Ante la falta de medios y de cultura todos se unían para salir del pozo del infortunio.
Actualmente la guerra y el hambre se produce justamente por el efecto contrario. Se sabe y se ambiciona demasiado. No se trabaja por el sustento, sino por acaparar la máxima riqueza, en detrimento de los demás.
Las selvas, hasta hace bien poco escudos válidos ante la modernidad están cayendo cual fruta madura.
Ya no es necesario abrir pozos y pasar penurias, arriesgando la propia vida, para saber si en determinada zona selvática hay o no hay riquezas bajo el subsuelo. Volando a cientos de kilómetros de altura los satélites detectan esas riquezas que hablan de oro, plata, cobre o hidrocarburos, cuando no de maderas nobles de gran calidad y marcan coordenadas en el GPS.
Localizada la zona con exactitud en pocos días decenas de máquinas se abren camino hacia el lugar, cortando árboles, cruzando ríos y derribando no ya las montañas, sino incluso los poblados y las gentes que encuentran en su recorrido.
Localizada la zona con exactitud en pocos días decenas de máquinas se abren camino hacia el lugar, cortando árboles, cruzando ríos y derribando no ya las montañas, sino incluso los poblados y las gentes que encuentran en su recorrido.
Aquellos pueblos cuyas gentes jamás habían visto "al hombre civilizado" comprueban como éste acaba con todo lo que desde miles de años atrás era su vida y con la vida misma si no se apartan de su camino.
¿Es eso el progreso, la civilización y la cordura?
Pues si es eso, creo que el señor de la choza de paja tiene mucho que enseñarnos. Mucho más de lo que nosotros podemos enseñarle a él. ¿Hacia donde caminamos?.
Si la pregunta es clara, más aún lo es la respuesta. ¡Caminamos hacia la destrucción total!. Al paso que vamos, ¿qué quedará del mundo dentro de doscientos años?. No lo saben... Pues yo lo diré: ¡NADA!. A este ritmo, en dos siglos no quedarán árboles para hacer una puerta, ni una sola gota de petróleo, ni aire para respirar. Y les diré más... ¡Los que se lo habrán llevado todo, ni siquiera estarán aquí!. Mientras los supervivientes se arrastrarán por el fango, buscando un gusano que echarse a la boca "ellos" habrán marchado a desvalijar otro planeta.
Si la pregunta es clara, más aún lo es la respuesta. ¡Caminamos hacia la destrucción total!. Al paso que vamos, ¿qué quedará del mundo dentro de doscientos años?. No lo saben... Pues yo lo diré: ¡NADA!. A este ritmo, en dos siglos no quedarán árboles para hacer una puerta, ni una sola gota de petróleo, ni aire para respirar. Y les diré más... ¡Los que se lo habrán llevado todo, ni siquiera estarán aquí!. Mientras los supervivientes se arrastrarán por el fango, buscando un gusano que echarse a la boca "ellos" habrán marchado a desvalijar otro planeta.
Buena parte de este desastre ecológico y etnológico imperdonable, se está dando especialmente en países de África y Sudamerica, pero también en otras partes del mundo.
Los intereses de empresarios y políticos corruptos están muy por encima de los de la población en general y especialmente de la particular de los pueblos milenarios que viven entre la frondosa vegetación desde tiempo inmemorial.
Los intereses de empresarios y políticos corruptos están muy por encima de los de la población en general y especialmente de la particular de los pueblos milenarios que viven entre la frondosa vegetación desde tiempo inmemorial.
A éstos la franja de terreno en la que viven, se les estrecha a marchas forzadas y con esa estrechez viene el hambre y los problemas entre ellos mismos.
Mientras el "hombre civilizado" abre caminos entre la espesura, ellos se desplazan e invaden territorios que pertenecen a otras tribus, provocando el descontento y la guerra. De esas rivalidades que el hombre blanco provoca, es justamente él quien más beneficiado sale. Quien paga manda y el que lo hace suele marcar unos plazos que hay que cumplir a rajatabla. Si se matan entre ellos ya no es necesario matarlos.
Así funciona el mundo en estos momentos de extrema competitividad. El precio del petróleo es el que es y el que compra un litro de gasolina o un cubo de plástico lo hace al que mejor precio le ofrece. Si detrás de esa compra hay hambre o muerte, les importa una mierda. Se han perdido los valores y la vergüenza. El mundo es de los trepas, canallas incivilizados que solo miran su propio interés. Y los demás que revienten. O la humanidad acaba con ellos o ellos acabarán con la humanidad, pero mucho me temo que sucederá lo segundo. Lo de sandía para todos... ¡ha pasado a la historia!. Hasta tal punto y con tanta intensidad que solo por decirlo te llamarán imbécil y gilipollas. Pero los cuatro imbéciles que quedamos, que creemos estar al servicio de la justicia y de la verdad, estamos curados de espanto y poco nos importan ya los adjetivos. Seremos unos gilipollas, pero nos enorgullecemos de serlo. Al fin y al cabo, ¿para qué sirve tanta ambición?. Total, antes de cien años todos calvos... ¡Los trepas también!.
RAFAEL FABREGAT
Así funciona el mundo en estos momentos de extrema competitividad. El precio del petróleo es el que es y el que compra un litro de gasolina o un cubo de plástico lo hace al que mejor precio le ofrece. Si detrás de esa compra hay hambre o muerte, les importa una mierda. Se han perdido los valores y la vergüenza. El mundo es de los trepas, canallas incivilizados que solo miran su propio interés. Y los demás que revienten. O la humanidad acaba con ellos o ellos acabarán con la humanidad, pero mucho me temo que sucederá lo segundo. Lo de sandía para todos... ¡ha pasado a la historia!. Hasta tal punto y con tanta intensidad que solo por decirlo te llamarán imbécil y gilipollas. Pero los cuatro imbéciles que quedamos, que creemos estar al servicio de la justicia y de la verdad, estamos curados de espanto y poco nos importan ya los adjetivos. Seremos unos gilipollas, pero nos enorgullecemos de serlo. Al fin y al cabo, ¿para qué sirve tanta ambición?. Total, antes de cien años todos calvos... ¡Los trepas también!.
RAFAEL FABREGAT
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