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23 de agosto de 2019

2841- FILIPO II DE MACEDONIA. (2ª parte)

Macedonia era un territorio extenso pero poco habitado, unas veces perteneciente a Grecia y otras a Persia. Su ejército era escaso, viejo y mal organizado. Es por ello que los reyes duraban poco en el trono, muriendo casi siempre asesinados. Ser rey de los macedonios no era pues algo apetecible, pero las cosas cambian y bien que esto cambió con la llegada al trono de Filipo II, hijo de Amintas III y padre de Alejandro Magno. En esos tiempos, para mantener una estrecha colaboración con un reino cercano, la costumbre era mandar como rehén a uno de tus sucesores al trono. Era sin duda la mayor garantía de que no había duda alguna de tus buenas intenciones. Ese fue el caso de Filipo II que, con nueve años, fue enviado a Tebas por Ptolomeo, amante de su madre Eurídice, regente del reino.

Monedas con la imagen de Filipo II de Macedonia.
Tras la muerte de sus hermanos Alejandro II y Pérdicas III, Filipo II se proclamó rey de Macedonia a los 22 años, no dudando en librarse de sus rivales al trono: Arquelao, Arrideo y Menelao, hijos ilegítimos de su padre con su amante Gigea y que también querían acceder al trono macedonio, especialmente Arquelao que era mayor que Filipo.
Solventadas las disputas Filipo se dedicó a extender su territorio apoderándose de los reinos vecinos. Con todos los estados griegos, a excepción de Esparta, formó la Liga de Corinto confirmando su dominio sobre Grecia y buscando la invasión de Persia bajo su autoridad. A tan compacto ejército añadiría un equipo de ingenieros que construyera las mejores máquinas de asedio y edificaciones de campaña.

Alejandro III Magno, hijo de Filipo II.
El año 337 a.C. Filipo II se divorció de su esposa Olimpia. Para aplacar el descontento surgido entre los nobles de Molosia, de donde descendía Olimpia, organizó un matrimonio de conveniencia entre su hija Cleopatra y Alejandro de Epiro, hermano de Olimpia y rey vasallo de Molosia. 
Hubo un gran banquete tras el cual todos los invitados se dirigieron al teatro para finalizar la fiesta. Filipo II entró en el recinto vestido de blanco para la ocasión y se le abalanzó uno de sus guardaespaldas hiriéndole en un costado. Murió al instante. 
Tras el asesinato su hijo Alejandro III, conocido como Alejandro Magno, heredó el trono y la dirección de tan poderoso ejército, sin duda el mejor de la antigüedad. Pero esa es ya otra historia, bastante más conocida que la de su padre Filipo II de Macedonia.

RAFAEL FABREGAT

26 de junio de 2017

2442- EL FARAÓN RAMSÉS II.

Este es un recordatorio de la historia de este famoso faraón de Egipto. RAMSÉS II, un gran estratega que gobernó durante 66 años, uno de los más logevos de la época. (1279-1213 a.C.) Gran constructor, ha pasado a la Historia por los numerosos vestigios que perduran de su amplio y floreciente reinado. Nació el año 1300 a.C. y murió en 1213 a.C.,, siendo enterrado en la tumba KV7 del Valle de los Reyes. Hijo de Seti I y de Tuya, su Gran Esposa Real, pertenece a la XIX Dinastía de Egipto. Como buen descendiente de generales, vivió desde muy pequeño el ambiente castrense y su padre, el faraón Seti I, lo nombró corregente con solo 14 años de edad. Recibió instrucción por parte de los más afamados maestros en artes y ciencias, siendo entrenado intensivamente para las armas por parte del mismo faraón. Según rezan algunas inscripciones a los dieciséis años, ya casado y con cuatro hijos, Ramsés II tenía autoridad sobre una buena parte del ejército y era visto como líder. 

Durante sus años de corregente el país no vivió problemas militares, motivo por el cual se dedicó a sustituir a su padre en la supervisión de las canteras y posteriores trabajos de construcción de templos. Gran estratega, Ramsés II acompañó a su padre en múltiples batallas. Ya como comandante invadió el Reino de Kush (Nubia) pero hubo de abandonar la lucha al llegarle noticias de la muerte de su padre el faraón. Ramsés II volvió inmediatamente a Egipto y allí, junto a su madre Tuya y como nuevo faraón, presidió las ceremonias fúnebres de Seti I en la necrópolis de Tebas. Según describe la Estela de Tanis, algún tiempo después piratas Shirdanos de los Pueblos del Mar, atacaron el delta del Nilo pensando en la posible debilidad del nuevo faraón, pero fueron vencidos por las tropas de Ramsés II y los supervivientes reclutados como soldados al servicio de las tropas egipcias. De hecho estos shirdanos se mencionan en el Poema de Pentaur como miembros del ejército egipcio.

En esa misma opinión de debilidad, con respecto a su poderoso padre Seti I, los Hihitas ocuparon las tierras de Siria tradicionalmente pertenecientes a Egipto, pero perdidas en tiempos de Akenatón. La primera expedición de Ramsés II hacia esas tierras logró pacificar a Canaán, como paso previo a la reconquista de Siria. Desde allí marchó a Siria donde se llevaría a cabo la célebre Batalla de Qadesh, donde se enfrentaría contra los ejércitos aliados sirio-hihitas capitaneados por Muwatalli II. Haciendo caso omiso a los consejos de sus generales, las tropas de Ramsés II atacaron pero fueron gravemente diezmadas y acabaron huyendo del campo de batalla. Aún así los historiadores egipcios cuentan que, guiado por Amón, el faraón siguió la lucha con un puñado de soldados de élite y la batalla quedó en tablas, sin poder acceder a la ciudad atacada. Tras esta batalla frustrada, ambos mandatarios se dieron una tregua y Ramsés II volvió a Egipto prosiguiendo sus trabajos de construcción, mucho más agradecidos. 

No abandonó sin embargo la lucha ya que, a la muerte de Muwatalli y conocedor de la lucha por el poder entre sus hijos, aprovechó para dominar la zona. Los enfrentamientos continuaron hasta la llegada al trono de Hattusili III, momento en el que ambos reyes firmaron la paz con el Tratado de Qadesh, cuando ya Ramsés II llevaba 25 años como faraón de Egipto. Tiempo después llevó a cabo diferentes incursiones en Libia, estableciendo varias colonias de carácter defensivo desde Racotis (Alejandría) hasta El Alamein. Durante su reinado Egipto conoció su mayor esplendor y trasladó la corte a Menfis para posteriormente llevarla a Pi-Ramsés, junto al Delta. Su alejamiento de la antigua Tebas hizo que la aristocracia perdiera influencia, con respecto al ejército, aunque sin rebajar el poder del sumo sacerdote de Amón. Dominado el poder de los reinos vecinos, Ramsés II se dedicó en cuerpo y en alma a lo que más le gustaba: la construcción de grandes templos, así como la remodelación de otros construidos por anteriores mandatarios e incluso los de sus propio padre Setis I. 

Creyéndose descendiente del dios Amón-Ra construyó estátuas y templos enteros dedicados a su persona. También en el Valle de los Reyes construyó el Templo de Ramesseum, destinado a ser su tumba. Sin embargo su construcción más importante fue su nueva capital Pi-Ramsés Aa-Najtu (La ciudad de Ramsés). A pesar de su largo reinado de 66 años, todas las estatuas reflejan sus años de juventud. También su momia es la mejor conservada. Ramsés II es tachado de lascivo y mujeriego. Aunque la bella Nefertari fue su principal y Gran Esposa Real, hay datos de decenas de reinas y decenas de esposas y concubinas, con cientos de hijos e hijas de este faraón. Creyéndose hijo de dios y por encima de todos los hombres, Ramsés II no hizo nada por ocultar este hecho e incluso llegó a confeccionar una lista de mujeres y descendientes, con el diseño de una enorme tumba en el Valle de los Reyes donde ubicar a buen número de ellos. Este hipogeo, conocido como KV5, se ignora cuantos secretos puede albergar todavía pues no ha sido excavado en su totalidad.

A pesar de todo esto, Nefertari fue siempre el principal amor de Ramsés II, motivo por el cual le dedicó el segundo Templo de Abu Simbel, en la imagen de la diosa Athor y cuya imagen de la reina tiene, por primera vez en la historia de Egipto, el mismo tamaño que la del rey. 
Desgraciadamente Nefertari no pudo verlo terminado pues murió a los 26 años de su reinado. Le siguieron seis reinas más, una hermana o hija de Nefertari, una hija del hihita Hattusili III como prenda de paz y cuatro hijas suyas con diferentes esposas. El incesto real era muy frecuente en aquellos tiempos. A fin de mantener el linaje y el poder, las hijas iban sustituyendo a las madres en todos los órdenes sociales y políticos, así como en el corazón del emperador. Ramsés II murió a los 87 años de edad, después de haber enterrado a muchos de sus descendientes. Su momia, descubierta en 1881, es la un hombre viejo, muy alto, de cara alargada y nariz prominente. Seguramente el último gran faraón de Egipto pues los contínuos conflictos ya no permitieron un periodo tan largo de paz y esplendor.

RAFAEL FABREGAT

15 de julio de 2016

2149- EL LIBERTADOR DE AMÉRICA.

Al general José F. de San Martín se le tiene por todo un héroe en Sudamérica y también en España. Contrariamente a lo que pudiera parecer, los españoles no tienen objeción alguna en reconocer que este personaje fue un estratega militar de primer orden y que sus campañas militares fueron decisivas para la liberación iberoamericana del poder colonial. José F. de San Martín y Matorras, menor de cinco hermanos, había nacido en Febrero de 1778 en la misión jesuita de Yapeyú, entonces Paraguay pero actualmente provincia de Corrientes (Argentina). Era hijo de españoles de la provincia de Palencia, que habían viajado a Sudamérica al ser nombrado el patriarca gobernador del Departamento de Yapeyú

Las autoridades de la ciudad de Yapeyú mantienen, rodeados dentro de un museo construido al efecto, los restos de la casa natal de José de San Martín que han sido declarados Monumento Histórico Nacional de la República Argentina. Como puede verse, a pesar de que su padre era el gobernador de la provincia colonial, la casa era extremadamente humilde.
El matrimonio y los hijos volvieron a España cuando José Francisco tenía seis años de edad. Tras cursar estudios en Madrid y Málaga, inició su carrera militar en el Regimiento de Murcia luchando después en la Campaña de Melilla y contra la dominación napoleónica con un ascenso meteórico en el escalafón.


Con 34 años de edad y ya siendo teniente coronel de caballería, José de San Martín mantuvo contactos con los movimientos independentistas iberoamericanos y abandonando su carrera militar, pidió la baja y viajó a Buenos Aires para ponerse al servicio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Su bautismo de fuego en tierras americanas fue en San Lorenzo, provincia argentina de Santa Fe, desde donde concibió el plan independentista hispanoamericano. Cruzó los Andes y liberó Chile, utilizando su flota para trasladarse a Perú, entrando en Lima en 1821. Considerando que su compromiso con el pueblo sudamericano estaba cumplido y, no queriendo entrar en las luchas intestinas por el poder, entregó a Simón Bolívar el mando de su ejército y regresó a Europa.


José de San Martín malvivió un tiempo en Inglaterra y después en Bélgica ya que, aunque resulte ridículo y casi esperpéntico, su escasa renta apenas le permitía comer. En 1829, ya con 51 años a sus espaldas, regresó a Buenos Aires llamado por las presiones que Brasil ejercía sobre las fronteras argentinas. Sin embargo, viendo las luchas fraticidas que había entre centralistas y federalistas, regresó asqueado sin apenas poner pie en su querida Argentina. Regresó a Bélgica y de allí a París en 1831. Su residencia definitiva fue en Boulogne-sur Mer (250 Km. al norte de Francia) donde moriría, prácticamente ciego, el 17 de Agosto de 1850. Argentina lo reconoce (hoy) como 'Libertador y Padre de la Patria' y con el grado de Capitán General pero, de no ser por la caridad de Alejandro Aguado, su amigo y compañero de armas en España, hubiera tenido que mendigar para poder subsistir.  

RAFAEL FABREGAT

24 de febrero de 2016

2023- EL GRAN DUQUE DE ALBA.

En 1.513 y con tan solo 6 años de edad, Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (después III Gran Duque de Alba) ya acompañó a su abuelo Fadrique Álvarez de Toledo y Carrillo en la toma de Pamplona, tras su conquista el año anterior a las órdenes de Fernando II de Aragón, llamado el Católico, rey consorte de Castilla (Isabel I, la Católica) y también de Sicilia y Nápoles. Su padre fue Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez, II Duque de Alba y de él heredó Fernando el título de III Duque de Alba. Puede decirse pues que, desde la cuna y hasta el día de su muerte en Diciembre de 1582, no vivió más que para honrar a su país, sirviendo lealmente a los diferentes reyes que pasaron por el trono de España en sus 75 años de vida. De mal carácter y esclavo de su disciplina, en todo ese tiempo dejó tras de sí una estela de sangre de todos aquellos que consideró enemigos de la patria. Un servicio que los reyes no siempre comprendieron.

Siempre se dirigía a sus tropas con respeto: "Señores soldados..." y ellas le correspondían con el necesario arrojo, sin mostrar jamás miedo al adversario. Las tropas del Gran Duque de Alba eran temidas entre turcos y moros, así como entre los luteranos de Portugal. Hasta hace bien poco, a los niños holandeses se les infundía miedo con la frase amenazante de que si no obedecían "vendría el Gran Duque de Alba a llevárselos", de la misma manera que en otras partes se hablaba del 'coco' o del 'hombre del saco'. Comandante supremo de los Tercios Españoles, fue sin duda uno de los generales más intrépidos de la Historia de España. Heredero de noble familia de soldados de casta y valor indomable, el Gran Duque de Alba aprendió de joven, casi niño, lo que era el crujir de las armaduras y arcabuces y el relincho desesperado pero obediente de los caballos en el fragor de la batalla.

El imbatible caballero había nacido el 29 de Octubre de 1507 en Piedrahíta (Ávila) y con 17 años y sin el consentimiento familiar ya se enroló en las tropas del Condestable de Castilla Íñigo de Velasco cuando marchaba a liberar la plaza de Fuenterrabía, entonces en manos de los franceses. En esa misma batalla hizo el futuro Gran Duque de Alba gran amistad con el poeta, entonces alférez, Garcilaso de la Vega y juntos lucharon en esa y otras batallas, bajo la bandera de Carlos V, hasta que la muerte le sobrevino a Garcilaso, en la Provenza francesa en el asalto a la fortaleza de Le Muy, en las proximidades de Niza. Era el año 1536 y contaba poco más de treinta años de edad. Murió prácticamente en los brazos del soldado Francisco de Borja, Duque de Gandía y bisnieto del Papa Alejandro VI.

El Gran Duque de Alba fue visto, porque así era, como serio y severo, fiero e incluso despótico pero, desde un punto de vista global, fue un bravo general y acertado estratega cuyos primeros admiradores eran sus propios soldados, que acataban sus ordenes con la fe ciega de quien se sabe comandado por el más eficaz de los capitanes. Los Tercios del Gran Duque de Alba no eran gente bisoña, sino veteranos de todas las trincheras, mil veces heridos en batalla y autorizados por tanto para emitir opinión de quien recibían órdenes que llevaban a la muerte o a la gloria. Juntos lucharon contra piratas y otomanos, para después ponerse al frente de los Tercios, en contra de los protestantes que fueron derrotados en la Batalla de Mühlberg. Pero a ésta siguieron decenas de batallas, no siempre gloriosas.

Castillo-convento de los Templarios en Tomar, Portugal.
El 22 de Agosto de 1567 entraba en Bruselas para detener la rebelión de los luteranos. No faltaron ejecuciones de nobles ni el aumento de impuestos a las ciudades enemigas, para sufragar los gastos de la campaña. El levantamiento fue total, como también lo fue la carnicería que siguió al saqueo de Malinas y toma de Haarlem. Hasta los oídos de Felipe II llegaron las espeluznantes noticias de lo allí acontecido y que llevaron a la destitución del general y a su destierro y exilio en Uceda. Finalmente, ya con 72 años, fue rehabilitado por el rey que le pidió un último esfuerzo: conquistar Portugal para la Corona. El Gran Duque de Alba no falló. Venció en la Batalla de Alcántara y entró triunfante en Lisboa siendo nombrado Virrey de Portugal. Murió dos años después, el 11 de Diciembre de 1582, en la ciudad portuguesa de Tomar a orillas del río Nabam, afluente del Tajo.

Tanto sudor y sangre derramada bien que les vino a la Casa de Alba pues todavía hoy, seiscientos años después, sigue siendo el patrimonio más grande de España. No hay Comunidad Autónoma que no tenga fincas de los Alba con miles de hectáreas, castillos, palacios y residencias, en algunos casos pueblos enteros con sus términos municipales. Durante siglos y siglos, la Corona premió con generosidad la inestimable entrega de los Duques de Alba a la monarquía reinante. Hoy esa fortuna se estima en más de 600 millones de euros, pero eso no es nada para lo que fue. No es que los últimos duques hayan dilapidado nada, todo lo contrario, pero los tiempos cambian y ya nada es como antes. Hasta hace bien poco con 5 hectáreas era uno el más rico del pueblo y hoy con 10 no puede comer...

RAFAEL FABREGAT




18 de agosto de 2015

1858- SANCHO DÁVILA, el Rayo de la Guerra.

Así apodaron al capitán Sancho Dávila Daza, mano derecha del III Duque de Alba. Nacido en Ávila en 1523, viajó a Roma para estudiar la carrera eclesiástica, aunque abandonó los hábitos en 1543 y en 1545 inició su carrera militar en los ejércitos del emperador Carlos V. Luchó contra los protestantes alemanes, contra los turcos e incluso contra el propio papa Pablo IV en las Guerras Italianas. Ascendió a capitán en 1561. Si ser amigo de un noble nunca fue fácil para un simple capitán, mucho menos lo fue tratándose de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, patriarca del ejército español. La estima del Duque de Alba a su capitán, era tan elevada que podemos decir que sus vidas militares corrieron parejas a lo largo de sus vidas. Hijo de un comunero de Ávila y por lo tanto poco de fiar a los ojos del rey, Dávila se marcó los objetivos de demostrar su valentía en la batalla y la máxima lealtad a sus superiores. En su lucha contra los luteranos alemanes, Carlos V confió el control de sus ejércitos al Duque de Alba. La noche del 24 de Abril de 1547 nueve soldados, entre los que se encontraba Sancho Dávila, cruzaron el helado río Elba a nado y eliminando a los vigilantes tomaron todas las barcas necesarias para trasladar a sus tropas al otro lado del río. 

Creyéndose protegidos por el río los protestantes fueron pillados por sorpresa y hubieron de huir de forma desesperada y sin presentar batalla. Los nueve hombres fueron compensados con cien ducados de plata y Sancho Dávila con la confianza ciega del Duque. Siguieron años de lucha en el Mediterráneo contra los turcos, en la que la suerte fue desigual. Grandes victorias pero también espantosas derrotas que en 1560 sumaron para los españoles 9.000 muertos y 4.000 cautivos entre los que se encontraba Sancho Dávila. Los cautivos fueron liberados en 1561 mediante pacto entre los contendientes y Sancho nombrado por el Duque de Alba jefe de la fortificación de Pavía. Sin embargo tan cómodo y lucrativo cargo no era del gusto de Dávila y cuando el Duque de Alba marchó a la guerra de Flandes le rogó lo llevara consigo. 

Jefe de la guardia personal del Duque, formada por 100 lanzas y 50 arcabuceros, marcharon al frente de 16.000 almas en busca del enemigo. Los cronistas escribieron que jamás se había visto un ejército tan bien vestido, que todos parecían oficiales y príncipes. Sin embargo en Flandes no les esperaban con fiestas y bailes, sino con barro y miseria. En un inesperado ataque nocturno, 300 arcabuceros a caballo y 500 soldados de infantería consiguieron derrotar a las fuerzas de Guillermo de Orange, a pesar de estar atrincheradas. El Duque de Alba repartió 4.000 hombres por las principales guarniciones de Flandes y licenció al resto. A Sancho Dávila lo puso al frente de la ciudadela de Amberes. Su alta posición, no por todos aceptada sabiendo su modesta procedencia, le llevó a casarse en 1569 con Catalina Gallo, hija mayor del banquero Juan López Gallo. 

Catalina murió un año después en el parto de su hijo Fernando. 
Quizás a consecuencia de esa desgracia Sancho Dávila solicitó a Felipe II el hábito de la Orden de Santiago. Ser caballero de la Orden no era algo fácil en aquellos tiempos. La Orden mostró dudas por la posible ascendencia judía de sus dos abuelas y comenzó una lucha que lo mantendría en vilo durante varios meses. La investigación dio como resultado que sus dos abuelas tenían ascendencía judía. 
No era puro de sangre y aunque Sancho Dávila nunca pudo digerirlo, en aquellos tiempos los méritos militares pesaban menos que el plasma que corría por las venas. Finalmente el rey Felipe II, con la mediación del Duque de Alba le concedió el hábito de la Orden. Poco después, en 1572, estalló en Flandes la revolución provocada por los altos impuestos y el duro carácter del Duque de Alba que llegó a firmar cerca de 3.000 ejecuciones. Con solo 7.000 soldados hubo de lucharse en tres frentes y contra 20.000 hombres en uno de los episodios más duros de su carrera militar. Las numerosas quejas llegadas a la Corte, por los métodos utilizados por el Duque de Alba, aconsejaron a Felipe II relevarle y hacerle retornar a España en 1573. 

Sustituido por Luís de Requesen y estando éste informado de la valía de Dávila, le situó en su grupo de mando. Una de sus mayores victorias fue en la Batalla de Mock, donde los hombres de Dávila causaron la muerte de Luís y Enrique de Nassau, hermanos de Guillermo de Orange, junto a 3.000 de sus hombres. Desde la Corte, el Duque de Alba felicitó a su capitán como si de un hijo se tratase. Lo mismo hizo Felipe II que le prometió grandes mercedes a su regreso. La gran hazaña quedaría empañada esa misma noche al amotinarse las tropas, en protesta por las muchas pagas atrasadas. En 1577 Juan de Austria llegaba a Amberes sustituyendo a Dávila que regresó a España con el cargo de Capitán General de Granada, cargo importante pero sin acción alguna. 

No sería hasta 1580 cuando, intentando conquistar Portugal junto a un anciano Duque de Alba, recuperarían ambos el primer plano militar que latía en sus corazones. El ejército castellano se impuso rápidamente a los rebeldes lusos pero el día 11 de Diciembre de 1582, ya pacificado todo el territorio, fallecía el Duque de Alba a los 74 años de edad. No queriendo ser menos que su mentor, apenas unos meses después fallecía también Sancho Dávila. Lo que no consiguieron los miles de enemigos armados, lo hacía la absurda mala fortuna. Observando como herraban a un potro recibió una coz del animal en un muslo. La herida no parecía grave y cerró limpia, pero unos días después se infectó y produjo la peor muerte que un soldado puede esperar: postrado en la cama.

RAFAEL FABREGAT

15 de junio de 2015

1792- SALADINO. (Yûsuf ibn Ayyûb)

Saladino fue uno de los más grandes gobernantes del mundo islámico. Nació en el año 1138 en Tikrit (Iraq) en el seno de una familia kurda, originaria de Armenia. Inició su carrera militar a las órdenes de su tío Shikuh, general de Nur-al-Din jefe de Siria. Participó en la conquista de Egipto y a la muerte de su tío asumió el mando de los ejércitos sirios. Entre 1171 y 1193 fue sultán de Egipto y de Siria, unificando el Oriente Próximo. En 1187 reavivó la guerra santa y conquistó Jerusalén al derrotar a los cruzados, provocando una Tercera Cruzada (1189-1192) esta vez capitaneada por Ricardo Corazón de León. Un poderoso ejército, dirigido por los reyes de Francia e Inglaterra desembarcó en Acre sitiando de inmediato la ciudad. 

Gran Mezquita de Damasco y tumba de Saladino.
Los intentos de Saladino por romper el cerco fueron infructuosos por lo que éste centró su atención en impedir que los ejércitos cristianos llegasen a Jerusalén. La dura resistencia musulmana impidió el avance occidental y los cristianos no volvieron a ocupar Jerusalén aunque retuvieron las ciudades costeras ya conquistadas y negociaron la paz con Saladino. El interior de Palestina y la propia Jerusalén quedaba en poder de los musulmanes. La figura de Saladino fue exaltada por los cristianos y reverenciada por los musulmanes. En 1193, a la edad de 55 años moría Saladino de muerte natural, algo bastante extraño en aquellos tiempos. Saladino pasó a la Historia como salvador del islam.


También los propios cruzados y los historiadores occidentales destacaron su valentía y su honor como defensor de su pueblo y de sus creencias. Su tumba está situada en el ala norte de la Gran Mezquita de Damasco (Siria) donde cada año es visitada por millares de personas de todos los credos y partes del mundo. En la cámara mortuoria hay dos sepulcros, un cenotafio de madera con los restos de Saladino y un sepulcro vacío de mármol blanco. En su visita de 1903 a Damasco, el káiser alemán Guillermo II, al ver el mal estado del cenotafio original de madera, pagó su restauración y encargó uno sepulcro nuevo de mármol, que nunca fue utilizado.

RAFAEL FABREGAT


7 de mayo de 2015

1748- EL GENERAL BELISARIO.

Flavio Belisario. Mosaico en la iglesia de Sant Vitale. 
Pocos generales con mayores méritos para figurar en los anales de la Historia pero, escrita al fin y al cabo por los hombres, la justicia brilla muchas veces por su ausencia, ensalzando a los necios de apellidos ilustres e ignorando a verdaderos personajes que cambiaron el mundo.
Flavio Belisario (505-565) es uno de estos personajes que pasaron de puntillas por la Historia, a pesar de su grandeza. Mano derecha de Justiniano I en la reconquista del Imperio Romano Occidental, del que recibió más envidias que agradecimientos.
Como cualquier mortal Belisario anhelaba fama y honores, pero en su lucha por llegar a ser Grande, se dejó sangre y dinero en los diferentes campos de batalla sin que el emperador le reconociera sus muchos méritos como soldado y estratega. Tanto fue así que el general tenía que pagar de su propio bolsillo el regimiento personal que lo acompañaba a todas partes y que garante de la mayor parte de sus éxitos, puesto que el emperador se negaba a pagarles esos gastos que consideraba injustificados. Soldado desde muy joven y miembro de la guardia personal de Justino I, a la muerte de éste, el nuevo emperador Justiniano I lo nombró comandante de las fuerzas imperiales de Oriente.

Bizantinos y Sasánidos se vieron obligados a negociar con el general Belisario lo que se llamó la "Paz Eterna" a fin de evitar las contínuas derrotas sufridas. También luchó contra los Vándalos, enemigos de los cristianos, persiguiéndoles hasta Cartago donde acabaron rindiéndose. Resuelto Justiniano a recuperar la mayor parte del antiguo Imperio, en el 535 ordenó a Belisario atacar a los ostrogodos, conquistando Sicilia, Nápoles y la propia Roma. Posteriomente se desplazó a la actual ciudad de Milán y después a Rávena, donde capturó al rey ostrogodo Vitiges. 


Envidias y recelos de Justiniano I le hicieron perder el mando de las tropas romanas, siendo enviado a la conquista de Siria. En el año 544 Belisario volvió a Italia encontrándose con una situación muy diferente a la de su partida. Los ostrogodos habían elegido a un nuevo rey y luchaban contra los bizantinos intentando recuperar el territorio. Belisario luchó nuevamente contra ellos, esta vez con escaso éxito. En su última campaña derrotó a los búlgaros expulsándoles al otro lado del Danubio. Aclamado por el pueblo con mayores honores que al propio emperador, el año 563 Belisario fue acusado de corrupción y encarcelado. Hay dos finales bien diferentes para esta historia. La primera dice que finalmente Justiniano lo perdonó y le devolvió su puesto en la corte. La segunda dice que le fueron sacados los ojos y reducido al estado de mendigo, habiendo de subsistir pidiendo limosna por las calles de Constantinopla. Por orden imperial, los cronistas de la época ignoraron su figura que apenas pasó a la Historia. La mayoría de los historiadores, cronistas del poder, dan por bueno el primer supuesto, pero no faltan los que tienen como cierto el triste final de Belisario. 


El caso es que la vida de este importante general romano fue eje fundamental de varios pintores y escritores del siglo XVIII, siempre considerado como injustamente maltratado por el poder del déspota Justiniano I. 
Especie de mártir magnificado por las injusticias sufridas por un emperador que, lejos de ver el sacrificio y la valentía de su general, se dejó llevar por la envidia de unos logros que jamás hubiera podido cosechar por sí mismo. Justiniano y Belisario murieron en el año 565, con escasos días de diferencia. Uno repudiado por sus súbditos, como emperador ambicioso y faldero, casado con una inteligente actriz y cortesana (Teodora) veinte años más joven, que influyó notablemente en sus decisiones personales y políticas. El otro, el más bravo de los generales romanos, murió en la miseria más absoluta pero con el cariño del pueblo. 

RAFAEL FABREGAT 

2 de abril de 2014

1318- EL MARISCAL MONTGOMERY

Bernard Law Montgomery (1887-1976). Militar británico con el rango de Mariscal de Campouno de los personajes más destacados de la Segunda Guerra Mundial. Cuarto de los nueve hijos de un obispo anglicano y descendiente del asesino involuntario del rey Enrique II de Francia
Criado en la más estricta rigidez, 
Bernard se convirtió en un joven rebelde y en la Real Academia Militar de Santhurst estuvo varias veces a punto de ser expulsado. Tras graduarse se incorporó al Regimiento Real de Warkwickshire y con 21 años (1908) ascendió a Subteniente y enviado a la India. En 1910 fue ascendido a Teniente y en 1913 regresaría a Inglaterra. 
Al comienzo de la Primera Guerra Mundial fue trasladado a Francia donde su regimiento sufrió numerosas bajas. Herido de gravedad, salvó la vida al caerle encima el sargento que iba a socorrerle y cuyo cuerpo fue totalmente acribillado por las balas. Dos años después volvía al frente. 

En 1918 fue nombrado Jefe del Estado Mayor de la 47ª División y más tarde Teniente Coronel
En los años posteriores desempeñó diferentes misiones en otros tantos países y en 1927 se casó teniendo un solo hijo. 
Desde Irlanda hasta Palestina o la India, Montgomery pateó medio mundo. En 1937 la picadura de un insecto le causó a su esposa una infección que le costó la vida y Montgomery hizo del trabajo una forma de evasión. En 1938 fue ascendido a general tomando el mando de la 8ª División de Infantería. 
Al estallar la Segunda Guerra Mundial fue destinado a Francia y en 1942 obtuvo el mando del VIII Ejército Británico, denominado popularmente como "Ratas del Desierto"

Las tropas de Montgomery se enfrentaron en varias ocasiones a las del alemán Erwin Rommel y aunque su número de efectivos era mayor y mejor preparado, actuó siempre con la cautela necesaria para asegurarse el éxito final. En una de esas batallas y con Rommel herido y convaleciente en Austria el comandante en funciones sufrió un infarto al iniciarse el combate. 
Los alemanes aguantaron sus posiciones hasta la llegada de Rommel sin que los británicos pudieran progresar. 
Días después Montgomery atacó de nuevo y ante el peligro de ser rodeados, los alemanes tuvieron que retirarse. 

Tras la caída de Túnez desembarcó en Sicilia y posteriormente en Italia, compitiendo por su liberación con las tropas del estadounidense general Patton. Tras el desembarco de Normandía fue ascendido a Mariscal. Aunque bastante terco en sus decisiones, fue considerado un buen estratega y organizador de las incursiones, siendo en la misma batalla donde dejaba constancia de lo mejor de sí mismo, tanto por su buen carácter como por su capacidad táctica. 
Modesto pero firme en la disciplina militar, finalizó la Segunda Guerra Mundial como comandante en jefe de las tropas británicas del Rin y miembro del Consejo Aliado. 

Un tiempo después, concretamente en 1946, fue nombrado Primer Vizconde de Montgomery y El-Alamein sucediendo al mariscal Alan Brooke como Jefe del Estado Mayor Imperial
El mariscal Bernard Law Montgomery murió, por causas no aclaradas, en su casa de Isington (Hampshire) el 24 de Marzo de 1976 a los 88 años de edad. Tras una solemne ceremonia en la capilla de San Jorge, de Windsor, sus restos mortales fueron enterrados en el cementerio de Holy Cross, en Binsted (Hampshire) Inglaterra.

RAFAEL FABREGAT

28 de febrero de 2014

1279- GAUGAMELA.

La Batalla de Gaugamela (331 a.C.) fue la mayor victoria y la más relevante de la carrera militar de Alejandro Magno, esta vez en lucha contra Darío III. Solo la edad aumenta la experiencia y merma las facultades poniendo freno a la ambición, pero no era el caso de Alejandro Magno que con apenas 20 años de edad se había convertido en rey de Macedonia tras el asesinato de su padre Filippo II, a manos de Pausanias, en el 336 a.C. 

ALEJANDRO MAGNO. Relieve de su sarcófago.
Habiendo surgido algunos conatos de rebelión, sus dos primeros años de reinado los pasó dejando clara su autoridad sobre los pueblos sometidos a Macedonia. En aquellos tiempos las rebeliones se solucionaban de forma más expedita que en la actualidad. Algunas cabezas rodaron por el suelo y enseguida llegó la calma más absoluta. Pero el joven corazón de Alejandro no tenía suficiente con las intrigas palaciegas y con el espíritu guerrero que caracterizaba a los macedonios, pronto dirigió su mirada a la Persia del famoso Darío III, con el propósito de liberar a las ciudades griegas de Asia. Para los griegos era la venganza, pero para Alejandro era la conquista. Con un ejército de 30.000 infantes y 5.000 jinetes, Alejandro cruzó el Helesponto y ganó la Batalla del Gránico (334 a.C.) contra fuerzas algo superiores pero descoordinadas de los sátrapas persas de Asia Menor. Un año más tarde (333 a.C.) tras asegurar la conquista de la península de Anatolia, Alejandro se dirigió hacia Siria a fin de neutralizar la flota persa y se enfrentó a Darío III en la Batalla de Issos

El desastre fue total para las tropas persas. Ante la inminente derrota, Darío III huye con su carro del campo de batalla pero, cuando el suelo se hace inestable, salta sobre uno de los caballos. Cuando los persas ven huir a su rey abandonan la lucha en desbandada y la caballería de Alejandro les persigue hasta acabar con todos ellos en una masacre sin precedentes. En su avance imparable, Alejandro Magno somete Siria y sigue a Egipto que también cae a sus pies en el 332 a.C. Nombrado faraón, funda Alejandría y el año siguiente (331 a.C.) regresa a Tiro (Líbano) donde le espera su flota. De allí marcha a Antioquía y tras cruzar el Éufrates se entera que Darío III está preparando tropas para atacarle en Gaugamela, una amplia llanura que favorece el movimiento de tropas montadas. 

Le dicen a Alejandro que Darío ha allanado el campo de batalla y eliminado los obstáculos para que sus carros con guadañas en las ruedas, se desplacen con mayor facilidad. Las cifras de los historiadores difieren notablemente en el número de fuerzas combatientes, pero los historiadores modernos dan por bueno un número de 250.000 hombres para el ejército persa, de los cuales menos de la mitad eran soldados. La mayor parte eran reclutas con escasa preparación y de ellos 25.000 simples campesinos reclutados a toda prisa y sin instrucción alguna. Se suman 100 carros con guadañas y algunos elefantes indios.


Las tropas de Alejandro sumaban 7.000 jinetes y 40.000 infantes, entre ligeros y pesados. La superioridad de las tropas persas era aplastante pero Alejandro era todo un estratega. Mientras las tropas persas presentaban batalla en línea recta, el ejército de Alejandro lo hacía en semicírculo para evitar un posible ataque envolvente. Trás el semicírculo una segunda formación recta en retaguardia prestaría apoyo allá donde se precisara, novedad determinante para el resultado de la contienda. La noche del 30 de Septiembre del 331 a.C. los dos ejércitos tenían las tropas sobre el terreno y preparadas para la lucha.    

Sabiendo que Darío estaba en posición defensiva, Alejandro dijo a sus hombres que podían descansar sin mayor problema. Por el contrario Darío, preveyendo la posibilidad de un ataque nocturno, mantuvo en guardia a sus tropas. A la mañana siguiente Alejandro, en lugar de atacar al frente como se esperaba, movió sus tropas hacia el ala izquierda y traspasó el terreno que los persas habían nivelado rompiendo la formación persa. Darío mandó sus carros hacia la falange macedonia, pero ésta arrojó flechas y jabalinas al tiempo que se abría y las cuádrigas que consiguieron atravesar las líneas quedaron aisladas y a merced de la formación de retaguardia. 

Darío abandona la batalla.
Darío mandó su caballería central para detener el avance de Alejandro pero, al hacerlo, dejó una importante brecha en el centro de su formación y Alejandro aprovechó para lanzar hacia allí a su caballería. Al final del día Darío abandonaba el campo de batalla aterrorizado ante las embestidas de Alejandro. Al atardecer los persas habían perdido la batalla pero, una vez más, Darío había logrado escapar. Imposible conocer las bajas de las fuerzas contendientes. Tampoco en eso se pusieron de acuerdo los historiadores y señalaron cifras dispares, pero las estimaciones modernas son de 40.000 persas y 5.000 macedonios. 

La familia de Dario agradece el gesto de Alejandro.
Tras la batalla Alejandro marchó a Babilonia y de allí siguió en persecución de Darío escondido en una satrapía del sur del mar Caspio desde la que tenía previsto pasar a Bactra. Sin embargo al tener conocimiento de la proximidad del ejército macedonio, el sátrapa Besos lo apuñaló y escapó. Se dice que cuando Alejandro vio el cadáver de Dario exclamó: "No era esto lo que yo pretendía". Al parecer su duelo por Dario fue sincero puesto que ordenó el embalsamamiento y traslado del cuerpo hasta Ecbatana, donde vivía su madre, para que pudiera llevar a cabo los funerales pertinentes. Cuando posteriormente capturó a Besos, Alejandro le condenó y ejecutó según las leyes persas.

RAFAEL FABREGAT

27 de enero de 2014

1242- ALEJANDRO FARNESIO Y HABSBURGO.

Alessandro Farnesio
Alessandro Farnese, militar astuto y temerario al servicio de la Corona española de Felipe II, era hijo de Octavio Farnesio (duque de Parma y Piacenza) y de Margarita de Parma (hija ilegítima de Carlos I de España y V de Alemania). Su padre era nieto del Papa Pablo III y hermano del cardenal Ranuccio Farnesio. El matrimonio tuvo lugar cuando Octavio tenía 15 años y Margarita, viuda de Alejandro de Médicis, tenía 16. Como era habitual en aquellos tiempos, fue una boda de intereses y la novia no quería a su joven marido, pero al volver herido de la guerra de Argel un año después (1542) el desprecio se convirtió en amor. Tres años después nacería Alessandro.
Su padre, Octavio Farnesio había tenido graves problemas para conservar las posesiones familiares. A la muerte de su abuelo el papa Pablo III, el emperador del Sacro Imperio Germánico Carlos V (su suegro) le arrebató Piacenza y a punto estuvo de hacer lo mismo con Parma, pero el nuevo pontífice Julio III le confirmó a Octavio la posesión de sus estados en 1551. 

Octavio Farnesio, duque de Parma y Piacenza.
Sin embargo ante el interés del pontífice en obtener el apoyo germánico para el próximo Concilio de Trento, ordenó al Farnesio devolver Parma al poder papal. Estalló la guerra y cuando la situación era más desesperada, Octavio llegó a un acuerdo con su suegro y llegó la paz.
Alessandro Farnesio y Habsburgo nació pues en los Estados Pontificios de Roma el 27 de Agosto de 1545. Sin 
embargo Alessandro creció en España, con el príncipe Carlos -hijo de Felipe II- y con su tío Don Juan de Austria, estudiando los tres en la Universidad de Alcalá de Henares. Acompañó a su madre cuando fue nombrada gobernadora de los Países Bajos y con apenas 20 años de edad (1565) se casó en Bruselas con la princesa María de Portugal, hija de Eduardo IV y de Isabel de Braganza, nieta por tanto del rey Manuel I de Portugal. En la rebelión de los Países Bajos contra Felipe II y siendo gobernador Don Juan de Austria, fue en ayuda de su tío como comandante de los Tercios Españoles.

La vida militar de Alessandro Farnese estuvo siempre al servicio de la Corona española. Las batallas se sucedieron y una ciudad tras otra fueron cayendo bajo su control hasta sitiar Amberes en 1584 que se rendía un año después. Tras la muerte de su padre se convierte en 1586 en Duque de Parma. En fechas de preparación de la invasión de Inglaterra con la Armada Invencible, el rey le impide la visita a su propio ducado. No hay tiempo que perder. Las turbulentas condiciones meteorológicas provocaron varios naufragios. Solo tres cuartas partes de los navíos lograron regresar a España y, por supuesto, sin haber logrado el objetivo de derrotar a las fuerzas inglesas.

En Diciembre de 1589, tras el asesinato del rey francés Enrique III, Alessandro es enviado a Francia en apoyo del bando católico que lucha contra Enrique IV, primero de la Casa de BorbónLos franceses le consideran el mejor monarca que ha conocido Francia y a él se le atribuye la frase que dice: "Un pollo en la olla de todos los campesinos, todos los domingos". Otra frase suya es la respuesta a quienes le tachaban de tacaño y viejo verde: "Dicen que soy tacaño, pero hago tres cosas que son contrarias a la avaricia: hago la guerra, hago el amor y además edifico constantemente". 
Todos los años, en el Pont Neuf de París, los monárquicos franceses le rinden homenaje a su estátua. En el asedio a Caudebec-en-Caux en Abril de 1592, Alessandro Farnesio fue herido de bala de mosquete y aunque aparentemente se repuso, finalmente su salud se agravó y acabó muriendo en la Abadía de Saint Vaast, de Arrás el 3 de Diciembre del mismo año 1592. Sus restos descansan en la iglesia de Santa María de Steccata, en Parma (Italia).

RAFAEL FABREGAT