Vivir ahí debe ser como si fueras el dueño del mundo. A algunos, yo el primero, nos daría un cierto repelús vivir a tanta altura, pero creo que es una cuestión de falta de costumbre y por lo tanto, pienso que debe ser muy interesante y por lo tanto envidiable. Lo que sucede es que nadie está conforme con lo que tiene. En las grandes ciudades el suelo escasea, aunque los prados y las montañas estén tan solo a tiro de piedra. La gente se amontona donde está el dinero, y después nos quejamos. La superpoblación implica polución y ruido, pero nadie de los que están en estos lugares escapa de allí, porque la vida es eso; lo demás es mediocridad y conformismo. Porque vivir en uno de esos edificios no debe ser barato y todos no tienen dinero ni capacidad para tenerlo. El mundo es cada día más exigente.
La nuevas generaciones de arquitectos han convertido las inmensas planicies estériles en inmensas ciudades vanguardistas que son el símbolo de la riqueza y el poder. Apenas unos años atrás, en muchos de estos parajes solo había arena y tierras áridas que nadie quería a ningún precio. Ahora una parcela de terreno en ese mismo lugar ronda los 25.000 €/m2. Y lo más chocante es que, antes de salir a la venta ya está comprada. Así es el mundo de hoy. Por eso hay que construir así de alto, a fin de amortizar el dinero invertido en la parcela. Lo más curioso es que cada fin de semana todos los apartamentos más caros se quedan vacíos. El motivo no es que todos sus dueños quieren escapar de un entorno tan hostil y ruidoso.
Cierto es que, a cierta altura, no existen los ruidos del tráfico ni de los trabajadores que constantemente reparan calles y aceras. Pero en esos edificios los ascensores no paran nunca y hay un montón. Así que, quien puede, escapa a toda prisa si el tráfico se lo permite. Se quedan los menos ricos, claro está, porque los que tienen dinero tienen sus lujosas mansiones bastante lejos del mundanal ruido y rodeados de grandes parcelas de bosques, lagos y verdes prados. ¿Para que sino es el dinero?. Pues eso. Para disfrutar de la paz y el silencio, dejando atrás por unas horas los problemas con la bolsa, la fluctuación de los mercados y un sin fin de problemas que los acucián a todas horas. ¿Acaso pensabais que los ricos no tienen problemas?. Que va, que va... Los tienen, ¡y grandes!.
Igual ganan un millon en un día como pierden tres en cinco minutos. Así es la vida de los ricos. Pero a (casi) todos nos gustaría serlo. De todas formas a esa gente que lo tiene todo, le falta lo principal: ¡La tranquilidad!. En fin, sea como sea, mejor las alturas con dinero que una choza de cartones y uralita en barrio de chabolas. Lo que pasa es que en este mundo todos nos quejamos. El pobre por serlo y el rico por los contratiempos que sufre a diario. A menudo dicen que, por mucho dinero que tengan, ser rico es vivir en un infierno constante que no querrían ni para el peor de sus enemigos, pero ni ellos mismo se lo creen. Lo cierto es que si se caen de la ventana pueden darse por muertos, mientras que los chabolistas, si tropiezan al salir de casa no se hacen ni daño. ¡Hay que ver la paz y tranquilidad que disfrutamos los pobres...!
Rafael Fabregat Condill
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