1 de diciembre de 2009

0020- EL CINE EN LOS PUEBLOS.

Mucho tengo ya escrito sobre el particular y poco lo que este tema puede dar de sí, pero cuando uno se empeña...
Hemos de remontarnos 40 años atrás (1.970), aunque no recuerdo exactamente, cuando se cerró el Teatro-Cine Benavente de Cabanes. Un local fuera de lo común, para un pueblo que no llegaba a los 2.500 habitantes. En él se proyectaban las películas más actuales y a él acudían los mejores cantantes de la época. Cierto es que, con posterioridad a este cierre, siguieron celebrándose algunos acontecimientos esporádicos organizados por asociaciones locales, de tipo teatral o festivo-musical, pero se cerró la explotación económica del local y con él una etapa social de primer orden. La llegada de la televisión fué el mazazo que acabó con el cine en los pueblos y también en las ciudades. Los primeros años, debido a los altos precios que costaban los aparatos receptores fueron solo los bares quienes tenían televisor pero, pocos años después, ya se incorporó como un electrodoméstico más de las casas particulares. Una verdadera lástima.

Hasta entonces, el cine no era solo el hecho de ver una película o pasar la tarde. Era algo más, mucho más. Era el foro social de mayor entidad, con diferencia.
La calidad de la película era importante sin duda, pero el lleno estaba igualmente garantizado si el argumento carecía de interés. Ir al cine, al menos los domingos, era un acontecimiento semanal de obligado cumplimiento como lo era también, a la salida de misa de 10, ir a ver "els cuadrets"; una especie de reportaje fotográfico que mostraba las características de la película que visionaríamos por la tarde.
La vida era entonces muy rutinaria; simplemente no había más. Y no habiendo otras posibilidades, no cabían variaciones, salvo quedarte en casa y eso...
Las mujeres, tras la comida dominical, recogían la mesa, fregaban los platos y preparaban la cena. Realizadas estas cotidianas labores se arreglaban con sus mejores galas y esperaban la hora del cine.
Los hombres, mientras tanto, tenían por costumbre jugar la partida de cartas con los compañeros en el bar o ir a ver el partido de futbol local. Todo estaba perfectamente cronometrado y hablado entre los diferentes organismos.

Treinta minutos después de finalizar el partido de fútbol local empezaba la película, por lo que novios y maridos se apresuraban en ir a buscar a novias y mujeres (y a sus hijos, si los tenían), sacar las entradas y con un poco de suerte, copar las últimas butacas que quedaban libres... Las últimas en ocuparse eran las cercanas a los "servicios" que durante todo el año (incluso en invierno) apestaban a orines, especialmente el de los hombres ya que las mujeres, si no era una necesidad totalmente inaplazable, no querían usarlos por miedo a algún contagio.
El tío Sentet "El Teulé" era el acomodador. Cortaba las entradas y si la película estaba ya empezada y la sala a oscuras, te indicaba el lugar aproximado donde pudieras encontrar asiento posible. Los niños no pagaban entrada y por consiguiente no podían ocupar butaca, por lo que inevitablemente tenian que sentarse sobre las rodillas de sus padres, lo que también controlaba el tío Sentet.

Primeramente el NO-DO, documental producido por una Cinematográfica afín al Régimen Franquista que nos mostraba al Generalísimo en las diferentes inauguraciones de pantanos o fábricas del momento, así como alguna actualidad deportiva. Tras él, si la película no era de mucha duración, algún corto de dibujos animados y breve descanso de apenas un minuto para poder cambiar el rollo de la película.
La chiquillería risas comentando los dibujos y Paulino (anterior a "Vicentica la Valenta") una en castellano y otra en valenciano, intentando colocar las últimas mercancías a la parroquia...
- "¡Rosquilletas! ¡cacaus y tramusos! ¡Limonadas fresques!".

Se apagaba la luz y empezaba la película siguiendo algunas risas de la chiquillería, por lo que los mayores iniciaban contínuos siseos intentando acallar el griterío. Tambien Paulino realiza las últimas entregas, desapareciendo posteriormente hacia la entrada del cine, donde tiene el tenderete de chucherías.
La luz de proyección se enturbia por los muchos cigarrillos encendidos, algunos de tabaco "xurro" de olor insoportable. Los ojos empiezan a escocer, aunque (en invierno) se agradece el calorcillo que se disfruta debido al lleno obsoluto. De pronto..., una potente exclamación vibra en la sala.
- ¡¡¡ oooooooh !!! -se fué la luz...
El tío Sentet, pila en ristre, entra en el patio de butacas iluminando aquí y allá y calmando a los espectadores diciendo que solo han sido los fusibles y que se reparará en un momento. Unos minutos después nueva exclamación, ahora de júbilo...
- ¡¡¡ aaaaaah !!! -ha vuelto la luz y de inmediato empieza nuevamente la película... ¿Por donde íbamos? ¡Ah sí! El chico iba a besar a la chica y... ¡vaya! ahora están en la iglesia. ¿Qué nos habremos perdido...?



Los niños, en la falda de sus padres, como lata de sardinas.
- ¡Pare, ting pixera! -los niños, ya se sabe...
- ¡Pixa ahí mateig! -dedía la madre.
- ¡Sssssss! -siseos, de las filas vecinas.
El chorrito llegaba bajo la pantalla y se unía a los muchos otros que ya habían, formando un charquito mayor.
Unos minutos después llegaba el descanso y los hombres se levantaban siguiendo el ritual de salir a fumar un cigarrillo (estaba prohibido fumar en la sala, aunque pocos lo respetaban) y aprovechaban para comprar una gaseosa o una "paperina de cacaus y tramusos", para novias, mujeres y niños que todos devoraban después con deleite.
Paulino, finalizada la venta en el tenderete, hacía acto de presencia en el local con su bandeja de madera, que sujetaba con un cordel por detrás de la cabeza, repleta hasta los topes...
- ¡Rosquilletas, cacaus y tramusos, Limonadas fresques".




Y, como en los toros, la dificultad de hacer llegar los pedidos al centro de la fila de butacas...
Tras un descanso de 15 minutos, sonaba el timbre que anunciaba el reinicio de la película y se apagaba la luz, comenzando todos a disfrutar nuevamente de la sesión...
Los mayores de la película, los niños de tirarse cosas los unos a los otros y los jóvenes con novia, ya se sabe, a todo lo demás.
Desgraciadamente todo es historia, agua pasada que ya no mueve molino y que jamás volverá...

RAFAEL FABREGAT

0019- LOS GUATEQUES DE LOS 60

Decir "años 60" es lo mismo que decir que hacía solo 20 años que había finalizado la Guerra Civil española y que la miseria todavía rondaba por la mayoría de las casas de nuestro pueblo, como supongo que ocurriría también en los demás.
- Mira tu casa y verás la del vecino -decía mi padre.
Hablar de "los 60" y decir 61, 63, 65, es como decir que quien escribe tenía 12, 14 o 16 años. Finalizando la etapa escolar y empezando a sentir la necesidad de relacionarme con las chicas.
Aunque todo entonces era muy inocente... la naturaleza es la naturaleza.
Si algún joven de hoy lee este artículo se burlará sin duda de la época, de quienes la vivimos y especialmente de quien lo escribe, pero las cosas eran entonces como eran y no como los jóvenes hubieramos querido que fuesen.
Una fuerte represión política y eclesiástica lo disponía todo y las autoridades se encargaban a diario de recordar a la ciudadanía quien mandaba y que era lo que se esperaba de cada uno de nosotros; siendo nuestros padres, además, el obligado altavoz de aquellos. La miseria general y los miedos dificultaban el despertar de la juventud y ralentizaban el bienestar común.

Como he dicho anteriormente, hay cosas que no cambian jamás.
Aunque con disimulo y a una cierta distancia, a los doce años también empezábamos a mirar a las chicas, como ha sido siempre, solo que...
Por mucho que te gustara una chica y por mucho que ella compartiera tus gustos, hasta cogerla de la mano era un acto mal visto y objeto de murmuración. Pero el "despertar", aunque lento, era inevitable y la naturaleza más pronto o más tarde impone su criterio, que no es otro que la relación entre hombres y mujeres y la continuación de la vida.
El cine era entonces todo un espectáculo para los mayores y lugar de cita obligada para los jóvenes. Que una chica te guardase butaca a su lado lo decía todo y, aunque torpes por la inexperiencia y por la educación represiva que entonces tuvimos, los jóvenes no éramos tontos y sabíamos aprovechar sin duda el más mínimo resquicio para acceder a las primeras vivencias juveniles que la vida nos ha brindado a todos. Todos sabemos de preferir las últimas filas del cine y todos sabemos de ignorar buena parte del argumento de la película, a la salida.

Pero, repito, todo muy inocente... manitas y poco más.
De todas formas, con ser mucho, lo mejor del domingo no era el cine.
Por la mañana, después de misa y en los paseos que tras ella dábamos los jóvenes por las cercanías de la población, se organizaba el "guateque" de la tarde.
Es más, cuando había algún nuevo disco a estrenar, tras el paseo mañanero que quedaba recortado, ya íbamos a la casa del agraciado propietario de la "joya" en cuestión a escuchar la novedad del momento: Los Pequenikes, Adamo, Fórmula V, Los Brincos, Bruno Lomas, Los Sirex, Los Bravos, Los Diablos, Los Mustang y un larguísimo etcétera inundaron aquellos años.
Escuchar el nuevo disco era la excusa para poder bailar un buen rato "pegadito" a la chica de nuestros sueños. Los que no la tenían tampoco dejaban pasar la oportunidad de hacerlo con aquella que se prestase a ello, aunque no hubiera amor de por medio.
Después de tan agradable mañana dominical, poco importaba que al llegar a casa hubiera para comer paella o fideos. Lo importante era la cita lograda con la pandilla de chicas en general y con "tu" chica en particular, para el "guateque" de la tarde. Allí se repetirían con más amplitud los momentos vividos por la mañana.

Comida con prisas y cita en el bar, donde conectar con los amigos para ir a buscar el "pick-up" del agraciado que dispusiera de tan excepcional aparato. Selección de los discos a llevar a la casa de la abuela de turno y a esperar que dieran las cuatro, hora habitual de empezar el "guateque".
Unos minutos antes de la hora convenida (la impaciencia nos impedía esperar a que sonaran las cuatro) nos dirigíamos a la casa en cuestión, donde ya empezaban también a llegar las chicas y se montaba el tocadiscos sobre una silla o un cajón, en la "entrada" de la casa, ya despejada de los útiles agrarios que era el destino habitual de esta pieza de la vivienda.
Como en todas las cosas de la vida, había unos que "comían" y otros que dejaban "comer", es decir: unos que se dedicaban a poner discos y otros a bailar. De estos últimos también había tres clases bien diferenciadas: los que bailaban por que les gustaba hacerlo, los que lo hacían como pretexto para abrazar a las chicas y los que lo hacían por amor a una de ellas, de la que eran pareja exclusiva y a la que abrazaban con un afán superior al que pone un naúfrago al agarrarse al único tronco que flota en el océano.
Su tronco, su mar, su vida... En fin, ¡las cosas del amor!

Después, los de esta tercera clase referenciada, tenían otro premio añadido que era el ir al cine con la chica de sus sueños. Manitas y algún beso furtivo en la oscuridad; toda una maravillosa experiencia, no demasiado conocida por la juventud de hoy, que todo lo tiene desde el primer día... ¡Difícil es que te deleite la comida, cuando el estómago está lleno de forma permanente!... Pero volvamos al asunto de "los 60".
No era solo nuestro despertar juvenil (que también) sino que fue algo espectacular y a nivel mundial. Hasta entonces permanentemente envuelto en guerras y despropósitos, el mundo parecía darse cuenta ¡por fin! que solo había una vida y que había que vivirla de la mejor manera posible. Trabajando, pero disfrutando también. Todos los conjuntos y solistas del momento se encargaban de pregonar el amor y de transmitir la alegría que el mundo necesitaba. Las letras de todas las canciones de entonces llevaban un mensaje común: Amor y bienestar para todos.

La gente, no solo la juventud, entendió el mensaje y en esa maravillosa "Década de los 60" empezó a despertar de la oscuridad que hasta entonces había presidido sus vidas. Como si todo estuviera interconectado "la luz" se expandió por todos los rincones de cada casa y de cada uno de nosotros, de forma generalizada.
Los mayores, de común acuerdo y en una unión hasta entonces desconocida, levantaron calles y construyeron zanjas que contendrían los desagües que permitirían la instalación posterior del agua potable. Se harían los primeros "cuartos de aseo" y en las cocinas se podrían lavar los platos sin tener que tirar el agua sucia a la calle. Pronto desaparecerían las calles de tierra y llegarían los primeros televisores, las neveras eléctricas y las cocinas de gas y, ya para los más privilegiados, las primeras lavadoras siendo este electrodoméstico "el menos necesario", según los comentarios de entonces, puesto que acudir a los lavaderos municipales estaba tan arraigado, que era lugar de cita y tertulia obligada.
- Una máquina no puede lavar bien... -decían las mujeres.

Viviendo casi todos de la agricultura, unos años antes se habían plantado viñas y otros cultivos y la gente empezaba a sacar las primeras cosechas. Todo parecía estar encarrilado hacia la prosperidad que tanto se había añorado y la alegría empezaba a florecer en las familias. Pero, en fin, eso eran cosas "de mayores".
Los jóvenes, casi niños aún (adolescentes en mi caso) teníamos el pensamiento en otra parte: chicas, chicas y chicas, en general. Chica, chica y chica en particular, puesto que el amor había sembrado ya en mí la semilla de tan agradable y al mismo tiempo doloroso sentimiento. Unos días amándonos con locura y al siguiente "de morros" por la más absurda de las nimiedades. Cosa de adolescentes que queríamos jugar a ser mayores, quizás antes de tiempo. Cualquier excusa era válida para hacerte el encontradizo y, para que ello se pudiera llevar a cabo, había que espiar el momento exacto en que la chica, tu chica, fuera a la compra o a recoger agua de la fuente. En principio parecía difícil, pero no lo era tanto ya que ellas, que también deseaban lo mismo, salían a donde tuvieran que ir siempre a las mismas horas. No había que ser un lince para coincidir, que era lo que ellas también querían.

Tampoco nuestros padres habían de ser linces para saber que nuestro interés en hacerles la compra o en llevarles agua a la casa no obedecía a nuestro afán de colaborar en los trabajos del hogar, sino en la de encontrarnos con la persona de nuestros sueños, fuera de los días u horario asignado para ello. Ni unos ni otras podíamos esperar al domingo para vernos o para charlar un rato y durante la semana solo la excusa de hacer una de las labores aludidas era motivo por el cual las chicas salían de casa. Los chicos teníamos más libertad pero... ¿qué es un chico sin chica?
Bueno, aunque he titulado esta entrada como "Los guateques de los 60" no me he explayado demasiado sobre el particular, pero es que tampoco había mucho que decir... ¡Era todo tan simple y tan inocente!. El Twist, la Yenca, el Mádison y allí en un rincón de la estancia, apartados de la luz de la pequeña bombilla que pendía del techo sin lámpara alguna, otros estábamos esperando (y rogando a quienes ponían los discos) que el siguiente fuera un bolero de Machín o Mis manos en tu cintura, de Adamo... ¡Ay, que tiempos aquellos...!

Solo resta decir a título de curiosidad que ni los discos ni los pick-ups (tocadiscos) caían del cielo; pocos eran los privilegiados que los tenían de forma particular y pocas también las pandillas que disponían de tal aparato en compra común, que conseguían cortando maleza en días festivos, para venderla a las fábricas de cerámica, único combustible consumido entonces en estas industrias para la cocción de sus productos.
En la mayoría de los pueblos y el nuestro no era una excepción, había varios comerciantes-transportistas que se dedicaban a este negocio. Ellos mismos proporcionaban a sus clientes los cordeles (en atados de 25 unidades) y realizado el trabajo te compraban todos cuantos "veinticincos" pudieras haber reunido, siempre con la condición de que la pila de "gavells" fuera depositada "a porte" de camión, es decir: en lugar a donde el camión pudiera acceder para cargarlos.
Esa era la única fuente de ingresos que tenía la juventud para gastos extraordinarios, ya que "la paga" semanal paterna apenas si llegaba para el cine y poco más y otras posibilidades no había entonces.

Nuestra pandilla disponía del Pick-up de "pepe el maquet" pero también cortamos "gavells" en varias ocasiones, con el fin de reunir fondos para alguna cena o evento extraordinario. En lo que a mí respecta, recuerdo que hasta los 18-20 años me daban 25 pesetas (el cine valía 8) y a esa edad, que fue cuando les presenté a mi novia formal, me aumentaron la "paga" semanal a 75 pesetas. No es de extrañar que la novia tuviera que colaborar económicamente para poder acceder a los sitios propios de la juventud. La solución, mi solución, era que me permitían hacer escobas fuera de jornada (de noche y a la única luz de un candil, posteriormente un "carburero", puesto que no había electricidad en el local de trabajo) y la producción conseguida me la pagaban mis padres al mismo precio que al resto de operarios. También por esa época se renovó el censo urbano y estuve durante unos tres meses trabajando para el Ayuntamiento en ese menester. Lo hacíamos entre tres personas: Emilio el alguacil, Juan A. Tomás y un servidor, cobrando a los contribuyentes 75 Ptas. por cada una de sus propiedades.

El reparto era de la siguiente manera: 20 Ptas. para cada uno de los operarios por el trabajo de campo, que hacíamos por las mañanas (medición y toma de datos) y las 15 Ptas. restantes nos las repartíamos a razón de 10 Ptas. para Juan Antonio por realizar el plano de la finca y 5 para mí por mecanografiar la ficha censal. Juan Antonio era mayor y sabía mucho más que yo (había estudiado diez años para cura). Yo no estaba muy conforme con esta última partición, que pretendía a partes iguales, pero el trabajo se realizaba en su casa y tuve que conformarme. Al finalizar el trabajo tenía ahorradas cerca de 20.000 Ptas., un capital que no había visto en mi vida. Naturalmente, entregué a mis padres el jornal (150 Ptas.) de cada uno de los días trabajados y el resto lo dedique a comprarle un anillo de prometida a mi novia (oro de 18 kilates con cinco rubíes) y a ser un joven "normal" que podía pagarle el cine e incluso algún refrigerio añadido. En fin, todo miserias, pero como eran generales se soportaban sin mayor problema. Más o menos todos estábamos igual... ¡igual de pobres!.
Bueno, por suerte, yo entonces ya no tanto...

EL ÚLTIMO CONDILL

0018- LOS DOMINGOS, MISA DE 10.

Se dice que para los adolescentes cualquier época es buena pero, a pesar de la juventud, la posguerra no fué precisamente el mejor momento para disfrutar de la vida.
En el colegio empezaba la jornada con breves saludos entre el alumnado, que finalizaban a toque de silbato.
Como si de cuartel de reclutas se tratara, tras las órdenes oportunas se ejecutaba una rápida y correcta formación de todos los presentes.
-Rápido... ¡A formar!
-Alinearse... ¡en fila de a tres!
-Firmes... ¡Ar!
-Izquierda... ¡Ar!
La bandera española, la de la Falange y la de los Requetés subían lentamente a sus respectivos mástiles, al tiempo que los alumnos, dirigidos por el profesorado, entonaban el himno de rigor...

¡Viva España!
alzad los brazos
hijos del pueblo español,
que vuelve a resurgir...
Gloria a la patria
que supo seguir
sobre el azul del mar
el caminar del sol.
¡Triunfa España!
los yunques y las ruedas
cantan al compás,
del himno de la fé...
Juntos con ellos
cantemos de pié,
la vida nueva y fuerte
de trabajo y paz.

¡España!.............. ¡Una!
¡España!...............¡Grande!
¡España!...............¡Libre!
¡Viva España!......¡Viva!
Y el maestro entonaba un himno nuevo, que los alumnos seguían con el mismo entusiasmo que el anterior...(?)

Cara al sol con la camisa nueva,
que tú bordaste rojo ayer...
etc., etc., etc.,
finalizando el maestro con el consabido...
¡Arriba España!
¡Viva Franco!

Los niños, eran niños pero no tontos e intuían que el protocolo tenía un fundamento, una relevancia que, justa o no, era la que correspondía al momento presente. Con esa misma fé se rezaba el Ángelus o asistíamos al Mes de María.
A media mañana, con el recreo, tazón de leche en polvo y por la tarde trozo de mantequilla o de queso; todo ello procedente de la ayuda alimenticia con la que los americanos obsequiaban al pueblo español, previa instalación de sus Bases en nuestro territorio.
De todas formas en la casa de cada cual los padres, a favor o en contra del régimen dominante, ejercían la potestad de educar a sus hijos ensalzando o vilipendiando a los dirigentes y a todos aquellos que les apoyaban. Cualquier opinión era posible tras una guerra civil en la que familiares directos (padres, hijos y hermanos) se habían enfrentado con las armas, alguno de ellos finalizando la contienda en la cárcel o bajo tierra. Fueron años difíciles...

Cine Astoria. c/. Teatro, 1 - Cabanes.Hay una incógnita que todavía no he sabido descifrar, pero real como la vida misma. En los pueblos la gente, faltos de todo, apenas comiendo lo que cultivaban y poco más, pero...
¡Todos los domingos al cine!
Seguramente era una forma de escapar, un par de horas a la semana, de la cruda realidad que el día a día significaba.
Lo que el viento se llevó, Los diez mandamientos, El último cuplé, Las chicas de la Cruz roja, etc.
La sala tenía un aforo de mas de 500 butacas de platea y dos "gallineros" con unas 70/80 plazas cada uno. Todo era poco y el pasillo central y los dos laterales eran ocupados por una hilera de sillas que aumentaban la capacidad del local en otras 60/70 plazas más. Afortunadamente nunca pasó nada que obligara a un desalojo rápido ya que, de suceder, nadie sabe lo que hubiera podido pasar. Un desastre, sin duda.
Aunque había carteles con la prohibición de fumar, muchos hombres fumaban durante la proyección y nadie les recriminaba por ello. El lleno absoluto y esos cigarrillos permanentemente encendidos, provocaban una nube irrespirable que hacía saltar las lágrimas de muchos de los presentes. Esta circunstancia se solucionaba en verano con la apertura de las puertas laterales, pero en invierno...

A la salida del cine el Bar de Xulla, con una ventana en la barra que daba a la calle, la "tía Nieves" instaló una pequeña plancha eléctrica en la que ponía unos trocitos de sepia con la pretensión de que alguno de los viandantes entrara a su local para degustar tan exclusivos manjares. Era lugar de paso obligado a la salida del cine, independientemente del lugar en el que cada cual tenía su casa. Por toda la calle en cuestión se extendía el olorcillo de la sepia asada que hacía las delicias de los transeuntes. Habida cuenta la miseria general, alguno de ellos tomaba a mal el sistema de promoción, entendiéndolo como una provocación. Sea cual fuere la opinión de cada cual, es bien cierto que la gente marchaba para sus casas con la boca llena de saliva y preparado su aparato digestivo para trasegar lo que buenamente su mujer tuviera preparado de antemano; normalmente tortilla con patatas, sangre de cerdo con cebolla y también tomate frito con morcillas y longaniza, puesto que era domingo y la cena era especial. Pero hemos empezado la historia por el final y habremos de enmendar el error.

Tras una larga semana en la que todos los días, incluído el sábado, eran laborables llegaba el domingo y se agradecía. Todos nos levantábamos con otro ánimo. Normalmente no había desayuno en las casas pobres y por lo tanto, tras el lavado de cara de rigor, la primera comida era el almuerzo que consistía en un trozo de pan con lo que podías encontrar en la alacena, puesto que entonces tampoco había neveras: Tocino, membrillo, chocolate, etc.
Después, las mejores ropas y... ¡a misa de 10!
A la misa no podías fallar, puesto que el lunes el maestro preguntaba a los alumnos si habían asistido y los mismos compañeros eran los agentes de vigilancia que corroboraban la asistencia o la falta. El que fallaba, automáticamente se convertía en el último de la clase. Las misas de entonces eran largas puesto que, solo el sermón, duraba cerca de una hora.
Invariablemente, el comienzo era siempre el mismo.
-Amadísimos hermanos! -empezaba el mossén.
-En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos...! -y tras eso una hora de interminable perorata que tenía tres partes:
1ª).-Sermón sobre el evangelio de la jornada.
2ª).-Reprimenda a los feligreses por su escasa caridad.
3ª).-Peticiones económicas para causas interminables.

La suma de todo ello tenía un efecto analgésico extraordinario, capaz de dormir al más creyente de los feligreses, como así sucedía en algunos casos.
Pero el tiempo pasaba y, como uno iba cumpliendo años, lo que empezó como una obligación se convirtió en placer. Cumplidos los 14/15 años finalizaba la escuela obligatoria y la naturaleza iba despertando nuevas sensaciones y necesidades.
La misa ya no era una obligación, pero seguía siendo lugar de encuentro con los amigos y con las chicas de nuestro interés y tras ella, a la salida (no habiendo nadie que dispusiera de una sola peseta, puesto que el escaso "sueldo" que los padres nos daban era tras la comida) era costumbre el paseo con unos y otras. En nuestro caso por las afueras de la población, más concretamente la carretera de l'Arc, bajo cuyos puentes nos escondíamos todos para jugar "al cordellet". El juego consistía en unos trozos de cordel (tantos como parejas éramos) con un pequeño nudo en una de las puntas y que uno tenía cogidos por el centro. Los chicos elegían una punta con nudo y las chicas uno sin él. Al abrir la mano el que sujetaba los cordeles, chicos y chicas quedaban emparejados y podían besarse. Juegos (excusas) para realizar los primeros escarceos juveniles.

Claro que eso era a los 14 años, a los 16 las cosas cambiaron...
La mañana finalizaba pactando la casa donde acudir por la tarde para montar el tocadiscos y bailar un rato con ellas, tras lo cual todos nos íbamos a comer.
Por la tarde, después del ratito de "guateque", todos al cine; los más afortunados, podían incluso sentarse junto a la chica de sus sueños, lo cual era mucho en esos tiempos... A lo sumo, ¡quizás un beso furtivo...!
Todo candidez y hambre. De pan y de chicas.
Ya lo dijo Jesucristo...
¡No solo de pan vive el hombre...!

EL ÚLTIMO CONDILL

25 de noviembre de 2009

0017- AMISTAD, DIVINA PALABRA.

Amistad, palabra pletórica de sensibilidad y remedio infalible para corazones destrozados, es un término que se aplica de forma demasiado general para mi gusto. Todos tenemos amistades que, expresado en términos generales, entendemos como sinónimo de conocidos o compañeros. El futbol, la caza, medios sociales, ver un concierto o una obra de teatro; incluso un viaje o ir a buscar setas, son actividades que solemos compartir algunas veces con los demás. ¿Es eso tener amigos? Para quienes así lo entiendan, todos tenemos amigos. Pero esta clase de amigos tienden a evaporarse cuando no compartes sus aficiones o, por una u otra causa, falla tu asistencia a los eventos de su interés. Más todavía cuando, por uno u otro motivo dejas de tener el más mínimo protagonismo en la sociedad que te rodea; y no digamos si un error te sitúa en el punto de mira de la ciudadanía en general, se pruebe o no tu culpabilidad, en cuyo caso vas directamente a la hoguera sin que ni siquiera la duda sea el aliado de aquellos quienes creías amigos tuyos, alguno de los cuales te puede incluso retirar el saludo creyéndote un leproso cuya sola proximidad puede contagiarle. El verdadero amigo lo da todo por nada, mientras que el que no lo es aplica la máxima del todo por todo, o nada por nada.

Yo aprecio la compañía y el amor que pueda significar que alguien quiera compartir conmigo un solo segundo de su tiempo. Solo tenemos una vida y cada minuto que pasa es irrepetible y por tanto estimable que alguien quiera dedicártelo a tí pero, aún así, desde mi punto de vista no es suficiente para que a estas personas pueda llamárseles amigos, puesto que esa dedicación de tiempo es recíproca.
Para mí, amigo (apoyo y consuelo ante las adversidades) es una palabra tan grande que supera incluso a la de hermano que, sin duda, también lo es. La supera, porque un hermano no se elige, es algo que la naturaleza te da o te niega, pero que no puedes elegir. La prueba de ello son los muchos hermanos que no se hablan, unas veces con motivos para ello y otras por una simple tontería, aunque casi siempre por intereses económicos. Para mí no hay nunca motivos suficientes para que dos hermanos, nacidos y criados en un mismo seno familiar, dejen de hablarse. Han compartido y comparten demasiadas cosas (incluso la propia sangre) para que no puedan encontrarse caminos comunes que hagan que el entendimiento prevalezca de nuevo.

El amigo, como sinónimo de amor que lo es, lo eliges tú y solo puedes calificarlo como tal cuando la otra parte, recíprocamente, acepta compartir contigo el mismo sentimiento de forma generosa y desinteresada. Una verdadera amargura que tal sentimiento no sea más que otra de las utopías de la humanidad.
Una entrada ciertamente melancólica, la de hoy, pero la vida se compone de dramas y de comedias y hoy al parecer tocaba drama. ¿Será porque el tiempo no acompaña?. Lo siento... este escrito es demasiado profundo para finalizarlo con una broma. Se nota demasiado que no he tenido madre ni hermanos y que he vivido momentos tristes, en los que he necesitado a ese amigo que no encontré...
Prometo compensar al lector con otros textos menos profundos.

RAFAEL FABREGAT

0016- LA DÉCADA PRODIGIOSA, EN CABANES.

No amigos, no. Lo siento por los numerosos fans, entre los que me cuento, pero ni la "Década Prodigiosa" como grupo, ni tampoco el famoso Musical en el que muchos de sus componentes participan, tiene prevista su actuación en Cabanes. ¡Que lástima! Maravillosos intérpretes y maravillosa etapa de la música y del mundo, las décadas de los 60, 70 y 80... ¿Realmente fueron tiempos especiales o es que fueron los centrales de mi vida y por lo tanto los mejores para mí?... Sin duda, un poco de todo. Fin de la broma.
Una vez más he repetido mi costumbre, como dicen lo hacía Jesucristo, de titular (más que hablar) por medio de "parábolas". Para mí es una forma chistosa de encabezar mis escritos, disfrazando la realidad que sigue a continuación en cada uno de ellos aunque, eso sí, ajustándome al contenido.

En la entrada que nos ocupa en el día de hoy, para que así sea, en primer lugar los hechos tienen que suceder en Cabanes y posteriormente tratarse de un verdadero Prodigio que, además, ha de tener una duración aproximada a diez años. (Una verdadera lástima que no se alargara más en el tiempo y en el espacio...)
Se tenían noticias por los medios de comunicación que tales acontecimientos sucedían pero, al igual que ocurre con los milagros, siempre era en lugares remotos. Nunca había ocurrido algo parecido en nuestro pueblo. De repente... ¡Aleluya!
-¡A fulano y a mengano les han comprado una finca (secano de nula rentabilidad valorado en ese momento a 60 Ptas./M2.) y se las han pagado a 600 Ptas./m2... diez veces su valor real!

En los pueblos ya se sabe... La pólvora es tortuga perezosa, en comparación con la velocidad con la que la noticia recorrió la pequeña población. Para que nos entendamos el precio pagado era el máximo que se cotizaba entonces por un huerto de naranjos, en todo su esplendor y situado en el mejor punto del litoral.
El corredor que había cerrado la operación de compra, vecino del mismo Cabanes, no soltaba prenda y la gente, maravillada por la suerte de los vendedores, hacía sus cábalas al respecto.
-¡Será para hacer una fábrica! -dijo uno.
-¡Es mucho terreno, parece que se trata de un coto privado de caza! -respondió otro.
-¡Dicen que van a hacer un circuito de Fórmula 1! -añadió el de más allá.
El corredor cabanense, siguiendo las órdenes recibidas, silencio total...

Pasaron los días y a los nombres de los indicados vecinos se sumaron otros tantos que, para desdicha de los primeros, dijeron haber cobrado a 1.000 Ptas./m2.
-¡Todo mentiras! -dijo el envidioso de turno que para él quisiera ofertas de ese calibre.
-¿Mentiras? Lo sé de primera mano -respondió un contertulio.
-¡Al precio que cobré vendería todo lo que me queda! -sentenció uno de los que vendieron primero, que estaba entre los presentes.
-¡Sí, sí pero has perdido casi 70.000 duros por hanegada! -recalcó el envidioso.
Los que vedieron cobraron, que era lo importante, y a éstos siguieron otros y otros, que también vendieron y cobraron y a mayor precio cada día que pasaba, llegándose en pocos meses a las 2.000 Ptas./m2 y más. ¿Donde estaba el límite?, se preguntaban todos. Pero como pasa en todas las cosas de la vida el tiempo, que todo lo madura, trajo la luz y las dudas se despejaron...
Existía un proyecto para un Parque Temático (Mundo Ilusión) a construir en la Ribera de Cabanes y ello revalorizaba las actuales tierras que, previa aprobación (municipal y autonómica) pasarían a ser urbanizables.

No solo se trataba del Parque Temático, si no que a éste se añadirían varios Campos de golf, Urbanizaciones e infraestructuras de todo tipo. Se decía, además, que para que todo ello llegara a buen puerto tenía que hacerse también un aeropuerto, infraestructura pedida desde mucho atrás por Castellón y que seguramente se materializaría en las cercanías de Cabanes. La zona de interés urbanístico abarcaba varios millones de metros cuadrados y la "Lotería" tocaba a una gran parte de la población y, como era de esperar, vino la especulación. Varias compañías se disputaban la compra de terrenos, aunque "Construcciones-2000" (Marina d'Or) se llevó rápidamente el gato al agua y gente trajeada pululaba por la pequeña población, portando llamativos maletines, sin duda llenos de billetes (como así era) visitando casa por casa a los perplejos propietarios, todos ellos agricultores, ofertando mejores precios de compra cada día que pasaba y firmando compromisos de venta que se acompañaban de sustanciosos fajos de billetes, como señal. Pero la duda crecía... ¿Cuando vender?

La gente alucinaba y cada día era más reacia, pensando que solo Dios sabía cual era el valor real de sus tierras. Cada uno de los que vendieron, lo hizo a precio y condiciones diferentes a su vecino. Muchos de ellos, pretendiendo esquivar la especulación sobre sus tierras, lo permutaban por obra futura y algunos otros, que la compañía no logró convencer para que vendiesen ni permutasen (los más "listos") se asociaron con los promotores, es decir: ¡¡¡vendieron a cero pesetas...!!! aunque, ¡eso sí!... eran "socios" y se les invitaba a las reuniones y eventos que la promotora organizaba. Finalmente hubo otros, los "super-listos", que no vendieron jamás esperando un precio-límite que ni ellos mismos sabían cual era. En fin, que de todo hubo en "La viña del Señor".
El que escribe (menos listo que los anteriores) pobre de solemnidad en cuanto a tierras, también en lo demás, no tenía mas que una finca en la zona por la que le ofertaron, tras varias negociaciones, ¡¡¡16 veces su valor!!!.

Nunca pensé vender pero tras cuatro visitas y oportunas ofertas del corredor, cada una de ellas cuatro o cinco millones de pesetas superior a la anterior, éste me recalcó que sus jefes se habían cerrado en banda a nuevas propuestas y que no subirían más. Podía ser una estrategia, pero le creí. Le pedí 24 horas para dar mi respuesta alegando consulta con la familia y ésta, al conocer la última e increible oferta, quedó sobre ascuas pidiendo el cierre inmediato de la operación, que hubo de esperar al día siguiente.

Tal como habíamos convenido, se personó el comprador a saber mi decisión y se firmó el contrato preliminar (previa señal económica) pactando fecha para escriturar. Quince días más tarde los Promotores, próximos a tener adquirido el porcentaje estipulado por Ley para optar a la adjudicación del PAI correspondiente, pusieron fin a las visitas y un mes más tarde cesaron las compras. Mis tierras, una finca consistente en un 40% almendros de secano, abandonados desde cuatro años atrás por improductivos y un 60% de maleza en la parte alta de la montaña, pésimamente situada y sin acceso, pedregosa hasta el punto de que había zonas en las que el arado no llegaba a tocar la tierra, me la pagaron al mismo precio (16 veces) que un vecino me ofreció el año anterior.

¿No fue eso un auténtico prodigio?
La maqueta era magnífica. Entre unas cosas y otras pasaron diez años y, en ese tiempo, el comprador (Marina d'Or) vió como se materializaban sus previsiones y... algunas más, con las que no contaba.
-Era el propietario mayoritario,
-Consiguió la adjudicación del Proyecto,
-Construyó buena parte de las manzanas ubicadas en primera línea de playa,
-Vendió gran parte de los apartamentos construídos y...
-LLEGÓ LA CRISIS.(?)
-Dejaron de venderse apartamentos,
-Dejaron de construirse, porque nadie los compraba y
-La gente quedó sin trabajo y sin poder pagar las hipotecas.
Los bancos empezaron a ver como muchos recibos se devolvían.
Hoy, finales de 2.009, toda la zona de obras está paralizada. Los apartamentos vacios. Muchos de los negocios, construidos en los bajos, cerrados. Los compradores sin poder hacer frente a las obligaciones contraídas, por falta de trabajo y liquidez. ¡Un verdadero desastre!

Sólo a salvo los que cobraron y guardaron el dinero a buen recaudo. También quienes mejoraron sus casas y su vida.
Los que invirtieron en apartamentos del promotor ven como cada día que pasa el valor baja en picado. En cuanto a los "socios", sin comentarios y aquellos a quienes llegaron a ofrecerles hasta ¡¡¡mil millones de pesetas!!! por sus tierras y no vendieron esperando no se sabe qué... también sin comentarios.
Esta década tan prodigiosa para Cabanes y sus habitantes ha finalizado. ¿Volverá algún día?
Espero que sí, porque a todos nos interesa. Pero también creo que nada volverá a ser como antes, es decir: La "Década Prodigiosa" no creo que vuelva, ni en Cabanes ni en otro lugar de la zona y si lo hace habrán tenido que pasar muchos años, tantos que ninguno de los compradores-vendedores actuales vivirá para verlo.

RAFAEL FABREGAT

23 de noviembre de 2009

0015- EL FUTURO, NO EXISTE.

Es probable que el título sea demasiado rotundo, habida cuenta que la teoría de la relatividad, aunque desconcertante, es un hecho probado y por lo tanto, el factor tiempo, la línea difuminada que un avión deja en el cielo. Aún así, el futuro está por venir y si ya tenemos dudas sobre si existe o no lo que vemos cada día, con mayor razón podemos tenerlas sobre aquello que nos dicen que vendrá, pero que todavía está en el aire. Toda una vida tratándonos como si de rebaño de ovejas se tratara, empiezo ya a pensar si es que realmente lo somos. Lo cierto es que solo nos quieren el día en que vamos a votarles y sabiéndolo, cada cuatro años repetimos la operación olvidándonos de todo. ¿Tan tontos estamos, o es que tenemos miedo a que otros nos traten aún peor?


No existen y eso lo tenemos claro, las diferentes expectativas con las que nos bombardean cada día los políticos, a través de los medios de comunicación. Mentiras y medias verdades son casi siempre el contenido de sus discursos, que no pretenden otra cosa más que defender el puesto, quien lo tiene, o conseguirlo el aspirante.
Podemos creer sin miedo a equivocarnos que puede haber visos de realidad en un veinte por ciento (por decir una cifra) de aquello que nos cuentan y aún ese pequeño porcentaje puede estar sujeto a cambios impredecibles por el mismo personaje que nos informa. Total, ¿que somos nosotros para ellos?
Para el político y tanto más cuanto más alto está situado, somos cifras que forman parte de un todo que es lo que él personalmente dirige hacia donde, según su criterio, convenga en cada momento. Somos... ¿un rebaño al que dirigir hacia donde convenga en cada momento?


Lo mismo ocurre en otras muchas cuestiones mucho más técnicas y acordes al título de esta entrada. Tanto desde el punto de vista medioambiental, como en el económico... ¿Cual es el futuro de la Humanidad? ¿Hacia dónde nos encaminamos? ¿Es necesaria esta brutal lucha de intereses para asegurarnos el pan de cada día?. Para el pan no, pero para los Rolex, los áticos, los yates...
Quienes dirigen el mundo solo ven el presente y el consiguiente beneficio que, de forma inmediata, les puede reportar una u otra decisión. Las consecuencias negativas que ésta pueda acarrear lo serán en un futuro más o menos lejano pero, por descontado, cuando ellos ya no estén en el poder y para nada les afecte. Su casa está segura y su despensa repleta... ¡el que venga detrás que cierre la puerta!.


Ya sé que los poderosos, para serlo, necesitan imperiosamente que otros estén por debajo de su nivel; es más, que directa o indirectamente trabajen para ellos aumentando si cabe la diferencia de clases pero... para lograr ese fin, ¿es absolutamente necesario que miles de personas mueran cada día de hambre? Aunque estoy convencido que la solución será lenta y que la humanidad habrá de esperar todavía muchos años para vislumbrar el bienestar general, espero que en un futuro se encuentren vías intermedias que permitan, al menos, que haya pan para todos. Sin duda ello evitaría muchas de las guerras, hasta ahora presentes en todas las épocas de la humanidad. La ambición de unos y la necesidad de salir del profundo abismo de muchos otros, son la brasa que alimenta este fuego, hasta ahora considerado eterno y que podríamos llamar el infierno terrenal.


Desgraciadamente es imposible, sin duda, que el bienestar (en mayúsculas) lo sea para todos. No hay rebaños de pastores; alguien tiene que ser oveja y, además, serlo en cantidad suficiente para que el pastor sienta la satisfacción de dirigir el rebaño. Hasta ahí estamos todos de acuerdo, pero las ovejas pedimos, incluso exigimos, que sea una realidad la premisa de que los pastores sientan la obligación, que va en su propio beneficio, de ser buenos en su trabajo. Tienen que dirigir el rebaño ¡sí! pero no hacia los más escarpados abismos, si no hacia donde estén los mejores pastos. Es fundamental para los propios intereses del pastor, que las ovejas engorden y le procuren no sólo gran cantidad de la mejor leche, si no también, los sanos y fuertes corderitos que serán ovejas en un futuro cercano. ¿Es tan ciega la ambición que les impide ver que el futuro (su futuro) está justamente en el presente?

RAFAEL FABREGAT