Nadie quiere morirse, pero nadie quiere volver a nacer. Así lo afirman todos a quienes les preguntes. Morir no, pero volver a nacer... ¡Tampoco!.
- ¡Quita, quita!. -te dicen- Con una ya he tenido bastante...
Es lo que pasa. Quien más quien menos ha tenido más de un desengaño. Con padres, hermanos, amigos, novias, esposas... Pensar que, a pesar de la experiencia adquirida, estos percances pudieran repetirse hace que los deseos por tener otra vida dan más pereza que deseos por "disfrutar" esa nueva oportunidad. No, no, Ya está bien. Tal como se ha dicho antes, la respuesta más repetida es que con una vida ya hemos tenido bastante. Extraño que no queramos morir, pero tampoco repetir.
Por extraño que nos parezca, es lo que hay. Especialmente cuando preguntas a sujetos de una cierta edad. Exceptuando a las mujeres y cuatro más desenvueltos, la mayoría de la gente es tímida por naturaleza, al menos frente a desconocidos. Adquirir el desparpajo del que gozan los caraduras cuesta media vida, esa primera vida que por la juventud que uno tiene en esa etapa podría ser la más feliz y provechosa. Al que estás empezando a moverte como pez en el agua te has plantado en la cuarentena y ¿a donde vas con 40 tacos a tus espaldas...?
- Estoy cansado, no me apetece, me duele la cabeza, tengo un compromiso anterior, lo siento pero no puedo, ya nos veremos... Pero es una simple crisis existencial. El tiempo pasa inexorable y llegan los cincuenta sin apenas darte cuenta. En ese momento llegan de verdad, los dolores de cabeza, el cansancio, la falta de ganas de todo. En fin, el caos existencial. El saberte de vuelta de todo. ¡Coño, esto... ya está!

Dicen que, a partir de los cincuenta, todos los cambios que experimenta el ser humano son a peor. Yo no sería tan pesimista. Siempre digo que la vida empieza a los cuarenta. Mayor solidez laboral y económica, los niños criados y las emociones amatorias estabilizadas. En los temas de salud, los cuarenta años son un momento de plenitud para el cuerpo humano. Si hay algún problemilla aflora y es corregido sin mayor dificultad y la mayoría ni eso. Que algunos sufran una crisis de ansiedad por cumplir los cuarenta, no tiene justificación alguna y ni siquiera a los cincuenta hay problema alguno, siempre que la salud acompañe. Quienes ya hemos pasado por ahí sabemos que es una buena edad para cualquier cosa y el mejor momento para hacer frente a cualquier situación. Nada pues de agobios. A los sesenta ya es otra cosa...
Con los sesenta bajan las ganas de todo, exceptuando las de comer. Los que no se jubilan de forma anticipada, no saben la suerte que tienen. Con esas ansias, de no se sabe qué, llegan a la jubilación (actualmente a los 67 años) sin darse cuenta y como chiquillos que esperan las vacaciones de verano. Es cuando, ya jubilados y con la paga en el bolsillo, se dan cuenta de su error. La vida es mucho mejor mientras trabajas, especialmente porque eres más joven y tu mente está ocupada en algo. Si que son verdad los viajes a bajo precio del IMSERSO, pero las excursiones posteriores hay que pagarlas y son caras y de escaso interés. Para las buenas y baratas ya te fallan las fuerzas. Comidas malas y mucho autobús, sin que nadie entone canción alguna... La mejor etapa del ser humano es, con diferencia, entre los cuarenta y los sesenta.
Tras los sesenta falta una última etapa, naturalmente la peor.
Tras los saludos de rigor, me decía un amigo que me encontré estos días de fiesta...
- Cuando llegas a los setenta se notan cosas... ¡Yo ya las he notado!.
Coño con los amigos... ¡Que para los setenta solo me falta uno!. Ese día mejor hubiera sido que me encontrara con el diablo. ¿Como que voy a notar cosas? ¡Que ganas de asustar a la gente!. Esas cosas hace ya muchos años que las he notado. Con decir que ya me da pereza ir a buscar setas, ¡que es lo que más me ha gustado en esta vida...! Vaya tonterías que dicen algunos. Decir que cuando se cumplen los setenta años se notan cosas... ¡Como si hubiera descubierto las Américas...! Pues claro que se notan cosas, pero no son las que tienes, sino las que faltan. Sobre todo las fuerzas.
¡Ay Señor...! ¿Vivir dos veces?. ¡Quita, quita...! ¿Para qué?. ¡Con una ya vamos bien servidos...!
RAFAEL FABREGAT
Al menos sobre el papel, la cena de Nochebuena es algo idílico y muy especial. No solo por los manjares que hay sobre la mesa, sino también por la reunión de los seres queridos que comparten el ágape nocturno entre risas y recuerdos de unos y otros sobre hechos acontecidos en la familia lo largo del tiempo. Sí amigos, no hay duda que la cena de Nochebuena es algo esperado por muchos, puesto que es sin duda la reunión familiar por excelencia. Sin embargo, todo hay que decirlo, no todas esas cenas acaban de la forma soñada... Unos por discusiones políticas, otros por indigestiones y otros porque no se han querido nunca y esa noche, aunque sea Nochebuena, no tiene por qué ser una excepción y forman la bronca a la mínima ocasión.

Sin ir más lejos, Manolo acabó la velada en urgencias. Un fuerte dolor en el pecho y se ahogaba por minutos hasta desmayarse sin remisión. Recostado en el suelo, dándole aire con un abanico, paño mojado en la frente, pero ninguno de los remedios caseros se mostró eficaz. Cada uno de los presentes dio su opinión... Que si habría bebido demasiado, que si la cena no le había sentado bien, que si el humo de los que fumaban. Sin embargo el motivo era más sencillo que todo eso. Se llamó a una ambulancia que lo trasladó al servicio de urgencias y tras las pruebas oportunas el diagnóstico fue que se trataba de un simple ataque de ansiedad. ¿Ansiedad en medio de una cena con tus familiares más queridos...?

Pues sí amigos, sí. Como cabeza de familia, Antonio ya hacía varios días que estaba muy preocupado. Aquel día de Nochebuena llegaba su suegra para cenar con ellos en casa. El hombre lo había comentado con alguno de sus compañeros de trabajo: "Llevo varias semanas nervioso porque la buena mujer jamás se ha llevado bien conmigo. Yo como albañil me gano bien la vida, pero ella quería para su hija un banquero, o médico tal vez y claro... Todo son chascarrillos, que si esto, que si lo otro. Yo ya no sé qué hacer. A mí me va a dar algo". Y efectivamente aquella noche le dio. Sudoración, palpitaciones, opresión torácica y desmayo. Un ataque de ansiedad que, de no ser un hombre sano y robusto, hubiera podido llevarle a la tumba.
Y es que con la salud de los demás no se puede jugar. La mujer no es que fuera una bruja pero, desde el primer momento, un albañil le pareció poco para su hija. El bonachón de Manolo tan solo se quejaba de que la "buena mujer" solo velaba por el bienestar de su hija pero, sin darse cuenta, su menosprecio dañaba indirectamente el bienestar de su propia hija y el de toda la familia en general. La pérfida suegra, no teniendo comentario con el que menospreciar al infeliz, tras vaciar su copa de cava y soltar un sonoro eructo, se quejó de la escasa calidad de las gambas que el joven matrimonio había puesto para cenar y Antonio, que ya estaba esperando por donde llegaría la puñalada de su suegra, cayó al suelo redondo.
- ¡Muero por no matar...! -balbuceó mientras se desplomaba.
RAFAEL FABREGAT
He leído hace escasos minutos que a mucha gente no le apetece celebrar con familiares o amigos las típicas comidas o cenas de Nochebuena, Navidad, Nochevieja, etc. Los motivos pueden ser muy variados. Problemas de salud física o mental, pérdidas recientes de familiares o seres queridos, discusiones recientes con alguno de los comensales que también se sentarán alrededor de esa mesa... Yo, amigos, hasta ahí lo puedo entender pero todo lo que vaya más allá de una justificación de peso, me parece una aberración del ser humano que prefiramos estar solos que acompañados. Al menos en lo que se refiere a la familia más próxima. Los amigos... es otra cosa. Dicen algunos que amigos los hay para muchas y diferentes ocasiones, pero yo no estoy de acuerdo con eso. Tener amigos no es tener compañeros para ir a determinado sitio.
Más bien me parece que quien así opina no tiene ningún amigo de verdad, ni gana alguna de encontrarlo. Claro que, hagas lo que hagas, tener amigos de verdad es algo muy difícil e improbable. El amigo de verdad es, o debería ser, más que un hermano. Al hermano no lo eliges, pero al amigo sí. Claro que encontrar esta clase de amigos, es como buscar una aguja en un pajar... Todos conocemos gente que presume de tener muchos amigos. Para ir al cine, al baile, al fútbol, incluso para viajar. ¡Qué ya es mucho decir!. Porque justamente para viajar... Ir con una persona a determinado sitio un par de horas, e incluso una tarde entera, se puede aguantar sin mayor problema, pero ir de viaje requiere una compenetración con el acompañante que pocos tienen. En tal caso hay que echar mano de la tolerancia pero, naturalmente, ésta debe ser mutua.

¿Donde está esa tolerancia?. ¿Y el amigo de verdad?. Desgraciadamente no hay amigos, sino conocidos o compañeros. Algunos se esfuerzan, recurren a determinadas prácticas para convertir al compañero en amigo, pero se cansan antes de que eso ocurra. La vida es corta y uno se cansa de ofrecer un amor que no es correspondido. No pasa nada, nadie es culpable de tal situación. La vida es así, nos ha hecho así. Quizás no tengamos remedio. En esta coyuntura solo hay dos caminos posibles: aislarnos o esforzarnos en aparentar ser lo que no somos. Esto último no hay que entenderlo como una hipocresía, sino como el esfuerzo por cambiar la situación y mantener al menos las formas. Esforzarse ya es un punto a nuestro favor, puesto que habla de nuestra buena disposición para que las cosas sean mejores. Pero hay que hacer mucho más y devolver el ciento por uno.

La vida es como es y nada podemos hacer para evitarlo, pero sí que podemos mejorarla, poner nuestro granito de arena para hacerla mejor y más llevadera. Aparquemos el orgullo, el deseo primitivo de querer imponer nuestras ideas a los demás. El premio garantizado es un poco más de amor de los demás hacia nosotros. Algunos "machotes" creen que todo esto son tonterías, mariconadas que no sirven para nada, y se burlan de quienes pensamos así. Pero los que así actúan, creyéndose superiores, no hacen sino perder la credibilidad de la gente de bien y por lo tanto la oportunidad de crear ese amigo de verdad. La verdad es que en el mundo de hoy parece no haber tiempo para esta clase de cosas, más propias de épocas de mayor necesidad. Nos olvidamos de que el amor de un amigo no está a la venta, sino que hay que ganárselo devolviendo multiplicado el que él nos da.

Para colmo de despropósitos, en esa lectura que he comentado haber hecho hace unos minutos, se habla incluso de las excusas que uno puede poner para no asistir a estos eventos propios de las Fiestas Navideñas. Excusas que naturalmente no son reales sino ficticias. La verdad es que dicha lectura me ha preocupado mucho. Jamás se me ha ocurrido presumir de amigos. Más bien al contrario, siempre he dicho que jamás los he tenido. Alguien podrá pensar que es una afirmación muy triste y es cierto, lo es, pero así lo entiendo yo. Dicen que amor con amor se paga, pero no es verdad. Somos humanos y la vida no es la obra de un poeta relevante. De todas formas hay dos clases de poetas: el que retrata lo idílico y el que nos cuenta la realidad por medio de sus poemas. Estos últimos son justamente los que más triunfos cosechan, pero tarde, cuando ya no están en este mundo.
Adiós amigos. Sed felices. Hoy todavía es Navidad.
RAFAEL FABREGAT
Sí amigos. Feliz Navidad a toda la gente de buena voluntad. Muy especialmente a familiares y amigos que siguen o leen de forma esporádica este Blog.
No pido para mi, ni siquiera para vosotros, regalos materiales. Pido Salud, Paz y Amor. Por añadir algo y aunque alguno se enfade añadiría trabajo. No dinero, no. El dinero viene siempre que haya paz, salud y ganas de trabajar...
Feliz Nochebuena,
Feliz Navidad,
Feliz Año Nuevo 2018.
Mi más sincero agradecimiento a todos vosotros. Y no lo olvidéis: ¡Sed felices!.
RAFAEL FABREGAT CONDILL
En el año 3000 a.C. Belén ya era un importante pueblo cananeo rodeado de murallas. Aquellas gentes adoraban a Lahmo, el dios caldeo de la Fertilidad. Su templo estaba situado en la misma colina donde ahora está situado el templo de la Natividad, lo que viene a indicarnos que, contrariamente a lo que creen algunos, el templo cristiano de Belén no es ni por aproximación el lugar donde naciera Jesús de Nazaret. De hecho ya la Biblia nos cuenta que nació en un corral de pastores de las afueras de Belén, posiblemente extramuros de la ciudad, y que sus padres lo depositaron al calor del pesebre de las bestias. Belén se llama en realidad Beit Lahama ó Casa de Lahama, el antiguo dios de la Fertilidad. Una de las menciones más antiguas de esta ciudad figura en las Cartas de Tell al-Amarna, cartas fechadas en el año 1350 a.C.
En esas cartas que el gobernador egipcio le escribió al faraón Amenhotep III, le refería que se trataba de un importante lugar de parada para los viajeros que iban desde Siria a Egipto. Hacia el año 1200 a.C. Belén estaba gobernada por los Filisteos. Según la tradición judaica Belén pertenecía a la tribu de Judá y fue lugar de nacimiento de David (s. X a.C.) histórico rey de los judíos y fundador del Reino de Israel. El lugar estaba destinado, según los profetas, a ser también lugar de nacimiento del Mesias. El evangelio de Lucas cuenta que el emperador romano Augusto ordenó que todos los habitantes se empadronasen en su lugar de origen. José, descendiente de David y esposo de María, viajó con su mujer embarazada desde Galilea a Belén a fin de cumplir las órdenes romanas pero, no encontrando posada, pasaron la noche en un corral de pastores y allí nació Jesús.

Por ser cuna de Jesús de Nazaret, a finales del siglo IV d.C. el emperador Constantino, convertido al cristianismo, mandó construir en Belén numerosas iglesias y monasterios. Sin embargo la paz no duraría entre aquellas murallas. El año 529 la rebelión de los samaritanos contra los bizantinos asoló la ciudad. Algunos años después, ya aplacadas aquellas rebeliones, el emperador Justiniano I mandó restaurar la ciudad al completo. En el siglo VII la ciudad fue tomada por los persas y después por los omeyas. El año 1099 fue conquistada por los Cruzados y en la Navidad del 1187 éstos fueron derrotados por Saladino. En 1250 los mamelucos circasianos conquistaron Belén y sus autoridades cristianas fueron expulsadas, destruyéndose a continuación iglesias, torres y murallas. Un siglo después relaciones occidentales calmaron la zona y los cristianos regresaron.

Conquistada Palestina por los turcos en 1517, ortodoxos y franciscanos libraron durante siglos serias confrontaciones por el dominio de los santuarios de Belén. También Egipto dominó la región a partir de 1831 pero en 1841 los otomanos recuperaron Palestina, manteniendola en su poder hasta después de la I Guerra Mundial, cuando pasó a dominio británico. Tras la II Guerra Mundial Palestina y Jerusalén pasaron a ser administradas por la ONU pero la guerra palestino-israelí que surgió acto seguido dejó a Belén en poder de los jordanos. En 1967 se llevó a cabo la llamada "Guerra de los seis días" siendo ocupado el territorio de Cisjordania por Israel y en los "Acuerdos de Oslo" de 1995 transferidos nuevamente a Palestina. Jamás hubo paz duradera en este lugar. Extraño ejemplo para ser el lugar de nacimiento de un personaje que muchos tienen como hijo de Dios.
RAFAEL FABREGAT
Hay muchas formas de morir y de algo hay de hacerlo, pero tampoco hemos de dar facilidades. El corazón, los problemas pulmonares y el cáncer son los principales motivos por los que algunas personas abandonan este mundo antes de lo que sería deseable. Este tipo de problemas de salud alcanza la cifra del 54% de las defunciones. Sin embargo resulta llamativo que el hecho de no afeitarse tenga peligro alguno y así le sucedió al austriaco Hans Steininger que murió en 1567 justamente por tener la barba demasiado larga.
Claro que lo del tal Hans era bastante llamativo puesto, después de varios años sin afeitarse, la barba superaba el metro y medio llegándole al suelo. Al parecer era una de las barbas más largas que se recuerdan y el hombre se hizo famoso por ello y especialmente porque esta circunstancia le costó la vida.
Cierto día se produjo un incendio en su casa y su intento de huída acabó de la peor manera posible. Hans Steininger solía llevar la barba atada con una cinta, pero ese día la llevaba suelta y al tratar de huir a toda prisa de las llamas tuvo la mala suerte de pisarse la barba lo cual le hizo caer al suelo, con tan mala fortuna que dio con la cabeza en un mueble y se desnucó. No murió pues abrasado por las llamas, sino por la infortunada caída provocada por la exagerada longitud de su barba. Cosas que pasan... De haberla llevado más corta o afeitada nada le habría sucedido. A título de curiosidad y con permiso de la familia, la barba de Hans Steininger fue recortada y todavía hoy, cuatro siglos y medio después, se guarda en una vitrina del museo de su localidad.
RAFAEL FABREGAT