Es increible e injustificado el odio que los activistas de Hamás tienen al mundo occidental y a quienes en él vivimos. Nadie tiene la verdad absoluta y aquí consideramos que en verdad su forma de vida y escasez de oportunidades promueve el odio hacia quienes viven mejor y con más libertad, pero deberían darse cuenta de que, quienes vivimos en occidente, no somos culpables de su desgracia. Es justo al revés. Nosotros no somos su enemigo y son ellos los que deben luchar contra quienes fomentan su desgraciada forma de vida. No se puede vivir permanentemente del odio hacia quien vive mejor, sino buscar la manera de escapar de esa pobreza injustificada, mientras su mandatarios nadan en la abundancia.
Los psiquiatras tratan de entrar en la mente de los "hombres bomba", a fin de atajar la amenza terrorista, pero con escasos o nulos resultados. Hace mucho tiempo que el terrorismo suicida fue implantado entre los palestinos, pero esa no es la mejor forma de luchar contra su infortunio. Sin otra arma que su cuerpo y un cinturón cargado de varios kilos de TNT se lanzan a la calle más concurrida, o en un mercado repleto de gente inocente, que están haciendo su compra diaria, y hacen estallar el artefacto del que son portadores, al solo efecto de hacerse notar. De llamar la atención del mundo sobre sus precariedades. Efectivamente son ellos quienes tienen que luchar conta su infortunio, pero esa no es la manera.
Con su inmolación no solucionan otra cosa que demostrar su impotencia. Cada año mueren decenas de inocentes con este sistema suicida, implantado por los seguidores de sectas que no tienen otra forma de llamar la atención del mundo. Afortunadamente, sus jefes, los grupos radicales de Hamás, la Yihad Islámica y los Mártires de Al Aqsa tienen cada día mayores dificultades en reclutar inocentes dispuestos a inmolarse. Aún así no les faltan muchachos que, ignorantes de la realidad, se prestan a tales barbaridades, por una causa de difícil solución. La población patestina tiene sus razones para rebelarse contra el orden establecido, pero hay otras formas de luchar, más efectivas y no tan destructivas.
¿Cómo se explica que haya gente dispuesta a morir, siguiendo las órdenes de quienes nunca serían capaces de hacer tal barbaridad, ni aún por los hijos de su misma sangre?. Ningún acto terrorista puede tener justificación para llevarse a cabo. Hay otros caminos para reclamar los derechos que una parte de la humanidad puede y debe reclamar. Ese es el punto a favor de los paises democráticos. No hay mayor riqueza en este mundo que la libertad de voto y eso es lo que deben de perseguir los habitantes de paises autoritarios y dictatoriales. Ahí es donde han de poner las bombas, si sus mandatarios no buscan el bienestar general. Matar inocentes no es el camino y las bombas humanas es una aberración dictatorial que hay que eliminar.
¿Qué clase de religión es esa que invita a sus jóvenes a conseguir sus objetivos inmolándose y llevándose por delante decenas de vidas inocentes?. Resulta de todo punto increíble que haya voluntarios que crean sus mentiras de odio y sus promesas de convertirse en mártires premiados con un lugar en el Paraíso, donde disfrutar de sexo ilimitado con las más hermosas vírgenes celestiales. ¿Cómo es posible que todavía haya gente con tanta ignorancia?. Y lo que resulta más impensable es que algunos de los llamados hombre-bomba tengan formación universitaria. Hasta ahí llega el lavado de cerebro que se lleva a cabo con los jóvenes que utilizan para tales locuras. Un adoctrinamiento que merece el mayor de los castigos.
Porque ese asesino en potencia, rebozado de dinamita y dispuesto a inmolarse en el lugar más trasnsitado, no tiene culpa de nada. Es una especie de robot incapaz de darse cuenta de lo que está dispuesto a hacer. Ese personaje no nace así, sino que es educado en el odio y en el sacrificio por Dios y por los demás. Un alma capaz de ofrecer su vida por todos esos valores merece nuestro perdón, puesto que no es consciente de lo que va a provocar. Por lo tanto la única forma de erradicar esta barbarie no es a base de educación y eliminación del analfabetismo, sino de aislar a los verdaderos culpables de este extremismo y sustituirlos por gente ecuánime y moderada. Ellos son los culpables de esas matanzas crueles e injustificadas.
Rafael Fabregat Condill
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