16 de octubre de 2015

1914- CIUDAD DEL CABO. (Sudáfrica)

Ciudad del Cabo es la segunda ciudad más importante de Sudáfrica, después de Johannesburgo su capital, famosa por su puerto y por ser el destino turístico más popular. Se sitúa en la Bahía de la Mesa y era principal estación de abastecimiento para los barcos de la antigua Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales en los siglos anteriores a la construcción del Canal de Suez en 1869. 


La población ronda los 3,5 millones de habitantes pero lo más llamativo es la enorme extensión de 2.500 Km2. que tiene. A modo de ejemplo cabe decir que El Cairo (Egipto) solo tiene 455 Km2. y casi 10 millones de habitantes. El primer asentamiento europeo en aquellas tierras lo llevó a cabo el holandés Jan van Riebeeck en 1652. Hasta el descubrimiento de las primeras minas de oro en 1886, Ciudad del Cabo era el núcleo urbano más grande de Sudáfrica. Sin embargo el precioso metal lo cambiaría todo rápidamente. Se cree que era un domingo de Marzo de 1886 cuando el minero australiano George Harrison dio con un importante filón de oro. 

Acto seguido declaró el hallazgo a las autoridades sudafricanas y reclamó el correspondiente permiso para poder excavar. Su descubrimiento es recordado con un monumento que se colocó en el mismo lugar donde descubriera el mineral y rodeado por un parque que lleva su nombre. Sin embargo, ironías de la vida, al poco tiempo Harrison vendió su reclamación por menos de 10 libras esterlinas y marchó del lugar para no volver jamás. Una placa recuerda el hallazgo y el emplazamiento del primer pozo. En poco tiempo aquella aldea polvorienta se convirtió en destino de mineros y aventureros de todo el mundo. Las autoridades sudafricanas no creyeron que aquello pudiera durar mucho tiempo y con el fin de sacar el máximo provecho posible se delimitaron una serie de parcelas para que todo aquel que pidiera excavar tuviera donde hacerlo. 


La pequeña aldea de Campo de Ferreira se convirtió en la actual Johannesburgo y las parcelas iniciales son el motivo de las estrechas calles del centro de la ciudad. En 10 años la nueva ciudad superó en habitantes a Ciudad del Cabo y aún hoy sigue siendo la más poblada. Próxima a la costa se encuentra la Isla de las Focas (Robben Island) lugar donde estuvo preso durante 18 años el líder del movimiento apartheid y Premio Nobel de la Paz Nelson Mandela. Ciudad del Cabo es la primera del continente africano en calidad de vida. El lugar era desconocido por los europeos hasta 1486, cuando se hace la primera mención por parte del portugués Bartolomé Díaz. También Vasco de Gama registró el avistamiento del Cabo de Buena Esperanza en 1497 aunque, como se ha dicho antes, no se estableció contacto regular con la zona hasta la creación de la Estación Neerlandesa en 1652. 

El crecimiento inicial fue muy lento debido a la falta de mano de obra, que se corrigió con la importación de esclavos de Madagascar e Indonesia. El lugar quedó en manos de Holanda hasta la década de 1780. En 1795, las diferentes guerras con Francia y el Reino Unido provocaron la invasión de la colonia por parte de los británicos. Tras su devolución y nueva ocupación, Ciudad del cabo fue incorporada al Imperio Británico en 1814 de forma permanente. El descubrimiento de oro y diamantes provocó la llegada masiva de emigrantes y la llegada de las primeras tensiones entre los Bóers y el gobierno. 


Como no podía ser de otra forma, los británicos ganaron el conflicto y se apoderaron de las minas de oro y diamantes. De entre las muchas minas de la región, la mina de diamantes de Kimberley es, con 1097 metros, la más profunda de las realizadas a cielo abierto. Hasta su cierre en 1914 había producido más de 3 toneladas de diamantes. Los ingleses unificaron las pequeñas repúblicas derrotadas, proclamando la Unión de Sudáfrica en 1910 con Ciudad del Cabo como capital legislativa. En 1948 el Partido Nacional clasificó el país en diferentes áreas según la raza principal que las ocupara. Con el nombre de afrikáans-apartheid, los suburbios multirraciales fueron limpiados de ilegales o demolidos. 


La Península del cabo, totalmente metida dentro de la ciudad, está amenazada por la extinción de su biodiversidad con más de 300 especies en peligro. Su clima es mediterráneo, con veranos suaves y secos (Noviembre-Febrero) e inviernos fríos y ventosos con intensas precipitaciones que van de Mayo a Agosto. La temperatura media es de 27ºC para el verano y 7ºC para el invierno. En cuanto a su demografía los mestizos suponen el 49% de la población, seguidos del 31% de negros africanos y 20% de blancos. La media de edad es de 26 años y hay 92 hombres por cada 100 mujeres. El 28% habla inglés y el resto hablan afrikans el 41%, xhosa el 29% y el 2% sesotho o zulú. El 10% de la población trabaja en la industria turística, lo que da idea de su importancia.

RAFAEL FABREGAT

14 de octubre de 2015

1913- EL STRIPTEASE FUNERARIO.

Es que los chinos, son raros...
Yo entiendo que cada país tiene sus peculiaridades y rarezas, pero China es que se pasa tres pueblos del resto de la humanidad. Que si los palillos, que si el té ceremonial, que si la comida de bichos repelentes, los dragones mitológicos y un larguísimo etcétera. Así, en plan de cachondeo, se comenta frecuentemente que en los restaurantes chinos deben comerse a los muertos puesto que los difuntos raramente se repatrian y sin embargo nadie ha visto jamás el entierro de un chino en nuestras tierras. Bueno, bueno, bueno... ¡No será para tanto!. Lo que sucede es que, para ciertas cosas, están anclados en el tiempo pero en otras nos van por delante.

Al igual que empieza a ser ahora frecuente en España, en China se entierra ya muy poco a los difuntos. Hasta la llegada del régimen comunista, los entierros era la forma tradicional de deshacerse de los cuerpos de los difuntos pero, en la actualidad, la falta de espacio y los grandes costes del entierro tradicional, impusieron por ley la cremación de los cadáveres. También apoyó la medida el hecho de que los budistas utilizasen el método de la cremación ya desde antiguo. De todas formas, aunque esporádico, en el medio rural lo tradicional sigue siendo el entierro. Tanto es así que, quienes pueden permitírselo, antes de morir llevan a sus ancianos a su pueblo natal para evitar la cremación y poder ofrecerles el tradicional ritual de la muerte.


En China la mayor satisfacción para los hijos del difunto, es que acuda al entierro la mayor cantidad posible de gente. En los últimos tiempos una práctica habitual en los funerales de las zonas rurales ha sido la contratación de espectáculos de striptease. Todo era válido a fin de conseguir captar un buen número de asistentes a las exequias. Sin embargo el Ministerio de Cultura, viendo las fotografías y vídeos publicados en diferentes medios, ha prohibido la celebración de tan excéntricos funerales, amenazando con severos castigos para los organizadores que, de momento, no suelen aplicarse. Una vez más se demuestra que en China todo es válido si con ello se consiguen los fines perseguidos. Especialmente si esto ayuda a que corra el dinero.


La institución asegura que, además de lo incivilizado de esta práctica en unos funerales, la exhibición de cuerpos desnudos está prohibida en el país. A pesar de ello esta práctica sigue existiendo de forma velada puesto que, aunque el espectáculo atraiga a gente ajena a la familia, a mayor público más honrados quedan sus antepasados. A tal fin y para preservar de posibles sanciones a los familiares contratantes, los artistas montan una carpa en las inmediaciones en cuyo interior las chicas cantan y bailan, en ropa interior y hasta incluso se desnudan al son de la "suona" (trompeta específica que suele tocarse en los funerales) lo cual atrae a multitud de curiosos.


En el interior de la carpa suele haber una gran foto del difunto pero, en algunos casos, es el propio ataúd del finado el que preside el espectáculo. Con una falta de respeto sin límites, entre artistas y público se intercambian palabras y gestos obscenos, e incluso bailes en el regazo y tocamientos al más puro estilo de los strip-clubs occidentales. Dada su creciente popularidad y al precio de unos 300 euros, es frecuente que estas compañías celebren varios eventos semanales, por lo que incluso se ruega avisarles con tiempo. En Taiwán los velatorios son más atrevidos, si cabe, hasta el punto de que el striptease acompaña al finado hasta el cementerio e incluso bailan junto a la misma tumba. ¡Qué cosas!.

RAFAEL FABREGAT

12 de octubre de 2015

1912- LOS PELAGATOS.

En un país como España, donde más de cuatro creen ser el ombligo del mundo, abundaban los "pelagatos". No como oficio en sí, pero sí por emplearse la carne de este animal como fórmula para fermentar diferentes vinos. Que más quisiera yo, que saber cuales eran esas bodegas simplemente para evitarlas. De hecho, cuando se detectaba alguna partícula grasa en el borde del vaso, se le llamaba "vino con gato" pero se seguía bebiendo. Así de bueno su sabor o grande la sed de los comensales. Su uso frecuente en las comidas y bebidas de tiempos medievales, puso de moda la expresión de "dar gato por liebre", lo cual nos indica que había mucha hambre, o que su sabor no era del todo malo. Una de las primeras recetas escritas de las que se tiene constancia es del Cocinero Mayor del rey Fernando I de Nápoles. 


El famoso cocinero real, Rupert de Nola, era catalán y autor de uno de los primeros libros europeos sobre cocina. Editado en 1477 se titulaba "Lo Llibre de Coch", un verdadero "best seller" que se editó cinco veces en catalán y se tradujo después al castellano en varias ediciones. La primera edición en castellano vio la luz en 1525 y una de sus recetas más famosas fue el gato asado, también llamado "Gato como se quiera comer". Se dice de él que "se puede comer de él porque es muy buena vianda, excepto los sesos, puesto que comiendo de ellos podría perder el juicio quien los comiere". 
La frase no invita precisamente a degustar tan "sabroso" manjar. En las sucesivas ediciones del famoso libro de Rupert de Nola, la receta del gato asado fue eliminada, pero ahí sigue plasmada en las ediciones de 1525 y 1529. Tradicionalmente, en Europa el uso del gato siempre ha sido considerado comida de pobres, clases más bajas de la sociedad. De este animal nada ha sido tan estimado como la piel. La carne siempre ha sido comida por los más menesterosos, pero las pieles volvían a manos de los ricos para hacer con ellas las bolsas en las que guardar sus doblones y así lo escribía Fray Hernando de Santiago en 1606 en su libro "Consideraciones sobre los Evangelios" editado en el Valladolid de 1606.


Nada más habitual, aún en el presente siglo XXI, que llamar "pelagatos" a quien no tiene bienes que disfrutar. El consumo de gato, al horno o guisado, todavía era totalmente habitual en el Perú de finales del siglo XX. De hecho todavía se consume hoy en algunas localidades próximas a Lima. En algunos pueblos de la región de Conchucos a los comensales de este plato típico se les llama "mishikankas". Se trata de platos variados, donde el gato forma parte de las diferentes maneras de preparación. Esta gastronomía forma parte de las celebraciones del mes de Julio en torno al Festival Mishirock, donde esta carne se presenta de diferentes maneras: Chicharrones, asados, pucheros, gatitos al horno, o el típico guiso seco de gato.


En Lima y con motivo de la fiesta de Santa Efigenia (Septiembre) se celebraba la Carrera de gatos, una carrera forzosa puesto que el gato corre simplemente por querer escapar de un cohete que le ha sido atado a su cola. Tras la carrera, agotados por el miedo y el cansancio, los gatos eran sacrificados y comidos. Esta celebración fue anulada el 8 de Octubre de 2013 por denuncia de la Asociación Defensora de las Mascotas. Por tratarse de un animal domesticado, el amparo de los jueces fue más allá y prohibió en esta ciudad la celebración del Festival y su consumo en cualquier época del año. A partir de entonces, esta gastronomía ha pasado a la clandestinidad. También en Rosario (Argentina) se utilizaba esta carne para alimentar a los niños desamparados, motivo por el cual se llamaba a los rosarios "comegatos". Solo los chinos, comen 4 millones de ejemplares al año.

RAFAEL FABREGAT

1911- EL ESCALÓN PROHIBIDO.

Mucho me temo y ojalá me equivoque, que la Guerra Civil Española de 1936-39 no haya terminado todavía... Tanto que sean de izquierdas como de derechas, a los políticos la paz no les interesa. Carniceros unos, carniceros otros. Ojalá sea un miedo infundado, pero desde mi punto de vista se está gestando en España una nueva guerra civil. Siempre presumí, presumimos todos los de mi generación, de ser quizás los primeros afortunados que no habíamos conocido una guerra en nuestras propias carnes. Los nacidos pocos años después de finalizada la guerra pensábamos, pobres inocentes, que la modernidad descartaría ya para siempre que tales atrocidades volvieran a repetirse en un mundo civilizado como el nuestro. Pero ¡ay!, lamentablemente ya no estamos tan seguros. Parece ser que el ser humano, siéndole todo insuficiente, no sabe vivir en paz y libertad. 


El año 1949, coincidiendo con la llegada al mundo de quien escribe, el poeta y compositor argentino Alberto Castillo compuso una canción dedicada a todos los emigrantes y expatriados españoles que habían ido a refugiarse a su país: TODOS QUEREMOS MAS. Ese era el título de la canción...

Todos queremos más
y más y más y mucho más.
El pobre quiere mas,
el rico mucho más
y nadie con su suerte
se quiere conformar.
El que tiene un duro
quiere tener dos, 
el que tiene cinco
quiere tener diez,
el que tiene veinte
busca los cuarenta
y el de los cincuenta
quiere tener cien.
La vida es interés,
el mundo es ambición,
pero no hay que olvidar,
que tenemos corazón.


Para algunos, la Primera y Segunda Guerra Mundial, no fueron suficientes. Entre una y otra fue la Guerra Civil Española. También Yugoslavia saltó en pedazos demostrándose, una vez más, que la política y la religión siempre están ávidas de sangre. Los nacionalismos quieren abrirse paso, mandar y coger parte del pastel. África nunca vive en paz. Oriente Medio tampoco. En nombre de la religión y agitando banderas que hablan de una Historia ficticia, también en Europa son muchos los que quieren saciar su afán de poder, sin importarles las vidas que pueden pender del hilo endeble de una simple telaraña. Aborrezco los noticiarios de la televisión pero, al mismo tiempo, quiero estar informado. ¡Malditos sean todos los políticos corruptos, lacra de la humanidad!. Mueren miles de personas y apenas cincuenta años después ya nadie se acuerda de ello...


Desde que la humanidad deambula por este mundo, jamás se ha conocido un siglo sin guerras. Y la historia se repite constantemente. La mueven los políticos, pero los imbéciles les apoyan. Nadie se da cuenta del valor de la paz. La gente, en su ignorancia, cree que merece la pena perder la vida por una idea. ¡Como si hubieran otras vidas de repuesto!. Desde luego, cada cual que haga con su vida lo que quiera, pero que sepan que no hay segundas oportunidades. ¿Ideales...? Ideales los tenemos todos, claro que sí, pero son los nuestros, no los de los demás y por lo tanto una utopía el poder aplicarlos en paz. Solo los dictadores pueden aplicarlos, pero tampoco al 100%. También ellos tienen que transigir algunas veces, a fin de conseguir acallar a quienes les apoyan. Una auténtica mierda.

En lo alto de la escalera no hay amor y bienestar, sino odios, envidias y guerras. En España llegamos hace unos años hasta ese último peldaño: el escalón prohibido. Solo hacía falta trabajar para disponer del bienestar propio de los ricos y algunos incluso sin esfuerzo alguno. Pero no hay que ser un lince para saber que el bienestar general es imposible. Estábamos llegando a un nivel tan alto de bienestar que cuando se ofrecía un trabajo ya se respondía con dos preguntas a cual más letal: 
- ¡Según sea el trabajo y el sueldo! -era la respuesta. 
Fíjense bien en el orden de la respuesta. Lo primero era el trabajo, si no apetecía no querían hacerlo a ningún precio. Lo segundo era el sueldo a percibir. Si la remuneración no era importante tampoco les interesaba. 


Ante este estado de cosas, se abandonaron los campos y todos los oficios artesanales quedaron obsoletos. Ningún gobierno, ninguna economía puede subsistir con mano de obra tan exigente. Mientras hubo demanda, el trabajo de la construcción era el que acaparaba la mayor cantidad de mano de obra. Grandes sueldos en una jornada de 8:00h a 19:00h pero con menos de 7 horas trabajadas. ¿Extraño?. Para nada. Acudían al trabajo a las 8 de la mañana. Mirar el trabajo a realizar y preparar la herramienta necesaria y daban las 9:30h, hora de almorzar. Subían todos a los coches y se marchaban al bar. Sobre el papel era media hora pero raro era el día en que a las 10:30 estaban trabajando. Se trabajaba hasta las 13:00h y para la comida había dos horas de descanso. Se reanudaba el trabajo a las 15:00h y hasta las 19:00h. Total de horas trabajas: seis y media. 


El resultado fue un encarecimiento de la construcción de tales dimensiones que explotó cuando los Bancos empezaron a tener los primeros impagados. Algunos jefes de obra, muchos diría yo, llevaban varios trabajos a la vez y se pasaban el día de un lado para otro, supervisándolos todos y cobrando en todos el jornal. En los pueblos, incluso los había que, además de cobrar en varios sitios a la vez, marchaban a sus campos a realizar las tareas propias del cultivo de que se tratara. ¿Explotó la burbuja?. No, lo que explotó no fue ninguna burbuja, sino la egolatría general. La ambición desmesurada de unos y otros llevó al fracaso de todos. El escalón prohibido no es otra cosa que llegar a un punto tan elevado de bienestar que haga pensar a cualquiera que puede hacerse rico sin trabajar.


La práctica ha demostrado que, alcanzar ese nivel, tiene más de malo que de bueno. El mundo solo funciona cuando ese escalón solo es alcanzado por una minoría válida. Mientras el 99% tira del carro todo va perfectamente. El problema llega cuando solo tira 1 y los 99 restantes están subidos encima. Antes los más sabios eran los que se subían al carro pero, en un mundo como el actual, en el que camareros y barredores urbanos tienen una o dos carreras universitarias, solo puede viajar encima el que tenga más agallas, menos vergüenza y desprecio absoluto hacia los demás. Aún así de esos también hay demasiados, tantos que será imposible vivir en paz. Forzosamente tendrán que volver las guerras, pero no serán como las de antes. Quedaron obsoletos los castillos y las trincheras. Pronto se matará sin destruir ni siquiera las ciudades.

RAFAEL FABREGAT

11 de octubre de 2015

1910- DONDE DIJE DIGO, DIGO DIEGO.

Es lo que pasa amigos. El que mucho habla, mucho yerra. 
En mi post 1898 dije (y dije bien) que la campaña de setas 2015, al menos en el Maestrazgo, había finalizado; que ya no volvería este año a buscarlas y que si patatín y que si patatán. 
Pues bien, si no quieres caldo... ¡toma dos tazas!. 
El jueves (anteayer) fui con mi mujer a buscar "boletus" a Vistabella. 
Llegué a casa, como llegan todos los viejos: ¡reventado!. Pero va entonces mi hija y me dice que han llevado el coche a Cantavieja a la ITV y no se la han pasado porque tenían el tubo de escape roto. Total, que ya lo tenían reparado y subirían al día siguiente (ayer) a pasarla de nuevo y aprovecharían para ir a buscar setas... 
- ¿Queréis venir? -me dice.


Yo no sabía qué responder pues estaba reventado.
- El monte está seco -le dije.
Claro que la suerte, es para el que la busca...
- Como aquí es fiesta (Día de la Comunidad Valenciana) y nosotros igual tenemos que subir, hemos pensado, que tal vez os apetecía subir y pasar la mañana por Mosqueruela. ¡Las niñas también vienen...!
- Las niñas también van -repite mi mujer.
- Vale, vale, subiremos a pasar el día por allí. Ahora llamo para reservar mesa para comer en el Molino.
- Ah pues, estupendo -dice mi hija- Nosotros a primera hora estaremos en la ITV y después iremos al pinar. Nos vemos allá en... ¡el que llegue primero que vaya buscando!.

- ¡Ay Señor...!
En fin, a lo que iba...
Yo no tenía intención de volver a buscar setas al Maestrazgo este año. Como todos saben la lluvia ha sido escasa, pero lo peor han sido los calores y los vientos de poniente que lo han secado todo. Sin embargo el maldito Internet y mi poco seso hicieron que le propusiera a mi mujer (con el monte seco y fuera de temporada) que, como último cartucho, fuéramos este jueves a ver si encontrábamos algún "boletus". Como para que te salga la Lotería tienes que jugar, nos fuimos y encontramos una cesta llena, entre los dos. La cesta era grande, pero no todo eran boletus. Había también una docena de robellones y otra de champiñones "selváticus". En fin la cuestión era llenarla, siempre que fuera de setas buenas y sabrosas.


Pero lo de repetir, al día siguiente, ¡ya era harina de otro costal.
Total que, sin madrugar pero subimos. Llegamos al lugar de la cita a las 9,30 pasadas. Su coche ya estaba allí. Hice sonar el claxon y al momento estaban todos allí.
- Ya queríamos marcharnos a esperaros junto a la carretera porque aquí no hay nada -dijeron.
- Ya lo sabía -pensé- Pero no dije nada. Nos comimos los bocadillos y cogiendo a mi nieta más pequeña le dije que fuéramos a coger "su" robellón. Es una mata de maleza, a escasos metros de donde dejamos el coche, donde salen robellones fijo. Si allí no hay ninguno ya puedes marcharte a casa que no encontrarás nada. La cogí de la manita y comiéndonos el bocadillo llegamos a la mata. Verdadero milagro, pero había uno y solamente uno.
- Anda córtalo. (Tiene cinco años) Así, junto a la tierra...
- Mami, mami, ¡ya tengo uno! -gritó alborozada.


Nos fuimos a otro lugar, único punto donde podía haber algo por estar algo más resguardado del sol y del viento. Esto de las setas es como la caza, no puedes desengañarte.
- No hay prisa -les dije- Cuando pasemos por Mosqueruela pararemos a tomar un café.
El dueño, que me conoce desde "la noche de los tiempos", enseguida me pregunta.
- Hombre, no me dirás que habéis venido a buscar setas.
- Pues no, no. Ellos han subido a pasar la ITV y nosotros a comprar patatas, pero echaremos un vistazo.
Me salió así, como salen las cosas del subconsciente, ya que las patatas ya las habíamos recogido la quincena anterior, pero son tan buenas y tan baratas que me quedé con la idea de que habíamos debido comprar más. De allí mismo llamé al productor y encargué 50 Kg. más.
- Pues la semana pasada salió llanega negra -me dice el del bar.



- ¿Ah si?. Pues donde queremos ir sale ese tipo de seta -respondí.
Tuvimos suerte. A pesar de los pesares, todos salieron con media cesta de setas. Yo dos tercios largos de la misma. Efectivamente la mayoría del contenido era llanega negra, el resto níscalos, algún robellón y llanega blanca. En fin, pasamos la mañana, que era de lo que se trataba. A la 13:30 llegábamos a la casa del señor que nos vende las patatas.
- Pues habéis tenido suerte. -nos dijo- Las que tengo ahora también son blancas, pero de otra variedad más tardía de carne amarilla. Son mucho mejores que las que cogistéis el otro día.
- ¿Y el precio? -le pregunto.
El precio el mismo, a 40 céntimos.
Yo es que no me lo puedo creer. Es que a ese precio... ¡Ni para la semilla!. De allí nos fuimos a comer al Hostal El Molino. Buena comida y mejor vino en menú de 13 euros. Para reventar...

RAFAEL FABREGAT

8 de octubre de 2015

1909- VOLVERÁN LAS OSCURAS GOLONDRINAS...

En España, los ediles de antes, cuando "todo funcionaba mal", eran solamente alcaldes y como tales se encargaban de todos los asuntos propios del cargo, es decir: de procurar a sus conciudadanos la atención y los servicios a los que todos tenemos derecho, a cambio de las contribuciones impositivas y fiscales que religiosamente pagamos, todos los que pagamos, que no somos todos ni mucho menos. Ahora los ediles modernos, que nos dimos este pasado mes de Mayo 2015 ya no se encargan de nada relacionado con las gestiones buenas o malas de su Ayuntamiento, eso lo hacen los funcionarios que para eso están. La función del moderno alcalde es impedir que los Bancos cobren sus deudas y abaratar los costes de los servicios que anteriormente se encargaban a determinados profesionales.


Como buenos empresarios, los nuevos alcaldes tienen como máxima prioridad reducir costes al precio que sea. A tal objeto se está estudiando crear Bancos y otras medidas correctoras, consistentes principalmente el dejar en la cuneta a todos sus proveedores y que sea el alcalde y sus concelajes los que, desde el Ayuntamiento, preparen el pan y la sal para todos los contribuyentes. También, por supuesto, el vino de los ciudadanos que tengan la sana costumbre de tomar un vasito en las comidas. Habrán de plantarse algunas viñas, hacer una bodega, etc. pero ¿qué es eso para todo un Quijote español, destrozador de molinos de viento?. Minucias. Por supuesto también se gestionará la producción de algodón en masa y la fábrica de camisetas y calzoncillos para que no nos salgan rojeces en la entrepierna. Hay que reducir el gasto en farmacia. Como sea...


Son muchos los Ayuntamientos gobernados por tan insignes próceres. Especialmente en Madrid hasta incluso podrás morirte a mejor precio puesto que, según informan los periódicos, su alcaldesa gestionará no solo los cementerios que son de rigor, sino incluso las funerarias. Si algún empresario de pompas fúnebres se tira desde el puente más alto por no poder hacer frente a sus facturas, no pasa nada, ya pasarán los del Ayuntamiento con pala y capazo para recoger sus restos. Y esto no ha hecho más que empezar. Algunos "envidiosos" querrían que estas cosas también pasaran en su pueblo... Calma y tiempo al tiempo, todo llegará. "Volverán las oscuras golondrinas, en tu balcón sus nidos a colgar y otra vez con el ala a los cristales, jugando llamarán..."


Cuando yo era joven, una de las primeras cosas que un adolescente pueblerino se compraba, era una navaja. No era para rajar a nadie, claro, sino para cortar a cachitos el tocino seco que era el único fiambre que se comía (día sí y otro también) para almorzar. Tener tu propia navaja era una señal de hombría. Dentro del zurrón con el que te ibas a tus quehaceres diarios en el campo estaba el agua, el pan y el tocino seco; además del tabaco y el mechero. Nadie ponía allí cuchillo alguno, porque se suponía que cada cual tenía su propia navaja. Yo quisiera que (por un día) volviéramos todos a aquella vida, a ver si (por fin) nos dábamos cuenta de nuestro bienestar actual. Y eso que estamos en crisis. Pero, ¿qué clase de crisis es esta, que ningún viejo la entiende?. ¡Ay, es que los viejos son como los niños!. Dicen verdades como puños y eso... a los jóvenes les gusta poco, ¡o nada!.


¡Como han cambiado los tiempos!. Cuando yo era joven llamábamos bienestar a trabajar doce horas al día, incluidos los sábados. Después llegó lo de hacer fiesta los sábados por la tarde. Después lo de acabar el viernes y ahora lo de no trabajar los viernes por la tarde. ¿Qué será lo próximo?. Pues bien, lo próximo ya ha llegado. ¡Vivir en crisis!. ¿Mala cosa?. ¡Que va, para nada!. Estar en crisis es tener que esperar cada mañana en la puerta de los bares a que abran, o ir al gimnasio y tener que ducharte para volver al bar. Antes, cuando la crisis no existía, la gente se ponía a trabajar a las ocho de la mañana ya almorzado. Lo que no se negaba a nadie eran quince minutos a media mañana para fumar un cigarrillo que, también para el no fumador, significaba un descanso.


Tanatorio de la M-30. Madrid.
Pero, en fin, esto no es de lo que se quería hablar en este post, sino de las actuaciones de los modernos ediles que tanto "agradecen" los profesionales de los diferentes sectores. En su afán por inmortalizarse en el poder, están politizando la vida en pueblos y ciudades, quitando el pan a numerosos autónomos de diferentes negocios, a fin de abaratar al máximo los costes de determinados servicios, sin pensar que con esta actitud están negando el pan a honrados industriales autónomos que, en sus mediocres oficios, no hacen otra cosa más que subsistir. Después de proponer que los familiares limpien escuelas y hospitales les ¡faltaba meterse a enterradores!. Y esto es solo el comienzo. Sin duda alguna, veremos más cosas como esta y más grandes si cabe. Mueren las panaderías, las carnicerías, las tiendas de alimentación y hasta los bares. ¿Veremos a estos alcaldes poniendo copas?.

RAFAEL FABREGAT