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29 de agosto de 2020

3014- EL REINO DE SALÉ.

Salé es una ciudad marroquí muy próxima a Rabat, tan próxima que se funde con ella, pero antiguamente fue Reino o República de los corsarios que navegaban por la zona intentando apropiarse de lo ajeno. Sus orígenes, más antiguos que la capital de Marruecos se remontan al año 1610 cuando los moriscos españoles fueron expulsados por Felipe III. Unos marcharon hacia Túnez o Argelia pero otros, los procedentes de Hornachos (Badajoz) y sus proximidades, que eran todos antiguos marroquíes, se dirigieron al sur y recalaron en Salé. Aprovechando que el país atravesaba en aquel momento una grave crisis política, provocada por el enfrentamiento entre los hijos del sultán Ahmad al-Mansur que había fallecido en 1602, los recién llegados se declararon independientes del sultanato de Marruecos. Uno de los contendientes reclutó a miles de aquellos moriscos para luchar contra su hermano de sangre, mientras otro recibía la ayuda del monarca español a cambio de la ciudad de Larache.

Finalmente fue el primero quien ganó la partida pero se olvidó de la suerte de los moriscos que le habían ayudado, ganándose las maldiciones de éstos. Mientras los moriscos no contendientes se instalaron en Tánger, Tetuán, Fez y otras ciudades marroquíes, donde ya vivían desde muchas décadas atrás comunidades andaluzas expulsadas por los Reyes Católicos, ellos habían quedado desamparados. Claro que éstos no eran bien aceptados pues vestían al estilo español y hablaban castellano pero, poco a poco, a medida que pasaron los años fueron mezclando sus apellidos españoles con los arábigos y la suerte fue cambiando. Aún así a los autóctonos su fe musulmana les parecía tan escasa que les llamaban "los cristianos de Castilla".
Aunque Rabat fue fundada por Yaqub al-Mansur tras la batalla de Alarcos en 1191 y dotada de fortaleza y murallas, nunca llegó a desarrollarse y en 1600 apenas contaba con unos cientos de viviendas y menos de 1.000 habitantes. Sin embargo la vecina Salé había recibido más de 10.000 moriscos españoles y varios centenares de judíos sefardíes que aumentaron rápidamente su núcleo poblacional aniquilando la supremacía de Rabat.

Hornachos (Badajoz)
Las diferencias culturales con los autóctonos provocaron el rechazo de aquellos por lo que los de Hornachos se instalaron al otro lado del río creando la Nueva Salé y que actualmente es la Medina de Rabat. Único puerto de Marruecos en el Atlántico, los Hornacheros impusieron su autoridad sobre Rabat-Salé, aunque pagando al sultán el 10% de las ganancias. Sin embargo en 1.626 mataron al caid 
declarándose independientes y llamando a este territorio "República de las dos orillas". Rápidamente se convirtió en un activo centro comercial que atrajo a moriscos de otros lugares, así como judíos y renegados europeos. En su momento de mayor esplendor Salé llegó a contar con una flota de más de 40 barcos de madera al estilo holandés y dedicados a la piratería, llegando hasta las costas de Islandia. Rabat-Salé era entonces inexpugnable, pero no por su fortaleza, sino por la escasa profundidad de sus aguas próximas. Solo los del lugar podían acceder sin encallar.

Grabado de la época. Salé a la izquierda del río y Rabat a la derecha.
El funcionamiento de la nueva República se estableció repartiendo el poder entre andaluces y hornachegos, repartiendo también por igual el importe de las presas y los derechos de aduanas. El capitán general de la fortaleza se elegía cada mes de Mayo por votación entre los miembros del diván. En 1931 los de Hornachos llegaron a proponer al rey de España la entrega del territorio a cambio de poder regresar a Hornachos, con todos los honores y recuperando sus propiedades y privilegios, pero la negociación no prosperó. En 1636 volvieron las luchas internas en la nueva República y en 1640 el territorio cayó en manos de los berberiscos del Valle de Muluya, en el Alto Atlas y en 1668 el sultán de Marruecos puso fin a la República de Salé. Se mantuvo sin embargo la actividad corsaria, pero con escasa virulencia. Todo aquel puñado de rebeldes sin causa fue dispersándose por otras ciudades marroquíes perdiendo poco a poco la conciencia de sus orígenes, hasta integrarse totalmente como marroquíes.

Torre Hassán y columnas de la grandiosa mezquita nunca terminada.
En el siglo XX Rabat fue nombrada capital de Marruecos dando comienzo su desarrollo imparable. Yaqub al-Mansur había proyectado en 1195 la construcción de una gran ciudad de cientos de hectáreas, toda ella amurallada y con cinco grandes puertas. En su interior una mezquita de 400 columnas que superase a la Giralda de Sevilla y a la Kutubia de Marrakech, pero las obras fueron detenidas a su muerte en 1199 y nunca se retomaron. De ella solo quedó la Torre Hassán que fue lo único terminado. Después de tantos años, todavía los descendientes de aquellos moriscos andalusíes presumen de sus apellidos claramente castellanos. En Marruecos es casi obligado tener al menos un hijo varón que perpetúe el apellido paterno. Así pues, apellidos como Carrasco, Blanco, Pérez, Rodríguez, Medina, Toledano y otros muchos, nos indican claramente lo acontecido cuatro siglos atrás, con la expulsión de sus antepasados de territorio español. 

RAFAEL FABREGAT

12 de julio de 2020

2995- HISTORIA/S DE CABANES.

Lamentablemente nada sabemos sobre lo que sería nuestra comarca y menos aún nuestro pueblo, en fecha anterior a la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica. Solo la presencia del Arco Romano nos dice que la comarca era lugar de tránsito importante. Se cree que había una ruta costera pero los comerciantes tenían por ruta más segura la interior, por ser la que las tropas romanas utilizaban a diario. Siendo ésta la Vía Augusta, los ejércitos romanos iban y venían custodiando unas tierras que, por derechos de conquista, ellos consideraban suyas. Incluso se dice que en el enclave del Cabanes actual había una villa romana, lugar de descanso y donde los viajeros de la Vía podían descansar y pertrecharse de todo lo necesario para continuar viaje. También nos cuenta la Historia que toda la zona costera del Mediterráneo peninsular era tierra ocupada inicialmente por los Iberos.

Aunque muy influenciados por los muchos pueblos que constantemente llegaban a estas tierras por vía marítima, últimamente se cree que el pueblo Ibero no había llegado de la zona asiática, como se pensaba, sino que era autóctono de aquí o llegado en edades muy tempranas. Se dice también que los restos que hay en la cima del monte Mortorum son Iberos, como también lo son los cimientos del Castillo de Miravet, donde ya había pobladores cuando los moros construyeron su castillo. Lo mismo en el de Sufera, e incluso en la cima del monte Gaidó existen también restos de antiguas civilizaciones, seguramente Iberos también, pero serían ocupantes más o menos nómadas puesto sus restos son escasos, hasta el punto de que nadie se ha molestado en averiguarlo. Yo lo sé porque, en su trabajo de pastor de ovejas, el abuelo paterno de mi mujer estuvo varias veces en la cima de esta montaña con los animales y nos contó en varias ocasiones que vio restos habitacionales en dicho lugar.

También oí decir a ese mismo señor que, según contaban los abuelos de sus abuelos, apenas unos siglos atrás la llanura de Les Foyes (Cabanes) era lugar de monte bajo, plagado de encinas, que cualquiera podía hacer suyo con el solo hecho de inscribírselo y trabajarlo. Resulta extraño que el mundo y la vida haya cambiado tanto en tan poco tiempo. Sabemos que los señores feudales eran los dueños de todo y poco o nada tenía el pueblo llano, por lo que la agricultura de secano se limitaba a algunos bancales de algarrobos e higueras para sustento de animales y personas y solo las huertas con algún pequeño manantial tenían interés. La Historia de Cabanes y de toda nuestra comarca empieza realmente con la llegada de los moros, con la construcción de sus castillos y las diferentes aldeas que se instalan en los puntos estratégicos del territorio que hoy conforma nuestro término municipal. De hecho se tiene constancia de que el pueblo de Cabanes fue primeramente una aldea mora de cabañas situadas entre antiguas ruinas, que siempre se consideró enclave de una villa romana llamada Ildum y que consta en los escritos del Itinerario de Antonino del siglo III d.C..

El Pla de l'Arc fue siempre tierra de transición entre las zonas montañosas del interior y la zona costera que, en nuestro caso, llamamos La Ribera de Cabanes. Los orígenes más recientes son naturalmente romanos, como lo confirma el propio Arco y los restos de la Vía Hercúlea-Augusta ó Senda dels Romans, que pasa junto a él.  También la multitud de objetos encontrados, incluso un miliario y monedas, en éste y en otros lugares del término municipal, pero son los musulmanes quienes dan comienzo a nuestra Historia al construir en este territorio el famoso Castillo de Miravet, hoy en completa ruina. Dicho castillo fue conquistado en 1091 por Pedro I de Aragón y sus lugartenientes Rodrigo Diaz de Vivar (el Cid Campeador) y Bocalla de Luna, primer señor de Luna y antecesor de Benedicto XIII, el Papa Luna. Durante más de una década las tierras de Cabanes y otros pueblos próximos fueron aragonesas, pero los moros recuperaron el Castillo de Miravet y todos los lugares que les pertenecían, Cabanes entre ellos, volviendo a ser aldea mora perteneciente a Miravet.

No sería hasta el año 1225 cuando, conquistado definitivamente el castillo por Jaime I de Aragón, éste sería otorgado al obispo Poncio de Torrellas en agradecimiento a su apoyo y conquista. Claro que la repoblación cristiana del Castillo de Miravet y su territorio no se llevaría a cabo hasta 1243, cuando Poncio Torrellas, barón del territorio, dio la Carta de Población a Juan de Riarama, Pedro Ferrer, Alegre, Aguiló de Cabacés, Arnaldo Catalán y Bartolomé de Alcorisa para que, junto a ochenta pobladores más, se hicieran cargo de estas tierras con el Fuero de las Costumbres de Lérida. Tras esta donación y la anexión de los territorios de Miravet y Albalat en 1575, las tierras y poblados de Cabanes siguieron bajo la tutela de los barones y obispos de Tortosa, hasta la extinción de los señoríos territoriales del siglo XIX, momento en el que, con la Desamortización de Mendizabal, las posesiones rústicas y urbanas de la Iglesia fueron vendidas (en teoría) al mejor postor aunque, en realidad, se las quedaron los (ricos) que gobernaban en aquel momento. 

En primer lugar porque eran los únicos que tenían dinero para comprarlas y en segundo lugar porque no informaron al resto de la población de la subasta de las mismas. De haberlo hecho algunas otras familias con posibles, pero que no gobernaban, hubieran podido optar a la compra, lo cual no interesaba a los gobernantes. Las mejores casas y terrenos fueron adquiridos sin competencia y por lo tanto a precios muy interesantes. El resto quedó para los ricos de segunda fila, amigos y parientes. La tierra sin interés quedó para la gente pobre con la única obligación de que la trabajaran correctamente. Solo las montañas quedaron sin subastar y de propiedad municipal, pero finalmente también fueron inscritas por las familias más pudientes de la localidad, con el único propósito de servir de pastos para los rebaños de cabras y ovejas. Muchos de los que peinamos canas todavía recordamos a los rebaños que bajaban de la provincia de Teruel para invernar en esas fincas de montaña, a cambio de algunos quesos y especialmente del estiércol que los animales producían. Agotados por el largo y duro viaje, su primera parada era en la Plaza del Árbol, donde pastores y animales pasaban su primera noche, tras un rápido ordeño para sacar unos dineros (a 1 peseta el litro) para comprarse la cena y echar unos vasos de vino al cuerpo. Tras mucho insistir a mis padres, con 6-8 años yo también iba, con un pequeño perol de barro, a por la única leche que probaba durante todo el año...

RAFAEL FABREGAT

16 de marzo de 2020

2952- CASTELLÓN. Turismo y gastronomía provincial.

Por mucho que se enfaden algunos, en esta entrada al Blog no voy a hablar de la ciudad de Castellón/Castelló, pues sobran días y motivos para ello. Hoy toca señalar algunos rasgos diferenciales que podemos encontrar en cualquier excursión que hagamos por el interior provincial y/o anécdotas que me hayan ocurrido en alguno de ellos. Tampoco voy a extenderme mucho, sino simplemente algunas pinceladas sobre algunos detalles que para mi marcaron la diferencia con respecto a los demás. También los señalaré alfabéticamente y no por su importancia. Para no extenderme demasiado me limitaré a 10 localidades y ni una más, señalando alguna de sus peculiaridades. Que me perdonen todos aquellos pueblos que, siendo incluso más importantes, no estén incluidos en esta relación. 
Gracias por su comprensión.

ALQUERÍAS DEL NIÑO PERDIDO. (3.866 hab.)
En la década de 1950 este núcleo urbano pertenecía a la ciudad de Burriana. Allí me criaron durante algunos años mis tíos, una hermana de mi madre (Angeles) y su marido (Federico), al fallecer mi madre y teniendo yo apenas dos años cumplidos. El marido era cobrador de las tasas del Mercado Central de Burriana mientras yo quedaba al cuidado de mi tía. Me encantaba el agua y cuando ésta no pasaba por la acequia que regaba los huertos de naranjos, siempre bajaba un hilillo en el que yo me distraía cazando angulas, esas que actualmente valen una millonada y que entonces no miraba nadie. Allí estuve, jugando por aquellos huertos, hasta que mi padre se casó nuevamente y vinieron a buscarme. En su iglesia parroquial se hacía de vez en cuando una procesión y no sé porque razón yo fui uno de los abanderados. Cosas de mis tíos, sin duda.

BENAFIGOS. (190 hab.)
No lo conozco en demasía, aunque he ido varias veces a buscar robellones en su término municipal. La anécdota de este pueblo fue con su alguacil o empleado municipal que vigila que todo en el pueblo se mantenga en orden, incluido el dar cuerda al reloj de la iglesia parroquial. Este señor, Juan se llama, hizo conmigo el Servicio Militar en el cuartel Tetuan 14 de Castellón y en cierto momento me dijo que él nunca había visto el mar.
-Nunca más volverás a decirlo -le respondí y por la tarde lo subí a mi SEAT-600 y lo llevé al Grao de Castellón. Le pareció grande -me dijo- y después de estar un buen rato por el puerto viendo los barcos, regresamos no sin antes "obligarme" a repostar gasolina pues, aunque yo me negaba, quiso colaborar en los gastos del viaje. 50 pesetas pusimos. (30 céntimos de euro, que entonces era lo que valían unos 4 litros).

BENICASIM. (18.192 hab.)
Antiguamente pertenecía al Castillo de Montornés, siendo continuo objeto de ventas y cesiones a diferentes baronías a partir de su conquista por parte de Jaime I de Aragón y hasya 1603, fecha en la que doña Violante de Casalduch le otorgó la Carta Puebla a fin de repoblarla y poder escapar de los contínuos saqueos piratas. De todas formas su impulso definitivo no llegaría hasta 1769 cuando se funda su primera iglesia y las gentes empiezan a construir en las proximidades de la misma. Su economía está basada fundamentalmente en el turismo de sol y playa. Durante buena parte del año y por su buen clima y proximidad a Castellón se convierte en ciudad-dormitorio. Tiene 7 km. de playas e importantes infraestructuras hoteleras. En su término municipal se encuentra el llamado "Desert de les Palmes" y el monasterio de los padres Carmelitas Descalzos que se encuentra dentro de la propiedad.

CABANES. (2.734 hab.)
Estaba claro, no había remedio. Es mi pueblo y tenía que estar aquí. Aunque no tenga demasiadas cosas destacadas que ver, las pocas que hay son importantes e históricas. Se ha dicho durante cientos de años que bajo sus cimientos está la villa romana de "Ildum". Las gentes del Cabanes actual son la fusión habitacional de tres castillos moros, conquistados primeramente por el Cid Campeador (1091) y posteriormente por Jaime I de Aragón (1224). Las gentes de Zufera, Miravet y Albalat se integraron a Cabanes el día 5 de Julio de 1575. Como prueba de todas estas historias queda en pie y en perfecto estado, aunque a falta del entablamiento y las enjutas, el Arco Romano de Cabanes, a dos kilómetros de la villa. También las ruinas de los tres mencionados castillos moros. Importante también es el palacio municipal y la Iglesia de San Juan Bautista, una de las más grandes de la comarca, así como el ermitorio de Les Santes.

CHERT. (912 hab.)
Lo más destacado de esta población es la Iglesia Vella de l'Assumpsió y el Palacio de los Condes de Pestagua. Un dato curioso de este municipio es que desde muchas décadas atrás ha cobijado a la última destilería artesanal de la provincia de Castellón. Allí se ha elaborado y se elabora uno de los brandys (Gran Maestre) más caros del mundo, aunque también se comercializan otras muchas marcas más asequibles. El conocido popularmente como "coñac Segarra" se comercializa allí mismo por el último de sus descendientes, el popular Julián Segarra Esbrí, que atiende diligentemente a todos cuantos quieran visitar sus instalaciones. Otra anécdota curiosa es la gran afición de estas gentes por el fútbol y la gran pasión y vehemencia en discutir las jugadas, motivo por el cual no es conveniente acompañar al equipo visitante, no sea cosa que... (Es broma).

CUEVAS DE VINROMÁ. (1823 hab.)
Tras su conquista a los moros, Jaume I lo donó a Blasco de Alagón pasando después a la Orden de Calatrava. Abolida la Orden de los Templarios en 1294 el papa Clemente V lo cede a los Hospitalarios pero Jaime II, a fin de que esta Orden no adquiriera un poder excesivo, crea la Orden de Montesa y lo cede a ésta, que fue el ultimo señorío de estas tierras. Su desaparecido castillo se ubicaba en lo más alto del montículo donde ahora se encuentra la población. En su término municipal se encuentran numerosas masías que se resisten a ser abandonadas. Sus propietarios, todos con casa en el pueblo, siguen viviendo en ellas y hasta allí se les hizo llegar la luz, el agua y la línea telefónica hoy obsoleta. Todos ya con vehículo propio, difícil será que algún día se queden despobladas.

LUCENA DEL CID. (1331 hab.)
Interesante pueblo de la provincia subiendo desde Castellón a la provincia de Teruel por Alcora, una de las ciudades pioneras en la fabricación de la cerámica castellonense. Su añadido "del Cid" se produjo el año 1863, aunque antes tenía el "de Aranda" por ser éste el apellido de su señor feudal. La necesidad de esta coletilla se produjo al darse cuenta de que en España eran al menos media docena los pueblos que se llamaban igual. Se la conoce como "la Perla de la Montaña". Estampa de calles torcidas, estrechas y empinadas que miran desde lo alto el paso del río Lucena a sus pies. La población fija apenas llega a la mitad de lo que se indica, pues son muchos los que han ido cambiando su vivienda principal a la ciudad de Castellón, Alcora y otras limítrofes, aunque muchos no han querido cambiar el censo y perder la vecindad de su pueblo natal.

MORELLA. (2739 hab.)
Es uno de los municipios más emblemáticos de la provincia, por su larga historia, por su castillo y por estar a día de hoy totalmente amurallada. Está considerado como uno de los pueblos más bonitos de España y de una interesante gastronomía que gira alrededor de la trufa, de la que es importante productor. También es histórica la industria textil, basada en la fabricación artesanal de mantas y otros productos de lana. Sus monumentos principales son la iglesia Arcipestral de Santa María, el convento de San Francisco, diferentes iglesias y ermitas y por supuesto su Castillo, Puertas y Murallas Medievales de la ciudad, acueducto de Santa Sofía, Palacio del cardenal Ram y el Santuario de la Virgen de Vallivana, patrona de la villa. Actualmente vive principalmente del turismo, comercio y restauración.

PEÑÍSCOLA. (7413 hab.)
Localidad peninsular rodeada por el Mediterráneo a excepción de un estrecho istmo de arena que facilitaba su defensa, pero que en muchas ocasiones se inundaba. La construcción del puerto y la calle que lo bordea hacen que este hecho curioso haya desaparecido. Esta localidad me permitió, durante 15 días, ser uno de los obispos del Papa Luna, gracias a los Festivales de España y que, en este lugar, puso en escena la vida y obra del Papa Benedicto XIII, con éxito clamoroso. De hecho la obra estaba prevista prevista para una semana de duración y hubo que alargarla hasta los 15 días. La historia nos cuenta que su inexpugnable castillo cuyas murallas rodean la ciudad fue construido primeramente por los moros. Jaime I de Aragón sitia durante dos meses Peñíscola en 1225 pero no es hasta 1233 cuando logra conquistarla. En 1251 le da carta poblacional, desposeyendo a los moros de todos sus bienes y entregándolos a los pobladores cristianos. Entre 1294 y 1307 Berenguer de Cardona, Maestre de la Orden del Temple levanta el castillo actual sobre los restos de la alcazaba árabe y el año 1411 lo cede al depuesto Papa de Aviñón, Benedicto XIII, conocido popularmente como el Papa Luna. Esta ciudad vive actualmente del comercio, el turismo y la restauración. Típicos de esas aguas son los caracoles de mar y las galeras.

SAN MATEO. (1963 hab.)
Capital histórica del Maestrazgo, está situada a 65 Km. de Castellón y en la carretera que sube de la capital provincial hacia Morella. Es rico en fuentes de agua cristalina y su cultivo característico es el aceite que producen sus olivos milenarios. Son especialmente famosos sus quesos de cabra y oveja. El año 250 a.C. Ptolomeo ya situaba la ciudad Intibili en este mismo enclave. Con motivo de diferentes obras, son varios los restos romanos encontrados en diferentes puntos de la localidad. A principios del siglo XIV fue centro de una comunidad cátara y junto a Morella residencia de su prefecto Guillaume Belibaste. Reinando Jaime II de Aragón, San Mateo es también residencia de los Maestres de Montesa, hasta 1400 cuando se anexiona la Orden de San Jorge de Alfama. En época medieval es capital y centro comercial de la comarca, de cuya época quedó grabada una frase que decía: "Mudos hubiesen quedado los telares de Florencia, si les hubiera faltado la lana de Sant Mateu". El Papa Benedicto XIII, en su exilio de Aviñón, llega a Sant Mateu en 1411 y se instala durante varios meses en el palacio del Maestre de Montesa fray Romeu de Corbera hasta que finalizan las obras de acondicionamiento del castillo de Peñíscola, nueva sede pontificia del Papa Luna en el exilio.

Ya bajando hacia la costa encontramos localidades tan emblemáticas como Vinaroz, (24.438 hab.) capital del Bajo Maestrazgo y primera ciudad de la provincia de Castellón, llegando desde Tarragona. Son muy populares sus carnavales (la reina de la izquierda es hija del cabanense "Pepe el Maquet") y exquisitos sus preciados langostinos. Claro que también están Benicarló, Alcoceber, Torrenostra, Oropesa del Mar, Burriana, etc. etc. todos con una amplia gastronomía que gira alrededor de la paella valenciana y del arroz con marisco de la zona.
Sirva esta breve reseña para mostrar alguno de los puntos de interés turístico provincial y con los que el autor se siente emocionalmente identificado. Perdone pues el lector que muchos otros puntos provinciales, también de gran interés, no se hayan visto reflejados en esta entrada, puesto que ya fueron relatados en entradas anteriores. Gracias por su comprensión.

RAFAEL FABREGAT

9 de septiembre de 2019

2855- CASTILLO DE GORMAZ.

Fortaleza califal de la provincia de Soria que domina un paisaje de kilómetros a la redonda. Su construcción data del siglo IX, aunque ya había allí un castillo anterior de origen incierto. En principio solo se construyó un pequeño castillo pero el califa Alhaken II ordenó a su general Gálib una gran ampliación en el año 956 que duró 11 años de trabajos.
El castillo comprende dos partes muy diferentes entre sí y separadas por un foso. Al Este se encuentra el alcázar, con su torre del homenaje, aljibe y aposentos califales, mientras que al Oeste hay una gran alberca para abrevar a los animales y una gran explanada donde acampaban las tropas. El castillo tiene una gran puerta de origen islámico a la que llaman comunmente "la Puerta Califal". Con un perímetro amurallado de 1200 metros, 446 metros de ancho y 28 torres, fue el castillo más grade de su época.


Dada su especial situación estratégica, no es de extrañar que fuera pieza clave musulmana contra los reinos cristianos del norte. Su excelente visibilidad permitía controlar el acceso al Duero y a todas las rutas que iban de norte a sur en los siglos IX y X. El año 975 el conde García Fernández y sus aliados Ramiro III de León y Sancho II de Pamplona unieron sus fuerzas y asediaron este castillo pero de improviso fueron atacados por la retaguardia por las tropas del general Gálib ibn Abd Al-Rahmán. Los cristianos sufrieron una humillante derrota, pero Gálib fue caballeroso y permitió a los supervivientes retirarse. Los cristianos vuelven a intentarlo con éxito el año 978 y lo mantienen en su poder hasta el año 983, fecha en que lo recupera Almanzor. El Castillo de Gormaz permanecería en poder musulmán hasta su conquista definitiva por los cristianos, lo que sucedería el año 1060 por las tropas de Fernando I de León. 


Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, sería Señor de Gormaz a partir del año 1087, momento en que se funda, a los pies del castillo, la población de San Esteban de Gormaz. Empujados los moros hacia el sur, con motivo de la imparable Reconquista cristiana, la importancia estratégica del Castillo de Gormaz fue decayendo, usándose posteriormente como prisión, hasta su definitivo abandono. El castillo es Monumento Nacional, pudiendo ser visitado de forma gratuita. En mitad de la ladera se encuentra la ermita románica de San Miguel, de nave única y ábside cuadrados, que se consideran construidos a finales del siglo XI o primeros del XII. La cubierta está sobre armadura de madera en la nave y bóveda de cañón en el ábside. La caída de parte del estucado interior ha permitido descubrir interesantes pinturas románicas murales fechadas entre 1125 y 1139. Entre Mayo de 2009 y Enero de 2010 fue sede de la Exposición de las Edades del Hombre.

RAFAEL FABREGAT

8 de junio de 2019

2789- TRAS EL MOZÁRABE.

Imagino que viendo esta foto será difícil que me digan ustedes de qué va la cosa. ¿Una piedra?. Caliente, caliente... Efectivamente es una piedra y una sola piedra para más señas, pero la gente de antes se arreglaba con lo que tenía y no les eran necesarios grandes capitales para lograr un objetivo. Durante miles de años la gente utilizaba las cuevas o las excavaba para guarecerse, para sobrevivir y también para orar a sus dioses. Lo que están viendo, amigos, es una iglesia mozárabe. Una iglesia rupestre, pero iglesia con todas las de la ley. Las hay muchísimo más antiguas y más rudimentarias. Ésta pequeña iglesia fue construida por cristianos de origen hispanovisigodo y en territorio dominado en ese momento (s.VIII) por los musulmanes que habían invadido el territorio español. 

No eran momentos para hacer ostentación con la sólida belleza de las construcciones románicas, que verían la luz tres siglos más tarde, ni tenían tampoco medios para ello. 
Se trata de la iglesia rupestre de Arroyuelos, término municipal de de Valderredible, Cantabria (España), una de las pocas iglesias rupestres (solo hay dos) con dos plantas. Es el monumento rupestre más grandioso de Cantabria y con vistas a la vega del río Ebro. 
No tiene su origen en una cueva natural, sino que fue excavada en la roca arenisca y como pueden comprobar tiene claros indicios de tendencia musulmana. Se trata de arcos de herradura con los que se amplían espacios que sin duda faltaban para cobijar a los creyentes que iban a pedirle a Dios salud y mejores condiciones de vida. 
Hay dos ampliaciones de la nave principal, rematadas en arcos de medio punto y que descargan sobre pilar cuadrado que marca la separación de los espacios. El arco triunfal aglutina un vano común para ambas plantas, rematado en arco de herradura.
Es una construcción rudimentaria, pero sin duda de mucho mérito para aquellas gentes que solo disponían de tiempo. Todo lo demás, incluso la comida, era casi prohibitivo puesto que el solo hecho de sobrevivir ya era algo suficiente por lo que dar gracias a Dios.

San Acisclo y Santa Victoria, que son las advocaciones a las que se dirige esta iglesia, hoy simplemente ermita, pueden estar orgullosos de esta singular construcción levantada en su honor y para mayor gloria de Dios. No tiene fecha constructiva ni se sabe lo que costaría vaciar todos estos espacios en la roca, pero tiene su mérito que pudiera lograrse en tiempos de tanta necesidad y calamidades de todo tipo. En el exterior y llegando hasta la misma entrada de la iglesia hay una necrópolis con múltiples sepulturas excavadas en la roca y que en algún momento fueron transformadas en bebederos para animales.
Aunque en aquellos tiempos los ejercicios espirituales solían llevarse a cabo de pie, casi todo el perímetro del cuerpo de la nave tiene un banco corrido, seguramente para gente mayor o enferma que necesitara sentarse. La roca que da al exterior tiene alrededor de un metro de espesor, lo cual sirve de sustentación a la planta superior que pudo servir de tribuna o coro. Para acceder a este espacio hay una escalerilla, también labrada en la roca, que permite situarnos en una planta cuadrangular redondeada cuya utilidad se desconoce. El otro habitáculo excavado en alto es de dimensiones inferiores y se estima que pudo utilizarse a modo de almacén. En el cuerpo de la nave hay numerosos mechinales que sugieren la existencia de un doble piso, quizás utilizado para instalar las celdas de una posible comunidad monástica. Un conjunto que sin duda merece nuestra visita.

RAFAEL FABREGAT

7 de junio de 2019

2788- ESPAÑOLES CON SANGRE MORA.

Contrariamente a lo que se ha pensado siempre, a pesar de que los musulmanes conquistaron prácticamente toda la Península Ibérica, habitándola durante casi 800 años, los españoles tienen muy poco legado genético de aquellas gentes. Ni siquiera la actual Andalucía (Al-Andalus), donde quedó una gigantesca herencia cultural, tiene aumento porcentual de su presencia. Andalucía fue el último reducto de los musulmanes, pero tampoco en esa región española quedó apenas herencia genética, lo que indica su escasa predisposición a la mezcla de razas. Tal como hacen actualmente los migrantes de Marruecos o de la cornisa africana, fieles a su religión, estas gentes se unen entre ellos y son muy pocos los que se casan con españolas, mezclando así sangre y religión.

Su herencia en nuestras tierras fueron miles de arabismos, castillos por doquier y monumentos tan emblemáticos como la Alhambra de Granada o la Mezquita de Córdoba. También su gusto por las aceitunas y el aceite de oliva, así como el escabeche al estilo del califato de Córdoba y otros muchos guisos. Son miles los monumentos y ruinas de todo tipo dejados en España por aquellas gentes, pero mínima su presencia genética. Así lo atestiguan investigadores de la Universidad de Granada tras un completo estudio llevado a cabo nos solo en España, sino también en otros países como Portugal o Italia que también ocuparon estos pueblos norteafricanos durante largo tiempo. Lo que resulta más curioso aún es que la presencia genética de aquellas gentes está dispersada en igual proporción, o con diferencias mínimas, en Andalucía o en regiones del norte como Cataluña o Cantabria.

Los investigadores tomaron muestras del cromosoma Y en varones de las diferentes zonas, resultando que los varones andaluces tienen una escasísima proporción del ADN del norte de África y en similar proporción al que tiene un catalán o un madrileño. Solamente la población vasca, quizás más aislada, tiene un porcentaje de herencia árabe ligeramente inferior. Aunque el legado patrimonial es muy superior en Andalucía que en otras partes de España, está comprobado que los gallegos tienen más genes árabes que los andaluces. Lo dice un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Oxford y de Santiago de Compostela, que analizaron muestras de 1.413 varones procedentes del Banco de ADN de la Universidad Carlos III de Salamanca. Se considera que esta diseminación genética fue motivada por movimientos de migración histórica en franjas verticales y no en horizontales, provocadas sin dura por la propia Reconquista.

Por este motivo y a modo de ejemplo los gaditanos tienen más similitud genética con los  leoneses que con los que viven en la provincia de Almería. De esta manera y tal como se muestra en la foto adjunta, el clúster de genes islámicos, como herencia de los casi ocho siglos de presencia musulmana en España, se distribuyen en seis grandes agrupaciones que son: 
- La gallega,
- La occidental, 
- La central,
- La valenciano-aragonesa, 
- La catalano-balear y
- La vasco-navarra.
Los análisis también revelaron aportaciones vascas a las zonas colindantes, e incluso a otras regiones españolas, lo que demuestra que su aislamiento nunca fue tan categórico como se suele pensar. Otra curiosa conclusión es que la herencia genética musulmana no guarda relación con la proximidad geográfica al Magreb, ya que el porcentaje más alto de genes islámicos (11%) se da en Galicia.

RAFAEL FABREGAT

24 de mayo de 2019

2777- MONASTERIO DE ESCORNALBOU.

En realidad se llama Monasterio de San Miguel. Lo de Escornalbou, es por ser el nombre de la montaña que lo cobija. Lo que ya no todos conocen es que, gracias a su privilegiada situación, fue también castillo musulmán. La montaña de Escornalbou está situada cerca de la localidad de Riudecanyes, en la comarca catalana del Baix Camp, provincia de Tarragona. Situado en los límites de las tierras cristianas y moras, en el siglo XII esta montaña se utilizó como refugio de los muchos sarracenos que huían de la Reconquista. En 1153 Albert de Castellvell dio por finalizada la reconquista de la comarca del Priorato pero lo cierto es que aquellos moriscos que escaparon de la contienda siguieron allí. 

No sería hasta nueve años después (1162) cuando se organizó una batida para expulsarles del monte de Escornalbou. Tres años más tarde el rey Alfonso II de Aragón cedería aquellas tierras al canónigo de Tarragona Joan de Sant Boi, con la única condición de que construyeran en la cima una capilla dedicada a San Miguel y un monasterio para que los frailes se encargaran de sus cuidados. Conocido que la zona era propensa a albergar moros fugitivos, recomendó que la obra fuera rodeada por muros que sirvieran de defensa. También el cenobio debería cumplir una posible función militar. Joan de Sant Boi reunió una comunidad de seis monjes y se pusieron manos a la obra. Demasiado cargados de trabajo y obligaciones, en 1198 el prior pactó con el arzobispo de Tarragona, Ramón de Castelltersol, que las obras del monasterio quedasen bajo su tutela reservándose los de Escornalbou la elección de su prior.

Ya liberados de tantas obligaciones, los monjes de San Miguel crearon una cofradía que sirvió para recaudar fondos para terminar el templo y la casa monástica. 
En principio ello elevó la religiosidad de la zona, pero no llegó nunca a ser muy importante y con el paso de los años empezó a decaer. 
En 1574 tan solo quedaba un canónigo, motivo por el cual el cenobio fue secularizado y cedido a los franciscanos, con la única obligación de dar cuidados y manutención al canónigo superviviente hasta su muerte. 

Los franciscanos convirtieron el monasterio en un seminario que estuvo en funcionamiento hasta 1835 cuando fueron exclaustrados debido a la Desamortización de Mendizabal. Todo quedó abandonado hasta que, en 1920, el diplomático Eduardo Toda adquirió la propiedad y la convirtió en una mansión señorial.
Tras la oportuna restauración, Toda trasladó muebles, libros y antigüedades para convertir el monasterio en su residencia habitual pero, por razones que desconocemos, finalmente se trasladó al Monasterio de Poblet. 

En el interior del conjunto quedaron interesantes colecciones de cerámica, grabados y objetos de todo tipo, así como una interesante biblioteca. A día de hoy lo más interesante es la iglesia románica, los restos de la sala capitular y el claustro, así como la vivienda del Sr. Tola perfectamente conservada y que en este momento es visitable por cuantos curiosos lo solicitan. Desde el punto donde se establecieron en su día los sarracenos, con restos de una primitiva fortaleza romana, se disfruta de una maravillosa vista de las comarcas tarraconenses. Era tradición que los habitantes de la próxima localidad de Riudecañas subieran al antiguo castillo y monasterio el día de San Jorge pero también eso quedó postergado. Nada, nada es para siempre...

RAFAEL FABREGAT

10 de mayo de 2019

2766- FORTALEZAS DE JAEN.

Jaén es la provincia española, andaluza para más señas, poseedora del olivar más extenso del planeta. Nada menos que 550.000 hectáreas y 66 millones de olivos. Un monocultivo que se extiende por cientos de pueblos, regando con su sano y exquisito aceite las cocinas de España y del mundo entero. Trenes enteros se llevan los chinos, ahora que disponen del vil metal. Claro que esto, con ser una cosa buena para la economía española, será pasajero. Los chinos son los reyes del plagio y, en caso de que su clima sea propicio, en breve plantarán sin duda provincias enteras de este árbol productor del aceite de oliva.
¿Se dan cuenta de cómo, al igual que todos los viejos, me voy por las ramas?. Esta entrada al Blog era para hablar de un tesoro de Jaén, pero no del aceite.

En Jaén no todo son olivares. Por su proximidad a las sedes del califato andalúz de Córdoba y Granada, Jaén tiene historia para dar y tomar y prueba de ello son los grandes castillos que alberga y que todavía miran al cielo después de ocho o diez siglos de su levantamiento y casi medio milenio de la total expulsión morisca. Es por ello que nos limitaremos a enumerar los tres mejor conservados. La propia capital provincial tiene a las afueras de la ciudad el Castillo de Santa Catalina, nombre que le fue dado por la construcción de una capilla con esta advocación, tras su reconquista por Fernando III el Santo, en 1246 y en lucha contra el rey moro Muhammad Al-Ahmar, señor de Arjona, Jaén y Porcuna. El moro entregó la ciudad y la propiedad del Castillo, declarando vasallaje a Fernando III y pactando una suma de 150.000 maravedíes anuales, así como la prestación de ayuda militar a cambio de una tregua de 20 años. Actualmente es Parador Nacional.

Mucho más antiguo es el Castillo de Burgalimar, situado en la localidad de Baños de la Encina. Es una fortaleza omeya, construida en el siglo X sobre un altozano que domina el pueblo y gran parte del término municipal. Está rodeado por una robusta muralla de catorce torres a la que hay que sumar la del Homenaje, esta última de factura cristiana. Está muy bien conservada y es por tanto la fortaleza musulmana mejor preservada del Califato de Córdoba, declarada Monumento Nacional en 1931. Siendo entrada al valle del Guadalquivir y por tanto de Andalucía, fue mandada construir por el Califa Al-Naken II, hijo de Abderraman III. Empezaron los trabajos el año 968. Tras la separación del califato de Córdoba en múltiples taifas, este castillo fue objeto de luchas moras y cristianas, siendo conquistado y recuperado en varias ocasiones. La conquista definitiva la llevó a cabo Fernando III en 1225.

Más antiguo todavía es el Castillo de la Mota, en Alcalá la Real. Se erige solamente como atalaya apenas llegados los musulmanes a la península, justamente en el año 713 y por orden de Badis Aben Habuz, capitán del ejército bereber de Táriq ibn Ziyak ,y posteriormente sultán de Granada. En 889 fue lugar donde se orquestaron las rebeliones muladíes contra el Califato de Córdoba, así como las luchas entre almorávides y reyes de Taifas. 
En esa época se construyeron murallas para la protección de la ciudad y se levantó una mezquita que en 1341, tras la conquista cristiana, Alfonso XI de Castilla ordenaría su demolición y construcción de la Iglesia Mayor Abacial de Santa María que ha llegado a nuestros días, no sin antes haber sido cuartel de las tropas napoleónicas en 1810. En su retirada los franceses prendieron fuego a todo su contenido, provocando el derrumbe de la bóveda, momento en el que la Abadía se trasladó al llano, utilizándose la iglesia como cementerio municipal. Su paulatino abandono se acentuó durante la Guerra Civil Española con el impacto de varios obuses de artillería. Al finalizar la contienda se inició su restauración, no finalizada hasta finales del siglo XX para convertirla en un museo que bien merece nuestra vista. 

Ya en la iglesia, los tres grandes arcos que forman la cabecera están parcialmente tapados por una gran pantalla en la que se nos ofrece un espectáculo audiovisual que nos sirve para deleitarnos con imágenes y datos históricos de todo lo que ha sido esta estructura a lo largo de sus años de existencia. Claro que antes es extremadamente interesante la visita al entramado de calles que formaron la ciudad medieval y su grandioso pasado histórico. Sus torreones, su Centro de Interpretación y los numerosos objetos arqueológicos que alberga, puesto que antes de cristiana y mora, fue mucho más atrás visigoda, romana e ibera. Todo ello y también el audiovisual, contribuyen a que marchemos de esta fortaleza satisfechos y con las ideas claras de lo que ha representado a lo largo de la Historia.

RAFAEL FABREGAT

29 de junio de 2018

2625- EL REINO DE ASTURIAS.

La llegada de Godos y Visigodos a la Península Ibérica supuso la retirada paulatina del Imperio Romano. Con los Visigodos llegó la confirmación de España como nación y estado, con una monarquía no hereditaria, con centro en la ciudad de Toledo. En el año 710, murió Vitiza, uno de sus últimos gobernantes, dividiéndose el reino entre los partidarios de su hijo Akhila y los de Roderico, duque de Bética, que apoyado por la nobleza había ocupado el trono de Toledo. Akhila pidió ayuda al musulmán Munuza llevándose a cabo el desembarco por Gibraltar. Informado Roderico, que estaba en Pamplona, reunió un poderoso ejército y se encaminó hacia el sur, enfrentándose a los moros en Guadalete. Con la traición de los partidarios de Akhila, Roderico fue derrotado y muerto en la batalla. Posiblemente sin las intrigas entre ambos gobernantes visigodos la invasión musulmana jamás se hubiera producido, pues fue el propio Akhila quien la dirigió como venganza ante el usurpador Roderico. 

Los moros fueron empujando a los visigodos, entonces ya cristianos, hasta llegar a Carcasona y Nimes, ya en territorio francés. Sin embargo un grupo de aquellos nobles, seguidores de Roderico y capitaneados por un tal Pelayo se dirigieron a tierras astures y allí fue proclamado Don Pelayo príncipe de los astures, tras la derrota infringida a los musulmanes en la Batalla de Covadonga. Así nació el primero de los nuevos reinos cristianos de la Península Ibérica, aunque no hay sin embargo pruebas escritas sobre tales acontecimientos que ocurrieron entre los años 718 y 722.

A la muerte de Don Pelayo el año 739 le sucedió su hijo Favila de Asturias pero éste moriría dos años y medio después despedazado por un oso. Le sucedió su cuñado Alfonso I de Asturias, casado con su hermana Ermesinda y yerno por tanto de Don Pelayo. Con Alfonso I empezaría en verdad la seria Reconquista del cristianismo en España. Las sublevaciones de los bereberes en el 741 y las continuas derrotas infringidas por las tropas de Alfonso I y su hijo Fruela, unidas al escaso interés por las tierras del norte peninsular, provocaron la huida de los musulmanes hacia el sur y la expansión del reino astur hasta las orillas del Duero. 

Para imposibilitar la recuperación musulmana de este territorio, todas las tierras entre el Duero y la cordillera Catábrica quedaron prácticamente despobladas. Alfonso I falleció de muerte natural el año 757 sucediéndole su hijo Fruela I. El rey Alfonso I recibió sepultura en el monasterio de Covadonga, donde más tarde sería enterrada su esposa Ermesinda. 
Siguieron años convulsos para la monarquía asturiana, en los que Fruela asesinaría a su hermano Vimarano por entender que encabezaba una conspiración para destronarlo. Este hecho hizo que se ganara la enemistad de la nobleza y que más tarde fuera asesinado él mismo. 
Su hijo Alfonso, de tan solo 3 años, quedó a cargo de su tía Adosinda, hija de Alfonso I y esposa de Silo de Asturias. La nobleza situó en el trono a su primo hermano Aurelio y al morir éste, soltero y sin hijos, le sucedió Silo de Asturias. Al morir Silo el 783, también sin descendencia, su tía Adosinda y miembros de la Corte dieron el trono a Alfonso II que ya entonces contaba 23 años. Sin embargo hubo una fuerte oposición por parte de su tío Mauregato, hijo natural de Alfonso I con una esclava musulmana. Pactando la ayuda de Abderramán I consiguió arrebatarle el trono a su sobrino. 

Según la leyenda, el pacto con el emir cordobés era la entrega anual de 100 vírgenes cristianas, pero el año 788 los condes Arias y Oveco se rebelaron contra Mauregato por su pacto con el musulmán y lo mataron, aunque el trono no volvió a Alfonso II, sino al clérigo Bermudo, hermano de Aurelio y sobrino de Alfonso I. Se casó entonces Bermudo con la reina Ocenda y fueron padres del emblemático Ramiro I de Asturias, personaje más remoto que entronca con el actual rey de España Felipe VI y que hace de esta dinastía la segunda más antigua del mundo, detrás de la japonesa. Tras su abdicación en el 791 Bermudo volvió a su estado clerical.
Recuperó entonces el trono Alfonso II. Durante su largo reinado, que abarcó un periodo de 51 años, se descubrió en Compostela la supuesta tumba del apóstol Santiago. Apodado el Casto, se dice que Alfonso II jamás mantuvo relación marital con su esposa Berta, emparentada al parecer con la nobleza francesa, por lo que a su muerte el año 842 subió al trono Ramiro I, hijo del diácono Bermudo y su esposa Ocenda. Pasaron muchas otras cosas y hubo otros pretendientes al trono astur-leonés, pero básicamente es ésta la historia del Reino de Asturias.

El año 844 llegaron a sus costas los Vikingos que buscaban grandes ríos por los que penetrar en las ciudades del interior peninsular pero, no encontrándolos en tierras astures, tras atacar Gijón y La Coruña, se dirigieron a Lisboa y posteriormente a Cádiz donde Abderramán II mantuvo grandes luchas para poder recuperar esta ciudad y la de Sevilla. Mientras los vikingos se internaban en el Mediterráneo, a Ramiro I le sucedió su hijo Orduño I y a éste Alfonso III, último rey de Asturias y primero de León. (866-910)

Alfonso III y la reina Jimena.
De Alfonso III y su esposa Jimena nacerían los tres primeros reyes leoneses: García I, Ordoño II y Fruela II. 
El año 909 los hijos de Alfonso III se rebelaron contra su padre y aunque el infante García, principal instigador, fue apresado y encerrado en el castillo de Gauzón, poco después el rey fue obligado por la nobleza a abdicar y a repartir el reino entre sus hijos. 
Alfonso III moría en la ciudad de Zamora el 20 de Diciembre del año 910 siendo enterrado en la catedral de Astorga, aunque actualmente sus restos se encuentran en el Museo Arqueológico de Madrid. El año 986 ya su hijo, el rey Bermudo II de León, había mandado trasladar sus restos a la Catedral de Oviedo temiendo que las tropas musulmanas de Almanzor los profanase.
Alfonso III creo la Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias y ordenó la redacción de las crónicas Albeldense, Profética y la suya propia (Crónica de Alfonso III) que presentan al Reino de Asturias como heredero del Reino Visigodo.

RAFAEL FABREGAT