21 de febrero de 2014

1271- EL ORO DE LOS NIBELUNGOS.

Tras el descubrimiento de lo que se cree "una parte" del Tesoro de los Nibelungos, los historiadores se preguntan hasta qué punto lo que consideraban una simple leyenda puede ser realidad. Lo que antiguos cantares reflejaban como mitos milenarios, probablemente tengan una mayor o menor base histórica. El Cantar dice que Hagen, tras asesinar a Sigfrido, robó el tesoro y lo escondió en un hoyo, junto al Rhin o bajo las aguas del Rhin. Y es que, como es lógico y natural, las aguas del Rhin siempre han estado plagadas de tesoros. Los pueblos germánicos atravesaban algunas veces aquella frontera natural para saquear a los vecinos romanos y cruzándolo de regreso, en balsas sobrecargadas, no es extraño que desde la orilla sus perseguidores les dieran caza con flechas y la carga fuera a parar al fondo del río.


Claro que, en lo referente al tesoro de los Nibelungos, el cantar que refiere el robo de Hagen a Sigfrido dice que hicieron falta doce carretas yendo y viniendo durante cuatro días para acarrearlo. Está claro que un río de tan elevado caudal y después de milenios bajo el agua, habrá desperdigado los muchos tesoros allí enterrados. Nada estará en el lugar donde cayó en un principio, o no estará todo lo que allí se hundió en su día. El caso es que ahí está la leyenda. No hubo dragones ni gigantes, pero sí violencia y codicia que enterró tesoros bajo la tierra y bajo las aguas, nunca recuperados. Claro que eso no ha evitado que varias generaciones alemanas hayan soñado con encontrarlos. 


Los Nibelungos son un pueblo mítico de los pueblos germánicos. Gentes menudas (enanos, dice la leyenda) que empleaban su tiempo en la extracción de metales. Tras muchos años de acumulación mineral, poseían una gran tesoro administrado por los tres gobernantes del pueblo. El caballero Sigfrido, uno de los tres jefes, disconforme con las reglas marcadas por los otros dos (Nibelung y Schilbung) solicitó su parte del tesoro para separarse de ellos. Disconforme con la forma de reparto propuesta, mató a ambos y quedó como único dueño y gobernante. Años después Sigfrido fue asesinado por Hagen de Tronge, guerrero burgundio de Worms que robó el tesoro y lo escondió bajo las aguas del Rhin.


El poema medieval del siglo XII, "El cantar de los Nibelungos" nos cuenta que, según la tradición germana, Hagen de Tronge era un duende que dejó embarazada a la hija del rey (?). La tradición cuenta también que, para matar a Sigfrido, Hagen fue ayudado por su hermanastro Gunter. Ellos dos eran los últimos supervivientes de los Nibelungos, pero solo Hagen conocía el lugar del río donde estaba escondido el tesoro. Asesinado Gunter un tiempo después, Hagen siguió manteniendo el secreto de su emplazamiento. Finalmente Hagen fue decapitado por la propia Krimilda, viuda de Sigfrido y el secreto de la ubicación del tesoro se perdió para siempre. Así lo reflejó también Richard Wagner en 1848 al escribir su ópera "El anillo del Nibelungo".


Durante décadas, caza-tesoros profesionales han buscado las legendarias riquezas que el asesino de Sigfredo escondió junto al Rhin, sin resultado alguno. Sobre todo desde 1755 cuando en Hohenems fueron encontrados documentos que hablaban de ellas con una cierta fiabilidad y la leyenda tomó tintes de verosimilitud. Por increíble que parezca un caza-tesoros aficionado de Rülzheim, provisto de un simple detector de metales, podría haber descubierto una parte de ese tesoro. Cronológica y geográficamente el hallazgo concuerda con el mito de los Nibelungos. Claro que lo encontrado nada tiene que ver con el grandioso tesoro que el mito relata. Lo encontrado se ha valorado en 1,5 millones de dólares USA y está compuesto por cuencos de plata con remaches de oro, joyas, broches y otras piezas de oro cuyo enterramiento se ha datado hacia el año 400 a.C.


El tesoro encontrado por este hombre, ahora investigado por haber destrozado completamente el lugar del hallazgo y por haber vendido muchas de las piezas encontradas, estaba en un bosque cercano al río, pero no en éste. De todas formas no es descabellado pensar que el río haya tenido cambios en su cauce después de tantos años, así como que lo encontrado sea uno más de los robos de los germánicos a los romanos y que nada tenga que ver con el tesoro de los Nibelungos. A la vista de las piezas encontradas el arqueólogo Axel Von Berg ha comentado que, "desde luego, si el tesoro encontrado no es el de los Nibelungos, su propietario vivía muy bien..."  

RAFAEL FABREGAT

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