31 de agosto de 2018

2651- LAS PIEDRAS DEL HAMBRE.

Las piedras del hambre, en alemán "hungerstein" han vuelto a aparecer. La sequía que asola Europa Central las ha vuelto a poner al descubierto. Se trata de grandes piedras del río Elba que, a su paso por la República Checa y Alemania, entre los siglos XV al XIX alertaban a las gentes de esas comarcas que venían tiempos de penurias. La explicación no puede ser más sencilla: si podías ver las piedras es porque el caudal del río era muy bajo y si eso era así es porque había llovido poco. Falta de lluvias significa escasez de cosechas y, por lo tanto, hambre. Quienes grabaron esos mensajes lo tenían bien claro, puesto que lo habían sufrido en sus propias carnes. 

En un mundo globalizado, como el actual, estos mensajes han perdido vigencia, pero ahí están.
"Antes lloramos, Ahora lloramos. Tú también llorarás". 
Nuestro planeta se mueve por ciclos y más pronto o más tarde la historia suele repetirse. El mensaje más antiguo encontrado es del año 1417 lo que indica que fue una especie de moda pasajera:
"Si vuelves a ver esta piedra, llorarás. Así de baja estaba el agua en 1417".
El río Elba se encuentra en su nivel más bajo del último siglo y el afloramiento de "hungerstein" se suceden día tras día. Tan bajo que, además de las piedras del hambre, ya empiezan a encontrarse misiles y granadas de mano de la II Guerra Mundial.


No es que las "hungerstein" signifiquen nada especial, pero ponen de relieve que durante un largo periodo de tiempo, había gente interesada en dejar constancia del hambre y los malos tiempos en general que traía consigo la escasez de lluvias. En otros países del sur de Europa, ya no digamos en los situados en África, esta escasez era casi permanente y ya no se hacía caso de ella. Por el contrario en la Europa Central y muy especialmente en los países más al norte, las lluvias no suelen faltar y la sequía es casi algo excepcional. Una de ellas reza: 
"Cuando me veas llora".
El mensaje no podía ser más claro. Algunos pueblos han convertido estas piedras en "monumento natural".
Está claro que cuando esas lluvias faltaban los problemas eran mayores o al menos bastante más visibles ya que, en aquellos tiempos, todo estaba basado en la agricultura y ganadería de subsistencia. 

RAFAEL FABREGAT


2650- COSTA AZUL Y GOLFO DE LEÓN. (4)

Casino de Mónaco.
Abandonamos Italia y los mares Tirreno y Liguria para adentrarnos en el Golfo de León. Nos quedan dos días de viaje, uno de los cuales tiene para mi escaso o nulo interés. Está zona ya la conocíamos mi esposa y yo desde muchos años atrás y además no tiene ningún atractivo monumental. En nuestra primera parada visitamos Niza, si es que se puede llamar visita al hecho de que te "suelten" durante una hora en un mercadillo, bonito por cierto, pero en el que poco o nada teníamos que comprar al ser mayormente de frutas y verduras. Del avituallamiento se encargan las gentes del barco. Volvemos a subir al autobús para dirigirnos al Principado de Mónaco y, como no, a Montecarlo. Habíamos fondeado en la bahía puesto que no hay calado para los cruceros.

Museo Oceanográfico de Montecarlo.
Aunque, como he dicho antes, ya conocíamos la zona, la visita tuvo un cierto atractivo, más para las damas, al mostrarnos el palacio de los príncipes y las casas de las princesas Carolina y Estefanía. El Museo Oceanográfico de Montecarlo también tiene un relevante interés por su notable diseño y por haber estado dirigido durante muchos años por el famoso explorador Jacques Cousteau. Punto destacable del recorrido fue la Catedral de San Nicolás en la que están enterrados Rainiero III y su esposa Grace Kelly. La Catedral es de nueva construcción ya que, aunque fue levantada sobre un viejo templo de 1252, no empezaría su construcción hasta 1875, finalizada en 1903 y consagrada en 1911. 


Bonita iglesia, de estilo romano-bizantino, pero "demasiado nueva". Su pieza más relevante es un retablo lateral del año 1500 dedicado a San Nicolás, la Piedad y la Anunciación, obra de Ludovico Brea. 
Para las aficionadas al papel couché, decir que detrás el Altar Mayor hay un amplio corredor salpicado por las tumbas de muchos personajes de la familia Grimaldi y como se ha dicho, una de ellas de la de Rainiero III y su esposa la actriz Gracia Patricia Kelly. 
Catedral de San Nicolás y tumbas reales.
Me encantó la modestia de dicha tumba, consistente en una simple losa de mármol rojo, idéntica al resto de personajes de la Familia Grimaldi.
No por falta de respeto (!) sino porque eran casi las dos de la tarde, nos fuimos a comer. Detrás de la Catedral hay una serie de callejuelas estrechas repletas de tiendas y restaurantes. Hacía calor y a una última pizza, que nos hizo rememorar días pasados en Italia, pedimos sendas jarras de cerveza fría que nos supo a gloria bendita. Ya de vuelta a Barcelona, así tenemos hoy de irritadas las gargantas, pero lo que toca, toca cuando toca...

Faltaba una última parada, la del puerto de Seté, región francesa de La Provenza que nos llevaría a conocer la ciudad medieval por excelencia: Carcassone. 
Del puerto de Seté a Narbona y de allí a Carcasona por carretera. Visita guiada, muy destacable por las maravillas vistas y por la calidad personal y profesional de la guía. 
Sin entrar por la entrada principal, o puerta de Narbona, recorrimos la parte exterior de la muralla empapándonos de la historia y de las leyendas de "la Cité". Muy sorprendidos de ver fotografías del siglo XIX con casas adosadas al exterior de la muralla, como forma de dar cobijo a gentes que teniendo gran interés en vivir en Carcasona no cabían en su interior. Son las curiosidades de la Historia. Parece ser también que esta ciudad medieval estuvo sitiada durante meses por las tropas de Carlomagno... 

Desfallecidos por la hambruna y cuando apenas les quedaba a los sitiados nada que echarse a la boca, mataron al último de los cerdos y lo rellenaron con el poco grano y viandas que les quedaban. Subiendo a la torre más alta de la ciudad echaron por la muralla al cerdo que, al estrellarse contra el suelo, reventó desparramándose por el suelo toda la comida que llevaba en su interior. Al verlo las tropas de Carlomagno avisaron a sus generales y se decidió levantar el sitio puesto que, por lo visto, seguían teniendo provisiones para muchos meses y continuar con el sitio era una pérdida de tiempo. La primera ocupación conocida es del siglo VI a.C. convirtiéndose en centro administrativo romano hacia el año 100 a.C. En el siglo V fue ocupada por los visigodos. 

La diócesis fue establecida el año 550 siendo la ciudad conquistada por los musulmanes en el 725, aunque el rey Pipino el Breve los expulsó en el 759. De gran interés toda la ciudad, sus torres y murallas, pero muy especialmente el castillo condal y la basílica de San Nazario, santo y mártir decapitado en la plaza de Milán en año 68. Sus seguidores recogieron los restos y los enterraron extramuros, pero en el siglo IV fueron trasladados a la basílica de los Santos Apóstoles de Milán aunque, al parecer, una reliquia fue llevada a Carcasona. Degradada a basílica, esta iglesia todavía conserva las vidrieras originales del siglo XI, cuando fue construida. En fin, los viajes no son para relajarse como algunos piensan, así que volvemos hacia Barcelona cansados y con la garganta hecha un estropajo, culpa de la cerveza y los muchos y fríos cócteles que hemos ingerido durante el viaje, en el que no hemos aumentado un solo kilo.

RAFAEL FABREGAT

30 de agosto de 2018

2649- CONOCIENDO ITALIA. (3)

Duomo di Siena. 
Cuando despertamos el barco ya estaba atracado en el puerto de Livorno. Esto de los cruceros resulta chocante, puesto que es por la noche cuando navegan y a primera hora de la mañana los viajeros ya están en el destino elegido, por tanto sin apenas enterarse. A partir de este puerto italiano son varios los destinos que pueden elegirse. 

Interior de la catedral (Duomo) de Siena.
Dos de ellos, sin duda los más importantes, son Pisa y Florencia aunque yo añadiría también a Siena, por su ilustre catedral y por los dos papas (Alejandro III y Alejandro VII) que dio a la Iglesia Católica. Eso sin contar a Santa Catalina de Siena, hija número 23 del matrimonio entre Jacobo y Lapa Benincasa. Coetánea de nuestro ilustre papa Benedicto XIII (Papa Luna), por el que he sentido siempre especial interés, Catalina defendió el papado de Aviñon y la paz entre Florencia y el papa Gregorio XI. También preparó la adhesión de Pisa al papa Urbano VI. Murió en 1380 a la edad de 33 años. En 1461 fue declarada Santa por el Papa Pío II. Junto a Santa Teresa de Jesús fue proclamada en 1970 Doctora de la Iglesia Católica por el Papa Pablo VI. En las proximidades del mar Tirreno o el de Liguria hay otros destinos interesantes como la Bolonia universitaria o la Milán comercial, pero todo no puede verse de una tacada.

Nuestra primera visita fue Pisa, con su maravillosa Plaza de los Milagros en la que se encuentran el Baptisterio, la Catedral, la famosa Torre inclinada y el Camposanto. Cuatro monumentos que te dejan con la boca abierta, todos ellos en mármol blanco y negro al más puro estilo de las ciudades de la Toscana.

El conjunto es sencillamente espectacular. Difícil, muy difícil, que todo el conjunto pueda caber en una sola foto y no hay palabras para describir tanta belleza. 
La guía nos llevó después a la plaza central de Pisa explicando lo notable de algunas construcciones pero, después de ver el conjunto monumental de la Plaza de los Milagros (extramuros), ya todo carecía de interés. La zona es peatonal y toda esa belleza se puede admirar en paz y total tranquilidad. Los trabajos de construcción de la Catedral se iniciaron en 1064, siendo consagrada en 1118 por el papa Gelasio II. El Baptisterio se inició en 1152 y se completó un siglo después. La Torre se construyó como "simple" campanario, empezándose en 1174 y fue finalizada en la segunda mitad del siglo XIV. El grandioso rectángulo que acoge los monumentos está sembrado de césped, para mejor destacar la belleza de las construcciones.

Seguimos camino a Florencia. Mismo estilo de Iglesias que, curiosamente, no me sorprendió. Más bien al contrario siempre imaginé aquella plaza de dimensiones superiores a la realidad. El hecho de haber hecho el recorrido turístico a la inversa, de lo que suele ser habitual, hizo que Florencia ya no me impresionara. Interesante, como no, la Piazza della Signoría, el Ponte Vecchio y la Piazza del Duomo con su Catedral a Santa María del Fiori, campanile de Giotto y Battistero di Sant Giovanni pero, habiendo visto antes la Plaza de los Milagros de Pisa, Florencia ya no me impresionó. Lo mismo, más o menos, que en Pisa pero más amontonado. Para mi fue como si lloviera sobre mojado. Quizás demasiado tarde, demasiado cansados, demasiado calor, demasiada gente...

En cuanto a que el "Ponte Vecchio" (que no es tan "vecchio") sea el lugar más famoso y fotografiado de Florencia, no lo puedo entender. De su origen romano no queda absolutamente nada, pues era de madera y fue destruido por los bárbaros en el siglo VI. Cruza el río Arno y es de piedra desde 1345 siendo su mérito mayor que, después de varias veces arrastrado por las riadas, sobre él se construyeron casas actualmente convertidas en joyerías de alto standing pues está exento de impuestos.  En 1593 el Gran Duque Fernando I decretó la expulsión de los carniceros que también tenían negocios sobre el puente, porque él lo cruzaba cada día y no le gustaban los olores con los que se encontraba. Aún a día de hoy, no puede establecerse ningún tipo de negocio que no esté relacionado con la joyería. El aspecto más llamativo del puente es que los negocios ampliaron sus locales mediante voladizos. En la II Guerra Mundial Hitler ordenó que este puente no fuera destruido, aunque se volaron las casas de ambos lados del puente para que no se pudiera utilizar.

RAFAEL FABREGAT

29 de agosto de 2018

2648- RECORRIENDO ITALIA. (2)

El barco nos deja en el puerto de Civitavecchia a 80 Km. de Roma. Un poco lejos. Quizás demasiado, pero los puertos más próximos a la capital italiana, no tienen el calado suficiente para cruceros. 

Varios autocares nos llevan para descubrir los restos del Imperio Romano y las riquezas del país más pequeño del mundo, la Ciudad del Vaticano. Bajo un sol de justicia empezamos la visita en el Coliseo y la basílica de San Pietro in Vincoli, del siglo V, que alberga la escultura del Moisés de Miguel Ángel y el mausoleo del papa Julio II. Nos cuidan, no quieren que nos cansemos demasiado y el autobús nos traslada al centro de Roma para admirar la escalinata de la Plaza de España, la Fontana de Trevi, el Panteón y la Plaza Navona. Nos dan tiempo libre para comer y lo hacemos en un restaurante tradicional, pidiendo la especialidad de la casa que naturalmente es pasta en sus diversas presentaciones.

Tras la comida nos trasladamos al Vaticano. Plaza de San Pedro, Basílica levantada sobre la tumba del Santo y en la que se encuentra su sepulcro. Como no podía ser de otra forma, en el interior de la Basílica brilla la majestuosidad de un enclave que representa a la Religión Católica. En uno de los laterales se ubica la escultura de La Piedad, de Miguel Ángel. Difícil destacar nada de lo que allí puede admirarse, pues todo es en grado superlativo. Acceder al interior es gratuito pero hay que pasar dos controles: el de peligrosidad y el de vestimenta. Nada pues que sea metálico y nada tampoco de mostrar brazos o piernas. A tal efecto cientos de migrantes venden en los aledaños de la Basílica grandes pañuelos para poder cubrirse todo lo que los vigilantes consideran impropio de tan santo lugar.

Baldaquino de la basílica de San Pedro.
En los aledaños de la catedral, pero no dentro de la misma, se pueden visitar los Museos Vaticanos, la Capilla Sixtina y las catacumbas (Grutas Vaticanas) donde están los cuerpos de los papas. 
Durante la noche del 24 de Agosto del año 846 piratas sarracenos saquearon Roma llegando hasta las Basílicas de San Pedro y San Pablo. A pesar de la feroz resistencia de los soldados que las defendían, ambas iglesias fueron saqueadas, sustraídos sus utensilios litúrgicos y profanados altares, tabernáculos y tumbas. Al año siguiente una nueva flota sarracena intentó nuevamente saquear Roma pero tropas y barcos de otras regiones italianas próximas se concentraron en el puerto de Ostia, lugar donde desemboca el río Tíber y los moros fueron vencidos. Huyeron los supervivientes, pero una fuerte tormenta les mandó a pique sin poder llegar a su lugar de origen.

Tras la intensa visita y ya en la Plaza de San Pedro es casi obligado visitar la Tienda del Vaticano, donde se venden toda clase de objetos religiosos, desde las más finas piezas de oro o plata, hasta libros y recuerdos de todo tipo.
Iniciamos viaje de regreso al barco. Apenas tiempo para una buena ducha y cambio de luck. Esa noche era la llamada "de gala", foto con el capitán y cena especial elegida para la ocasión. En el Teatro, cóctel y presentación de todos los oficiales y mandos de las diferentes secciones que velan por la seguridad y disfrute de los viajeros. Se cierra esta presentación con el saludo del propio capitán y sigue un espectáculo adecuado para una noche tan especial, con todo el elenco de bailarines y grupo de músicos del Sovereign. El barco ya navegaba hacia su siguiente destino: Livorno (Toscana).

RAFAEL FABREGAT

28 de agosto de 2018

2647- NAVEGANDO ITALIA. (1)

Películas, documentales... Me encantan, pero nada que ver con la realidad. Lo de viajar es como ver un partido de fútbol en la TV o estar presente en el estadio. Sin duda alguna la TV nos presenta primeros planos fantásticos y hasta nos repite determinada jugada que aclara si una falta está correctamente pitada o no, cosa que en directo y estando en el propio campo escapa muchas veces a nuestra percepción. Pues bien, con los viajes pasa lo mismo. Nada como estar in situ y muy especialmente con un buen guía que nos explique con detalle lo que, según la Historia, allí aconteció.

Tras día y medio de navegación, la primera escala del viaje fue la ciudad de Nápoles, de la que todos hemos leído sobre la mafia de la zona, de su decadencia y hasta de su escasa limpieza. También de que fue la precursora de la famosa pasta italiana y muy especialmente de la pizza napolitana que, curiosamente tiene como base la sencillez y excelencia de la pizza Margherita. La receta no puede ser más simple: una buena masa, tomate, mozzarella, albahaca fresca, aceite y sal.
Está claro que, ante tanta sencillez, no es difícil encontrar una buena pizza Margarita en cualquier parte del mundo pero sí es difícil superar a la que encontramos en cualquier establecimiento napolitano. Los ingredientes son fáciles, pero no es tan sencillo encontrar el punto óptimo de la masa, la madurez justa de un tomate casero o el queso artesano de búfala. Hasta las recetas más sencillas tienen sus diferencias y por eso hay que pedir paella en Valencia, cocido o callos en Madrid, fabada en Asturias, etc.

Todo eso fue visto y degustado, claro está, pero nuestro objetivo principal no era la ciudad de Nápoles, su pasta o sus pizzas, sino las históricas ciudades romanas de Pompeya y Herculano que, junto a otros enclaves más pequeños de la región de Campania fueron abrasadas y sepultadas por el Vesubio en el año 79 de nuestra Era. La explosión del volcán las cubrió de fuego y cenizas en apenas un instante, no dejando títere con cabeza. Una capa de cenizas de varios metros de espesor hicieron desaparecer estas ciudades y durante siglos dejó de hablarse de ellas. La violenta erupción del 24 de Agosto de aquel fatídico año hizo que la mayoría de los habitantes que permanecían en la ciudad fueran sepultados por el ardiente flujo piroclástico sin que apenas les diera tiempo a buscar refugio. De hecho, algunos cadáveres quedaron en la misma posición que estaban al perecer abrasados.

Curioso el lupanar que se muestra al visitante de las ruinas de Pompeya. Una pequeña casa en cuyos bajos hay media docena de habitaciones minúsculas (2x3 aprox), dotadas de cama y almohada de obra, sobre las que se colocaba una estera para mayor "comodidad" de la clientela. 
Fuera en el pasillo, escenas sobre diferentes formas de practicar sexo permitían al cliente elegir el servicio y precio a satisfacer. 
Nunca mejor aplicado el apelativo de "antro" para este lugar que daba servicio a tan antigua necesidad física. 
En el piso superior, a precios algo más elevados, la élite disponía de estancias mejores, mujeres más jóvenes y otras "comodidades". 
Ni unos ni otros se salvaron.
A quienes estaban en plena "faena" no les dio tiempo de escapar, puesto que los débiles techos de las casas cayeron en cuestión de segundos por el fuego y peso de las ardientes cenizas volcanicas. Claro que peor sería para quienes estaban trabajando...
Justamente por haber sido sepultada en pocos instantes, las oportunas excavaciones nos muestran a Pompeya como una ciudad fantasma pero perfectamente conservada. Calles perfectamente empedradas y casas sin techo pero con sus paredes bien delimitadas, casi intactas. Allí quedaron las magníficas columnas de sus palacios, teatro, anfiteatro, foro, templos, pozos y demás servicios de una gran ciudad romana. 

La ciudad de Pompeya se estima fundada en el siglo VIII a.C. como simple colonia griega. Un siglo después los Etruscos rivalizaron con ellos por el control de la zona. A finales del siglo V a.C. los Samnitas conquistaron la región. El año 89 a.C. la ciudad fue asediada por el cónsul romano Lucio Cornelio Sila, empezando a florecer gracias al paso de mercancías por la cercana Vía Apia. La fecha de la erupción que arrasó Pompeya la establece Plinio el Joven en uno de sus relatos. Sin embargo la fecha del 24 de Agosto se estima equivocada en su transcripción ya que, según la versión de sus cartas, debió ocurrir el 23 de Noviembre. En el momento de la erupción se estima que vivían en Pompeya de 10 a 15 mil personas, aunque solamente se han encontrado unos 2000 cadáveres, lo que nos hace pensar que muchos habitantes habrían escapado ante los terremotos precedentes a la explosión del Vesubio. Sea como fuere, con el paso de los siglos las ciudades afectadas quedaron en el olvido. Fueron descubiertas en 1550 gracias a unos trabajos de cambio de curso para el río Sarno, pero hubo que esperar 150 años para iniciar las excavaciones. Herculano fue descubierta en 1738 y Pompeya en 1748. Un lugar interesante para los amantes de la Historia.
Por la noche, cansados pero felices, espectáculo de ABBA en el Teatro del barco.

RAFAEL FABREGAT

18 de agosto de 2018

2646- CEMENTERIOS.

Por extraño que a muchos les parezca, los cementerios tienen una clientela más o menos asidua. Si por una u otra causa he tenido que ir al cementerio, jamás me he encontrado solo. Allí siempre hay alguien y la mayor parte de las veces suelen ser las mismas personas, sin contar alguna viuda reciente. Yo lo entiendo a medias. El cementerio tiene ese halo de misterio y recuerdos de tiempos pasados. En un pequeño pueblo como el mío y especialmente si ya tienes una edad avanzada, muchos de los difuntos que allí reposan han sido gente con la que has coincidido en muchas ocasiones, siendo inevitable recordar esos momentos y muchos otros de tu juventud. No son una ni dos, sino cientos las lápidas de gente conocida que te recuerdan lo temporal y breve de nuestra existencia.


Ahora ya no suele tan común, pero antiguamente era muy frecuente el grabar algún epitafio o reseña de las aficiones del difunto. También fúnebres frases recordando esa misma fragilidad de la vida:
"Como tu me ves, yo me he visto. 
Como yo me veo, tu te verás".
Bastante común pero no por ello menos cierto y espeluznante. Gracias a esas fotos y a esos epitafios, por mucho que la mayoría de nosotros solo vayamos una o ninguna vez al año, los cementerios no son un almacén de cadáveres, sino algo interesante. Nada de miedo, sino lugar de reflexión y recuerdo de los seres queridos que ya marcharon de este mundo miserable. En un mundo tan ajetreado como el actual, el cementerio no solo es un lugar de paz y recogimiento, sino de amor dormido y de arte. 


En mi pueblo no hay tumbas. Todo son nichos y tierra pública donde yacen un buen número de personas sin reseña alguna. En tiempos lejanos esa tierra albergaba gente desconocida o miserable que no podía siquiera adquirir los derechos de un nicho. En la actualidad algunas personas, muy pocas, aún en el caso se ser ricos y a pesar de que sigue impidiéndose levantar una tumba e incluso una mínima reseña del lugar en el que reposan, piden que se deposite su cuerpo en ese único lugar de tierra que hay en el cementerio. Quizás para no gastar. Por el contrario, aún tratándose de nichos, hay lápidas que son carísimas, toda una obra de arte y dignas por tanto del estatus social al que pertenecieron esos difuntos en vida.


Personalmente me gusta el arte pero, en dicho lugar, me atraen más los epitafios. Por cierto... En muchas de esas lápidas no suele nunca estar quien allí dice o, si verdaderamente está el titular, casi nunca está solo. Demasiado altos los precios de los nichos, lo cual hace que sean bien aprovechados y que en buena parte de ellos esté enterrado el padre, el hijo y el... En fin, es lo que hay. Se dice que para conocer un pueblo solo hay que ir al mercado y al cementerio. En el primero se critica y en el segundo se alaba a quien antes se criticó. En las ciudades, imponentes tumbas hablan alto y claro de quienes fueron sus inquilinos. Hasta se llevan a cabo visitas guiadas para curiosos de la historia local e incluso provincial o nacional. Eso no pasa en mi pueblo pero siguen acudiendo, al menos los domingos, un cierto número invariable de personajes. 

RAFAEL FABREGAT