
A mí no me molesta que haya ayudas sociales, pero a quien las merezca. Hay que pensar que el dinero que muchos reciben, con buena salud y sin querer trabajar, proceden de aquellos que trabajan más de la cuenta. Estamos hartos de que esos "listos" que cobran estando sanos y sin hacer nada, no acepten el trabajo que se les ofrece porque, según ellos, "no les merece la pena porque perderían las ayudas". Eso no son ayudas sociales, sino una fábrica de golfos.
Como tantas veces he dicho, no soy de los que piensan que el solo hecho de cambiar de gobierno sea la panacea que nos haga salir de la crisis, como remedio magistral de botica.

Aparte las fobias de cuatro mentecatos todos sabemos que, aparte de la indudable crisis global, gran parte del problema español es el miedo del ciudadano. Al menos en nuestro país, esa incertidumbre es la que ha frenado las compras, haciendo que el problema de la crisis se haya visto aumentado. Que el gobierno lo haya hecho bien o mal y que con otro gobierno los problemas hubieran sido menores, ya es una cuestión de opinión política que no voy a valorar. Aquí de lo que se trata es de creer o no, que un cambio signifique la solución.

La crisis y el miedo del ciudadano no pueden durar siempre. En primer lugar, porque la solución del problema es de interés mundial y en segundo lugar porque, cuando el ciudadano (con posibles) se percate de que la cosa no es tan grave, irá recobrando su confianza y volverá a gastar, provocando que los menos favorecidos puedan recoger su dinero y gastar a su vez. Nada gusta y satisface tanto al ciudadano, como gastar. Viajar, ir de restaurantes y salir de compras (o sea, gastar) es la mejor distracción que tiene la humanidad. Por consiguiente, todos están deseando y esperando el momento de poder hacerlo otra vez. Los que tienen, porque el miedo les retrae y agobia; los que no tienen, porque la falta de ingresos no se lo permite; pero, desde el más rico al más pobre, todos esperan que las cosas se normalicen para poder volver a tiempos pasados cuando, naturalmente trabajando mucho, la gente ganaba y podía gastar con toda confianza y sin mayor problema.


Cuatro años pasan pronto y si los que entren no saben hacerlo mejor, vuelta a cambiar y punto pelota.
Ellos (los políticos) nada nos deben, pero menos les debemos nosotros que arreglamos su casa sin contraprestación alguna. Si trabajamos como burros y encima les sentamos en el sillón, creo que nos merecemos su agradecimiento y su respeto. Sin embargo yo, en todos los años que tengo, jamás he visto agradecimiento alguno de su parte.
Ellos van a lo suyo y también nosotros debemos obrar en consecuencia. Sin embargo no debemos olvidar que, siendo mala, la Democracia es la forma de gobierno menos mala y en la única que nos dejan opinar.
Por lo tanto, aunque no nos gusten demasiado ninguno de los diferentes partidos que optan al gobierno, debemos seguir votando para evitar que se tenga que volver a tiempos pasados.
RAFAEL FABREGAT
Es un blog curioso e interesante. Gracias por tu compartir.
ResponderEliminarGracias por tu amable comentario María Isabel.
ResponderEliminarRecibe desde España un fuerte abrazo.