Este pasado domingo, tras el cierre de los colegios electorales, resultó grotesco verle proclamar su victoria en unas elecciones que declaró ejemplares. Poco más de un 12% de participación, puesto que la oposición no participó en las mismas al tratarse de un fraude en toda regla. El presidente habló de 8,1 millones de votos, pero los técnicos encargados del sistema de voto electrónico calcularon que eran varios millones menos. Según su informe, media hora antes del cierre de la votación habían depositado su voto 3.720.465 personas. Todo eso ocurría en Venezuela, mientras los opositores eran asesinados en las calles y sus representantes nuevamente secuestrados por la policía en sus domicilios. Suma despropósitos que maduran a Maduro a pasos agigantados. ¿Cuanto falta para que ese país entre en una guerra civil de consecuencias impredecibles?.
"El que tenga ojos que vea y el que tenga oídos que oiga. Se acabó el sabotaje a la Asamblea Nacional, vamos a poner orden. Habrá que levantar la inmunidad parlamentaria, a quien haya que levantársela".
Esas palabras pronunció este elemento tras el cierre electoral del pasado domingo, día 30 de Julio. Socialista fascinado con la Revolución Cubana, fue activo militante en la década de 1980, hasta el punto de que el gobierno de Castro le concediera una beca de estudios para 1986 y 87. Allí cumplió Maduro los 25 años. Fascinado sin embargo por la música estadounidense, tocó en una banda de rock llamada "Enigma" con éxito nulo, motivo por el cual en 1991 empezaría su trabajo como conductor de autobús.

Fue el peor legado (dardo envenenado) que Chávez pudo dejarle a Venezuela. Más que bonachón era un botarate con malas ideas. Tan botarate que, muerto Chávez, dijo hablar con su espíritu transformado en pajarito. (!) Todos los males que provoca su mala gestión, son achacados a los poderes extranjeros, pero ya nadie, ni siquiera los suyos, cree sus peroratas. Antiguos aliados de Venezuela se distancian de Maduro, incluso aquellos que siguen admirando la figura del antiguo comandante.
Comparado con Chávez, Nicolás Maduro es una mancha de tinta que se extiende cual cáncer galopante. Tanto que no tardará mucho en asfixiarle. Desde su punto de vista, su única defensa posible es la dictadura, una acumulación de poder que su maestro nunca llegó a almacenar. Una resistencia política que muchos dictadores quisieran para sí. Nadie pudo imaginar que aquel autobusero que solo bebía Fanta de naranja llegaría a causar tanto daño a sus compatriotas y a sí mismo. ¡A sí mismo, sí!. Por qué... ¿Quien duda de cual será su final?. Ya no hay marcha atrás posible para un dictador de su calaña. La única diferencia es que la dictadura de Maduro es la de un tontorrón impenitente. ¡Que justamente son los peores!.
RAFAEL FABREGAT
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