
En la más pequeña de las aldeas de nuestra provincia, pero también en Castellón capital, la gran mayoría de sus habitantes vivían del campo o de los oficios relacionados con éste.
Sembraban el trigo que posteriormente trillaban en las eras, molían el grano y hacían el pan en su propia casa o en horno público.
Sin apenas medios motorizados la gente, 90% agricultores, salían diariamente al campo con sus mulos y asnos, con carro ó sin él, puesto que no todos disponían tampoco del capital necesario para adquirirlo, ni siquiera de segunda mano. Estos últimos lo hacían con el animal a pelo, o sea, con su "albarda i saria" correspondiente, que permitía llevar al campo los aperos, el abono o traerse unos haces de leña para la casa o de hierba para los animales.
Los niños nos apuntábamos a la trilla en lo que era un paseo gratuito que facilitaba la rotura de la paja y la espiga.
Siendo tantos los agricultores, era mucha la gente que diariamente trabajaba en el campo y por lo tanto era muy probable encontrarte allí con tus propios vecinos.

Los desplazamientos eran lentos y la costumbre era comer bajo el árbol que mejor cobijo ofreciera. Allí se hablaba en animada tertulia del tiempo, de las cosechas y del gobierno aunque, para este último tema, había que analizar las preferencias del vecino en cuestión y, caso de incompatibilidad de opiniones, dejar el asunto para mejor ocasión.
Así eran las cosas entonces, ¡simples... muy simples.


Llegaron a nuestra zona los primeros tractores que, con su profunda labor, garantizaban la permanencia de la sazón en los campos y por consiguiente una cosecha más abundante. Con la llegada de los 60 y ya disponiendo de los abonos suficientes, empezó a abandonarse la siembra de cereales, no rentable en los habituales minifundios de nuestra zona y se plantaron viñas y bancales de almendros con variedades de floración más tardía que permitieran evitar las heladas. Estos nuevos cultivos, unidos a la llegada de los primeros tractores de uso particular, mejoraron la calidad de vida y los animales de labor fueron desapareciendo de nuestras casas. El zaguán de las mismas, siempre dedicado a acoger las cosechas del campo, el carro y los aperos agrícolas, dio paso a pequeñas "salitas" donde recibir una visita o acomodarse a disfrutar de la TV recién llegada a España en los momentos de ocio.

El gobierno franquista solicitó (1.962) apertura de negociaciones a la CEE, con una gélida acogida que hizo que esta solicitud hubiera de repetirse en varias ocasiones. En 1.970 se consiguió la firma de un acuerdo preferencial, aunque el repudio político al franquismo continuaba. Entre muchísimas otras medidas Europa, ante el exceso de vino de la CEE, exigió a España que eliminase el cultivo de la vid con pie híbrido, con la excusa de ser dañino para la salud y subvencionó el arranque. Es a mediados de los 70 cuando empieza el obligado arranque de las viñas de todos los pueblos de nuestra comarca, subvencionado con 60 pesetas por cepa y con la obligatoriedad de que no se replante con ninguna otra variedad. Pan para hoy y hambre para mañana.


Yo creo que en situaciones semejantes los gobiernos tienen mucho que decir al respecto porque, en el hecho de que las almendras norteamericanas lleguen a España a mitad de precio que las de aquí, tendrá que ver mucho más la política que los costes reales del cultivo ¿o no?. Ante la ruina general de todos los sectores productivos españoles, supongo yo que solo los zánganos llorarán si el actual gobierno se marcha a su casa, porque creo sinceramente que peor no puede hacerse. Lo dice un apolítico, pero que no es indiferente a los acontecimientos. Se trata simplemente de que no veo a nadie persiguiendo el interés general, sino tan solo el particular. ¿Que debe tener el sillón para que todo el mundo se aferre tan fuertemente...?
RAFAEL FABREGAT
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