9 de abril de 2014

1326- UN MINA SIN DIAMANTES.

Son muchos los lugares de África con diamantes en el subsuelo, pero todo cambia y todo tiene un final. En este post viajamos a Namibia y concretamente al pueblo abandonado de Kolmanskop, en la región de Namib, poblado minero construido por los alemanes en 1908 para dar cobijo a los buscadores de diamantes que trabajaban en esta desértica región africana. En un primer momento los diamantes se encontraban con cierta facilidad en la zona y era fácil hacerse rico, motivo por el cual en apenas un par de años Kolmanskop se convirtió en una importante ciudad con escuelas, hospitales, grandes casas de estilo europeo, banco y por supuesto casinos y salas de baile.


Namibia era, en aquellos momentos, colonia alemana y el yacimiento era explotado por empresarios de esta nacionalidad. A pesar de estar rodeados por el desierto, los alemanes querían sentirse como en su propio país y no escatimaron gastos. A pesar se ser un simple pueblo minero, Kolmanskop fue la primera ciudad africana en disponer de aparato de rayos X, especialmente llevado para controlar la posible ingesta de piedras preciosas por parte de los mineros asalariados. En los dos primeros años se consiguieron más de 1.000 Kg. de diamantes pero rápidamente los hallazgos descendieron notablemente hasta el punto de tener que abandonar el yacimiento.


Los alemanes abandonaron Kolmanskop y marcharon a Elizabeth Bay, a unos 30 Km. de distancia, donde los diamantes se encontraban en mayor tamaño y cantidad. Esa segunda mina estuvo abierta entre 1911 a 1948 y aunque se cerró en esa fecha, posteriormente se abrió de nuevo en 1991 con medios de extracción más modernos. Parece ser que aquella segunda etapa duró pocos años y fue cerrada de forma definitiva. De todas formas lo que nos interesa en el día de hoy es Kolmanskop. Como siempre ocurre en estos casos, ante el cierre de la mina, la mayor parte de los trabajadores marcharon a Elizabeth Bay, nuevo destino de la empresa alemana.

Otros quedaron probando suerte, intentando mantener negocios que pronto dejarían de ser rentables. En pocos meses la ciudad de Kolmanskop quedó prácticamente desierta. Las casas y negocios fueron cerrados y en pocos años el desierto fue recuperando los derechos que el hombre le había arrebatado. Algunos canales de televisión han realizado documentales sobre este pueblo fantasma, cuyos edificios emblemáticos están siendo invadidos por las arenas del desierto, ya casi enterrados en ellas. Más pronto o más tarde la naturaleza gana siempre la última batalla. Por increíble que nos parezca, algún día ocurrirá lo mismo con la totalidad del planeta que habitamos.


El tren ya no llega para transportar viajeros, ni para cargar la tierra que más tarde hay que limpiar para extraer sus tesoros. Apenas una impracticable pista de tierra que no sabemos hasta cuando permitirá la llegada de curiosos. 


Ya no hay comicos ni cantantes en un teatro que bajó el telón y cerró sus puertas muchos años atrás. Quedaron vacías de niños las escuelas, cerraron bares y tabernas y las fichas de los casinos perdieron todo su valor. La electricidad ya no llega al pueblo, ni tampoco las carreteras antes repletas de vehículos y trabajadores. Poco a poco la arena cubrió las calles e inundó aquellos negocios antes brillantes y lujosos. Acabaron las fiestas y los bailes y todo quedó en el triste silencio del abandono. Las escaleras ya no llevan a parte alguna. Kolmanskop es historia, agua pasada que ya no mueve molino...

RAFAEL FABREGAT


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