En los laboratorios franceses de Onera, los túneles de viento y agua prueban los prototipos de aviones del futuro, aquellos que nos llevarán por el mundo y el espacio exterior en un futuro próximo. El viento y más aún el agua, se resisten a ser atravesados por nuestros aparatos viajeros y el ser humano no para de investigar la manera de aumentar nuestra velocidad a través de las barreras naturales. El objetivo no solamente es aumentar la velocidad, sino el beneficio de las empresas, motivo por el cual los aparatos deberán ser más grandes y rápidos pero también deberán gastar menos energía. Todas estas pruebas suceden en Francia, donde el cielo cabe en un hueco donde el que el viento alcanza velocidades de más de 1.200 Km/hora. Se trata del centro de simulación aeronaútica de Modane-Avrieux, una sede de ONERA.
En ONERA (Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Aeroespaciales de Francia) se cuece el futuro de los aviones supersónicos e hipersónicos del siglo XXI, así como la aerodinámica de los automóviles, aviones militares, rascacielos, satélites, helicópteros y vehículos espaciales. Es el túnel del viento más grande del mundo, en el que se busca mejorar la aerodinámica y el bajo consumo de las cosas. De entrada, la energía que se consume en este centro de estudios proviene del agua y con coste cero. De la cercana presa de Assois, se precipita un chorro de agua que mueve ventiladores de una tonelada de peso y que en tan solo tres minutos provocan un huracán de 1.200 Km/hora. En el corazón del sistema están las tres cámaras de pruebas, de las que evitamos dar mayores datos.
Los sensores de las maquetas arrojan, cada diez segundos, 1.472 valores medios de la presión que soporta el modelo según las diferentes pruebas y que quedan registradas electrónicamente a fin de procesarlas por superordenadores. En todos los casos se ha podido llegar a ahorros considerables de combustible con mínimas correcciones en los aparatos. Uno de los retos del sistema es ir de Madrid a Tokio en tan solo seis horas. El Centro cuenta también con un compartimento de vacío donde se prueban todas estas mejoras para futuros viajes espaciales y en las que se busca modificar órbitas para evitar las microvibraciones. Reducir la resistencia al viento es aumentar la velocidad y el beneficio. La revolución de los vuelos vendrá determinada por nuevos materiales de mayor dureza y menor peso, con algunas mejoras en el diseño. Es lo que hay, o lo poco que esta gente quiere contarnos a los mortales de a pié...
Rafael Fabregat Condill





















