2 de abril de 2014

1319- LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.

Está claro que ese periodo, comprendido entre finales del siglo XVIII y mediados del XX, fue el que cambió la historia del mundo. No teníamos todavía la tecnología actual, pero fue entonces cuando se pusieron los cimientos para alcanzarla. Es en ese periodo cuando todo cambiaría y se pasaría de la (casi) nada, al todo es posible. Primero en el Reino Unido y de inmediato en Europa y los Estados Unidos, empezó el desarrollo de la cultura, de la tecnología y de la transformación socioeconómica. Nunca jamás se había conocido algo igual sobre la Tierra. Con el invento e implantación de nuevas tecnologías, el duro y lento trabajo manual pasó a la mecanización y producción en serie.


A partir de ese momento todo cambia en esas naciones, con toda propiedad llamadas países industrializados. Todos los comportamientos humanos se ven de pronto modificados puesto que tal fenómeno influye en la vida cotidiana de las personas. Las gentes ven nuevas posibilidades de mejorar su vida y comienza el éxodo a las ciudades. Comienza también la mecanización del campo y de esta forma, tanto la industria como la agricultura, consiguen mejores resultados con menor esfuerzo y mano de obra. Ya no es necesario "trabajar de sol a sol" como tantas veces hemos oído decir a nuestros mayores. No es necesario desplazarse a pie al trabajo y los viejos mulos dan paso a tractores que levantan varios surcos al mismo tiempo.


A partir del siglo XIX la producción y la renta per cápita no paran de aumentar, al tiempo que las horas de trabajo disminuyen. Estancada durante siglos, la vida de la humanidad puede alargarse y ser más placentera. En ningún momento del pasado se había conocido algo parecido puesto que el crecimiento que tales adelantos significaban era algo sostenible en el tiempo y no algo accidental y efímero. Como si de un milagro se tratara, de pronto la tracción animal y el trabajo artesanal quedaban obsoletos, al tiempo que los beneficios de todos los sectores aumentaba. Las máquinas de vapor primero y las eléctricas después facilitaban el trabajo y permitían la producción de nuevas máquinas para ayudar a otros sectores de la industria, la agricultura y el transporte.


Nacieron, claro está, nuevas clases sociales encabezadas por una burguesía dueña de los medios productivos y seguida por un proletariado dedicado al manejo de esas máquinas. Los problemas sociales no se hicieron esperar y fue entonces cuando nacieron los sindicatos de trabajadores y un socialismo o comunismo abocado a mejorar las condiciones de trabajo de los asalariados. La Revolución Industrial suele dividirse en dos etapas: mediados del siglo XVIII a mediados del siglo XIX y otra posterior ya más tecnológica desde mediados del XIX a mediados del XX. A partir de esta última fecha se inicia ya una etapa más tecnológica, la actual, que progresa con rapidez hasta el punto de incluir el estudio del espacio y los viajes a la luna y la exploración de otros planetas. 

La Revolución Industrial queda atrás. A mediados del siglo XX se experimenta un máximo aprovechamiento de las energías fósiles, de las renovables y hasta de las nucleares. Se viaja al espacio exterior hasta el punto de situar al ser humano en la Luna e incluso situar en órbita Estaciones Espaciales y todo tipo de Satélites de Comunicaciones que permiten hablar y ver al propio interlocutor en cualquier punto del planeta. Ya no se trata solamente de trabajar menos y producir más, sino que los primeros aparatos tecnológicos que antes ocupaban un metro cúbico de espacio, se han reducido  a mucho menos de un milímetro y por tanto su instalación en cualquier punto del universo no tiene límites. Y lo más bueno y malo de todo esto es que los adelantos tecnológicos no han hecho más que empezar. Cabe preguntarse, eso sí, si habrá cabida para (toda) la humanidad en un mundo tan competitivo y sofisticado...

RAFAEL FABREGAT

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