

Los arqueólogos acudieron rápidamente al lugar de los saqueos, viendo que la riqueza de las piezas encontradas no era la habitual de los entierros moches. La arquología rutinaria se convirtió rápidamente en un proyecto de primer orden. Las excavaciones se prolongaron durante más de un año antes de encontrar la tumba intacta del Señor de Sipán y del Viejo Señor de Sipán, ambos enterrados con muchos acompañantes. Lo más impresionante fue la gran cantidad de ornamento de oro, plata y piedras preciosas, pero también la presencia de tres mujeres jóvenes, dos hombres, un niño y dos guardianes, además de un perro y dos llamas. Se cree que fueron sacrificados para acompañar al difunto en su viaje al más allá y cortadas sus piernas para que no pudieran escapar a su destino.
Se encontraron también alrededor de 600 objetos, entre los que destacan tres pares de orejas de oro y un collar de oro, plata y maní. Diecisiete siglos después de su muerte, el Señor de Sipán traía la riqueza a su pueblo de Lambayeque al colmarlo de arqueólogos y de turistas llegados de todas las partes del mundo. Treinta años después del primer descubrimiento, siguen encontrándose piezas que nos hablan del esplendoroso pasado de este territorio peruano. Desde entonces se han encontrado hasta 16 tumbas reales, todas sin duda figuran como las más ricas encontradas hasta ahora en el continente americano. En ellas joyas de gran calidad e importantes ajuares funerarios que han dado para la construcción de un importante Museo en Lambayeque, con la Sala Real Mochica y una reproducción de la que se supone forma de vida de aquellas gentes, por medio de 35 figuras en movimiento, aunque el interés principal de los visitantes se dirige a la tumba del Señor de Sipán...
RAFAEL FABREGAT
RAFAEL FABREGAT
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