En esa situación concentrarte es muy difícil, o harás poco o lo harás mal. Tal vez esa misma tarde has de entregar un trabajo que todavía no has comenzado y en lugar de tener un problema, tendrás dos puesto que no sabrás qué responder. Ante un problema familiar, hay que controlar tus reacciones físicas, dejar aparte los nervios y pensar con serenidad. Estás en el trabajo y debes cumplir tus obligaciones. Si te sientes incapaz de hacer las cosas bién, es mejor que le digas a tu jefe que no estás bién y sin duda alguna él será el primero en decirte que marches a tu casa a descansar y tomarte la medicación correspondiente. La angustia y los nervios bloquean la mente y dificultan la solución de los problemas laborales que hay en cualquier empresa. En esas circunstancias es mejor marcharte a descansar.
En el trabajo todos somos importantes e imprescincibles pero, cuando una persona no puede concentrarse, es mejor que se vaya a su casa y eso los jefes son los que mejor lo saben. Nadie te pedirá que sigas trabajando, porque el trabajo estará mal hecho y será peor. Hay muchos tipos de problemas que pueden presentársele a cualquier persona. Puede ser un conflicto con tu pareja, con tus hijos, la enfermedad de un familiar o la tuya propia y no tienes a quien confiarle el problema ni sabes cómo solucionarlo. Pero no caigas en la desesperación y menos aún en el trabajo. Si el problema tiene solución ya procurarás arreglarlo más tarde y si es más grave y urgente, llama a tu jefe y pide el día libre. Si la cosa va para largo, pide unos días a cuenta de las vacaciones o lo que tu jefe estime conveniente.
Hay enfermedades de hijos. maridos, padres, etc. que exigen cuidados que pueden alargarse en el tiempo y que pueden poner en peligro tu puesto de trabajo. Si trabajas frente a un ordenador puedes hacerlo desde casa y cumplir en los dos frentes. Solo faltarías al trabajo en días de operación y poco más. Coméntalo con tus jefes y encontrad una solución satisfactoria para las dos partes, Todo es mejor que hacer las cosas mal. De todas formas en los casos serios, el trabajador tiene derecho a faltar al trabajo los días que se estipule según la gravedad, simplemente presentando el correspondiente certificado. Aún así, una vez resuelto el problema, tu eres la primera que quieres volver al trabajo, a fin de relajarte y olvidar el lógico sufrimiento que te ha marcado durante esos días.
Sea cual sea el desenlace, el trabajo es la mejor terapia tras la resolución del caso. Tu eres la más interesada en acudir a trabajar para olvidar los malos días pasados. Juicios, demandas, enfermedad, etc. Tranquila, tus ausencias están justificadas por Ley. Ya volverás. Lo más importante es que la crisis por la que estás atravesando no repercuta en tu trabajo, así que mantén la serenidad y pide ayuda a tus jefes y compañeros. Aparte de los problemas de salud, pueden presentarse otros muchos, como mudanzas, inundaciones y cualquier otro problema imprevisto que hay que atender con rapidez. Si el problema es personal, los estatutos y convenios no recogen el asunto pero siempre puedes alegar que tu disgusto es tan grande que altera tu concentración y necesitas un descanso.
Hay gente para todo pero, la mayoría de las personas, ante una ruptura imprevista, pierden su concentración e incluso la salud. Sé franca con tu jefe y compañeros y si necesitas irte a tu casa, cualquiera de ellos terminará lo que estabas hacendo en ese instante. La depresión también es una enfermedad que precisa tratamiento y medicación. Al menos puedes pedir una reducción de jornada que te facilite acudir a consultas públicas o privadas para que te puedan dar solución al problema. Siempre puedes pedir una excedencia si el asunto se alarga en demasía. Los tratamientos de fertilización también están regulados para que toda mujer que tenga problemas para quedar embarazada, pueda tratarse y concebir, sin tener que abandonar su puesto de trabajo. Ten confianza en tus jefes y compañeros.
Rafael Fabregat Condill
No hay comentarios:
Publicar un comentario