La humanidad se olvida de que nuestro mundo, al que con tanto apego nos acogemos, no es otra cosa que una bola incandescente, que con el paso del tiempo ha ido enfriándose hasta crear una corteza, sobre la que todos vivimos; pero a escasa profundidad la bola incadescente sigue existiendo. Así de simple. Esa corteza, de profundidad variable, no es otra cosa que la materia enfriada por su contacto con el aire y en la que la Naturaleza ha creado cuanto en ella existe. Por debajo el planeta Tierra está cargado de lava y gases que, de vez en cuando, expulsa al exterior por medio de fumarolas y erupciones. Una fuerza viva de la que nadie se acuerda hasta que no hace acto de presencia. De hecho son muchos los volcanes que en sus laderas albergan pueblos y ciudades con miles de habitantes.
El asunto no es para tomárselo a la ligera ya que más de 50 volcanes entran en erupción cada año y alguno de ellos incluso repite su aparición. Hacemos bien en no asustarnos por ello, pero no hay que olvidar que bajo nuestros piés la Tierra hierve. El fenómeno es tan antiguo como la propia Tierra. Desde el mismo momento de la creación que esto es así, un fenómeno geológico e incontrolable que nos demuestra nuestras limitaciones. Rocas y metales fundidos se acumulan con sus gases sin dar señales de vida hasta que, de repente, explotan causando el caos entre los propios mortales que un segundo antes se creían los dueños del mundo. Es entonces cuando nos percatamos de nuestra insignificancia, pero nuestra memoria es selectiva y escasa por lo que, al poco tiempo, nos decimos que la vida sigue.
Un buen día y sin que nadie pueda preveerlo, el suelo tiembla ligeramente y el aire se llena de un olor extraño. Es la Tierra que se despierta y de sus profundidades escupe fuego y piedras incandescentes que lo cubren todo. Ha nacido un nuevo volcán o ha entrado en erupción por enésima vez. La gravedad de tales catástrofes ha llevado a muchos científicos a intentar predecir estas erupciones pero, parece ser que esto es harto difícil. En 1985 mas de 30.000 colombianos perdieron la vida abrasados o ahogados por el volcan Nevado del Ruiz. Después de 69 años de inactividad, de repente entró en erupción derritiendo el glaciar que había en su falda y arrastrando todo a su paso hasta la ciudad de Armero. Un desastre anunciado que los habitantes desoyeron creyendo que, por la distancia, estarían a salvo.
Son muchos los volcanes que tienen ciudades en sus faldas y que algún día pueden despertar llevándoselo todo por delante. En México el Popocateptl tiene más de 2 millones de personas a sus piés; en Indonesia el Perapi, 1,5 millones de gente habita alrededor del mismo y lo mismo sucede en Italia, donde 800.000 napolitanos tienen a tiro de piedra al Vesubio, al que creen dormido y que algún día despertará, como ya lo hiciera el año 79 arrasando Pompeya y Herculano. Resulta increible que, con lo grande que es la Tierra, haya gente habitando lugares tan peligrosos. Es pues deseable que la predicción de estas erupciones sea posible, pues son varios los millones de personas que viven junto a estos colosos de fuego, pero incluso hubiera sido más fácil para las autoridades, impedir la construcción en sus cercanías.
De todas formas los vulcanólogos dicen que, si el volcán está debidamente equipado, la erupción se puede preveer con hasta 8 horas de tiempo o más. El problema añadido es que las autoridades locales y la población no creen las informaciones que reciben y cuando quieren reaccionar, ya han hecho tarde. Los pronósticos a corto y medio plazo están basados en instrumentos situados en el propio volcán y su análisis diario. Incluso hay satélites que vigilan los cambios desde el espacio, pero el más fiable sigue siendo el estudio sísmico a pié de volcán. Con el incremento de las señales in situ se puede calcular con bastante precisión el momento en el que se produzca la explosión. Los conocimientos y el instrumental disponible puede garantizar una antelación mínima de cuatro horas, pero parece poco tiempo para desalojar a tantos habitantes como hay en sus proximidades.
Rafael Fabregat Condill
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