Loterías, casinos, apuestas de cualquier tipo... En todos los tipos de juego, las posibilidades de ganar o perder dependen poco o nada de la habilidad del jugador ya que, más pronto o más tarde, ganan siempre los que obligatoriamente han de ganar. En primer lugar gana el Estado, el cual tiene un alto porcentaje de gravamen sobre el juego. Nada menos que entre el 15% de las apuestas mútuas al 55% de juegos en casinos que superen los 4,36 millones de euros jugados. Si a todo eso sumamos los porcentajes que cada organizador del juego debe añadir, veremos rápidamente que es muy improbable que podamos apostar con alguna posibilidad de éxito. Es archiconocida la frase de que "la Banca siempre gana".
La culpa y el motivo de que esto sea así no es solamente del organizador del juego, sino de los altos gravámenes que el Estado tiene sobre el juego. En lugar de darle la culpa a "la Banca" deberíamos dársela al Estado ya que éste es el único que tiene las ganancias aseguradas. A pesar de todo, deberíamos agradecer al Estado que esto sea así ya que, gracias a estos gravámenes sobre el juego, miles de millones que son absolutamente necesarios para mantener el país, salen de los bolsillos de los jugadores sin que tal desembolso les disguste. El juego es una ilusión por la que pagamos, a sabiendas, altos porcentajes que sabemos de antemano que se pierden en el camino de los premios.
Sin embargo, a pesar de conocerlo, seguimos jugando todos los días. Lotería, Once, Bonoloto, Primitiva, Euromillones, Máquinas tragaperras, etc. Por supuesto a esto se suman los Casinos, Bingos y todo tipo de carreras y competiciones deportivas.
Todos somos conocedores de que, antes de haber un solo euro de premio, Estado y Organizadores apartarán sus beneficios pero, aún así, seguimos jugando. Es la ilusión de saber que, a pesar de todo, siempre hay un ganador y... ¿por qué no podemos ser nosotros?.
No hay otro sistema conocido de levantarte pobre y acostarte rico sin hacer nada y, a cambio de esa ilusión, estamos haciendo ricos a los demás, al tiempo que los pobres somos cada día un poco más pobres.
¿Y si tocara...? Esa es nuestra perdición y, para más inri, la hacemos de forma consciente y voluntaria...
RAFAEL FABREGAT
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24 de abril de 2017
5 de noviembre de 2014
1564- LOTERÍAS, EL TIMO DEL ESTADO.
Dos y dos siempre son cuatro. Según estudios matemáticos realizados al efecto, la posibilidad de que en el Sorteo de Navidad se pierda la totalidad del dinero apostado es del 84,7%. Hay un 10% de posibilidades de recuperar el dinero apostado sin ganar nada y un 5,3% de que te toque algo. Naturalmente esto no lo digo yo, sino un profesor de Universidad en Matemáticas Aplicadas. Aproximadamente un 54% se destina a premios y un 10% a reintegros, lo cual da un beneficio al Estado del 36% en cada sorteo.
Por cada décimo de 20 euros, 10,80 son para premios, 2 para reintegros y 7,20 para el Estado. La Lotería de Navidad es la que menos premios otorga y por lo tanto la que mayor recaudación le proporciona al Estado. Si la gente conociera este hecho y tuviera dos dedos de frente, nadie jugaría en este sorteo. Sin embargo, por mucho que nos cueste creerlo, la gente está loca y los gobernantes lo saben. De la misma manera sucede con las religiones y nuestro miedo a la muerte, que no tenemos ni idea y los sacerdotes lo saben.
¿Realmente estamos tontos?. Hombre, dicho así... No es que estemos tontos, sino que solo vemos lo que queremos ver. Cuando uno necesita dinero y no lo tiene, piensa que jugar a la Lotería o a cualquier otro juego, le da una posibilidad de poder salir del embrollo. Sin embargo las posibilidades son tan remotas que lo que sucede realmente es que en el 84,7% de los casos pierdes todo lo apostado. Demasiado riesgo para no solucionar nada ya que, aún suponiendo que te toque, no sales de pobre.
Es mucho más seguro comprarte una hucha e ir poniendo en ella todo lo que sueles apostar cada semana. Por mucho que te tiente el diablo que llevas dentro no la rompas antes de los 5 años y cuando se cumpla ese plazo y rompas la hucha no te gastes el contenido. Lo primero que tienes que hacer es comprarte otra hucha nueva y volver a empezar. Con el dinero que te haya salido abres un Depósito a Plazo Fijo y dentro de 5 años otro y otro y otro...
Te aseguro que, cuando llegue el día de tu jubilación, te habrá salido la lotería. Y con un premio garantizado del 100%. No lo olvides, merece la pena atender este consejo de verdadero amigo.
RAFAEL FABREGAT
¿Realmente estamos tontos?. Hombre, dicho así... No es que estemos tontos, sino que solo vemos lo que queremos ver. Cuando uno necesita dinero y no lo tiene, piensa que jugar a la Lotería o a cualquier otro juego, le da una posibilidad de poder salir del embrollo. Sin embargo las posibilidades son tan remotas que lo que sucede realmente es que en el 84,7% de los casos pierdes todo lo apostado. Demasiado riesgo para no solucionar nada ya que, aún suponiendo que te toque, no sales de pobre.
Es mucho más seguro comprarte una hucha e ir poniendo en ella todo lo que sueles apostar cada semana. Por mucho que te tiente el diablo que llevas dentro no la rompas antes de los 5 años y cuando se cumpla ese plazo y rompas la hucha no te gastes el contenido. Lo primero que tienes que hacer es comprarte otra hucha nueva y volver a empezar. Con el dinero que te haya salido abres un Depósito a Plazo Fijo y dentro de 5 años otro y otro y otro...
Te aseguro que, cuando llegue el día de tu jubilación, te habrá salido la lotería. Y con un premio garantizado del 100%. No lo olvides, merece la pena atender este consejo de verdadero amigo.
RAFAEL FABREGAT
1563- CASINO, JUGANDO A LA RULETA.
En la ruleta, el juego de la martingala es el más modesto y "seguro", al entender de los que no están iniciados en el mundo de los Casinos. Tan seguro se cree este sistema, que incluso algunos piensan que no puede ser juego legal o aceptado por las casas de juego. Sin embargo si que es legal y si que lo aceptan. Consiste en apostar a ROJO o NEGRO una cantidad de dinero e ir doblándolo si se pierde o iniciando nuevamente el juego con la cifra inicial si se gana. El premio es el doble de lo apostado. El motivo de que acepten esta forma de jugar es que siempre acabas perdiendo, ya que la posibilidad de ganar no es del 50% como uno piensa. El motivo es que, además de los 18 números rojos y negros, existen dos números (0 y 00) que también juegan. Las posibilidades juegan pues a favor del casino en un 61,35%. Espero que haya quedado claro, pero vamos a explicarlo de otra forma sencilla y práctica para que pueda entenderse más fácilmente. Para ello vamos a suponer que apostamos UN EURO al color rojo que es a doble o nada...
Si ganamos tenemos dos euros, por lo tanto hemos ganado uno. Volveremos a apostar hasta que perdamos. Cuando esto suceda, para ganar el euro perdido habrá que ir doblando la cifra hasta que ganemos. Sin embargo los casinos tienen una apuesta máxima que suele estar entre los 900/1000 euros y por lo tanto no puedes hacer más de 9 apuestas. Eso sin contar que para hacerlas tienes que llevar en el bolsillo más de 1500 euros (2-4-8-16-32-64-128-256-512) ya que la décima apuesta sería de 1024 euros. ¡Y todo esto para ganar un solo euro!. ¿Y si pierdes también la décima apuesta...?Si por ejemplo llevas 100 euros para jugar, solo puedes doblar seis veces, ya que para doblar la séptima vez ya no tienes dinero suficiente.
Lo curioso es que solo jugábamos UN EURO...
Pensaremos que es muy poco probable que salgan tantos números seguidos con suerte contraria a la de nuestra apuesta, pero hemos de recordar que la ley de probabilidades juega efectivamente a favor del casino en un 61,35% de los casos y por lo tanto no solo es posible, sino real.
Si todo esto ocurre con la simple apuesta de UN EURO, imagínense lo que puede suceder cuando se juega sin mirar formas ni cantidades. Es como la lotería y demás juegos de azar, en los que solo en España se juegan decenas de millones de euros cada día, con una posibilidad entre miles o millones de combinaciones. ¿Hay alguna posibilidad?. Pues no, no la hay. Nadie jugaría si nos detuviéramos a pensarlo. No olvidemos que, ¡la Banca siempre gana!. ¿Cómo si no, se podría pagar todo el lujo que hay entre las paredes de un Casino?. Mas vale que invitemos a la novia a cenar. Es mucho más guapa que el crupier y el premio es seguro y más divertido...
RAFAEL FABREGAT
28 de marzo de 2014
1313- ESTADO DE NEVADA. (EEUU)
Nevada es, por diferentes razones, uno de los Estados más conocidos de Norteamérica. En principio y para situarnos, decir que está situado al oeste de los Estados Unidos. Linda al norte con Oregón e Idaho, al sureste con Arizona, al este con Utah y al oeste con California. La parte norte del estado está dentro del desierto de la Gran Cuenca, un territorio que si bien es cálido en verano, en invierno suele ser extremadamente frío hasta el punto de cubrir de nieve toda la comarca. Es rico en yacimientos de plata, oro y petróleo. En el tercio sur del Estado está el Desierto de Mojave, en el que se sitúa el enclave de Las Vegas, la ciudad más importante del mundo en el negocio del juego.
En la década de 1950-60 en esta parte del desierto, apenas a 100 Km. del actual emplazamiento de Las Vegas, llegaron a realizarse pruebas nucleares pero el rápido incremento del Turismo del Juego forzó la paralización de las mismas. La necesidad de agua de la zona también provocó grandes disputas, dirimidas finalmente con un acueducto de casi 50 Km. que abastece la ciudad desde el Lago Mead, una inmensa presa artificial sobre el río Colorado que cubre una distancia de hasta 180 Km2. detrás de sus muros, con una capacidad de 35 millones de m3. de agua. El Estado de Nevada ocupa una superficie de 286.352 Km2. de los que casi 2.000 Km2. son diferentes cursos de agua.
La población del estado es de unos 3 millones de habitantes, de los cuales casi 2 millones viven en Las Vegas y su área metropolitana. En realidad la capital del Estado es Carson City pero ésta apenas si llega a los 60.000 habitantes. Las Vegas es el principal destino de ocio y diversión en Norteamérica. Más que la ciudad de juego, es la ciudad de la fantasía, el lugar donde cualquier cosa es posible. Su nombre se lo dio el español Antonio Armijo mientras seguía un viejo camino proveniente de Texas ya que, en medio del desierto existían unos manantiales con áreas verdes que destacaban sobre la aridez circundante y dio a la zona el nombre de "las Vegas". En 1900 esa agua fue llevada a la nueva ciudad para su abastecimiento.
Como en tantos lugares del continente americano, los primeros europeos en llegar fueron los españoles que le dieron el nombre de Nevada justamente por la gran cantidad de nieve que cubría sus montañas. Explorada y conquistada en las dos primeras décadas del siglo XVIII, formó parte del Virreinato de Nueva España hasta 1821 cuando, a
consecuencia de su independencia, pasó a pertenecer a la república mexicana. En 1848 la guerra contra los Estados Unidos convierte estas tierras en norteamericanas y en 1864 en el Estado nº 36 de la Unión. El hallazgo de importantes minas de oro y plata le valieron el apodo de "The Silver State". ¡Donde los norteamericanos ponen el ojo...! El juego era muy común entre los mineros, motivo por el cual el Gobierno consideró prudente que en esa zona minera se legalizara de forma provisional. ¡Y hasta el día de hoy...!
Aunque estas minas siguen produciendo, la mayor fuente de ingresos actuales del Estado es el turismo.
La población del estado es de unos 3 millones de habitantes, de los cuales casi 2 millones viven en Las Vegas y su área metropolitana. En realidad la capital del Estado es Carson City pero ésta apenas si llega a los 60.000 habitantes. Las Vegas es el principal destino de ocio y diversión en Norteamérica. Más que la ciudad de juego, es la ciudad de la fantasía, el lugar donde cualquier cosa es posible. Su nombre se lo dio el español Antonio Armijo mientras seguía un viejo camino proveniente de Texas ya que, en medio del desierto existían unos manantiales con áreas verdes que destacaban sobre la aridez circundante y dio a la zona el nombre de "las Vegas". En 1900 esa agua fue llevada a la nueva ciudad para su abastecimiento.
Como en tantos lugares del continente americano, los primeros europeos en llegar fueron los españoles que le dieron el nombre de Nevada justamente por la gran cantidad de nieve que cubría sus montañas. Explorada y conquistada en las dos primeras décadas del siglo XVIII, formó parte del Virreinato de Nueva España hasta 1821 cuando, a
consecuencia de su independencia, pasó a pertenecer a la república mexicana. En 1848 la guerra contra los Estados Unidos convierte estas tierras en norteamericanas y en 1864 en el Estado nº 36 de la Unión. El hallazgo de importantes minas de oro y plata le valieron el apodo de "The Silver State". ¡Donde los norteamericanos ponen el ojo...! El juego era muy común entre los mineros, motivo por el cual el Gobierno consideró prudente que en esa zona minera se legalizara de forma provisional. ¡Y hasta el día de hoy...!
Aunque su densidad es un tercio inferior a la de Las Vegas, también la ciudad de Reno está adquiriendo gran relevancia en el turismo del juego y el ocio.
Con el fin de adquirir la máxima llegada posible de turistas, Reno organiza toda clase de eventos entre los que cabe citar concentraciones de motos y coches antiguos, una barbacoa de costillas, carrera de globos, carreras de aviones, concurso de bolos y la popular fiesta mexicana del 5 de Mayo con sus piñatas en forma de burro que celebran la Batalla de Puebla, entre los ejércitos de México y Francia.
Nevada tiene una completísima red ferroviaria, grandes compañías de autobuses con una amplia red de autopistas y carreteras estatales e interestatales, así como varios aeropuertos, dos de ellos internacionales y un servicio de monorrail en rápida expansión. Más del 92% de la población de Nevada vive en ciudades. El 58% de su población es de raza europea, seguida de los latinoamericanos que alcanzan el 27%; le sigue un 9% de negros, un 5% de asiáticos y un 1% de otras razas. La población mexicana es la de más rápido crecimiento, debido a la fecundidad de sus mujeres y a la alta tasa de inmigración que llega, legal o ilegalmente, de ese país próximo. Nevada es el único Estado Norteamericano en el que la prostitución está legalizada.
RAFAEL FABREGAT
Nevada tiene una completísima red ferroviaria, grandes compañías de autobuses con una amplia red de autopistas y carreteras estatales e interestatales, así como varios aeropuertos, dos de ellos internacionales y un servicio de monorrail en rápida expansión. Más del 92% de la población de Nevada vive en ciudades. El 58% de su población es de raza europea, seguida de los latinoamericanos que alcanzan el 27%; le sigue un 9% de negros, un 5% de asiáticos y un 1% de otras razas. La población mexicana es la de más rápido crecimiento, debido a la fecundidad de sus mujeres y a la alta tasa de inmigración que llega, legal o ilegalmente, de ese país próximo. Nevada es el único Estado Norteamericano en el que la prostitución está legalizada.
RAFAEL FABREGAT
7 de noviembre de 2013
1175- LOTERÍA NO, GRACIAS.
Lo de jugar a la Lotería es en España una costumbre muy arraigada, especialmente en lo que concierne al Sorteo Especial de Navidad. Jugar en este sorteo, dejándonos nuestro buen dinero, no es en este caso un problema de ludopatía sino de costumbre ancestral.
Cuando yo era muy niño en mi casa, familia pobre donde las haya, ya se jugaba a la Lotería al menos en Navidad. Naturalmente se soñaba con que les tocara, pero era más una costumbre que una persecución de la diosa Fortuna. Casi podríamos decir que, para una gran cantidad de españoles, no se concibe la Navidad sin su correspondiente sorteo de la Lotería Nacional porque ésta forma parte de estas fiestas. Se podría asegurar por tanto que es un elemento más de la Navidad, como lo puede ser Papá Noel o los Reyes Magos.
Los que jugamos, que somos casi todos, no ignoramos las escasas posibilidades y tampoco que, como en toda clase de juegos de azar, es a sus organizadores y al Estado a quienes siempre les toca una buena parte de lo que nos jugamos. Sin embargo ese conocimiento no impide que sigamos jugando. Algunos, hipnotizados por el juego, confían en determinados números "bonitos" que saben perfectamente que carecen de mayores posibilidades que los demás pero, aún así, siguen cayendo una y otra vez en esa práctica fetichista que no les lleva a ninguna parte. Y eso una semana tras otra y un año tras otro. Para quienes tan solo jugamos en el Sorteo de Navidad esta serie de tonterías no suponen ningún desfalco pero, ¿qué pasa con quienes lo hacen semanalmente?.
Parece ser que las posibilidades de este tipo de juego es del 5,3%. ¿Quien puede tener interés en apostar su dinero, con tan escasas posibilidades de éxito?. Pues bien, parece ser que los hay mucho peores. La Primitiva, también muy jugada en nuestro país, solo tiene un 1,86% de posibilidades y la ONCE tan solo un 1%, claro que esta última tiene un objetivo más altruista. De todas formas parece inconcebible que la gente juegue decenas de millones de euros semanales a sabiendas de que se trata de un pozo sin fondo. Ilusión o locura ahí están las cifras. Determinado cliente abandona a un proveedor del que no ha tenido queja alguna durante años por un solo céntimo de diferencia en el precio de un producto cualquiera y al salir de su despacho compra unos décimos de Lotería que, con toda probabilidad es dinero tirado. Así somos los españoles.
Se sabe positivamente que, en el mejor de los casos, en el mismo instante de comprar el billete un 30% de su valor está irremisiblemente perdido. Son los gastos publicitarios, de emisión y de administración, sumados al porcentaje que se queda el Estado para sí. Así pues las posibilidades de percibir algo, entre todos los millones de personas que juegan, es el 70% de lo recaudado. Naturalmente este atractivo porcentaje siempre le toca a alguien, pero ahí entra otro factor en juego que nos avisa del "atraco" en el que vamos a caer. La Administración sabe perfectamente la media de apostantes que hay en cada sorteo y lanza al mercado una cantidad muy superior de billetes de los estrictamente necesarios
Esta práctica tiene por objeto ser el máximo apostante con una inversión muy inferior. Cierto es que pone en juego el 70% del importe disponible, pero juega en solitario miles de posibilidades. Es aquello que tan acostumbrados estamos a oír de que determinado número y premio ha quedado sin vender. ¿No es esa una estafa más del juego?. El Estado juega más que nadie a un coste 30% inferior y todos sabemos que la estadística juega claramente a favor de aquel que más apuesta. No falta tampoco el apoyo publicitario televisivo que nos induce al juego y para ello no se duda en absoluto de aprovechar imágenes idílicas de niños o de paradisíacos paisajes caribeños, como si el Premio ya estuviera en nuestro bolsillo.
Naturalmente todos no juegan pero no hay mayor sordo que el que no quiere oír. Los que no jugamos deberíamos estar (y estamos) muy contentos de que haya tanta gente empeñada en alcanzar la escurridiza fortuna a través del juego. Ellos ven y oyen tan bien como nosotros y saben perfectamente la locura que están cometiendo con una afición que a nada bueno les lleva, pero ahí están una semana tras otra. La ventaja de los que no jugamos es que la Administración recoge gracias a ese medio una importante suma de dinero que no precisa recaudar por otros medios más drásticos que a todos nos alcanzarían. Bienvenidos pues los ingenuos porque de ellos será el Reino de los Cielos. Muchos de ellos se desesperan a final de mes maldiciendo a unos y otros, cuando tantas veces es uno mismo el culpable de lo que le sucede.
Viendo la abrumadora cantidad de inocentes que deambulan por nuestra "piel de toro" el Estado, para mayor burla, al porcentaje del 30% que se queda para sí y al exceso de billetes que imprime sin ser necesarios, le suma ahora el hecho de que los agraciados tengan que declarar los premios conseguidos a través del IRPF, lo que significará otro 20-25% más de beneficios para la Administración. Hasta ahora era simple y llanamente una burla pero, ya con este añadido, se convierte en una injusticia miserable que clama al Cielo. Repito que yo no entro en "estos juegos" y que por lo tanto me beneficia pero, aún así, me considero obligado a denunciar públicamente el uso y abuso que del juego hace el gobierno. Más aún cuando, en la mayoría de las ocasiones, es a través del juego como muchos inocentes creen poder escapar de la miseria en la que viven.
RAFAEL FABREGAT
Los que jugamos, que somos casi todos, no ignoramos las escasas posibilidades y tampoco que, como en toda clase de juegos de azar, es a sus organizadores y al Estado a quienes siempre les toca una buena parte de lo que nos jugamos. Sin embargo ese conocimiento no impide que sigamos jugando. Algunos, hipnotizados por el juego, confían en determinados números "bonitos" que saben perfectamente que carecen de mayores posibilidades que los demás pero, aún así, siguen cayendo una y otra vez en esa práctica fetichista que no les lleva a ninguna parte. Y eso una semana tras otra y un año tras otro. Para quienes tan solo jugamos en el Sorteo de Navidad esta serie de tonterías no suponen ningún desfalco pero, ¿qué pasa con quienes lo hacen semanalmente?.
Parece ser que las posibilidades de este tipo de juego es del 5,3%. ¿Quien puede tener interés en apostar su dinero, con tan escasas posibilidades de éxito?. Pues bien, parece ser que los hay mucho peores. La Primitiva, también muy jugada en nuestro país, solo tiene un 1,86% de posibilidades y la ONCE tan solo un 1%, claro que esta última tiene un objetivo más altruista. De todas formas parece inconcebible que la gente juegue decenas de millones de euros semanales a sabiendas de que se trata de un pozo sin fondo. Ilusión o locura ahí están las cifras. Determinado cliente abandona a un proveedor del que no ha tenido queja alguna durante años por un solo céntimo de diferencia en el precio de un producto cualquiera y al salir de su despacho compra unos décimos de Lotería que, con toda probabilidad es dinero tirado. Así somos los españoles.
Esta práctica tiene por objeto ser el máximo apostante con una inversión muy inferior. Cierto es que pone en juego el 70% del importe disponible, pero juega en solitario miles de posibilidades. Es aquello que tan acostumbrados estamos a oír de que determinado número y premio ha quedado sin vender. ¿No es esa una estafa más del juego?. El Estado juega más que nadie a un coste 30% inferior y todos sabemos que la estadística juega claramente a favor de aquel que más apuesta. No falta tampoco el apoyo publicitario televisivo que nos induce al juego y para ello no se duda en absoluto de aprovechar imágenes idílicas de niños o de paradisíacos paisajes caribeños, como si el Premio ya estuviera en nuestro bolsillo.
Naturalmente todos no juegan pero no hay mayor sordo que el que no quiere oír. Los que no jugamos deberíamos estar (y estamos) muy contentos de que haya tanta gente empeñada en alcanzar la escurridiza fortuna a través del juego. Ellos ven y oyen tan bien como nosotros y saben perfectamente la locura que están cometiendo con una afición que a nada bueno les lleva, pero ahí están una semana tras otra. La ventaja de los que no jugamos es que la Administración recoge gracias a ese medio una importante suma de dinero que no precisa recaudar por otros medios más drásticos que a todos nos alcanzarían. Bienvenidos pues los ingenuos porque de ellos será el Reino de los Cielos. Muchos de ellos se desesperan a final de mes maldiciendo a unos y otros, cuando tantas veces es uno mismo el culpable de lo que le sucede. RAFAEL FABREGAT
18 de noviembre de 2010
0203- LA LOTERIA DE NAVIDAD.
La cosa viene de lejos. La Lotería de Navidad se puso en marcha el 22 de Diciembre de 1.812 al precio de 4 reales por décimo y con un premio Gordo de 8.000 pesos fuertes. (160.000 reales de vellón que, con el cambio a la peseta de 1.869, serían 8.000 duros de plata o 40.000 pesetas). ¡Una inmensa fortuna, que ni siquiera muchos ricos habían visto jamás!.Un juego (un timo) en el que año tras año caemos (casi) todos, pareciendo estar tontos. No es que yo alucine, no. Es que alucinamos todos aquellos que hemos tenido la curiosidad de averiguar de qué va esto del juego y cuales son sus posibilidades. Nadie ignora que casi la mitad de lo que gasta el ciudadano en las apuestas, sea cual sea el juego, va a parar a la Hacienda Pública por lo que, entonces...
Si quitamos todo lo que ganan editores, administraciones, empleados e intermediarios, ¿qué es lo que queda para el premiado?. Pues nada, las migajas.Claro, como premio Gordo solo hay uno, lógicamente parece mucho dinero, pero... ¿Qué posibilidades hay de que nos toque el Gordo en la Lotería?.
Depende de las veces y los números que juguemos claro pero, para aquellos que no tenemos afición al tema y solo jugamos en el Sorteo de Navidad, la cosa está tan "chunga" que, si no fuera porque somos tontos de solemnidad, no jugaría nadie. Los apostantes, en un 99% de los casos, no se han parado a averiguar cuales son las posibilidades reales de que nos toque el Gordo y el 1%, que sí lo sabe, juega igualmente porque de lo que aquí se trata no es de creer que nos pueda tocar, sino de una tradición que permite soñar.
De todos es conocida la frase: "De ilusión también se vive".
Eso está muy bien pero, en este caso, la ilusión cuesta dinero y hay que pagarla. ¿Se han parado a pensar en qué consisten las llamadas "Fiestas Navideñas"?. Pues bien, supongo que coincidiremos en que se trata de la misma cosa, que son dos... Son una ilusión y un negocio. Luces, escaparates profusamente iluminados, destellos, guirnaldas, música... En definitiva: ¡ilusión!Pero, no nos equivoquemos, se trata de una ilusión CO-MER-CIAL. Antiguamente y alrededor de esta fiesta habían más sentimientos de cariño, familiaridad, recogimiento, religiosidad e incluso generosidad. Buena parte de todo aquello está desapareciendo o ha desaparecido ya. Sin embargo son muchos a quienes "no interesa" que esto acabe y lo fomentan bombardeándonos con píldoras (publicidad) de ilusión. Sin embargo, para gran parte de la sociedad (ancianos, pobres, enfermos, etc.) que por imposibilidad física o material no pueden acceder a esta ilusión ficticia de la moderna Navidad, para la que (siempre) hace falta dinero y juventud, la fiesta de la "ilusión" se convierte en la fiesta del mal humor, de las lamentaciones y de los sollozos desconsolados. Habrán oído en más de una ocasión el comentario de personas que dicen abiertamente que no les gusta la Navidad. Sin embargo la fiesta, esta Fiesta, no tiene nada de malo. El mal lo lleva consigo la sociedad material en la que vivimos, el abandono de la familia, la soledad, acrecentada notablemente cuando va acompañada de la pobreza.
Ya sé que el fondo de esta entrada ha derivado en un tema excesivamente serio que tampoco yo pretendía pero, ya que estamos en eso, habrá que decir que es una realidad por la que la inmensa mayoría de los mortales tendremos que pasar algún día. Sin embargo el tema que nos ocupa en el día de hoy es la Lotería de Navidad. Vamos pues a zanjarlo, aunque tampoco su desarrollo sea demasiado agradecido. Hablábamos de las posibilidades reales que tenemos de que nos toque el Gordo, a todos aquellos que solo jugamos una vez al año. En otros sorteos semanales el premio mayor es un premio al décimo, en cuyo caso la posibilidad de que nos toque es superior a 16 millones y medio. (195 series x 85.000 números = 16.575.000 posibilidades)¡Tres veces más difícil que acertar una quiniela de catorce resultados, puesto que en las quinielas solo son 5 millones de posibilidades!. Sin embargo en el Sorteo de Navidad el Gordo se paga a cada una de las series, lo que reduce las posibilidades a los números existentes. (85.000) Quizás sea ese el motivo de la gran tradición que tenemos los españoles de jugar a la Lotería de Navidad a pesar de ser un juego en el que, aún tocándonos el Gordo, no podemos hacernos millonarios, ya que son 300.000 € al décimo.
Sin embargo tener una sola opción entre 85.000 hace prácticamente imposible alcanzar el premio mayor, lo cual no hace que nos neguemos a comprar décimos y participaciones como si no hubiera un mañana.
No tenemos remedio. A pesar de saber que es dinero lanzado por la ventana, por diferentes compromisos sociales y también con el fin de aumentar nuestras posibilidades, en este sorteo solemos jugar varios números, hasta el punto de tener una media de 10 números diferentes por cada jugador. Caso de tocarnos el Gordo en el Sorteo de Navidad el premio es de 15.000 € por cada UNO que juguemos. En cuanto a las probabilidades que tenemos (en el caso de jugar diez números diferentes) baste decir que habría que jugar 8.500 años. Ahora bien, si somos jugadores empedernidos y JUGAMOS TODAS LAS SEMANAS UN DECIMO, solo habrá que esperar 1.635 años. Claro que eso es la media, quiere decirse que a unos les podría tocar tres veces y a otros no tocarles ¡ni en un millón de años!. ¿Como se les ha quedado el cuerpo?.
RAFAEL FABREGAT
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