La robótica ya no está limitada a la industria automovilística. Hace mucho tiempo que entró también en nuestros hospitales y llegó para quedarse, gracias a su precisión y otras muchas ventajas. Lo de operar con la música puesta y la cháchara entre médicos y enfermeras sobre las noticias del día, está pasando a la historia. Todavía queda algo de aquello, claro está, pero los robots están ganando terreno. Me choca que mi urólogo me diga que no encuentra ventaja alguna entre las operaciones del robot "Da Vinci" y las que el cirujano titulado puede hacer pero, personalmente, me temo que ese médico no sabe lo que dice o tiene miedo de perder su puesto de trabajo.
Que no tengan miedo por la llegada de la robótica a los Hospitales. Siempre harán falta médicos para manejarla. Los robots son ligeros, silenciosos y mucho más precisos que la mano del hombre, eso sin contar que la mano humana no siempre llega fácilmente a todos los lugares. Por muchos robots que haya en el quirófano, es el equipo de cirujanos el que realizará la operación indirectamente a través de los mandos y monitores. Y con una visión del campo de trabajo mucho más grande, clara y precisa. Previamente a una operación, siempre habrá unas enfermeras que preparen el instrumental, como si de una operación normal se tratara y lo mismo el anestesista y el médico que hará unas incisiones al paciente.
La visión de tanto aparato puede impresionar al paciente, pero está claro y demostrado que la intervención robótica es muy superior en precisión y calidad que la realizada en la forma tradicional o de lamparoscopia. Menor sangrado, menor dolor posoperatorio y más rápida recuperación. Todo son ventajas. El problema es que, a pesar de poder realizar gran parte de los trabajos quirúrgicos con esta metodología, la Seguridad Social tiene estos aparatos en cantidad limitada y por lo tanto la mayor parte de las intervenciones se siguen realizando manualmente. La medicina moderna, mayormente privada, solo es fácil conseguirla estando asegurado. Al final resulta, como es habitual, que todo es una cuestión de dinero.
Rafael Fabregat Condill
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