
Como ya he comentado en otras entradas, en la primera década posterior a la Guerra Civil española, aparte algunos campos en altura que contenían algunos árboles de olivos y algarrobos, aislados y nunca plantados en hileras homogéneas, inicialmente la práctica totalidad de los campos de cultivo en llano, normalmente emplazados en las proximidades de la población, eran todos destinados a la siembra de cereal. Otra cosa eran los ubicados en la parte costera (Ribera) que por clima y posibilidad de regadío se dedicaban a diferentes tipos de huerta, almendros y los primeros huertos de naranjos.

Sin embargo en nuestra zona, donde la tierra está repartida en pequeñas parcelas (minifundios) la siembra y recolección de la mies, en un trabajo totalmente manual, apenas permitía obtener un escaso jornal insuficiente para alimentar a la familia. Había que hacer algo que pusiera rápida solución al problema y ésta fue la plantación de pie híbrido americano sin injertar. Ya probadas había algunas variedades, principalmente "Señorito y Edo", que tenían buena producción y calidad aceptable. Este tipo de viña no solo era resistente a la filoxera, sino que también lo era a las enfermedades propias de la vid, lo que hacía innecesarios tratamientos de fumigación.


Sin embargo alguien pensó que aquello podía superarse y algunos socios de la Cooperativa Agrícola de Cabanes propusieron a la Junta Rectora que estudiara la posibilidad de construir una Bodega que comercializara sus cosechas. Aunque los diferentes comercios seguían teniendo algunos clientes habituales, hacia 1.960 la construcción de la Bodega de Cabanes era una realidad. Finalizada ésta y elaborada y comercializada la primera cosecha, pronto llegaron los primeros resultados alentadores.

La noticia corrió rápidamente y nuevos socios entraron en la Sociedad hasta ocupar casi el 90% de la producción local. Ante la falta de clientes, los comerciantes particulares cerraron sus puestos de compra y solo la Bodega de
Pastor, que aumentó precios pagando según graduación, siguió en la palestra. Siendo yo mismo el encargado de la báscula, puedo asegurar que a mediados de la década de los 70, la Bodega-Cooperativa llegó a entrar casi 7 millones de kilos en una sola temporada lo que, para un precio medio de 5/6 Ptas./kg. que se pagaban entonces, suponía una entrada de 40 millones de pesetas para un pueblo de 2.000 habitantes. Una verdadera fortuna en aquellos tiempos.

Pero ¡ay!... La alegría de los pobres, dicen que dura poco. Al menos aquí y en este caso, así fue. Las nuevas plantaciones mundiales de viñedo, ya protegidas de la filoxera, empezaron a producir masivamente y no solo los precios bajaron si no que Europa pidió a España la eliminación de las viñas híbridas. En los primeros años de la década de los 80 y oportunamente subvencionado su arranque (60 ptas./cepa) las viñas de Cabanes y pueblos de la comarca, donde también se había extendido el cultivo, desaparecieron para siempre.

Nadie sabe cual es el futuro, pero todos sabemos que aquella época de esplendor, que supuso la llegada de la viña a Cabanes, difícilmente volverá. Mucho tendrían que cambiar las políticas actuales. Lo que un día fue motivo de orgullo y forma de vida, hoy no puede explotarse por falta de rentabilidad. Es la consecuencia de nefastas políticas que protegen los intereses de unos sectores, en detrimento de otros. Actualmente, tan solo los grandes latifundios pueden ser rentables.
Por lo tanto, sin una correcta reparcelación, difícilmente se podrá sacar del abandono la agricultura de nuestra zona, extremadamente minifundista. Miles de fincas abandonadas se convierten en peligroso polvorín cada verano. Sin embargo nuestro tiempo ha pasado ya. Tendrá que ser la juventud, presente o futura, la que tome las riendas y devuelva a los pueblos y a las tierras el protagonismo que antaño tuvieron. Pero eso no será mientras las políticas actuales se mantengan. Son los gobiernos los que hacen que determinado sector de la sociedad prospere, o se hunda en el fango. Justamente esos políticos, que nosotros sentamos en el sillón, son los que hacen que la tierra (o cualquier otro negocio) sea rentable o tenga que abandonarse. Ellos manejan los hilos y ellos son los que hacen que la riqueza (o la pobreza) llegue a nuestros hogares. Nosotros, pobres infelices, no somos nada... ¡Simples marionetas que manejan a su antojo!.
RAFAEL FABREGAT
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