
Se trataba de una pequeña construcción de apenas 40/50 m2. pero daba para todo. En ella se ubicaba la vivienda y la herrería que daba servicio al barrio en lo concerniente al herraje de mulos, aperos agrícolas y algún que otro utensilio doméstico.
Con tan pequeño negocio, el "tío Pan" consiguió el pan de su casa (nunca mejor dicho) y crió tres hijos, un varón (Vicentico) que era el campanero oficial de Cabanes y dos hembras (Angelita y María Dolores). María Dolores, la más joven de los tres hijos es de mi misma quinta, se casó con "Antonio Tejedor (el Barber)", el chico más interesante de la localidad en ese momento, aunque tampoco sobre ella se posaban las mariposas por aquel entonces.

Sin duda uno de los más madrugadores ya que, a las seis de la mañana, ya despertaba a todo el vencindario a golpes de martillo sobre el yunque.
Con todo el personal trabajando en el campo y llevándole arados y demás utensilios de labranza de hoy para mañana, para poder dar el servicio requerido a la clientela era obligado el trabajo forzado desde primera hora de la mañana.
Los agricultores volvían del campo y, no teniendo algunos recambio, pedían que se reparara la reja del arado o el corte de las hoces o de las azadas de un día tras el otro, cuando no el mismo día.
Concretamente esta herrería tenía un "potro" para el herraje de caballerías en la parte trasera de un corral que tenían justo enfrente los padres de "Julieta la Peluquera", en la misma Plaza del Árbol. Recuerdo con un cierto asco el desagradable olor que esta actividad producía en sus proximidades, pues aquella replaceta era muchas veces lugar de cita de la chiquillería de la zona. Pocas cosas huelen tan mal como las pezuñas de burros y mulos de la gente pobre, permanentemente en contacto con el estiércol propio y el del resto de componentes de la casa.


Otra de las antiguas herrerías y con gran diferencia la de mayor superficie, estaba ubicada en el número 85 de la calle del Capitán Cortés (Font) y era la de "Danielet el carreté" el cual, a pesar del apodo que le venía de su padre, en esos tiempos era una herrería más y no con demasiado trabajo.
Mientras dirigió su padre el taller, la construcción y reparación de carros y herrería en general hizo que fuera siempre uno de los que tenía mayor volumen de trabajo pero, al parecer, el hijo no era tan fino y los encargos mermaron notablemente hasta el punto de que a finales de los 60 el llamado "Danielet" tuvo que cerrar.
Tras esas dos primeras horas, en que todos acudían a recoger las herramientas que necesitaban para las labores del día, ya todo era tranquilidad y podían marchar sin problema a almorzar al bar y a tomar café y jugar su partida de cartas después de la comida del mediodía. De todas formas, cada casa es un mundo y no todos hacían ese peregrinaje diario. Sea como fuere, al final de la tarde los agricultores regresaban del campo y el trabajo volvía a complicarse. Se iniciaba nuevamente un trabajo a destajo que finalizaría ya totalmente de noche y que obligaría a madrugar al día siguiente.

La última herrería con cierta solera en la localidad, fue la de José y Herminiet "els ferrers". Formaban sociedad y tenían su taller en "la Font de Nelo", número 33 la calle del General Sanjurjo (hoy La Cava). Este es el único local que, al menos en su aspecto exterior, se mantiene intacto puesto que el resto han sido modificados o convertidos en viviendas. Cerrado el negocio, José abrió una tienda de ferretería en la plaza de la Virgen del Buensuceso y Herminiet entró a trabajar en la herrería de Federico Bellés. El hijo de José no siguió el oficio, pero sí uno de los hijos de Herminiet que todavía sigue como operario de la Cerrajería Bellés, de la que hablo a continuación.


escuelas de Cabanes.
Este taller trabajó muy poco como herrería propiamente dicha, dedicándose a lo que hoy se conoce como carpintería metálica.
Posteriormente construyó nave industrial junto a la carretera de Zaragoza, a la salida de la localidad y allí continúa su hijo con la misma actividad. A groso modo estas han sido las herrerías que han desempeñado su actividad en Cabanes, con posterioridad a la Guerra Civil y hasta nuestros días.

Posteriormente, la escasa productividad de la agricultura ha supuesto también el abandono del campo y la merma (en muchos casos cierre) de los talleres-herrería dedicados a la construcción y reparación de los aperos mecanizados. El último y más duro golpe ha llegado con "La Crisis del 2008" y la total paralización de la construcción, que afecta también a la carpintería metálica y de aluminio o PVC. Esperemos que, más pronto o más tarde, haya una reactivación de todo esto pero, con la susodicha "Globalización"... ¡Creo que lo tenemos crudo!.
RAFAEL FABREGAT
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