¡Cuanta sangre se ha derramado en nombre de Diós!. Y sin embargo nadie sabe si existe o es todo una falacia de quienes viven (y muy bién) de las creencias de unos y la ignorancia de otros!. Este es el cuento de nunca acabar... Y lo es porque la religión ha implicado siempre la dominación de aquellos que no creen en ella, o simplemente no han recibido esa enseñanza lo que, al fin y al cabo, debería ser respetado por simple ignorancia. Sin embargo el hecho de predicar una religión con las armas, jamás puede ser bien recibido por un Diós que, de existir, es de suponer que no aprueba esos métodos. La religión que se inculca a golpe de espada, jamás puede ser creída y, menos aún, aceptada como buena. Lo increíble es que dos mil años después siga aquí, con nosotros.
Es cierto que, no hace tanto, los Talibanes pretendieron inculcar a la fuerza su religión. Una nueva rama, esta vez del islam, con represión y enseñanzas caducas, pero habían hecho tarde. Y eso que armas no les faltaban, pero estos no son tiempos para crear nuevas religiones, pues hasta un niño se daría cuenta de que es una falacia, un sinsentido en el que nadie puede creer. El problema es la libertad que, al menos en esta parte del mundo, disfrutamos en este momento. Nadie es tan tonto como para creer esas sandeces. Los Talibanes llegaron tarde. En tiempos de Mahoma todavía se llegó a tiempo de crear una nueva religión que, al fin y al cabo, era la misma que la católica, con algunos retoques. Pero con el Corán en una mano y la espada en la otra, todavía entró en la cabeza de aquellas gentes que, para comer y seguir vivos, habían de creer.
La religión y el poder siempre han sido una misma cosa y ese es el motivo de que hayan triunfado durante tanto tiempo. Sin embargo, que nadie se engañe. Porque ni el poderoso ni el hambriento no son tontos y en los países del "primer mundo" el poder ya no necesita a la religión para dominar la economía, madre de todos los poderes terrenales. Está claro que las religiones seguirán presentes, quizás dos mil años más, pero ya no por creencias, sino por conveniencia de las partes. Dominar la partida es lo primero y lo único que interesa a los que mandan, pero las religiones acabarán colapsando, puesto que ya no tienen el poder económico que tuvieron antaño y, en estos momentos, el dinero es el que mueve los hilos. Unos siglos atrás, el poder y la Iglesia crearon Cruzadas para dominar el mundo, pero aquello pasó a la Historia hace mucho tiempo.
Ya nada queda de todo aquello y hasta incluso en los países menos adelantados, la religión ve que su fuerza merma a pasos agigantados. Ellos mismos se dan cuenta de ello y dan gracias al "Cielo" por seguir teniendo alguna presencia en el mundo, ya que el poder se les ha escapado de las manos y solo la diplomacia les permite mantener relaciones con los diferentes países del mundo. La diplomacia y el hecho de que sus seguidores siguen siendo un número lo suficientemente importante como para mantener el pulso con los gobiernos agnósticos, que no quieren conflictos de esa índole. Hoy, en el siglo XXI, el capital es el que mueve el mundo y los conocimientos tecnológicos los que nos descubren poderes que las religiones nunca han tenido, pero es el capital el que lo mueve todo...
Rafael Fabregat Condill