
Ya liberados de tantas obligaciones, los monjes de San Miguel crearon una cofradía que sirvió para recaudar fondos para terminar el templo y la casa monástica.
En principio ello elevó la religiosidad de la zona, pero no llegó nunca a ser muy importante y con el paso de los años empezó a decaer.
En 1574 tan solo quedaba un canónigo, motivo por el cual el cenobio fue secularizado y cedido a los franciscanos, con la única obligación de dar cuidados y manutención al canónigo superviviente hasta su muerte.

Los franciscanos convirtieron el monasterio en un seminario que estuvo en funcionamiento hasta 1835 cuando fueron exclaustrados debido a la Desamortización de Mendizabal. Todo quedó abandonado hasta que, en 1920, el diplomático Eduardo Toda adquirió la propiedad y la convirtió en una mansión señorial.
Tras la oportuna restauración, Toda trasladó muebles, libros y antigüedades para convertir el monasterio en su residencia habitual pero, por razones que desconocemos, finalmente se trasladó al Monasterio de Poblet.
En el interior del conjunto quedaron interesantes colecciones de cerámica, grabados y objetos de todo tipo, así como una interesante biblioteca. A día de hoy lo más interesante es la iglesia románica, los restos de la sala capitular y el claustro, así como la vivienda del Sr. Tola perfectamente conservada y que en este momento es visitable por cuantos curiosos lo solicitan. Desde el punto donde se establecieron en su día los sarracenos, con restos de una primitiva fortaleza romana, se disfruta de una maravillosa vista de las comarcas tarraconenses. Era tradición que los habitantes de la próxima localidad de Riudecañas subieran al antiguo castillo y monasterio el día de San Jorge pero también eso quedó postergado. Nada, nada es para siempre...
RAFAEL FABREGAT
No hay comentarios:
Publicar un comentario