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9 de diciembre de 2019

2919- LA NOCHE DE BODAS DE CARLOS III.

Isabel de Farnesio.
Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V, quería saberlo todo y de primera mano, pero no vamos a internarnos en el relato sin antes decir que su esposo tuvo otros dos hijos varones con su primera mujer María Luisa Gabriela de Saboya. Se llamaban Luis y Fernando. En realidad fueron cuatro pero dos murieron en la infancia. 
Con apenas 25 años María Luisa, la primera esposa de Felipe V, 
murió de tuberculosis y ocho meses después el rey contraía segundas nupcias con Isabel de Farnesio. 
Tras varios episodios depresivos Felipe V abdicó en 1924 en favor de su primer hijo Luis I pero éste murió unos meses después y, aunque correspondía que fuera entonces su hermano Fernando VI quien reinara, Isabel de Farnesio presionó a Felipe V para que recuperara el trono, siendo más ella que él quien gobernaría España, hasta que finalmente el 9 de Julio de 1746 Felipe V abandonaría este mundo. Mucho antes, en 1931, el rey ya le había otorgado a Carlos III, su primogénito con Isabel de Farnesio, los territorios de Nápoles y Sicilia, guardando el trono de España para los hijos habidos con María Luísa. 

María Amalia de Saboya.
Unos años después de la cesión de los territorios italianos, Carlos III contraía matrimonio con María Amalia de Sajonia de 13 años. Se habían casado el 9 de Mayo de 1738 por poderes, como era habitual en aquellos tiempos. Una época en la que la salud de Felipe V estaba ya muy deteriorada pero aún suficiente para que tanto el rey como Isabel de Farnesio intentaran controlar a la joven pareja, a la que habían otorgado los territorios de Italia, mientras ellos permanecían en España. Muy inquisidora, la reina madre quiso saber en todo momento como fructificaba la relación marital de su hijo y a tal efecto pidió que la informara de todos los pormenores. Por experiencia propia sabía que la esposa de su hijo podía influir en los diferentes asuntos de estado, efectos inevitables de compartir cama, y ella quería estar al tanto de cuanto sucediera.

Carlos III de España.
No muy bien parecido, de nariz prominente y físicamente enclenque, Carlos III suplía su escasa gracia natural con un carácter sencillo y cariñoso, de moral muy estricta y apegado en cierta manera a las faldas de su madre y protectora, pero también a las de su esposa de la que estaba muy enamorado.
Que Carlos III se mostrara dispuesto a satisfacer la curiosidad de su madre, solo se explica por su juventud o por la mentalidad de la época. 
La pareja tardó casi un mes en conocerse en persona pero ya en ese primer encuentro, cerca de Milán donde el joven rey fue a esperarla, la noche de boda se desarrolló al completo, pues Carlos III quedó prendado de ella desde el primer instante. 
Para el monarca su esposa era mucho más hermosa de lo que aparentaba en el retrato que le habían enviado y su carácter le pareció el de un verdadero ángel. También ella escribió a sus padres para decirles que había encontrado en su esposo tanto amor que la obligaba a complacerle para siempre.
Así estaban las cosas cuando, desde España, Isabel de Farnesió y el delicado Felipe V le pidieron a su hijo que les contara si su matrimonio había sido ya consumado y si la esposa había sido de su agrado. 

Carlos III, María Amalia de Saboya y sus hijos.
Carlos III no dudó en contestar rápidamente para satisfacer el interés de sus padres, haciendo una minuciosa narración de su primera experiencia sexual... "No me desagrada esta demanda de unos padres que me hablan a las claras. Ellos saben bien que, algunas veces, las jovencitas no son tan fáciles y, con estos calores, yo tendría que ahorrar fuerzas..."
"Obedeciendo a VVMM les informo que me contengo y solo realizamos el acto un par de veces entre el día y la noche, para no acabar derrengado... El primer día que me reuní con mi esposa en Portella me subí con ella a la silla de postas y hablamos amorosamente hasta Gaeta donde paramos para pasar la noche. Aunque teníamos muchas ganas, entre unas cosas y otras no pudimos hacer nada hasta después de la cena. A las nueve nos acostamos temblando los dos pero nos pusimos a besarnos. Yo estuve listo enseguida y empecé y en menos de un cuarto de hora la rompí pero en esta ocasión no derramamos ninguno de los dos. Más tarde, hacia las tres de la mañana, volví a empezar y entonces si que derramamos los dos y al mismo tiempo. Así hemos seguido hasta hoy, dos veces al día y siempre derramando los dos a la vez como VVMM me aconsejaron que hiciera, esperando el uno al otro".

Felipe V.
Repondiendo a esta explícita carta los padres de Carlos III se congratulan de lo que el hijo les cuenta y se interesan por saber si su adolescente esposa ya tiene el periodo y si, por lo tanto, puden hacerles abuelos en breve, a lo que el monarca responde:
"...Diré a VVMM que todavía no lo tiene pero, según las apariencias no tardará en tenerlo, lo cual espero en Dios, la Virgen y San José".
Contrariamente a lo que era normal en aquellos tiempos, Carlos y María Amalia siempre durmieron en la misma cama. Resultado de ello fueron catorce hijos, de los cuales solo siete llegaron a adultos, entre ellos el heredero del trono Carlos IV. A la muerte de Felipe V, según el embajador francés "por agotamiento crónico, debido al uso excesivo que hace de la reina", Fernando VI subió al trono con 33 años y su primera orden fue la marcha de su madrastra del palacio real y posterior destierro de Madrid. 

Sepulcro de Felipe V e Isabel de Farnesio.
La esposa de Fernando VI murió en 1758, doce años después de haber sido nombrada reina de España y sin haber tenido descendencia, Fernando VI se trastornó de tal manera que también moriría en 1759, año siguiente al fallecimiento de su esposa. Tercero en la línea sucesoria ascendió al trono su medio hermano Carlos III que, a tal fin, regresaría de Italia con su esposa María Amalia para tomar posesión del trono de España. Contrariamente a lo que hizo su suegra, María Amalia no intervino en los asuntos de estado, aún siendo su esposo altamente receptivo a sus consejos. De todas formas murió en 1760, apenas un año después de ser reina de España y con tan solo 35 años de edad.
En 1766 murió también Isabel de Farnesio, siendo enterrada con Felipe V en la Granja de San Ildefonso (Madrid).

RAFAEL FABREGAT

26 de noviembre de 2019

2913- FIRA SANT ANDREU 2019.

Sí amigos. Ahí está, un año más, a la vuelta de la esquina. La Fira de Sant Andreu no es una feria cualquiera, ni para Cabanes ni para ninguno de los pueblos de la comarca. En primer lugar es un orgullo para todos los cabanenses, porque no solamente hablamos de un evento festivo y lugar de encuentro de amigos, vecinos y cientos de conocidos que todos tenemos en los pueblos colindantes. La Fira de Sant  Andreu es algo más, mucho más. Con ella hablamos de HISTORIA en letras mayúsculas, un evento que incluso se remonta más allá de aquel año de 1507 cuando Doña Germana de Foix, segunda esposa de Fernando II de Aragón, concedió a la Villa de Cabanes el privilegio de celebrar no solo ésta, sino dos ferias anuales de hasta diez días cada una de duración. La primera el segundo domingo de Cuaresma y la segunda por San Andrés, actualmente celebrada el último fin de semana del mes de Noviembre, sea coincidente o no con la festividad del Santo. Sin embargo es de suponer que ya antes de aquella fecha, en la que celebramos este año el 512 aniversario, ya habría en nuestro pequeño pueblo medieval un posible mercado con el que abastecer las necesidades de la población. Se trataba simplemente de hacerlo oficial, de darle la notoriedad que la situación requería, para que en toda la comarca se tuviera conocimiento de que cualquier cosa que las gentes de la época pudieran necesitar, podrían encontrarlas en la Feria de Cabanes. Se aprovechó la estancia de Doña Germana de Foix en Valencia para pedirle su mecenazgo.
Y ahora, un poquito de Historia...

Doña Germana de Foix se la conoció por habérsele muerto dos maridos por culpa del sexo, pero de eso hablaremos luego. Germana era hija del vizconde de Narbona (Juan de Foix) y de María de Orleans, hermana del rey Luis XII de Francia. Después de varias guerras entre franceses y españoles, el año 1505 Luis XIV y Fernando I de Aragón (el Católico) firmaron el Tratado de Blois. Para rubricar dicho compromiso el monarca español, de 53 años de edad y viudo desde el año anterior por la muerte de su esposa Isabel II de Castilla (la Católica), acordó con Luis XIV el matrimonio con su bellísima sobrina Germana, de 18 años de edad y de la que era tutor desde la muerte de su padre Juan de Foix, no sin antes cederle sus derechos sobre Nápoles. ¿Qué podía perder Fernando, aparte de la vida?. Se casaron por poderes. Mientras Fernando el Católico lo hizo en Dueñas (Palencia) Germana de Foix lo hizo en Blois, consumándose el matrimonio unos días después.

El trato era que si no tuvieran hijos los derechos sobre Nápoles volverían al francés. La boda se celebró en 1506. Para entonces Fernando II de Aragón era un carcamal de 54 años y Germana una bellísima mujer de 18 por la que suspiraban todos los hombres de la corte. Como era de esperar, pocos años después Fernando sufrió una hemiplegía que le dejó el rostro totalmente desfigurado y ya prácticamente impotente no cesaba de intentar que su esposa quedase embarazada. A tal efecto usaba cualquier cosa que le indicasen a modo de "viagra medieval" y estaba más pendiente de vigilar que ningún hombre se le acercara a su mujer que de sus deberes como soberano. Así fue encarcelado durante varios años en el Castillo de Simancas el vicecanciller de Aragón don Antonio Agustín y otros más, "por requerir de amores a la reina Germana". El tesón del rey tuvo sus frutos y, contra todo pronóstico, la joven reina quedó embarazada naciendo en 1509 Juan de Aragón, que solo vivió unas horas, pero fue suficiente para que Fernando la nombrase virreina de Aragón, Cataluña y Valencia.

Como no podía ser de otra manera, ante la juventud y belleza de la joven Germana, Fernando se aficionó en demasía al sexo y, ante su natural impotencia, las infusiones afrodisiacas de la tóxica catárida, día sí y otro también, le llevaron a la tumba el 23 de Enero de 1516. Bastante aguantó el buen hombre, con más de una década de sexo a base de venenosas cucarachas aplastadas, única forma de lograr que las "cosas" estuvieran en posición de firmes de forma tan expeditiva. 
En su testamento, Fernando II encargó a su nieto Carlos I de España y V de Alemania que cuidase de ella. Carlos I, que era hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, nació en Nantes (Francia) el año 1500 y, nombrado heredero, con 17 años llegó a España el año siguiente de la muerte de su abuelo. Conoció a su abuelastra Germana que contaba 29 años de edad, más deslumbrante que nunca y única que podía entenderle puesto que ambos eran los únicos de la Corte española que hablaban francés.

El adolescente Carlos se enamoró perdidamente de su abuelastra y para evitar habladurías sobre el mucho tiempo que pasaba con ella, mandó construir un puente de madera entre el Palacio Real y el anexo en el que residía Doña Germana. 
En tan solo un año Carlos le procuró la descendencia que su abuelo no pudo darle: la infanta Isabel de Castilla que, al ser cuidada por extraños, el joven rey no llegó a conocer. 
Poco más tarde, ante las muchas murmuraciones que se levantaron al respecto y queriendo salvar el buen nombre de Germana, el mismo rey la casó con el duque Fernando de Brandeburgo. Pero ese ya es otro tema que no viene a cuento.
Fue mucho antes y desde la ciudad de Valencia, todavía como reina consorte, cuando Doña Germana de Foix expediría para nuestra villa de Cabanes los derechos para celebrar nuestras dos ferias anuales y muy concretamente la de San Andrés, todavía vigente este año de 2019. 
La Feria, nuestra "Fira de Sant Andreu", empezaría, y seguiría hasta la segunda mitad del siglo XX, con animales de carga, carros y aperos de labranza, así como toda clase de herramientas del campo y utensilios para la casa. 
Después llegarían los tractores, coches y variopinta feria de productos de toda índole. Incluso una plaza repleta de atracciones para los más pequeños. 
Gracias doña Germana. Felicidades para todos y que sea para muchos años...

RAFAEL FABREGAT 

22 de junio de 2019

2796- FOLLAR NO SIEMPRE ES SANO.

Follar es sanísimo sí, pero cuando eres joven y sobra el potencial que te da la naturaleza y esa etapa de la vida, donde todo pasa muy deprisa. Cuando te haces mayor ya es otra cosa y si no que se lo pregunten a Fernando el Católico, II rey de Aragón y viudo de Isabel I de Castilla. Lo de preguntarle es un decir, claro, pues hace ya varios siglos que se "durmió" y todavía no ha despertado, ni creemos que lo haga.
Como buen católico, Fernando no era muy promíscuo, pero los picores iban a más y por lo tanto no tardó en contraer nuevas nupcias que le aliviaran. En Noviembre de 1504 fallecía Isabel y en Octubre de 1505 se  casaba nuevamente, esta vez con una jovencita francesa de 18 años. Él tenía 53. Algo no cuadraba en el matrimonio y está claro que eran los años.

Doña Germana de Foix que así se llamaba la moza no era muy agraciada, a lo que había que sumarle una cierta cojera, pero era alegre y abierta y tenía 18 años. 
A esa edad no hay ninguna mujer fea, por lo que Fernando se apresuró a cumplir con su obligación, aunque con más ilusión que poderío. Lejos del ímpetu que le hizo famoso en su juventud, pasada la ilusión por el "juguete" nuevo, Fernando empezó pronto a fallar en sus acometidas y hubo de buscar remedios entonces muy rudimentarios. 
Varias cortesanas aconsejaron a su joven esposa que le preparara ciertas tisanas a base de hierbas, la mayoría venenosas, junto con testículos de toro en celo que le daban tanto asco que le provocaban vómitos y abatimiento crónicos. 
Finalmente acudieron al viagra natural de aquellos tiempos que era la "mosca española". El bicho en cuestión tenía tal toxicidad que usado también en emplastos producía llaga en el lugar donde se aplicara. El coleóptero es de color verde metalizado y su hábitat suele estar en olivos, álamos, etc.

Se trataba de la cantárida, un escarabajo verde que muerto, seco y reducido a polvo venía utilizándose desde muy antiguo como vasodilatador natural. Sus efectos son parecidos a lo que hace el viagra actual, pero sin atenuante alguno de sus contraindicaciones. En dosis altas o frecuentes irrita la mucosa gastrointestinal, provocando vómitos, mareos y diarreas que pueden derivar en un fallo renal e incluso la muerte. Pero claro, el rey quería y no podía, con lo cual el uso era relativamente frecuente y todo lo que es contranatura, más pronto o más tarde acaba pagándose. Pocos años después empeoraron sus problemas cardíacos y el 23 de Enero de 1516, con 63 años de edad, abandonó este mundo no sin antes rogarle a su nieto Carlos I de España y V de Alemania, que cuidara de su joven esposa. Carlos era hijo de Felipe el Hermoso y de Juana la Loca, heredera del trono de Castilla

El joven príncipe Carlos I tenía tan solo 16 años al fallecimiento de su abuelo Fernando II y se lo tomó al pie de la letra. Nieto también, por vía paterna, de Maximiliano de Habsburgo y de María de Borgoña heredó los territorios austriacos y el derecho al trono de Aragón, Castilla, Navarra, Nápoles, Sicilia y las Indias. Carlos I había nacido en Gante (Flandes) puesto que, viviendo allí con su esposo Felipe el Hermoso, Juana se puso de parto y dio a luz, completamente sola, en el baño y a las 3,30h. de la madrugada del día 24 de Enero del año 1500. 
En Noviembre del año siguiente el matrimonio marchó hacia España para ser nombrados oficialmente sucesores al trono de Castilla y León, dejando al pequeño Carlos al cuidado de Margarita de York, duquesa de Borgoña, para que conociera la historia de sus orígenes y recibiera educación. Por toda esta serie de cosas, el joven príncipe no viajó a España hasta Septiembre de 1517, motivo por el cual no hablaba una sola palabra de español.

Joven inexperto, e incapaz de comunicarse con castellanos y aragoneses, Carlos I de España causó una mala impresión a todos, excepto a su abuela Germana de Foix. Ambos hallaron en el francés, lengua natal de ambos, la manera de comunicarse y pronto surgio entre ellos el romance prohibido. Germana tenía entonces 29 años y Carlos era un joven enamoradizo que todavía no había cumplido los 18 años y que quedó deslumbrado por aquella mujer que le brindó agradecida todo su amor y experiencia. El palacio del joven rey y la casona de la viuda alegre eran anexos y estaban separados por escasa distancia. Con la excusa de poder visitar en seco, su hermana Leonor y él mismo a la reina, Carlos ordenó levantar un puente de madera que conectase ambos edificios. En 1518 Germana dio a luz una niña a la que puso el nombre de Isabel. La paternidad fue ampliamente cuestionada por todos los historiadores pero nada quedó probado. Solo un detalle... A su muerte Germana dejó en herencia su joya más preciada, un collar de 133 gruesas perlas, a la "serenísima Doña Isabel, infanta de Castilla, hija de su majestad el rey, mi señor e hijo". No era menester decir nada más...

RAFAEL FABREGAT

14 de noviembre de 2018

2689- PRIMERA OPERACIÓN BIKINI.

Alguien es posible que piense: ¿Por qué lo que se narra a continuación fue la "primera operación bikini?. Bueno, bueno... Si no fue la primera, sí que sería sin duda una de las primeras, ya que la fecha de esta milagrosa dieta se llevó a cabo en Febrero/Marzo del año 959 y con una duración de tan solo 40 días. Suficientes para perder 120 Kg. 
Se trataba de Sancho I de León, apodado el Craso (gordo). El "angelito" era hijo de Ramiro II de León y de Urraca Sánchez de Pamplona, segunda esposa del rey. 
Sancho había nacido el año 935 y ya desde que abandonara la teta se convirtió en un gran comilón, motivo por el cual de adulto llegó a pesar 240 Kg. lo que, en esa época de tantas penurias, era algo jamás visto. Normalmente Sancho solía comer siete veces al día y hasta 17 platos diferentes. La mayoría de los condumios eran de carne de caza y por lo tanto sumaban miles de calorías que el joven príncipe no llegaba nunca a contrarrestar en sus nobles y escasos ejercicios. 
A la muerte de Ramiro II en el 951 le sucedió Ordoño III, primogénito del rey y de su primera esposa Adosinda. Sancho, ya con sus 240 Kg. a cuestas, vio con envidia y resignación cómo su hermanastro era coronado y él quedaba en segundo plano, incapaz no solo de derrocarle, sino ni siquiera poder subir a caballo. 

Al morir Ordoño, el año 956, ascendió por fin al trono leonés Sancho I pero dos años después, en el 958, ya perdido el respeto de sus súbditos por culpa de su gordura, fue derrocado por los nobles castellanos y leoneses que, encabezados por el conde Fernán González, nombraron rey a un primo suyo que reinó como Ordoño IV. Es en este momento donde comienza la "primera operación bikini" de la Historia. 
Sancho I pidió ayuda a su abuela Toda de Pamplona para recuperar su reino, pero ésta le dijo que la primera medida tenía que ser perder "esos kilitos" que le permitieran combatir contra sus enemigos. 
La reina Toda movió los hilos necesarios y acompañó a su nieto a Córdoba para ser tratado por el mejor médico de la corte del califa Abderramán III, prometiéndole éste unas plazas en la Ribera del Duero si su médico conseguía hacerle perder la mitad de su peso en un plazo máximo de dos meses. No hizo falta tanto. 
Según cuentan las crónicas, la primera "receta" del famoso médico fue coser la boca de Sancho I por tres puntos, a fin de que no pudiera ingerir ningún tipo de alimento sólido durante 40 días. Acabaron pues los venados y comenzaron los purés, las infusiones y el agua clara, todo ello tomado a través de pajitas de centeno. 

Por si esto no fuera suficiente, Sancho fue obligado a hacer todos los días determinados ejercicios que le permitieran recuperar la elasticidad de las muchas pieles que pronto empezaron a hacer su aparición. Atado con una cuerda los sirvientes del califa obligaban a Sancho a salir de su habitación y a dar largos paseos por los jardines de palacio. Finalizada la sesión de "running" le metían en un baño de vapor para eliminar de su cuerpo el agua y grasa acumulada durante años. Los mismos cronistas cuentan que el método era inhumano pero sin duda efectivo. A los 30 días los colgajos de piel cubrían todo el cuerpo del joven Sancho, iniciándose terribles sesiones de masaje que ayudaron a recuperar su firmeza. Antes de los 60 días fijados como límite del tratamiento pudo subir a su caballo, sujetar firmemente la espada y yacer con una mujer. 

Solo entonces se dio por finalizado el tratamiento. Se le quitaron los puntos de la boca y se le dio a probar alimento sólido en pequeñas cantidades que aumentaron progresivamente. El médico le dio por curado de su morbidez pero le aconsejó que nunca más se excediera en la comida si quería mantener su salud en perfectas condiciones. Con sus 120 Kg. (recio pero no obeso) Sancho I marchó sobre Zamora el año 959, con fuerzas prestadas por el califa y el apoyo de las de su abuela Toda de Navarra
Visto el oprobio que le esperaba ante tan indiscutible derrota, Ordoño IV no presentó combate, abandonó el trono y huyó a Asturias. En un gesto de todo punto deshonroso, con la corona nuevamente sobre su cabeza, Sancho I se negó a entregar a Abderramán III las plazas que le había prometido aunque, para evitar más derramamientos de sangre, Abderramán declaró a su muerte que la deuda había sido saldada. Sus herederos nunca lo creyeron y por ésta u otras causas Sancho murió envenenado el año 966, a los 35 años de edad. Nunca sabremos si los mismos que le quitaron la grasa fueron quienes le quitaron la vida. Le sucedió su hijo Ramiro III.
Especialistas actuales dudan que la dieta fuera llevada a cabo en circunstancias tan duras, sin que le pasara factura a nuestro protagonista. Algo más que agua ingeriría Sancho I a través de las pajitas, de lo contrario no se cree que hubiera podido resistirlo...

RAFAEL FABREGAT

12 de septiembre de 2018

2656- SECRETOS DE ALCOBA.

Palacio Real de Nápoles, museo y sede de la Biblioteca Nacional.
Estos días, de viaje por Italia, me he dado cuenta de la mucha influencia que tuvieron los españoles en sur de la península itálica y del buen sabor y recuerdo que dejaron en la historia de aquellas gentes. Prueba de ello es el orgullo con el que te cuentan cada uno de los detalles arquitectónicos que los reyes españoles dejaron en las tierras que ocuparon en aquellos años del siglo XVIII. 
Queremos indagar hoy en un simpático episodio propiciado por Carlos III de Borbón, rey de España, de Nápoles y Sicilia. Hijo de Felipe V y de Isabel de Farnesio, reina consorte como segunda esposa del rey. La Farnesio tuvo gran influencia en los destinos de España y más aún en los de su ojo derecho, Carlos III. La actividad sexual de Felipe V era tan intensa que de ella se hablaba en toda Europa, como diaria y repetitiva. 

Felipe V e Isabel de Farnesio.
No demasiado agradable si tenemos en cuenta que el rey estaba semanas sin levantarse de la cama, ni afeitarse. Las uñas de los pies le impedían caminar con normalidad pues, de tan largas, se enroscaban sobre sí mismas. A pesar de todo ello y con el solo objetivo de influir en todos y cada uno de los asuntos de Estado, Isabel de Farnesio estaba preparada mañana y noche para atender las ineludibles exigencias amorosas de su pestilente esposo y rey. En numerosas ocasiones el Consejo de Gobierno se celebraba en sus propios aposentos y algunas veces los ministros tenían que aguardar fuera a que los reyes culminaran el coito, entrando a despachar con los reyes todavía en el tálamo. Creyendo no poder soportar el ritmo que Felipe V demandaba, Isabel empezó a comer en demasía, aumentando drástricamente de peso.

Justamente por eso, la Farnesio supo desde el primer momento que también la esposa de su hijo Carlos podía influir en las decisiones de gobierno y es por ello que cuidó muy mucho la elección la persona que compartiera vida y corte con el que en un futuro sería Carlos III, rey España, Nápoles y Sicilia. La elección recayó en María Amalia de Sajonia, hija del Duque de Sajonia y después rey de Polonia. Su hijo, el entonces Carlos III, era más bien feo, de nariz prominente y físico enclenque, pero suplía su poca gracia física con un trato amable y sencillo para con todos. El joven había delegado la elección de su esposa a sus padres, contando la elegida 13 años de edad, suficiente para que el matrimonio fuera consumado con rapidez. La boda se celebró el día 9 de Mayo de 1738 en el palacio de Dresde, en Sajonia, pero la pareja aún tardaría más de un mes en conocerse.

Tras su primer encuentro en Portello, cerca de Milán, la "noche de bodas" se celebró en toda su expresión. Aunque no era especialmente hermosa, Carlos quedó fascinado con María Amalia puesto que la consideró más hermosa de lo que figuraba en el retrato recibido y a su entender con el genio de un ángel. También ella escribió a sus padres diciéndoles que había encontrado en su esposo Carlos III el amor y la complacencia que nunca habría sospechado. Y aquí viene el meollo de esta entrada al blog puesto que, desde España, Felipe V y su esposa Isabel de Farnesio pidieron a su hijo que les contara si la esposa elegida había sido de su agrado y si el matrimonio había sido consumado. Carlos III, que siempre había sido complaciente y respetuoso con sus padres, no dudó en responder a sus demandas y lo hizo epistolarmente y con todo lujo de detalles...

"Atendiendo las órdenes de VV.MM. les contaré que me reuní con mi esposa María Amalia en Portella, instalándome en la silla de postas, donde hablamos amorosamente hasta nuestra llegada a Fondi. Cenamos en la misma silla y proseguimos la misma conversación hasta Gaeta, aunque llegamos algo tarde. Entre el tiempo que necesitó para desnudarse y despeinarse llegó la hora de la cena y no pudimos hacer nada, aunque los dos teníamos ganas. Nos acostábamos a las nueve y temblando empezamos a besarnos. Enseguida estuve listo y empecé, aunque tardé un cuarto de hora en 'romperla', sin que ninguno de los dos 'derramásemos'. Más tarde, hacia las tres de la madrugada, volvimos a empezar y entonces ya 'derramamos' los dos y al mismo tiempo. Desde entonces hemos seguido así, dos veces por noche, excepto la noche que habíamos de venir aquí ya que, como habíamos de iniciar viaje a las cuatro de la mañana, solo pudimos hacerlo una vez. Vuelvo a repetir a VV.MM. que podría hacerlo muchas más veces pero me aguanto por las precauciones y consejos que VV.MM me enseñaron de joven, aunque resaltándoles que siempre 'derramamos' al mismo tiempo porque el uno espera al otro".

Carlos III, María Amalia de Sajonia y sus hijos.
El monarca nunca demostró recato alguno para hablar con sus padres de sexo. Al respecto explica lo siguiente sobre su esposa adolescente, al preguntarle cuando les haría abuelos: 
"Diré a VV.MM. que mi esposa María Amalia todavía no tiene el periodo pero, según todas las apariencias, no tardará en tenerlo; lo cual espero con Dios, la Virgen María y San José".
Por lo que se intuye en estas y otras cartas, el matrimonio entre Carlos III y María Amalia de Sajonia no pudo ser más feliz, en cuanto a su amor mútuo. El resultado fueron trece hijos, de los cuales solo llegaron a edad adulta siete, entre ellos el heredero Carlos IV. La espina más dolorosa para la reina fue la muerte de su primogénita María Isabel, a la que siguieron cinco más. Finalmente, aún a pesar de tanto amor conyugal, una mala caída del caballo, los trece partos habidos y su gran afición al tabaco, hicieron que la reina consorte de Carlos III de España, Nápoles y Sicilia, abandonara este mundo con tan solo 36 años de edad.

RAFAEL FABREGAT

29 de junio de 2018

2625- EL REINO DE ASTURIAS.

La llegada de Godos y Visigodos a la Península Ibérica supuso la retirada paulatina del Imperio Romano. Con los Visigodos llegó la confirmación de España como nación y estado, con una monarquía no hereditaria, con centro en la ciudad de Toledo. En el año 710, murió Vitiza, uno de sus últimos gobernantes, dividiéndose el reino entre los partidarios de su hijo Akhila y los de Roderico, duque de Bética, que apoyado por la nobleza había ocupado el trono de Toledo. Akhila pidió ayuda al musulmán Munuza llevándose a cabo el desembarco por Gibraltar. Informado Roderico, que estaba en Pamplona, reunió un poderoso ejército y se encaminó hacia el sur, enfrentándose a los moros en Guadalete. Con la traición de los partidarios de Akhila, Roderico fue derrotado y muerto en la batalla. Posiblemente sin las intrigas entre ambos gobernantes visigodos la invasión musulmana jamás se hubiera producido, pues fue el propio Akhila quien la dirigió como venganza ante el usurpador Roderico. 

Los moros fueron empujando a los visigodos, entonces ya cristianos, hasta llegar a Carcasona y Nimes, ya en territorio francés. Sin embargo un grupo de aquellos nobles, seguidores de Roderico y capitaneados por un tal Pelayo se dirigieron a tierras astures y allí fue proclamado Don Pelayo príncipe de los astures, tras la derrota infringida a los musulmanes en la Batalla de Covadonga. Así nació el primero de los nuevos reinos cristianos de la Península Ibérica, aunque no hay sin embargo pruebas escritas sobre tales acontecimientos que ocurrieron entre los años 718 y 722.

A la muerte de Don Pelayo el año 739 le sucedió su hijo Favila de Asturias pero éste moriría dos años y medio después despedazado por un oso. Le sucedió su cuñado Alfonso I de Asturias, casado con su hermana Ermesinda y yerno por tanto de Don Pelayo. Con Alfonso I empezaría en verdad la seria Reconquista del cristianismo en España. Las sublevaciones de los bereberes en el 741 y las continuas derrotas infringidas por las tropas de Alfonso I y su hijo Fruela, unidas al escaso interés por las tierras del norte peninsular, provocaron la huida de los musulmanes hacia el sur y la expansión del reino astur hasta las orillas del Duero. 

Para imposibilitar la recuperación musulmana de este territorio, todas las tierras entre el Duero y la cordillera Catábrica quedaron prácticamente despobladas. Alfonso I falleció de muerte natural el año 757 sucediéndole su hijo Fruela I. El rey Alfonso I recibió sepultura en el monasterio de Covadonga, donde más tarde sería enterrada su esposa Ermesinda. 
Siguieron años convulsos para la monarquía asturiana, en los que Fruela asesinaría a su hermano Vimarano por entender que encabezaba una conspiración para destronarlo. Este hecho hizo que se ganara la enemistad de la nobleza y que más tarde fuera asesinado él mismo. 
Su hijo Alfonso, de tan solo 3 años, quedó a cargo de su tía Adosinda, hija de Alfonso I y esposa de Silo de Asturias. La nobleza situó en el trono a su primo hermano Aurelio y al morir éste, soltero y sin hijos, le sucedió Silo de Asturias. Al morir Silo el 783, también sin descendencia, su tía Adosinda y miembros de la Corte dieron el trono a Alfonso II que ya entonces contaba 23 años. Sin embargo hubo una fuerte oposición por parte de su tío Mauregato, hijo natural de Alfonso I con una esclava musulmana. Pactando la ayuda de Abderramán I consiguió arrebatarle el trono a su sobrino. 

Según la leyenda, el pacto con el emir cordobés era la entrega anual de 100 vírgenes cristianas, pero el año 788 los condes Arias y Oveco se rebelaron contra Mauregato por su pacto con el musulmán y lo mataron, aunque el trono no volvió a Alfonso II, sino al clérigo Bermudo, hermano de Aurelio y sobrino de Alfonso I. Se casó entonces Bermudo con la reina Ocenda y fueron padres del emblemático Ramiro I de Asturias, personaje más remoto que entronca con el actual rey de España Felipe VI y que hace de esta dinastía la segunda más antigua del mundo, detrás de la japonesa. Tras su abdicación en el 791 Bermudo volvió a su estado clerical.
Recuperó entonces el trono Alfonso II. Durante su largo reinado, que abarcó un periodo de 51 años, se descubrió en Compostela la supuesta tumba del apóstol Santiago. Apodado el Casto, se dice que Alfonso II jamás mantuvo relación marital con su esposa Berta, emparentada al parecer con la nobleza francesa, por lo que a su muerte el año 842 subió al trono Ramiro I, hijo del diácono Bermudo y su esposa Ocenda. Pasaron muchas otras cosas y hubo otros pretendientes al trono astur-leonés, pero básicamente es ésta la historia del Reino de Asturias.

El año 844 llegaron a sus costas los Vikingos que buscaban grandes ríos por los que penetrar en las ciudades del interior peninsular pero, no encontrándolos en tierras astures, tras atacar Gijón y La Coruña, se dirigieron a Lisboa y posteriormente a Cádiz donde Abderramán II mantuvo grandes luchas para poder recuperar esta ciudad y la de Sevilla. Mientras los vikingos se internaban en el Mediterráneo, a Ramiro I le sucedió su hijo Orduño I y a éste Alfonso III, último rey de Asturias y primero de León. (866-910)

Alfonso III y la reina Jimena.
De Alfonso III y su esposa Jimena nacerían los tres primeros reyes leoneses: García I, Ordoño II y Fruela II. 
El año 909 los hijos de Alfonso III se rebelaron contra su padre y aunque el infante García, principal instigador, fue apresado y encerrado en el castillo de Gauzón, poco después el rey fue obligado por la nobleza a abdicar y a repartir el reino entre sus hijos. 
Alfonso III moría en la ciudad de Zamora el 20 de Diciembre del año 910 siendo enterrado en la catedral de Astorga, aunque actualmente sus restos se encuentran en el Museo Arqueológico de Madrid. El año 986 ya su hijo, el rey Bermudo II de León, había mandado trasladar sus restos a la Catedral de Oviedo temiendo que las tropas musulmanas de Almanzor los profanase.
Alfonso III creo la Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias y ordenó la redacción de las crónicas Albeldense, Profética y la suya propia (Crónica de Alfonso III) que presentan al Reino de Asturias como heredero del Reino Visigodo.

RAFAEL FABREGAT

10 de junio de 2016

2115- SER GORDO NO AYUDA.

Al rey leonés Sancho I le apodaban 'el Craso'. 
Tan 'craso' estaba que perdió el trono por esa causa, pera para eso están las 'operaciones bikini' que actualmente se utilizan a comienzos del verano, cuando ya no hay remedio.
Ya de muy niño, cuando todavía andaba a gatas, al hijo del rey Ramiro II nunca le faltó el apetito. 
Sancho nació el año 935 pero tenía un hermano mayor, Orduño, que a la muerte de su padre heredó el trono de León. 
Despreocupado, al no saberse heredero, Sancho empezó muy pronto con la afición a los grades banquetes y a una vida sin ejercicio. 
Llegado a adulto se plantó prontamente en los 240 kilos, en una época en la que la escasez mantenía a todos con el peso más bien por debajo del adecuado.


Según las crónicas Sancho hacía siete comidas diarias, alguna de ellas con 17 platos diferentes, buena parte de los cuales eran de caza. Miles y miles de calorías que no se preocupaba de quemar con algún ejercicio. La cosa llegó a tal punto que se convirtió en un auténtico inválido, que ni siquiera podía levantarse solo de la cama y mucho menos aún subir a un caballo y tomar la espada en el campo de batalla. Aunque también ansiaba coronarse, el año 951 Sancho vio como Orduño subía al trono tras la muerte de su padre, incapaz de arrebatarle la corona a su hermano. Cinco años después, harto de obedecer la órdenes de Ordoño III, 'la suerte' sonrió a nuestro protagonista pues de forma extraña y sin justificación alguna el año 956 su hermano abandonó este mundo.


A partir de ese momento Sancho I reinó en León, no sin el descrédito que acompañaba a su mórbida obesidad. 
Su peor decisión fue enemistarse con su tío el conde Fernán González , suegro de su hermano, que se dedicó de inmediato a destrozar la ya escasa reputación del rey. 
Decía también que debido a su obesidad no podría engendrar un sucesor y su linaje se perdería entre una y otra comilona. 
Con tiempo el rechazo del pueblo llegó a tal punto que el año 958 fue destronado en una conjura alentada por el conde. Ascendió al trono Orduño IV, pronto destronado por una rebelión militar. Mientras todo eso sucedía, Sancho I se había puesto a salvo al amparo de su abuela Toda, reina de Pamplona por su matrimonio con Sancho Garcés I.


Como no podía ser de otra forma la abuela, ya con 73 años a sus espaldas, recibió de buen grado a su nieto Sancho y le conminó a ponerse a régimen, bajo la supervisión de un buen nutricionista, para después buscar la manera de recuperar el trono que legalmente le pertenecía. La reina Toda mandó emisarios a Córdoba, recabando la ayuda de Abderramán III. El musulmán vio conveniente prestar ayuda a la reina de Pamplona y mandó de inmediato al más afamado 'matasanos' de la época. Hasday Ben Shaprut era un judío nacido en Andalucía y médico de confianza del sultán. El precio era alto, pero merecía la pena: diez fortalezas, para cuando llegase nuevamente al trono. Como garantía de curación, el galeno se llevó a Córdoba a Sancho y la primera medida consistió en coserle la boca para impedir que entrara nada sólido. Un orificio permitía meter una pajita por la que tomar líquidos, principalmente agua e infusiones. 

La habitación estaba cerrada a cal y canto, pero abierta a unos baños de vapor y a un jardín por el que podía pasear. A los 40 días el proceso dejó ver resultados increíbles. Infusión tras infusión había perdido 120 kilos, podía montar a caballo y yacer con una mujer. El año 959, totalmente recuperado y recio pero no obeso se metió dentro de una armadura y acompañado por un ejército de musulmanes atacó Zamora. Ordoño IV huyó a Asturias y Sancho I recuperó el trono en Abril de ese mismo año. 
Todo parecía bien dispuesto para Sancho I pero ya coronado se negó a cederle a Abderramán las fortalezas prometidas y aunque éste murió dos años después su sucesor Alhaken II se encargó de cobrar la deuda. Con 35 años, Sancho I murió envenenado.

RAFAEL FABREGAT

8 de abril de 2016

2061- LOS LOCOS CUERDOS.

Cuando el desequilibrado no sabe que lo está todo es inútil, pues todos son culpables menos él de sus desgracias. Sin embargo hay personas que, a pesar de estar trastornadas, no están lo suficiente como para no darse cuenta de ello y son por tanto conscientes de su incapacidad. Sin duda estos últimos son 'los locos cuerdos'. Con este preámbulo presento un resumen de la vida de Felipe V y del breve reinado de su hijo Luis I (rey de España durante 229 días) y de su mujer Luisa Isabel de Orleans, de nefasto recuerdo.
Al morir Carlos II sin herederos y por cuestiones de complicado parentesco que no vamos ahora a relatar, desde el año 1700 reinaba en España el francés Felipe V, primero de los Borbones. Preso de una melancolía patológica, toda su vida estuvo dominado por quienes le rodeaban y muy especialmente por su mujer Isabel de Farnesio, de armas tomar. 
La debilidad psicológica del rey fue en aumento pero, consciente de ella y en un alarde de fortaleza que contravenía los deseos de la reina consorte, el 10 de Enero de 1724 Felipe V firmó un decreto por el que abdicaba a favor de su hijo Luis, de diecisiete años y casado con Luisa Isabel de Orleans de quince. Los reyes se retiraron a partir de ese momento al Palacio Real de la Granja de San Ildefonso. 

El joven rey Luis I y su esposa visitaron a los reyes en su nueva residencia, no prodigándose estas visitas en demasía debido a la inestabilidad de Luisa Isabel que ya en la primera visita se dedicó a corretear por los jardines del Palacio de la Granja con un camisón totalmente transparente que casi provocó un patatús al melancólico Felipe V. Se dice que la reina consorte Isabel de Farnesio, como si se tratase de un electrodoméstico barato, sentenció resignada: "Hemos hecho una mala adquisición". 
Isabel de Farnesio había estado perfectamente informada del desequilibro de su nuera y se mostró siempre en contra de ese matrimonio, pero así eran las 'cosas de palacio' en aquellos tiempos. Luisa Isabel no había recibido educación alguna y se crió en un convento cercano a París hasta que fue llamada para casarse con el hijo del rey de España. Primeramente retraída, una vez su esposo subió al trono desplegó su extravagante comportamiento. Jugaba desnuda en los jardines de palacio a la vista de los sirvientes, no llevaba ropa interior ni se lavaba y cada día que pasaba aumentaba su afición al vino. En cierta ocasión, también sin ropa interior, se subió a una escalera de mano apoyada en el tronco de un manzano y después requirió a los criados para que le ayudaran a bajar, "mostrando el trasero y todo lo demás", según contaban éstos avergonzados. 

Su conducta inapropiada la llevaba a eructar y a lanzar ventosidades en público sin ningún recato. Se sumó a todo esto el ignorar las necesidades de su joven esposo y rey, por lo que también Luis I fue alejándose de ella. 
El hartazgo del monarca tuvo lugar durante una recepción pública en la que la reina se desnudó y empezó a limpiar los cristales del salón con sus ropas. 
"No hay más remedio -escribía Luis a su padre- tendré que encerrarla".
El encierro, de un par de semanas de duración, parece que hizo recapacitar a Luisa Isabel que pidió perdón a su esposo y mostró mejor conducta a partir de ese momento. Tal fue así que cuando Luis I cayó enfermo de viruela, a mediados de Agosto, Luisa Isabel le prodigó toda clase de atenciones y cuidados sin apartarse de su lado los 10 días que duró su agonía y hasta el momento de su muerte acaecida el 31 de Agosto de 1724, con 17 años de edad, tras siete meses de reinado y sin dejar herederos. De hecho también Luisa Isabel contrajo la viruela pero, menos agresiva, se recuperó unos días después. La desgracia devolvió a Felipe V la Corona y a Isabel de Farnesio las riendas del Imperio, concluyendo que en la Corte no había lugar para más desequilibrados.

Luisa Isabel de Orleans fue enviada de vuelta a Francia con una exigua pensión y residencia en el Palacio de Luxenburgo pero, enterada la reina consorte que la joven había retornado a su vida disoluta, le retiró la pensión y el palacio, habiendo de pedir asilo en el convento donde había pasado su infancia. Con 33 años de edad falleció en París, el 16 de Junio de 1742. Por contra Felipe V le sobrevivió como suegro y como rey pues, aunque en realidad era la reina quien gobernaba, se mantuvo en el trono hasta su muerte acaecida el 9 de Julio de 1746. 
A los ocho días de su entierro, el nuevo rey Fernando VI, hijo de Felipe V y de su primera esposa María Luisa Gabriela de Saboya, ordenó a su madrastra Isabel de Farnesio y a sus hijos que abandonaran el Palacio del Retiro. Desterrada de Madrid pasó el resto de su vida en La Granja de San Ildefonso. A su muerte fue enterrada allí mismo, junto a su esposo Felipe V, que también había pedido ser enterrado en el Palacio de La Granja y no en la cripta del Escorial como sus antecesores de la Casa de Austria.

RAFAEL FABREGAT

5 de abril de 2016

2058- EL CIELO EN LA TIERRA.

Es de todos conocido lo poco de bueno que se puede sacar de los servidores de la Iglesia, más bien dados todos ellos a aprovechar, en su paso por este mundo, lo que dudan mucho que se pueda encontrar en otro que nadie ha visto. A esto se refiere el dicho popular cuando dice que...
"Si entra un cura en tu casa, no le dejes colgar su sombrero en ningún clavo, porque al día siguiente el clavo será suyo y a los tres días la casa y sus moradores"
Los reyes de todos los tiempos y especialmente en la Edad Media, conocían sobradamente la inteligencia y competencia que para ellos representaban los servidores de la Iglesia, pero también eran conocedores de la debilidad de la mente humana y el consiguiente poder que la Iglesia tenía sobre el pueblo. Era cuestión de establecer simplemente los necesarios lindes.

En la toma de Cáceres de 1229, temiendo el rey Alfonso IX de León que la ciudad se llenase de curas, frailes y comunidades religiosas, que mangoneasen lo conquistado por sus tropas restando poder a la Corona, expulsó a los monjes de la Orden de Alcántara que lo apoyaron en la conquista y les dijo que sus tierras y sus castillos estaban en las tierras de los moros que habían de conquistar, siendo autorizados para ello. Poco contentos con esta decisión real los Caballeros abandonan la ciudad al tiempo de que Alfonso IX de León comienza la repoblación de Cáceres, dando tierras y derechos a los que quieran quedarse y leyes que los del Concejo harán cumplir en representación de la Corona. Con el clero no cabían medias tintas y había de quedar claro hasta donde podía llegar cada cual.

"Ya nunca más -prometió el rey- tendrá Cáceres dueño, ni mando de noble o religioso"
Alfonso IX de León estuvo ausente en la Batalla de las Navas de Tolosa, pero trabajó y mucho en la Reconquista al recuperar la práctica totalidad de Extremadura para la cristiandad. Cáceres era pieza fundamental de la Reconquista, más aún cuando al año siguiente se derrotó al ejército de ibn Hud cuando se dirigía a defender Mérida. Tras esta campaña el rey se dirigió a Santiago de Compostela para agradecer su ayuda al Apóstol, pero en el camino cayó gravemente enfermo y murió en Villanueva de Sarria (Lugo) el 24 de Septiembre de 1230. De acuerdo con lo estipulado en su testamento fue enterrado en la catedral de Santiago, al lado de su padre Fernando II de León.

Aunque fiel devoto del Apóstol Santiago, Alfonso IX tuvo siempre claro que el Cielo y el Infierno están en la TierraUno de sus grandes logros sociales fue conseguir para su reino un importante descenso del poder de los nobles. La temprana muerte de sus hijos varones trastocó los planes de Alfonso IX que cedió el reino a Sancha y Dulce, hijas de su primer matrimonio, pero finalmente, para evitar la guerra, éstas renunciaron a sus derechos en favor de Fernando III, hijo de su segundo matrimonio con Bereguela de Castilla, también anulado 26 años atrás por razones de parentesco. A cambio de esa renuncia Fernando III asignó a sus hermanas varios señoríos, con una renta vitalicia de 15.000 maravedís, que quedarían en 10.000 en caso de entrar en convento y anulados en caso de matrimonio. Maldito (o bendito) dinero, según se mire...

RAFAEL FABREGAT