Tras su victoria establecieron su capital en esta ciudad a la que llamaron Kabul-Shahan, construyendo murallas alrededor para protegerse de los árabes. Algunas partes de ese muro han llegado a nuestros días. Tras la conquista de Persia, el año 674, las fuerzas islámicas llegan a Afganistán y conquistan Kabul, pero aquello era solo el comienzo de siglos convulsos. Durante siglos la ciudad fue repetidamente conquistada por diferentes pueblos: Samánidas, Shaíes, Gaznávidas, Guridas, Mongoles, Timúridas, Pashtun... En 1826 el monarca afgano Muhammad Khan asume el poder pero en 1833 el país es invadido por el Imperio Británico y nombra un gobierno de títeres que impida la influencia rusa hacia oriente.

Cuatro años después (1933) Nadir Khan es asesinado, tomando posesión del trono su hijo Mohammed Zahir Shah, de tan solo 19 años de edad. Este sería el último rey de Afganistán. Tras unos años de paz y prosperidad en 1969 hay un alzamiento religioso, preludio de un Golpe de Estado que derrocaría al rey en 1973 y se establecería la República. La ciudad parece modernizarse y en 1978 un nuevo alzamiento sitúa en el poder a un gobierno socialista y se inicia la construcción de miles de viviendas con ayuda soviética. En 1979 otro golpe de estado y los atentados terroristas se suceden en Kabul. Se paralizan los servicios públicos, el agua, la luz. En 1996 la ciudad cae en poder de los talibanes que linchan al expresidente y a su hermano y establecen las leyes de la Sharia.
En 2001 los Estados Unidos invaden Afganistán y los talibanes huyen de Kabul mientras la OTAN ocupa la ciudad y buena parte del país. Gracias a la ayuda extranjera dos años después Kabul empieza a recuperarse. La demografía está muy diversificada: persas, suníes, chiítas, pashtunes, túrkicos, Aimaks, Baluchos, Pashais, sijs, hindúes... En la última década la ciudad de Kabul y el país en general está recuperándose de tantos años de guerras. Las escuelas públicas funcionan cada día mejor y acogen a la mayor parte de los niños y niñas de la ciudad. También los colegios privados y las universidades fueron renovados. Parece, por fin, que la paz y la felicidad hayan llegado a estas tierras. Ojalá sea para quedarse de forma definitiva.
RAFAEL FABREGAT
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