14 de mayo de 2026

3333/0114- LOS ORÍGENES DEL VINO.


No hay una fecha exacta aunque su origen está relacionado con el desarrollo de la cultura humana. Con una historia de milenios, el fruto de la vid ha adquirido una tipología biológica tan rica que es difícil ponerle fecha, a pesar de las modernas herramientas de rastreo genético que actualmente tenemos. La uva se ha convertido en una especie de máquina prodigiosa de supervivencia natural, una planta vivaz que ha sabido adaptarse al ambiente cálido y seco de las zonas templadas del planeta. La cultura sedentaria permitió convertir el fruto de un arbusto híbrido en planta domesticada útil para producir frutos a gran escala. En cuanto a su conversión en el preciado vino, es como lo del huevo y la gallina... aunque todos sabemos que sin huevo no hay gallina y si no hay uva tampoco tendremos vino.


Los historiadores estiman que la antigüedad del vino es de unos 8.000 años, aunque la vasija más antigua, encontrada con vestigios del preciado líquido es de 6.500 años atrás. También fueron encontradas semillas de uva al nordeste de Irán y recipientes que contuvieron vino en fecha similar. De todas formas en muchos países del sur de Europa hay vestigios de su uso desde 2.700 años a.C. dándose por hecho que el vino debió correr una suerte paralela al del asentamiento de los pueblos nómadas y su dedicación a la agricultura y el pastoreo. Por lo tanto, aunque sin una fecha exacta, el vino nació casi inmediatamente a la domesticación de esta planta y se considera que puede darse por buena una antigüedad de 8 milenios y más. De todas formas los primeros caldos debieron ser ásperos y poco agradables. Poco a poco irían probando diferentes variedades y mayor maduración para conseguir vinos mejores.


El consumo del vino no va en decadencia, como algunos creen. Se trata simplemente de que en los países cálidos y abundante turismo se consume actualmente una gran cantidad de cerveza, como refresco y aperitivo, pero en las comidas el vino sigue tomándose con regularidad. El mundo ha ido cambiando y el mayor poder adquisitivo ha hecho que las cifras de consumo vayan aumentando en todos los frentes. En las últimas décadas el vino ha mejorado mucho y jóvenes y viejos lo saben, aunque no todos pueden permitirse vinos de reserva o crianza, con lo cual la juventud se decanta por los blancos o directamente por la cerveza. La cerveza tampoco ha querido quedarse atrás y ha evolucionado mucho en su elaboración, aunque el vino sigue siendo el compañero perfecto de una buena comida.


Con más de 15.000 variedades de uva distintas, España es uno de los países con mejor oferta de vinos elaborados en este momento y la marca Codorniu como bodega más antigua, con fecha de creación en 1.551 pero, aunque también elabora vino tinto, es famosa en el mundo entero por sus cavas y vinos espumosos. Los vinos que vemos en la foto superior son los ganadores del concurso VINESPAÑA 2025-26. Como se ha dicho antes, son muchas las variedades de uva en este momento, pero quizás menos de las que se piensan, puesto que hay variedades que se llaman de distinta manera según la región en la que están plantadas y siendo la misma variedad. Así y todo algunas de las más populares son: Garnacha, Cabernet sauvignon, Ramisco, Barberá, Tempranillo, Arinto, Merlot, Chardonay, Pinot, Riesling, Sirah, Airén, Albariño, Verdejo, Godello, Bobal, Trebbiano toscano, etc. etc.

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Por su adpatibilidad a los diferentes climas y terrenos, la uva es uno de los cultivos más agradecidos, pero su rentabilidad económica es otro tema muy diferente ya que, como tantos productos del campo, una cosa es lo que paga el consumidor por una botella de vino y otra muy distinta lo que cobra el agricultor por la uva con la que se elabora. Prueba de ello son las multimillonarias bodegas de diseño, que vemos en los campos de todo el planeta, con las que determinadas marcas de vinos y cavas presumen de asfixiar a la gente del campo, al tiempo que ellos nadan en la abundancia. Todos los distribuidores de cualquier tipo de cultivo se reunen año tras año para cenar y concretar el precio que pagarán al productor. Una vez alcanzado el acuerdo, qué cada marca venda el producto al precio que considere oportuno. Esa es la desvergüenza que existe en el comercio de todos los productos del campo.

Rafael Fabregat Condill

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