
Ilustrado con la foto de la derecha, que nos muestra una asamblea popular pakistaní, nos llega de Islamabat (Pakistán) la triste historia de las dificultades que siguen teniendo las mujeres de los países donde el machismo y la religión islámica siguen anclados en el pasado. En este aspecto, no hay evolución porque ésta no interesa a quienes dominan la situación.
Han llegado adelantos técnicos sí, pero no la igualdad entre hombres y mujeres. Como antes, como siempre, la mujer es simplemente la criada, el sexo disponible y la máquina de hacer hijos, nada más. La noticia, barbarie impropia del siglo XXI, es que la joven Saima Bibi de 17 años, habitante de la zona de Punjab, ha sido electrocutada hasta la muerte por su propia familia por el solo delito de amar a un joven que, a criterio de su familia, era de una casta inferior.


Según versión de la policía pakistaní, que detuvo al padre (Abdul Majeed) y a otros cuatro familiares de la joven Bibi, hay pocas posibilidades de que los culpables sean castigados. Al parecer, la decisión de ejecutarla fue adoptada por el consejo del pueblo de Mouza Hakra, del distrito de la región de Bahawualpur que, reunidos en asamblea con los familiares y los notables de la comarca, decidieron la muerte a la niña como castigo al deshonor que significaba para la familia el no acatar las normas establecidas. Yusuf Raza Gilani, primer ministro pakistaní, fue informado del suceso y ordenó un exhaustivo informe para su inmediato estudio y aplicación del castigo pertinente. De todas formas, regidas por costumbres tribales, en el medio rural pakistaní son relativamente frecuentes las ejecuciones por deshonor.

Al parecer el asesinato de Bibi ocurrió este pasado sábado y fue un vecino el que alertó a la policía de que sus familiares estaban quemando el cadáver de la joven, alegando que se había suicidado bebiendo pesticidas. El portavoz policial Zahoor Rabbani, en unas declaraciones telefónicas, ha afirmado que el cadáver de la joven presentaba indicios de tortura y quemaduras en cuello, manos y espalda causadas probablemente por electrocución y por agua caliente. El asesinato de la joven Bibi no es casual, si no uno más de los muchísimos (alrededor de 600 anuales) que se producen en Pakistán. Es la cruel tradición de una sociedad patriarcal, en la que las mujeres son tratadas como simples objetos de fácil sustitución.

Justo en esta provincia de Punjab, fue asesinado el gobernador Salman Taseer por parte de uno de sus guardaespaldas. El asesino confesó orgulloso el hecho, por la campaña que el gobernador hizo a favor de una cristiana (Asia Bibi), condenada a la horca por blasfemia. Unos años atrás pensaba yo que, con la facilidad con la que actualmente se propaga toda la información, sea cual fuere su origen y cultura la humanidad iría igualándose con rapidez. No solo desde el punto de vista económico, si no también en el cultural, el mundo iría acercando posturas y creencias que normalmente suelen suavizarse proporcionalmente al bienestar que se disfruta. Sin embargo y aunque siga pensando que mi idea inicial es válida, debo decir que la puesta en práctica está mucho más lejana de lo que creía en un principio.

Mientras el hombre puede tener tantas mujeres como sea capaz de alimentar, el más mínimo desliz de una mujer puede costarle la vida. ¿Es que solo los hombres tienen honor y derechos?. Según el European Journal of Public Health, los responsables de estos asesinatos por honor son, en un 43% los esposos, en un 24% los hermanos y en un 12% otros parientes cercanos. Con esta gentuza por las proximidades... ¡mejor ser huérfana y quedarse soltera!.
RAFAEL FABREGAT
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