El tema está muy manido, pero vale la pena recordarlo. En primer lugar demos señalar que estábamos en época franquista y por lo tanto bajo el imperio de la Iglesia Católica. Es más, en el medio rural, bajo el yugo de los caciques de turno y con todos los lameculos al acecho. Así eran las cosas. Las primeras autoridades locales podían hacer poco para detectar los despropósitos de los "destripaterrones"; no llegaban a todo y es ahí donde los lameculos entraban en liza. Ellos se encargaban de verlo y saberlo todo, para después informar a la autoridad de cuales eran los "garbanzos negros" de cada barrio. ¿Les parece siniestro...? Pues se quedan cortos. Sí, se quedan cortos porque según qué reputaciones iban acompañadas de maltrato escolar para los hijos y retención de la Cartilla de Racionamiento para los padres.
Nos referimos a diferentes alimentos remitidos por los EEUU, a cambio de instalar sus Bases Militares en territorio español. En cuanto a las voluntades no eran todas auténticas, sino mirando el interés de relajar el estómago, pero a todos nos gusta que también nos laman la entrepierna. Así estaban las cosas y así había de subsistir una familia, todos agricultores, que no fuese afín al Movimiento o a la Iglesia. Naturalmente los hijos de un bando u otro no recibían en la escuela el mismo trato, ya que a los "azules" se les dispensaba cualquier falta, mientras a los "rojos" se les castigaba por cualquier nimiedad. La enseñanza era poca, tanto para unos como para otros. Antes de acceder a la clase había que formar en el patio y cantar los himnos de rigor: el Cara al sol, Viva España, etc. al más puro estilo militar.
Mientras cantábamos a la bandera roja y gualda, en fechas especiales también a las de Falange y Requetés, subía hacia el mástil en el que ondeaba durante todo el día. Ya en clase, al igual que sucede con los albañiles, la primera hora era para preparar el terreno de las materias a tratar. Los hijos de afines a la causa ocupaban naturalmente los primeros pupitres, seguidos de los lameculos, mientras que los últimos estaban destinados a los hijos de republicanos declarados o sospechosos de serlo, en fin, retoños de la gente de izquierdas, de la que convenía mantener cierta distancia. El resultado no es que siempre fuera favorable a los primeros, puesto que el que es cazurro, así se queda aunque lo sienten en primera fila. Las clases tampoco eran demasiado grandes y la voz del maestro se oía perfectamente aún en las últimas filas.
A media mañana nos daban a todos un vaso de leche en polvo, llena de grumos, obsequiada por EEUU. Por la tarde mantequilla o un trocito de queso "de bola", por obra y gracia del mismo patrocinador. Con eso llegabas a las 11,00, hora del recreo para los niños y del cigarrito para los maestros. Los juegos de niños y niñas en el patio del colegio eran naturalmente distintos. Las niñas, más comedidas, a la "comba" o a la "bandereta" y los niños, bastante más bestias, a las carreras, saltar unos encima de otros y a la lucha con varas, simulando espadas. A las 11,45 h, regreso a las aulas y a las doce en punto, independientemente de la materia que se estuviera dando en ese momento, quedaba todo paralizado a fin de entonar el "ángelus" y rezos pertinentes. Así un día y otro también, como ni no hubiera un mañana.
Si por la mañana la enseñanza era poco productiva, menos aún lo era por la tarde que siempre se destinaba al dibujo o a la lectura de algún libro de "interés nacional". Como es lógico, siempre literatura histórica sobre héroes que salvaron a la Iglesia o hazañas bélicas en las trincheras del bando nacional. Algunas tardes charla del párroco en el llamado comedor, pero en el que no se servían comidas. También era allí donde nos reuníamos todos los alumnos en Mayo para rezar y celebrar el Mes de María. Por lo menos allí estábamos a salvo de los pescozones de nuestro maestro. A las cinco en punto de la tarde el sonido de un pito nos informaba que las clases habían finalizado. Era hora de marchar a casa para recoger la merienda y jugar extramuros a indios y vaqueros, ¡como estaba mandado...!
RAFAEL FABREGAT
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25 de abril de 2019
2759- LA ESCUELA DE LOS 50 y 60.
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31 de octubre de 2018
2682- DOÑA ELENA FRANCIS.
Para encontrar rápida explicación al título de esta entrada al Blog, hay que tener cumplidos los 50/60 años, lo cual es bastante improbable puesto que la mayor parte de los que usan las tecnologías actuales suele ser gente joven. Quizás por ser viejo, considero yo que el tema puede ser atractivo para todos los lectores en general y también para la juventud que no lo ha vivido.
Doña Elena Francis fue un personaje radiofónico que captó la atención general de los españoles durante 34 años. La emisora Radio Barcelona emitió el primer programa de esta serie la tarde del día 27 de Noviembre de 1.950 y desde el primer momento se convirtió en un éxito sin precedentes. Se trataba, en realidad, de un consultorio al que miles de mujeres (y algún hombre) consultaba por carta cualquier problema y especialmente los sentimentales. Una o dos semanas después se emitía la respuesta a través de la emisora. El título del programa lo decía bien claro: ELENA FRANCIS. "Consultorio para la mujer". Sin embargo y a pesar de tan explícito título, también algunos hombres se dirigían al programa y ninguno de ellos fue nunca desatendido.
El citado programa radiofónico se dirigía especialmente a las mujeres por el solo hecho de que estaba promocionado por una empresa de cosméticos (Instituto de Belleza Francis) y, al contrario de ahora, los hombres de aquellos tiempos no usaban ninguno de los potingues que actualmente también usamos los hombres.
Doña Elena Francis fue durante décadas "la solución" de todos los problemas que aquejaban a las mujeres de una generación en la que había escasez de todo y principalmente de información. Los hombres de aquella época eran, en su mayoría, rudos y machistas pues el 95% no tenía acceso a la educación media y algunos ni siquiera a la Primaria. En la década de 1950 la juventud, nacidos en tiempos de guerra o posguerra, apenas habían asistido a la Escuela Primaria y muchos de ellos apenas sabían leer y escribir.
Los que habían tenido la suerte de cursar los diez años de Enseñanza Primaria, de los 4 a los 14 años, tampoco sabían mucho más puesto que las niñas apenas recibían instrucción alguna, más allá de "las cuatro reglas", leer y las labores propias de una futura ama de casa: coser, bordar, etc. Los niños, salían con algo más de preparación, pero escasa, puesto que la mayor parte del tiempo se empleaba en relatar la Historia de España, no siempre bien contada y el resto se empleaba en algún dictado sobre estos temas y todo lo referente a la Religión Católica. Poco tiempo se dedicaba a la enseñanza de la Lengua o las Matemáticas que era lo importante. El programa tenía el corte propio de una emisora franquista en plena posguerra.
Todas las cartas recibidas en la emisora, que seguramente serían cientos y cientos todos los días, eran leídas por un equipo de periodistas que tenían perfectamente aprendida la lección del tratamiento que habían de dar a las mismas. Unas se desechaban, otras se respondían y las más comprometidas se guardaban en un cajón especial para su análisis y posible repercusión. Más de diez años después de finalizado el programa radiofónico los españoles, especialmente las españolas, se enteraron de la gran mentira, del fraude que semejantes sinvergüenzas habían urdido para comercializar una serie de cosméticos que, con una calidad semejante a la de cualquier otra marca del mercado, se vendía y bien a precios muy superiores. De hecho y a pesar de que Doña Elena Francis nunca había existido, los productos de esta firma todavía están en el mercado.
El programa había salido al aire con el guión de Angela Castells, de la Sección Femenina de la Falange Española y puesta la voz de Doña Elena por varias locutoras de modulación similar. En aquellos tiempos de tantas estrecheces y problemas de toda índole, la supuesta Doña Elena Francis fue, para miles de personas, el Angel de la Guarda que ofrecía consejo y consuelo a todos los radioyentes, siempre bajo el lema de las esencias del nacionalcatolicismo. Realmente se trataba de un equipo de personas mal pagadas y afectas al régimen que, dirigidas por el partido gubernamental y supervisadas por el mismo, cribaban toda la correspondencia recibida de forma metódica, eliminando todo lo que fuera contrario al régimen o sin interés para la firma promotora. En un tono displicente y afectivo, en los casos de infidelidad marital, la supuesta Doña Elena aconsejaba a las féminas hacerse la ciega, la sorda y tener paciencia.
Claro que la Doña Elena de turno (fueron varias a lo largo de los años) se limitaba a leer lo que el guionista Juan Soto Viñolo, escrupulosamente aleccionado por el Régimen, escribía. Él fue durante muchos años el verdadero artífice del programa. Murió en Febrero de 2017 a los 83 años de edad... "No ponga mala cara cuando su marido llegue a casa. Ellos no caen en pecado por su gusto, sino impulsados por ciertas mujeres". Nadie dudó jamás de la existencia y de la autenticidad de Doña Elena Francis. El personaje era la bondad personificada y, aunque tuviera un negocio de cosmética, aparentaba para la audiencia el desinterés mercantil absoluto. Aunque todo era falso en dicho programa radiofónico, ayudar al oyente era el único objetivo aparente. El éxito del programa fue de tales dimensiones que, a día de hoy, más de medio siglo después, los herederos de aquella firma de cosméticos siguen vendiendo sus productos y son todavía una de las mayores fortunas de España.
Con la llegada de la Transición Española "el programa se volvió anacrónico y el negocio se resintió" por lo que, en Enero del año 1984 Doña Elena Francis desapareció de las ondas. Muchos años después, en Julio de 2006 el equipo de limpieza del Ayuntamiento de Cornellá (Barcelona) fue enviado a limpiar "Can Tirell", una masía del siglo XVII abandonada, de la que habían sido propietarios los dueños del Instituto de Belleza Francis. Vendida la propiedad a un promotor inmobiliario, éste no actuó sobre ella y finalmente la cedió al Ayuntamiento de Cornellá. En su interior apenas 70.000, de los cientos de miles de cartas escritas por los oyentes del programa de Doña Elena Francis, todas ellas escritas entre 1951 y 1972 y apiladas en cajas y sacos, muchas esparcidas por el suelo de las diferentes estancias de la casona. Allí estaban las penas y los sueños de miles de oyentes del tétrico programa radiofónico. Visto el contenido del material, las autoridades de dicha localidad barcelonesa decidieron informar a la emisora o al Archivo Catalán pero a nadie le interesaba dicho material por lo que el Ayuntamiento procedió a desinfectar y archivar esta histórica correspondencia. Con ella se ha editado la obra "Las cartas de Elena Francis" ya en las librerías. Dicen que "cualquier tiempo pasado fue mejor", pero no en este caso...
RAFAEL FABREGAT
Doña Elena Francis fue un personaje radiofónico que captó la atención general de los españoles durante 34 años. La emisora Radio Barcelona emitió el primer programa de esta serie la tarde del día 27 de Noviembre de 1.950 y desde el primer momento se convirtió en un éxito sin precedentes. Se trataba, en realidad, de un consultorio al que miles de mujeres (y algún hombre) consultaba por carta cualquier problema y especialmente los sentimentales. Una o dos semanas después se emitía la respuesta a través de la emisora. El título del programa lo decía bien claro: ELENA FRANCIS. "Consultorio para la mujer". Sin embargo y a pesar de tan explícito título, también algunos hombres se dirigían al programa y ninguno de ellos fue nunca desatendido.
El citado programa radiofónico se dirigía especialmente a las mujeres por el solo hecho de que estaba promocionado por una empresa de cosméticos (Instituto de Belleza Francis) y, al contrario de ahora, los hombres de aquellos tiempos no usaban ninguno de los potingues que actualmente también usamos los hombres.
Doña Elena Francis fue durante décadas "la solución" de todos los problemas que aquejaban a las mujeres de una generación en la que había escasez de todo y principalmente de información. Los hombres de aquella época eran, en su mayoría, rudos y machistas pues el 95% no tenía acceso a la educación media y algunos ni siquiera a la Primaria. En la década de 1950 la juventud, nacidos en tiempos de guerra o posguerra, apenas habían asistido a la Escuela Primaria y muchos de ellos apenas sabían leer y escribir.
Los que habían tenido la suerte de cursar los diez años de Enseñanza Primaria, de los 4 a los 14 años, tampoco sabían mucho más puesto que las niñas apenas recibían instrucción alguna, más allá de "las cuatro reglas", leer y las labores propias de una futura ama de casa: coser, bordar, etc. Los niños, salían con algo más de preparación, pero escasa, puesto que la mayor parte del tiempo se empleaba en relatar la Historia de España, no siempre bien contada y el resto se empleaba en algún dictado sobre estos temas y todo lo referente a la Religión Católica. Poco tiempo se dedicaba a la enseñanza de la Lengua o las Matemáticas que era lo importante. El programa tenía el corte propio de una emisora franquista en plena posguerra.
Todas las cartas recibidas en la emisora, que seguramente serían cientos y cientos todos los días, eran leídas por un equipo de periodistas que tenían perfectamente aprendida la lección del tratamiento que habían de dar a las mismas. Unas se desechaban, otras se respondían y las más comprometidas se guardaban en un cajón especial para su análisis y posible repercusión. Más de diez años después de finalizado el programa radiofónico los españoles, especialmente las españolas, se enteraron de la gran mentira, del fraude que semejantes sinvergüenzas habían urdido para comercializar una serie de cosméticos que, con una calidad semejante a la de cualquier otra marca del mercado, se vendía y bien a precios muy superiores. De hecho y a pesar de que Doña Elena Francis nunca había existido, los productos de esta firma todavía están en el mercado.
El programa había salido al aire con el guión de Angela Castells, de la Sección Femenina de la Falange Española y puesta la voz de Doña Elena por varias locutoras de modulación similar. En aquellos tiempos de tantas estrecheces y problemas de toda índole, la supuesta Doña Elena Francis fue, para miles de personas, el Angel de la Guarda que ofrecía consejo y consuelo a todos los radioyentes, siempre bajo el lema de las esencias del nacionalcatolicismo. Realmente se trataba de un equipo de personas mal pagadas y afectas al régimen que, dirigidas por el partido gubernamental y supervisadas por el mismo, cribaban toda la correspondencia recibida de forma metódica, eliminando todo lo que fuera contrario al régimen o sin interés para la firma promotora. En un tono displicente y afectivo, en los casos de infidelidad marital, la supuesta Doña Elena aconsejaba a las féminas hacerse la ciega, la sorda y tener paciencia.
Con la llegada de la Transición Española "el programa se volvió anacrónico y el negocio se resintió" por lo que, en Enero del año 1984 Doña Elena Francis desapareció de las ondas. Muchos años después, en Julio de 2006 el equipo de limpieza del Ayuntamiento de Cornellá (Barcelona) fue enviado a limpiar "Can Tirell", una masía del siglo XVII abandonada, de la que habían sido propietarios los dueños del Instituto de Belleza Francis. Vendida la propiedad a un promotor inmobiliario, éste no actuó sobre ella y finalmente la cedió al Ayuntamiento de Cornellá. En su interior apenas 70.000, de los cientos de miles de cartas escritas por los oyentes del programa de Doña Elena Francis, todas ellas escritas entre 1951 y 1972 y apiladas en cajas y sacos, muchas esparcidas por el suelo de las diferentes estancias de la casona. Allí estaban las penas y los sueños de miles de oyentes del tétrico programa radiofónico. Visto el contenido del material, las autoridades de dicha localidad barcelonesa decidieron informar a la emisora o al Archivo Catalán pero a nadie le interesaba dicho material por lo que el Ayuntamiento procedió a desinfectar y archivar esta histórica correspondencia. Con ella se ha editado la obra "Las cartas de Elena Francis" ya en las librerías. Dicen que "cualquier tiempo pasado fue mejor", pero no en este caso...
RAFAEL FABREGAT
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26 de septiembre de 2017
2494- EL PAPEL HIGIÉNICO.
El papel higiénico no se inventó ayer, pero quienes conocieron los primeros años que siguieron a la Guerra Civil española, sufrieron en carne propia el uso de las piedras y las hojas de determinadas plantas como papel higiénico. Por lo menos sabías que podías contar con ellas. No había nada determinado que sirviera para ese menester, sino simplemente lo que había al alcance de la mano. Desde luego el tipo de papel suave (tissú) que actualmente conocemos no existía. A lo sumo, en las familias más ilustradas y pudientes, lo que podía encontrarse en los baños, era un alambre con trozos de periódico atrasado. Los periódicos, mayormente semanales que no diarios, tras su lectura solían servir para este menester pero, pocas familias adquirían el periódico de forma regular.
En las casas de pueblos y aldeas, donde era bastante común que, adyacente a la cocina donde se guisaba y comía estuviera el corral del mulo, era ese el lugar donde aliviar las necesidades fisiológicas. Antes de ir a lugar tan específico, cada cual buscaba aquello más adecuado para llevarse al trasero y puede asegurarse sin temor a equivocación que en el 95% de las casas no se compraba el periódico, por lo que podía servir un puñado de paja o el papel de estraza con el que te habían envuelto la compra tenderos o carniceros. Otra cosa era en el campo, lugar en el que la mayoría se ganaba el sustento. Dependiendo del cultivo que había en la finca propia o en la ajena, podían funcionar perfectamente unas hojas de parra o higuera y también unas piedras, a poder ser, no demasiado cortantes.
¿Le parecen ingeniosas al lector estas afirmaciones?. Pues son más reales que la vida misma... Nunca hubo gente más limpia que un romano y así lo atestiguan las numerosas instalaciones de baños públicos encontrados en las ruinas de sus ciudades. No significa "públicos" que a dichas instalaciones pudiera acceder cualquiera, que también, sino que todos los que accedían compartían el lugar a la vista de los demás. Sin ningún pudor y sin mampara alguna que los separase a unos de otros.
Es como si se eliminaran los paneles divisorios de madera aglomerada que actualmente vemos en las áreas de servicio de cualquier autopista. Te impiden ver al vecino, pero no que te lleguen sus efluvios, cuando el susodicho se ha comido al día anterior una buena fabada con chorizo, morcilla y panceta adobada con pimentón de la Vera. ¡Vaya peste...!
Mientras defecaban, aquellas gentes no comentaban los goles del día anterior, porque el fútbol todavía no se había inventado, pero probablemente sí las carreras de cuadrigas y los cristianos que habían sido lanzados a los leones. Claro que lo más llamativo no era el hecho de gozar públicamente del alivio intestinal, sino de la forma de limpiar el trasero... A falta del papel que no tenían, aquellas gentes solían limpiarse con un palo a cuyo extremo había atado un trozo de tela, un trozo de piel de cordero con su lana, e incluso una esponja natural. Como se puede observar en la foto del párrafo anterior, delante suyo, enfrente de los asientos, corría un canalillo de agua salada donde los usuarios lavaban la suciedad de las esponjas tras su uso y las volvían a depositar en la vasija correspondiente para el siguiente usuario, porque las esponjas también eran públicas, no iba cada uno a llevársela de casa... ¿Extraño?. Pues no, para nada.
Volviendo a la "modernidad" de la España de1940-1960, las casas de la gente pudiente y los bares y tabernas entonces tan de moda, a falta de agua potable y alcantarillado, tenían retrete con fosa séptica que vaciaban una vez al mes y disfrutaban también de papel higiénico. Habían varias marcas: el elefante, la pantera, el oso, el coyote, etc. con la característica común de que la experiencia de su uso era para no olvidarse de por vida. Tenía dos caras bien diferenciadas... Una perfectamente lisa que no servía para nada y otra tan áspera que no era extraño que tuviera visibles astillas de la madera con la que se había fabricado. Antes de sentarse en la taza, o ponerse en cuclillas sobre las huellas de aquel plato infernal con agujero central y agua putrefacta a la vista, era obligado tomar del rollo el pedazo del rígido papel que iba a usarse y hacer una bola con el mismo a fin de crear una superficie rugosa que permitiera su uso.
El 1880 la empresa de Hnos. Scott empezaron a fabricar el papel higiénico enrollado, aunque rodeado de tabúes que impedían su exposición a la vista del público. No sería hasta 1935 cuando se comercializó un papel higiénico con la garantía de estar "libre de astillas", lo que nos demuestra las muchas impurezas que hasta entonces llevaba. Con la llegada de la modernidad de "los años 60" el papel higiénico pasó, de venderse disimuladamente en la trastienda de los comercios, a formar parte de pasarelas de moda y obras de arte. Después de más de un siglo de su invención, el papel higiénico ha entrado en el siglo XXI como la más suave de las caricias. Fabricado con pasta de celulosa de la más exquisita calidad ha sustituido incluso los paños de cocina, las servilletas, los pañuelos, compresas y muy especialmente pañales de niños y abuelos. Productos eficaces y económicos. Un gran invento, al alcance de todos...
RAFAEL FABREGAT
En las casas de pueblos y aldeas, donde era bastante común que, adyacente a la cocina donde se guisaba y comía estuviera el corral del mulo, era ese el lugar donde aliviar las necesidades fisiológicas. Antes de ir a lugar tan específico, cada cual buscaba aquello más adecuado para llevarse al trasero y puede asegurarse sin temor a equivocación que en el 95% de las casas no se compraba el periódico, por lo que podía servir un puñado de paja o el papel de estraza con el que te habían envuelto la compra tenderos o carniceros. Otra cosa era en el campo, lugar en el que la mayoría se ganaba el sustento. Dependiendo del cultivo que había en la finca propia o en la ajena, podían funcionar perfectamente unas hojas de parra o higuera y también unas piedras, a poder ser, no demasiado cortantes. ¿Le parecen ingeniosas al lector estas afirmaciones?. Pues son más reales que la vida misma... Nunca hubo gente más limpia que un romano y así lo atestiguan las numerosas instalaciones de baños públicos encontrados en las ruinas de sus ciudades. No significa "públicos" que a dichas instalaciones pudiera acceder cualquiera, que también, sino que todos los que accedían compartían el lugar a la vista de los demás. Sin ningún pudor y sin mampara alguna que los separase a unos de otros.
Es como si se eliminaran los paneles divisorios de madera aglomerada que actualmente vemos en las áreas de servicio de cualquier autopista. Te impiden ver al vecino, pero no que te lleguen sus efluvios, cuando el susodicho se ha comido al día anterior una buena fabada con chorizo, morcilla y panceta adobada con pimentón de la Vera. ¡Vaya peste...!
Mientras defecaban, aquellas gentes no comentaban los goles del día anterior, porque el fútbol todavía no se había inventado, pero probablemente sí las carreras de cuadrigas y los cristianos que habían sido lanzados a los leones. Claro que lo más llamativo no era el hecho de gozar públicamente del alivio intestinal, sino de la forma de limpiar el trasero... A falta del papel que no tenían, aquellas gentes solían limpiarse con un palo a cuyo extremo había atado un trozo de tela, un trozo de piel de cordero con su lana, e incluso una esponja natural. Como se puede observar en la foto del párrafo anterior, delante suyo, enfrente de los asientos, corría un canalillo de agua salada donde los usuarios lavaban la suciedad de las esponjas tras su uso y las volvían a depositar en la vasija correspondiente para el siguiente usuario, porque las esponjas también eran públicas, no iba cada uno a llevársela de casa... ¿Extraño?. Pues no, para nada.
Volviendo a la "modernidad" de la España de1940-1960, las casas de la gente pudiente y los bares y tabernas entonces tan de moda, a falta de agua potable y alcantarillado, tenían retrete con fosa séptica que vaciaban una vez al mes y disfrutaban también de papel higiénico. Habían varias marcas: el elefante, la pantera, el oso, el coyote, etc. con la característica común de que la experiencia de su uso era para no olvidarse de por vida. Tenía dos caras bien diferenciadas... Una perfectamente lisa que no servía para nada y otra tan áspera que no era extraño que tuviera visibles astillas de la madera con la que se había fabricado. Antes de sentarse en la taza, o ponerse en cuclillas sobre las huellas de aquel plato infernal con agujero central y agua putrefacta a la vista, era obligado tomar del rollo el pedazo del rígido papel que iba a usarse y hacer una bola con el mismo a fin de crear una superficie rugosa que permitiera su uso.
El 1880 la empresa de Hnos. Scott empezaron a fabricar el papel higiénico enrollado, aunque rodeado de tabúes que impedían su exposición a la vista del público. No sería hasta 1935 cuando se comercializó un papel higiénico con la garantía de estar "libre de astillas", lo que nos demuestra las muchas impurezas que hasta entonces llevaba. Con la llegada de la modernidad de "los años 60" el papel higiénico pasó, de venderse disimuladamente en la trastienda de los comercios, a formar parte de pasarelas de moda y obras de arte. Después de más de un siglo de su invención, el papel higiénico ha entrado en el siglo XXI como la más suave de las caricias. Fabricado con pasta de celulosa de la más exquisita calidad ha sustituido incluso los paños de cocina, las servilletas, los pañuelos, compresas y muy especialmente pañales de niños y abuelos. Productos eficaces y económicos. Un gran invento, al alcance de todos...
RAFAEL FABREGAT
14 de diciembre de 2016
2290- TERROR BLANCO Y ROJO.
De la Guerra Civil Española poco o nada se puede contar que no haya sido mil veces relatado pero, aún siendo hijo de gentes republicanas, no me gusta en absoluto ver que en estos últimos tiempos parece haberse olvidado que ambos bandos abusaron siempre que les fue posible hacerlo. En toda confrontación ambas partes esgrimen su verdad obviando la del contrario, lo cual sucede porque la razón no está ni en unos ni otros. Nadie tiene la razón absoluta y pocos son los que no abusan del poder cuando lo tienen. No vamos a decir aquí que el 'Golpe de Estado' maquinado por la derecha en tiempos de la II República Española, fuera una manera de atajar los abusos que se estaban produciendo en aquellos momentos contra la Iglesia y el clero, pero todos sabemos que tales abusos existieron.
Aquí no hay buenos ni malos. Lo llevamos en los genes. Los humanos tenemos la mala costumbre de querer imponer a los demás nuestra verdad y cuando esto no se consigue por las buenas, algunos quieren hacerlo por las malas. Esos 'hijos de Satanás', sean del bando que sean, son los que provocan las revoluciones y las guerras consiguientes, arrastrándonos a todos los demás. Durante los años de la II República Española se quemaron cientos de iglesias y se asesinaron a miles de religiosos, solo por el hecho de serlo. ¿Por qué?. Nada mejor que vivir en libertad. Quien quiera ir a misa que vaya y quien no quiera hacerlo que no lo haga. A mi no me molestan, ni los que van ni los que se quedan en su casa. A tales abusos y asesinatos injustificados los sublevados lo apodaron el 'Terror Rojo'.
Durante esos años de la II República y los primeros de la Guerra Civil, se ha documentado un total de asesinatos que ronda los 85.000 muertos. En esta cifra están incluidos los cerca de 7.000 religiosos que murieron en estos actos criminales a manos de las gentes de la izquierda radical española, casi siempre liderados por miembros del gobierno republicano o los dirigentes locales de las diferentes zonas dominadas por ellos. Estos crímenes no tenían otra razón de ser más que el movimiento anticlerical que se vivió en esa época. El 'Levantamiento Nacional', que no era otra cosa más que un Golpe de Estado llevado a cabo por la parte conservadora del ejército liderado por el general Franco, agudizó el movimiento anticlerical de los integrantes de la izquierda radical y la persecución se multiplicó, vaciando incluso las criptas de iglesias y monasterios, exponiendo los huesos de frailes y monjas para escarnio público y destrozándolos después.

El término de 'Terror Rojo' nació en la Asturias de 1934, cuando en apenas un par de jornadas se asesinaron a 37 miembros del clero y se quemaron 58 iglesias. De todas formas, el mismo día de 1931 en el que se proclamó la II República Española ya se habían quemado 20 iglesias, aunque sin víctimas mortales. Los saqueos y quema de iglesias y monasterios se convirtieron en algo normal, una intolerancia ocasionada por grupos anarquistas incontrolados, poco o nada perseguida por el gobierno republicano.
El contrapunto a toda esa barbarie vino a llamarse 'Terror Blanco', una serie de asesinatos igualmente injustificados que posteriormente llevarían a cabo los seguidores de Franco como miembros del Levantamiento Nacional, muchas veces por hechos denunciados por los mismos sacerdotes otrora perseguidos.
Como era de esperar, el 'Terror Blanco' no se quedó atrás y los partidarios del bando republicano en la zona sublevada o ya finalizada la guerra a favor de los sublevados, no escaparon de la venganza de los ganadores. Los que tenían delitos de sangre fueron fusilados y lo que participaron en la quema de iglesias fueron encerrados durante años. Las gentes de izquierda, muchas veces gente inocente llamada a participar obligatoriamente por vivir en zona republicana, en una guerra que no sentían, también pagaron las consecuencias. La violencia no solo fue física, sino también económica y social. Lo fueran o no, los denunciados como republicanos o antifranquistas eran apartados de cualquier asistencia que el nuevo gobierno pudiera prestar a las familias menesterosas, que eran la mayoría.
La represión y violación de los derechos humanos, a cargo de los miembros del 'Terror Blanco' que era el bando ganador de la contienda, ya empezó con el Alzamiento Nacional de 1936, pero seguiría con más dureza si cabe en los años de posguerra y más allá de las décadas de 1950 y 60. La no observancia de las normas impuestas por los dictadores conllevaba violencia física, sanciones y hasta penas de cárcel. Durante la contienda, e incluso después de acabada, se llevaron a cabo miles de ajusticiamientos 'legales' dictados por tribunales militares, especialmente intensos en los meses siguientes al final de la guerra. Ya en tiempos de paz, incluso después de 1970, todavía siguió la violencia física contra los enemigos del régimen. El balance pudo sobrepasar a los 200.000 fusilamientos.
Mucha de esa gente fue enterrada en fosas comunes, fuera de los cementerios y no señalizadas. El episodio menos conocido pero igualmente aberrante fue el robo de niños a las madres encarceladas, tutelados por la Sección Femenina de la Falange Española y que ha sido cifrado en 30.960 niños, cuyas identidades fueron cambiadas en el Registro Civil y dados después en adopción. Todas las familias catalogadas como republicanas y sus hijos nacidos en las décadas posteriores, todavía fueron considerados 'sospechosos' hasta la muerte del dictador, ya en la década de 1970. Algunos hijos de republicanos, que cumplieron el Servicio Militar en las décadas de 1960 y 70, no podían tener otro destino que no fuera el del más estricto servicio a las armas. Podría escribir muchas páginas sobre el tema, pero solo haré un comentario más...
Todo tipo de abuso es negativo, lo haga quien lo haga. La dictadura es sin duda el peor de los sistemas políticos, pero el problema es que no sabemos vivir en libertad. España es una buena prueba de ello. Después de 40 años de dictadura y ya fallecido el dictador, a los españoles se nos abrieron los ojos como platos ante la noticia de que se iba a instaurar la Democracia y la Libertad que ésta conlleva. Hoy sin duda volveríamos a votarla afirmativamente, pero ya no lo tenemos tan claro. El mundo está lleno de sinvergüenzas, de anarquistas que no buscan más que destrozar cuanto encuentran a su paso. No se trata de opiniones diferentes a determinado gobierno, lo cual es lícito y normal, sino de hacer el mal solo por el gusto de hacerlo. Algunos no saben vivir con Democracia y menos aún en Libertad. Ojalá nunca tengamos que volver a vivir nada semejante...
RAFAEL FABREGAT
Aquí no hay buenos ni malos. Lo llevamos en los genes. Los humanos tenemos la mala costumbre de querer imponer a los demás nuestra verdad y cuando esto no se consigue por las buenas, algunos quieren hacerlo por las malas. Esos 'hijos de Satanás', sean del bando que sean, son los que provocan las revoluciones y las guerras consiguientes, arrastrándonos a todos los demás. Durante los años de la II República Española se quemaron cientos de iglesias y se asesinaron a miles de religiosos, solo por el hecho de serlo. ¿Por qué?. Nada mejor que vivir en libertad. Quien quiera ir a misa que vaya y quien no quiera hacerlo que no lo haga. A mi no me molestan, ni los que van ni los que se quedan en su casa. A tales abusos y asesinatos injustificados los sublevados lo apodaron el 'Terror Rojo'.
Durante esos años de la II República y los primeros de la Guerra Civil, se ha documentado un total de asesinatos que ronda los 85.000 muertos. En esta cifra están incluidos los cerca de 7.000 religiosos que murieron en estos actos criminales a manos de las gentes de la izquierda radical española, casi siempre liderados por miembros del gobierno republicano o los dirigentes locales de las diferentes zonas dominadas por ellos. Estos crímenes no tenían otra razón de ser más que el movimiento anticlerical que se vivió en esa época. El 'Levantamiento Nacional', que no era otra cosa más que un Golpe de Estado llevado a cabo por la parte conservadora del ejército liderado por el general Franco, agudizó el movimiento anticlerical de los integrantes de la izquierda radical y la persecución se multiplicó, vaciando incluso las criptas de iglesias y monasterios, exponiendo los huesos de frailes y monjas para escarnio público y destrozándolos después.

El término de 'Terror Rojo' nació en la Asturias de 1934, cuando en apenas un par de jornadas se asesinaron a 37 miembros del clero y se quemaron 58 iglesias. De todas formas, el mismo día de 1931 en el que se proclamó la II República Española ya se habían quemado 20 iglesias, aunque sin víctimas mortales. Los saqueos y quema de iglesias y monasterios se convirtieron en algo normal, una intolerancia ocasionada por grupos anarquistas incontrolados, poco o nada perseguida por el gobierno republicano.
El contrapunto a toda esa barbarie vino a llamarse 'Terror Blanco', una serie de asesinatos igualmente injustificados que posteriormente llevarían a cabo los seguidores de Franco como miembros del Levantamiento Nacional, muchas veces por hechos denunciados por los mismos sacerdotes otrora perseguidos.
Como era de esperar, el 'Terror Blanco' no se quedó atrás y los partidarios del bando republicano en la zona sublevada o ya finalizada la guerra a favor de los sublevados, no escaparon de la venganza de los ganadores. Los que tenían delitos de sangre fueron fusilados y lo que participaron en la quema de iglesias fueron encerrados durante años. Las gentes de izquierda, muchas veces gente inocente llamada a participar obligatoriamente por vivir en zona republicana, en una guerra que no sentían, también pagaron las consecuencias. La violencia no solo fue física, sino también económica y social. Lo fueran o no, los denunciados como republicanos o antifranquistas eran apartados de cualquier asistencia que el nuevo gobierno pudiera prestar a las familias menesterosas, que eran la mayoría.
La represión y violación de los derechos humanos, a cargo de los miembros del 'Terror Blanco' que era el bando ganador de la contienda, ya empezó con el Alzamiento Nacional de 1936, pero seguiría con más dureza si cabe en los años de posguerra y más allá de las décadas de 1950 y 60. La no observancia de las normas impuestas por los dictadores conllevaba violencia física, sanciones y hasta penas de cárcel. Durante la contienda, e incluso después de acabada, se llevaron a cabo miles de ajusticiamientos 'legales' dictados por tribunales militares, especialmente intensos en los meses siguientes al final de la guerra. Ya en tiempos de paz, incluso después de 1970, todavía siguió la violencia física contra los enemigos del régimen. El balance pudo sobrepasar a los 200.000 fusilamientos.
Mucha de esa gente fue enterrada en fosas comunes, fuera de los cementerios y no señalizadas. El episodio menos conocido pero igualmente aberrante fue el robo de niños a las madres encarceladas, tutelados por la Sección Femenina de la Falange Española y que ha sido cifrado en 30.960 niños, cuyas identidades fueron cambiadas en el Registro Civil y dados después en adopción. Todas las familias catalogadas como republicanas y sus hijos nacidos en las décadas posteriores, todavía fueron considerados 'sospechosos' hasta la muerte del dictador, ya en la década de 1970. Algunos hijos de republicanos, que cumplieron el Servicio Militar en las décadas de 1960 y 70, no podían tener otro destino que no fuera el del más estricto servicio a las armas. Podría escribir muchas páginas sobre el tema, pero solo haré un comentario más...
Todo tipo de abuso es negativo, lo haga quien lo haga. La dictadura es sin duda el peor de los sistemas políticos, pero el problema es que no sabemos vivir en libertad. España es una buena prueba de ello. Después de 40 años de dictadura y ya fallecido el dictador, a los españoles se nos abrieron los ojos como platos ante la noticia de que se iba a instaurar la Democracia y la Libertad que ésta conlleva. Hoy sin duda volveríamos a votarla afirmativamente, pero ya no lo tenemos tan claro. El mundo está lleno de sinvergüenzas, de anarquistas que no buscan más que destrozar cuanto encuentran a su paso. No se trata de opiniones diferentes a determinado gobierno, lo cual es lícito y normal, sino de hacer el mal solo por el gusto de hacerlo. Algunos no saben vivir con Democracia y menos aún en Libertad. Ojalá nunca tengamos que volver a vivir nada semejante...RAFAEL FABREGAT
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17 de diciembre de 2015
1962- CABANES, CONECTADO.
La villa de Cabanes hace miles de años que está conectada con el mundo. A 2 Km. de la localidad pasa la Vía Augusta y se dice que bajo los cimientos del antiguo Cabanes estaba situada una villa romana llamada "Ildum" que proveía a ejércitos, viajeros y animales de cualquier necesidad que se presentara durante el trayecto. Junto a esa antiquísima vía, los restos de un Arco Romano de bella factura (le falta el entablamento) marcan lo que se cree un monumento funerario o de triunfo del siglo I d.C. levantado por algún acontecimiento del que no hay constancia escrita. Esta vía romana es muy anterior al emperador Augusto, pero toma su nombre por ser quien la amplió en los años 8 a.C. al 2 a.C.
La Vía Augusta fue una interesante vía de comunicación durante la Edad Media, por estar resguardada de los ataques piratas que tantos quebraderos de cabeza trajeron en aquellos tiempos a los pueblos costeros del Levante español. San Vicente Ferrer y el propio Benedicto XIII (Papa Luna) la utilizaron varias veces en sus desplazamientos a Valencia y otras ciudades costeras. En nuestra comarca, con la llegada del siglo XIX, la construcción de la carretera Castellón-Zaragoza hizo que la Vía Augusta quedara relegada a simple camino rural. La nueva carretera, aunque de tierra y machaca, estaba en mejores condiciones y recto trazado en busca de los diferentes pueblos facilitando la comunicación por medio de diligencias.
Muchos tramos de la Vía Augusta coincidieron con la nueva carretera y desaparecieron. Otros quedaron visibles pero prácticamente inutilizados. En la década de 1920, durante la dictadura del general Primo de Rivera, fueron renovadas y asfaltadas lo que hasta entonces eran carreteras de tierra y machaca,
desapareciendo de la faz de la tierra la mayor parte de la histórica vía romana. Lo que no se hizo entonces, se completaría pocos años después de acabada la Guerra Civil de 1936-39. Apenas algún tramo irrelevante y fuera de lugar quedó sin cubrir por el alquitrán que el dictador Franco derramó como forma de congratularse con la población de una España destrozada por la guerra entre hermanos de sangre.
Pero el progreso es lento y muy corta la vida de las personas. Cabanes todavía tendría que esperar a principios de la década de 1950 para conocer el intenso olor del alquitrán. Muchas mujeres de la localidad fueron contratadas para barrer la tierra y fina arena sobre la que se había de colocar la famosa brea, tras el paso de la apisonadora de vapor. El alquitrán no era entonces un subproducto del petróleo sino el de mayor uso, habida cuenta la escasez de vehículos a motor. En nuestro medio rural todavía no había tractores, motos o coches. Hacía pocos años que se habían arrinconado las diligencias y todavía circulaban algunos vehículos con gasógeno. Fue a finales de la década cuando todo se puso en marcha por estos lares.
De hecho, durante toda la década de 1950, los recaderos de pueblos tan alejados de Castellón como Cuevas de Vinromá, a casi 50 Km. de la capital, todavía bajaban a recoger las mercancías adquiridas por las tenderos de sus pueblos con carros provistos de varias mulas de tiro y algunos burros que ayudaran a salvar la empinada cuesta de la Puebla Tornesa. Por el oficio de mi padre, escobero de profesión, recuerdo perfectamente como los ordinarios que venían de Castellón, paraban a media tarde para recoger los fardos de escobas que los tenderos de sus pueblos les habían encargado. Todo aquello pasó, como todo pasa y poco a poco fue llegando la modernidad.
Llegaron los autobuses de la compañía local Autos Mediterráneo. Primero para viajar hasta Castellón, desde los pueblos de la comarca del Pla de l'Arc y otros próximos. Después para desplazar a la muchísima gente que viajaba hacia La Ribera de Cabanes, zona costera en la que un mejor clima y agua abundante derramaba mejores cosechas que las conseguidas en lugares próximos a la población, todos ellos de secano. Un autobús se hacía escaso, algunas veces tan descaradamente insuficiente que habían de fletarse dos. Abarrotados, con algunos hombres subidos a lo alto de la baca. ¡Qué tiempos aquellos!. Hoy incluso es ilegal sacar la mano por el cristal de la ventanilla... Malas carreteras, llenas de baches a pesar de repararlas continuamente.
La carretera de Cabanes a la Ribera también se asfaltaría a finales de la década de 1950, fecha en la que se construyó la de nueva planta que llevaría hasta el Arco Romano, hasta entonces conectado a través de un simple camino y por diferente trazado. Una vez asfaltadas se acabó el trabajo para los peones camineros, encargados de bachear las machacadas carreteras de tierra y de cortar las malas yerbas de las cunetas. Acabó el oficio y cerraron las famosas "casillas", sólidas viviendas que el Gobierno les proporcionaba de forma gratuita a pie de carretera, para mejor vigilar que el tramo asignado estuviera siempre a punto de revista. Unos oficios nacen y otros mueren irremisiblemente.
Pero las mayores conexiones están por anotar... Porque Cabanes está dentro del "Corredor Mediterráneo" y como tal tiene estación de ferrocarril y paso de la N-340 (Cádiz-Francia). Por si esto fuera poco también por Cabanes pasa la Autopista A-7 y la Autovía CV-10. ¿Falta algo más?. Pues no, no falta, porque a 5 Km. tiene el famoso Aeropuerto de Castellón, ahora ya con aviones. Aún así, lo cierto es que no todo son glorias. Teniendo dos Parques Naturales y unos 8 Km. de costa, nada había sido aprovechado y buena parte de sus habitantes viven de la industria y de una agricultura en completo declive. Claro que conectados, lo que se dice conectados, estamos. Ya solo falta el dinero, para poder conectar. Tiempo al tiempo, los medios están...
RAFAEL FABREGAT
La Vía Augusta fue una interesante vía de comunicación durante la Edad Media, por estar resguardada de los ataques piratas que tantos quebraderos de cabeza trajeron en aquellos tiempos a los pueblos costeros del Levante español. San Vicente Ferrer y el propio Benedicto XIII (Papa Luna) la utilizaron varias veces en sus desplazamientos a Valencia y otras ciudades costeras. En nuestra comarca, con la llegada del siglo XIX, la construcción de la carretera Castellón-Zaragoza hizo que la Vía Augusta quedara relegada a simple camino rural. La nueva carretera, aunque de tierra y machaca, estaba en mejores condiciones y recto trazado en busca de los diferentes pueblos facilitando la comunicación por medio de diligencias.
Muchos tramos de la Vía Augusta coincidieron con la nueva carretera y desaparecieron. Otros quedaron visibles pero prácticamente inutilizados. En la década de 1920, durante la dictadura del general Primo de Rivera, fueron renovadas y asfaltadas lo que hasta entonces eran carreteras de tierra y machaca,
desapareciendo de la faz de la tierra la mayor parte de la histórica vía romana. Lo que no se hizo entonces, se completaría pocos años después de acabada la Guerra Civil de 1936-39. Apenas algún tramo irrelevante y fuera de lugar quedó sin cubrir por el alquitrán que el dictador Franco derramó como forma de congratularse con la población de una España destrozada por la guerra entre hermanos de sangre.
De hecho, durante toda la década de 1950, los recaderos de pueblos tan alejados de Castellón como Cuevas de Vinromá, a casi 50 Km. de la capital, todavía bajaban a recoger las mercancías adquiridas por las tenderos de sus pueblos con carros provistos de varias mulas de tiro y algunos burros que ayudaran a salvar la empinada cuesta de la Puebla Tornesa. Por el oficio de mi padre, escobero de profesión, recuerdo perfectamente como los ordinarios que venían de Castellón, paraban a media tarde para recoger los fardos de escobas que los tenderos de sus pueblos les habían encargado. Todo aquello pasó, como todo pasa y poco a poco fue llegando la modernidad.
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| Uno de los primeros autobuses de la compañía Mediterráneo. |
La carretera de Cabanes a la Ribera también se asfaltaría a finales de la década de 1950, fecha en la que se construyó la de nueva planta que llevaría hasta el Arco Romano, hasta entonces conectado a través de un simple camino y por diferente trazado. Una vez asfaltadas se acabó el trabajo para los peones camineros, encargados de bachear las machacadas carreteras de tierra y de cortar las malas yerbas de las cunetas. Acabó el oficio y cerraron las famosas "casillas", sólidas viviendas que el Gobierno les proporcionaba de forma gratuita a pie de carretera, para mejor vigilar que el tramo asignado estuviera siempre a punto de revista. Unos oficios nacen y otros mueren irremisiblemente.
Pero las mayores conexiones están por anotar... Porque Cabanes está dentro del "Corredor Mediterráneo" y como tal tiene estación de ferrocarril y paso de la N-340 (Cádiz-Francia). Por si esto fuera poco también por Cabanes pasa la Autopista A-7 y la Autovía CV-10. ¿Falta algo más?. Pues no, no falta, porque a 5 Km. tiene el famoso Aeropuerto de Castellón, ahora ya con aviones. Aún así, lo cierto es que no todo son glorias. Teniendo dos Parques Naturales y unos 8 Km. de costa, nada había sido aprovechado y buena parte de sus habitantes viven de la industria y de una agricultura en completo declive. Claro que conectados, lo que se dice conectados, estamos. Ya solo falta el dinero, para poder conectar. Tiempo al tiempo, los medios están...
RAFAEL FABREGAT
7 de diciembre de 2015
1955- QUO VADIS Y EL CAMBIO CLIMÁTICO.
Especialmente desde que hemos entrado en el siglo XXI, se habla mucho del "cambio climático", del hielo que se derrite en los polos y de la inmensa catástrofe que esto puede significar para la humanidad. Espero que se disipen los miedos y que tal catástrofe sea una simple etapa natural del planeta, como tantas veces ocurrió en épocas pasadas miles de años anteriores a nuestro tiempo. ¿Qué adelantamos con asustarnos?: ¿Acaso está en nuestras manos pararlo?. La Tierra es "un barco a la deriva" único e irreemplazable por lo que quienes sean culpables de tanto desatino caerán, si es que hay que caer, con todos nosotros. Esa es nuestra mayor garantía de que no se llegará a tanto.
Cabanes, pequeño pueblo de la provincia de Castellón (España), fue desde muy antiguo uno de los municipios más destacados de su comarca, superando en habitantes a ciudades hoy tan importantes como Nules, Onda, etc. El hoy tan famoso "cambio climático" aquí ya tuvo su máximo exponente a finales de la década de 1950 cuando el empresario local Laureano Boira, tendero de profesión, se hizo cargo de la explotación del Teatro-cine Benavente.
Su interés personal y el de hacer brillar el nombre de nuestro querido pueblo en todo el ámbito comarcal, hizo que se dieran cita en su teatro las primeras figuras nacionales de la canción y las supervedettes más espectaculares.
La respuesta de la gente no se hizo esperar y las 400 butacas de platea se reservaban con semanas de antelación, amén de seis bancos corridos que había en primer lugar, junto al escenario, 200 localidades de gallinero y muy especialmente los dos palcos, un cuarto de circunferencia de 4 m. de radio a cada lado del escenario, donde se daban cita los mas "echaos p'alante" de la localidad. Lo mismo sucedía con el local en su versión cinematográfica. Las mejores y más recientes películas, con estrenos incluso anteriores a las salas de la capital provincial, garantizaban el lleno absoluto y más localidades que hubiera habido disponibles. El mayor "cambio climático" del siglo XX sucedió en Cabanes con la exposición de la 2ª parte de la película "Quo Vadis", candidata a 8 Oscar pero que sin embargo no obtuvo ninguno.
El empresario anunció a bombo y platillo el pase de la película que tuvo un éxito sin precedentes, pero siendo la cinta de 5 horas y 45 minutos de duración la pasó en dos domingos consecutivos. Si el primer domingo el cine estaba a rebosar, para el segundo domingo se añadieron algunos curiosos que, ante el éxito de la película, aquello se desmadró por completo. En los dos "gallineros", donde apenas cabían 200 personas se amontonaron 300 y en el pasillo central y los dos laterales del patio de butacas, pusieron sillas plegables para acomodar a tres espectadores más por cada fila. En la sesión de noche, aún pudieron abrirse las puertas laterales para que la gente pudiera respirar pero en la sesión de tarde y en medio de un Agosto extremadamente seco y caluroso...
Casi mil espectadores, para una sala de 600 y la mitad fumando sin parar, crearon un ambiente irrespirable y temperaturas próximas a los 50ºC. Un tal Paulino, encargado de vender helados y gaseosas entre los espectadores, hubo de tirar toda la mercancía por no poder pasar a venderla y derretirse mientras los allí presentes nos moríamos de calor y de sed. Las cuatro cajas de gaseosas de 1/4 que había adquirido para la ocasión, las vendió en el mismo hall antes de empezar la proyección. Tres horas de sesión cinematográfica sin descansos, puesto que el personal no podía entrar ni salir por estar colapsados los pasillos por aquellas sillas suplementarias... No pasó nada, aunque a más de una la sacaron en volandas a los patios laterales, hoy lleno de yerbajos, ante la falta de oxígeno en el local. Ese día y algunos otros, Cabanes experimentó el mayor "cambio climático" de su historia.
En este caso fue el tal Laureano Boira quien trajo a Cabanes el "cambio climático" aunque los cabanenses, apodados "els gallos", no se amilanaban por cualquier cosa y resistieron aquellos terribles aumentos de temperatura de muy buen grado y sin rechistar. El apodo de "Gallos" no representa animal alguno, como algunos jóvenes piensan al pegar en la trasera de sus vehículos la imagen de este animal, sino que nos vino por boca de los pueblos vecinos que, en tiempo de posguerra y con más hambre que pan, se quejaban de su mala suerte alegando que los de Cabanes en cambio tenían tierras junto a la costa, con agua abundante y en las que se cosechaban patatas, boniatos y toda clase de frutas y hortalizas en cantidad.
- Clar vosaltres sou molt gallos, ¡com teniu menjar...! -decían.
Y así quedó el apodo de "gallos" para las gentes de Cabanes. Bien alimentados durante la semana y bien "calentitos" los domingos y fiestas de guardar.
RAFAEL FABREGAT
Cabanes, pequeño pueblo de la provincia de Castellón (España), fue desde muy antiguo uno de los municipios más destacados de su comarca, superando en habitantes a ciudades hoy tan importantes como Nules, Onda, etc. El hoy tan famoso "cambio climático" aquí ya tuvo su máximo exponente a finales de la década de 1950 cuando el empresario local Laureano Boira, tendero de profesión, se hizo cargo de la explotación del Teatro-cine Benavente.
Su interés personal y el de hacer brillar el nombre de nuestro querido pueblo en todo el ámbito comarcal, hizo que se dieran cita en su teatro las primeras figuras nacionales de la canción y las supervedettes más espectaculares.
La respuesta de la gente no se hizo esperar y las 400 butacas de platea se reservaban con semanas de antelación, amén de seis bancos corridos que había en primer lugar, junto al escenario, 200 localidades de gallinero y muy especialmente los dos palcos, un cuarto de circunferencia de 4 m. de radio a cada lado del escenario, donde se daban cita los mas "echaos p'alante" de la localidad. Lo mismo sucedía con el local en su versión cinematográfica. Las mejores y más recientes películas, con estrenos incluso anteriores a las salas de la capital provincial, garantizaban el lleno absoluto y más localidades que hubiera habido disponibles. El mayor "cambio climático" del siglo XX sucedió en Cabanes con la exposición de la 2ª parte de la película "Quo Vadis", candidata a 8 Oscar pero que sin embargo no obtuvo ninguno.
El empresario anunció a bombo y platillo el pase de la película que tuvo un éxito sin precedentes, pero siendo la cinta de 5 horas y 45 minutos de duración la pasó en dos domingos consecutivos. Si el primer domingo el cine estaba a rebosar, para el segundo domingo se añadieron algunos curiosos que, ante el éxito de la película, aquello se desmadró por completo. En los dos "gallineros", donde apenas cabían 200 personas se amontonaron 300 y en el pasillo central y los dos laterales del patio de butacas, pusieron sillas plegables para acomodar a tres espectadores más por cada fila. En la sesión de noche, aún pudieron abrirse las puertas laterales para que la gente pudiera respirar pero en la sesión de tarde y en medio de un Agosto extremadamente seco y caluroso...
Casi mil espectadores, para una sala de 600 y la mitad fumando sin parar, crearon un ambiente irrespirable y temperaturas próximas a los 50ºC. Un tal Paulino, encargado de vender helados y gaseosas entre los espectadores, hubo de tirar toda la mercancía por no poder pasar a venderla y derretirse mientras los allí presentes nos moríamos de calor y de sed. Las cuatro cajas de gaseosas de 1/4 que había adquirido para la ocasión, las vendió en el mismo hall antes de empezar la proyección. Tres horas de sesión cinematográfica sin descansos, puesto que el personal no podía entrar ni salir por estar colapsados los pasillos por aquellas sillas suplementarias... No pasó nada, aunque a más de una la sacaron en volandas a los patios laterales, hoy lleno de yerbajos, ante la falta de oxígeno en el local. Ese día y algunos otros, Cabanes experimentó el mayor "cambio climático" de su historia.
En este caso fue el tal Laureano Boira quien trajo a Cabanes el "cambio climático" aunque los cabanenses, apodados "els gallos", no se amilanaban por cualquier cosa y resistieron aquellos terribles aumentos de temperatura de muy buen grado y sin rechistar. El apodo de "Gallos" no representa animal alguno, como algunos jóvenes piensan al pegar en la trasera de sus vehículos la imagen de este animal, sino que nos vino por boca de los pueblos vecinos que, en tiempo de posguerra y con más hambre que pan, se quejaban de su mala suerte alegando que los de Cabanes en cambio tenían tierras junto a la costa, con agua abundante y en las que se cosechaban patatas, boniatos y toda clase de frutas y hortalizas en cantidad.
- Clar vosaltres sou molt gallos, ¡com teniu menjar...! -decían.
Y así quedó el apodo de "gallos" para las gentes de Cabanes. Bien alimentados durante la semana y bien "calentitos" los domingos y fiestas de guardar.
RAFAEL FABREGAT
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2 de mayo de 2015
1741- COSAS DE PUEBLO.
El buen humor de algunos pueblerinos versiona hechos macabros como si de relatos de comedia se tratara. Y es que las tragicomedias son, como todo en la vida, cosas que pasaban en otros tiempos y que también ahora suceden, pero de otra forma más natural. Antes todo era más trágico, cosas serias y reales que desde luego no tienen desperdicio, pero contadas de forma coloquial a modo de leyenda y no sin falta de humor.
Ahí va una de ellas, contada por la tía Paca la del Eustaquio, con más de noventa años, de un pueblo castellano cuyo nombre vamos a omitir y con barba y bigote como sargento de la Legión mellinense.
- ¿Y tú porque "quiés" saber lo que pasaba en otros tiempos? -me pregunta.
- Mujer, pues "pa" contarlo a quienes quieran saberlo -le respondo.
- Venga, pues. Te contaré lo que pasó un día después de la guerra, ya va por setenta años...
"Estando con mis hermanos en la era, en la que teníamos unas matas de judías a secar al sol, vimos una humareda grande que salía del pueblo.
- ¿Qué pasará? -nos dijimos.
Así que mi hermano dijo que marchaba al pueblo a ver qué sucedía y "na" más llegar apenas si pudo entrar del alboroto que había. Resultó que se estaba quemando el horno del pueblo. Lo llevaba un hornero que le llamaban Manolo. Robaba a las mujeres y era muy mal "hablao" pues se cagaba con la Virgen y murió "quemao" en el incendio del horno. El hornero robaba a las mujeres parte de los "tendíos", o sea, de las mantas en las que se envolvía el pan.
- ¿Sabes tú qué son los tendíos? -me pregunta la tía Paca.
- No señora, no. ¡Yo qué voy a saber! -le respondo.
Pues eso. Que el pan, antes de cocerlo, se envolvía en un paño grueso de lino y una manta de lana por encima "pa" que "subiera" y a ese paño se le llamaba el "tendío".
Pues resulta que el hornero robaba algunas hogazas y otras cosas del pueblo y las guardaba en la parte de arriba del horno y al ir a recogerlas se quemó y el fuego prendió una parte del horno y por eso la humareda.
- ¡Vaya miedo que pasamos aquella noche!. Y es que resulta que el hornero era primo "apartao" de mis padres y se fueron a rezar ellos por el difunto a la Virgen y las hermanas nos fuimos a dormir juntas en la misma cama, pues mis dos hermanos mayores también marcharon a velar al muerto porque, hasta el día siguiente cuando llegara el juez, no podían levantarle de donde estaba "quemao". Total, que las hermanas dormimos solas en la casa, "apretás" unas con otras.
- ¡Qué miedo pasamos!.Y mientras tanto mis hermanos allí en el horno, los dos "junticos", con el hornero "quemao"...
- ¡Oiga!, ¿y eso que cuentan de las abejas? -le pregunto.
- ¿Lo de las abejas?.¿Qué abejas...? ¡Ah, sí!. Pues resulta que la Juana era querida del hornero y un día que estaba en el campo vio una colmena que estaba caída y fue a "levantala" porque era del hornero... ¿Sabes?.
Pues por eso fue a "levantala", porque era del querido. Pero se conoce que al "levantala" salieron las abejas de la colmena y se le metieron dentro de las sayas y a resultas de que no llevaba bragas, porque en aquel tiempo no se llevaban, en el "analisi" que la hicieron resultó que la habían picado más de dos mil abejas...
- ¿Y no se murió? -le pregunto preocupado.
- Duró dos años, pero hay que ver lo que sufrió la "pobrecica", que de vez en cuando se le hinchaban las partes y las piernas, que le relucía la piel como si fuera un espejo. En aquellos tiempos a saber qué remedio le darían, pero el caso es que de vez en cuando se ponía muy mala y al final se murió.
- Vaya, vaya... ¡Qué mala suerte el hornero! -le digo por decir algo.
- ¡Coño, la mala suerte "pa" la Juana, que era la que tenía el problema!. Se murió poco tiempo después que a él le pasara lo de quemarse vivo.
Y la tía Paca queda reflexionando, con la mirada perdida...
- Sufrieron mucho los hijos y la Antonia, la mujer del hornero, que el Manolo los tenía "abandonaos" a "tos" por la querida. La mujer murió antes de que a la querida le picaran las abejas y de que él se quemara... Claro que los hijos de la Juana también sufrieron, los pobres...
- El hijo de la querida les decía a "tos"... ¡A mí no me sabe mal que el tío Manolo venga a nuestra casa, lo que me sabe mal es que se acueste con mi madre!.
- ¡Ay Señor, cuanto cuesta morirse...! -concluye la tía Paca suspirando.
RAFAEL FABREGAT
Ahí va una de ellas, contada por la tía Paca la del Eustaquio, con más de noventa años, de un pueblo castellano cuyo nombre vamos a omitir y con barba y bigote como sargento de la Legión mellinense.
- ¿Y tú porque "quiés" saber lo que pasaba en otros tiempos? -me pregunta.
- Mujer, pues "pa" contarlo a quienes quieran saberlo -le respondo.
- Venga, pues. Te contaré lo que pasó un día después de la guerra, ya va por setenta años...
"Estando con mis hermanos en la era, en la que teníamos unas matas de judías a secar al sol, vimos una humareda grande que salía del pueblo.
- ¿Qué pasará? -nos dijimos.
Así que mi hermano dijo que marchaba al pueblo a ver qué sucedía y "na" más llegar apenas si pudo entrar del alboroto que había. Resultó que se estaba quemando el horno del pueblo. Lo llevaba un hornero que le llamaban Manolo. Robaba a las mujeres y era muy mal "hablao" pues se cagaba con la Virgen y murió "quemao" en el incendio del horno. El hornero robaba a las mujeres parte de los "tendíos", o sea, de las mantas en las que se envolvía el pan.
- ¿Sabes tú qué son los tendíos? -me pregunta la tía Paca.
- No señora, no. ¡Yo qué voy a saber! -le respondo.
Pues eso. Que el pan, antes de cocerlo, se envolvía en un paño grueso de lino y una manta de lana por encima "pa" que "subiera" y a ese paño se le llamaba el "tendío".
Pues resulta que el hornero robaba algunas hogazas y otras cosas del pueblo y las guardaba en la parte de arriba del horno y al ir a recogerlas se quemó y el fuego prendió una parte del horno y por eso la humareda.- ¡Vaya miedo que pasamos aquella noche!. Y es que resulta que el hornero era primo "apartao" de mis padres y se fueron a rezar ellos por el difunto a la Virgen y las hermanas nos fuimos a dormir juntas en la misma cama, pues mis dos hermanos mayores también marcharon a velar al muerto porque, hasta el día siguiente cuando llegara el juez, no podían levantarle de donde estaba "quemao". Total, que las hermanas dormimos solas en la casa, "apretás" unas con otras.
- ¡Qué miedo pasamos!.Y mientras tanto mis hermanos allí en el horno, los dos "junticos", con el hornero "quemao"...
- ¡Oiga!, ¿y eso que cuentan de las abejas? -le pregunto.
- ¿Lo de las abejas?.¿Qué abejas...? ¡Ah, sí!. Pues resulta que la Juana era querida del hornero y un día que estaba en el campo vio una colmena que estaba caída y fue a "levantala" porque era del hornero... ¿Sabes?.
Pues por eso fue a "levantala", porque era del querido. Pero se conoce que al "levantala" salieron las abejas de la colmena y se le metieron dentro de las sayas y a resultas de que no llevaba bragas, porque en aquel tiempo no se llevaban, en el "analisi" que la hicieron resultó que la habían picado más de dos mil abejas...
- ¿Y no se murió? -le pregunto preocupado.
- Duró dos años, pero hay que ver lo que sufrió la "pobrecica", que de vez en cuando se le hinchaban las partes y las piernas, que le relucía la piel como si fuera un espejo. En aquellos tiempos a saber qué remedio le darían, pero el caso es que de vez en cuando se ponía muy mala y al final se murió.
- Vaya, vaya... ¡Qué mala suerte el hornero! -le digo por decir algo.- ¡Coño, la mala suerte "pa" la Juana, que era la que tenía el problema!. Se murió poco tiempo después que a él le pasara lo de quemarse vivo.
Y la tía Paca queda reflexionando, con la mirada perdida...
- Sufrieron mucho los hijos y la Antonia, la mujer del hornero, que el Manolo los tenía "abandonaos" a "tos" por la querida. La mujer murió antes de que a la querida le picaran las abejas y de que él se quemara... Claro que los hijos de la Juana también sufrieron, los pobres...
- El hijo de la querida les decía a "tos"... ¡A mí no me sabe mal que el tío Manolo venga a nuestra casa, lo que me sabe mal es que se acueste con mi madre!.
- ¡Ay Señor, cuanto cuesta morirse...! -concluye la tía Paca suspirando.
RAFAEL FABREGAT
24 de marzo de 2015
1701- EL BISCUTER.
Acabada la II Guerra Mundial y con una España quebrada, por la incipiente Guerra Civil y la dictadura de Franco, rechazada por los países comunistas y también por los gobiernos occidentales europeos, se hizo famoso el microcoche de origen francés "Bi-scooter", diseñado por Gabriel Voisin en 1940. El motor era un Hispano Villers de un cilindro, 197 cc y dos tiempos que desarrollaba 9 CV. Depósito de gasolina de 12,5 l. en el mismo habitáculo del motor (!) Arrancaba con un tirador y tenía transmisión solamente sobre la rueda delantera derecha. En Francia no atrajo la atención de los fabricantes ni del público pero, sin embargo, si lo hizo la empobrecida España y mesié Voisin consiguió vender la licencia a la empresa española Autonacional S.A. de Barcelona. Pronto se hizo popular el chascarrillo "eres más feo que un Biscuter". Cosas de los españoles...
Completamente aislados del mundo industrializado por la dictadura franquista, el Biscúter-100 se hizo popular y se adaptó fácilmente a un mercado en el que no había dinero y ni siquiera permisos de conducir coches. Costaba 27000 ptas. (163€) lo cual no me parece nada barato. Los había cerrados, descapotables y hasta furgonetas. Cuando salió a la calle el primer vehículo, ni siquiera tenía marca formal y fue llamado "Serie 100". De todas formas el español medio, aunque no tenga dinero, es socarrón por antonomasia y pronto fue bautizado con el nombre de "zapatilla", por similitud del perfil de este vehículo con la prenda que cubre nuestros pies cuando vamos por el interior de nuestra casa.
Cosas de la guasa española y de la envidia con la que mirábamos a quienes tenían tan flamante vehículo... La citada "Zapatilla" no podía ser más minimalista: sin techo, sin puertas, sin ventanas y sin marcha atrás. Cuando había que realizar un cambio de sentido, que trascendía más allá de la vuelta que el volante permitía, el conductor se bajaba del coche y levantándolo en su parte trasera (el motor estaba delante) lo encaraba hacia la dirección requerida. ¿Práctico, no?. Pues no, para nada. Tampoco el freno era nada común, pues frenaba la transmisión y solo las ruedas delanteras.
¿Cuantas plazas tenía... ? Hombre, plazas, lo que se dice plazas tenía dos: piloto y copiloto, pero otra cosa muy diferente es cuantos podían viajar. Personalmente, quien escribe este post ha viajado de su pueblo a la capital provincial con otros tres pasajeros, pero en esta fotos vemos que cabían muchos más... Lo más avanzado de este coche, que después se eliminaría para conseguir un menor coste y mayor competitividad (!), era que la carrocería inicial estaba hecha con aluminio, lo que hacía innecesario pintarlo.
Pesaba 240 Kg. pero en su parte trasera, ni siquiera llegaba a los 50 Kg. medía 2,56 m. y con un solo pasajero alcanzaba una velocidad máxima de 76 Km/h. en llano. Todo un récord para un vehículo de tales características. Como bien decía su nombre, era una especie de moto, pero con cuatro ruedas. Más tarde la carrocería se fabricaría de acero, pero el consumo se disparó a los 4,5 litros/100 Km. De todas formas su uso era, naturalmente, para distancias cortas y especialmente festivas. Más no hubiera podido resistir...
La red de concesionarios españoles se extendió rápidamente por pueblos y ciudades, sembrando la geografía nacional de miles de Biscuters. Pero, ¡ay!. En menos de diez años no quedó ni uno solo en circulación. La culpa no fue del cha-cha-cha, sino del SEAT-600. Todo un coche (!), potente (?), atractivo (!), familiar (eso sí)... ¡Un portento, vaya!. Capaz de llevar a cuatro pasajeros por todo el territorio español, con poco consumo y sin averías. El precio 65000 Ptas. (390 €) excedía un poco la permisividad de aquellos bolsillos polvorientos pero, aún así, fueron muchas las familias que lo compraron y (en España) inventaron el turismo. Como he dicho antes, el SEAT-600 mató y enterró a lo más hondo las aspiraciones del Biscuter-100. ¡No podía ser de otra forma...!
RAFAEL FABREGAT
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