24 de mayo de 2013

1018- LA BASÍLICA DE SAN SIMEON.

A fin de situarnos de inmediato, hay que decir que esta Basílica construida en honor de San Simeón está situada a unos 60 Km. de Aleppo (Siria), aunque vamos primero a situar en la Historia al personaje. Los datos de la vida del santo anacoreta y estilita fueron transmitidos por Teodoreto de Ciro, escriba y teólogo contemporáneo de Simeón que documentó la vida del santo. 


Simeón nació el año 390 en Sisan, cerca de Tarso, en la Siria actual. Todavía un niño su padre le mandaba a pastar las ovejas y ese fue su cometido hasta que un día, en una de esas tediosas jornadas y pastando las ovejas frente a la puerta de la pequeña ermita del lugar, escuchó al orador predicar las bienaventuranzas. Le gustaron aquellas palabras que hablaban de austeridad y amor al prójimo y decidió poner su vida al servicio de aquellos ideales. A los 15 años ingresó en un monasterio y en cierta ocasión, durante la Cuaresma, decidió imitar a Jesús ayunando durante 40 días. Respetuoso consultó con el más anciano de los monjes su inquietud y convencido de que podría resistir puso en práctica el ayuno. La tradición cuenta que los primeros 14 días los pasó rezando de pie, los 14 siguientes sentado y los restantes ya acostado a causa de la debilidad. 


El domingo de Resurrección fue encontrado por en abad en el suelo, desmayado, con los panes y el agua que le habían llevado sin tocar. Al reanimarlo, el abad descubrió que el joven Simeón llevaba una especie de silicio rudimentario incrustado en su cintura. Tras su reanimación y adecuadamente alimentado el abad, que no era partidario de tales mortificaciones, le invitó a abandonar el monasterio. Simeón marchó a una cueva del desierto con la firme convicción de pasar en ella el resto de su vida. Siendo ya un personaje conocido, eran muchos los peregrinos que acudían a la cueva pidiendo su bendición y consejo. Sintiendo la tentación de volver a la vida mundana ordenó que le encadenaran pero posteriormente, en prueba de humildad, ordenó se retirase la cadena. 

Demasiadas eran las visitas y agasajos que recibía de sus visitantes y decidió que esa no era la vida de retiro y oración que quería para sí por lo que, incapaz de escapar horizontalmente de las relaciones mundanas, decidió hacerlo verticalmente. Con 32 años de edad Simeón se encaramó a una columna de tres metros pero no consiguió su objetivo y se trasladó a otra de siete metros. Tampoco ahí podría conseguir la paz que buscaba pues la gente trataba de subirse a ella en busca de su contacto. Simeón hizo construir otra más, la definitiva, que tenía una altura de 17 metros, con una pequeña balustrada al final para no caerse. Su peculiar forma de vida impresionó a sus contemporáneos que acudían dos veces al día a oír sus predicamentos. El excéntrico Simeón no permitía a mujer alguna acercarse al pilar, ni siquiera a su propia madre. Aunque cada día se sumaban nuevos seguidores, no faltó quien le insultó por considerar que se trataba de un capricho excéntrico y no una búsqueda de la santidad. 


Sin protección alguna del sol, la lluvia y el viento, con solo una comida semanal, aguantó el anacoreta los 37 años siguientes hasta que un buen día del año 459 murió mientras rezaba. Su muerte causó disputa entre Antioquía y Constantinopla por sus reliquias. Finalmente su cuerpo quedó en Antioquía, donde se construyó un gran edificio en su honor compuesto por cuatro basílicas en torno a un patio que albergaba la columna en la que pasó más de la mitad de su vida. Las ruinas de esta colosal construcción, que rivalizaba en superficie con la Santa Sofía de Constantinopla y conocida como "Qal at Siman" (Mansión de Simeón) han perdurado en el tiempo y todavía se pueden visitar. Durante los siglos siguientes el ejemplo de Simeón hizo proliferar los estilita por todo el Imperio Bizantino, pero sin éxito en occidente. Tras unos siglos de inactividad el estilitismo volvió a cobrar fuerza en el siglo XI y determinadas comarcas se vanagloriaban de tenerlos en su territorio.


De aquella columna de San Simeón solo queda su base, una piedra cuadrangular que marca el inicio de la columna y sobre la que se ha situado una gran piedra redonda indicativa. Los peregrinos de dos milenios se llevaron a pedazos la columna original en recuerdo del santo anacoreta. En el periodo de resurgimiento de las enseñanzas de Simeón en los siglos X y XI, esta práctica ya no era privativa para las mujeres y éstas se apuntaron al carro de la fe, subidas como los hombres en lo alto de una columna pero sin las privaciones del Santo. Con casetas en lo alto y plataformas semejantes a un nido, en las que tenían cubiertas todas su necesidades por ayudantes que vivían en las inmediaciones y que les controlaban el flujo de los peregrinos y hasta los donativos recibidos. El último caso de estilita al uso se dio el año 1.416 en Rusia. Actualmente, en pleno siglo XXI, existe una prueba de resistencia (Polesitting) que consiste justamente en aguantar el máximo tiempo posible sobre una plataforma de 25 por 16 pulgadas situada a 2,5 metros de altura. El récord actual lo ostenta un polaco (Daniel Baranjud) con 196 días. 

RAFAEL FABREGAT



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