagar cuanto necesitan del exterior, ¡y todavía les sobra!. En la foto los vemos en una carrera de carretillas. No hay muchas cosas a la hora de pasar el tiempo... Pescar langostas, sexo, y pasar el tiempo de la mejor manera posible. ¿Les parece poca actividad?. Se ve que no necesitan nada más.

Rafael Fabregat Condill

27 de marzo de 2026

3333/071- ENTRETENIMIENTO VIRTUAL.


La gente no se priva de nada y siempre curiosa adquiere cuantos adelantos le ofrecen. Ahora la moda es el entretenimiento digital, o sea, ver lo que no existe y pasartelo igual de bien como si existiera. Se trata de dispositivos digitales y tecnologías inmersivas que crean experiencias de ocio, placer y evasión de la realidad. No está...¡pero tú lo ves y lo sientes! ¿Quién da más?. Es la evolución de los juegos tradicionales que han pasado a ser una "realidad" palpable. Con estos visores no solo mandas sobre los jugadores, sino que puedes ser uno de ellos, ya que la computadora te permite la interacción total con el entorno del juego. Y lo que es mejor: El contenido, a la carta. Cualquier experiencia está a disposición del usuario.


Cualquiera puede ser el mejor boxeador, el mejor corredor de rallys, el mejor tenista y todo aquello que te propongas. Sin salir de casa y sin salir magullado de la experiencia, con la posibilidad de jugar en pareja o grupo. A quien te mire le parecerá que te has vuelto loco, pero no pasa nada... Virtualmente estás practicando algo, de lo que solo tú eres consciente. El tema parece una tontería, pero lo cierto es que está moviendo millones de euros, cada día. Por mucho que nos parezca una solemne tontería, el ocio virtual es una de las áreas de la economía que más sorpresas puede experimentar en un futuro cercano. Eso sin contar en los beneficios que puede generar a quienes la produzcan.  


Como sucedío a principios del siglo XX con el cine, se trata de crear un entretenimiento y sensaciones que nada tienen que ver con la realidad. Mundos de ensueño a los que trasladar a los clientes. Incluso es mejor, ya que se disfruta más directamente, mediante el estímulo y a través de los sentidos. En principio produjo terror entre los empresarios del ocio, pensando en la pérdida de clientes, pero la realidad fue que en nada interfiere. Más bien, al contrario de lo que pensaban, estos usuarios acuden igual o más a todos los negocios del ocio, al considerar que están mejor preparados para ver en directo lo que ya han experimentado virtualmente. 


De momento las consolas son las que han cosechado el mayor éxito, pero los demás juguetes tecnológicos están ahí, a disposición de los más osados. La diferencia con la realidad es prácticamente nula, ya que al poco de empezar el juego, nuestra mente penetra en la pantalla y te hace vivir la experiencia como propia. Es el realismo que últimamente consiguen estos aparatos. La capacidad de cálculo de los nuevos ordenadores y componentes electrónicos ha reducido el tamaño de los interfaces, lo cual no ha conseguido todavía evitar el uso de las gafas de inmersión. El problema es siempre el mismo y es que las opciones que te permiten introducirte en mundos de realismo total, requieren una inversión que no todos pueden pagar.


Cosas como las de la foto, pero en calidad virtual, pueden estar en tu casa si pagas lo que valen, ya que
 la creación de personajes ficticios, en tres dimensiones, que saltan al mundo real, realizando funciones propias de seres de carne y hueso, ya está ahí. Estas ilusiones casi palpables son adecuadas para gente que vive sola y le gusta la fantasía, ya que son estéticamente bellezas deslumbrantes, que pueden darte las noticias del día pero también bailar y hasta ofrecerte actividades subidas de tono. Que nadie lo dude, en tecnología de ficción, esto no ha hecho más que empezar pero, como siempre, todo lo bueno cuesta mucho dinero y solo estará al alcance de los más ricos, aquellos que tener estas sofisticadas tecnologías a su disposición no les resulta de interés, puesto que tienen a su disposición la mejor realidad en carne y hueso.

Rafael Fabregat Condill

26 de marzo de 2026

3333/070- LA MEDICINA DEL FUTURO YA ESTÁ AQUÍ.


Siempre se ha dicho que la profesión médica nunca acaba su tiempo de aprendizaje pero en este momento eso es más cierto que nunca, y muy especialmente en cirugía. La robótica ha entrado también en los quirófanos, donde ya son pocos los casos en los que el cirujano abre al paciente a fin de acceder al órgano dañado. Ya no es necesario, lo cual redunda en la eficacia de la operación y en su evolución posterior ya que, si no hay herida, la recuperación es rapida. Yo mismo, al que operaron la pasada semana, para extirpar una próstata del tamaño de una naranja, me pusieron sobre la mesa de operaciones y desaparecieron todos de mi vista. Tan aburrido que, al regresar allí médicos una hora después pregunté si habían marchado a merendar. Respondieron que ya estaba eliminada y que la habían sacado por el pene. 


Y yo, que estaba despierto puesto que la anestesia era epidural, sin enterarme ni ver a nadie cerca de mí. ¿Donde estaban?. No lo sé. Pero yo no ví a nadie, ni cerca ni lejos. Me sentía completamente solo en aquella habitación fría y desangelada. Solo mirar la lámpara de cirugía podía distraerme. No fue una operación robótica, sino otra a la que llaman enucleación, pero poco importa el nombre. Se trata de introducir por el pene un láser resectoscopio, una óptica de cámara, una luz, un aspirador de fluídos y un sistema de irrigación que lava los restos y el sangrado con agua salina. ¿Todo eso por el pene?. Pués sí, todo eso, y yo sin enterarme. ¡Benditos adelantos médicos!. La enucleación, elimina completamente las partes dañadas y  preserva el resto de tejidos para mantener la relación sexual y continencia de orina. Acabó lo de mojarte patas abajo los pantalones.


¡Al día siguiente me fuí con la familia al completo a almorzar al restaurante Navarrete...! 
¿Se puede pedir más?. Pero, claro; eso tiene un precio que el estudiante de medicina debe pagar. Ese precio es que cada día estudiar medicina resulte más complejo, y no es de extrañar, ya que los adelantos llegados en corto espacio de tiempo requieren del estudiante un sacrificio que solo desde la auténtica vocación es posible resistir. La cirugía es justamente la parte más adelantada de la medicina ya que en poco más de dos décadas han sido varias las formas de actuación implantadas para este problema en concvreto y, como de costumbre, la cosa sigue y sigue. Los estudiantes trabajan con modelos y tejidos virtuales, pero con los aparatos que en un futuro tendrán que lidiar. Solo así podrán tener resultados favorables desde la primera intervención. ¡GRACIAS!

Rafael Fabregat Condill

25 de marzo de 2026

3333/069- LA ÚLTIMA MODA SE LAS TRAE...!


Como si de perros se tratase, la última moda es implantarse un chip. No es nuevo ya que, de hecho, en Norteamérica se lleva a cabo hace varias décadas, pero ¿es una necesidad?. Está claro que sus portadores serán muy viajeros y tendrán problemas de salud, ya que el citado chip no tiene otro objeto que el de llevar registrados los datos médicos del portador a fin de que, allá donde se encuentre el sujeto pueda cualquier médico conocer al instante su historial clínico. Pero caber, cabe mucha más información si el cliente lo desea. El procedimiento es indoloro ya que, previamente a su implantación, se aplica una anestesia local, tras la cual mediante una aguja se coloca el microchip debajo de la piel.

  
¿Interesante?, ¿conveniente?. Pues no sé qué decirles. Yo no pienso ponérmelo. Lo del acceso instantáneo al historial clínico del paciente me parece interesante, pero actualmente las tarjetas sanitarias también llevan un código según el cual todos tus datos sanitarios se reflejan inmediatamente en todos los ordenadores del sistema de salud, estés donde estés. Esa tecnología me parece más propia de mascotas que muchos tenemos y que, en un momento dado, pueden perderse y hasta incluso robártelas. Naturalmente el citado artilugio será portador, no solo del tema sanitario, sino también todos cuantos datos quieras meterle, lo cual ya no me parece tan bien, puesto que es un atentado contra la privacidad de la persona.


Si no quieres mostrarlo, nadie sabe que lo llevas. Pero no olvides que cualquier detector puede dejarte "en pelotas" en medio de la calle, es un decir claro. Me refiero a que su utilidad es mucha, pero también podría ser utilizado para vigilarte en todo momento. Incluso por satélite. Es que, yo alucino, ¡hay que ver lo adelantada que está la humanidad...! El Sistema de Posicionamiento Global es una red de 24 satélites que pasan constantemente sobre la Tierra barriendo el planeta en órbitas muy precisas. Solo hacer una triangulación de tres de esas naves posibilita obtener la posición de un objeto, en este caso el microchip, lo cual sería de gran utilidad en el caso de pérdida de niños o ancianos con problemas mentales.


Como de costumbre no hay nada, por bueno que sea, que no tenga su parte negativa y en el caso de los microchips lo es, aparte de la privacidad, el uso indebido de los datos y las interferencias médicas. Quiere decirse que puedes tener problemas en las pruebas de imagen, como Resonancias Magnéticas, TACs y también aquellas que sobrevengan por problemas físicos como irritación, infección o cicatriz en el lugar del implante, aunque son menores. Por todo lo demás no hay razón alguna para negarte si tu médico lo aconseja. Es seguro, aséptico y apenas es perceptible. Para bien o para mal, un chip está anunciando una nueva era en la que los humanos tendremos, literalmente, la tecnología a flor de piel.

Rafael Fabregat Condill

24 de marzo de 2026

3333/068- LA PLAYA SIEMPRE ES AVENTURA.


No es de extrañar que tantos millones de personas se sientan atraídos por la playa. La arena siempre está llena de preguntas y respuestas y allí junto al mar, al sonido de las olas, se halla el momento más relajante del día. Solo hay que ver a los niños que incansablemente juegan con la arena o recogen conchas para llevárselas a su casa, como el más preciado tesoro. Aunque no con tantos adeptos, pasear por la playa al atardecer sigue fascinando a todos quienes tienen esa sana costumbre. Los más soñadores miran el romper de las olas al tiempo que se preguntan como sería ese mismo lugar miles de años atrás, cuando la playa no era lugar de ocio ni diversión, sino lugar de desembarco de piratas y corsarios.


Esta niña está guapísima, pero el arquitecto que ha levantado el castillo (su padre) no sale en la foto, puesto que es también el fotógrafo, lo que nos demuestra que pasar la mañana en la playa no es solo cosa de niños, puesto que también los mayores se lo pasan estupendamente. Los niños jugando, los padres mirando como juegan e incluso colaborando en esos juegos y los viejos mirando a las jóvenes quinceañeras que, cual si fuera un desfile de moda, pasan contínúamente en biquinis multicolores frente a sus ojos marchitos y añorantes de una juventud lejana que no ha de volver. ¡Maldita sea! -dicen para sus adentros- Cuando nosotros éramos jóvenes este ambiente no existía, ni siquiera en la imaginación...


¿Irían los dinosaurios a la playa, acompañados de sus hijos, como actualmente hacemos los humanos?. No creo que entre ellos existiera esa costumbre, pero tampoco se descarta. La playa, como la montaña, era un sitio más donde cazar o ser cazados. Ciertamente muy cerca de la playa se han encontrado huellas fósiles de estos animales del Jurásico. Los tiempos han cambiado, pero no tan deprisa como piensan algunos. Baste decir que, apenas dos siglos atrás, nadie iba a la playa, salvo que fuera por precripción facultativa, y cuando lo hacían, iban más o menos vestidos y así entraban en el agua, los que se atrevían a entrar. Son las cosas de un pasado, no demasiado lejano, que hoy afloran a nuestra mente.  


Al atardecer o en épocas menos propicias para el baño no faltan tampoco los buscadores de tesoros, armados con su detector de metales. Es una forma de pasar el tiempo, una distracción para nada rentable ya que lo más que puedas encontrar será alguna moneda, el tapón de un refresco, una llave, o una joya sin valor alguno. 
Nadie va con joyas a la playa. Alli se va, si acaso, con una gran tortilla de patatas y una bolsa nevera, llena de cerveza y refrescos. Pero, en fin, la afición es vaiopinta y a cada cual nos gustan unas cosas. Desde luego no es en absoluto criticable. Es una especie de ilusión que, algunas veces, demasiado pocas, encuentra el premio de una moneda antigua que vale un dineral. Al parecer estas personas incluso tienen un código de honor que les obliga a no usar el detector de metales en yacimientos arqueológicos, a delarar objetos que puedan tener un valor patrimonial y a retirar aquellos objetos que puedan ser dañinos para la salud de quienes vayan a esas playas, tales como agujas, clavos, etc.

Rafael Fabregat Condill