11 de febrero de 2014

1259- COLÓN, EL ETERNO NAVEGANTE.

Llama la atención que tan insigne navegante, claro descubridor del Nuevo Mundo a pesar de las muchas y anteriores leyendas al respecto, acabara sus días sin merecer la más mínima consideración. Así lo escribía él, tras su cuarto y último viaje a las Américas:
"Poco me han aprovechado los veinte años que he servido con tantos trabajos y peligros, que hoy en día no tengo en Castilla una teja. Si quiero comer o dormir no tengo, salvo mesón o taberna, pero las más de las veces falta para pagar. Yo no convine el viaje de navegar por ganar honra y hacienda, porque estaba la esperanza de todo, en ella puesta".


Hacía mucho tiempo que Cristóbal Colón tenía en mente que el planeta era redondo, con la posibilidad por tanto de viajar a las Indias navegando hacia el oeste. Sin embargo estaba equivocado en dos cosas que impedirían el éxito de su misión, que era la de abrir la ruta de las especias hacia el oeste. La primera era que el insigne navegante suponía al planeta mucho más pequeño de lo que realmente era y la segunda que no conocía la existencia del continente americano. El primer error pudo haberle costado la vida, a él y cuantos le acompañaron, por falta de agua o víveres suficientes. El segundo error fue justamente el que le dio mayor fama, pues supuso el descubrimiento del Nuevo Mundo

Colón ofreció su proyecto a Juan II, rey de Portugal, pero éste no aceptó la partida desde Canarias que Colón tenía proyectada, por si la Corona de Castilla pudiera tener derechos sobre el hipotético éxito de la misión. Propuso por tanto que la flota saliera de Madeira pero Colón no tenía datos a partir de estas islas y probó suerte ofreciendo el proyecto a los Reyes de Aragón y Castilla que lo consideraron demasiado arriesgado. Finalmente la reina Isabel, que sí creía en su proyecto, vendió sus joyas para sufragar los gastos de aquella disparatada aventura, con el resultado que todos conocemos. Motines y aventuras de todo tipo que permitieron a la Corona resarcirse sobradamente de la inversión realizada, tras el descubrimiento de América en 1492.


Pocos sin embargo fueron los beneficios otorgados a tan visionario navegante. Colón hizo tres viajes más, cuatro en total, en los que descubrió la mayor parte de las islas del Caribe y tocó tierra firme en la desembocadura del río Orinoco. Sin embargo todos cuantos viajaron antes y después de él a aquellas tierras, le ganaban en ambición y los desmanes provocados con los indígenas provocaron importantes sublevaciones de unos y otros por los que Colón tuvo que dar explicaciones a la Corona. Juzgado por sus errores y por otros en los que nada había tenido que ver, pasó el resto de su vida pidiendo mercedes antes concedidas y posteriormente retiradas sin otra justificación que las envidias que despertaba en unos y otros.


En Noviembre de 1504, a los pocos días de haber llegado Colón de su cuarto viaje a las Indias moría la reina Isabel, su valedora. Colón quería hacer un quinto viaje pero, muerta la reina, sabía que tenía pocas esperanzas de ver cumplido su deseo. A pesar de la fama obtenida por el descubrimiento de las nuevas tierras, el dinero escaseaba y la financiación que hasta entonces había soportado la Corona sería difícil de obtener una vez más. De nada le sirvió su antiguo cargo de almirante y ser descubridor de un Nuevo Mundo de ilimitadas posibilidades. Las promesas documentalmente escritas de ser virrey y gobernador de todo cuanto se descubriera quedaron en agua mojada y más aún la posibilidad de que sus descendientes tuvieran herencia o parte de aquellos privilegios. 


Lo mismo sucedió en cuanto a la parte acordada de las ganancias. Colón no había recibido ninguna de las comisiones acordadas en principio. Tal como él decía: "ni una teja, ni una lumbre..." El hombre que había descubierto América para la posteridad, llegaba a España desprestigiado por aquellos que le arrebataron bienes y privilegios coloniales, enfermo y cargado de deudas. Con los documentos firmados por el propio rey, se dirigió Colón a la corte de Valladolid a reclamar unos derechos que nunca le fueron concedidos. Tampoco aquel quinto viaje soñado, en el que quizás poder recuperar una parte de lo que allá dejó en manos de cuatro facinerosos. Cansado de todo y de todos, como demasiadas veces sucede en el mundo real, Colón moría en Valladolid el 20 de Mayo de 1506.


Por increíble que nos parezca, su muerte pasó totalmente inadverttida para todos y ningún documento acredita siquiera la casa en la que falleció. Una leyenda, sin garantía alguna de verosimilitud, dice que murió en una casa de la calle Ancha de la Magdalena, en Valladolid. Nada de glorias ni funerales de estado. La propia familia, que apenas tenía para comer, tuvo que encargarse del cuerpo. Allí, en el pequeño cementerio de San Francisco, fue enterrado en la intimidad, para posteriomente celebrar el funeral en la iglesia de Santa Maria de la Antigua. Y allí pasaron tres años hasta que en 1509 Juan Antonio Colombo, sobrino de Colón, llamó a las puertas de la iglesia vallisoletana para recoger los restos del navegante. Tal como hiciera en vida, parece ser que le correspondía seguir navegando...


Monumento a Colón en la República Dominicana.
Reclamaba el cuerpo de su tío, el almirante Cristóbal Colón, para enterrarle con mayor honor en el monasterio de La Cartuja, en Sevilla. Parece ser que la exhumación del cadáver se llevó a cabo por el sistema de descarnación, de tal manera que solo se sacaron los huesos. Pero ahí no acababa el periplo de aquel que nunca manisfestó interés alguno en lugar determinado para descanso de sus restos. En 1526 y de viaje por España para reclamar unos derechos al rey Fernando el Católico, murió su hijo Diego, abolido su cargo de gobernador de las Indias con asiento en Santo Domingo, capital de La Española. Tras no pocos avatares la viuda, María Álvarez de Toledo, hizo realidad los deseos de suegro y esposo reclamando la expatriación de ambos cadáveres que llegaron a la catedral de Santo Domingo en 1544.


Tumba de Cristóbal Colón en la Catedral de Sevilla. (España)
Sin embargo los viajes de Colón no habían terminado. Tras la conquista de Santo Domingo por los franceses en 1795, los restos de Colón fueron trasladados a La Habana y tras la guerra de la independencia cubana de 1898 devueltos a Cádiz a bordo del crucero Conde del Venadito y posteriormente, mediante el aviso Giralda, trasladados a la catedral de Sevilla donde esperamos queden ya para siempre. El año 1877 apareció en la catedral de Santo Domingo una caja de plomo en cuyo interior había fragmentos de unos huesos. Fuera una inscripción que rezaba: "Varón ilustre y distinguido Cristóbal Colón". Dichos restos permanecieron en la catedral de Santo Domingo hasta el año 1992, fecha en la que se inauguró un monumento faraónico, al que fueron trasladados.


Casa-Museo de Colón en Valladolid. (España)
Cabe la posibilidad por tanto de que a la hora de trasladar los restos de Colón hacia La Habana en 1795, se tomara solamente una parte de los huesos. Cualquier cosa es posible. Lo que si está claro es que en 2006 los restos que reposan en la catedral de Sevilla fueron examinados por un equipo de identificación forense y quedó confirmado que corresponden al famoso navegante, afirmación basada en comparativa del ADN de su hermano Diego y de su hijo Hermando, ambos enterrados en España. El año 1866 alguien dispuso poner sobre el dintel de la casa vallisoletana un medallón con el busto del navegante y una inscripción que decía: "Aquí murió Colón", pero dicha casa desapareció con las reformas urbanísticas de la zona. Aquel mismo año intelectuales de Valladolid pidieron al Ayuntamiento la compra de un solar próximo para Museo en memoria del almirante. Pero, ¿donde estaba "teja, lumbre y sustento" mientras vivió?.

RAFAEL FABREGAT

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