Critóbal Colón murió en Valladolid el 20 de Mayo de 1506. Todo está dicho sobre la historia de Colón, pero queda el enigma del lugar donde reposan sus restos, puesto que son dos emplazamientos los que se disputan la custodia de los mismos. En nuestra querida España, siempre se ha dicho que la tumba de Colón está en la Catedral de Sevilla y así lo han corroborado las identificaciones del ADN, pero no faltan quienes niegan tal afirmación. Quién le había de decir al legendario navegante que, tras su hallazgo de un mundo nuevo y las riquezas que tal descubrimiento supuso para las arcas de los monarcas de turno, había de vivir penurias y difamaciones, tras haber recibido tantas promesas que le deberían haber llevado a la posesión de inmensas riquezas. Pero así es este mundo, donde las palabras se las lleva el viento y todos luchamos por nuestro propio beneficio.
Las Capitulaciones de Santa Fé fueron firmadas por los Reyes Católicos el 17 de Abril de 1492 y en ellas se le otorgaban a Cristóbal Colón títulos y honores, además de beneficios económicos sobre lo que descubriera en su viaje hasta el oeste ignoto. En principio se le otorgaba el título vitalicio de Almirante en todas las tierras que descubriera, así como Virrey y Gobernador General sobre esos mismos territorios y de los que serían herederos sus sucesores a perpetuidad. En cuanto al tema económico, se le otorgaba el 10% sobre el valor de las riquezas y tesoros encontrados o producidos en las mismas. Se le ofrecía también la posibilidad de participar en las armadas a que dieran lugar sus hallazgos, previo aporte de la 8ª parte de su coste y a cambio de recibir la 8ª parte de los beneficios. Copia de dicho Documento figura en el Archivo de Simancas en Valladolid y el Archivo de Indias de Sevilla, así como en el Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona.
Al regreso de Colón del segundo viaje y reclamar sus derechos iniciales, éstos le fueron concedidos nuevamente en 1497 pero, para esa fecha, Colón ya había nombrado Adelantado de las Indias a su hermano Bartolomé, no teniendo atribuciones para ello. Ante los poderes que Colón estimaba suyos y los que tenían los enviados de la Corona, se rompió la baraja. Colón quería mandar y mandaba y las noticias de su mal gobierno llegaron a la Corte que remitió de inmediato a un perquisidor (Bobadilla) con los requerimientos reales que Colón no quiso escuchar. Bobadilla informó a la Corona que Colón había ahorcado a varios hombres quedándose con todos sus bienes. Colón fue apresado y conducido a la península. Finalmente el caso fue sobreseído, pero ya nada sería igual. En 1502 llega al nuevo continente el portugués Américo Vespucio que llega hasta el Río de la Plata confirmando que aquello no eran las Indias sino otro continente y los privilegios de Colón quedaron anulados, consiguiendo Vespucio que el nuevo continente llevara su nombre: América.
En aquellos tiempos los teólogos y por lo tanto la Iglesia se ocupaban de la sociedad y de sus titularidades, ejerciendo el poder siempre disputado entre emperadores y papas. En 1511 Diego Colón, hijo del descubridor, presentó Los Pleitos Colombinos, con la esperanza de que le restituyesen las promesas, cargos y privilegios otorgados a su padre y de los que fue injustamente desposeído por los Reyes, pero pronto se dió cuenta de que por la vía de la súplica nada conseguiría, al responderle el rey que le daba licencia para que recurriera a la Ley según creyera conveniente. Tras ese largo pleito los descendientes de Colón lograron buena parte de lo que realmente les correspondía. En cuanto a Cristóbal Colón también vivió holgadamente, pero con pérdida de su prestigio y poder político. Finalmente murió en Valladolid dejando una herencia acomodada a sus herederos.
Sobre el asunto de sus restos... No faltaban dudas sobre el lugar donde reposan sus huesos, ya que fueron muchas las peripecias y viajes que llevaron a cabo, incluso después de muerto. Colón murió a los 54 años en Valladolid (1506) y allí fue enterrado pero, tres años después (1509) sus restos se trasladaron a la cripta de un monasterio de Sevilla. También los restos de su hijo Diego se sumaron a los suyos en el mismo lugar 17 años más tarde. En 1544, atendiendo los deseos del navegante, se enviaron ambos a Santo Domingo pero en 1795, estando a punto de que España entregara la isla de La Española a Francia, llevaron sus restos a La Habana. En 1898, robadas las posesiones españolas de ultramar por parte de Estados Unidos, los restos fueron llevados a Sevilla. Según los dominicanos, lo que España repatrió fueron los restos de su hijo Diego ya que, en 1877 en la catedral de Santo Domingo "apareció" una caja con fragmentos de huesos, en cuyo exterior se leía: "Iluestre Don Cristóbal Colón". El ADN ha demostrado que no era cierto y que en la catedral de Sevilla está el cuerpo de Colón, mientras que en La Cartuja están los de su hijo, aunque no se descarta que estén mezclados. Son 500 años y muchos viajes...
Rafael Fabregat Condill