16 de mayo de 2013

1011- EL ORO DE LAS MÉDULAS.

Las minas de oro no abundan en la España de hoy, pero si que lo hicieron unos siglos atrás cuando los tartesos descubrieron la riqueza del suroeste de la península Ibérica, del mismo modo que posteriormente los romanos hicieran otro tanto en el Bierzo leonés, más concretamente en el paraje llamado de "Las Médulas" actualmente pueblo del mismo nombre. 


Emperador Octavio Augusto. 
De hecho parece ser que, mucho tiempo antes de que los romanos explotaran la riqueza aurífera de las Médulas, ya se sabía de su existencia puesto que los pueblos indígenas prerromanos ya las habían explotado de forma somera. Claro que en aquellos tiempos primitivos la ingeniería y los recursos mecánicos no estaban desarrollados y solo el ingenio y el talento permitieron sacar de la tierra ínfimas cantidades del preciado metal. La Historia nos cuenta que los romanos iniciaron la explotación de estas minas entre los años 26 y 19 a.C., bajo la dirección del propio emperador Octavio Augusto, al tiempo que se conquistaban los últimos reductos rebeldes del norte peninsular. Las necesidades del Imperio romano y la codicia de sus dirigentes llevaron hasta estas montañas miles esclavos, asalariados y hasta soldados para que arrancaran el valioso mineral de las entrañas de la tierra.


Plinio el Viejo.
Plinio el Viejo, administrador de las minas durante algunos años, nos cuenta que solían extraerse alrededor de 20.000 libras anuales de oro. De ello se deduce que, en el caso de que esta extracción fuera regular, estaríamos hablando de un resultado 5.000.000 de libras o de 1.635.000 kilos de oro. A dicha cifra llegamos como resultado de multiplicar los 250 años que estuvo abierta la explotación. La cifra concuerda con bastante exactitud a lo que los profesionales consideran como probable puesto que, calculadas las tierras removidas en 500 millones de metros cúbicos, nos da como resultado una riqueza mineral de 3,27 gramos de oro por tonelada de tierra. Plinio habla así mismo de 60.000 obreros manumitidos (libertos) que trabajaron en estas minas, señalando también la dureza del trabajo de aquellas gentes. De todas formas los estudios modernos, basados en la tierra removida, consideran que no llegaron a trabajar más de 20.000 hombres y que la producción total de oro no superaría el millón de kilos.


Esta franja territorial, que comprendía Asturias, León y parte de Zamora fue llamada por los romanos Asturia y astures sus habitantes. La capital, Astúrica Augusta, era la actual Astorga. Estas gentes, mezcolanza de etnias de Galecia y Celtíbera vivían en castros, poblados fortificados situados en las cumbres y desde los que podía divisarse un amplio territorio. Las viviendas, normalmente circulares, estaban separadas unas de otras por estrechas callejuelas. Aunque los romanos catalogaron a los autóctonos de salvajes e incultos, lo cierto es que ya tenían conocimientos de agricultura, ganadería y metalurgia bastante aceptables; bien es verdad que no conocían el torno de alfarero ni el molino circular, cuando estas herramientas ya eran conocidas en el resto de la península desde mucho tiempo atrás, lo que nos indica el retraso cultural del noroeste peninsular. Los astures molían el grano en piedras planas y fabricaban la cerámica a mano. 


Castro prerromano, próximo a las Médulas.
En las proximidades de Las Médulas hay al menos dos castros prerromanos y otros dos de la época romana. El extraño paisaje de Las Médulas no es natural, sino resultado de la forma en que los romanos explotaron lo que fue la mayor mina de oro a cielo abierto del Imperio. A groso modo, el sistema empleado para extraer el oro era el que los romanos denominaban "ruina Montium". Como fuera que dichos montes son totalmente de tierra, con el agua del río Cao y la proveniente de los deshielos, los romanos construían diferentes presas en la parte más alta posible. Posteriormente excavaban diferentes galerías en los niveles inferiores y soltaban el agua en tromba por los estrechos túneles. El agua deshacía la tierra y todo el lodo resultante era dirigido hacia la zona más baja donde estaban los lavaderos, lugar en el que se separaba el oro de la tierra. Aunque se barajan diferentes números, con este método se calcula que movieron entre los 400 y los 500 millones de metros cúbicos de tierra, con una producción que sobrepasó el millón de kilos de oro. 


Aunque se estima que en determinados momentos la soldadesca romana llegó a colaborar en los trabajos, la práctica totalidad de los mismos fue llevada a cabo por los propios astures, primeramente apresados como enemigos y posteriormente libertos para conseguir su colaboración en dichos trabajos. Con el fin de explotar las tierras en su totalidad los túneles eran excavados con tal proximidad unos de otros que con cierta frecuencia, al inundar las galerías, éstas se derrumbaban y con ellas el propio monte en si mismo. No era esto un problema sino una ventaja puesto que, cuando se daba esta circunstancia, aumentaba considerablemente el rendimiento de los trabajos al duplicarse los lodos obtenidos. Dicho montes estaban compuestos por tierras de aluvión, con arena y pepitas de oro insertadas. El agua abundante y la pendiente natural facilitaron el sistema indicado de extracción. También existían pendientes suaves hacia el Sil para la eliminación de aguas y lodos. 


El "ara sextiana" o "lápida de Augusto", de 2.700 Kg. de peso, es el documento fechado más antiguo que se conserva en Asturias y dice: 
"Al emperador César Augusto, hijo de Dios, cónsul trece, emperador veinte, pontífice máximo, padre de la patria, con tribunicia potestad treinta y dos (sigue renglón y medio censurado que corresponde al nombre del gobernador tarraconense Cneus Calpurnius Piso, que ordenó el esculpido de dicha lápida el año 9 de nuestra era) consagrado".  El gobernador en cuestión participó posteriormente en una conspiración a causa de la cual fue decretado un "damatio memoriae" y borrado su nombre de todas las inscripciones. Dicha lápida ha cumplido diferentes funciones, especialmente las de altar en varias capillas de la región. Su último destino fue una casa particular de Luanco, cuyo dueño la vendió al padre del actual director del Museo de Oviedo, donde se encuentra en la actualidad.


Nadie que pase por esta comarca del Bierzo debe dejar de visitar Las Médulas, por el extraordinario paisaje forjado por la mano del hombre y por la historia y riqueza que encierra. El sistema hidráulico empleado es el más espectacular de cuantos hubo en esa época, por la longitud y ramificación de los canales.Todavía, dos mil años después, permanece buena parte de ese trazado por el que bajaban las aguas hasta el punto requerido. 


En el vecino monte Teleno, se acumulaba toda la nieve depositada durante el invierno y ya convertida en agua se almacenaba en los depósitos preparados para ello o se vertía directamente en el río Cabo que alimentaba los siete canales que llegaban a los estanques de la explotación. Dichos canales se estima tienen una longitud total de 300 Km. y una pendiente de entre el 0,5 y 1 metros. Se considera que la construcción de dichos canales fue, con diferencia, lo más trabajoso de esta explotación minera ya que parte de ellos transcurre en forma de túnel. La mina de oro de Las Médulas fue abandonada en el siglo III por falta de rendimiento. Prontamente la vegetación boscosa del lugar fue adueñándose del terreno y creando el maravilloso paisaje que hoy conocemos, cuajado de robles centenarios, encinas, carrascas y castaños. La fauna del lugar también tiene características especiales, pues está formada por los nobles corzos, el gato montés y el jabalí, además de casi cien tipos de aves. A tan solo 20 Km. de Ponferrada, Las Médulas y su singular entramado de galerías merecen sin duda nuestra visita.

RAFAEL FABREGAT

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