12 de julio de 2020

2995- HISTORIA/S DE CABANES.

Lamentablemente nada sabemos sobre lo que sería nuestra comarca y menos aún nuestro pueblo, en fecha anterior a la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica. Solo la presencia del Arco Romano nos dice que la comarca era lugar de tránsito importante. Se cree que había una ruta costera pero los comerciantes tenían por ruta más segura la interior, por ser la que las tropas romanas utilizaban a diario. Siendo ésta la Vía Augusta, los ejércitos romanos iban y venían custodiando unas tierras que, por derechos de conquista, ellos consideraban suyas. Incluso se dice que en el enclave del Cabanes actual había una villa romana, lugar de descanso y donde los viajeros de la Vía podían descansar y pertrecharse de todo lo necesario para continuar viaje. También nos cuenta la Historia que toda la zona costera del Mediterráneo peninsular era tierra ocupada inicialmente por los Iberos.

Aunque muy influenciados por los muchos pueblos que constantemente llegaban a estas tierras por vía marítima, últimamente se cree que el pueblo Ibero no había llegado de la zona asiática, como se pensaba, sino que era autóctono de aquí o llegado en edades muy tempranas. Se dice también que los restos que hay en la cima del monte Mortorum son Iberos, como también lo son los cimientos del Castillo de Miravet, donde ya había pobladores cuando los moros construyeron su castillo. Lo mismo en el de Sufera, e incluso en la cima del monte Gaidó existen también restos de antiguas civilizaciones, seguramente Iberos también, pero serían ocupantes más o menos nómadas puesto sus restos son escasos, hasta el punto de que nadie se ha molestado en averiguarlo. Yo lo sé porque, en su trabajo de pastor de ovejas, el abuelo paterno de mi mujer estuvo varias veces en la cima de esta montaña con los animales y nos contó en varias ocasiones que vio restos habitacionales en dicho lugar.

También oí decir a ese mismo señor que, según contaban los abuelos de sus abuelos, apenas unos siglos atrás la llanura de Les Foyes (Cabanes) era lugar de monte bajo, plagado de encinas, que cualquiera podía hacer suyo con el solo hecho de inscribírselo y trabajarlo. Resulta extraño que el mundo y la vida haya cambiado tanto en tan poco tiempo. Sabemos que los señores feudales eran los dueños de todo y poco o nada tenía el pueblo llano, por lo que la agricultura de secano se limitaba a algunos bancales de algarrobos e higueras para sustento de animales y personas y solo las huertas con algún pequeño manantial tenían interés. La Historia de Cabanes y de toda nuestra comarca empieza realmente con la llegada de los moros, con la construcción de sus castillos y las diferentes aldeas que se instalan en los puntos estratégicos del territorio que hoy conforma nuestro término municipal. De hecho se tiene constancia de que el pueblo de Cabanes fue primeramente una aldea mora de cabañas situadas entre antiguas ruinas, que siempre se consideró enclave de una villa romana llamada Ildum y que consta en los escritos del Itinerario de Antonino del siglo III d.C..

El Pla de l'Arc fue siempre tierra de transición entre las zonas montañosas del interior y la zona costera que, en nuestro caso, llamamos La Ribera de Cabanes. Los orígenes más recientes son naturalmente romanos, como lo confirma el propio Arco y los restos de la Vía Hercúlea-Augusta ó Senda dels Romans, que pasa junto a él.  También la multitud de objetos encontrados, incluso un miliario y monedas, en éste y en otros lugares del término municipal, pero son los musulmanes quienes dan comienzo a nuestra Historia al construir en este territorio el famoso Castillo de Miravet, hoy en completa ruina. Dicho castillo fue conquistado en 1091 por Pedro I de Aragón y sus lugartenientes Rodrigo Diaz de Vivar (el Cid Campeador) y Bocalla de Luna, primer señor de Luna y antecesor de Benedicto XIII, el Papa Luna. Durante más de una década las tierras de Cabanes y otros pueblos próximos fueron aragonesas, pero los moros recuperaron el Castillo de Miravet y todos los lugares que les pertenecían, Cabanes entre ellos, volviendo a ser aldea mora perteneciente a Miravet.

No sería hasta el año 1225 cuando, conquistado definitivamente el castillo por Jaime I de Aragón, éste sería otorgado al obispo Poncio de Torrellas en agradecimiento a su apoyo y conquista. Claro que la repoblación cristiana del Castillo de Miravet y su territorio no se llevaría a cabo hasta 1243, cuando Poncio Torrellas, barón del territorio, dio la Carta de Población a Juan de Riarama, Pedro Ferrer, Alegre, Aguiló de Cabacés, Arnaldo Catalán y Bartolomé de Alcorisa para que, junto a ochenta pobladores más, se hicieran cargo de estas tierras con el Fuero de las Costumbres de Lérida. Tras esta donación y la anexión de los territorios de Miravet y Albalat en 1575, las tierras y poblados de Cabanes siguieron bajo la tutela de los barones y obispos de Tortosa, hasta la extinción de los señoríos territoriales del siglo XIX, momento en el que, con la Desamortización de Mendizabal, las posesiones rústicas y urbanas de la Iglesia fueron vendidas (en teoría) al mejor postor aunque, en realidad, se las quedaron los (ricos) que gobernaban en aquel momento. 

En primer lugar porque eran los únicos que tenían dinero para comprarlas y en segundo lugar porque no informaron al resto de la población de la subasta de las mismas. De haberlo hecho algunas otras familias con posibles, pero que no gobernaban, hubieran podido optar a la compra, lo cual no interesaba a los gobernantes. Las mejores casas y terrenos fueron adquiridos sin competencia y por lo tanto a precios muy interesantes. El resto quedó para los ricos de segunda fila, amigos y parientes. La tierra sin interés quedó para la gente pobre con la única obligación de que la trabajaran correctamente. Solo las montañas quedaron sin subastar y de propiedad municipal, pero finalmente también fueron inscritas por las familias más pudientes de la localidad, con el único propósito de servir de pastos para los rebaños de cabras y ovejas. Muchos de los que peinamos canas todavía recordamos a los rebaños que bajaban de la provincia de Teruel para invernar en esas fincas de montaña, a cambio de algunos quesos y especialmente del estiércol que los animales producían. Agotados por el largo y duro viaje, su primera parada era en la Plaza del Árbol, donde pastores y animales pasaban su primera noche, tras un rápido ordeño para sacar unos dineros (a 1 peseta el litro) para comprarse la cena y echar unos vasos de vino al cuerpo. Tras mucho insistir a mis padres, con 6-8 años yo también iba, con un pequeño perol de barro, a por la única leche que probaba durante todo el año...

RAFAEL FABREGAT

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