7 de mayo de 2013

1004- ESPAÑOLES EN LA GUERRA DE VIETNAM.

Tras la Guerra Civil Española (1936-1939) el hambre asolaba a las familias, triunfaba el estraperlo de alimentos y Estados Unidos vio las puertas abiertas a una colaboración interesada con el pueblo español. El general Franco había apoyado ideológica y materialmente a Hitler y a Mussolini en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y los Estados Unidos, aunque por conveniencia finalmente miraron hacia otro lado, inicialmente le retiraron su apoyo y propiciaron su aislamiento internacional.
El 9 de Diciembre de 1.946, tras el portazo de EEUU a su mandato, desde lo alto del balcón del Palacio de Oriente Franco se dirigía a las masas. Unas 100.000 personas, dijo el New York Times, y medio millón según la prensa del régimen franquista...
- "Unamos a la fuerza de nuestra razón, la fortaleza de nuestra unidad. Con ellas y la protección de Dios..."
La ovación ensordecedora y los gritos de ¡Franco, Franco, Franco! interrumpen al dictador.


Ya en la década de 1.950 las cosas habían cambiado sustancialmente. Los aliados soviéticos se convertían en la amenaza de las democracias occidentales y siendo los EEUU líderes en esta nueva singladura, los viejos apoyos al nacismo se convertían en un hecho olvidado. Con este panorama, para los norteamericanos España se vislumbraba como un interesante aliado contra el comunismo. 


Una Base Militar Norteamericana en el Mediterráneo era una interesante baza en un momento de guerra de bloques, más aún teniendo una guerra abierta en Corea. En Septiembre de 1.953 se firmaba en Madrid un Convenio Hispano-norteamericano que ofrecía el suelo para la instalación de esas Bases Militares a los americanos, mientras se le ofrecía a España la necesaria ayuda económica y el apoyo internacional. 


¡Bendita leche en polvo, queso y mantequilla que los niños recibieron de pronto en todas las escuelas de España!. El 14 de Diciembre de 1.955 España ingresaba en la ONU, abriéndole las puertas a un dictador que en 1.946 estuvieron a punto de derribar también interesadamente.
En ese contexto de colaboración y hermandad, en 1.965 el Presidente Johnson pidió al Caudillo el envío de tropas españolas a la Guerra de Vietnam.


- ¡Oye!. Para tí, lo que haga falta -respondería Franco con diligencia.
Al igual que sucediera en Irak, Estados Unidos necesitaba que la guerra fuera bendecida por la Comunidad Internacional y España era un peón más del tablero. La presencia de tropas internacionales significó una importante campaña propagandística para los EEUU y es entonces cuando un grupo de oficiales españoles participan secretamente y durante más de cinco años en una guerra en la que, para ellos, nunca hubo enemigos.
Tratándose principalmente de médicos y personal sanitario que fue voluntariamente a ayudar a cualquier herido que cayese en sus manos, algunos de aquellos oficiales médicos criticaron el hermetismo y confidencialidad de dicha aportación. Franco estaba convencido de la derrota de EEUU en el conflicto, como así sucedió, motivo por el cual no accedió al envío de tropas aún a sabiendas de la necesidad de apoyo para controlar la provincia de Go Kong, en pleno delta del Mekong.


Los supervivientes españoles se lamentan de que, como pardillos, se jugaron la vida y nadie supo que estaban allí. Recién llegados a Saigón uno de los militares estadounidenses les dijo: 
"Los vietcong a quienes primero disparan es a los médicos para que no puedan atender a nuestros heridos. Regresaréis 5 de cada 12".
Los españoles no se amilanaron y atendieron a todos cuantos demandaron su ayuda. No eran tropas de combate, sino personal sanitario que se había prestado voluntariamente para ayudar en lo posible a aquellas gentes que se mataban entre si.


Ancianos, niños desnutridos, heridos de guerra de ambos bandos, etc. Los médicos militares españoles demostraron un gran valor personal y llevaron a cabo una extraordinaria labor profesional que alivió infinidad de problemas médicos de toda índole. Fueron reclutados en secreto y en sitios tan diferentes como el propio Sáhara Español para, apenas unas horas después, estar caminando en plena vegetación vietnamita. Su atención médica a las gentes locales les valió su cariño y simpatías. A su vuelta no hubo medallas ni se les recibió como héroes, sino que se les conminó al más completo silencio. Cosas de la política.

RAFAEL FABREGAT


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