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15 de agosto de 2020

3009- EL PRIMER FARAÓN.

En la antigüedad, tanto en Egipto como en el resto del mundo, había un reyezuelo en cada pueblo y posteriormente en cada región, todos ellos enfrentados entre sí por el poder, pero aquello fue evolucionando y los territorios dominados se ampliaron, formando reinos más o menos amplios que, no obstante, seguían luchando entre sí. No es fácil garantizar nada pero se cree que el primer faraón de Egipto fue Narmer, sucesor de los protodinásticos Horus, Horus Escorpión II y Horus Ka, todos ellos reinantes entre el 3100 y el 3050 a.C. en un Egipto diversificado. Seguidores de aquellos pequeños reyezuelos señalados anteriormente. Se considera que Narmer ó Menes, fue el unificador de Egipto y fundador de la I Dinastía. Los egiptólogos llegaron a esta conclusión gracias a la "paleta" que lleva su nombre (Paleta de Narmer) y que lo muestra como unificador del reino, así como los sellos encontrados en la necrópolis de Abidos que lo muestran como primer rey de la I Dinastía. 

Otra prueba apoya la tesis: la maza de Narmer, una cabeza de maza de ceremonia, tallada en piedra caliza y datada en el 3000 a.C. Lleva su nombre y fue encontrada en el siglo XIX, en una de aquellas primeras excavaciones que significaron el despertar del interés mundial por la civilización egipcia. Actualmente se conserva en el Ashmolean Museum de Oxford.
Fue a partir de esa fecha, unos 5000 años atrás, cuando los faraones lograron unificar el valle y delta del Nilo y es esa unificación la que se describe en la Paleta de Narmer. 
Es sin duda alguna uno de los documentos más antiguos que se conocen. Para los egiptólogos, la única duda es la de si Narmer y Menes son una misma persona o si son dos faraones distintos, aunque coinciden en que se trata de un mismo personaje.
La civilización egipcia fue una de las más poderosas y longevas que ha existido nunca. El país siempre estuvo formado por dos realidades geográficas: la mitad sur o Alto Egipto, formado por una estrecha franja fértil junto al Nilo y la mitad norte o Bajo Egipto, con un delta de vastas llanuras inundables y por ello extremadamente fértiles. 

Sus habitantes la llamaban "Kemet", que significaba "tierra negra", por el abundante limo que el río depositaba en cada una de sus crecidas y que aseguraba cosechas extraordinarias. Las etiquetas de marfil de la foto adjunta fueron halladas en las tumbas reales de Abydos, están datadas en el año 3200 a.C. y son la escritura jeroglífica más antigua que se conoce, más aún que la paleta y maza de Narmer. Eran una forma de identificar los diferentes elementos del ajuar funerario del faraón. Los primeros faraones eligieron para su descanso eterno una zona abrupta y desértica, en la parte occidental del Nilo. Se trata de Abydos, actualmente llamada Umm el Qaab. Era para ellos un lugar especialmente elegido. Solo los farones predinásticos y los de las Dinastías I y II ocuparon dicho lugar. Se trataba de los reyes que habían iniciado y completado la unificación de Egipto. 

Con ello, la unificación de las tumbas justificaba el poder real y les daba autenticidad. Lo de Abydos era claramente una antigua corte real bajo tierra. Primeramente las tumbas reales estaban excavadas en el suelo del desierto y constaban de una cámara real revestida de madera y otras secundarias. 
Esas cámaras secundarias estaban ocupadas por el ajuar funerario del rey y por sus acompañantes, ya que parte de la élite real y sus más fieles servidores solían acompañar al faraón en su viaje al más allá, en la creencia de que continuar a su servicio tras la muerte era un destino ideal y gratamente deseado. Todas se cubrían de tierra una vez recibido el material y los cuerpos de los difuntos. Se ignora, sin embargo, si todos los enterrados junto al faraón estaban de acuerdo con esta práctica o si se trataba de sacrificios rituales. 

Pirámide más antigua. Faraón Zoser. 2700 a.C.
A mediados de la I Dinastía, la cámara funeraria del faraón ya se revistió de piedra, apareciendo un nuevo elemento que era la escalera de piedra que permitía cubrir la sepultura antes de la muerte del rey para posteriormente meter los cuerpos, el tesoro y demás elementos para el "Viaje a la Eternidad". Para que aparecieran en escena las pirámides faltaba algún tiempo, no mucho, ya que la primera esta datada en el 2700 a.C., tres siglos después del inicio de esta historia. Antes se utilizaron las mastabas, una especie de losa que, de una o dos alturas, cubría toda la zona de enterramiento para conservarlo todo lo que había debajo adecuadamente. Las más suntuosas llegaron a tener hasta 20 metros de altura.

RAFAEL FABREGAT

11 de febrero de 2020

2943- EL ÚLTIMO FARAÓN.

En realidad era faraona y se llamaba Cleopatra VII Filopátor, última reina de Egipto y descendiente de la Dinastía Ptolemáica. Esta dinastía fue fundada por Ptolomeo I, general de Alejandro Magno que, a la muerte de éste sin descendencia, quedó como gobernador de Egipto y Libia. Tras varias guerras entre los generales por adueñarse del Imperio Alejandrino, Ptolomeo se concentró en consolidar su poder sobre los territorios que ya tenía otorgados como sátrapa. Aunque trataron de invadir Egipto, Ptolomeo derrotó a sus excompañeros de aventuras y consolidó en Egipto la Dinastía Ptolemaica (305 a.C hasta el 30 a.C.) durante casi tres siglos, siendo la última que gobernó el país de los faraones. Cleopatra, la última descendiente y reina egipcia había nacido el año 69 a.C. y se suicidó el año 30 a.C. momento tras el cual Egipto se convirtió en provincia romana.

A título de curiosidad y antes de hacer un breve resumen de su vida, quiero referirme al hecho de que Cleopatra pudo llegar a ser reina de España. Tal eventualidad deriva del pacto entre Marco Antonio y Cleopatra por el cual llegaron a albergar en sus mentes la intención de anular la jefatura romana, hacer que resurgiera la capitalidad egipcia como núcleo del nuevo imperio, e instalarse ambos en Hispania. Así llegaron a vislumbrarlo cuando el Imperio Romano empezó a tambalearse. Claro que aquel pacto, acabó como otros muchos acaban: en desastre absoluto. Más exactamente con ambos amantes bajo tierra. Tras la derrota infringida por las legiones de Octavio en la Batalla naval de Actium, los amantes decidieron acabar con sus vidas y esquivar la vergüenza de su derrota y las consecuencias de su levantamiento, pues sabían que recuperar su antigua gloria era de todo punto imposible. Marco Antonio, creyendo muerta a su amada, se arrojó sobre su espada y Cleopatra, que todavía estaba en este mundo, se mató envenenándose. 

Cleopatra despertó tales pasiones en Julio César y en Marco Antonio que la Historia la tiene por ser de una belleza insuperable. Durante los dos milenios siguientes fue conocida pues por una belleza física capaz de inspirar numerosas obras de arte que la presentan como seductora irresistible. Sin embargo nadie sabe como era exactamente pues no hay muestras de ello. Más bien podría tratarse de un mito puesto que no hay evidencias históricas o arqueológicas. Al hablar de Cleopatra, Dión Casio cuenta que era de una belleza sorprendente, mientras que Plutarco escribió de ella que su belleza no era demasiado excepcional. La única imagen que tenemos de Cleopatra es la que presentan diferentes monedas de su reinado y lo cierto es que presenta una nariz prominente y rasgos varoniles, propios de todos sus antepasados Ptolomeos.

Difícil saber cual era la hermosura real de Cleopatra, entre otras cosas porque los gustos cambian y, además de su nariz prominente, lo más probable es que la sociedad actual le aconsejara perder peso. Dion Casio y Plutarco coinciden, eso sí, en que Cleopatra tenía un encanto y una dulzura en su voz que la hacían irresistible a todos los hombres. No era pues un encanto físico, mito sin duda, sino que su belleza estaba en su carácter y el intelecto con que sabía expresarse. Además de un cuerpo joven, sabía enamorar a todos con cuantos se relacionaba. La pasión que despertó, tanto en Julio César como en Marco Antonio, nos demuestra que la Faraona tenía algo más que un cuerpo joven. De todas formas también es posible que ellos buscaran también en ella la forma más fácil de fusionar el mundo romano y el egipcio, dominando de esta manera y sin lucha la totalidad del mundo conocido en la antigüedad.

Cleopatra era altamente odiada por sus enemigos, puesto que dominaba la política usando sus armas de mujer y en ese campo no tenía rival. Más o menos hermosa, estaba obsesionada por los cosméticos y estaba catalogada como una devoradora de hombres. De todas formas esas afirmaciones que la tachan de "mujer fatal", fueron difundidas por historiadores griegos y romanos que en la mayor parte de los casos la odiaban, por su inteligencia de determinación a la hora de proteger Egipto de las ambiciones extranjeras. Según palabras de Marco Antonio: "La edad no puede marchitarla, ni la costumbre (de poseerla) agostar su infinita variedad; otras mujeres sacian los apetitos que despiertan pero ella (Cleopatra) da más hambre cuanto más satisface".
Las autoridades egipcias sueñan con encontrar muy pronto su tumba en la antigua ciudad y templo de Osiris o Taporisis Magna, en la seguridad de que su tumba y la de Marco Antonio están ahí. Ya llevan 10 años buscando pero, en arqueología, eso no es nada. Habrá que seguir esperando...

RAFAEL FABREGAT

19 de julio de 2016

2152- EL IMPERIO ESPAÑOL.

A diferencia de otros imperios, Romano, Mongol, etc. el Imperio Español fue el primero en tener un alcance mundial. Más de 20 millones de Km2. que no estaban en un mismo continente y que, por lo tanto, no se comunicaban entre sí por tierra. Como ya es conocido, todo comenzó con el descubrimiento de América en 1492. España exploró y colonizó grandes extensiones de territorio americano; desde Alaska hasta Chile y desde Florida hasta la Patagonia Argentina, con la única excepción de Brasil que quedaría en manos portuguesas. Tampoco hubo interés en colonizar el noreste americano que ocuparían más tarde británicos y franceses.


También la mayoría de las islas caribeñas fueron durante siglos parte del Imperio Español, como también lo fueron las Islas Filipinas, las Marianas, las Carolinas y gran parte de lo que actualmente son países asiáticos. Quedaron bajo protectorado español Ceilán, Timor Oriental, Malaca, Papúa Occidental, Taiwán y otros territorios actualmente pertenecientes a Japón, China e India. 


También hubo dominio español en tierras de Omán e Irán, así como un incontable número de islas y territorios africanos... Argel, Mozambique, Túnez, Angola, Casablanca, Guinea, Tánger, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe, Sahara y un largo etcétera. Es muy prolijo enumerarlo todo y este no es el momento ni el lugar. 


En tierras de Oceanía los españoles también dominaron durante más o menos tiempos las Islas Marshall, Vanuatu, Tahití, Nueva Guinea, Salomón, Gilbert, Palaos, etc. Sin embargo sus territorios de mayor abolengo en aquellos tiempos eran los puramente europeos y por conquista o por arreglos matrimoniales España dominó muchos e importantes países entre los que se incluían Portugal, Bélgica, Luxenburgo, Países Bajos, Condado Franco y Rosellón francés, el Ducado de Milán, la Toscana y el Reino de Nápoles, así como parte del noreste francés y Alemania occidental. Todo se perdió con el tiempo y la mala gobernanza de monarcas más dados a la buena mesa y a las fiestas perpétuas que a mantener los territorios regados con tanto sudor y sangre derramada.


A título de curiosidad cabe citar el pueblo de Llíviasituado en la provincia de Gerona y que pertenece a España, a pesar de estar completamente rodeado por territorio francés. Cosas resultantes del Tratado de los Pirineos de 1659... 
Se mantuvieron bajo el manto de la Corona Española las Islas Canarias, las Baleares y las plazas de Ceuta y Melilla. 
Todo lo demás se perdió o se independizó, incluso el Peñón de Gibraltar, tan agarrado a nuestra península. Mientras en España se discutía por ver quien ocupaba el trono, diferentes tratados devolvieron las tierras a sus primitivos dueños o pasaron a manos de quienes con el tiempo se volvieron más poderosos que nosotros. Así funciona el mundo en el que nos ha tocado vivir...


El último zarpazo y el más descarado, por ser un atraco a mano armada, lo dio Estados Unidos en 1898, arrebatándole a España cuanto le quedaba en el Caribe y en el Pacífico. 
El Tío Sam era muy glotón. 
Destrozada la Flota Española y sin poder acudir a mantener lo poco que le quedaba en el Pacífico, se vendieron a Alemania las Islas Marianas, las Carolinas y Palaos. Era la guinda del pastel. El fin de un Imperio Español que no conocía la noche. Veinte millones de kilómetros cuadrados dispersos por todo el globo terráqueo. 
Cuando en una provincia española declinaba la tarde, en otra empezaba el nuevo día. Sí amigos. Hubo un largo periodo de tiempo, cuatro largos siglos, en los que en España jamás se ponía el sol. De hecho y aunque nadie lo reclame, algo de eso queda todavía disperso, pues algunas islas menores quedaron fuera de la venta de España a los alemanes, por simple descuido. En fin amigos, perdonen que insista, pero en este mundo nada es para siempre.

RAFAEL FABREGAT

9 de febrero de 2016

2008- FARAÓN AMENHOTEP III.

De acuerdo con la transcripción de los jeroglíficos su nombre real era Nebmaatra Amenhotep III
hijo y sucesor del faraón Tutmosis IV y de Mutemuia, una esposa secundaria que no era de sangre real, pero la única que le había dado hijos varones. 
A la muerte de Tutmosis IV, 
Mutemuia asumió la regencia durante los primeros años de vida de Amenhotep III hasta su ascenso al trono. 

El ser esposa secundaria siempre fue motivo de desprecio por parte de las esposas reales Nefertari e Iraet por lo que, en venganza por las continuas afrentas recibidas, Mutemuia concertó el matrimonio de su hijo y heredero con una hija de su hermano Yuya, jefe de carros del faraón difunto y no con alguna de sus hermanas paternas, que habría sido lo habitual en estos casos. 
El matrimonio de Amenhotep III quedó concertado con su prima Tiy, cuando ésta tenía unos siete años de edad. Amenofis era dos o tres años mayor. Ambos fueron los padres de Akenatón, que reinaría como Amenofis IV a partir del año 1353 a.C., sucediendo a su padre Amenhotep III, fallecido a los 37 años de su reinado.
Mutemuia logró pues su sueño de ver reinar a su hijo y murió a una edad avanzada, rodeada de toda clase de lujos. 
Llama la atención la autoridad de Mutemuia sobre el reinado de Amenhotep III hasta el punto de que, como regalo a su progenitora y para legitimar su ascenso al trono, Amenofis III se declaró hijo del propio dios Amón-Ra, maniobra que convertía al faraón en deidad intocable, al mismo tiempo que enaltecía la figura de su madre. También los padres de Tiy fueron agasajados por el joven faraón, hasta el punto de ser enterrados a su muerte en el Valle de los Reyes, algo muy inusual. Bajo el reinado de este faraón, noveno de la XVIII Dinastía (1390-1353 a.C.), se llegó a alcanzar la máxima prosperidad de toda la historia egipcia.

Momia de la reina Tiy.
El reinado de Amenhotep III coincidió con el fin de las gloriosas campañas asiáticas de sus antecesores Tutmosis III y Amenhotep II y antes de la crisis de Amarna, que tuvo como protagonista a su hijo Akenatón. Es por ello que se piensa que la época gloriosa de esta etapa de Egipto era herencia de los antepasados de Amenhotep III y no propiciada por éste. De hecho este emperador no destacó por ganar batallas, sino por la construcción de templos y tumbas, por la organización de grandes cacerías de leones y por nutrir continuamente su harén con las más bellas y jóvenes mujeres captadas dentro y fuera de Egipto. Una vida de reyes, pero no un gran rey. Era la vida regalada, correspondiente a un tiempo de paz y tributos pagados por los pueblos vencidos.

Tumba de Tutankamón.
De la infinidad de mujeres que tuvo el faraón, solo tres ascendieron al rango de Esposa Real: la reina Tiy como auténtica gobernante en la sombra, la princesa Giluhepa de Mitani, como símbolo de alianza entre ambos países y la dama Sitamón, primogénita de Amenhotep y Tiy con la que su padre cometió incesto continuado en los últimos años de reinado, algo frecuente en la historia de Egipto. El faraón se casó con otras dos hijas suyas, pero no ascendieron al rango de esposas reales. Otra esposa conocida fue Taduhepa, sobrina de Giluhepa de Mitani, a quien algunos identifican como la propia Nefertiti. El famoso Tutankamón era hijo de Akenatón y nieto por tanto de Amenhotep III.

Como no podía ser de otra forma, a ese tiempo de paz y prosperidad se unió una etapa de gran esplendor artístico. Se realizaron ampliaciones en el Templo de Amón, en Karnak, un nuevo Templo en Tebas, Palacio de la reina Tiy en Malkata o la preparación de su Templo Mortuorio, en el actual Luxor, que llegó a ser el complejo religioso más visitado de Tebas. Construido en zona inundable, dos siglos después ya estaba en ruinas. Solo los Colosos de Memnón, de 18 metros de altura, sobrevivieron en su instalación a la entrada del complejo. Mucho antes de todo eso y aunque ya en mal estado de conservación por las humedades y el saqueo, los sacerdotes de la XX Dinastía habían retirado la momia de Amenhotep III que fue depositada en la de su abuelo Amenhotep II, en el Valle de los Reyes. La momia de Amenhotep III (foto) se encuentra actualmente en el Museo Egipcio de El Cairo.

RAFAEL FABREGAT

30 de septiembre de 2015

1902- IRÁN.

La República Islámica de Irán es un estado de Oriente Medio que limita con el mar Caspio por el norte, con el Golfo Pérsico y el de Omán por el sur, Pakistán y Afganistán por el este, Azerbaiyán y Armenia por el noroeste y Turquía e Irak por el oeste. 
Tiene una extensión de 1.648.195 Km2. y 80 millones de habitantes. Cuarta potencia mundial en reservas petrolíferas y primera del mundo en gas natural. Teherán es la capital de este rico país y la ciudad más poblada, con casi 9 millones de habitantes y 12,5 millones en su área metropolitana.
Junto a Irak es el hogar de las civilizaciones mesopotámicas, las más antiguas que se conocen. Existen noticias escritas sobre las dinastías de Elam, anteriores al año 2.800 a.C., por medio de escrituras sumerias que aparecieron en Susa representando la lengua elamita y que data del siglo IV al VI a.C.


Es a partir del IV milenio a.C. cuando empiezan a aparecer los primeros asentamientos urbanos. En el III milenio a.C. nace en Susa la escritura sumeria, sistema cuneiforme de pictogramas sobre arcilla. Resumir la extensa historia de una de las zonas más precozmente pobladas del planeta sería demasiado complejo para resumirlo en este post. 
Baste pues decir que por esas tierras pasaron sus vecinos de Asiria y Babilonia, Medos y Persas, arios e indoeuropeos llegados de Rusia y Asia Central. El primer imperio iranio se establece en el 612 a.C. de la mano de Ciáxares y Astiages que doblegan a los asirios. Su nieto Ciro II el Grande se sublevó contra él fundando el imperio persa aqueménida. Su hijo Cambises continuó su labor de conquista anexionando a Babilonia, Siria, Levante Mediterráneo y Asia Menor, los territorios de Egipto. El máximo esplendor llegó no obstante con Darío I, constructor de sólidos caminos que unen los puntos más alejados del imperio persa y con ellos los palacios y monumentos de sus principales capitales. El más famoso es el Camino Real de Susa a Sardes, nexo de unión del Mar Egeo con el Golfo Pérsico.


Las guerras (Médicas) contra los griegos finalizarían con la invasión de Alejandro Magno en el 336 a.C. El declive de los seléucidas fue aprovechado por los partos que gobernaron Irán a partir del 250 a.C. y la defendieron de los romanos. Les suceden los sasánidas en el 226 a.C. que luchan durante siglos contra romanos y bizantinos hasta la llegada de los árabes en el siglo VII de nuestra era. La Edad Media no fue mucho más tranquila. Tras la expulsión de los omeyas del año 747 los nuevos califas dependieron de persas y turcos, creándose reinos independientes. En 1220 todos estos reinos fueron conquistados por los mongoles de Gengis Kan, sucediéndole los timuríes hasta 1506 cuando se consolida la dinastía safaví hasta 1794. En ese momento empieza el periodo Kadjar que gobierna hasta 1925.


Último Sha de Persia, con su familia. (1967)
En 1925 accede al trono de Persia (Irán) Reza Pahlavi que abdica a favor de su hijo el Sah Mohammad Reza en 1941. Tras la II Guerra Mundial se inicia la modernización del país pero en 1979 revoluciones populares provocan la huida del Sah de Persia y la toma de poder por parte del líder espiritual el ayatolá Jomeini. Con este personaje se declara la República Islámica que entra en una guerra de ocho años con Irak, por cuestiones fronterizas. Ese mismo año se documenta la ejecución de 4.482 prisioneros políticos por parte del régimen islámico, aunque la oposición habla de 30.000 víctimas. Tras la muerte de Jomeini al año siguiente, han seguido otros presidentes de parecidas directrices. No hay libertad de expresión, reunión, culto, ni derecho a la información o a la defensa en juicios.


Castillo de Rayen, en Kerman. (Irán)
Irán (Persia) es de clima desértico y su tierra árida o semiárida, excepto en las proximidades del mar Caspio (norte) de clima subtropical. Desde la llegada del siglo XX, la extracción de petróleo y su refino, constituyen la principal riqueza del país. La ganadería ovina y sus derivados ocupan buena parte de la mano de obra. Las tierras cultivadas se dedican en su mayor parte al cereal. Gracias a la riqueza que ha supuesto el petróleo, la población ha pasado de 4 a 80 millones en tan solo siglo y medio. El arte y construcciones monumentales mejor conservadas están influenciadas por las diferentes culturas que han invadido el país a lo largo de los siglos, especialmente la griega, la romana y posteriormente la islámica. Claro que ir de vacaciones para verlo, ¡no creo que convenga demasiado...!

RAFAEL FABREGAT 

14 de enero de 2015

1625- LOS PUEBLOS BÁRBAROS.

Los griegos y especialmente los romanos llamaban "bárbaros" a todos los habitantes de las diferentes regiones fronterizas que lindaban con sus extensos territorios. Muy especialmente a los que ocupaban las regiones al norte del Imperio y que finalmente les invadieron en su decadencia, ocupando sus posesiones occidentales. Estos pueblos bárbaros eran muy diferentes entre sí y los historiadores los encuadran en cuatro grupos diferentes según su cultura: Pueblos turco-mongoles, iranios, eslavos y germánicos.


Los Hunos, pueblos nómadas procedentes de Mongolia, iniciaron su emigración hacia el oeste durante el siglo III. Su caudillo más popular fue Atila (395-453), noble guerrero de origen túrquico al que nadie podía parar, lo que provocó grandes oleadas de migración a su paso por las tierras que invadía. En occidente el tal Atila, rey de los Hunos, era apodado "El azote de Dios". Un siglo después los Ávaros de Eurasia tomaron el relevo internándose en Europa hasta chocar con los Francos germánicos, para bajar después hacia el norte de Italia y de allí a Constantinopla sin establecerse de forma definitiva.


Por contra, los pueblos iranios, eslavos y germánicos eran culturas indoeuropeas, como los eran griegos y romanos. Especialmente los bárbaros gérmánicos consideraban el trabajo como una bajeza a evitar. Su mayor dignidad estaba en la guerra, en la conquista de nuevos territorios y toma de esclavos que cuidasen sus rebaños y trabajasen la tierra para ellos. Los pueblos germánicos se dividían en Ostrogodos (oriente) y Visigodos (occidente), además de un gran número de pueblos como los Francos, Suevos, Burgundios, Anglos, Sajones, Jutos, Vándalos, Frisones, Alanos y Alamanes.


La mayor parte de los pueblos bárbaros fueron respetuosos con la cultura romana y hasta fusionaron con ella sus costumbres ancestrales. Incluso su aristocracia adoptó en muchos casos el idioma latino que dio lugar a las lenguas romances. Los Francos se instalaron al norte de las Galias y se convirtieron incluso en defensores del catolicismo. Los Sajones, aliados con Jutos y Anglos, se instalaron en Britania. Los Vándalos dominaron las Galias y pasando por Hispania se dirigieron al norte de África, se instalaron en Cartago y desde allí se dedicaron a la piratería por todo el Mediterráneo. Los 
Ostrogodos de Teodorico el Grande y los Visigodosoccidentales gobernaron las penínsulas Itálica e Ibérica, además de la Galia Mediterránea. 

Tras eso llegó la cristianización y las fusiones con la cultura y las gentes de las tierras ocupadas. Pero en el siglo VII surge en Arabia el islám, su conquista de la cornisa africano-mediterránea y la invasión musulmana que en Hispania pondría fin al dominio visigodo. Pronto se crearía "la Marca Hispánica" un barrera con la que Francos y Carolingios evitaron la incursión islámica en Europa. Pero, claro, esas ya son otras historias. Los pueblos bárbaros, protagonistas de esta entrada, habían dejado de serlo y habían sido absorbidos por otras culturas que se abrían paso en la historia del mundo.

RAFAEL FABREGAT

4 de diciembre de 2014

1590- MOISÉS NO ERA JUDIO.

Escultura de Moisés. (Miguel Ángel)
No existen documentos de la época en la que la Biblia sitúe a Moisés, por lo que cualquier conjetura puede ser válida. Sí hay constancia de lo escrito en el siglo III a.C. por el historiador egipcio Manetón, que aseguraba que Moisés no era hebreo. Desde su punto de vista, Moisés era un príncipe egipcio que abandonó su tierra a causa de las reformas monoteístas de Akenatón. Lo que nos cuenta la Biblia referente a la orden de Seti I de ahogar en el Nilo a los niños hebreos recién nacidos, es una medida brutal jamás llevada a cabo en Egipto e inadmisible además en un faraón que la Historia ha descrito como compasivo y tolerante. 


Akenatón y la reina Nefertiti, con sus hijas.
Según Manetón, Moisés no era de origen hebreo, sino un sacerdote próximo al poder, seguidor de las ideas monoteístas de Akenatón en la figura del dios Atón. El nombre real de Moisés pudo ser Osarseph, educado en la casa del faraón al ser hijo adoptivo de una de las princesas de Egipto. Durante una rebelión de los 80.000 esclavos que trabajaban en las canteras del Nilo, en los últimos años de reinado de Amenhotep III, éstos lo nombraron su caudillo y le juraron obediencia. Osarseph mandó una embajada a los reyes nómadas que habían sido expulsados de Jerusalén (los Hicsos) para que también lo apoyasen en su causa contra el faraón. 


Amenhotep III y la reina Tiy.
Muchos habitantes de Jerusalén se unieron también a los prisioneros rebeldes formando un numeroso grupo de combatientes que conquistaría las tierras de Siria. Parece ser entonces cuando Odarseph cambió su nombre por el de Moisés
Según los estudios llevados a cabo por Sigmund Freud a principios del siglo XX, el profeta hebreo pudo ser incluso Turth-Moses, hijo primogénito del faraón Amenhotep III, privado de suceder a su padre por algún presagio negativo y fiel seguidor de la religión monoteísta impuesta por su hermano Akenatón. En este orden de cosas, a la muerte del faraón Akenatón el rechazo a la religión monoteísta fue brutal y sus seguidores perseguidos hasta los confines del imperio. Como gobernador de la provincia de Gozen, lugar de asentamiento de las tribus semíticas, Moisés había convencido a los hebreos y a los seguidores de Atón para viajar a Canaán, donde ya había establecida una comunidad monoteísta partidaria de Akenatón. 


Aunque la Biblia emplaza la existencia de Moisés durante el reinado de Ramsés II, la mayor parte de los historiadores ven más probable que la expulsión judía de la que habla la Biblia sea la de los Hicsos, llevada a cabo en el 1.550 a.C. al ser los nómadas hebreos que migraron a Egipto debido las sequías que padecía su país y que por sus modernas tácticas militares, fueron vistos por las autoridades egipcias como una amenaza. Obligatoriamente la medida no podía ser otra que la expulsión de su territorio. Sin embargo la expulsión se llevó a cabo muchos años después de su llegada, cuando los Hicsos estaban ya integrados.

Las razones que avalan la hipótesis de Freud, sobre la posible nacionalidad egipcia de Moisés es que en 1947 fue hallada en Karnak la estela del faraón Ahmosis I (1550-1525 a.C.) que habla de su convulso reinado, así como de las plagas y tormentas que se sufrieron en ese periodo. Curiosamente el nombre de Ahmosis puede traducirse como "hermano de Moisés" y consta que, previamente a su lucha contra los Hicsos, también se enfrentó a los semitas instalados en Egipto. A pesar de todos los datos aportados por los diferentes estudios, llevados a cabo a lo largo de los siglos, no hay acuerdo entre los diferentes historiadores sobre el origen semítico de los Hicsos y tampoco sobre el de Moisés. 

RAFAEL FABREGAT

11 de julio de 2014

1443- EL IMPERIO DE BABILONIA.

Nabucodonosor II fue el rey más carismático de Babilonia, creador de los famosos jardines colgantes que figuraron en el poema de Antípatro de Sidón como una de las siete maravillas del mundo antiguo y posteriormente descritas por los historiadores Estrabón y Plinio el Viejo. Fue uno de los gobernantes más conocidos de su época y pasó a la posteridad con el sobrenombre de "el Grande". Sin embargo las conquistas de Judá y Jerusalén, pero especialmente la destrucción del Templo, provocó la ira y el desprecio de los judíos y de los diferentes redactores de la Santa Biblia.


Históricamente, casi desde que el mundo es mundo, por medio del matrimonio se evitaban las guerras y se unían los pueblos. Nabucodonosor II (630-562 a.C.) se casó con la hija del rey Ciáxares y de esta forma quedaban unidos Medos y Babilónicos. En la Batalla de Karkemish (605 a.C.) reinando todavía su padre (Nabopolasar)  el rey egipcio Necao II fue derrotado y las tierras de Siria y Fenicia quedaron bajo el poder de Babilonia. Un tiempo después, pero dentro del mismo año 605 a.C., Nabopolasar cayó enfermo y murió próximo a cumplir los 80 años de vida con lo cual su primogénito regresó a Babilonia para ser coronado nuevo rey de los babilonios.


Toma de Jerusalén por Nabucodonosor II.
Tras la conquista de las tierras cimerias y Escitas, Nabucodonosor II ya solo miraría hacia el oeste. Es cierto que al norte le quedaba un poderoso vecino pero, como se ha dicho antes, su matrimonio con la  hija del rey Medo (Amuhia) aseguró la paz entre ambos imperios. Bien es verdad que intentó conquistar Egipto pero diferentes rebeliones de los pueblos costeros le hicieron desistir. Nabucodonosor no quedó satisfecho con esta renuncia y posteriormente decidió acabar con estas rebeliones capturando Jerusalén (587 a.C.) y llevándose al rey Jeconías a Babilonia. Otros nuevos ataques a la ciudad de Jerusalén en años posteriores destruyeron el Templo y la ciudad.


El desastre fue de tal intensidad que los hechos quedaron registrados en los libros bíblicos de los Reyes, de Jeremías y en Crónicas. Una década después asedió Tiro y consiguió de sus gobernantes un compromiso que aceptaba la autoridad de Babilonia. Su actividad guerrera finalizó con el dominio de Fenicia y el acoso constante a los egipcios. Ya próximo a cumplir los cincuenta años de edad Nabucodonosor II se dedicó a mejorar su ciudad, dotándola de los mayores adelantos de su tiempo. Construyó reservas de agua, acueductos, canales de riego y mejoró las vías del reino. Fue también él quien construyó los famosos jardines colgantes de Babilonia, maravilla de la antigüedad.


Las dos fotografías de la derecha corresponden a las ruínas del palacio de Nabucodonosor II, de tamaño considerablemente mayor a lo que era habitual en aquellos tiempos. El número de templos construidos o restaurados habla claramente de su devoción y respeto a los dioses. Contrariamente a la crueldad gratuita de los reyes asirios, Nabucodonosor perdonó repetidas veces a sus enemigos hasta el punto de tomarles a su servicio.
Se dice que incluso tuvo con ellos una constante indulgencia que les permitió rehacerse y hasta ocupar puestos relevantes en su gobierno. En su lecho de muerte Nabucodonosor II predijo la inminente ruina del imperio caldeo. Moría el año 562 a.C. Cuatro reyes, de brevísima duración en el trono, le sucedieron. Babilonia y su último rey (Nabonido) caerían el año 539 a.C. frente a los persas de Ciro el Grande. Solo habían transcurrido 23 años desde la muerte de Nabucodonosor, el gran rey babilónico.

RAFAEL FABREGAT

28 de junio de 2014

1427- LA PERSÉPOLIS DE DARÍO I

Darío I el Grande (549-486 a.C.) fue el tercero de los reyes de la dinastía Aqueménida, rey de Persia desde el año 521 a.C. hasta su muerte en el 486 a.C. Según nos cuenta el historiador Heródotocon la ayuda de algunos aristócratas amigos, 
Darío ascendió al trono tras asesinar a Esmerdis, hijo de Ciro II, que había usurpado el poder a su hermano Cambises II en su ausencia. No obstante hay grandes controversias sobre la realidad de lo sucedido, ya que otras fuentes indican que Esmerdis ya había sido asesinado en secreto un año antes por Gaúmata, un mago medo que estaba usurpando el poder mientras el rey estaba controlando Egipto.


Sea como fuere Cambises regresó de Egipto para sofocar la revuelta (real o ficticia) de su hermano, muriendo en el camino a causa de un accidente. Es entonces, al conocerse la muerte de Cambises, cuando Darío y sus amigos mataron al falso Esmerdis y fue coronado rey de Persia al ser el último descendiente de la dinastía aqueménida, junto a su padre y abuelo, que abdicaron a su favor. Para afianzar su derecho al trono Darío se casó con Atosa, primogénita de Ciro y viuda de Cambises y de Gaúmata. La sucesión no fue fácil pues algunos seguidores de Gaúmata se sublevaron, pero Darío fue controlando las diferentes movilizaciones y aniquilando a sus adversarios hasta despejar totalmente su camino.


Darío disolvió las milicias de su antecesores, organizó un nuevo ejército que guardaba la seguridad interior y fundó las satrapías, especie de feudo medieval europeo, como forma de controlar el vasto imperio. El cargo era elevado, tanto como el de un virrey o rey vasallo. También construyó una red de carreteras que unieran las diferentes áreas del imperio, muy especialmente el "Camino Real" que unía grecia con Susa y Persépolis y del que se ramificaban los demás.


Ruinas de Persépolis en 2005.
Dominadas las revueltas y estabilizado el Imperio, Darío trasladó la capital imperial de Pasargada, fundada por Ciro II a tierras persas. Principalmente a Susa y Persépolis, dos ciudades próximas que gozaban del favor de Darío a partes iguales. Si bien Susa quedó registrada como su residencia principal, Darío inició la construcción de una nueva ciudad que quedara para la posteridad. Esa ciudad fue Persépolis y en ella estableció la capital imperial y centro administrativo. Como era lógico Darío tenía en ella un segundo palacio, aunque de menores dimensiones que el de Susa. El nombre de la ciudad era "Parsa", el mismo que tenía el país. Fueron posteriormente los griegos quienes le cambiaron el nombre por el de Persépolis, que literalmente significa ciudad o capital persa. 


Aunque el centro administrativo de Persépolis no se alargó en el tiempo la ciudad siguió creciendo a la muerte de Darío I en el 486 a.C. El complejo palaciego fue ampliado por su hijo Jerjes y por su nieto Artajerjes y la ciudad mantuvo su capitalidad ceremonial y las fastuosas fiestas de Año Nuevo. Situada en un enclave remoto y montañoso Persépolis no era el mejor lugar para residencia real, motivo por el cual los reyes solo lo ocupaban en temporadas cortas del año, especialmente en primavera. 



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Persépolis siguió en construcción durante más de dos siglos. Sin embargo, justamente por encontrarse en el centro del imperio, no se consideró necesario dotarla de defensas sólidas. Por este motivo, en su campaña de Oriente Alejandro Magno ocupó y saqueó la ciudad incendiando el palacio. Según las noticias de diferentes historiadores la conquista de Persépolis significó la matanza de todos sus habitantes y el saqueo de sus riquezas, como venganza al saqueo que Jerjes I había llevado a cabo en Atenas muchas décadas antes. Con la destrucción de Persépolis y el asesinato de sus moradores, Alejandro quiso anunciar al mundo el fin del dominio persa. Sin embargo la vida del emperador macedónico sería corta y la ciudad de Persépolis sería reconstruida y utilizada por las dinastías persas sucesivas. 

A pesar de todo en la época parta Persépolis fue abandonándose en beneficio de la vecina Istajr situada 5 Km. al norte. Ya en estado ruinoso los sasánidas llamaban al lugar "st stwny" (las cien columnas). Sin embargo diferentes saqueos en tiempos posteriores hicieron que desde el siglo XIII las ruinas de Persépolis fueran conocidas por el nombre de "ciudad de las cuarenta columnas" y no de las cien que se nombraban anteriormente. El primer viajero europeo que pasó por el lugar y mencionó el histórico enclave arqueológico fue el monje Odorico, que viajaba a Catai en 1318. El misionero portugués Antonio de Gouvea lo hizo en 1602. Era el comienzo por el interés arqueológico del sitio, al que siguió su estudio en los dos siglos siguientes. Las primeras excavaciones no empezarían hasta el año 1878. 

RAFAEL FABREGAT