Mostrando entradas con la etiqueta Arco Romano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arco Romano. Mostrar todas las entradas

19 de octubre de 2017

2518- ROMANOS EN EL ARCO ROMANO.

El pasado día 15 de los corrientes, el pueblo de Cabanes (Castellón) fue despertado por el atronador sonido de tambores y cornetas protagonizado por la "Guardia Romana de la Sang". Previo a esta llegada a Cabanes, la soldadesca cruzó el emblemático puente romano de Santa Quiteria, como uno más de los altos del séquito vila-realense en su ruta por lo monumentos romanos de la provincia de Castellón.

Esta agrupación, la más antigua y emblemática de la ciudad de Vila-real, fue fundada el año 1546. 
Puestos a recorrer los lugares más emblemáticos de la provincia, la Guardia Romana ha querido empezar por el monumento más afín a su nomenclatura: El Arco Romano de Cabanes que, junto a la Vía Augusta, se estima levantado en el siglo II de nuestra era y bajo el cual han desfilado los soldados del centurión Filipo di Monfort, que ha dirigido a las tropas perfectamente ataviadas.
Como se ha dicho antes, previo a las correspondientes paradas y fotografías frente al emblemático Arco Romano la soldadesca romana ha desfilado por diferentes calles de casco urbano de la Villa de Cabanes, con destino final en la Plaça dels Hostals. 
Como no podía ser de otra manera, autoridades y vecinos han aclamado a los visitantes. Bienvenidos. ¡Y volved siempre que queráis...!

RAFAEL FABREGAT

29 de agosto de 2014

1490- LA RAZA ESPAÑOLA.

Aunque la Península Ibérica ya estaba habitada antes de su llegada (protoíberos) la Historia nos cuenta que los Íberos fueron el primer pueblo en llegar a nuestra península. Tal aseveración viene determinada por ser éstos los primeros que dejaron constancia escrita de su presencia en estas tierras a las que llegaron procedentes del mediodía francés. Se estima que su llegada sería hacia el IV milenio a.C. y ocuparon toda la parte oriental, junto al Mediterráneo. También los vascones son de época parecida, pero éstos se limitaron a ocupar las tierras limítrofes al Pirineo occidental al norte del Ebro, hoy tierras del País Vasco y Navarra. 

Más tarde, hacia el siglo IX a.C. llegarían los Celtas procedentes del noroeste de Europa, principalmente de la bretaña francesa y las islas de Irlanda y Gran Bretaña, ocupando la parte noroccidental de la península, hoy tierras de Galicia y norte de Portugal. Como se puede apreciar la construcción de las casas, agrupadas en castros, es circular. Expediciones posteriores hacia el este propiciaron el contacto de los Celtas con los Iberos y su fusión posterior en lo que se llamó el pueblo Celtíbero, cuya expansión llegó a dominar la casi totalidad de la Península Ibérica, aunque sin apenas llegar a las costas mediterráneas, donde seguían estando los Íberos puros, sin mezcla celta. 


Entre el siglo IX y VIII a.C. llegaron a la península los Fenicios, pero solamente con intenciones mercantiles. Por su valor estratégico establecieron su capital comercial en Gadir (Cádiz) ya que a escasa distancia tenían las minas de oro, plata y estaño, descubiertas por los Tartesos. Fundaron otras colonias en Almería y Málaga y por el sistema de truque de materiales elaborados se hicieron con el monopolio de las riquezas minerales del sur peninsular. Estas riquezas minerales aportaron grandes beneficios al pueblo Fenicio pero, según se ha descubierto en algunas necrópolis de la época, también a los reyezuelos Ibéricos que cambiaban el mineral por piezas de orfebrería de gran calidad y belleza. 

En el siglo VI a.C. llegaron a las costas de la Península Ibérica los Griegos, atraídos por la fama de ser tierra rica en metales. Más belicosos desbancaron a los Fenicios. Trajeron vino, aceite y cerámica, al tiempo que los locales les pagaban con mineral de oro y plata, cereales y salazones. El viaje era largo y penoso, pero merecía la pena. En algunos puntos sustituyeron a las colonias fenicias y en otros convivieron mercadeando ambos con los celtíberos. Estos pueblos se llevaron de la Península Ibérica cantidades ingentes de metales, pero dejaron a cambio un legado importante de conocimientos. El olivo, el torno alfarero, la acuñación de monedas y el alfabeto fueron algunas de esas riquezas incalculables.

Hacia el siglo V a.C. llegaron a nuestra península los Cartagineses, pueblo escindido de la Fenicia de Oriente Próximo e instalado en Cartago, actual Túnez. Su capital en Iberia fue Cartago Nova (Cartagena). Todas las civilizaciones mediterráneas que pasaron por la Península Ibérica dejaron un legado importantísimo, pero solo afectó a la costa mediterránea y al valle del Guadalquivir. Ninguno de ellos se internó hacia el noroeste peninsular. Tras la caída de Nabucodonosor II los Cartagineses sustituyeron a los Fenicios en el control del comercio mediterráneo. La influencia cartaginesa sobre la ibérica aumentó con rapidez y el control naval mediterráneo y su expansión hacia el interior peninsular se hizo realidad.

Las guerras entre romanos y cartagineses (Púnicas) desembocaron en la invasión romana (218 a.C.) con un primer desembarco de tropas en la Península Ibérica. Las dos potencias habían convivido durante un tiempo en la península pero finalmente chocaron en una primera guerra disputada en las inmediaciones de Tarraco. 
Se estableció una especie de frontera en el Ebro que sería derribada al año siguiente y los romanos pusieron cerco a Sagunto. De allí a Cartago Nova. Los romanos no vinieron a Iberia para conquistarla, sino para derrotar a su mayor enemigo, el pueblo cartaginés. Era cuestión de tiempo que los romanos limpiaran toda la península de enemigos capaces de hacerles frente y de que todo el territorio se romanizara siendo bautizado con el nombre de Hispania.

Aunque cántabros, astures y vascones siguieron guerreando sin doblegarse jamás al enemigo, la Península Ibérica fue dividida por Diocleciano (298 d.C.) en cinco provincias. Sin embargo el poder de Roma se debilitaba por momentos debido a las grandes luchas internas y pronto los pueblos germanos hicieron su aparición. Se tienen noticias de que los primeros en llegar fueron un ejército de 30.000 Suevos; cruzaron los Pirineos hacia el año 410 y ocuparon las tierras gallegas, pero después llegaron otros y otros más, hasta que antes de finalizar el siglo V toda la península estaba dominada por los Visigodos, nombre genérico que se dio a la fusión de los diferentes pueblos godos. Pronto se convirtieron al catolicismo y de ellos salieron arzobispos y santos.


El año 711 la lucha entre los aspirantes al trono visigodo facilitó el paso a las huestes norteafricanas. Los visigodos fueron borrados de la faz de la tierra y los musulmanes se establecieron en la Península Ibérica hasta 1492. Finalmente derrotados por los Reyes Católicos, éstos permitieron que quienes se convirtieran al cristianismo pudieran quedarse. Sin embargo su estratagema morisca no se eternizó puesto que a escondidas siguieron practicando el islam y nunca se integraron. Los continuos ataques piratas berberiscos a las costas españolas y el miedo a una posible colaboración del Imperio Turco con ellos aconsejó su expulsión definitiva en 1613, llevada a cabo por el rey Felipe III. Tras la multitud de razas que han pasado por España, muchos nos preguntamos qué raza será la nuestra...

RAFAEL FABREGAT




1 de abril de 2010

0052- CABANES, OTRA DOSIS DE HISTORIA.

Hasta la llegada de los moros a tierras Hispánicas, se cree que nuestro pueblo sería poco más que una aldea de simples cabañas, motivo suficiente para que, ya entonces se llamara Cabanes o Cabanas. Son los moros quienes inician su aumento demográfico y su pujanza económica, al convertirlo en lugar de compra-venta e intercambios comerciales. Son ellos quienes realizan las primeras construcciones importantes y quienes, a lo largo de este dilatado periodo de casi quinientos años, convierten aquella pequeña aldea en un núcleo bien definido y protegido.Aunque nuestro enclave no es el más adecuado para ser capítulo importante de la Historia de España, como lo son Aragón, Castilla, etc., lo cierto es que son muchos los grandes personajes históricos que han pasado por nuestras tierras, aunque solo haya sido de paso. 

¡Qué lástima que haya sido tan poca la historia de nuestro pueblo que haya llegado a nuestros días!. Porque tenerla la tiene... ¡y no poca!.
En otros lugares, el solo hecho de que alguien relevante pasara por sus tierras se muestra como gesta de interés general y se explota desde todos los puntos de vista, culturales, turísticos y por supuesto económicos.
Estando situado como está Cabanes, al lado mismo de la más importante ruta del Imperio Romano, es de suponer que nuestra tierra ha sido pisada por los más importantes generales romanos, camino de Saguntum, Dianium, Carthago Nova y por algún que otro emperador. De hecho se sabe que esta fue la ruta seguida por Julio César y otros emperadores en expedición a Hispania. La misma, entonces más rudimentaria, que utilizó Aníbal cuando, a lomos de sus elefantes, partió desde Cartagena hacia Roma donde iniciaría la Segunda Guerra Púnica en el 218 a.C. Nos consta que por aquí pasó San Vicente Ferrer y hasta el Papa Luna camino de Valencia, siendo como era ruta principal por su comodidad y protegida de salteadores. Todos estos ilustres personajes y muchos más, pusieron sus huellas en la misma tierra que ahora nosotros contemplamos. Nada le faltó nunca a Cabanes, salvo que alguien tomara nota de todo cuanto aquí acontecía y lo transmitiese a las futuras generaciones, cosa que lamentablemente no ocurrió. Gente demasiado rústica, sin duda...

Castillo de Miravet.
Se han encontrado vestigios de poblados y estelas ibéricas y aunque sin prueba alguna que lo certifique, se ha hablado siempre de la posibilidad de ser inicialmente la mansión romana Ildum que serviría como descanso y aprovisionamiento de los más ilustres personajes que utilizaban la Vía Augusta, como principal ruta entre Roma y el puerto de Gadir (Cádiz). La más larga de todas las rutas romanas.
Perteneciente al distrito foral de Miravet, nuestro pueblo estuvo ocupado por los musulmanes, desde el siglo VIII hasta el XIII y aunque Miravet fue liberado inicialmente por el Cid Campeador en 1091 y cedido a la Corona de Aragón en 1093, los árabes lo reconquistaron 10 años después, no llegando a tener influencia el idioma castellano.
Es en 1.223 cuando Jaime I reconquista definitivamente la plaza a los moros, cediéndola un año después al obispo de Tortosa Poncio Torrellas (1224) en agradecimiento a su colaboración en la expulsión de los moriscos, siendo éste quien repuebla Miravet y por supuesto Cabanes con cristianos de origen catalán motivo por el cual, aunque con las naturales variaciones, hablamos aquí esta lengua.

Iglesia-fortaleza de Albalat.
Claro que aquí no eran todos moros. Cuando llegaron a estas tierras los pobladores cristianos catalanes, de la mano de Poncio Torrelas, ya hallaron un importante núcleo de población (cerca de 200 fuegos) y algunas construcciones importantes. Aunque nuestro pueblo tendría sin duda un nombre anterior, se cree muy probable que fueran ellos mismos quienes darían a nuestro pueblo el nombre que actualmente conocemos ya que, aunque encontraron algunas construcciones musulmanas de cierta entidad, la mayor parte de las casas seguían siendo simples barracas o cabañas, siendo apropiado llamarle CABANES (lo que en lenguaje catalán quiere decir cabañas) y cuyo nombre ha llegado hasta nuestros días.
A partir de ese momento estaba ya todo escrito y documentado. Sin embargo la falta de interés de las antiguas instituciones locales y los destrozos de la Guerra Civil de 1.936 han impedido que documentos antiguos relevantes hayan podido llegar a nuestros días. La mayor parte de lo conocido por el pueblo, es documentación perteneciente al archivo diocesano de Tortosa y aquello que de forma oral se ha ido trasmitiendo de padres a hijos a lo largo de los años.

Palacio-Ayuntamiento de Cabanes.
Ahora ya es tarde para lamentaciones. Aún así... Hasta hace bien poco eran muchos todavía los documentos, mal guardados y sin archivar, que se escondían apilados y enmohecidos por algún altillo de nuestro Ayuntamiento o del almacén municipal, aunque me consta que ya ha habido alguien que ha puesto un cierto orden a este asunto. Es posible que algún día (quizás) haya un "ratón de biblioteca" que saque a la luz alguna cosa de interés que nos ilustre y aumente el orgullo de pertenecer a este pueblo de Cabanes que, en opinión de nuestro ex-alcalde Artemio Siurana Gauchía y que también yo suscribo, "ho te tot". Mal gestionado, pero lo tiene todo.

RAFAEL FABREGAT

16 de enero de 2010

0029- LA VÍA AUGUSTA O CAMI DELS ROMANS.

La gente de Cabanes nos referimos al Camí dels Romans como a uno más de los cientos de caminos del término municipal. No nos damos cuenta, no valoramos en su justa medida, lo que significa esta denominación por mucho que, ella sola, ya lo dice todo.
En la mayoría de los casos por desconocimiento y otros muchos por la referida cotidianidad, no nos percatamos de la grandeza que esta vía tuvo en épocas pasadas, casi remotas.
Para orgullo de todos los cabanenses, tenemos la suerte no solo de que pase por nuestro territorio tan "augusta vía" sino que tenemos, además, la estampa más evocadora de todo su recorrido en tierras peninsulares: EL ARCO ROMANO DE CABANES. Un arco polémico que nadie ha podido datar con exactitud, ni justificar con seguridad. Todos hablan y escriben sobre él, pero nadie sabe la fecha de su construcción ni tampoco lo que que conmemora. Pero ahí está, orgullosamente erguido, esperando que la gente de Cabanes empiece de una vez por todas a valorar lo que tiene. No hace tantos años el monumento estaba desamparado en la planicie de su mismo nombre, con un corral de ovejas prácticamente a sus pies.

Afortunadamente el ganadero perdió su interés en la explotación ovina y alguien con dos dedos de frente mandó que se adecentara el perímetro del monumento, instalando un cartel informativo para que los viajeros curiosos pudieran conocer algunos detalles sobre lo que estaban observando. Ya era hora que alguien se preocupara de nuestro Arco.
En los casi dos mil años, que se yergue arrogante vigilando nuestros campos, nadie ha hecho prácticamente nada por él. Es más, cuando en el siglo XVII le cayeron las enjutas y el entablamento, lejos de recolocar las piedras en su sitio original éstas quedaron desparramadas en el suelo durante décadas, hasta que una parte de las mismas fueron aprovechadas para construir abrevaderos en el cercano "Pou de la Roca". El resto se las llevó alguien para cimentar con garantía una de las casas de la población.

No es que se pueda objetar nada de lo sucedido casi cuatro siglos atrás. Todos sabemos que en aquellos tiempos no se valoraban este tipo de cosas puesto que, para llenar el plato cada día, ya había que pensar (y trabajar) mucho. Se podría decir que bastante hicieron con no llevarse el Arco al completo, como se hizo en otras partes no solo con los monumentos, sino con ciudades enteras. Creo que los cabanenses, justamente por ser herederos de tan ilustre vestigio romano, tenemos el deber de cuidarlo y conservarlo para las generaciones futuras y, para que así sea, hemos de ser los primeros en saber la importancia de lo que tenemos delante. Aunque más sencillo que otros de época similar y falto de ornamentación, no debemos olvidar que es un Arco Triunfal, de aproximadamente dos mil años de antigüedad y que, erigido al borde de la más importante Vía de comunicación de su época y no por encima como es habitual cuando son de dimensiones más importantes, conmemora sin lugar a dudas una gesta importante, por mucho que digan otros que es de tipo funerario.

En cuanto al antiguo Camí dels Romans, motivo de este artículo, fue construido hacia el año 25 a.C. por el emperador Octavio Augusto, hijo adoptivo de Julio César, que lo formalizó y le legó su nombre (Vía Augusta) con motivo de una importante mejora realizada en los años 8 y 2 a.C.
Ya había anteriormente un camino de menor entidad puesto que, se dice, que ya Hércules lo recorrió en su viaje mitológico a Occidente, motivo por el cual se llamaba hasta entonces Vía Hercúlea y que también el propio Julio César pasó por este corredor mediterráneo, con objeto de controlar unas revueltas.
De todas formas, fue el emperador Octavio Augusto quien lo convirtió en eje vertebrador peninsular de primer orden, enlosándolo en la totalidad de su recorrido y sembrándolo de miliarios, monumentos y nuevas ciudades.
Con una longitud aproximada de 1.500 km., la Vía Augusta era, sin lugar a dudas, la más larga y transitada en tierras Hispánicas y una de las más importantes del Imperio. Procedente de las Galias y anteriormente de Roma, cruzaba los Pirineos atravesando Gerunda, Tarraco, Saguntum, Valentia y Carthago Nova, alejándose de la costa en ese punto, ya en dirección al valle del Guadalquivir y en busca del puerto de Gades. Aunque disfrutada por todos, el objetivo prioritario de uso y motivo de su construcción era el paso de ejércitos y mercancías.

También Aníbal pasó por ella a lomos de sus elefantes camino de Roma, a través de los Pirineos y muchos siglos después San Vicente mártir, en su viaje a Valencia. Para que entendamos su importancia, era la principal vía de comunicación que unía Roma con Cádiz; una verdadera autopista para aquellos tiempos.
Hoy se pretende preservar lo que, durante más de veinte siglos, quedó olvidado. Se está señalizando y despejando en lo posible el antiguo recorrido que, demasiadas veces, se encuentra cruzado por carreteras y vías férreas que lo cubrieron sin miramiento. Construir una ruta de senderismo o de bicicleta, que lo preserve definitivamente de su anterior abandono, puede ser una buena idea y solución de continuidad, pero ¡Ay...!

No será fácil labor. La mayor parte está enterrada bajo urbanizaciones y campos de cultivo, por lo que habría que reinventarla, buscando caminos cercanos que la interconectasen. De vez en cuando, quienes trabajan en ello tienen la agradable sorpresa de encontrarse restos de algún viejo miliario en el lugar más inesperado, restos de puentes, viejos acueductos y bases de algún arco, supervivientes tenaces a tantos años de olvido. Seamos conscientes de que un tramo de interés especial de la vía romana es el que transcurre por nuestras queridas tierras cabanenses.
Los grandes generales romanos volvían a Roma con sus centurias, serpenteando por valles y planicies y bordeando la vía jaras y romero. A partir de la Puebla Tornesa en dirección nordeste... tres miliarios, restos de la calzada original y finalmente un arco, L'Arc Romá de Cabanes.
Faltaban 420 Km. hasta la frontera gala... ¡Y 1.650 hasta Roma!. 

RAFAEL FABREGAT

5 de enero de 2010

0026- CABANES, NUESTRA HISTORIA.

Aunque no hay constancia escrita de ello, se dice que Cabanes fué la antigua Ildum, una pequeña villa romana de paso obligado por su cercanía a la Vía Augusta o Camí dels Romans en la que sin duda no faltaría alguna que otra posada, en la que restablecerse del duro camino. Claro que "Castelló Cultural"  tiene buenos amigos en Vilanova d'Alcolea y después de casi dos milenios nos quiere colar que es allí, en su Hostalot, donde está el auténtico Ildum. (Y ahora van los cabanenses y se lo creen... Ja, ja.)
Es en 1.243 cuando Cabanes nace como pueblo al repoblarla de cristianos el obispo Poncio Torrellas, a quien se la cede Jaime I tras conquistar el castillo de Miravet a los moriscos en 1.223 y a cuyo distrito foral pertenecían estas tierras.
Anteriormente a su cristianización, justamente por su brevedad y sencillez, se dice que pudo denominarse Cabañes; pequeño núcleo de lugareños, con casas sencillas de piedra y troncos al estilo de barracas o cabañas. Pero esta aseveración se cae por su propio peso. Personalmente pienso que seguramente fue al revés y que el lugar, se llamara como se llamase hasta entonces, pasó a llamarse Cabanes a partir de ese momento. Baso mi opinión en que, al expulsar a los moros que lo habitaban y repoblarse con cristianos catalanes, éstos (en su lengua) llamaron al grupo de barracas Cabanes, o sea, cabañas en castellano. 


Peñasco sobre el que se encuentran las ruinas del Castell de Zufera.
Claro que la historia pudo haber sido mucho más compleja y aunque no tenemos constancia de ello, debemos recrearnos en la realidad que pudo ser, y que probablemente fué...
Aunque en la comarca ya se encontraron restos del paleolítico Inferior, (5.000 a.C.) que ya demuestran una transformación del territorio, debemos centrarnos en lo que todavía hoy tenemos visible, que está más o menos documentado y que no es más cercano. Estudiosos del tema afirman que Zufera es de origen ibero, incluso anterior a Mortorum, siendo por tanto el primer pueblo del que tenemos constancia que habitó estas tierras. Esos mismos especialistas consideran probable que el castillo de Miravet -nada que ver con Sufera- fuera inicialmente asentamiento de otro grupo de los mismos iberos. La Historia nos dice que los Iberos Ilercavones son los que se establecieron al norte de nuestra región y comarca y que fueron desplazados por los romanos hacia el años 138 a.C., fecha en la que fundaron la Colonia Valentia. Actual Valencia.

En el siglo III diferentes pueblos bárbaros entran en la península iniciando la lucha contra los romanos que están en decadencia. De los diferentes pueblos que forman la invasión, se establecen en nuestra zona Los Alanos que, aunque la historia los llama a todos en general "germánicos", éstos eran de origen asiático.
No tan beligerantes como el resto de los pueblos invasores, acabaron siendo absorbidos por la población hispanorromana.
Aunque los romanos todavía controlaban varios puntos de la península, especialmente la zona de Tarragona, a finales del siglo V la mayor parte de la península estaba dominada por los Visigodos, que reinaron hasta el siglo VIII, siendo en el año 711 cuando los musulmanes, tras conquistar el norte de Africa, cruzaron el estrecho de Gibraltar derrotándolos y ocupando todo el territorio en menos de una década, a excepción del norte peninsular.

Con la invasión musulmana nuestra zona fue ocupada por los moriscos que construyeron los castillos de Miravet, Zufera y Albalat en los antiguos asentamientos que encontraron. Toda la península quedó dominada en apenas 9 años y aunque muchas plazas se ganaron y perdieron repetidas veces, su presencia duró nada menos que ocho siglos.
Durante la dominación morisca la pujanza de Cabanes fué constante y especialmente singular a partir de la reconquista por parte de Jaime I quien, en 1.260 le concedió un mercado semanal. Aunque el territorio quedó conquistado definitivamente por los cristianos, buena parte de los moros que se habían establecido en estas tierras siguieron viviendo en ellas durante más de doscientos años.
A finales del siglo XV los musulmanes, perdidos todos los territorios, fueron expulsados de la península pero, con el nombre de mudéjares, algunos de ellos quedaron en España otro siglo más, aunque obligándoles a convertirse en cristianos a partir de la Ley Pragmática de Conversión Forzosa de 1.502.


Entrada al castillo de Miravet.
Se dice que al finalizar la dominación morisca en estas tierras (1.223) Cabanes ya tenía 200 fuegos (casas) por lo que se puede suponer que rondaría ya los 800 habitantes, siendo en 1.910 cuando llegó al momento de mayor esplendor demográfico de su historia con 3.957 almas. Desde 1.887 hasta 1.970 superó siempre los 3.000 habitantes, aunque posteriormente la natalidad descendió y solo pudo recuperar nuevamente esta cifra hacia el año 2.000 con la inmigración.
Hasta la última década del siglo XX la economía se basó siempre en la agricultura y en la ganadería, siendo a partir de esa fecha cuando fue evolucionando hacia la industria y el turismo.


Poblado ibérico de Mortorum.
Segundo de la provincia en importancia, el término municipal tiene una superficie de 132 Km2 y linda con siete municipios: Benlloch, Torreblanca, Oropesa, Benicasim, La Pobla, Villafamés y Vall d'Alba. Existen vestigios de numerosos poblados prehistóricos y se han hallado gran cantidad de restos de cerámica y monedas romanas. El hallazgo más importante de la localidad es la estela ibérica de "el Pulido" y varios fragmentos de lápidas estudiadas ya en 1.789 por el príncipe Pío de Saboya. La estela de "el Pulido" se localiza en la partida del mismo nombre en el año 1.913 y sobre la misma hay una carta de D. Luis del Arco que fechada en Castellón, el 17 de Diciembre del mismo año, dice... "Hablando en Burriana con D. Manuel Peris, me dio noticia de una lápida ibérica, que posee un primo suyo coleccionador de antigüedades. La inscripción ha sido descubierta, hace pocos días, entre Albalat y Miravete". Los estudios realizados determinan que la transcripción podría ser: Ildóbilo (hijo) de Seldro.


Su término municipal reúne los castillos de Miravet, Zufera y Albalat así como numerosas torres vigía en las proximidades de la costa. También algunas minas abandonadas de hierro y plomo así como canteras de piedra de excelente calidad. Nota curiosa, no suficientemente investigada, es la existencia de un poblado sumergido en el mar, muy cerca del poblado marítimo de Torre de la sal.
En 1.575 ante la pujanza de Cabanes, las despobladas Miravet y Albalat con sus términos respectivos, se unieron a éste en un acto solemne que se celebró en "La casa de la Sal", término de Albalat y formando un único pueblo que tomó como escudo un castillo de tres torres. Cabanes se mantuvo dentro del señorío de Tortosa hasta el siglo XIX. Aunque ya tenía la feria semanal asignada por Jaime I, Germana de Foix, segunda esposa de Fernando el Católico, le concedió en 1.507 el derecho a celebrar dos Ferias más: La del Retorn y la de San Andrés, esta última a celebrar en Noviembre y de hasta 10 días de duración.

El Monumento Nacional por excelencia es el Arco Romano, cruce del antiguo Camí Real de Vistabella y el camí dels Romans. En 1.533 y con motivo de la visita del cronista Pedro Antonio Beuter éste, basándose en textos de Tito Livio, relató la leyenda sobre la victoria que obtuvo el capitán Lucio Marcio contra los cartagineses en este lugar, en la segunda Guerra Púnica (210 a.C.) lo que pudo motivar la construcción conmemorativa del Arco Triunfal. Sin embargo otros historiadores más actuales datan su construcción en el siglo II, debido quizás a los datos comparativos que lo asocian a otros de la época de Adriano y Trajano y también a los que aporta el miliario encontrado en su día junto al famoso arco que indica fue erigido imperando Galerio Valerio Maximiniano (292-304). Es un arco de medio punto compuesto de 14 dovelas, 6 metros de altura y 4 de luz. La noticia más antigua que se conoce es de 1.243 cuando, la Carta Puebla lo cita como deslinde. Desde el siglo XVII le faltan las enjutas y el entablamento, cuyos sillares se hallan en el Pou de la Roca y en un edificio de Cabanes.

El lugar más emblemático y querido por sus habitantes es la ermita de las santas Agueda y Lucía o ermita de Les Santes donde se venera a su patrona la Virgen del Buen Suceso. Fue construída el mismo año de 1.243 por los repobladores cristianos de Cabanes y restaurada y ampliada en 1611-1617, constando de una sola nave y bóveda de crucería con entrada lateral de estilo toscano, hornacina de las Santas Agueda y Lucía y pequeña espadaña con dos campanas.
No podemos olvidar la grandiosa iglesia parroquial, del siglo XVIII y una de las más grandes de la Diócesis, con fachada barroca de sillería del artista local Maurat, concluida en 1.721 y tampoco el edificio del Ayuntamiento de estilo mudéjar (s.XV) con sus ventanales góticos y sus grandes arcadas interiores y mucho menos el porche (Llotja de Mustasaf) donde ejercía sus funciones de almotacén y en cuyos bajos está también situada la antigua cárcel.

Toda la villa estuvo amurallada hasta 1.857 siendo sus portales el de San Mateo, (esquina Mar) San Vicente (esquina Morera), San Antonio (esquina Rosario) y Sitjar. Su plaza principal era la de la Iglesia a la que acceden todas las calles citadas, a excepción de la de San Antonio, que va en paralelo. Sus accesos principales serían San Mateo, en dirección a Benlloch y camí de l'Arc y naturalmente Sitjar y San Antonio que, confluyendo en el Peiró del Pou d'Aval, eran inicio del camí vell de Castelló. De menor importancia sería el portal de San Vicente, con la única finalidad de acceder a las eras y huertas extramuros. Todo el perímetro urbano, estaba rodeado por patios, corrales y pequeñas huertas que posteriormente se convirtieron también en calles, dando lugar a las denominadas Engalia, Sitjar, Nou, Morera, Algibe, etc. Pocos años después esta ampliación no sería suficiente. La actividad comercial de Cabanes crecía y con ella la población y la necesidad de mejores accesos.


El primitivo núcleo de población era incómodo para la entrada de carruajes y mercaderías y se habilitó una nueva calle como acceso principal que diera solución a cuantos llegaban cada día desde todos los rincones de la provincia. Una calle desde la Bassa Nova (Norte) hasta el Camí de la Ribera (Sur) con una plaza central que lo vertebrara todo (Plaça dels Hostals) y desde la que se accedía no solo al núcleo antiguo, sino que tambien se proyectaba hacia el Camí vell de Castelló, primeramente por la calle Calvario y Camí Roig (que también tiene su correspondiente Peiró) y posteriormente por la que se llamó desde entonces Carré de Castellón, hoy llamada Delegado Valera. El 27 de Septiembre de 1.925 se instalaría en el centro de la misma la Fuente del Buensuceso, con agua cedida por la Familia Bellés, masoveros del Barranc de les Santes.
Se mejoró el antiguo camino de Castellón con una carretera de circunvalación extramuros que permitió la construcción de los Hostales que hoy conocemos como de Amado y de Dotres.
Cada pueblo, por pequeño que sea, tiene su historia que se forja día a día en el transcurrir de los años. Unos crecen y otros merman hasta su desaparición, pero todos nacieron un día y con ellos las ilusiones de quienes los crearon y habitaron de por vida.

RAFAEL FABREGAT

1 de diciembre de 2009

0022- CABANES 50 AÑOS ATRAS.

Cabanes era ya en los 50/60 la envidia de los pueblos vecinos. Lo era incluso cien años atrás cuando (llegando a los 3.000 habitantes) superaba a algunas de las que hoy son principales ciudades de la provincia. 
Después bajó el número de vecinos, siendo en los 60 unos 2.000.
La famosa Fuente del Buensuceso, una fuente inagotable instalada en la plaza principal y algunas otras en puntos limítrofes del municipio, facilitaban a toda la población el necesario elemento. 
Pero no vayan ustedes a creer que ahí paraba la cosa. Para envidia de propios y extraños, eran muchos otros los servicios de los que el pueblo disponía... 

Profusamente iluminadas sus calles, con sendas farolas adosadas a los muros de las casas, cada una de ellas apenas a un centenar de metros de la anterior y con una bombilla de 40 vatios... ¡el día se hacía interminable...! 
Con tanta luz en las calles (?) si se te caía un billete (!!!) ya no lo encontrabas. 
En verano, tras la cena, los vecinos solían sacar unas sillas a la calle para pasar un par de horas al fresco donde, en compañía de sus vecinos, ponerse todos al corriente de las novedades de la jornada o degustar la primera sandía cosechada. Los accesos a la población no eran los más idóneos puesto que, aparte la carretera de Zaragoza que pasaba extramuros, el resto eran caminos de tierra.

Las profundas rodadas producidas por la multitud de carros que entonces había, todos ellos con estrechas ruedas de hierro impedía tras las lluvias pasar por muchos lugares, pero poco a poco las cosas fueron mejorando y finalmente los agricultores cambiaron aquellas ruedas de hierro por otras de goma. ¡Ufff que mejora...!
Fué por aquellos años cuando se construyó la carretera que va al Arco Romano y cuando se asfaltó la de La Ribera. Una compañía de "Burreros" vino de La Mancha para convertir el sueño en realidad. Llevaban más de veinte burros con ellos y dueños y animales se instalaron en el Hostal de Amado, junto a la carretera de Zaragoza.

Los burros, con sus correspondientes alforjas, acarreaban la piedra y sus dueños se encargaban, con sendos martillos, de convertirlas en "machaca". Los pequeños montones de piedra partida se repartían a lo largo de toda la futura carretera y también dentro de la población, puesto que se considera que esta carretera empieza en la de Zaragoza, delante de la "villa de La Xurra", atravesando de parte a parte la localidad con lo cual también esas calles fueron alfaltadas. Para Cabanes, población eminentemente agrícola, supuso un gran alivio disponer de unos kilómetros de excelente camino que llevara a los vecinos a sus quehaceres diarios, sin los baches y las frecuentes piedras con las que los caminos de tierra estaban plagados. 

Unos años después llegarían ya los primeros carros con ruedas de goma, que aliviaron las posaderas de sus dueños y los destrozos de los caminos.
El recibimiento de los foráneos, procedentes de la parte de Castellón, lo hacía el "río Ravachol", lugar de juego para los niños de los barrios colindantes que buscábamos las escasas ranas que el eterno caudal, de sucias aguas provenientes de los lavaderos municipales, permitía que se criasen. Mas frecuentes eran las cucarachas de agua puesto que ellas, en los eternos charcos de aguas putrefactas, se multiplicaban sin mayor problema.
Las calles de la población, entonces todas de tierra, eran el destino del agua de lavar platos y cacerolas y por lo tanto de los últimos granos de arroz que habían quedado pegados al fondo del puchero. Ni que decir tiene que los gorriones abundaban en aquellos tiempos, para ellos de gran abundancia. 

Los materiales empleados en tan exhaustiva limpieza, eran unos restos de cordel viejo deshilachado (a modo de estropajo) y un puñado de arena, rascada unos días antes de la piedra original de arenisca que abundaba en las inmediaciones de la localidad. En las casas no había agua corriente ni por tanto alcantarillado en las calles, por lo que se carecía de cuartos de aseo. A lo sumo un retrete, con fosa séptica al que se echaba un cubo de agua tras su uso y que había que vaciar de vez en cuando, motivo por el cual la mayoría hacía sus necesidades en el corral y otros bajo una pared extramuros.
Las ineludibles "necesidades fisiológicas" se hacían pues como se podía y más al raso que a cubierto. 
No más de una docena de casas tenía fregadero en la cocina, alimentado por un depósito de agua instalado en el desván o terrado, pero ello implicaba la necesidad de llenarlo con agua previamente traída con cántaros de la fuente y subirla por las escaleras. Tan trabajosa era esta labor, que el depósito estaba permanentemente falto de agua.
Menos mal que chicos y chicas siempre nos prestábamos voluntarios para acarrear un viaje de agua de la fuente, excusa muy socorrida con la que charlar un rato con el sexo contrario.

Constituía una novedad, frecuente en verano, la llegada de "saltimbanquis" que anunciaban su espectáculo armados con un tambor y una vieja trompeta que sonaba con poca profesionalidad. Un ligero andamio/trampolín y una pequeña escalera como único material y un mono y una cabra como vivo complemento a sus escasas habilidades, constituían todo el patrimonio que los "artistas" llevaban consigo, pero para los niños del pueblo era más que suficiente para romper la monotonía.
La actuación se realizaba invariablemente en la Plaça de la Farola (hoy denominada de La Constituciò) y la asistencia era, por tanto, gratuita aunque a mitad del espectáculo los actuantes pasaban "el plateret" pidiendo una colaboración económica que permitiera al menos su sustento. 

La petición estaba más que justificada pero,la mayoría de los niños, no llevando ninguno de ellos ni un solo céntimo en el bolsillo, salían disparados para no tener que sufrir la afrenta de los feriantes ante su falta de pago.
A pesar de todas las penalidades aludidas, nuestro pueblo destacaba sobre otros de la comarca y lo hacía para bien. 
Nada menos que ¡¡¡ TRES CINES !!!
El cine-teatro Benavente, en el que se proyectaban las más novedosas películas y en el que actuaban los más famosos cantantes de la época (Machín, el Titi, Juanito Valderrama, etc.) y dos cines de verano: 
El Astoria, en el número uno de la calle Teatro y El Trinquet en la parte trasera del Café de Xulla, actualmente carrer de la Fira en el que, en los meses de verano, se celebraba todos los domingos el típico "Ball de vermut".
La juventud, ya con novia o a punto de tenerla, la salida del cine se dirigían a este lugar de cita obligada, donde alargar una hora más el deleite dominical, razones más que suficientes para que Cabanes destacase una vez más sobre los pueblos vecinos.

Cabanes tenía dos orquestas (La Ildum y La vella). 
Ambas alternaban sus actuaciones en ese baile dominical a cambio de una módica retribución o simple comisión sobre las consumiciones realizadas, único desembolso que los asistentes habían de sufragar, salvo en determinadas fiestas especiales que se pedía una simbólica entrada. 
Alguna consumición era obligado realizar aunque los aperitivos (vermuts), que era el nombre al que hacía referencia el baile en cuestión. Pocos, porque ello implicaba dos consumiciones (tapa y bebida) y el dinero escaseaba. Salvo fechas especiales o alguna celebración, lo habitual era pedir una cerveza los chicos y una naranjada las chicas. Tampoco había mucha sed, puesto que la comida no había sido muy abundante y y lo importante era bailar... ¡y cuanto más arrimados mejor!

El cine era gratis para los niños, que aburrían al personal con sus carreras y griterío. Los mayorcitos, que ya pagaban entrada, se sentaban en las tres primeras filas que eran bancos generales y los controlaba el "Tio Vicent el Teulé" encargado de ese menester y por el cual no ganaba seguramente ni un solo céntimo, salvo ver la película gratis. 
Los más pequeños, como no pagaban, se sentaban sobre las rodillas de sus padres y ante la frecuencia de "necesidades menores" las hacían allí mismo a sus pies por lo que, al descanso de la proyección y especialmente al final de la película y bajo la pantalla, había siempre un charquito de orines, alimentado por la multitud de chorritos que bajaban del patio de butacas, cuyo pavimento era de hormigón pulido.
Una cosa destacable de la época era la frecuencia con la que se iba la luz, en muchas ocasiones dos y tres veces por sesión. 
La gente estaba tan acostumbrada que ya se lo tomaba con cierto cachondeo y al apagarse la proyección todos a una gritaban... ¡ooooooh!, mientras que cuando la luz volvía gritaban nuevamente todos... ¡aaaaaah!, en ambos casos seguido ello de las carcajadas de los espectadores que, de esta forma, descargaban el natural enfado.

En cuanto a los juegos infantiles, los niños de entonces jugaban permanentemente en la calle con el aro, a "guá", a indios y vaqueros, etc. 
Como las calles eran todas de tierra, llovía con frecuencia y las mujeres tiraban el agua de la limpieza a la calle, ésta estaba permanentemente embarrada, por lo que también era bastante común el jugar a "pastá fang". (Jugar con el barro)
Juegos de niños de pueblo... ¡Una delicia!
Esta expresión se utilizaba también entre los adultos (ves a pastar fang) como equivalencia a la de mandar a alguien a la porra o "a freir espárragos".
A pesar de todas las miserias relatadas, estoy convencido de que 50 años después los actuales habitantes, niños y mayores, no son más felices por mucho que las cosas hayan mejorado. Los niños porque carecen de maldad en cualquier circunstancia y los mayores porque cuanta más pobreza hay, más amor y menos egoísmos.

RAFAEL FABREGAT