12 de octubre de 2019

2883- SAN BENITO DE ALCÁNTARA.

Decir, en primer lugar, que estamos en la localidad de Alcántara, provincia de Cáceres. ¿Monasterio, convento, castillo...? Todo en uno, e incluso teatro...
Desde lejos su apariencia quiere engañarnos, pues uno no sabe muy bien de qué tipo de construcción se trata. Vayamos a la historia...
En 1176 se fundó la Orden de San Julián de Pereiro, en lo que entonces eran tierras portuguesas y en 1218 ya pasó a denominarse Orden Militar de Alcántara. La orden tuvo un papel relevante durante la Reconquista y con ella alcanzó una envidiable posición económica y militar. A principios del siglo XVI y bajo el reinado de los Reyes Católicos, se le concede un real Privilegio para la construcción del edificio que podemos ver actualmente. Las obras duran 69 años y los diferentes arquitectos imprimen pinceladas de estilos gótico, plateresco y renacentista. 

Su enorme estructura se divide en tres pisos, flanqueada por dos torres cilíndricas con los escudos de Carlos V y Felipe II impresos en ellas.
Los monjes soldados de la Orden de Alcántara mantuvieron aquí su sede, desde el siglo XVI al XIX. Dado su carácter militar, el convento hizo las veces de fortaleza y con el tiempo sufrió no pocos ataques y el consiguiente deterioro. Durante la Guerra de la Independencia, los franceses desalojaron a los monjes del convento, lo saquearon y posteriormente lo incendiaron. De lo poco que se salvo de su biblioteca, uno de los soldados encontró el recetario del convento. Un libro en el que, a lo largo de los siglos, los frailes que por allí pasaron fueron recopilando las tradiciones gastronómicas de la comarca. El libro llegó a las manos del general francés Junot y éste se lo regaló a su esposa Laura Permón, duquesa de Abrantes.

La duquesa, siendo escritora y novelista, hizo suyas muchas de las recetas culinarias que allí se describían. 
Con la Desamortización de Mendizábal el convento fue vendido a particulares que establecieron aquí su vivienda, utilizando algunas dependencias como almacén de aperos agrícolas y corral para el ganado. La sala capitular fue convertida en almazara, donde molturar las aceitunas y extraer el preciado aceite de oliva. Todo un despropósito... El año 1960 este antiguo conjunto monacal fue adquirido por la empresa Hidroeléctrica que lo restauró y puso en valor. Se decide no obstante, dejar visible la inmensa grieta de un muro como recuerdo de los daños ocasionados por el gran terremoto de Lisboa de 1755. 

En el zaguán, que da paso a las dependencias de los monjes, se encuentra el sepulcro de Don Suero Martínez, vigésimo Maestre de la Orden y hombre de confianza del rey Pedro I de Castilla.
El claustro, de dos plantas, forma parte de la primera etapa constructiva del convento. En el pavimento, numerosas laudas sepulcrales de diferentes monjes de la Orden. Es característico el pozo que, normalmente en el centro, en este caso está adosado a la pared. Esto nos da idea del carácter militar de la Orden y de que no se trata de agua llegada de fuera, que podía ser envenenada, sino que es un pozo-aljibe que recoge todas las canalizaciones que provienen del agua de lluvia. En cada esquina del claustro un altar dedicado a una etapa de Jesús. El de la Resurrección es el único que se conserva del siglo XVI. 

La iglesia adjunta fue proyectada por los Reyes Católicos como catedral, pero nunca llegó a terminarse. Está dedicada a la Inmaculada Concepción y la mayor parte fue construida en tiempos de Carlos V. Desacralizada por la Desamortización y utilizada posteriormente por sus nuevos propietarios, todavía permanecen en ella unas ruedas de molino de grano. Lo más representativo actualmente es la fachada conocida como Galería de Carlos V. Era la hospedería de los reyes y en ella se alojaron tanto el propio Carlos V como su hijo Felipe II. Es interesante recorrer este recinto histórico y escuchar los relatos del guía que te llevan a sentirte partícipe de todo lo que vivieron estas paredes. A primeros de Agosto esta misma fachada se convierte en un mágico escenario. Frente a ella, en lo que era la huerta conventual, un graderío acoge a los espectadores y todo el conjunto se convierte en el famoso Festival de Teatro Clásico de Alcántara. Algo digno de ver...

RAFAEL FABREGAT

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