El título suena a thriller de suspense, o advertencia de terror psicológico pero, ¡ojo!, la idea de que el peligro pueda vivir en la puerta al lado, puede ser una realidad e incluso un hecho cientos de veces ocurrido. Hay que tener en cuenta que los más crueles asesinos suelen llevar vidas completamente normales. Nada hace pensar que uno de ellos pueda llevar a cabo cualquier asesinato. Normalmente, en un 90%, el móvil suele ser sexual pero ninguno se descarta. Los problemas psicológicos o de venganza, cubren el 10% restante. Y este hecho no es producto de pobreza ya que, en general, los asesinos se mueven en un ambiente económico que cualquiera querría para sí. No es cuestión pues de pobreza, sino de venganzas que giran por el camino de la deslealtad y la mentira.
Son muchas las familias que parecen perfectas, pero tras las paredes de su casa solo ellos saben lo que se esconde. Eso sin contar las envidias y mentiras entre vecinos que, en muchos casos, juegan con la reputación de aquel al que aborrecen, sin motivo alguno para ello. La propia policia cuenta que, estadísticamente, los cerebros de vecinos aparentemente normales, traman planes graves contra ciertas personas de su entorno cercano, ocultando su naturaleza real bajo una fachada de normalidad. Estos peligrosos personajes ocultan sus intenciones en una vida social adaptada, a fin de evitar sospechas, mientran esperan el momento oportuno para asestar el golpe definitivo. Se trata de gente malvada pero invisible, de buen estatus socio-económico, que pueden causar daño sin dejar huellas visibles.
Atención a las salidas nocturnas no imprescindibles. El hombre del saco o de cuchillo afilado puede estar esperando en cualquier esquina, más ahora que la luz no sobra en las calles de los pueblos, puesto que los Ayuntamientos apenas pueden pagar el recibo de la eléctrica de turno. Si tu conciencia no está tranquila, ojo avizor. Y si alguien tiene envidia de ti, más de lo mismo. Los psicoanalistas nos cuentan que tras la mente de estos criminales hay una infancia o juventud frustrada por lesiones neurológicas y gran parte de ellos actúan con este impulso o motivo. Hay dos tipos de personajes peligrosos: el impulsivo y el organizado. El primero actúa de forma inmediata al motivo que le lleva a causar el daño, mientras que el organizado lo tiene todo planificado desde tiempo indefinido, esperando la mejor oportunidad. Un supuesto accidente puede ser una solución impune.
El problema mayor es que ninguna pena, por grave que fuera, les frena a la hora de llevar a cabo su venganza. Para ellos todo merece la pena, puesto que lo primordial es vengarse, al precio que sea. El asesinato nunca está justificado pero, en muchos casos, se descubre que la venganza tiene un claro motivo para llevarse a cabo. El menoscabo previo de la integridad económica o del daño moral causado al asesino, está muchas veces en medio de estos casos de venganzas que acaban con la vida de personas de moral poco edificante. Claro que estos sucesos nunca son crímenes en serie, sino aislados y siempre motivados por precedentes muy justificados en el tiempo, aunque no en las maneras. El asesino quiere venganza y no encuentra otra manera menos dañina de llevarla a cabo, motivo por el cual alguno de ellos acaba suicidándose posteriormente.
Rafael Fabregat Condill