17 de marzo de 2014

1299- SANTOS O ESPIRITISTAS.

Difícil papeleta. Por la dificultad en alcanzar la santidad y por lo fácil que resulta convertirse en el hazmerreir  de propios y extraños. ¡Es tan fina la línea que separa una cosa de la otra...! Está claro que lo del espiritismo ya no llama la atención. En Europa lo de los brujos y adivinos está pasado de moda. Ya que lo del tercermundismo es una fea palabrota, diremos que el espiritismo solo tiene cabida en los "países emergentes". 

Unas décadas atrás y aunque solo fuera para reírse de ellos, todavía los llamaban para algún programa televisivo de contenido banal con tintes de comicidad mal entendida, pero de un tiempo a esta parte ni eso. ¡Se acabó lo que se daba!. Cerraron las consultas y ahora los brujos son fontaneros o peones de albañil. En cuanto a lo de ser Santo... ¡Uffff, complicado, muy complicado!. Si algunos siglos atrás, con la mayor parte de la gente analfabeta ya era difícil ser Santo, imaginad ahora cuando los enterradores son ingenieros de puentes y caminos... 


Se diga lo que se diga, ser Santo es, ¡casi imposible!. No por los sacrificios que algunos piensan que conlleva el oficio. No, no es por eso. Eso era antes. Ahora se puede ser Santo teniendo mil millones en el banco y tres mujeres en cada cama. El problema es la inteligencia que se necesita para alcanzar la santidad, con el problema añadido de que eso no se aprende en los colegios ni en los seminarios... ¡El Santo nace, no se hace!. La aureola que los imagineros colocan en la cabeza de los santos la tiene uno al nacer, o no la tiene nunca. 


El primer fallo en el que suelen caer muchos, es pensar que ser Santo es sinónimo de bondad, de generosidad, de amor a los demás... ¡¡Error!!. Solo hay que leer la Historia. La mayor parte de los Santos fueron gente rica, muchos de ellos metidos en política, pero no para apoyar medidas sociales sino para preservar privilegios de reyes y señores a cambio de buenos dividendos. Con la Biblia en una mano y la espada en la otra. Para nada debe extrañarnos puesto que esta misma práctica está en todas y cada una de las religiones. Todas se extendieron a golpe de espadaDesde luego se necesita mucha fe para creer todo lo que las religiones nos ha contado a lo largo de los siglos...


Voy a contaros algo... Cuando la Virgen María se siente morir le pide a su Hijo hacerlo rodeada de los apóstoles, pero éstos están dispersos por el mundo. Ante la imposibilidad de llevarlos al lecho de la Madre moribunda, el Hijo le concede su deseo siendo ella quien aparezca milagrosamente en cada uno de los lugares donde ellos se encuentran. Sobre un pedazo de columna (pilar) se le aparece a Santiago el Mayor en Caesaraugusta (Zaragoza) y todavía a día de hoy se sigue adorando en esta ciudad aquel pedazo de columna instalado en la Basílica de la capital aragonesa. Resulta curioso que sea la propia Iglesia Católica la que nos diga que es imposible que Santiago estuviera en España puesto que los "Hechos de los Apóstoles" (H. 12, 2) dicen claramente que en esas fechas estaba preso en Jerusalén donde, tras ser martirizado, fue muerto a filo de espada por orden de Herodes Agripa I, rey de Judea. Ante el deseo de la Iglesia Católica por aclarar el error el rey de España 
Felipe IV, gran devoto de Santiago, amenazó al Vaticano con apartar al país de la Iglesia de Roma. Tan seria amenaza hizo que el Vaticano reculara permitiendo que continuase la legendaria versión de que Santiago llegó a la península Ibérica... 


Escrito está que San Pablo quiso venir a la península Ibérica por ser territorio virgen, nunca evangelizado, lo que viene a demostrar claramente que Santiago nunca vino aquí pues, de lo contrario, hubiera sido antes que Pablo. La leyenda se cierra diciendo que sus discípulos llevaron su cuerpo por el Mediterráneo con una barca de piedra (?) y costeando por el océano Atlántico (?) lo llevaron a Galicia enterrándolo en Iria Flavia (caserío de Padrón) donde lo encontró el obispo Teodomiro en el siglo IX. Si la llegada del apóstol a España era imposible, más inverosímil era su traslado, pero la fe mueve montañas. El año 813, un ermitaño llamado Paio dijo al obispo Teodomiro haber visto unas extrañas luces sobre un monte deshabitado. 

Cripta y sepulcro donde se supone descansan los restos de Santiago.
La respuesta del prelado no se hizo esperar...
  -¿Extraterrestres? -pensaría el hombre- pero valiente donde los haya el obispo mandó a un grupo de peones para que explorasen el lugar, mientras él daba la misa de diez. A última hora de la tarde los jornaleros se presentaron en la abadía informando al obispo haber encontrado los restos de un cuerpo degollado y con la cabeza debajo del brazo. El resto es fácil de comprender.
  -Coño... ¡Este es Santiago!. -exclamaría Teodomiro alborozado.
¿Se han dado cuenta de lo difícil que es ser Santo?. 

RAFAEL FABREGAT

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