
A la mañana siguiente seguimos viaje hacia Navarra, con primera parada en el Monasterio de la Oliva, también de gran interés.

Comida en un gran restaurante que hay en ese pequeño pueblecito y que recomiendo a los lectores por lo económico de su menú y las excelencias de la comida que ofrece, amén del espectacular vino rosado que suministra la cooperativa local, primer premio de la denominación de Origen Navarra.


Con claridad todavía y con el fin de aligerar el programa del día siguiente, visitamos la Catedral de Santa María la Real, Claustro y mausoleo de Carlos III.
A la mañana siguiente nos dirigimos a visitar el pirineo navarro y dentro del mismo, la Colegiata de Roncesvalles, enclavada en un entorno de gran interés paisajístico. Por todos los caminos y sendas salen a nuestro paso cientos de peregrinos que van camino de Santiago. Muy interesante la Colegiata y el museo que contiene. Seguimos disfrutando de este enclave montañoso que nos lleva por la cordillera pirenaica hacia Uztarroz para ver la Foz de Mintxate y su espectacular cascada, cosa que no podemos admirar debido a un desprendimiento que ha cerrado el camino de acceso. Nada es perfecto y una cosa son los planes y otra el desarrollo de los mismos.
Ya cerca del Valle del Roncal, para no perder el viaje, visitamos una quesería artesanal donde adquirimos unas piezas del famoso queso y desde allí nos dirigimos a visitar el Monasterio de Leyre, de gran interés general y muy especialmente la cripta, nunca utilizada como mausoleo.
La visita es importante y necesaria para todos los amantes del románico.

Con esta visita terminó todo lo programado para ese día, pero éste todavía no ha finalizado y llegados al hotel y refrescados un poco, se impone realizar todo el recorrido del encierro pamplonica.


Estamos hablando del más puro estilo románico y mi mujer y yo estamos embelesados hasta el punto de que no sabemos hacia donde mirar. Para completar la mañana a lo grande, nos dirigimos a Viana y entramos a comer al Palacio Pujadas, hoy convertido en restaurante, donde comimos como reyes.

Visita a la Plaza del Espolón y Catedral de Santa María la Redonda para, seguidamente, entrar en la calle Laurel. Sobre esta emblemática calle, no voy a contar nada. Al que ya la conoce, ya lo sabe y quien allí no haya estado... decirle simplemente que, si va a Logroño, no puede perdérsela. ¡Hay que ir, verlo y disfrutarlo!.

Con dos noches en Logroño y el hotel a cien metros de la calle Laurel, el primer día ya visitamos la zona, pero la cena la hicimos en una terraza próxima. Al día siguiente la cena fue en ese mismo barrio y en plena calle. De todas formas, como todo en la vida, el lugar es para gente joven y no para vejestorios que con tres copas caerían redondos. Excelentes tapas y mejores vinos es lo que allí se ofrece en un número incontable de bares.


Seguimos por una pequeña carretera local para visitar la solitaria Iglesia de Santa María de la Piscina y su espectacular necrópolis amorfa.


El siguiente destino fue San Millán de la Cogolla, donde visitamos los Monasterios de Suso y Yuso, los dos impresionantes pero especialmente el primero por ser el más antiguo y en el que vivió y fue enterrado el Santo. En el de Yuso los pergaminos que contienen las primeras frases del idioma castellano e interesantes tesoros, como el cofre que contenía a San Millán.
De allí seguimos para visitar las espectaculares Cuevas de Ortigosa y que ningún visitante de la zona debe perderse. Sencillamente interesantes y de recorrido agradable y ameno. Después regreso a Logroño, para continuar con las tapas y los vinos de la calle Laurel y adyacentes.

Pasada Calahorra y Arnedo nos dirigimos al Castillo de Cornago, del que fueron señores la familia de los Luna; padre y hermano mayor de Benedicto XIII.
Exteriormente está bien conservado, pero su interior fue vaciado en la Guerra de la Independencia (1.811) y utilizado como cementerio municipal hasta el año 1.981. Barbaridades que hacían la gente de antes. ¡Como si en todo el término municipal, no hubiera terreno suficiente para enterrar a sus muertos!. Es que... ¡hay que ver el poco interés que tenía para nadie la Historia, en aquellos tiempos!. Era tanta el hambre, que lo primero era encontrar comida para subsistir...
Disgustados nos encaminamos a Illueca para visitar el Castillo-palacio de los Barones de Gotor, propiedad de María de Gotor, madre de Benedicto XIII (Papa Luna) y lugar donde éste nació. Sin embargo... ¡Más disgusto todavía!. Aquellos descendientes de los Luna que fueron heredando la propiedad, finalizada con los Marqueses de Villaverde que lo donaron finalmente al pueblo de Illueca, hicieron tal cantidad de reformas que, ni la puerta de entrada, está donde estaba originalmente. Para colmo de despropósitos las autoridades locales, lejos de restaurarlo a su forma original, solo buscan su rentabilidad, usando la mitad del edificio para sus necesidades y la otra mitad alquilándolo como hospedería. También la visita, guíada y bien cobrada, solo muestra una habitación chamuscada y un cráneo de plástico, copia del que se supone es del Papa Luna. El resto, vídeos para escolares, sin el menor interés para los amantes de la Historia.

Solo en los grandes Monasterios y no en todos los casos, está escrita la verdadera Historia, si antes no fue destruida; pero esas verdades, muchas veces incómodas, nunca están al alcance de los curiosos (turistas) que pagamos la entrada aumentando su patrimonio. Lo que sí está claro es que uno no puede hablar de lo que le han contado o ha visto en algún documental. Hay que ir, escudriñar lugares y hablar con los lugareños para que te cuenten lo que han visto u oído a sus mayores. Solo así se puede opinar. En fin, el viaje ha sido un extraordinario pastel de cumpleaños, pero con una guinda amarga... La de autoridades que rentabilizan la Historia, sin dedicarle un solo céntimo de su recaudación.
RAFAEL FABREGAT
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