
Afortunadamente se cree con el logro de una vacuna eficaz contra la pandemia, se pondrá fin a esta tendencia pero, de momento, las cifras indican la dificultad de que el sector vuelva a despegar a medio plazo. Como es lógico, con estas expectativas es de esperar que los promotores reduzcan su actividad a mínimos históricos, con el natural desempleo que esto conllevaría.
Con más de 15.000 unidades, la Comunidad Valenciana es la que tiene más viviendas en venta, de un total de 730.000 que es el total acumulado en el Estado. Sin embargo ante el cese de los estímulos del pasado año, como eran el IVA y la deducción fiscal, es de esperar que el presente sea un año especialmente negativo.

En el pasado año, tan solo tres autonomías (Cataluña, Navarra y Baleares) habían conseguido rebajar el número de pisos disponibles. El resto, con la Comunidad Valenciana en cabeza, lo han visto aumentado. La primera en más de quince mil unidades, seguida de Andalucía con casi 3.000 y Madrid y el País Vasco con 2.500 unidades cada una.

Como tantas veces hemos comentado, ante la demanda inusual de inmuebles de estos últimos años, toda la producción era poca y tuvo que complementarse la mano de obra española con miles de inmigrantes, principalmente de los países del este no estrictamente profesionales y que ocasionaron importante daño a la imagen del sector. Malos acabados, grietas y fallos en los diferentes servicios de agua, gas, electricidad, etc. han ocasionado miles de quejas y reclamaciones judiciales que en nada han beneficiado a un sector ya colapsado por el natural excedente.
Visto el deficiente acabado de muchas de las obras realizadas, los compradores actuales ya no compran sobre plano, sino sobre obra terminada y verificando cada uno de los componentes del inmueble. Esta desconfianza, fruto de los abusos anteriores, tampoco ayuda a despegar y si a ello se suma la falta de trabajo y las dificultades en la contratación de los préstamos necesarios, el colapso es inevitable.
Solo el tiempo y la propia sociedad, que no los políticos, serán los sanadores de esta problemática. Lo siento por aquellos que pensaron que la crisis sería corta y que el hecho de entrar en las listas del paro semejarían unas merecidas vacaciones. En mayor o menor grado la crisis seguirá, en tanto la sociedad no sea capaz de absorber el excedente de pisos acumulado. Y tratándose de un problema mundial, la solución es doblemente difícil.

Esta claro que tenemos un problema, primeramente provocado por el sector bancario, que otorgó prestamos sin garantías suficientes y después por el Covid-19.
Sin embargo no olvidemos que a nadie le gusta esta situación, de la que todos queremos salir lo más rápidamente posible.
Por lo tanto seremos nosotros, cuidando el no contagiarnos unos a otros y con tesón y aumento de la confianza, los que saldremos del atolladero en el que nos hemos metido.
No serán otros repito, y menos todavía los políticos, quienes solucionen el problema. Hemos de ser y seremos nosotros quienes acabemos con la pandemia y con la crisis que nos acucia y eso ocurrirá cuando recobremos la confianza en nosotros mismos y en el sistema.

Todos queremos trabajar, tener una casa, una familia y marchar regularmente de vacaciones.
También los bancos quieren seguir colocando su dinero, para poder obtener los ansiados beneficios, pero también ellos necesitan ver esa luz para todos necesaria. Ánimo, todo llegará, pero de nosotros depende la proximidad o lejanía de la solución.
RAFAEL FABREGAT
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