¿Sabes que hay gente que disfruta con los michelines de los demás?. Pues sí amigos. Se les llama anastimafílicos, ¡vaya palabreja! pero, para esta gente, sentir un gran peso sobre su cuerpo o acariciar las carnosidades de sus parejas les da un gran placer.
Por tanto no hay por qué esconder los michelines, sino disfrutarlos a tope. No vamos a presumir de barriga, claro, pero tampoco vamos a esconderla. Si tienes más kilos de la cuenta pero te sientes bien, no escondas los espejos, arréglate y siéntete afortunado/a.

A la hora de practicar sexo los gordos pasan de ciertas posturas por impedimento físico, por miedo a aplastar a su pareja, o simplemente por vergüenza. Dejar la luz en penumbra puede ayudar, todo menos renunciar a nada que pueda apetecer. El problema real llega cuando apenas si se puede llegar a los órganos genitales de tu pareja, pero para eso ya tenemos que hablar de tallas 60-70 o más. Sea como sea, está claro que el sobrepeso y la obesidad van en aumento y no por ello ha de renunciarse al sexo. La gente con sobrepeso ronda ya los 2.000 millones de indivíduos, de los cuales 500 millones son obesos. Pues bien, simplemente hay que acomodarse a los modos que memos problemas y más satisfacciones produzcan, nada más. Desde el ámbito de la sexología deberán darse las soluciones más adecuadas, pero lo que nunca se debe hacer es renunciar.
Lo de no ponerse ropa alegre y divertida, o lo de no ir a playas o piscinas por vergüenza a mostrar su cuerpo debe erradicarse. La persona con kilos de más no debe preocuparse por su estética, sino por su estado físico. Cuando el sexo deja de ser placentero no es por un exceso de peso, sino porque el individuo pierde su forma física. Se puede ser gordo y estar en forma. Es lo que llamamos 'fofisanos', personas con algunos kilos de más pero que caminan, corren, bailan y tienen sexo sin ningún tipo de limitaciones. En eso es en lo que tienen que prestar atención los que tienen unos kilos de sobra, en estar en forma, todo lo demás que no les preocupe. Es más importante cambiar la cabeza que el cuerpo, especialmente porque si cambia una cosa... ¡también cambia la otra!.
RAFAEL FABREGAT
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