Nada en este mundo está bien repartido. Tanta hambre que ha sufrido España unas décadas atrás y el abuso que hoy hacemos de todo. Claro que la palabra abuso quizás es incorrecta, puesto que quien más quien menos, ni aún queriendo puede llevarlo a cabo. Más bién tomamos alguna pastilla diaria para mantener la glucosa en sangre a raya. Quizás los que más hambre padecimos, somos los que más apetecemos llevarnos a la boca ese dulce que no podemos permitirnos. ¡Vaya desgracia la nuestra!. Primero porque no podíamos comprarlo y ahora porque nuestra salud no nos lo permite... En fin, paciencia. La verdad es que no podemos quejarnos, puesto que conocimos el hambre pero también la abundancia.
El caso es que en este momento y aún sin quererlo, abusamos de la glucosa, una epidemia mortal del siglo XXI, en esta parte del mundo. Y es que los diabéticos, que ya casi somos mayoría entre los jubilados españoles, tenemos la desgracia de que el azúcar está presente en casi todos los alimentos que comemos cada día. ¿Qué hacer?. Pues comer poco y rezar mucho, lo cual no es costumbre en la mayoría de los casos. Los "sabios", médicos o no, nos dicen que mantengamos una dieta baja en grasas, que hagamos ejercicio, que no fumemos, que no abusemos del alcohol y que vigilemos el sobrepeso... ¿Tenemos garantizado con todo eso el no padecer un infarto, una embolia o cualquier otra enfermedad?. Absolutamente no. No hay nada definitivo, si eres propenso a ello.
Al llegar a una cierta edad, casi la mitad de la población de los países industrializados acabará siendo diabético, en mayor o menor grado. El problema mayor es que, al principio la enfermedad es silenciosa, como serpiente mortal y traidora. En España nos acercamos a los diez millones de personas con esa patología y subiendo. Los expertos empiezan a valorar esto, como un problema serio. Quienes hemos tenido la suerte de no nacer con este problema (Diabetes I) nos hemos encontrado con la Diabetes II al jubilarmos y más problemas que vamos a encontrar en nuestro camino. La herencia familiar del 80% de la población jubilada es la obesidad y la hipertensión, por el sedentarismo propio de la edad. Otro problema añadido son los hábitos alimentarios. Ahora que podemos comer, ¿vamos a pasar hambre?. La solución verduras y frutas que, para más inri, también tienen azúcar.
Me río, por no llorar, cuando el médico te dice que "has de comer sano..." ¿Es sano no comer más que verduras?. Rotundamente no, porque todo lo que comemos tiene azúcar y si no lo tiene, en eso se convierten los alimentos tras la digestión. Desgraciado es quien tenga la enfermedad. Pobrecito el Páncreas, tan pequeño y tan importante. Cuando se habla de órganos vitales casi nadie lo nombra, a pesar de su importancia. La mayoría de los alimentos que comemos a diario contiene glucosa y es el páncreas quien regula su absorción, dado que el azúcar está presente en todos ellos. ¿Y qué ejercicio tiene ganas de hacer un jubilado rondando los 80 años y con achaques?. El 95% pocos o ninguno. Un corto paseo y pare usted de contar. Cuando nos llegue la hora... ¡nos iremos y se acabó el problema!.
No hay comentarios:
Publicar un comentario