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4 de septiembre de 2012

0785- RONALDO, UN POBRE NIÑO RICO.

REEDICIÓN.
Tener facultades futbolísticas no es suficiente. En cualquier oficio y a la edad de ese energúmeno, lo primero es ser un hombre hecho y derecho y no un adolescente malcriado. 
Comportarse como tal dice muy poco de la persona y del profesional que pasa a ser veleta de campanario que gira según de donde venga el viento (o el dinero) en ese instante. 
Nada de esto es nuevo, puesto que son demasiadas las veces en que se ha constatado ese carácter de "Adonis alelado" a quien solo le interesa la gloria personal, que solo se siente a gusto cuando es el centro de atención. 
Porque las cosas, a según qué edad, son blancas o negras. Lo celos que en un niño de 5/6 años despiertan simpatía y ternura, en uno de 15 se llama "edad del pavo" o memez de adolescentes. 
Cuando el mismo comportamiento se produce rozando los 30 años creo que es para hacérselo mirar puesto que, a esa edad, de normal no tiene nada. 

Quien sea (padres, hermanos, etc.) aprovechando el dinero a espuertas que le entra cada día en su cuenta corriente y sabiendo que es un retrasado mental, le han puesto toda una catarfa de asesores que (a cambio de un sustancioso sueldo o unas nada despreciables comisiones) le lamen el culo y velan por sus intereses. Menos mal ya que, dejándolo a su suerte, ya se lo habría gastado todo en chucherías. (Piruletas, gominolas, chicles y cromos de Spiderman). No quiero yo decir que el chico esté tan ido como para llamarle un subnormal (deficiencia mental patológica) pero no me negará nadie que las memeces que hace este elemento no son propias de un "hombre hecho y derecho". En cuanto al bombón de novia que tiene (Irina Shayk) como es lógico, o busca su dinero o es que está como él. De la cabeza claro, porque de curvas... ¡tiene muchas más!. Doble catarfa pues de asesores, para poder atender las necesidades de ambas fortunas, pues parece ser que la modelo también gana su pasta. Si tienes dinero no pasa nada, así funciona el mundo.

El pasado sábado, mientras en la sala de prensa Butragueño presentaba a Michael Essien como nuevo fichaje, Ronaldo se reunía con el presidente para decirle que "está triste". Los celos le corroen, no se siente querido... Algunos ya han diagnosticado su enfermedad, se llama "Messinitis bobalicona". ¡Será imbécil el niñato este!. Un tío con unos huevos como melones, allí lloriqueando como mariquita come-pulgones... Yo, es que no me lo puedo creer. ¡Uno de los mejores futbolistas del momento, con cuarenta sacos de billetes en el banco y una novia que se comería a un batallón vivo sin eructar... allí lloriqueando como Mafalda en día de Reyes sin regalo!. Vamos es que... ¡Esto lo cuentas en Corea del Norte y no se lo cree ni Kim Jong-un!. 
- Pero... ¿cual es el problema? -pregunta Florentino que no sabe como se lidia el toro de la imbecilidad aguda y persistente. En toda la historia de club tan emblemático jamás se había planteado un problema de tan difícil resolución... Pero no hay respuesta del niñato.

Difícilmente puede tener arreglo lo que no está roto pero, ante tanta "tristeza", Ronaldo apenas puede arrastrar las piernas. Es bien conocida la frase de que "El que con niños se acuesta, cagado se levanta". Pues eso es lo que hay. Parece ser que en casa de Ronaldo al dinero le llaman "cariño" y el presidente, que no habla su idioma, no se entera. Florentino, que es un hombre de negocios hecho y derecho, no entiende ese idioma de botarate que emplea el jugador y dice que si quiere más dinero que lo pida. Eso de que "está triste" -piensa Florentino- puede ser una estrategia económica totalmente desconocida y ¡es que cada día se aprende algo nuevo!. Vayan tomando nota los lectores. Cuando se quiera un aumento de sueldo, hay que decir que estás triste. Los energúmenos así lo aconsejan. El cariño se demuestra, según Ronaldo, renovando los emolumentos que figuran en el contrato. ¡Y sin tener que pedirlo!, que esa es la tristeza del jugador. Para conseguir el aumento, ¡ha tenido que ponerse triste!. ¡Desagradecidos -piensa él- que son todos unos desagradecidos...!

El jugador marcha de la reunión y el presidente no se ha enterado de nada, o hace como si no lo hubiera hecho, que esa es otra. Al día siguiente Ronaldo marca dos goles, pero no los celebra. (Está triste). Tras el partido busca a la prensa para comunicarles su tristeza. Después de un 3-0  todo son caras serias.  Mourinho que no conoce el problema no sale de su asombro. ¿Qué pasa?. Gana 11 millones de euros anuales NETOS... 
- ¿Qué quiere? -se preguntan todos.
Pues es muy simple. Quiere más dinero y ser el rey, el punto de mira (único) de todas las miradas, de todos los comentarios, de todos los premios, de todos los agasajos, títulos y prebendas. En una persona con tanto dinero, el vil metal es importante pero no lo es todo. El elemento en cuestión (que lo tiene todo) no es feliz porque, para su ego, tenerlo todo aún no es suficiente. Para serlo, todos los demás no deberían de existir. Según su criterio de memez elevada al cubo, solo una estrella tendría que haber en el cielo y (naturalmente) ser él. Esta gente acostumbrada a tenerlo todo desde tan temprano algunas veces tiene estas cosas, aunque no siempre. Afortunadamente hay estrellas que brillan sin cegar a nadie.

Teniendo contrato hasta el 2.015 el Madrid pensaba que no había prisa alguna en introducir alguna mejora al respecto, tal como han hecho con Albeloa, Ramos o Albiol y eso a la "figura" le ha molestado. Además de ganar más que nadie, Ronaldo también quiere ser mejor tratado que los demás. Para él, el Madrid no es un conjunto, sino "su" club y si no es así no le interesa seguir. O soy el amo del corral o me marcho a otro gallinero. Esa es su percepción de las cosas, la de "niñato repelente". Sin embargo todos sabemos que todos los males se curan con dinero y Florentino tendrá que sacarse la chequera para "curar" la tristeza del portugués. 
Aunque asegure que el dinero no lo es todo para él, un contrato de 18 millones anuales y una prolongación hasta el 2018 es posible que cure su "fiebre de amor" (de momento). Aún así, si el jugador no ve la idolatría que pretende, puede dejar de hacer goles y dejar al club en la estacada. Dinero si, pero que no dejen de lamerle los bajos... Así como en el Barcelona todos felicitan a los homenajeados (Messi, Iniesta, etc.) Ronaldo lo quiere todo para él y eso ni el Madrid ni ningún otro equipo puede hacerlo, pues todos los jugadores son importantes...

RAFAEL FABREGAT

1 de junio de 2012

0700- LA HOMOSEXUALIDAD, ALGO NATURAL.

REEDICIÓN. 
Ni pecado ni enfermedad, solo anormalidad. Nunca me ha parecido que un homosexual, sea hombre o mujer, sea una persona enferma y mucho menos aún alguien a quien se pueda tratar farmacológica y psicológicamente con unas mínimas garantías de éxito. 
El homosexual nace y se hace ya que, según las enseñanzas y libertades que haya tenido en su niñez, serán más o menos las posibilidades de desarrollar esa tendencia inicial con la que haya nacido. La permisividad que políticamente se disfrute también propiciará que exteriorice o no su instinto natural que, en este caso, es la atracción por personas de su mismo sexo.
Se trata pues de una peculiaridad, fallo de la naturaleza si quieren, que ha existido siempre, pero no de un trastorno que altere para nada la felicidad o desgracia de quien lo tenga, ni que tenga el por qué afectar a la gente de su entorno, si no fuera porque la sociedad mira esta anomalía con burla y demasiadas veces como un vicio que debe atajarse. 
Afortunadamente la sociedad ha cambiado mucho en los últimos años y buena parte de esa gente ha decidido "salir del armario" proclamando a los cuatro vientos cuales son sus instintos, cosa que, hasta hace bien poco, no podía decirse. 

El homosexual tiene los mismos derechos que cualquier ciudadano y también las mismas obligaciones, sin embargo son muchos todavía quienes sonríen cuando ven a una pareja de novios dándose unos "picos" por la calle y sin embargo miran con asco a quienes hagan lo mismo siendo homosexuales y muy especialmente cuando se trata de varones. Todo depende de las circunstancias. Las libertades sexuales pueden ir a más o cortarse y reprimirse como antes lo estuvieron. 
Pocas veces es la sociedad la que reprime o concede las libertades. 
Son las religiones y las políticas las que gobiernan el mundo y son ellas las que dan o quitan esa libertad como forma de demostrar su poder. Supuso un gran avance que en el año 1.973 la comunidad científica internacional dejara de considerar la homosexualidad como una enfermedad pero, en determinados países siguieron reprimiéndoles. El ser humano es demasiado complejo para que pueda cortarse con un mismo patrón y la homosexualidad es una más de esas complejidades que lo hacen distinto del resto de los animales. 

La cultura también ha ayudado mucho a la comprensión de este fenómeno por parte del humano llamado "normal" y están quedando aparcados los prejuicios que había al respecto, muy especialmente los religiosos. 
La propia iglesia niega la existencia de homosexuales, a la vez que reconoce prácticas de conducta homosexual como desviaciones de la conducta de ciertas personas, incluso dentro de la propia Iglesia. 
La homosexualidad no es pues hereditaria sino que, más bien al contrario, difícilmente se podrá encontrar esta conducta en hijos con padre o madre de esta tendencia. 
Cuando esta anormalidad no es de carácter físico, está claro que solo desde el punto de vista psicológico se puede buscar motivo por el cual una persona se vea atraída por el mismo sexo. 
Hay que considerar sin embargo que este no es el comportamiento natural de la especies para perpetuar la vida en el planeta, tal y como la conocemos. 
La procreación humana ha exigido hasta ahora el emparejamiento entre macho y hembra y solo con ese atractivo entre los diferentes sexos han podido proliferar las especies hasta abarrotar el planeta. 
Nos guste o no, la homosexualidad es algo anormal y prohibitivo a la hora de buscar la supervivencia de nuestra especie, ya que solo entre macho y hembra es posible el nacimiento de nuevas criaturas.

Es cierto que ante las presiones políticas y religiosas que ha habido hasta hace bien poco, eran muchos quienes escondían su tendencia natural y se unían a una pareja del sexo contrario, por dar satisfacción a la familia y a la sociedad. 
Sin embargo esas presiones apenas existen en la actualidad y cada día son más los que pregonan sus preferencias sexuales sin avergonzarse de ello. Desde luego no hay el por qué. 
En este mundo hay gente de todos los colores y de todos los gustos. Por lo tanto puede considerarse natural que, en mayor o menor proporción, también en el aspecto sexual haya diferencias. 
Lo extraño sería justamente que no las hubiera. 
Los neurocientíficos han estudiado el tema en profundidad y han llegado a la conclusión que el homosexual no es un enfermo, pero si que tiene anormalidades neurológicas que son en cierto modo corregibles a una edad temprana. Así pues, aparte de los factores naturales que puedan predisponer a que se desarrolle una tendencia homosexual, durante los primeros años de vida existen cambios hormonales y enseñanzas que pueden condicionar el carácter sexual del individuo adulto. 


De hecho se piensa que solo un 10% de las personas son totalmente heterosexuales ya que en general, aunque se prefiera a uno u otro sexo, la mayor parte son tendentes a la bisexualidad, un hecho que no está mal visto en la mujer pero que no se acepta en el hombre. 
Dos mujeres que se encuentren por la calle pueden abrazarse y besarse sin llamar la atención, pero este mismo proceder no está bien visto en el caso de que se trate de dos hombres. Se darán la mano o, como mucho, podrán abrazarse pero jamás se darán un beso por mucho que el cuerpo se lo pida y mucho menos mirarse a los ojos. Es también una forma de educación que se nos ha dado. Las estadísticas nos dejan perplejos al indicar los altos porcentajes de personas que dentro del anonimato se definen como bisexuales; un porcentaje que según estudios recientes se estima alrededor del 35%.(!)  
Este estudio reafirma opiniones de expertos que determinan el alto porcentaje de personas que nacen con predisposición indefinida y que pueden inclinarse en uno u otro sentido, en base a la educación que reciban en sus primeros años de vida. 
En fin, la homosexualidad no es nada nuevo. Ya en tiempos remotos estaba presente en todos los estratos de la sociedad.
Actualmente los niños ya no juegan como antes en la calle, pero antiguamente los juegos dependían y mucho de la película que echaran el domingo en el cine.

Indefectiblemente los lunes se jugaba a indios o a policías y cuando se podía también jugábamos con las niñas a médicos. 
La niñez es tiempo de aprendizaje natural y uno suele hacer lo que le enseñan o lo que ve que hacen los demás. 
Claro que esto solo sucede en las personas blandas y maleables, es decir, en ese 35% sin personalidad definida. 
Después solo los castigos y las persecuciones han frenado la tendencia, escondiendo la realidad que circulaba por las venas de los afectados. 
Torturas y hasta la pena capital se sigue aplicando en determinados países por el único pecado de ser fieles a los sentimientos de su propio cuerpo. 
Han sido muchos los quemados en la hoguera de la homosexualidad y aunque en el mundo civilizado de hoy todos somos más permisivos, lo cierto es que el matrimonio homosexual solo se permite en una docena de países, de los más de doscientos existentes en el mundo. Queramos o no es algo contrario al orden natural y, aunque la mayoría estamos a favor de la libertad, no podemos negar que esta forma de comportamientos es contraria a la salvaguarda de nuestra especie, primera norma de vida en el planeta. Somos muchos los que estamos a favor del amor, venga de donde venga, como también estamos a favor de las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Sin embargo también somos muchos los que no hubiéramos llamado matrimonio a estas uniones, puesto que históricamente la palabra matrimonio siempre ha definido la unión entre hombres y mujeres. Ya que se trata de una cosa diferente, tendría que haber sido llamado de diferente forma aunque, por supuesto, manteniendo los mismos derechos del matrimonio convencional. 


En cuanto a lo de tener o adoptar niños... ¡Ahí me habéis pillado!. Me parece tan antinatural que dos hombres o dos mujeres tengan un hijo como que lo adopten, por lo tanto no sé qué pensar y no quiero negar ni otorgar. Ese hijo no ha sido preguntado. Lo siento, pero vais demasiado deprisa. Tened en cuenta que la educación recibida por la ciudadanía no fue justamente la más adecuada para entender según qué cosas y también vosotros habéis de comprender a quien no os comprende. Todos necesitamos tiempo... 

RAFAEL FABREGAT

22 de julio de 2010

0119- CABANES Y LOS JUEGOS DE LA NIÑEZ.

Estamos en el pueblo de Cabanes, como bien podríamos estar en cualquier otro lugar. El único dato importante es que, dos años arriba o abajo, corre el año 1.960 y hablamos de niños de entre diez o doce años. Una edad difícil para la época puesto que nadie te escucha, no pintas nada en la casa, donde una sola mirada de tu padre es suficiente para paralizarte. Tampoco en la escuela tienes derecho alguno, puesto que los que tienen uno o dos años más que tú son los que manejan el cotarro. También los maestros te dan alguna que otra colleja, algunos con el puño cerrado y con el anillo situado en el nudillo del dedo para hacerte el mayor daño posible sin sufrir ellos molestia alguna. Otros con una delgada caña, que mantiene en la punta parte de su raíz, o con la regla, previamente unidos tus dedos a modo de cucurucho. ¡Dios mío, que herejías!.

En Cabanes los líderes principales, en cuestión de "armamento", eran Amador y Pepe el de Venancio, repetidores de 3 o 4 años más que nosotros, siempre portadores de las espadas más grandes y las hondas (fones) más potentes, confeccionadas con gomas de cámara de tractor, entonces escasísimas. 
Las expediciones al campo de batalla (Molinet del Vent) eran dirigidas por ellos y como lugartenientes Paquito el de Facundo y Vicente el de Pepita, también uno o dos años mayores. 
El resto (la tropa) pintábamos poco y debíamos limitarnos a obedecer las órdenes recibidas.
Se luchaba con todas las armas a nuestro alcance: grandes cañas a modo de lanzas, espadas de madera de exquisita confección realizada por los carpinteros locales. 
En juegos más modernistas cabían las pistolas y fusiles de madera con gomas de cámara de coche y anclaje de cortina para asegurar la piedra a lanzar y el gatillo de duro alambre de tender la ropa. El armamento siempre guardaba relación con el tipo de batalla, por lo que si era de indios el armamento eran flechas y lanzas, pero el bando de los americanos podía usar las armas "de fuego". También ondas de todo tamaño y potencia, o bien a pedradas directas cuando la guerra era de tiempos prehistóricos. De todas formas, cuando fallaba el "sofisticado" armamento todo valía. Un verdadero peligro...

Los prisioneros, aún tratándose de un juego ejecutado por pandillas locales contra las que no había la más mínima animadversión, nunca eran tratados con benevolencia.
Unos eran azotados con cordeles de esparto crudo (trenilla) y otros atados al tronco de los árboles y, aprovechando que era costumbre el ir entonces con pantalón corto, restregadas por sus piernas ortigas que allí crecían con profusión.
Tras el martirio, los prisioneros quedaban atados en los árboles mientras el "ejército" atacaba la cota más alta del cerro del Molinet del Vent, descendiendo después por la parte contraria en el paraje llamado "El Campet". Fueron varias las ocasiones en que, por este motivo, se olvidó a los prisioneros y después de estar ya todos los chavales en casa y llegada la hora de cenar, algunos padres tuvieron que ir ya de noche a "rescatarles", desatando a sus ya desesperados hijos de los árboles en cuestión. 


Bestialidades que entonces constituían la distracción juvenil.
Si la película del domingo era "del Oeste" y por consiguiente con indios, la semana siguiente y algunas otras más las armas eran arcos realizados con potentes rebrotes de árboles cortados y alambre de paca (bala) de paja; las flechas delgadas cañas con un alambre enrollado en la punta para mayor precisión del disparo y golpe más duro en el enemigo; también lanzas de caña gruesa que en más de una ocasión dio en la cara de algún enemigo, con la milagrosa coincidencia de no sacarle nunca un ojo a nadie.
Otras veces, entonces de moda las películas "de romanos"
(BEN-HUR, QUOVADIS, etc.), la semana empezaba en los recreos escolares con toda la parafernalia romana y hasta con cuádrigas en las que los "Aurigas" o conductores siempre eran los mismos (Amador, Pepe, Paquito y Vicente) y los "caballos" (un largo cordel atado por las puntas y pasado por debajo de los brazos y por detrás de la cabeza) todos los demás.

Es cierto que también se jugaba a otros juegos más recreativos y menos violentos pero, la mayoría de las veces, ir a la escuela daba miedo y a la salida, en los juegos de la tarde,... ¡mucho más!.
Cuando los ánimos estaban más calmados, porque de todo se cansa uno, jugábamos a la trompa, el guá, a las chapas, al buli y dali o als cartonets, pero tampoco en esta clase de juegos podíamos escapar los débiles de los abusos de los mayores. La trompa más grande tenía que ser siempre la suya y el bastón para jugar al buli el más potente; en cuanto al juego dels cartonets (cara anterior y posterior de las cajitas de cerillas) cuando por una mala racha se les acababan a alguno de ellos, siempre sacaban la excusa de que determinado tipo de los que a ellos les quedaban,valían por cinco, o más. 

Como en todas las cosas de la vida, los que permitíamos su jefatura no es que estuviéramos tontos, sino que preferíamos quedar a la sombra y al margen de los inconvenientes que mandar siempre representa. Así eran los juegos y las cosas de entonces y, aunque totalmente diferentes, en las distracciones de ahora también sigue habiendo roles a los que algunos aspiran y de los que otros pasan olímpicamente por simple comodidad.

RAFAEL FABREGAT

3 de marzo de 2010

0046- TRAVESURAS DE NIÑO POBRE.

El primer cigarrillo.
Sucedería allá por el 1.958-59, teniendo yo por tanto unos 9-10 años de edad. Estaba con un compañero de juegos (Enrique el del Raconet) y seguramente no teníamos otra cosa mejor que hacer.
Pasábamos el tiempo explorando las cercanías del Ravatxol, intentando seguramente cazar alguna rana en los charcos putrefactos, que entonces eran habituales, cuando descubrimos que la pequeña "pallisa de Sixto" estaba con el techo hundido y la puerta abierta. Nos acercamos cual exploradores aguerridos saltando la alta pared que allí tenía la riera y nos acercamos temerosos de que el dueño pudiera estar por las cercanías de la pequeña construcción, plantando quizás alguna verdura en el bancal anexo. No había nadie por las inmediaciones y nos acercamos a la puerta que, abierta en su totalidad, mostraba un tejado de teja artesana sobre cañizo de cañas, hundido solamente por uno de los lados.

Al parecer, las vieja vigas (cabirons) de madera se habían roto por la humedad provocada por alguna gotera no arreglada y el tejado había caído al suelo parcialmente, formando una especie de túnel que a nosotros se nos antojó una cabaña en la que acudir a jugar un día si y otro también. Bajo el techo semi caído y con un verdadero peligro que no intuimos jamás, había restos de paja que acomodamos en el improvisado habitáculo y que nos daba una cierta comodidad. Una semana después la vieja y ruinosa caseta era ya nuestro cuartel general. Cierto día, aprovechando que mi padre siempre tenía tabaco en rama en el desván y los libritos de papel de fumar sobre la chimenea de la cocina, hice acopio de material y lo trasladé al lugar de juegos.

Sin idea del asunto y con un resultado de pena, el llamado Enrique y yo nos liamos un cigarrillo cada uno y lo encendimos con unas cerillas simulando ser hombres hechos y derechos en un juego que duró poco tiempo.
Bromeando Enrique encendió la paja que teníamos alrededor y yo hice lo propio en el encañizado que aguantaba las tejas del maltrecho tejado. Posiblemente era un caluroso día de verano y todos aquellos materiales viejos y resecos por el calor, prendieron como si de pólvora se tratase. Asustados intentamos apagar el pequeño fuego que a modo de broma habíamos encendido, pero cuanto más lo golpeábamos más fuerza y extensión alcanzaban las llamas. Salimos... A duras penas salimos de la pequeña caseta donde pudimos perecer abrasados. Indemnes pero asustados, vimos como en cuestión de segundos las llamas sobresalían varios metros por encima de las breves paredes.

Corrimos asustados como perseguidos por el propio diablo, cada cual hacia su casa y sin pararnos a comentar nada sobre lo sucedido.
Naturalmente, en previsión de un posible castigo, no dije en casa nada de lo que había ocurrido pensando también que se trataba de una caseta derruida y que la cosa tampoco tenía gran importancia.
Al día siguiente en la escuela hablamos sobre lo que pasó y tampoco Enrique había dicho nada a sus padres, por lo que decidimos olvidar el tema y lógicamente no volver más por allí. Pero el olvido fue por poco rato...
Alertados por algún vecino que vería las llamas y nuestra salida de la caseta en desbandada, cuando llegamos a casa al mediodía a la salida de la escuela, nuestros padres ya nos estaban esperando correa en mano que afortunadamente no llegaron a emplear. Se montó el oportuno interrogatorio, improperios y amenazas de todo tipo y algún que otro tirón de orejas... Nos obligaron a ir a la casa del dueño de la caseta a pedir perdón, pero nada más.

Inventores sin medios.
Por aquellos tiempos y con una cierta frecuencia venía a Cabanes un tal Arturo, sobrino de la "tía Martina" y "Agustí Andreu", cuñados de la "tía Elvira la
espardenyera". Agustí era guardia de campo y el matrimonio vivía en el número dos del carrer Nou, junto a la placeta de Sitjar, en la casa que actualmente ocupan María Jesús (Chus) y su marido Quique.
Tantas eran las veces que Arturo venía a nuestro pueblo que incluso iba con nosotros a la escuela, por lo que a menudo solíamos jugar juntos. Él era un par de años mayor que yo y además de tener conocimientos superiores a los míos por la edad, le gustaban las aventuras un poco estrafalarias o al menos a mí eso me parecía, lo cual resultaba atractivo.
Cierto día me dijo querer hacer un cohete que llegara al cielo y me preguntó si tenía dinero para comprar los ingredientes necesarios para fabricarlo. Naturalmente yo no tenía una sola peseta y para asociarme a su aventura brindé la posibilidad de vaciar unos cartuchos que había descubierto días antes en el desván de mi casa y aportar la pólvora que saliera.

Aceptó encantado y aquella misma tarde busqué los citados cartuchos, al parecer de fusil y que seguramente habría traído mi padre de la reciente guerra civil. Ignorando el peligro al que me enfrentaba, a golpe de martillo arranqué las balas de los cartuchos y vacié la pólvora que contenían en una pequeña cajita de latón que había preparado al efecto.
Afortunadamente nada pasó y al día siguiente, dentro del cauce del "Ravatxol", que era el lugar de la cita, aporté mi material. Arturo no se alegró tanto como yo creía, pues dijo que con tan pequeña cantidad nada importante podríamos hacer. Se guardó la cajita que dijo emplearíamos en mejor ocasión y me dijo que había conseguido un "duro" y que con él podríamos realizar el invento. Nos fuimos los dos a la "tenda de les Danieles" y diciendo que era para su tía Martina, Arturo compró 2 Kg. de "piedras de carburo" (4,-Ptas.) y con ellas metidas en una bolsa de papel nos encaminamos al punto de lanzamiento, dentro del cauce del Ravatxol.

Afortunadamente la escasez económica hizo que Arturo optase por distribuir el "carburo" para varios "lanzamientos", porque si llega a disponer todo el material en uno solo, posiblemente hoy no podría escribir esta entrada (por falta de manos, o de cabeza, vete a saber).
Previamente preparada una lata vacía de sardinas en aceite, de una capacidad aproximada de 2 Kg. y con un pequeño agujero en el centro que habíamos realizado con un pequeño clavo, cavamos un hoyo en el suelo de un ancho similar al del bote conseguido. Al hoyo, doble de profundo que la lata preparada, pusimos una buena cantidad de carburo dentro, añadiéndole una cierta cantidad del agua putrefacta que el río siempre llevaba, procedente de los lavaderos municipales. El carburo en contacto con el agua empezó rápidamente a hervir, creando el gas que tantas veces se empleaba entonces para alumbrarse en patios y corrales sin luz eléctrica. Arturo tapó rápidamente el hoyo poniendo la lata del revés y arrimando al mismo tiempo tierra alrededor para que el gas escapara solamente por el pequeño agujero realizado.

Prensó bien la tierra de alrededor de la lata a base de patadas y, gato viejo y espabilado, Arturo mandó al jovencito e inocente Rafael que prendiera una cerilla y la arrimara al pequeño agujerito del que, según él, saldría una pequeña llama cual si de un farol de carburo se tratara y entonces...
¡¡¡ BOOUM !!!
Una fuerte explosión dejó escocida mi mano para el resto de la semana. Apenas fue el roce del bote porque yo, ya miedoso con el experimento, acerqué la llama de la cerilla con precaución y la retiré de inmediato pero aún así la explosión fue más rápida que yo. Mi mano quedó amoratada y el bote... ¡no alcanzó el cielo, pero si que fue a parar a más de cien metros!
Con la mano envuelta con mi pañuelo de bolsillo, el susto no impidió que consumiéramos el resto de carburo en nuevas explosiones, pero los experimentos posteriores ya fueron encendidos por Arturo, lanzando éste la cerilla al agujerito desde una mínima distancia de seguridad, en lugar de acercarla con la mano.

No escarmentado con la experiencia anterior y con tan solo la peseta sobrante de la compra de carburo en el bolsillo, Arturo tenía una nueva sorpresa con la que deleitar a su amigo Rafael. Dijo ser capaz de fabricar pólvora en el caso de que yo le proporcionara una cierta cantidad de azúcar, que vino a ser alrededor de 100 gramos. Menos mal que esa cantidad era suficiente pues en mi casa, como en la mayoría, el azúcar (y todo lo demás) estaba escaso en aquellos tiempos. Nos fuimos a mi casa, en el número siete de la calle de las Eras (muy cercana al Ravatxol y en un momento de despiste de mi madrastra cogí un buen puñado de azúcar de un paquetito que guardaba en la vieja alacena. Arturo dijo ser suficiente y ambos nos dirigimos a la farmacia de Don Pedro, en la calle San Vicente.

Perfectamente conocedor de lo que hacía, pues habrían sido muchas las veces anteriores en las que había realizado el experimento que ya no era tal, Arturo pidió a Don Pedro una cajita de pastillas de Clorato Potásico para tratar unas llaguitas "que le habían salido a su tío Agustí, en la boca". Don Pedro no tenía el por qué dudar de su palabra pues efectivamente ese era el medicamento para dicha problemática y ese era también el ingrediente que nos faltaba. Preguntó el precio que resultó ser de 0,90 Ptas. ¡Maravilloso, aún nos sobraban 10 cts.! Cogimos la cajita de pastillas y nos encaminamos hacia el Ravatxol.Machacamos sobre una piedra grande y lisa la totalidad de las pastillas que contenía la cajita y mezclamos el polvo resultante con los aproximadamente 100 gramos de azúcar que yo había aportado. El resultado fue un combustible similar a la pólvora. De hecho, con unos canutos de caña, un trozo de mecha de voladura que también encontré en el desván de mi casa, papel de envolver y un trozo de cuerda fina, fabricamos petardos y hasta cohetes voladores. El tal Arturo, con domicilio paterno en Borriol, sabía mucho... ¡Quizás demasiado!.

Jugar a médicos, algo habitual.
Como es natural, el lector habrá pensado que voy a referirme a lo que tradicionalmente se llama jugar a médicos con chicas... Ójala se tratara de eso, pero no, no... Yo era entonces muy amigo de Pepe "el de Bolos" con el que jugaba día sí y otro también hasta el punto de que cuando no estaba yo en su casa, estaba él en la mía. Como mi padre tenía el taller de escobas junto a la carretera de Zaragoza, en la Bodega de les Camiles, costumbrábamos a jugar en la Bassa Nova, adyacente a los bancales de la familia Dotres y esquina al camino que desde "el Peiró" de la calle San Mateo, inicia el recorrido hacia Benlloch. Entonces llovía más que ahora y aunque todos los animales que venían de aquella parte del término municipal abrevaban en ella, dicha "Bassa" siempre tenía una cierta cantidad de agua y por lo tanto la materia prima que nosotros necesitábamos: ¡Ranas!.

Esa era la materia prima, las ranas con las que Pepe, también mayor que yo, ponía en práctica disecciones propias del más experimentado médico forense.
Los desgraciados animalitos no hablaban ni gritaban pero yo, más mojigato, era incapaz de realizar las instrucciones que el maestro me enseñaba. Pepe, el "maestro", se enfadó conmigo y me quedé sin amigo durante casi una semana, tachándome de cobarde y gallina. Claro que unos días después el amigo volvió, pues "le faltaba un hervor" y tampoco todos querían jugar con él. Jugamos a "pastà fang" con el barro que permanentemente había en el borde del agua. Jugábamos al "Santa lluna fa forat" y también hacíamos coches, camiones y toda clase de cosas de barro. Volvimos a ser amigos y todo volvió a ser como antes. Pero sin ranas, eso sí... ¡Sin ranas!.

RAFAEL FABREGAT