22 de mayo de 2013

1016- EL PUEBLO QUERUSCO.

Corre el año 16 a.C. Seguramente Jesús de Nazaret ya había nacido pero nunca nos han contado su niñez ni su adolescencia. No era relevante. Nadie podría imaginar entonces hasta donde llegarían sus enseñanzas, ni tampoco cuantos miles de millones de personas vivirían de sus predicamentos o morirían por ellos. ¡Ay las religiones!. La mayor lacra de una humanidad que no sabe vivir sin ellas... A pesar de que todos conozcamos su trayectoria de abusos constantes y de la mucha sangre derramada en su nombre pero claro, este no es el tema de hoy. Cada uno de nosotros tiene unos planes pero, finalmente, es el destino el que pone en su sitio a cada uno de nosotros. Bien es verdad, todo hay que decirlo, que con nuestra sabiduría o nuestra imbecilidad podemos alterarlos y de hecho así lo hacemos. La diferencia estriba solamente en que, cuando el árbol es joven y fuerte, aunque le cortes el tronco rebrota por todas partes. Si es viejo o achacoso, muere asfixiado rápidamente...


De origen germano, los queruscos eran una tribu de pastores nómadas y guerreros que, cansados del yugo opresor, se rebelaron de improviso en aquellas tierras dominadas entonces por los romanos. Las presiones eran elevadas y ante su inoperancia, el cónsul de Roma y oficial del ejército Marcus Lollius fue desplazado y ocupado su lugar por Drusus Claudio Nerón, hijastro de Augusto y posible heredero del trono imperial. A ojos de Roma era quien mejor podía parar los pies a los bárbaros suicidas. Aquella rebelión la iniciaba Segimer, el líder querusco hasta entonces aliado, pero sería su hijo Arminius quien la finalizaría dando toques mortales a un imperio, el romano, demasiado ocupado en orgías y bacanales en lugar de buscar el bienestar de su pueblo. Más de un siglo después (110 d.C.) Tácito relataría que fue el indiscutible libertador de Germania y que su lucha contra los romanos fue su primera y última batalla. Murió con 39 años.


Como se dice al comienzo de esta entrada corre el año 16 a.C., fecha en la que nace Arminius, hijo del líder querusco Segimer. En un parto extremadamente complicado para los tiempos de entonces la madre muere y el vástago, nacido en aquellas tierras libres de la Germania Interior, es enviado a Roma aprovechando las entonces buenas relaciones de su padre con los invasores latinos. Aún muy niño Arminius es enseñado en las artes de la guerra, se entrena como comandante militar y obtiene la ciudadanía y nobleza romanas. Participa en algunas batallas como tropa auxiliar de las legiones romanas y con apenas 20 años (4 d.C.) vuelve a Germania con Publio Quintillo Varo, recién designado gobernador de Germania. Sin embargo la amistad de ambos personajes dura poco tiempo, al ver Arminius que su pueblo es maltratado por los romanos. Los germanos son un pueblo de pastores nómadas, belicosos e indomables a quienes Roma pretende dominar sin conseguirlo.


En el año 9 d.C. Arminius se rebela contra los romanos en la llamada Batalla de Teutoburgo donde los romanos comandados por Varo son ampliamente derrotados de forma tan deshonrosa que su comandante acaba suicidándose. A consecuencia de esta derrota la nueva frontera se establece en el Rin, dándose a la franja conquistada por los queruscos el nombre de Germania Magna. El año 13 el general romano Julio César Germánico invadió la zona y aunque Arminius resistió sus embestidas no pudo recuperar el control del territorio. En el año 15 Germánico atacó el campamento de Arminius y capturó a su esposa Thusnelda que fue entregada a los romanos por su propio padre como venganza personal puesto que, amigo de los romanos, nunca aprobó su unión con el germano. Negándose a colaborar con los romanos, Arminius les presentó batalla en Idistaviso, cerca de Minden, pero no pudo recuperar a su esposa. Thusnelda fue llevada a Roma y exhibida como trofeo en el desfile de la victoria. 


Estando Thusnelda en cautiverio nació Tumélico, hijo de su esposo Arminius. Nada más se supo de la mujer. Tumélico entrenado como gladiador en Rávena murió en una de aquellas luchas sin cumplir los 30 años. En el año 16 d.C. Arminius se enfrentaría nuevamente con Julio César Germánico en Iditaviso. Sería la última de sus batallas importantes contra los romanos que fueron los ganadores de la contienda. A final de aquel enfrentamiento desigual, el resultado sería nefasto para los germanos. Mientras los romanos presentaban 1.000 bajas, los germanos habían dejado sobre el campo 15.000 cadáveres. Arminius logró escapar pero los romanos, a pesar de la indiscutible victoria, decidieron evacuar un territorio según ellos problemático, inhóspito y muy poco productivo. A pesar de la derrota, los germanos veían conseguido su objetivo. Aún perdiendo su última batalla, Arminius lograba eliminar a los invasores de la tierra de sus antepasados. Tantos años de lucha habían servido para algo.


Tácito tenía razón al afirmar que Arminius fue quien libertó Germania. Empujados al sur del Rin y del Danubio por los queruscos, las armas guardaron reposo pero jamás fueron envainadas. Sin prisa pero sin pausa, aguardarían el debilitamiento del Imperio y lanzarían su golpe final muchos años después. No fue un golpe, sino muchos de ellos. La invasión bárbara o germánica no fue una ola que todo lo arrasa, sino la inmigración continuada de aquellos pueblos hacia los prósperos territorios del Imperio Romano. Sin luchas, sin guerras, rompiendo los límites establecidos por el Imperio fueron ocupando tierras al otro lado del Rin, cruzaron la Galia y se desplazaron hasta Hispania. Poco a poco fueron imponiendo su hegemonía y carácter a las zonas que ocupaban, de tal manera que muchos estados nacionales acabaron desapareciendo a la vez que los pacíficos invasores iban heredando los puestos de responsabilidad y el gobierno de aquellas tierras antes hostiles. El año 476 el último emperador del Imperio Romano Occidental (Rómulo Augústulo) era depuesto por Odoacro, rey de la tribu germánica de los hérulos.


Los millones de musulmanes que habitan actualmente España, no se esconden en decir que su idea es la misma: Que la península Ibérica fue suya y volverá a serlo. Para conseguirlo no hace falta guerra alguna, sino tener muchos más hijos que las mujeres españolas y saber esperar. No importa cuanto tiempo y cuanta crisis habrán de soportar. Su misión es recuperar al-Ándalus.


La vida de un simple mortal no es relevante para la historia de un pueblo y es la constancia la que pone y quita poder. En el año 711 entraron con las armas en la mano, en un territorio cristiano, pacífico y medieval que solo vivía el presente, entonces visigodo. Quince años fueron suficientes para consolidar el al-Ándalus musulmán en toda la península ibérica. Estos tiempos no son aquellos y ellos saben bien que con métodos parecidos no tendrían la más mínima oportunidad, pero con el tiempo y la constancia sí que puede ser posible. Cuando la población musulmana se acerque en número a la española será el momento de imponer, por el camino democrático, el camino a seguir. Cuando llegue ese momento, los votos musulmanes serán tan españoles como los nuestros. 

RAFAEL FABREGAT

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