20 de diciembre de 2011

0564- PLAZA DJEMAA EL FNA (Marrakech)

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y por extensión la más famosa de África, la Plaza Djemaá El Fná ocupa el centro neurálgico de la medina de la ciudad de Marrakech. 
Su nombre, que en árabe significa Plaza de la Muerte, se cree que hace referencia al lugar donde antiguamente se ejecutaba a los infieles y a los delincuentes, aunque también es posible que lo haga a la mezquita que había en las inmediaciones y que fue destruida siglos atrás, ya que la misma palabra (Djemaá) significa también mezquita.
Normalmente las plazas famosas del mundo, lo son por sus grandes espacios cuajados de monumentos ilustres, pero en este caso las cosas no son así.
Por muy cargada de humo que esté, la belleza de esta plaza la da el ambiente que respira. 

Durante el día es una plaza con gran ambiente pero nada más. Sin embargo, al atardecer, la cosa cambia radicalmente y todos los turistas de Marruecos se dan cita en sus tenderetes de comidas preparadas al momento, en sus exhibiciones atléticas y malabaristas, en el encantamiento de sus serpientes, en sus consultorios al aire libre y en el ir y venir de sus gentes. 
Y es que también los marroquíes acuden a la Plaza Dejmaá El Fná sin otra hegemonía que la curiosidad jamás del todo satisfecha. Allí ocurre algo diferente cada día que pasa. En cada jornada miles de caras nuevas, ávidas de aventura, entran en esa plaza sin parangón. Prueban la comida autóctona altamente condimentada por mil especias diferentes. Los ojos de los turistas, lagrimean al no estar acostumbrados a la agresividad del humo provocado por la carne grasa del cordero, que se cocina en pinchos y a la brasa por cientos de tenderetes.

Nadie escapa al encanto de la plaza. 
Los vendedores pregonan sus exquisiteces y sus mercaderías. 
Comidas calientes y frías, frutas de todo tipo y zumos y bebidas sin alcohol es lo que se ofrece. También los aguadores intentan llevarse algunas monedas que den sustento a sus familias, figura que encontraremos en cualquier lugar de Marruecos. 
Con tan elevadas temperaturas y frenética actividad, un vaso de agua siempre es bien recibido, aunque sea a precio de la mejor cerveza. 
Aunque la actividad principal de la plaza sea al atardecer, la jornada de algunos vendedores empieza de buena mañana y no termina hasta bien entrada la noche, cuando todo aquel cliente que se acerque a su puesto de venta quede satisfecho con sus viandas.
La Plaza Djemaá El Fná es puerta de entrada a la medina y por lo tanto paso obligado para autóctonos y foráneos. Allí se inicia el laberinto de callejuelas que ni siquiera los habitantes de Marrakech conocen en su totalidad.

Abogados, confesores y adivinos acuden a la plaza al atardecer, al amparo de sus sombrillas, en busca de clientes que quieran consultarles un problema, una duda, quizás el futuro de un hijo o familiar cercano, eliminar un posible mal de ojo o descargar las penas que no tienen a quien comunicar. 
También acuden sacamuelas y tatuadores, músicos y bailarines, así como narradores de cuentos que siempre se ven rodeados de multitud de oyentes. 
Todo vale para conseguir unas monedas que ayuden a la economía familiar.
En otra punta de la plaza, charlatanes y sanadores de todos los males predican a todo aquel que tenga gana de escuchar sus "sabias" exposiciones. 

Unos rezan el Corán al tiempo que sus discípulos dicen curar la infertilidad o la impotencia con rezos y extrañas yerbas que nadie conoce.
Es justamente este conglomerado de tradiciones y colorido el que busca y agradece el turista ávido de conocimientos, para él novedosos, por muy antiguos que sean en el tiempo. 
La curiosidad da paso al asombro y el visitante quiere fotografiarlo todo. Sin embargo no todos nos percatamos de que las gentes de esta plaza viven del turismo y justamente por esto antes de disparar la cámara hay que pactar el precio de la instantánea. 
La ignorancia no te exime de la "obligación" de pago y no hacerlo puede acarrearte problemas -lo digo por experiencia- puesto que, de no darles lo que te pidan, el asunto puede hacerse largo y fastidioso.


El zoco de Marrakech, adyacente a la plaza, es el más grande del magreb y por lo tanto, con la visita de la Plaza Djemaá El Fná, la diversión no ha hecho más que empezar. Las especias, las alfombras, las babuchas y las comidas de todo tipo se ofrecen por doquier.

Son famosos los puestos de frutos secos, carnicerías al aire libre, cabezas de cordero asadas, herboristerías y especias, vestidos típicos del país, joyería y bisutería, marroquinería, ferretería artesanal, cuscús caliente y ensaladas, aceitunas de mil aliños diferentes.
Cuando el curioso turista ya no puede arrastrar los pies por el cansancio, cabe la posibilidad de entrar en los numerosos cafés que circundan la plaza. El Café de Francia o el Café Argana son los más populares. El humo y el intenso barullo queda al exterior, agradeciéndose un té verde a la menta, o un intenso café, que nos reconforte del trasiego sufrido. El dinamismo de la Plaza Djemaá El Fná es todo un espectáculo, clasificado por la UNESCO como Patrimonio Oral de la Humanidad, del año 2.001. Quizás el título suene extraño, pero nadie de quienes han visitado Marrakech lo da por inmerecido. Pueden apostar que todos, absolutamente todos los que han viajado a esta ciudad marroquí, han visitado esta Plaza.

RAFAEL FABREGAT

0563- EL FINAL DEFINITIVO DE LA CRISIS.

Que nadie se llame a engaño... No fue Zapatero quien nos sacó de la crisis y tampoco lo hizo Rajoy. 
De la crisis tenemos que ser nosotros los que salgamos y, aunque todo marinero necesite un capitán, de poco sirven las órdenes si no hay voluntad de obedecerlas. 
De la crisis no será fácil salir, pero tampoco es imposible si todos pusiéramos de nuestra parte lo que hace falta para ello, es decir: voluntad y empeño en el trabajo. 
No se trata de hacer más horas ni de renunciar a los privilegios a los que el trabajador tiene derecho, se trata de que en las horas que pasemos en el trabajo, quede patente y clara nuestra voluntad de cumplir nuestras obligaciones. 
Basta pues de pillerías, de enfermos imaginarios y de cigarrillos a media mañana. El horario de trabajo tiene que ser sagrado, como lo es el de descanso.

Independientemente del tiempo para el bocadillo mañanero y de la comida a su hora, las horas de trabajo han de cumplirse y hay que trabajarlas con el debido interés y la firme voluntad de rendimiento y perfección en todo lo que se haga. 
Solo eso puede hacernos competitivos de cara al exterior y sacarnos, por lo tanto, de la crisis. 
Naturalmente, las autoridades chinas habrán creado las condiciones adecuadas para hacer que sus elaborados sean competitivos a nivel mundial, pero nada hubieran adelantado con ellas si sus operarios no hubieran luchado por hacer las cosas bien y por ser rentables para las firmas que los han empleado. 
Aquí, lo siento, somos demasiado listos o demasiado pillos. 
Nuestra política de trabajo encaminó, hace ya mucho tiempo, hacia la meta de conseguir ganar más trabajando menos... y así no vamos a ninguna parte.

Ahora, cuando las estrecheces económicas han llegado, nos damos cuenta de que ese no es el camino para salir del bache. 
Sin embargo, aún así, pocos son los que quieren rectificar. 
No es fácil bajar de las nubes de la comodidad, pero mucho me temo que tendremos que hacerlo, si queremos volver a subir al rellano del bienestar. 
A nadie se le regala nada y solo el esfuerzo común podrá sacarnos del abismo en el que nos encontramos. 
Cuando el carro se mete en el barrizal, solo el esfuerzo conjunto puede sacarlo. Holgazanes ha habido siempre. Con esos ya no contamos, porque tampoco anteriormente contó nadie con ellos, pero muchos confiamos que son mayoría quienes quieren hacer las cosas bien, trabajar cuanto haga falta para salir del bache y retornar a una vida digna que pueda ser un futuro claro y duradero para nuestros hijos.

Los políticos van a lo suyo, a por el poder y arrimando el ascua a su sardina. ¿Acaso quien critica, haría algo diferente?. 
Normalmente, quienes tienen posibilidades de llegar al poder miden sus palabras porque saben que ellos, cuando gobiernen, harán algo parecido. 
Solo quienes saben que eso no sucederá nunca, critican duramente a quien gobierna, proponiendo soluciones que saben perfectamente que no son viables. Desde la barrera los toros se torean muy fácilmente. 
Aún así también ellos tienen sus adeptos, gente descerebrada que calibran la vida y las circunstancias desde un punto de vista utópico, irreal, de nulas posibilidades. 
Pero el discurso enardece a las masas, a sus masas, manteniendo a los charlatanes en su empleo de perpetuos opositores de todo y de todos, ganándose un sustancioso sueldo que es, en definitiva, su única meta y pretensión. 
A sus votantes, a esos trabajadores desencantados,... ¡que les zurzan!.

Y mientras tanto, las autonomías presionando. 
Todo lo mío es mío y de lo que tienen los demás quiero mi parte. 
Especialmente aquellas que se consideran y son imprescindibles. 
Necesarias lo son, eso está claro, pero no para forzar la situación de escapar unilateralmente de la crisis, a costa de quitarles el pan a los demás. 
Sabido es que estas autonomías tan exigentes suelen ser las más ricas y las que más contribuyen a la economía nacional, pero en un estado plural como el nuestro, no puede considerarse justo que la riqueza se la quede única y exclusivamente la zona que la produce. Otras cosas, menos rentables, son también necesarias para el país. 
Quienes ostentan el poder autonómico, parecen haber olvidado que cuando llegó la democracia a nuestro país, se habló de igualdad de derechos y de solidaridad, palabras a las que ahora quieren hacer oidos sordos. ¡Y eso que alguno de ellos dice ser de izquierdas!.
 Que me perdonen unos y otros pero yo creo que la unión hace la fuerza. 
Está bien eso de las autonomías y de la realidad histórica pero a quienes, en nombre de ese pasado glorioso, quieren abusar de sus prebendas actuales dejando en la cuneta a otras zonas menos favorecidas, les diría yo que me permitan establecer la fecha en la que debería fijarse el antes y el después de esa historia de la que tanto alardean. Verían como los comienzos, en unas y otras zonas, no fueron tan diferentes.
Zapatero y su grupo (PSOE) ya han abandonado el gobierno y Rajoy y los suyos (PP) han jurado su cargo. ¿Ahora qué?. ¿Alguien ha notado algo en su casa, en su economía familiar?. 


Como es lógico y natural, todo sigue en el aire, nada ha sido solucionado. Lógicamente es pronto pero... El gobierno entrante hará su discurso, propondrá sus reformas y dictará nuevas maneras de andar el camino pero, a final de cuentas, habrán de ser los trabajadores y las PYMES quienes pongan el esfuerzo y tengan la última palabra.

Trabajo, esfuerzo, sacrificios... Palabras difíciles que más de cuatro dicen, con razón, que siempre son para los mismos. Así ha sido siempre, no hay otra alternativa. 
El beneficio principal de la cosecha no es nunca para quien trabaja los campos pero, si los resultados son buenos, algo siempre llega para todos. Cuando las cosas no van bien, también es el trabajador el último de la fila. Entonces, puestos a elegir, mejor es ser cabeza de ratón que cola de león... ¿O no?.

RAFAEL FABREGAT

19 de diciembre de 2011

0562- LOS ULTIMOS CANÍBALES.

Quedo perplejo al enterarme de que aún hoy, ya inmersos en el siglo XXI, siguen existiendo algunos pueblos que practican el canibalismo. 
Al parecer se trata de lugares remotos de la Indonesia, en zonas olvidadas de Papúa Nueva Guinea y más concretamente en la provincia de Irian Jaya. 
Áreas de difícil penetración. Selvas inmensas, protegidas al norte por cadenas montañosas de muy mala accesibilidad y al sur por las zonas pantanosas del mar de Arafura
Fue allí donde se cree que, el 17 de Noviembre de 1.961, Michael Rockefeller -hijo menor del gobernador de Nueva York- fue devorado por la tribu de Los Asmat.

Ese día Michel y su amigo René, con dos guías nativos, viajaban en una canoa de 12 metros cuando ésta se inundó y hubieron de alcanzar la orilla a nado.
Al parecer todos llegaron perfectamente pero Michel desapareció y ya no fue visto jamás, puesto que su cuerpo no fue encontrado.
El escritor Paul Toohey afirmó que, en 1.979, la madre de Michel Rockefeller contrató los servicios de un investigador privado que fuera a Nueva Guinea para aclarar la desaparición de su hijo.
Llegado a la zona y poblado en cuestión, al parecer, el investigador canjeó un motor para canoa por tres cráneos que el jefe de la tribu aseguraba que eran los únicos hombres blancos que habían matado. 

El detective entregó a la familia los cráneos adquiridos a los asmat con el convencimiento de que uno de ellos tenía que ser el de su propio hijo, lo que llevaría a realizar las pruebas pertinentes, pero la familia no dio información alguna al respecto. 
El Museo Metropolitano de Arte, de Nueva York exhibe una colección de armas y utensilios de los asmat, así como multitud de fotografías de éste y otros pueblos de la región de Nueva Guinéa recogidos por Michel Rockefeller. La zona de Irian Jaya es un verdadero infierno húmedo donde, al atardecer, los mosquitos se lanzan ávidos de sangre sobre sus presas. 
Las últimas décadas la zona ha sido visitada por turistas aventureros que, ajenos al peligro real que tiene la zona, fotografían con avidez a los primitivos Danis

Pueblos de raza no demasiado agraciada físicamente y totalmente desnudos, que muestran orgullosos la koteca, una calabaza que protege su pene.
El calor infernal y la ausencia de pistas que permitan el aterrizaje, protege la zona de curiosos turistas pero no impide la llegada de aventureros que lo hagan en minúsculas canoas a través de las aguas pantanosas o escalando montañas y lanzándose posteriormente con parapente. 
El destino es peligroso y, ante su inesperada llegada, nadie sabe con certeza cual será la reacción de las diferentes tribus que pueblan el territorio.
Los ríos son anchos y perfectamente navegables y en sus orillas se divisa de vez en cuando algún pequeño poblado que nadie sabe como te puede acoger. 

La noche no atenúa el calor pero parece más llevadera. 
Durante el día la exhuberante vegetación protege las orillas del duro sol, pero el peligro está mucho más próximo y hay que prestar más atención al recorrido.
Sin embargo, la mayoría de estas tribus ya empiezan a acostumbrarse a las visitas de los "hombres blancos", normalmente portadores de regalos y por eso casi siempre bien recibidos. 
Los guías que acompañan al visitante conocen perfectamente quienes son las tribus menos problemáticas; las que se prestan a recibir al forastero a cambio de unos regalos, contándoles parte de su vida y epopeyas, que van quedando en el recuerdo ante las continuas visitas de los misioneros que pueblan poco a poco la región, intentando civilizarles.
De todas formas, toda precaución es poca y la visita de la zona tiene que ser siempre acompañada por guías conocedores de las diferentes tribus y del momento que atraviese cada una de ellas en esa fecha concreta. 
Llegados al poblado en cuestión, el jefe y encargado de responder las preguntas del visitante, un pequeño aborigen al que los demás atienden y obedecen, dice que los misioneros ya le han explicado que lo de matar a sus semejantes no está bien y mucho menos comérselos después.

El jefe comenta que en el último asalto a un poblado enemigo, él ya no quería participar pero... algunas veces el ataque es obligado. En su última incursión, unos meses atrás, cogieron a un enemigo vivo y le dieron muerte; después lo trocearon, lo cocinaron y se lo comieron en medio de una gran fiesta.
- Los sesos y las entrañas son lo mejor -dice él recordando la hazaña con cierta nostalgia... 
Lo cuenta con naturalidad puesto que es lo que han hecho siempre. Un escalofrío recorre el cuerpo de quienes le escuchan, preguntándose qué cojones hacen allí...

RAFAEL FABREGAT

15 de diciembre de 2011

0561- EL PUEBLO OTOMANO.

Tras la invasión mongol de Anatolia (Turquía) ésta quedó dividida en varios principados, siendo los Otomanos uno más de aquellos pequeños estados. Su denominación viene dada en honor al fundador del Imperio (Othmán u Osmán I) que puso fin a la cultura bizantina con la toma de Constantinopla en 1.453. Anteriormente, en 1.326, los otomanos ya habían conquistado plazas bizantinas importantes para el comercio entre oriente y occidente, como Nicea y Brusa, instalando en esta última su capital. Además de disponer de un numeroso ejército de infantería y caballería, a partir del año 1.400 los turcos reclutaron artesanos germanos y húngaros especializados en la fundición y construcción de cañones, una novedad en aquellos tiempos que jugó un papel decisivo en sus contiendas posteriores.

La economía del Imperio se basaba principalmente en la organización continuada de caravanas que, desde La Meca, transportaban especias de la India, perlas de Persia, seda y pedrería, así como materias primas con las que elaborar cualquier mercancía demandada por los países occidentales. También la actividad agrícola y pesquera era muy importante, por lo que el Imperio se convirtió en el principal proveedor de Occidente en toda clase de materia prima y de productos elaborados.

El pequeño estado otomano, que surgió de la decadencia selyúcida, fue controlando al resto de los estados turcos y con los años se convertiría en un vasto Imperio. Su máxima expansión llegaría con los gobiernos de Selim I y de Solimán I, el Magnífico. Con ellos el pueblo otomano conquistaría Hungría, Moldavia, Transilvania y Valaquia. Tampoco los límites asiáticos fueron respetados y Selim I atacó a los mamelucos de Egipto y Siria. También los territorios venecianos en Grecia, quedaron en su poder. En 1.535 y bajo el reinado de Solimán el Magnífico, iniciaron amistad con Francia y se unieron contra los Habsburgo, españoles.
Con la muerte de Solimán, se inició la decadencia otomana. La primera derrota importante llegó en 1.571 cuando españoles y venecianos acabaron con la armada de Selim II, en la famosa Batalla de Lepanto.

Aquello no supuso el final del Imperio Otomano puesto que su poder militar se repuso notablemente cuando en 1.628 Murad IV venció a los persas. En 1.683 y bajo el mando del Gran visir Mustafá, los otomanos llegaron hasta Viena, en cuyo auxilio acudió Juan III de Polonia y posteriormente Carlos V de Lorena, Luis de Baden y Eugenio de Saboya que dieron al traste con las pretensiones otomanas y forzaron el Tratado de Karlowicz (169) que costó a los turcos la pérdida de sus territorios en Hungría. Entre los siglos XVIII y XIX los otomanos fueron perdiendo paulatinamente otros territorios y aunque intentaron serias reformas todo fue inútil, el Imperio estaba herido de muerte. Aunque ganaron la Guerra de Crimea, la economía turca estaba destrozada.

Tras la independencia de Rumanía, Serbia y Montenegro en 1.878 y la irrupción de la I Guerra Mundial, las fuerzas aliadas ocuparon Bagdad y Jerusalén.

En 1.918 la resistencia turca quedó colapsada, tanto en Asia como en Europa, produciéndose la definitiva caída y disolución del Imperio Otomano mediante el Tratado de Sevres, firmado el 10 de Agosto de 1.920 y sustituido posteriormente por el Tratado de Lausana (1.923) ante el levantamiento de los nacionalistas turcos, que consideraron abusivas las pretensiones de los aliados y lucharon victoriosamente contra griegos y armenios, manteniendo el control de Anatolia y parte de Tracia Oriental. El tratado logró la expulsión otomana de Europa, que había sido el sueño del cristianismo durante más de cinco siglos...

EL ÚLTIMO CONDILL

13 de diciembre de 2011

0560- PARIS, CIUDAD DE LA LUZ.

Aunque se desconoce su emplazamiento exacto, parece ser que la ciudad de París fue creada por el pueblo galo de los parisios, hacia el año 250 a.C. 
De hecho el nombre deriva del latín "Civitas Parisiorum" (Ciudad de los Parisi) y existen indicios de que ese emplazamiento podría ser con toda probabilidad y por razones estratégicas lo que es hoy la ile de la Cité (Isla de la Ciudad) asentamiento protegido por ambos brazos del río Sena. Tras la conquista de la ciudad por los romanos en el año 52 a.C. éstos la llamaron Lutetia Parisii, reconstruyéndola en su totalidad a la orilla izquierda del río Sécuana (Sena).

Es en el siglo IV cuando el nombre de País prevalece sobre el de Lutetia, siendo Clodoveo I rey de los francos quién la convertiría en capital del reino, en el año 508 tras la derrota infringida a los romanos. 
La foto, en la Catedral de Saint Denys, es la escultura bautismal del rey Clodoveo en su conversión al cristianismo.
Destruida la ribera izquierda de la ciudad por los normandos (885) se protege la parte derecha del río, que se mantiene intacta, con la construcción de gruesas murallas. 
La solución se completaría posteriormente con el mandato de otros gobernantes que protegen completamente la ciudad.
Sin embargo los tiempos cambian y Luis XIV (1638-1715) considera innecesaria dicha protección, ordenando derribar parcialmente las murallas y abriendo los primeros grandes bulevares. 

En el siglo XVIII se inician los primeros movimientos de la llamada Revolución francesa que derivan en la toma de la Bastilla, la abolición de la monarquía y el golpe de estado de Napoleón Bonaparte diez años después. 
Para bien o para mal, Napoleón ordenó demoler gran parte de la ciudad medieval al objeto de convertir a París en la ciudad más moderna de mundo en su época.
En 1.889 y conmemorando el centenario de la Revolución francesa, tuvo lugar la Exposición Universal que dio lugar a la construcción de la Torre Eiffel que, aunque estaba previsto desmontarla al finalizar la exposición, allí sigue ya convertida en el emblema de París y de Francia. 

En el año 1.900 otra exposición promovió la construcción de otros monumentos notables como el Grand Palais, el Puente de Alejandro III, la Estación hoy Museo Orsay, etc. Sin embargo la oscuridad llegaría en 1.940 con la invasión alemana. 
El ejército nazi (tropas del Wehrmacht) ocuparon París. Liberada por los aliados cuatro años después, las parisinas sospechosas de colaborar con los alemanes fueron humilladas y rasuradas sus cabezas para escarnio de sus compatriotas.
En su calidad de capital del país, la ciudad congrega al gobierno central, con su presidencia en el Palacio del Elíseo, la administración de la república y las principales embajadas extranjeras.

París es también la capital de la Región parisina o Isla de Francia, que consta de ocho departamentos por lo que es al mismo tiempo un Departamento y una Comuna. 
París está situada al norte del país, a ambas orillas del río Sena y en una zona relativamente plana, ocupando un área que supera los 105 Km2. Aunque la ciudad en sí solo tiene 2,5 millones de habitantes, su metrópolis es de aproximadamente 14 millones, cifra que la convierte en la tercera ciudad más grande de Europa. Ya en el año 59 a.C. París contaba con 25.000 habitantes, alcanzándose los 80.000 en el año 150 de nuestra Era. La demografía más baja que se conoce fue de 20.000 habitantes, que había hacia el año 1.000 tras las invasiones vikingas.

Sus monumentos ilustres y puntos de interés se cuentan por centenares, encabezados por la Catedral de Notre-Dame, el Arco del Triunfo, los Campos Elíseos, Montmartre... 
Solo sus emblemáticos museos sobrepasan la cuarentena, entre los que destaca el Louvre, pero seguidos por otros muchos que no desmerecen en absoluto en su interés. 
También son muchos y muy interesantes los parques y jardines ubicados en la Ciudad de la luz, siendo uno de los más famosos el Bosque de Boulogne y el de Vincenne.
Por su calidad de vida y riqueza monumental, París es considerada por muchos la capital mundial por excelencia y con seguridad uno de los principales destinos turísticos. 
La renta de su área metropolitana es la quinta más elevada del mundo, detrás de Tokio, Nueva York, Los Ángeles y Chicago. Supone el 30% PIB del país, cuando su población solo alcanza el 20%. 

El presupuesto del Ayuntamiento se aproxima a los 8.000 millones de euros anuales, que se gastan mayoritariamente en los 50.000 empleados que dependen del mismo, así como de los intereses de la deuda que arrastra (cerca de 30.000 millones de euros) y cuyos gastos suponen un 15% del presupuesto.
El patrimonio arquitectónico solo tiene parangón con el de Roma y prueba de ello son las decenas de millones de turistas que visitan París anualmente. 
La capital francesa es algo más que un especial conglomerado de monumentos, arte e historia. 
El ambiente parisino enamora al visitante que, sea cual sea su poder adquisitivo, siempre encuentra un idílico lugar donde justificar sobradamente su visita. 
París es centro mundial de la moda, de la alta joyería, de los mágicos perfumes y del negocio a todos los niveles. 
La cantidad de parques es tan inmensa y variada que, aún teniendo un clima de transición, el verde es constante a lo largo del año.

Entre su rica arquitectura, 20.000 hectáreas de naturaleza brindan a sus habitantes y al curioso visitante el placer del verde permanente, de la frondosidad perpétua.

Al acabar la jornada París muestra su cara más amable. Se encienden las luces de neón de sus cafés, de sus teatros y de sus cabarets. Siempre cabe también la posibilidad de una cena-crucero por el Sena que nos muestre esa ciudad diferente y carismática que es el París nocturno.
La noche abre un nuevo abanico de posibilidades, atrevidas, diferentes. Comienza un nuevo espectáculo, una nueva forma de descubrir los entresijos de la Ciudad de la Luz. 
Se abre el telón del Lido, el Moulin Rouge, el Folies Bergére, y es entonces cuando comienza la aventura parisina...

RAFAEL FABREGAT

12 de diciembre de 2011

0559- PÓLVORA Y ARMAS DE FUEGO.

La foto, es la fórmula de la pólvora y corresponde a un documento chino del año 1.044. 
Aunque se dice que los fuegos artificiales se inventaron en China 2.000 años atrás, lo realmente documentado es que fue en el siglo IX y al comienzo de la Dinastía Son (960-1279) cuando el chino Li Tian inventó la pólvora y con ella experimentó a través de los fuegos artificiales.
El joven Li Tian vivía a las afueras de la ciudad de Liu Yang, en la provincia de Hunan y su afición favorita era la cocina. 
El invento, como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la historia, fue accidental. 
En las cocinas de aquella época era frecuente encontrar azufre, sal y por supuesto carbón. 
Al coincidir un resto de los tres productos en un mismo recipiente, Li Tian se percató de que dicha mezcla era altamente inflamable.

Con esta premisa experimentó el resultado de prenderle fuego al producto bajo más o menos presión, lo que produjo las primeras explosiones y los primeros cohetes, para los que se dice que utilizaba tubos de bambú. 
En el siglo X ya se empezó a experimentar con el uso armamentístico de la pólvora. Aquella pólvora inicial, popularmente llamada pólvora negra y compuesta por un 75% de nitrato de potasio, 15% de carbono y 10% de azufre fue sustituida, a finales del siglo XIX y para las armas de fuego, por la pólvora nitrocelulósica o sin humo, con ventaja en la baja cantidad de residuos, potencia y precisión de disparo. Aquel novedoso producto resultó altamente interesante, para el uso armamentístico, motivo por el cual,, como homenaje a Li Tian, durante la Dinastía Song se construyó un templo en su honor.

A día de hoy se celebra una fiesta anual, cada 8 de Abril, que conmemora la invención de los fuegos artificiales y en la que se ofrecen sacrificios a la memoria del inventor. 
Desde aquella lejana fecha, a los fuegos artificiales se les ha atribuido la facultad de apartar a los fantasmas y a los espíritus malignos que se alejan con los estallidos de la pólvora. 
Por ese mismo motivo se usan en todas las diferentes celebraciones familiares y muy especialmente en las defunciones.
También está presente en la bienvenida al nuevo año chino que garantiza la buena suerte personal y familiar de los presentes.
En China y desde el siglo XI hay constancia escrita del empleo de la pólvora como explosivo de escasa potencia para celebraciones festivas. También del uso posterior (siglo XII) como armas rudimentarias de bambú, con cuerdas atadas alrededor del tubo para evitar la rotura del mismo y facilitar la explosión y lanzamiento de objetos.
Con este uso se disparaban lanzas de gran tamaño y piedras redondas; toda una demostración del uso armamentístico de la misma.


El conocimiento de tales novedades armamentísticas llegaría a Europa durante el siglo XIII de la mano de los árabes.

Uno de los manuscritos más fidedignos que hablan de ellas nos llega de la mano de Walter de Milimete, capellán de Eduardo III de Inglaterra, que en 1.326 describe con todo lujo de detalles las características de las primeras piezas de artillería, basadas en el lanzamiento de bolas de piedra y posteriormente de hierro macizo.
Los primeros datos de estas armas en España hablan de la defensa mora de Sevilla en 1.247 diciendo que, ante el asedio de las tropas cristianas de Fernando III de Castilla y León, "...los sarracenos tenían una máquina de trueno que arrojaba piedras redondas".
Estos primeros cañones -bombardas de aros de hierro forjado con recámara postiza, que se unía al cañón mediante cuerdas- eran de ánima corta y disparaban pelotas de piedra toscamente labradas. 
A finales del siglo XIV se alargó la longitud del cañón y se sustituyeron las pelotas de piedra o bolaños, por las de hierro colado lo que disminuyó el calibre y aumentó la seguridad. Los primeros cañones eran altamente peligrosos para sus servidores puesto que, cuando se les sometía a un esfuerzo continuado, podían reventar. 
De todas formas, aún con las armas de segunda generación, el disparo seguía siendo lento y peligroso puesto que, con el disparo, el cañón se desplazaba varios metros hacia atrás siendo necesario recolocarlo y apuntar de nuevo en cada ocasión. Para realizar el siguiente disparo se introducía en el cañón un trapo o espoja humedecidos que apagara los posibles restos del disparo anterior, tras lo cual ya podía cargarse de nuevo.

No sería hasta la segunda mitad del siglo XIV cuando se desarrollarían las primeras armas de uso personal, unas armas de todo punto inseguras y poco fiables en cuanto al acierto de la diana elegida. El primer sistema de disparo y de muy poca eficacia fue la llama de mecha, consistente en sujetar el arma con una mano y acercar una mecha encendida a la cazoleta de ignición con la otra.
En el siglo XV se mejoró considerablemente la puntería al incorporar el serpentín, una pieza giratoria que sujetaba la mecha y que al apretar el gatillo la hacia bajar hasta la pólvora del fogón mientras se apuntaba al blanco. El citado serpentín fue mejorándose con el tiempo hasta llegar a la sierpe a resorte y posteriomente al pestillo o palanca que llegaría hasta el siglo XVIII. El cañón era siempre en forma de vaso y con un pequeño orificio que comunicaba la recámara del arma con el exterior para proceder al encendido.

Todas las armas, también fusiles y pistolas, se cargaban por la boca del cañón. Primeramente la pólvora, después un taco y por último el proyectil. Caso de que se usaran varios proyectiles de calibre inferior al del cañón, se colocaba un segundo taco y todo ello fuertemente presionado con una baqueta al objeto de provocar una explosión más seca que lanzase los proyectiles con más fuerza y a una distancia mayor.
Las modernas tecnologías, llegadas especialmente tras la II Guerra Mundial, propiciaron la fabricación de armas de disparo ultra rápido y alta precisión.
Mientras esto sucedía, la región de Li Tian -en la provincia china de Hunan- precursora de la pólvora y consiguientemente de las armas de fuego, no se había especializado en la producción armamentística sino que, más centrada en lo festivo y espiritual, seguía siendo el productor de fuegos artificiales más importante del mundo. Como ocurre con buena parte de los inventos, éstos tienen su lado positivo y otro negativo. ¿Por qué no poner más énfasis en el primero que en el segundo...?

RAFAEL FABREGAT