La mano humana tiene un pulgar exclusivo, capaz de oponerse a los demás, lo que hace de nuestra mano una de las herramientas más precisas de nuestro mundo. Lo de los dedos es un rasgo común de los vertebrados, pero muchas especies han ganado o perdido apéndices y los científicos buscan el por qué de esa decisión de la naturaleza... Hace 370 millones de años un pez, de poco más de un metro de longitud, sufrió una fantástica metamorfosis que preparó el camino a los vertebrados para la conquista del medio terrestre.
Bautizado por los paleontólogos como Acanthostega el animal tenía branquias pero, a diferencia del resto de los peces, tenía patas rematadas con ocho dedos cada una que le sirvieron de mucho a la hora de caminar sobre terreno seco. Hace unas tres décadas aparecieron en Groenlandia los restos fósiles de este pez digital, lo cual supuso para los paleontólogos tener pistas fiables de la evolución de los peces con aletas carnosas, a los anfibios que llegaron a colonizar la tierra firme. Son varios los animales cuyos fósiles demuestran haber pertenecido a esta transición entre el mar y la tierra, engrosando su columna vertebral, sus costillas y patas con las que soportar el peso del cuerpo y sus movimientos por tierra firme.
Según la mayor parte de los paleontólogos, la diferencia de dedos se debe a la forma de locomoción del animal, aunque la mayoría piensan que la ventaja adaptativa es la de los pentadáctílos, aunque esta cuestión enfrenta a los profesionales a la hora de valorar el por qué de su evolución en más o menos dedos. En resumen cabe decir que la ciencia no se ha puesto de acuerdo a la hora de valorar los motivos que han llevado a tener más o menos dedos en las manos o piés y, visto lo visto, de momento solo cabe pensar que no todos descendemos del mismo tipo de animal ya que son casi todos los animales que en un principio fueron marinos y posteriormente salieron al medio terrestre. Hipótesis hay muchas y muy variadas, por lo que nunca podremos saber el por qué de todo lo que seguramente pasó hace tantos millones de años atrás. No pasa nada, en el siglo XXI los médicos de una misma especialidad también tienen opiniones distintas. Paciencia...
Rafael Fabregat Condill
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