Lo que me lleva hasta estos parajes es la iglesia románica de San Juan, también perteneciente al mismo municipio pero situada a unos 500 metros del mismo. La primera noticia escrita de esta iglesia es del año 1095, aunque se supone muy anterior y construida sobre un monasterio Benedictino, antes Templario. Lo que vemos hoy es una iglesia románica de tres naves, la central más ancha, con bóveda de cañón y ábsides redondos.
Todos los muros exteriores son sencillos, a excepción del que mira a mediodía y en el que está la portada del siglo XII.

Sin embargo, por su mayor espacio y comodidad es en la plaza de la iglesia de la Inmaculada donde la noche del 23 de Junio se celebra las fiesta más importante de Isil, siempre alrededor del fuego y dedicada a su patrón San Juan.
Hay que reconocer que la Iglesia del titular está alejada del pueblo y no tiene espacio para otra celebración que las litúrgicas y las de enterramiento de sus vecinos en el cementerio anexo. Justamente estos inconvenientes fueron los que propiciaron la construcción de una nueva iglesia para la localidad, esta vez bajo la advocación de la Inmaculada Concepción.
De todas maneras el patronazgo de Isil y la Historia de este hermoso paraje nadie podrá jamás arrebatárselo a la antiquísima Iglesia de San Juan. La fiesta de la víspera de San Juan de Isil no es otra cosa más que una verbena que gira alrededor de las denominadas "Falles de Isil". Un mes antes de la fiesta los mozos del pueblo van a la montaña a talar unos troncos de pino del largo y grosor que sean capaces de llevar en su hombro, siempre intentando que el suyo sea el más grande, aunque los hay de todos los tamaños.

Su único secreto es abrir la madera para que seque y arda bien el día de la fiesta.
A un metro de una de sus puntas se hacen unas rajas mediante cuñas de madera para que se abra el tronco y se seque su interior, a fin de que la noche de San Juan arda perfectamente y sirva de antorcha gigante, para alumbrar el camino y para prender el tronco instalado en mitad de la plaza.
A última hora de la tarde los mozos suben a la montaña y a la puesta de sol bajan al pueblo con las antorchas encendidas, como única luz que alumbre el camino de regreso.
En el centro de la plaza las autoridades locales han instalado previamente un tronco de pino gigante que, también abierto en la parte de arriba, hace de faro y tutor de la fiesta. El serpenteante camino de regreso de los mozos es de gran vistosidad porque se ven bajar las luces a lo lejos. Cuando los mozos llegan al pueblo depositan sus antorchas a los pies del tronco gigante encendido y plantado en mitad de la plaza, lo cual hace que el tronco prenda también por abajo y se convierta todo en una gran hoguera que preside la verbena que comienza después. Es la fiesta ancestral del solsticio de primavera, recuperada en 1978 en el bonito pueblo de Isil como ofrenda a su patrón San Juan.
RAFAEL FABREGAT
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