A falta de juguetes, los niños del medio rural jugábamos con lo que podíamos y muchas veces causando algún estropicio. Hoy ha venido a mi memoria la abundancia de ranas y otros animales acuáticos que había en nuestra riera del Ravatxol, a extramuros de nuestro pueblo de Cabanes (Castellón). No era la escombrera del vecindario, donde cada cual pudiera tirar todo aquello que le estorbara porque, en aquellos tiempos, nadie hacía basura. Todo se aprovechaba y si algo había de incomible, se daba a gallinas y conejos, o se lanzaba al corral del mulo y todo se convertía en estiercol. El Ravatxol actual solo lleva agua cuando llueve pero entonces, sin agua corriente en las casas, las mujeres lavaban la ropa en los lavaderos públicos y el agua sobrante iba al río, exiguo caudal pero permanente, lo que los niños aprovechábamos para ir a cazar ranas. Maldades de la niñez franquista...
Ya no hay ranas en nuestra riera, pero es que tampoco las hay apenas, en lugares donde las aguas son muchas y permanentes. Espectaculares y cantarinas, las ranas saltaban por todos los continentes del planeta, aunque no se sabe qué pasará con ellas puesto que son enemigas de lo que hoy está a la orden del día, dígase radiaciones, acidez del agua, abonos y otros productos para eliminar plagas de los cultivos, etc. Al final todo acaba en el agua, en los ríos y en el mar. Para más inri las ranas tienen actualmente su mayor enemigo en un hongo letal que si Diós (o los hombres) no lo remedian, acabará con ellas. Es uno de los vertebrados más pequeños que existen y a su delicada piel les afectan todos los cambios ambientales de nuestro mundo actual. Además ellas no saben distinguir entre lo bueno y lo malo. Todo lo que pasa ante sus ojos acaba en su estómago.
Algunas ranas se limitan a liberar los huevos en el agua, pero otras los trasportan en la espalda allá donde van. Si están en el bosque, cuando nacen los renacuajos los llevan hasta las charcas más próximas y allí los liberan dejándolos a su aire ya que, desde el primer momento, ellos ya saben cazar los diminutos animales que van por el agua, como larvas de moscas, mosquitos, etc. Su desplazamiento por el agua no tiene problema puesto que nacen con la colita que les sirve para nadar. Pocos días después les salen pequeñas patitas y cuando éstas ya les sirven de apoyo les cae la cola. Las ranas eran, hasta hace bien poco, un animalito abundante y variado pero en este momento no se sabe qué pasará con ellas. Son miles las especies que hay de este pequeño batracio en todo el mundo. En las zonas tropicales, la mayoría son venenosas, como forma de defensa de sus predadores.
Sus llamativos colores nos advierten de su toxicidad, alguna de ellas mortal. Las ranas están ligadas al medio acuático, pero esto no quiere decir que tengan que estar todo el día dentro del agua. Las especies tropicales reciben casi todos los días alguna lluvia que mantiene la selva mojada y con eso les basta para encontrarse perfectamente. En la selva encuentran comida entre la variada fauna de insectos de toda clase y cuando esa humedad no les resulta suficiente se trasladan a los charcos que abundan en el terreno, o en los arroyuelos que hay por doquier. Esperamos que, al menos en estos lugares, la especie se mantenga con vida. Son miles las especies y millones los huevos que nacen cada día, por lo que esperamos que, aunque los humedales van mermando, seguirán habitando entre nosotros.
Rafael Fabregat Condill
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