Un accidente, ya cumplidos los 40 años, me abrió las puertas de un correcto diagnóstico y tratamiento casi experimental. Un coche me atropelló y las consiguientes radiografías detectaron la enfermedad. Hacía tan solo 3 años que se había descubierto esta dolencia y la manera de tratarla. El tratamiento a base de calcitonina era experimental, pero evolucionó rápidamente con los años. Primero inyectada, después mediante spray nasal, más tarde en comprimidos diarios y finalmente en cápsulas semanales, siempre acompañado de tabletas de calcio. La enfermedad se consideró estabilizada al poco de cumplir yo los 68 años de edad. Demasiado tarde, pero aquí estoy, algo frágil pero vivito y coleando, para mayor quimera de aquellos que puedan odiarme aún sin que yo jamás les hiciera daño, a sabiendas.

Lo más interesante es que esa fragilidad se puede combatir y subsanar. Liderados por España, todos los países de la Unión Europea están trabajando actualmente en este tema. Para los actuales afectados ya es tarde, pero bueno es que las generaciones futuras lleguen en un 100% a la vejez en mejores condiciones de salud y que puedan disfrutar de su jubilación en perfectas condiciones. Como es fácil de imaginar la temida "fragilidad" es un problema que aumenta con la edad. No se trata tan solo de llegar a una mayor supervivencia, sino también que sea en mejor estado. De poco sirve llegar a una edad avanzada si la salud es precaria. El estudio y prevención de la "fragilidad" conllevará un gasto de cientos de millones de euros, eso está claro, pero merecerá la pena. La discapacidad y deterioro funcional supone el 78% del gasto farmaceútico de los pensionistas y todo cuanto se invierta en su corrección será rápidamente compensado.
RAFAEL FABREGAT
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